El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#24
Sentía el odio gracias a su Kenbunshoku aún activo, crecía a pasos agigantados como si cada nuevo fragmento de interacción llevase un impulso extra capaz de disparar otro aluvión de ese mismo sentimiento en su compañero y, sin engañarse, se sentía frustrado por no poder disuadir esa carga, especialmente al escuchar el golpe sobre la arena, alertando a la moribunda Mael y descomprimiendo parte de la rabia que se anudaba en su corazón.

Juan lo intentó, quiso salvarla, pero no habló en vano, si la gyojin había consumido ese "caramelo" en el instante que fue atacada con aquella onda de empuje, no existían alternativas para ella, su destino estaba sellado, por eso simplemente bajó la mirada durante escasos segundos, el contorno de sus ojos ensombreciéndose aún y con el siempre vigente brillo cerúleo intentando sobresalir detrás de las gafas.

Hasegawa atendió al cambio leve de actitud en Sebastian y volvió a acercarse con el caracol en mano, lo que no esperaba era verse sorprendido por las preguntas que cayeron sobre aquella desafortunada escena, en donde una descripción muy específica le hizo girar el rostro lentamente hacia el enorme cangrejo. Cada leve centímetro de movimiento parecía despertar un nuevo recuerdo hasta ese instante apaciguado en su corazón, como si la mujer a la que hacía referencia lo estuviese rodeando desde los múltiples días en los que recordaba su existencia a la par suya.

Esa fantasía sobre los horizontes, donde cielo y mar se unen.

'¡¿Conocisteis a una niña de pelo azul y ojos dorados?!'

La fatídica coincidencia lo hizo perderse durante escasos segundos.

Hasta que tras el chasquido y la risa extraña del interlocutor, sus pupilas volvieron a enfocar correctamente aquello que lo rodeaba, girándose hacia el Den Den Mushi dado que aquel tipo parecía dispuesto a centrarse otra vez en él. Hablaba demasiado, y la baraja amenazaba con llegar al inicio de una sensación histérica que conseguía dominar, pues parte de su impoluta filosofía de combate es no dejarse llevar por las emociones que intentan imponer sus enemigos, aunque la enorme coincidencia hacia la semi-sirena que conoció en Karate y se reencontró en Skypiea lo dejó en un estado afectable a pesar del semblante sereno que se le veía.

La maldición no lo intimidó, no le generó ni tan siquiera una pizca de incertidumbre, porque de cierta forma era algo que había decidido mantener desde que siguió siendo un Marine tras perder a Himari; muerte. —Este camino está lleno de sangre. —reconoció, en un estado mental claustrofóbico, rodeado por el mismísimo abismo, un oscuro capaz de consumirlo, donde los únicos puntos de "luces" visibles eran los pares de ojos fantasma que no dejaban de perseguirlo, como sombras que no necesitaban ninguna proyección, pertenecientes a todos aquellos que perecieron en su presencia, las vidas que no pudo salvar. —Quienes sobreviven... —aquel espacio mental se borró, niebla llevada por una corriente inmensa de viento, devolviéndolo a la realidad, a sus ideales.

—Son los que están dispuestos a cargar con ese peso.

Ignoró la confianza del contrario, si aquellos eran peones no le extrañaba, sólo pudieron herirlo porque estaba rodeado de vidas inocentes y no podía desatar con total libertad el verdadero potencial de su poder, pero a sus ojos eran débiles, y tenía la sensación de que si ejecutaban una redada contra la guarida de esos criminales, la situación sería beneficiosa hacia el lado correcto de la historia, la justicia.

Poco después la agonía de Mael siguió aumentando, y quien no dejaba de hablar al otro lado de la línea lo dejó claro, aunque tampoco había demasiado tiempo para centrarse en aquello, puesto que Gill gritó el nombre del Contramaestre que Juan había solicitado. "Índigo", naturalmente a Shin no le sonaba de nada, aunque visto lo visto, el Comandante aliado tenía una historia pendiente con esos piratas, y se habría relajado de no ser porque terminó diciendo un nombre que se lo llevó de nuevo al centro de un laberinto.

