El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#19
Su vista seguía nublada, solo podía percibir manchones borrosos moviéndose a su alrededor, incluso sus manos, que se movieron con desesperación frente a su cara, como si sirvieran de escudo para interceptar algún golpe, no eran más que sombras ante su dañada vista; sin embargo, que sus ojos estuvieran parcialmente cegados por la poderosa luz emitida desde el cuerpo del marine, no significaba que sus oídos estuvieran afectados de alguna manera.
 
Su sentido de la audición era sensible y podía captar aquellos sonidos que otros solían ignorar, por ello escuchó con claridad el movimiento de la arena bajo los pies el marine, el chapoteo incesante del agua augurando que alguien se acercaba a una velocidad que apenas y podía procesar.
 
—Por favor…no, no… ¡Amigo!
 
No podía ser el marine rojo que vio antes, debía ser el mismo que lo había estado atacando hasta ahora. Sabía bien que, nuevamente, no podría hacer nada para defenderse.
 
Un martilleo en sus sienes se apoderó de su cabeza y al saberse en peligro, intentó clavar sus garras en la arena para intentar ponerse de pie y hundirse mar adentro para nadar hasta una zona segura, pero, el destino tenía otros planes para él.
 
En menos de lo que canta un gallo no solo escuchó la voz del marine mucho más alta, si no que su cuerpo se vio sometido al impacto de una explosión que no tuvo oportunidad de esquivar, ni siquiera, aunque estuviera mojando sus pies con su propio elemento… ¿Habría podido atacar? No, no tenía la entereza mental para hacerlo, además… ¿De qué servía pensarlo ahora?
 
El golpe en su pecho no solo le sacó el aire, lo hizo escupir saliva y sangre, antes de que su mente cayera por completo dentro de un abismo de negrura.
 
Sus ojos se cerraron y la inconsciencia fue lo único que reinó.
 

 
Sobre su pecho sintió el roce rasposo de las telas de unas gazas, seguido de un ardor que recorrió su pecho, no solo de manera externa, si no también en su interior, pues de un momento a otro su corazón se apretó contra su pecho y se sintió caliente, como si estuviera sometido a unas inclementes brasas, mas todo era su imaginación.
 
Sus pulmones hicieron un esfuerzo por tomar aire y su boca, llena de colmillos afilados y desordenados, se abrió para tomar una bocanada que viajó con dolor de su tráquea a sus bronquios y de ahí a sus pulmones. Eso fue todo lo que necesitó para despertar.
 
Cuando abrió sus ojos no pudo enfocar con la claridad que le hubiera gustado, pero de entre los manchones borrosos, alcanzó a percibir el blanco del cabello del responsable de su estado y de… ¿Su sanador? ¿Por qué lo curaba? Podría haber intentado preguntar, pero su cuerpo se sentía tan pesado que incluso mover su lengua le costó de buenas a primeras, de hecho, tuvo que moverla varias veces dentro de su boca y emitir algunos quejidos para comprobar que, al menos, podía seguir hablando, pero para cuando adquirió una pequeña chispa de valor para abrir la boca, el peliblanco se había esfumado de su lado, pero bien sabía Gill que eso no significaba que estuviera solo.
 
Movió su cabeza apenas un poco para encontrarse ahora con un manchón rojo y blanco. No tuvo que pensar más que por un par de segundos para relacionarlo con el gyojin que creyó haber visto antes… ¿Por qué ayudaba a un marine? No, suponía que era también un marine.
 
—No, no, no —. Habló con dificultad. —No…puedo moverme —. No mentía, le dolía todo como para si quiera pensar en ponerse en pie. —Pero por qué… ¡Tu! ¡Eres un gyojin! ¿No? ¡Vamos, déjame ir! Soy tu hermano…ese sucio humano con brillos te traicionaría en cuanto pudie…cof…cof…
 
No pudo terminar su frase sin ser interrumpido por un dolor en su pecho que se extendió a su garganta y lo hizo toser para aliviar la sensación de estar siendo aplastado con una piedra.
 
