Ayer, 02:11 AM
(Última modificación: Ayer, 02:22 AM por Magnus Brand.)
Magnus paró de bailotear al cruzar su mirada con la de Krave, que había comentado algo sobre el poema del periódico.
—Por fin un periódico que publica algo importante. Debe ser un gran tipo ese M.B.
Vio al gyojin arrancar la página con la foto de Super Culao y guardársela. Magnus asintió mostrando aprobación. Al fin y al cabo, los caminos del arte son inescrutables. Y no iba a fingir que ese camino le resultase desagradable.
—Un ¿hombre? de cultura, por lo que veo.
Volvió a cantar, todavía sin aprenderse ninguna palabra nueva ya que no se le daba bien memorizar. Cerca del borde del grupo, otro chavalito acompañaba la música arrastrando el guante con púas por su kanabo.
Magnus reconoció aquella forma de sustituir la letra por entusiasmo. Un colega. Un compadre. Un hermano.
—Tú tampoco te la sabes, eh, cabronazo —le dijo contento Magnus, contento por haber encontrado a un igual —Se nota que se te da bien. Magnus Brand. ¿Cómo te llamas?
La llegada de un gordo rodante que hablaba muy raro interrumpió aquella conversación. Magnus siguió el recorrido con el cigarro pegado al labio inferior sin dar crédito a lo que veían sus ojos.
Después se derrumbó la pared que daba lugar a una zona iluminada y en absoluto sospechosa.
Wheke empezó a preguntarse si podrían descubrir caminos estampándose contra las piedras, a lo que Magnus le contestó:
—Antes de probarlo, pregunta si la pared es de carga, motherfucker.
Taito mandó al resto de su tripulación a callar y a echarse a un lado.
Magnus frunció el ceño. No le gustaba que le diesen órdenes con aquella confianza. Sin haberlo invitado antes a beber ni nada. ¿Qué menos que contarle tu vida entre lágrimas a otro hombre, estando completamente alcoholizados, antes de ponerte a darle órdenes? Magnus no entendía esa forma de liderazgo.
Aunque claro, la orden consistía en pararse a no hacer nada. ¿Cómo iba a negarse?
Se unió a los demás, satisfecho con aquella decisión. La historia de prima Mumu terminó de convencerlo.
Entonces Vixen le pidió que le mirase menos el culo y prestase más atención a la nueva entrada.
Magnus se llevó una mano al pecho fingiendo estar ofendido.
—¿Acaso puede un pez dejar de nadar? ¿Podría el sol parar de salir por las mañanas y de ponerse por las tardes? ¿Puede un poeta cerrar los ojos cuando la inspiración pasa caminando frente a él, con ese contoneo? De hecho, ¿debería hacerlo? Yo creo que no.
Exhaló despacio, mostrando resignación ante las cosas inevitables en la vida.
—Hay cosas que un hombre elige, señorita. Otras le suceden.
Le dedicó una sonrisa victoriosa.
—Pero miraré hacia la entrada, que tampoco quiero que el oso me sorprenda distraído. ¡Gurororo!
Cumplió durante unos segundos, hasta que pasó Pucca y sus ojos acompañaron aquellas caderas rumbo a la gruta. Qué cantidad de argumentos estaba reuniendo aquel agujero a favor de entrar.
Pero la pelinaranja se acercó y Magnus olvidó el túnel, el oso y hasta su propio nombre.
Venía... ¿en ropa interior?
La escuchó coquetear con Taito y elogiar a sus compañeras, complacido por su evidente buen gusto. Cuando dijo que se marchaba, se acercó un poco para decirle unas palabras.
—Permítame presentarme, señorita. Magnus Brand. Poeta y, desde hace un momento, partidario de que esta reunión dure toda la noche.
Inclinó el torso teatralmente en un gesto cortés.
—No quisiera entretenerla, pero sí tener ocasión de escuchar su nombre. Me daría mucha pena dedicarle un poema y no poder dedicárselo como es debido.
Rebuscó en un bolsillo para sacar la pluma y libreta, apuntó su número de den den mushi, arrancó la hoja y se la tendió entre dos dedos.
—Para cuando le apetezca una cena, una conversación o un poema que todavía no haya leído nadie. Pregunte por Magnus fucking Brand.
Sonrió mientras le ofrecía el papel sin ánimo de interrumpirla demasiado.
La tentación de acompañarla no fue poca cosa, pero miró a Taito y llegó a la conclusión de que el capitán no estaba para gilipolleces.
