Déjà Vu | P.R. | Social
#10
Tras su audaz propuesta, Kibai tuvo que recurrir a todo su autocontrol para no romper a reír a carcajadas mientras observaba como la joven de cabellos naranjas pasaba de la emoción al asombro, y del asombro a la extrañeza, hasta acabar en una mezcla entre alarma, curiosidad y un punto de nerviosismo. Sin embargo pareció estar dispuesta a seguir aquel alocado plan, preguntándole si iba en serio.

Por la cabeza de Kibai pasaron muchas cosas. Obviamente no iba a mentirle a aquella encantadora mujer, desde luego. Pero por otro lado, lo que había comenzado por ser una simple broma empezó a tomar en la mente del mink leopardo unos cuantos indicios de audaz plan que podía salir muy bien. Su olfato debería ser más que suficiente para poder percibir a tiempo cualquier tipo de pez que se acercase a Miyori, dado que aquí no había sal que tapase su olor, ni tampoco había agua, sino que eran nubes. Densas, por supuesto, pero seguían siendo nubes, y por lo tanto su sentido del olfato era mucho más útil, casi hasta el punto de funcionar muy parecido a como lo haría en un bosque común y corriente. De modo que , alentado por una repentina necesidad de aventura, Kibai asintió vigorosamente con la cabeza, mostrandole un gesto con el pulgar hacia arriba a Miyori.

— Efectivamente, lo has pillado a la primera! Será sencillo, solamente tenemos que esperar a que detecten tu presencia en las nubes cercanas y vayan a por ti. Para entonces, ya los habré olido y tiraré del cebo para sacarte del peligro. Del resto ya me encargare yo. Y tendremos una enorme cena de pescado a la brasa! No se si has llegado a Skypiea con alguien, pero también podríamos invitarlos, claro está. Todos podrán comer, y así no se desperdiciará nada y nadie pasará hambre.

Kibai realizó una profunda inclinación de respeto ante Miyori.

— Muchas gracias por colaborar. Será un placer atrapar a una presa digna a su lado señorita.

Mientras la joven se despojaba de su sombrero de ala ancha (una idea excelente, ya que a buen seguro lo hubiese perdido de no haberse desprendido de él) también se ató el cabello en una cola alta.

— Es inteligente... — pensó el mink leopardo el cual por su parte se acercó a la jungla cercana, y de un salto y con un certero corte de sus garras, seccionó tres lianas desde su parte superior. — Así podrá no perderse nada de la diversión.

Con suma atención, Kibai trenzó las tres lianas hasta conseguir una cuerda gruesa y resistente. El mink probó su nueva creación enganchandola en su propio pie y dando fuertes tirones hacia arriba, hasta que estuvo convencido de que aguantaría sin mayores problemas. Con aquel paso solucionado, regresó hacia dónde le aguardaba Miyori, ya preparada.

— Bien, ahora tocan unos cuantos consejos de seguridad, vale? —  le dijo con mirada algo más seria Kibai. —  Somos un equipo, tú y yo, y eso significa que ambos tenemos que tener total capacidad de comunicación, y sobre todo de confianza el uno en el otro. Tú debes de confiar en que si tienes cualquier problema, ya sea que notas que algo se acerca y yo no lo he percibido, o simplemente que necesitas que te saque, yo voy a hacerlo al momento. Por otro lado, yo necesito poder saber cuando quieres que yo te saque. Por eso vamos a dejar marcados unos códigos simples, ya que en el momento los nervios pueden jugarte una mala pasada.

Kibai le enseñó a la joven pelirroja la triple liana trenzada.

— La acabo de testear. Aguantará de sobra tu peso y cualquier tirón que de yo o des tú. Además, no está seca, así que no debería hacerte daño, y es lo suficientemente flexible para que pueda atarte firmemente sin que te agobie o te impida respirar.

Dicho esto, Kibai comenzó a pasar la improvisada cuerda por debajo de las axilas de Miyori, para despues cruzarla por detrás de su espalda y sobre su pecho, siendo lo más cortés posible cuando tuvo que pasar por las zonas algo más delicadas o que pudiesen hacer sentir incómoda a su compañera de fechorías. Acto seguido, se agachó para dar una vuelta por su estrecha cintura y asegurar asimismo una vuelta en cada pierna. Con el último nudo, comprobó satisfecho que aún le quedaban tranquilamente unos cuatro o cuatro metros y medio de cuerda.

— Con esto debería ser suficiente. Así, cuando tire de ti, la tensión se repartirá por todo tu cuerpo, y no será tan brusco para rescatarte. Además, estarás mucho más segura. Ahora solo falta el último detalle...

Dejando caer la liana al suelo, Kibai se acercó a Miyori, sacando las garras de la mano derecha. Con un rápido gesto, rasgó la piel del dorso de su mano izquierda, abriendo un corte superficial. Procurando ignorar el olor salado de su propia sangre, Kibai pasó las yemas de los dedos por el corte y dejó pequeñas marcas rojas en las mejillas, el cuello y los brazos de Miyori.

— Perfecto, con eso los peces pensarán que eres un animal herido e irán a por ti más confiadamente.

Enrollando la liana en su brazo, y poseído por un súbito espíritu caballeresco, Kibai se agachó y pasó un brazo por detrás de las rodillas de Miyori para alzarla en brazos mientras caminaba hacia el río de nubes.

— Debo decirte que sin duda alguna eres el cebo más hermoso que he usado nunca para pescar nada. Y mi promesa sigue en pie, nada te hará daño en esta jungla mientras yo esté cerca.

El mink llegó al borde del rio de nubes, y dirigió una sonrisa traviesa hacia Miyori, antes de, como era costumbre en su pueblo, acariciar el lateral de su cabeza contra su mejilla. No era igual que hacer Garchu con un mink, pero por alguna razón al resto de las razas parecía agradarles.

— Ahora, buena suerte!

Con aquellas últimas palabras, Kibai lanzó con todas sus fuerzas a Miyori al río de nubes, a la vez que activaba el Electro para mejorar su capacidad de percepción, imbuyéndose en un aura eléctrica y crepitante a la vez que todo se volvía más claro y cad borde más definido. Sujetando firmemente la liana trenzada, el mink le dedicó un nuevo gesto con el pulgar hacia arriba a la joven, mientras se concentraba en ventear el aire que traía el rio y vigilaba canda ondulación demasiado grande en las esponjosas "aguas" del rio.

— Trata de nadar un poco! — le gritó a Miyori. — A veces funciona!.

La caja de Pandora
[Imagen: Leopardo-vampiro-bajo-la-luna-roja-1.png]
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