Ayer, 08:11 AM
(Última modificación: Ayer, 05:13 PM por Hyákinthos.)
“Morirá en diez o quince minutos, dependiendo de hace cuánto lo consumió. No se puede hacer nada.”
Del otro lado quien atendió la llamada colocó su mano sobre el auricular al escuchar aquel diagnóstico, silenciándose por un momento. Se permitió tragar saliva y hubo un silencio de apenas un par de segundos que cortó en seco su verborrea. Sí, sabía que Mael moriría…Sí, sabía que había sido su capitán quien le dio la orden directa de consumir esos caramelos que, para empezar… ¿Por qué carajos los tenía? No era justo. Siempre pasaba lo mismo con los médicos en su división y eso, aunque no le dijera en voz alta, no le agradaba. Escuchar el diagnóstico dado por Shin solo hizo que sus ojos naranjas adquirieran un brillo que, por un momento, no cargó ni malicia ni diversión.
Chasqueó su lengua, tal vez el sonido se escuchó del lado de quienes estaban en Long Ring Long Land o tal vez fue opacado por los golpes en el suelo que el gyojin cangrejo realizó para aliviar su furia y que provocaron un mini infarto en el gyojin morena que yacía sobre el suelo, aun quejándose por su mala fortuna; sin embargo, tan pronto como escuchó la voz de un nuevo marine, el contramaestre se vio obligado a colocarse de nuevo aquella máscara de indiferencia y bufonería que siempre presentaba ante el resto.
—Shihihihi… ¿Qué te hace pensar que los envíe para pelear con ustedes, marine? ¡Cuánto ego! ¡Ah! ¿Eres tu el de luz o eres el cangrejo? ¡No! No me digas, déjame adivinar ¡Eres el de luz! Sí, debes serlo, porque la última vez que vi a un gyojin cangrejo…era bastante feo ¿Sabe? Con un rostro así no se puede tener tanto ego —. A pesar de la interferencia y de la brisa marina, se podía escuchar con claridad el sonido del barajeo de unas cartas del otro lado de la línea telefónica. —Mi gente estaba allá por simples…negocios…sí…llamémoslo así ¿Cómo iban a saber ellos que se encontrarían con dos ineptos que se meten en donde no los llaman? Shihihi, una lástima…si hubieran escuchado las advertencias que les hice con el tarot no habrían terminado así —. Dejó escapar un suspiro que era demasiado pesado para ser real, tanto que, ni siquiera había necesidad de verlo de frente para saber que estaba actuando; sin embargo, lo que más captó la atención fue como las cartas se detuvieron de golpe cuando el marine, finalmente, se presentó con nombre y apellido.
—Hasegawa Shin —. Grabaría ese nombre en su memoria. La voz que solía ir acompañada de un matiz juguetón se ensombreció al pronunciar el nombre del marine, de hecho, sonó más grave, más seria. Si lo hubieran tenido de frente se habrían dado cuenta del leve temblor en sus dedos y la manera en la que su mandíbula se tensó haciendo que sus afilados, pero perfectos dientes, rechinaran levemente, aunque esa expresión duró casi nada, pues pronto sus ojos se iluminaron de nuevo y el sonido de las cartas regresó por unos segundos antes de detenerse de nuevo. —Shihihihi… ¡Las cartas han hablado! —Expresó con exageración. —¡Yo te maldigo Hasegawa Shin! Por tu osadía tus manos se llenarán de sangre, la sombra de la muerte llegará a ti en los próximos días, saborearás victorias…pero en tu boca tendrán el sabor de la hiel…bueno, no lo digo yo, lo dicen las cartas, shihihihi…El cinco de espadas, la torre y la muerte…eso veo en tu futuro —. Se escuchó de nuevo el sonido de las cartas, lo que podría suponerse como que las recogía para realizar una nueva tirada.