—Por fin un periódico que publica algo importante. Debe ser un gran tipo ese M.B.
Vio al gyojin arrancar la página con la foto de Super Culao y guardársela. Magnus asintió mostrando aprobación. Al fin y al cabo, los caminos del arte son inescrutables. Y no iba a fingir que ese camino le resultase desagradable.
—Un ¿hombre? de cultura, por lo que veo.
Volvió a cantar, todavía sin aprenderse ninguna palabra nueva ya que no se le daba bien memorizar. Cerca del borde del grupo, otro chavalito acompañaba la música arrastrando el guante con púas por su kanabo.
Magnus reconoció aquella forma de sustituir la letra por entusiasmo. Un colega. Un compadre. Un hermano.
—Tú tampoco te la sabes, eh, cabronazo —le dijo contento Magnus, contento por haber encontrado a un igual —Se nota que se te da bien. Magnus Brand. ¿Cómo te llamas?
La llegada de un gordo rodante que hablaba muy raro interrumpió aquella conversación. Magnus siguió el recorrido con el cigarro pegado al labio inferior sin dar crédito a lo que veían sus ojos.
Después se derrumbó la pared que daba lugar a una zona iluminada y en absoluto sospechosa.
Wheke empezó a preguntarse si podrían descubrir caminos estampándose contra las piedras, a lo que Magnus le contestó:
—Antes de probarlo, pregunta si la pared es de carga, motherfucker.
Taito mandó al resto de su tripulación a callar y a echarse a un lado.
Magnus frunció el ceño. No le gustaba que le diesen órdenes con aquella confianza. Sin haberlo invitado antes a beber ni nada. ¿Qué menos que contarle tu vida entre lágrimas a otro hombre, estando completamente alcoholizados, antes de ponerte a darle órdenes? Magnus no entendía esa forma de liderazgo.
Aunque claro, la orden consistía en pararse a no hacer nada. ¿Cómo iba a negarse?
Se unió a los demás, satisfecho con aquella decisión. La historia de prima Mumu terminó de convencerlo.
Entonces Vixen le pidió que le mirase menos el culo y prestase más atención a la nueva entrada.
Magnus se llevó una mano al pecho fingiendo estar ofendido.
—¿Acaso puede un pez dejar de nadar? ¿Podría el sol parar de salir por las mañanas y de ponerse por las tardes? ¿Puede un poeta cerrar los ojos cuando la inspiración pasa caminando frente a él, con ese contoneo? De hecho, ¿debería hacerlo? Yo creo que no.
Exhaló despacio, mostrando resignación ante las cosas inevitables en la vida.
—Hay cosas que un hombre elige, señorita. Otras le suceden.
Le dedicó una sonrisa victoriosa.
—Pero miraré hacia la entrada, que tampoco quiero que el oso me sorprenda distraído. ¡Gurororo!
Cumplió durante unos segundos, hasta que pasó Pucca y sus ojos acompañaron aquellas caderas rumbo a la gruta. Qué cantidad de argumentos estaba reuniendo aquel agujero a favor de entrar.
Pero la pelinaranja se acercó y Magnus olvidó el túnel, el oso y hasta su propio nombre.
Venía... ¿en ropa interior?
La escuchó coquetear con Taito y elogiar a sus compañeras, complacido por su evidente buen gusto. Cuando dijo que se marchaba, se acercó un poco para decirle unas palabras.
—Permítame presentarme, señorita. Magnus Brand. Poeta y, desde hace un momento, partidario de que esta reunión dure toda la noche.
Inclinó el torso teatralmente en un gesto cortés.
—No quisiera entretenerla, pero sí tener ocasión de escuchar su nombre. Me daría mucha pena dedicarle un poema y no poder dedicárselo como es debido.
Rebuscó en un bolsillo para sacar la pluma y libreta, apuntó su número de den den mushi, arrancó la hoja y se la tendió entre dos dedos.
—Para cuando le apetezca una cena, una conversación o un poema que todavía no haya leído nadie. Pregunte por Magnus fucking Brand.
Sonrió mientras le ofrecía el papel sin ánimo de interrumpirla demasiado.
La tentación de acompañarla no fue poca cosa, pero miró a Taito y llegó a la conclusión de que el capitán no estaba para gilipolleces.
Off

![[Imagen: qWhXPFX.png]](https://i.imgur.com/qWhXPFX.png)