Hace 2 horas
Me fascinaba como, aún paseando por una isla contaminada, intoxicada, en ausencia de la luz solar y del aire fresco, había algo que apestaba más a toda la basura infecta que podía cubrir alguna de las calles de esta ciudad. Piratas, pululando a diestro y siniestro, como si fueran civiles más, creyéndose que tienen derecho a vivir con tranquilidad cuando tenían una maldita recompensa por su cabeza… ¿En qué narices estaba pensando el “Quemasoles”, permitiendo la entrada de piratas a su isla así como así?
En el momento en el que eliminé de la faz de la tierra la existencia del último pirata de la banda de los Scythe, choqué mis manos, comenzando a sacudirlas entre sí, eliminando los restos de aquellos criminales que merecían ser sentenciados por mis propias manos.- ¿Esto era todo? No me han servido ni de calentamiento… Fufufufu.] - solté una risa bufona, mientras introducía las manos en mis bolsillos. Estábamos en lo que debía ser el piso franco en esa isla de esa banda de tres al cuarto. Conmigo, estaban todos mis hombres, dispuestos a seguirme con fé ciega en esta purga de la escoria de la sociedad.- Muy bien, soldados, sigamos limpiando la inmundicia de isla Chika. - ordené, con una sonrisa tranquila apareciendo en mi rostro - ocultando mi psicopatía y ganas de sentenciar criminales -, mientras nos encaminábamos hacia el lugar en el que los Centipede pensaban vender esa fruta del diablo.
¿Podríamos haber sido más discretos? Por supuesto. ¿Era necesario gracias a nuestra superioridad numérica y de poder? Pues claro que no, todos esos piratas tenían los días contados. Conforme recorríamos la calle y no encontrábamos cerca de 50 metros de distancia, activa mi Kenbunshoku Haki, para divisar las presencias que había en su interior. Ninguna me llegaba a la suela de los pies.- Quiero que aseguréis el perímetro y que os cercioréis de que no se os va ni un pirata. - le comentó al sargento Keroro.- Hay cerca de 150 unidades en cada una de las dos plantas... - saqué la lengua de mi boca, de una forma un tanto sádica, pasando a relamerse los labios.- Ya me dedicaré de saborear cada una de sus patéticas muertes. - musité, no pudiendo evitar no mantener las formas ante la cantidad de vidas que había por cercenar. Simplemente, adoraba mi trabajo.
Cuando mis hombres iniciaron el ataque, abatiendo a los dos seguratas que se encontraban en la puerta, confiando plena y ciegamente en ellos, corrí a toda velocidad, como una exhalación, hacia una de las ventanas del local de la planta baja, saltando, cubriéndome con mis brazos la cara y cuello, y entrando de lleno en ella sin ninguna clase de altercado.- ¿Cómo? ¿Y esta falta de iluminación? - pensé inmediatamente, siendo algo que me daba bastante igual gracias al dominio de mi haki, el cuál canalicé e intensifiqué, hasta reducirlo en 20 metros de radio. Quedando de pie, justamente en el centro del local, había sólo 5 auras que destacaban por encima del resto, siendo la más problemática la que se encontraba a mis 11:00 a unos 15 metros de mi, pero sin suponer un verdadero problema.- ¿Esto no era acaso una fiesta? Fufufufu - pregunté, con sorna, extendiendo mis brazos hacia los lados.- Porque me da la sensación de que esto parece más un… - Y, de nuevo, me relamí los labios, como cuando un depredador avista a su presa.- Velatorio... - añadí, entrecerrando y abriendo los dedos de ambas manos. No pensaba dejar ni restos de sus cadáveres que sus familiares o seres queridos pudieran llorar.
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