Hace 2 horas
![[Imagen: Pirata-derrotado-entre-escombros.png]](https://i.ibb.co/0RvnszrJ/Pirata-derrotado-entre-escombros.png)
Estaba despatarrado boca abajo, con el mentón enterrado en un charco de agua salobre y mis extremidades dobladas en ángulos extraños y como no, medio ojete al aire por que se me corrío la tanguita hacia un costado. El piso de la caverna era de basalto negro desparejo, húmedo y resbaladizo por las olas que moldearon la caverna con los años y años de crecidas. El eco del bombazo que pegué al caer rebotó contra las paredes de piedra volcánica con un retumbo ensordecedor que parecía venir directo del techo abovedado.
—¡AY LA CONCHA DE LA LORA SE DERRUMBA LA MONTAÑA!— Pegué un alarido desgarrador mientras me agarraba la pelada con las dos manos y empezaba a patalear con las dos piernas flacas en el aire, levantando una lluvia de astillas y barro negro. —¡QUE ALGUIEN ME AYUDE CARAJO MIERDA, SOY DEMASIADO APUESTO COMO PARA MORIRME APLASTADO COMO LAUCHA!—
El berrinche me duró exactamente tres segundos cuando vi el origen de aquel estruendo, El fondo de la cueva se había "abierto" revelando su interior de luces. Levanté la jeta del charco, escupí dos pedazos de pino con moho y me acomodé los anteojitos negros torcidos. Al fondo de la caverna, a unos cuarenta metros por un túnel ancho de piedra volcánica donde goteaba agua salada, se filtraba un resplandor amarillento de antorchas y faroles que bailaban contra las rocas. Se me iluminaron los ojos detrás de los antojitos negros y se me hizo agua la boca, imaginando las birras que adentro debían esperarme.
—¡Noooooo, mira lo que es eso, papaaaaaaaa, armaron tremendo boliche con luces de colores ahi dentroo!— Grité con euforia pura, pasando del llanto desconsolado a la fiesta total.
Pegué un empujón seco con las nalgas contra los restos de las maderas rotas, reboté sobre el lecho de grava y me puse de pie de un salto prodigioso, haciendo retumbar la cueva. En ese mismo instante divisé a un tipo morocho que salía disparado a los piques hacia el túnel nuevo, la verdad que el vago vestía con tremenda pilcha y era bastante fachero, casi compitiendo con mi belleza natural. Pero como la mente a veces me juega malas pasadas, me toqué la cintura, metiendo los dedos dentro de los hilos e la tanga y me salto la ficha (O eso creí), y le rugí a los cuatro vientos.
—¡CHE NEGRO SORETE, DEVOLVEME LA BILLETERA GIL, PEDAZO DE SINVERGUENZA!—
Apreté los dientes mostrando la dentadura y arranqué a correr a zancadas pesadas detrás de él, levantando polvo del suelo con mis ojotas, acelerando para intentar ganarle la punta y ser el primero en entrar al descontrol.
Puto el q lo lea
