Hace 8 horas
Cuando quise darme cuenta éramos uno más. Un chaval joven que honestamente tenía la misma mala pinta que todos los demás de mi grupo y no desentonaba nada.
Debido a que nos habíamos apartado para evaluar mejor la situación, todos los presentes fueron pasando frente a nosotros por decenas dirigiéndose hacia la apertura que se había generado. Algunos más motivados que otros, y unos pocos con un exceso de confianza digno de los más ignorantes. Para empezar, ¿por qué tendríamos que entrar en un agujero que se acababa de generar en la pared? Y también ¿para qué? Lo más normal y lo más sensato era, si acaso satisfacer tu curiosidad mirando, pero no entrando de buenas a primeras sin saber lo que pasaba o lo que había ahí dentro. Daba igual si alguien pensaba que teníamos miedo o alguna estupidez así, simplemente era más fácil robarle a la gente por la espalda.
Asentí ante la incorporación de nuestro nuevo y desentonado amigo y mascota — Hmmm-hmm — sin dar mayor comunicación mientras pasaban una chica morena con mechones blancos, un hombre enorme con cuernos, una trucha azul, un chico con alas negras, una bola de grasa enorme, y una tipa con un flequillo hecho como si se recortase el pelo poniéndose un cazo en la cabeza y que portaba un bate con púas consigo, se acercó cruzando la mirada conmigo, comenzando a dirigirme unas palabras pero en cuanto dijo "Dime" mis ojos captaron por el lateral una belleza digna de mis sueños premonitorios, y antes que que pudiera decir nada más, la palma de mi mano entera tocó directamente su rostro cerrándole la boca — ¡Cállate guarra! — dije, sin tan siquiera mirarla y cortando su frase, pasando de largo para apreciar mejor a la mujer pelinaranja que amenazaba con destruirme la vida sólo con su presencia.
Tras sus palabras, absorto por su cuerpo solté lo primero que me vino a la mente — No soy un perro pero GUAU nena, bonitas piernas ¿a qué hora abren? — dije pegándola un repaso de arriba a abajo con los ojos, apreciando su esculpido cuerpo y las formas del mismo en su atuendo veraniego. Yo había soñado con mujeres así, pero esto era excesivo hasta para eso. Y ante su pregunta de si yo era el rey de los piratas, respondí con la mejor de mis sonrisas e inclinándome un poco hacia ella — Yo por ti puedo ser lo que quieras — añadí, antes de que las interacciones entre ella y el resto de mis acompañantes se dieran lugar. Me daban igual el gigante, el lagarto gordo, la del bate de antes o que Magnus estuviera ligando con un tipo con parche. La pelinaranja del paraguas estaba a dos palabras de obligarme a volver a las caravanas y abandonar mi aventura en el mar antes de que comenzase... Por suerte se marchó para regalarle un plano desde atrás a mis ojos y permitirme poder centrarme de nuevo en esto, viendo sin prestarles ni la mitad de atención que a ese super culao.
Pero fue suficiente para ver que todos adentro de aquella cueva estaban siendo recibidos por varias personas.
— ¿Os imagináis que ahora nos damos la vuelta y les saqueamos los barcos a absolutamente todos? — pregunté a mis compañeros — ¡Wajajajajaja! Pues ganas no me faltan... — añadí dudando un poco mirando en dirección a los barcos y frotándome las manos — Pero prefiero que entremos y nos enteremos un poco de qué va esta movida — y con un gesto de cabeza indiqué a todos que, ahora si, podríamos entrar en la gruta.
Liderazgo, control de mi grupo y mi gente, control del terreno, creación de oportunidades... y sobre todo que ahora nosotros hacíamos un tapón en la parte de atrás y estábamos literalmente acorralando a esa gente. Si optábamos por iniciar una matanza ahora mismo, no se iba a escapar ni uno. Pero no estábamos aquí para eso, así que tendríamos que aferrarnos a la idea original.
Una vez dentro, yo iba a la cabeza de todo mi grupo, y pudimos apreciar a un hombre a la izquierda, y a una mujer con alas negras a la derecha. Ambos negros de piel. Sólo por dar el dato.
Su presencia no parecía desviarse mucho más que la de la función de recepción y asistencia de los presentes, así que no les presté especial atención. El chaval - porque era joven - llevaba consigo un rifle y la mujer - significativamente más mayor - tenía consigo cinco pedazo de metros de tía estirada y engreída.
