24-10-2026, 01:26 PM
Abrí el telón negro que se encontraba frente a mí, y que me había permitido permanecer invisible hasta aquel momento, haciéndolo a un lado. La andrajosa bandera de SCORN se plegó bajo mis dedos cubiertos de anillos, y, no sin dificultad, saqué primero mis piernas del agujero en la pared, y luego el resto del cuerpo. A medida que emergía de mi escondrijo, mis botas hicieron crujir el estrado de madera, cuyas tablas se resintieron bajo el considerable paso de mi cuerpo. El ron chapoteó en la botella que sujetaba en mi mano derecha. Las hebillas de las correas que llevaba al pecho y a la cintura y la vaina de mi sable tintinearon a medida que me incorporaba, alzándome ante la vista de todos antes de situarme, en unos pasos, en el centro del pequeño escenario, iluminado por la escasa luz de las antorchas.
![[Imagen: TifLcuD.png]](https://i.imgur.com/TifLcuD.png)
Mi ojo izquierdo fue de un lado a otro de la gruta, en silencio, viendo cómo todos los recién llegados se apelotonaban allí por centenares mientras evaluaba lo que los rumores eran capaces de hacer en aquellos mares. Los dedos de mi mano izquierda taborilearon sobre la empuñadura de The Tooth, mientras entornaba mi ojo en mi escrutinio sobre cada uno de los asistentes que se adentraban en la cueva. Mi atención pasó entonces a un poco más allá, hacia los que se habían quedado en el umbral. Esbocé una media sonrisa, consciente de que terminarían por entrar, aunque solo fuera por mera curiosidad. Si habían venido hasta aquel lugar, no iban a quedarse al margen ahora. Permanecí inmóvil sobre el centro del escenario durante algunos minutos, mientras la abundante multitud se asentaba a lo largo y ancho de la gruta, a excepción de mis dedos, que continuaban danzando rítmica y silenciosamente sobre el pomo de mi sable. La tormenta en el exterior arreciaba, sin duda.
No sería necesario mandarlos callar. Había llegado el momento.
—¡Fuera de aquí! Fuera de aquí quienes hayáis venido solo a cotillear —exclamé repentinamente, dirigiéndome a toda la audiencia y zarandeando la botella en mi mano en mi ímpetu—. ¡Fuera de aquí! Fuera de aquí quienes hayáis venido solo por ver de qué hablan los periódicos. Fuera de aquí... ¡Fuera de aquí quienes temáis al abismo! Fuera de aquí quienes tengáis miedo de mojaros en la tormenta, de sangrar en un abordaje, de perderlo todo en Impel Down o de dar con vuestros huesos en el fondo del mar.
Contuve mi lengua, observando con mordacidad a los allí presentes, mi mirada barriendo de un lado al otro de la cueva. Ahora que tenía la atención de todos, bajé mi tono, permitiendo que mi voz se volviese más grave y más rasposa. Entorné mi ojo izquierdo, incorporándome sobre mí mismo, mientras iba clavando mi mirada sobre cada uno de los asistentes.
—Fuera de aquí quien tema a los perros del Gobierno Mundial, y fuera de aquí quien esté dispuesto a trabajar algún día bajo sus órdenes. Escarneced a quien tenga miedo de abandonar sus sueños, y que se vaya fuera de aquí también —dije con particular rabia, tomándome un instante—. Hijos de la piratería, hermanos de las jolly rogers y progenitores del futuro, yo soy el que os ha hecho llamar hoy hasta aquí. Soy Berachiah P. Erastus, aunque hay quien me conoce como Goldtooth. Soy yo del que hablaban los rumores que habéis escuchado, y ahora también, parece, los periódicos.
Abrí mucho mi ojo izquierdo, inmóvil sobre el estrado, mi ojo izquierdo clavado sobre un miembro del público. Las antorchas a los lados de la gruta crepitaban, y las luces oscilaban en función del viento que entraba por la gran abertura a través de la cual habían accedido. Ann la había hecho demasiado ancha. Ya hablaría con ella en otro momento. Hice una sentida reverencia hacia el público.
—Os agradezco que hayáis venido. Lo que habéis oído es cierto: el plan es justo el que todo el mundo dice. Junto mis Scorn, voy a hacerme con el Grand Line y con el último y más grande de sus tesoros. Pero... eso es lo que todos pretendéis hacer, ¿verdad? —pregunté, sonriendo sutilmente y dejando un instante para que el público respondiese— Siete veces. Siete veces, ¿entendéis? Siete veces he intentado cruzar hacia el Grand Line, y siete veces he fracasado —dije, alzando un delgado y nudoso dedo índice derecho, el resto aún aferrados a la botella de ron—. Siete veces se ha interpuesto la Marina en mis planes de cruzar hacia el Cementerio de Piratas que a todos nos espera. ¡Bajbajbajbaj! Estoy hecho una pena —no pude evitar reírme entre toses, antes de recobrar la seriedad—. Pero sé que no soy el único. Escuchadme bien. Nuestros mares, nuestras islas se han convertido en el patio de recreo de los Almirantes. Las banderas negras caen con la misma rapidez a la que se alzan, y el Gobierno Mundial lo absorbe todo, incluso a los nuestros. La solución no es continuar como hasta ahora: debemos cambiar nuestro enfoque.
Con firmeza, y con un movimiento más rápido de lo que cualquiera hubiese esperado de un viejo como yo, desenvainé The Tooth y lo clavé con firmeza en el suelo de madera en un gesto de determinación, tras lo que su maltrecha hoja dejó escapar un chirriante zumbido metálico que se apagó progresivamente. No había venido a jugar ni a perder el tiempo de nadie.
—El mundo va a cambiar, y nosotros dirigiremos ese cambio. Lo que os propongo no es que os convirtáis en mis subordinados, ni que arriéis todos mi bandera —dije con gravedad, haciendo un ademán con mi botella hacia la bandera que reposaba detrás de mí, sobre la pared de roca—. Kutsukku nos verá hoy forjar la mayor confederación pirata que se haya visto, de igual a igual. Nos abalanzaremos sobre el Grand Line y abrumaremos en número a cualquiera que considere buena idea ponerse en nuestro camino, y forzaremos nuestra marcha más allá del Nuevo Mundo... hasta el final.
Miré a los presentes en silencio.
—¿Quién está conmigo?
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