26-10-2026, 07:36 AM
(Última modificación: 26-10-2026, 07:38 AM por Hyákinthos.)
Humillación.
Gill se sentía humillado.
Esa noche fue un golpe tras otro desde que se le ocurrió aparecer frente a esos marines y ahora las cosas no parecían ser distintas.
El peso de una tenaza se cernió sobre su cuello. Su cuerpo, de por si maltrecho por los golpes del otro marine, sucumbió al dolor que significó el agarre en su cuello. Defenderse no fue una opción, así que lo único que pudo hacer que intentar quejarse, pero el aire se le cortaba, así que ningún sonido salió de su boca de nuevo, al menos no hasta que cayó al suelo.
Tosió.
Varias veces tosió para quitarse la extraña molestia que quedó en su garganta luego de haber sido sostenido por una pinza de cangrejo. Creyó que moriría, creyó que aquel ser aplicaría un poco más de fuerza para terminar de romperle el cuello, pero no pasó… ¿Por qué no pasó? ¿Había funcionado? ¿Lo dejarían vivir?
—Ma…María…claro…
Escupió entre dientes, pero no fue escuchado, pues la voz de Índigo ocupaba la atención como siempre lo hacía. Gill frunció el ceño…Índigo le molestaba, siempre lo hacía, siempre se quedaba con las miradas, con la atención, con todo…aunque… ¿Qué importaba ahora? Si podía venderlo a la marina, se le acabaría la fiesta y él, en cambio, saldría libre de cargos por entregar a criminales peligrosos…Así funcionaba eso ¿No?
La llamada, de repente, a oídos de Gill y de todos, cambió de panorama. De estar liderada por un bufón ruidoso, pasó al mando de un caballero frío, cruel. —Capitán —. Gill volvió a toser, esta vez no se atrevió a mencionar el nombre del hombre, tampoco es que tuviera mucha energía para hacerlo; sin embargo, antes de que pudiera procesar las palabras de quien habló, por último, al otro lado de la línea, la llamada cerró. Solo quedó el pitido del caracolito resonando en aquella playa casi vacía.
Silencio.
Por un rato la playa se sumió en un silencio sepulcral.
Uno que solo fue roto por el sonido agonizante de los espasmos que el veneno empezaba a causar en la chica medusa y luego por la bala de agua que cortó el aire e impactó directamente en la frente de la gyojin.
A Gill se le escapó un jadeo de sorpresa.
¿Por qué hacía eso ese otro marine? En su mente creería que dejarla sufrir sería lo mínimo luego de que, básicamente, confesaran que ellos habían sido responsables de todo lo que ocurrió con Kassandra, aunque…si era sincero consigo mismo, la medusita había llegado hacía apenas dos años a los piratas del abismo. Nunca llegó a interactuar con Kassandra en persona.
La gyojin se quedó quieta, sus ojos se cerraron y su respiración empezó a ser cada vez más apacible, aunque de vez en cuando un espasmo llegaba a su cuerpo, pero su mente ya no estaba con ella…no era consciente de nada de lo que ocurría.
Entonces, cuando parecía que todo quedaba de nuevo en silencio, Gill se vio obligado a espabilar al escuchar la voz fría del gyojin cangrejo. Chasqueó la lengua, aún no entendía como un gyojin podía prestarse para trabajar en una institución tan…humana.
—Claro, claro…lo guiaré hasta el fin del mundo si es necesario —. Ya se había recuperado del agarre en su garganta y aunque su voz salía rasposa, nada le impedía hablar, además, no supo en que momento empezó a recuperar la vista. Aún le dolían los ojos, sí…pero al menos no veía manchones borrosos y sombras.
Con dificultad, el gyojin se puso de pie y empezó a hundirse en el agua hasta alcanzar aquel bote pesquero en el que había viajado millas náuticas junto a Mael y Riff, un antiguo compañero que desapareció en Arabasta en circunstancias que nunca comprendió del todo. Cuando llegó al barco, a cubierta, su primer instinto fue ir hasta el timón y escapar; sin embargo, pensó de nuevo en la velocidad imposible del peliblanco, en los golpes luminosos y en como lo habían dejado…no…no le daría tiempo de escapar ni siquiera de pensarlo, entonces, como el cobarde que era, aferrándose a su vida miserable, giró el timón para acercar el barco a la costa, con todas y cada una de las evidencias que este contenía.
—Les dije…les dije que les dejaría ver todo lo que hay dentro.
El gyojin respiró con dificultad una vez hubo colocado el barco a un lado de uno de los puentes que servían como muelle para aquellas extrañas casitas, por lo que no habría dificultad alguna para los marines en caso de querer subir al barco.
El interior, luego del ataque de Shin, quedó bastante dañado. Los maderos quedaron manchados con hollín y dentro de la cabina del capitán las cosas no eran distintas; sin embargo, a pesar del daño en las pinturas, la mayoría de los objetos parecían estar en buen estado, aunque tirados en el suelo y cubiertos con ese mismo hollín que dejó la explosión lumínica.