Por suerte el alma de la fiesta no se hizo de rogar, y al fondo, un tipo aun más alto que ella, aun más mayor y con peor aspecto de lejos, ya que además de los harapos y la mala presencia, le faltaba un ojo o eso delataba su parche negro.
— ¿Todo por este? — pregunté a Krave que estaba a mi lado, y presté atención a todo lo que comenzaba a decir, escuchando con atención su discurso. Hablaba con aires y metáforas vacías. Quería cruzar al Grand Line y había fracasado siete veces en total por la Marina, y quería hacerlo logrando una liga de piratas con todos los presentes. Prometía una asociación equitativa pero eso en los piratas no existía, y los muy imbéciles aquí presentes se lo estaban creyendo y estaban colaborando con él diciéndole que si, que estarían encantados de chuparle la polla en cualquier momento sólo para rascar con las uñas un poco de la roña que lleva por encima la fama que ansían. Me giré para mirar a mis cinco amigos — Me quedan claras tres cosas — dije a mis compañeros en un tono en el que sólo nosotros nos podríamos escuchar — La primera es que este tío es un inútil. Fallar siete veces en llegar al Grand Line es de ser un completo pelagambas. La segunda es que es un ignorante si piensa que en su octavo intento va a poder hacer lo que nadie más ha conseguido. Y la tercera es que nos quiere usar de carnaza a todos para tener mas probabilidades de sobrevivir — volví a mirar en su dirección y aprecié sonriendo divertido cómo continuaban los discursos y las muestras grandilocuentes de egos.
Pregunté, cuando todos dejaron de hablar y tuve un hueco, gritando a pleno pulmón mi pregunta. Estaba completamente quieto, parado al frente de mi grupo mirando en su dirección y con las dos manos en los bolsillos.
— Realmente el único que saca beneficio de esto, eres tú. Si has fallado siete veces, vas a fallar ocho, doce, o veinte... las que te aguante lo que te queda de cuerpo... y nos necesitas a nosotros para ayudarte a conseguirlo. No hay más — repliqué, estático, mirando hacia su único ojo — Quien te quiera apoyar que sepa que serán tu muleta, no tus iguales. Nosotros cruzaremos por nuestra cuenta, y a la primera — finalicé, sonriendo, recibiendo el griterío y el jaleo de la horda detrás de mi que respaldaban mis palabras y la determinación que nos unía.
Debido a que nos habíamos apartado para evaluar mejor la situación, todos los presentes fueron pasando frente a nosotros por decenas dirigiéndose hacia la apertura que se había generado. Algunos más motivados que otros, y unos pocos con un exceso de confianza digno de los más ignorantes. Para empezar, ¿por qué tendríamos que entrar en un agujero que se acababa de generar en la pared? Y también ¿para qué? Lo más normal y lo más sensato era, si acaso satisfacer tu curiosidad mirando, pero no entrando de buenas a primeras sin saber lo que pasaba o lo que había ahí dentro. Daba igual si alguien pensaba que teníamos miedo o alguna estupidez así, simplemente era más fácil robarle a la gente por la espalda.
Asentí ante la incorporación de nuestro nuevo y desentonado amigo y mascota — Hmmm-hmm — sin dar mayor comunicación mientras pasaban una chica morena con mechones blancos, un hombre enorme con cuernos, una trucha azul, un chico con alas negras, una bola de grasa enorme, y una tipa con un flequillo hecho como si se recortase el pelo poniéndose un cazo en la cabeza y que portaba un bate con púas consigo, se acercó cruzando la mirada conmigo, comenzando a dirigirme unas palabras pero en cuanto dijo "Dime" mis ojos captaron por el lateral una belleza digna de mis sueños premonitorios, y antes que que pudiera decir nada más, la palma de mi mano entera tocó directamente su rostro cerrándole la boca — ¡Cállate guarra! — dije, sin tan siquiera mirarla y cortando su frase, pasando de largo para apreciar mejor a la mujer pelinaranja que amenazaba con destruirme la vida sólo con su presencia.
Tras sus palabras, absorto por su cuerpo solté lo primero que me vino a la mente — No soy un perro pero GUAU nena, bonitas piernas ¿a qué hora abren? — dije pegándola un repaso de arriba a abajo con los ojos, apreciando su esculpido cuerpo y las formas del mismo en su atuendo veraniego. Yo había soñado con mujeres así, pero esto era excesivo hasta para eso. Y ante su pregunta de si yo era el rey de los piratas, respondí con la mejor de mis sonrisas e inclinándome un poco hacia ella — Yo por ti puedo ser lo que quieras — añadí, antes de que las interacciones entre ella y el resto de mis acompañantes se dieran lugar. Me daban igual el gigante, el lagarto gordo, la del bate de antes o que Magnus estuviera ligando con un tipo con parche. La pelinaranja del paraguas estaba a dos palabras de obligarme a volver a las caravanas y abandonar mi aventura en el mar antes de que comenzase... Por suerte se marchó para regalarle un plano desde atrás a mis ojos y permitirme poder centrarme de nuevo en esto, viendo sin prestarles ni la mitad de atención que a ese super culao.