—Po…por favor…
 

 
Mientras tanto, en el barco, Mael seguía mirando hacia arriba, su vista había regresado, pero eso no significaba que se sintiera mejor, al contrario, la vista solo le hacía cómplice de la destrucción a su alrededor.
 
En la cabina del capitán varios documentos se quemaron o al menos, adquirieron ese tono negruzco que queda luego de las cenizas. —Es un desastre —. Miró hacia un lado, aun tenía la cápsula que había metido antes en su boca, debajo de su lengua, pero no se había atrevido a tragarla. —Todo esto ¿para qué…? —En medio del caos y de documentos desechos y maltrechos, miró que el tablero que tenían en la cabina estaba casi intacto. Algunos nombres y fotografías se habían quemado, pero el cartel de “se busca” que reposaba en la parte alta del tablero, justo en medio, seguía intacto y las letras rojas que, alrededor de este, marcaban su trayectoria todavía alcanzaban a leerte. —Supongo que el capitán te encontrará de todos modos —. Susurró, aun jugueteando con la pastilla en su boca.
 
Luego todo quedó en silencio por un segundo antes de que la chica medusa viera al marine de cabello blanco entrar por la puerta. Pensó en escapar, en saltar por la borda, pero ahora era tarde para pensarlo y hacerlo…si lo hubiera pensado antes, tal vez no tendría que tragar la pastilla que ahora tenía en su boca, pero ahora que el aparecía…No lo pensó dos veces. La cápsula de cianuro bajó por su esófago y en segundos se asentó en su estómago.
 
Iniciaba la fase 1. Iba a doler.


 
Cuando Mael llegó a tierra de nuevo, miró a su alrededor aun con algo de consciencia, los primeros cinco minutos serían los más tranquilos, sabía que el veneno debía disolverse en su estómago antes de que la pesadilla real iniciara, por ello, aprovechó para estudiar su entorno.
 
Ahí vio que no solo estaba Gill, si no un enorme cangrejo rojo con uniforme de la marina. Quiso preguntar porqué un gyojin se uniría a un grupo en donde abundan tantos humanos, pero guardó sus fuerzas para buscar con la mirada a la tortuga que vio antes. —¿Ma…mataste a la tortuga también? —Le preguntó la chica al marine peliblanco. El hablar le hizo darse cuenta del sabor amargo que se extendió de repente en su boca y del ardor que impregnó su esófago. Se quejó, sus manitas tomaron con fuerza la arena, pero se mordió la lengua antes de emitir otro quejido, pues no era tonta, sabía que el den den mushi seguía en llamada y lo que menos quería es que su capitán la viera como alguien débil…pero… ¿Él seguía ahí? ¿Por qué no hablaba?
 
Sus ojos se movieron a donde esta Gill, quien seguía quejándose de una manera tan patética que la hizo fruncir el ceño y sentir repentinas arcadas… ¿Por qué su contramaestre la había puesto a trabajar con alguien tan inútil? Ahora que lo pensaba, fue culpa de él que los descubrieran, si tan solo hubiera demorado menos en buscar el barco o si tan solo no hubiera sido tan avaricioso, ya habrían salido de Long Ring Long Land hace horas.
 
“Juan Sebastián al habla, hemos capturado a los sucios criminales. ¿Con quién hablo? Si no respondes, mataré al comosellame este.”
 
Mael, dejando de pensar en sus errores pasados, miró entonces al gyojin rojo, escuchó su voz y su amenaza a su compañero. Entonces un sentido del deber se apoderó de la chica, quien usó algo de sus fuerzas para aventarle una puño de arena al cangrejo.
 
—N…no te atrevas —. Respiró con dificultad. Podía estar muriendo, pero su lealtad era por y para cualquier miembro de la tripulación del Abismo; sin embargo, antes de que el gyojin marine rojo pudiera responderle, una risita conocida resonó del otro lado.
 