—Shihihi…espera… ¿Qué? ¿Escondernos de quién? SHIHIHI ¿DE USTEDES? —El grito podría ensordecer a cualquiera que tuviera el auricular cerca de su oído. —Dime… ¿Qué te hace pensar que nos escondemos? Estoy hablando aquí contigo ¿No? No sé si me estas rastreando, tampoco me importa…a quienes acabas de capturar no son más que peones que estaban en una misión de reconocimiento en la corriente Rakusei, pero tu…ustedes…división 30, 20, 10…la que sean…Pueden venir cuando quieran —. Shin no pudo verlo, pero una hilera de dientes afilados brilló del otro lado. —Estaré aquí esperándolos con un buen ron y tal vez algunos caramelos para acompañar… ¿Sabe? Como el que le obligaron a comer a mi linda médico…ahora…
El hombre estuvo apunto de colgar, pero como si su propia profecía se estuviera cumpliendo en ese instante, un quejido proveniente de Mael lo detuvo en seco, pues la chica, aun recostada en la arena, sintió los dedos del cangrejo introduciéndose en su boca, pero la realidad es que no fue eso lo que le provocó el jadeo de dolor.
La medusa intentó gritar, pero solo terminó mordiendo los dedos del marine, pues su cuerpo había pasado de un estado de completa hiperactividad a un ritmo mucho más bajo. La fase 2 había comenzado y en su consciencia, como médico, ella lo sabía…sabía lo que significaban los síntomas que recién adquiría.
Su ritmo respiratorio pasó de acelerado a jadeante, su corazón dejó de martillear con fuerza para marcar ahora un ritmo lento, mientras que sus pupilas empezaban a dilatarse al punto de que poco o nada quedó de los irises rosas, para darle espacio a las pupilas oscuras que ahora adornaban sus ojos. Era tarde para “escupir” el veneno. No había nada que hacer y Mael, aunque tuviera mucho que decir, no podía ya aportar nada que no fueran jadeos lastimeros, era, irónicamente, como un pez fuera del agua, buscando respirar en un medio en donde no le era posible.
—Es inútil —. Respondió el hombre al otro lado de la línea al escuchar la voz más lejana, la que suponía que era la del cangrejo. —¿Sabes lo que hace el cianuro cuando entra al cuerpo? ¿No? Bueno, lo descubrirás cuando Mael empiece a tener convulsiones…Tapa tus ojos, te escuchas como alguien sensible, shihihihi…Sea como sea, ella no te va a responder. No podría ni aunque quisiera.
—¡ÍNDIGO! —La risa del otro lado de la línea fue cortada cuando Gill, quien aún no podía levantarse del suelo o, más bien, se negaba a ello, gritó su nombre el voz alta. —¡EL CONTRAMESTRE SE LLAMA ÍNDIGO! Podrían reconocerlo hasta con los ojos cerrados ¡Es un pez betta dragón! Cabello celeste, piel celeste, ojos naranjas ¡AH! ¿Qué más quieren saber de él? Es el mejor extrayendo venenos ¡Es el segundo al mando de los Piratas del Abismo! Están en el Nuevo Mundo…Nuevo Mundo —. La respiración de Gill se agitaba, pero por motivos distintos a los de Mael, mientras que, del otro lado de la línea, se escuchó un gruñido que luego pasó a ser una risa que llegó acompañada de un “Sabía que nos servía más muerto que vivo”, algo que Gill no escuchó, pues estaba concentrado en soltar toda la sopa con tal de salvar su pellejo.
—¿Hace 7 años? ¿Siete? Sí…Hace 7 años los conocía, pero no era parte de la división del contramaestre índigo…no, no…recién acababa de entrar…yo no…Espera… ¿Azul? Azul celeste ¿no? ¿Y ojos dorados? —Gill palideció, ya no por los golpes ni el dolor, si no por la información que acababa de captar en su cerebro: Un gyojin cangrejo rojo… “muerto” a manos de Índigo…Algo recordaba de lo dicho por su capitán, un gyojin cangrejo rojo que se creía el padre de una belleza sin igual, de ella. —¿Ka…Kassandra? ¿Qué sabes de…?