Pero fue suficiente para ver que todos adentro de aquella cueva estaban siendo recibidos por varias personas.
— ¿Os imagináis que ahora nos damos la vuelta y les saqueamos los barcos a absolutamente todos? — pregunté a mis compañeros — ¡Wajajajajaja! Pues ganas no me faltan... — añadí dudando un poco mirando en dirección a los barcos y frotándome las manos — Pero prefiero que entremos y nos enteremos un poco de qué va esta movida — y con un gesto de cabeza indiqué a todos que, ahora si, podríamos entrar en la gruta.
Liderazgo, control de mi grupo y mi gente, control del terreno, creación de oportunidades... y sobre todo que ahora nosotros hacíamos un tapón en la parte de atrás y estábamos literalmente acorralando a esa gente. Si optábamos por iniciar una matanza ahora mismo, no se iba a escapar ni uno. Pero no estábamos aquí para eso, así que tendríamos que aferrarnos a la idea original.
Una vez dentro, yo iba a la cabeza de todo mi grupo, y pudimos apreciar a un hombre a la izquierda, y a una mujer con alas negras a la derecha. Ambos negros de piel. Sólo por dar el dato.
Su presencia no parecía desviarse mucho más que la de la función de recepción y asistencia de los presentes, así que no les presté especial atención. El chaval - porque era joven - llevaba consigo un rifle y la mujer - significativamente más mayor - tenía consigo cinco pedazo de metros de tía estirada y engreída.
Por suerte el alma de la fiesta no se hizo de rogar, y al fondo, un tipo aun más alto que ella, aun más mayor y con peor aspecto de lejos, ya que además de los harapos y la mala presencia, le faltaba un ojo o eso delataba su parche negro.
— ¿Todo por este? — pregunté a Krave que estaba a mi lado, y presté atención a todo lo que comenzaba a decir, escuchando con atención su discurso. Hablaba con aires y metáforas vacías. Quería cruzar al Grand Line y había fracasado siete veces en total por la Marina, y quería hacerlo logrando una liga de piratas con todos los presentes. Prometía una asociación equitativa pero eso en los piratas no existía, y los muy imbéciles aquí presentes se lo estaban creyendo y estaban colaborando con él diciéndole que si, que estarían encantados de chuparle la polla en cualquier momento sólo para rascar con las uñas un poco de la roña que lleva por encima la fama que ansían. Me giré para mirar a mis cinco amigos — Me quedan claras tres cosas — dije a mis compañeros en un tono en el que sólo nosotros nos podríamos escuchar — La primera es que este tío es un inútil. Fallar siete veces en llegar al Grand Line es de ser un completo pelagambas. La segunda es que es un ignorante si piensa que en su octavo intento va a poder hacer lo que nadie más ha conseguido. Y la tercera es que nos quiere usar de carnaza a todos para tener mas probabilidades de sobrevivir — volví a mirar en su dirección y aprecié sonriendo divertido cómo continuaban los discursos y las muestras grandilocuentes de egos.
— ¿Y POR QUÉ ME ALIARÍA PARA CRUZAR EL GRAND LINE CON UN INÚTIL QUE FALLÓ SIETE VECES EN INTENTAR CRUZARLO? —
Pregunté, cuando todos dejaron de hablar y tuve un hueco, gritando a pleno pulmón mi pregunta. Estaba completamente quieto, parado al frente de mi grupo mirando en su dirección y con las dos manos en los bolsillos.
— Realmente el único que saca beneficio de esto, eres tú. Si has fallado siete veces, vas a fallar ocho, doce, o veinte... las que te aguante lo que te queda de cuerpo... y nos necesitas a nosotros para ayudarte a conseguirlo. No hay más — repliqué, estático, mirando hacia su único ojo — Quien te quiera apoyar que sepa que serán tu muleta, no tus iguales. Nosotros cruzaremos por nuestra cuenta, y a la primera — finalicé, sonriendo, recibiendo el griterío y el jaleo de la horda detrás de mi que respaldaban mis palabras y la determinación que nos unía.
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