—¡A ver…a ver…! ¡Do re mi! —Mael abrió sus ojos de par en par, conocía esa voz, la conocía bastante bien. No era su capitán. —¡Shihihihihi! ¡Alóoo~! ¿Me escuchas? ¿Mael? ¿Qué pasó? ¿Ya te moriste? Shihihihi, te dije que tuvieras cuidado, las cartas te auguraban una mala noche ¿Te dije que salió la muerte en medio de tu tirada? Shihihi, sabía que esta vez no era metafórica ¿Sabe? ¡Ah! ¡Con lo duro que es conseguir un buen médico! Siempre se nos mueren… ¿Será una maldición del Abismo? —El caracolito, lejos de verse preocupado, ponía caras graciosas, como si quien estuviera del otro lado estuviera disfrutando de lo que escuchaba.
 
—¡Contramaestre! —La voz de Gill fue la que se alzó. —¡ESTOS SUCIOS MARINES HAN ARRUINADO TODO! ¡UNO TIENE EL CABELLO BLANCO, OTRO ES UN CANGREJO! —La voz del otro lado se silenció por un momento y el caracolito tomó un rostro más serio.
 
—¿Cangrejo dices? ¡SHIHIHIHI! Me recuerda a alguien ¿Sabe? ¿De dónde? ¿De dónde recuerdo a un cangrejo rojo? Jmmmm…¡Ah~! ¡Ya sé! ¡El día en que conocimos a la favorita del capitán maté a un cangrejo rojo gigante! Shihihihi…—La voz volvía a ser divertida y entonces el caracolito, como si el dichoso “contramaestre” pudiera ver del otro lado, ahora los ojos del den den mushi se fijaron en Juan. —¿Y? ¿Juan Sebastián dices? ¿Eres el marine de luz que puso en aprietos a mi médico? —Era evidente que no se refería a Gill, si no a Mael, parecía que el otro gyojin le importaba poco a nada.
 
—¡Holaaaa! ¿Puedes responder rápido? Verás, este es en den den mushi de mi capitán, no el mío, solo se lo quité porque escuché que mi linda médico estaba en aprietos, pero creo que me está haciendo señas de que se lo entregue —. Del otro lado de escuchó un resoplido más lejano, más grave y distinto a la voz que ahora tomaba la palabra. —Ah, por cierto, dijiste que matarías a… ¿Gill? ¿O te referías a Mael? Bueno, da igual, Gill me sirve ahora más muerto que vivo y Mael…creo que se darán cuenta de que no tendrán que ensuciar sus manos con su sangre… ¿Sabe? Todo por culpa de la orden de mi capitán ¡Ah~! Mael, querida, cuando muera espero verte en el más allá…Espero que el caramelo de cianuro no sean tan terrible~
 
En ese momento Mael empezó a hiperventilar y, además, cualquiera con buen oído podría escuchar el latido acelerado de su corazón. Su rostro, aunque de colores distintos a los estándares humanos, parecía adquirir un rubor que evidentemente no era por vergüenza. La chica emitió un quejido y de manera inconsciente llevó sus manos a su cabeza. —¡DUELE!
 
—Supongo que el veneno empezó a hacer efecto —. Murmuró la voz del otro lado, un sonido que llegó acompañado del ruido del barajar de unas cartas. —Juan…Juan Sebastián —. El sonido de la baraja cesó y la vocecita emitióotra risa burlesca. —Shihihihi…¡EL JUICIO! Que carta tan interesante que te ha salido aquí… ¿Sabe? Tal vez esta noche recibas una revelación importante, un mensaje que cambie tu panorama y la manera de ver el mundo…tu mundo…o quizá te juzgues a ti mismo por errores de tu pasado, shihihi…que interesante carta… ¿Puedes pasarme al otro marine? También quiero leer su futuro~
 
Mientras Mael se retorcía en el suelo por culpa del veneno y Gill sollozaba por el miedo de ser asesinado, el “Contramaestre” de la tripulación a la que los dos gyojines pertenecían parecía divertido y dispuesto a hablar…muy dispuesto a hablar ¿Por qué? Simplemente le entretenía jugar un poco con la autoridad, a fin de cuentas, estaba lejos, muy lejos del peligro, además…tenía curiosidad sobre ese par de marines y qué tanto habían logrado descubrir sobre las operaciones de Mael y Gill en la corriente Rakusei.
 

 
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hyákinthos - Ayer, 06:29 AM

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