P.A: Tasajo y manzanas [Aventura T4 - Bai/Mahou]
#10
Ante sus ojos, maravillados por la precisión del mecanismo, la montaña abrió sus fauces exhalando vida. Por un instante sintió el impulso ciego de lanzarse a la carrera, de abalanzarse sobre aquella maravilla de la primitiva ingeniería sin importarle las consecuencias con tal de aprender, aunque fuera una ínfima parte, de su funcionamiento. Sin embargo, y pese al martilleo de su pulso, cuyo sonido zumbaba en sus oídos hasta hacerle temblar las manos, logró contenerse el tiempo suficiente como para descubrir que la vida engendrada por la montaña no era sino una formación de guardias. Hombres cuyo propósito inmediato consistía en introducir en las entrañas del coloso una fracción de la mercancía que transportaban.

Así que, intentando aplacar sus impulsos de conocimiento, aguardó con cautela donde estaba, intentando descifrar qué proporción de la escolta permanecería en el exterior. Y es que, si una mínima parte de los que habían fuera entraba, cuando la caravana  continuase el viaje, dispondría de menos protección. Si, por el contrario, el grueso de los efectivos permanecía fuera, cualquier intento de hacerse con los suministros resultaría más arriesgado que hacía escasos minutos atrás y, por lo tanto, darse la vuelta ahora significaría asumir que su rastreo a través del páramo y su liderazgo era completamente ineficiente; un coste que Bai no se podía permitir ignorar.

Tan solo debía valorar bien las cosas.

Atacar en ese momento no era una buena decisión, pues atacar contra todo ese grueso de guardias implicaba un coste inmediato demasiado alto y arriesgar la vida del grupo por un botín demasiado pequeño en comparación. Pero quedarse de brazos cruzados tampoco salía gratis. El coste de no pelear era aceptar la condena de seguir vagando por aquel páramo sin vida; una alternativa segura y libre de heridas —en el mejor de los casos–, con un único beneficio futuro muy similar estirar la agonía a base de la poca pesca que ofrecía el terreno.

Bai se masajeó suavemente el puente de la nariz, pensando una tercera opción. Respiró con fuerza por un momento y finalmente decidió que la mejor opción era no hacer nada. Al menos, por ahora. Asumiría voluntariamente el coste  del tiempo perdido pero mantenía vivas todas las variables, así, sí la escolta finalmente se dividía, el riesgo bajaría y el botín valdría la pena. Y si, en el peor de los casos, el grueso de los guardias no se movía y la caravana partía blindada,  tendría que aceptar el coste de haberse equivocado.

Consecuentemente, Bai mantuvo la vista fija en la escena hasta que el portón de piedra volvió a sellarse con un retumbo sordo y el segundo carro emprendió de nuevo la marcha.

En ese instante, giró la cabeza hacia la posición de Mahou; sus alas se agitaron con inquietud ante la sola perspectiva de ver a la guardia adoptar una postura defensiva y, aún así, no podía evitar que una chispa de satisfacción aliviara la tensión de su rostro; no se había equivocado. Era evidente que aquellos barriles fuertemente custodiados albergaban algo vital. Pues, en una tierra tan yerta como la de Báltigo, un despliegue de armas así solo podía significar una cosa: provisiones de verdad.
Su deducción sobre la escasez del páramo quedaba confirmada, pero el hallazgo traía su propia complicación. Si ese cargamento era tan valioso para los guardias, difícilmente lo entregarían por pura empatía a dos desconocidas que aparecieran de la nada buscando algo más que pescado para llevarse a la boca.

Volvió la mirada hacia la caravana y tensó la cadena de su espada, afianzando el gancho de escalada al guantelete izquierdo para anular cualquier tintineo metálico al desplazarse que pudiera llamar la atención de los rebeldes. Al fin y al cabo, la generosidad ajena era la última variable que incluiría en sus cálculos.

Llenó los pulmones de aire, consciente de que en breves segundos toda la escolta convergería sobre ella si finalmente se decidía a llevar a cabo la idea que tenía en mente y, sin vacilar un solo instante, salió corriendiendo hacia la elevación para acortar la distancia que los otros había creado saliendo un par de segundos antes.

Y, cuando los tuvo prácticamenre en paralelo, su cuerpo vibró con una fuerza exteaña y desconocida que hasta entonces nunca antes había experimentado que se asemejaba al poder del haki. Lo sintió expanderse en un círculo de quince metros y ejecutó un salto hacia ellos, cayendo desde un punto ligeramente más bajo del cenit del arco superior. Después, descargó el brazo con furia proyectando la espada hacia adelante, sintiéndo como la cadena pasaba por entre sus dedos antes de que el acero impactara de lleno contra el guardia más próximo, se tensó al llegar a la máxima distancia y, para cuando la planta de sus botas tomó tierra, la cadena ya había vuelto hacia atrás. Aprovechó el movimiento y enroscó los dedos entre la cadena para que, esta misma, trazara un círculo obligando a la espada a rasgar el aire. Movió el brazo una vez más, la espada volvió a trazar otro arco y, antes de que llegara al tercero, trazó un en diagonal para golpear a otro y recuperó el arma con un chasquido metálico al tirar el brazo hacia atrás.

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Bai Mudan
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RE: P.A: Tasajo y manzanas [Aventura T4 - Bai/Mahou] - por Bai Mudan - 24-10-2026, 03:46 PM

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