[Presente Relativo - Entrenamiento Hakki] Vista de Anquilosaurio Peregrino
#1
Día 47 de Otoño, Año 18 

Outfit ---- Sigurd de Chisi

La piedra de afilar se desliza sobre el acero ensangrentado y romo de Yggdrasil. Con cada pasada, saltan chispas ardientes y se desprenden virutas metálicas que se pierden en las arenas de la playa, arrastradas por el viento del mediodía. Hace fresco hoy, por eso el calor del horno encendido y los diferentes fuegos del campamento se sienten tan bien. El día está excesivamente nublado, pero, si tuviera que apostar, no creo que llueva. Creo que es un día perfecto para ejercitar los músculos y la mente, para enseñarle a mi hermano todo aquello que aprendí más allá del horizonte, en el reino dorado sobre las nubes.

Resoplo una última vez sobre el arma, asegurándome de que no queda ningún rastro de rebaba por pulir. -Sin duda, es un experto artesano, capitán.- afirma un joven grumete que se encarga de encender el fuego. -Lo sé.- le respondo, altanero y orgulloso, aunque mi tono es más bromista que pedante. Le devuelvo una mirada acompañada de una sonrisa. El rostro del hombre es joven, aunque destaca por un ojo de cristal y una cicatriz curva que le cruza la cara desde la sien derecha hasta la mejilla izquierda. -Ten, llama a cuatro o cinco compañeros y llevad a Yggdrasil a mi camarote.- extiendo el brazo y dejo descansar la titánica hacha sobre un yunque enorme, capaz de soportar mis martillazos. Apoyo las manos sobre mis rodillas cansadas y, con esfuerzo y lentitud, me levanto del puesto. -Tengo algo importante que hacer.- Mis ojos empiezan a buscar.

Me paseo por el campamento, buscando de aquí para allá, pero no lo encuentro. -¡¡Ubbe!!- grito con fuerza. -¿¡¡Ubbe, dónde coño estás!!?- Imposible. No sé dónde diablos se ha metido. Tal vez esté entrenando en el barco o puede que se haya metido en el bosque a terminar la faena que dejamos a medias. Lo que es seguro es que no anda cerca. Quien sí viene a mi llamado es Odiseo, siempre atento a mis demandas. Un tío de puta madre, si me preguntas. -Veo que buscas al comandante, capitán.- Lo acompaña de cerca Pato Patroclo. No sé qué estarían haciendo, pero parece dispuesto a ayudarme. -Yo sé cómo dar con él. ¿Quieres que lo mande a tu camarote?- Su ímpetu por servir es ofensivamente bueno. Todo en él parece impecable. Su porte, su actitud, su aspecto. Hasta el arco que lleva a la espalda luce como uno imposible de tensar por ningún hombre que no sea digno de él. Y aun así, pese a todo lo positivo que acabo de mencionar... Su mirada parece tan cansada. Como sea. -No, Ody. Me voy a la explanada que queda a doscientos metros de aquí al norte.- La señalo. -Le estaré esperando allí. Que no tarde.-

Cruzo la orilla hasta salir de nuestra pequeña base, dejando un rastro evidente de huellas en la arena. Cuando estoy lo suficientemente alejado, doy un rodeo para comprobar si puede haber intrusos a mi alrededor, pequeños insectos o animales que puedan romper el ambiente o joder la concentración. Nada. Mejor. Algo más apartado del límite que las olas invaden tierra firme, clavo el pie y lo arrastro, formando un círculo de gran tamaño en el suelo. La circunferencia es prácticamente perfecta, capaz de albergar un combate de sumo entre gigantes, con unos treinta pasos de radio. A escasos cinco centímetros del epicentro, me siento con las piernas flexionadas, el torso firme y los ojos cerrados. Es momento de expandir mis sentidos.
Sigurd en Seiza


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[Presente Relativo - Entrenamiento Hakki] Vista de Anquilosaurio Peregrino - por Sigurd Haakon - Hace 1 hora

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