—SHIHIHIHIHI —El gyojin, ahora revelado como un pez betta dragón, rompió en risas del otro lado, tanto que lagrimas empezaron a salir de sus ojos naranjas, ya poco o nada importándole la información que el otro revelaba ¿Qué más le daba? Esos marines tendrían que pasar por mucho antes de llegar al Nuevo Mundo. Si es que llegaban. Así que, dejó de lado su molestia para analizar la dulce coincidencia del destino. —Hace un rato te dije que recibirías una revelación esta noche…no creí que llegaría por mi parte, shihihihi… ¿Niña? ¿NIÑA? SHIHIHIHI…Cangrejo, si es quien estoy pensando, su vida ha sido toda una aventura desde la misma noche que la separamos de ti o tal vez no…no sé…no recuerdo…estuve muy borracho esa semana…
Porque una cosa era segura. Índigo podría ser un idiota parlanchín, un bufón la mayoría del tiempo, uno que disfrazaba su crueldad tras su tonta risa, pero no tenía un pelo de estúpido y pronto, todas las piezas del rompecabeza se unieron en su maquiavélica mente.
Recordó una noche, hace 7 años…una noche en donde, de nuevo, un médico había muerto, esa vez no a manos de un marine, si no por influencia interna. Su capitán se había encargado. Recordó el aroma de la brisa marina, el vaticinio de las cartas, la molesta y vulgar voz de Pistol Paco anunciando que desde lejos se veía un barco en medio del mar bioluminiscente y, por supuesto, recordó la primera vez que su capitán la vio a ella…la responsable de su perdición y de su obsesión…aunque, el único problema en todo eso es que se supone que el cangrejo estaba muerto. Pistol Paco y él se encargaron…entonces… ¿Cómo es que ahora le hablaba alguien que contaba un fragmento de una historia similar al que él recordaba?
Tragó saliva… ¿Se había equivocado? ¿Él había fallado un trabajo? No podía ser posible. —No…pero… ¿Por qué tu…estas vivo? ¿Cómo? Si yo… —No dejó que se escuchara más confusión en sus palabras, volvió a respirar y a tomar el control de la situación con una maestría escalofriante. —¡Shihihihi! Bueno, no importa…En tal caso, espero verte pronto para una… ¿Ronda 2? Si es que podrías llamarlo así… ¿Recuerdas como ese día no hiciste nada? Ah…aun lo recuerdo…esa chiquilla que el capitán tanto adora gritando “Papá” … ¿Sabes que siguió haciéndolo incluso bajo el agua? Incluso cuando ya estaba en el barco o…bueno…quizá no…ya dije que iba borracho…shihihi… ¿Sabe? Creímos que había muerto, un loco de ojos raros un día se metió a uno de nuestros burdeles y lo hizo cenizas…pero, el periódico ese del gobierno por fin hizo algo bien: Nos dios un cartel, así apareció de nuevo en nuestras vidas: María Merlot, se busca…viva o muerta ¡SHIHIHI! Parece que la marcamos más nosotros que tú, porque abrazó su lado pirata, aunque…ya no es peli celeste, no…ahora lleva el pelo rosa y parece que se hace llamar María en lugar de Kassandra…una lástima, tenía más cara de Kassandra —. Una carcajada más se dejó escuchar y entonces, reinó un silencio repentino.
—Es irónico ¿Sabe? Nos dijeron hace poco que ella ya no estaba en Rakusei…si no en una corriente distinta con…sus amigos piratas, obvio…Mael y Gill tenían órdenes de regresar, pero el destino es caprichoso ¿No? Shihihi, de todos modos…me agrada este giro, así he descubierto a un viejo amigo que creía muer…
—¡Basta! —Del otro lado se escuchó una voz más grave y seria, una que tomó el auricular del den den mushi con violencia antes de que le diera un manotazo a su segundo al mando, que simplemente se quejó con el mismo tono de burla que había mantenido hasta ahora y se alejó del caracolito. —Ustedes, no sé que deseen de Kassandra, pero más les vale alejarse de ella si no desean que les arranque la piel. Nadie va a tocarla sin mi permiso.
No hubo más voces ni risas, solo el pitido característico y vació que deja una línea telefónica cuando una de las partes cuelga la llamada.
—¡Ah! ¡Esa chica! Sí, sí…Kassandra…¡Je…je! Tengo información de ella en el barco…si me dejan ir…podría hablarles más de ella, en serio —. Gill insistió, aun moribundo, mientras que Mael, esta vez, empezaba con los espasmos de la primera de muchas de las convulsiones que tendría en los próximos minutos.
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