"odio ser una Kassandra…"

Ahora era él quien sentía esa sensación efervescente explotar en su pecho.

"y…"

—¿Qué dijiste?

"es lo que fui por tanto tiempo…"

Su voz, casi un susurro por la rabia que contuvo el volumen del habla en su propia garganta, fue opacada por la exclamación de Juan, quien pronunció el único nombre que estaba intentando no asociar a todo este conflicto, pues las coincidencias habían dejado de ser casuales, ellos eran quienes obligaron a María Merlot a ser alguien que no quería. Apretó los dientes y permitió que su aliado lidiase con esa situación, porque su cabeza estaba haciendo asociaciones que no le gustaban. ¿Cómo era eso de que la separaron de él?

La brutalidad de Juan al exclamar el verdadero nombre de la sirena y el shock que vivió Índigo al atar los mismos cabos que Shin sólo confirmaron la historia, una que Merlot le narró como pudo entre el dolor que sentirse sucia ante él le causaba, y eso le hizo estar a punto de matar a Gill y volar hacia el Nuevo Mundo aunque le costase toda la energía del cuerpo. Más al contemplar el sufrimiento en las expresiones de su compañero, sólo interrumpidos por las advertencias de quien parecía el Capitán de la banda, y quizás, el máximo culpable de la historia que se purgó levemente frente a su mirada al surcar el cielo encima del cielo junto a ella.

Gill indicó que tenía información de Merlot, y entonces Juan se puso en marcha, dándole una indicación muy específica al albino. Aún en silencio y tras guardar el segundo caracol, el Comandante se dio la vuelta, rodeándose de su energía dorada otra vez, aunque no pudo evitar detenerse en seco y llamar la atención del cangrejo —Oye, Juan. —no sabía si debía decírselo, no sabía si se estaba metiendo en un problema que no le pertenecía y sobre todas las cosas, no entendía ni conocía si los dos protagonistas de esa historia querían escuchar algo al respecto de un intermediario, pero su voz resonó antes de que pudiera seguir pensando.

—¿Tú eres Levi?

El fantasma del que le habló aquella noche.

Su padre.

Si su compañero se detenía al menos un instante para escucharlo, seguiría hablando, esta vez girándose al frente, señal de que no pretendía alargar mucho más aquello —María estaba en Skypiea, es la mujer que quedó tercera en la prueba donde yo gané. —dudó sobre si seguir, algo atípico en la confianza soberana del marine —Ella es una gran persona, la conocí en Isla Karate. —no iba a especificar lo que sentía hacia ella, puesto que el punto de confesárselo en ese momento radicaba en algo diferente —Si necesitas ayuda para destruir a los que le hicieron esto, ya lo sabes. —la energía de su fruta se incrementó, listo para despegar —Estoy a tu lado. —expresó finalmente, desapareciendo antes de que cualquiera pudiese entender que ya no estaba en ese punto.

Extendió su Kenbunshoku una última vez durante ese día a cien metros para ubicar a los infantes tras movilizarse en dirección al chico que él mismo llegó a salvar, no obstante volvió a reducirlo a sesenta metros tras el paneo general, reservando energías ante la creciente sensación de que estaba a punto de caer inconsciente. Se colocó nuevamente al lado de los últimos que vislumbró, y si el que estaba en el barco seguía ahí, lo levantaría en brazos, dejando a la fallecida provisionalmente para priorizar a los que aún podían ser rescatados, caminando en dirección al barril que Juan le especificó antes de que volvieran a separarse.

A esas alturas, la piadosa muerte de Mael palidecía ante la vorágine de ideas que se revolvían en su mente.

Pero respetó la decisión de Juan Sebastian.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hasegawa Shin - 24-10-2026, 09:24 PM

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