En la cubierta resaltaba algo: una escotilla que llevaba a la bodega del barco. Al pararse sobre ella saldría un aire frío del interior. Podían entrar, pero solo se encontrarían con seis jaulas que parecían para animales. En cuatro de ellas había sábanas y agua, pero en un recipiente que recordaba a los platos de perros. No había cadenas, ni nada que pudiera evocar comodidad…Era un ambiente frío, metálico y en donde, lejos de guardar pescados, era evidente que se guardaban otras “cosas”.
Pero eso no era lo único interesante del pequeño pesquero, pues si se decidían entrar a la cabina de navegación, encontrarían algo evidente: Gavetas abiertas. En una había una cruz roja dibujada, dentro había varios insumos médicos. Otra de las gavetas era adornada con una cruz negra y si se acercaban podrían ver que había varios frascos ámbar con pastillas y brebajes, en cuyo exterior tenían nombres que cualquier médico o explorador decente podría reconocer como venenos. Por supuesto, había un envase metálico, pequeño, en donde se leía fuera: Caramelos de Cianuro. En otras mesas había mapas y cartas de navegación, libros y bitácoras, lo normal en un cualquier navío; sin embargo, si algo destacaba del lado derecho de la pared, no eran las cartas náuticas, si no un mural cuya esquina inferior derecha estaba llena de hollín, pero que el resto había quedado bastante visible.
Mural
En medio había una foto…no, mejor dicho, un cartel de recompensa, los típicos que se ven en el periódico en cada edición; sin embargo, lo más probable es que ambos marines pudieran reconocer bastante bien a la “criminal” en cuestión: María Merlot, se busca, viva o muerta, 140 millones de Berries, pero, claro…siendo un grupo destinado a la búsqueda, tal como había dejado entrever Índigo en su llamada, un cartel del periódico no sería todo lo que obtuvieran.
Había notitas con nombres de islas anteriores, todas en la corriente Rakusei: Whisky Peak, Little Garden, Drum, Arabasta…y luego…ahí terminaba el rastro, aunque abajo, en medio del hollín y encerrado en un círculo rojo podía leerse “Akai”, el nombre de otra de las corrientes de la primera mitad del Grand Line…parecía una bitácora, un rastro, algo que venía a confirmarse con cada foto que había pegada en el mural.
Bajo el cartel de Whisky Peak, podían verse fotos de una chica de cabellos celestes, en algunas acompañada con un humano, cuya foto individual aparecía más abajo manchada con una “X” en rojo, en otra salía con un gigante pelirrojo al que alguien marcó como un peligro, como si su sola presencia fuera suficiente para alejar a los “depredadores”.
De Little Garden solo había una nota pequeña…Parecía que ahí habían perdido su rastro…¿Cómo culparlos? La isla era enorme.
En Drum no era distinto a Whisky Peak, solo que la chica ahora tenía el cabello rosa y quienes la acompañaban era un chico que parecía dedicarse a la herrería y en otra foto un hombre de cabello rosa que parecía el “gemelo” de la chica…Ambos tenían también fotos individuales, uno de ellos, el “gemelo” de Merlot, solo tenía una nota indicando que era médico y un nakama más, mientras que el otro tenía la misma “X” roja que el otro hombre de Whisky Peak.
Siguió Arabasta, con menos fotos que en las primeras islas, pero las suficientes para reconocer que seguían aun su rastro, hasta que… ¿Desapareció? Bueno, así había sido para los gyojines, quienes, en esa isla, también dejaron la nota con el nombre de un tal Riff y la palabra “desaparecido” escrita en la misma nota.
No era todo, en una gaveta había un diario, si se abría, encontrarían en este otro wanted de la chica y notas de los sucesos vividos en cada isla, algunos subrayados como importantes.
“Whisky Peak:
- Ella está con un carpintero. El capitán ordenó eliminarlo.
- El trabajo fue cumplido con éxito.
- No puedo acercarme a ella…hay un gigante cerca. Parece peligroso.
Little Garden:
- ¿Murió? Estuvimos meses en la isla y nunca la encontramos.
Drum:
- El gigante sigue con ella. No murieron en Little Garden…debo encontrar una forma de acercarme.
- Ahora la acompaña otro nakama…¿Médico? Parece tener negocios turbios. Es humano, pero…
- Se ha visto al objetivo con un herrero. El capitán ordenó eliminarlo.
- El trabajo se ha cumplido con éxito.
- Ahora tiene a unos niños a su cuidado…están en el barco…¿Royal Flush? Es más difícil acercarse ahora.
Arabasta:
- Ya no está el gigante…parece que se ha quedado en Drum.
- Siempre la acompaña la mujer iguana y esos niños molestos…Aunque no esté el gigante, no puedo acercarme.
- Riff ha desaparecido misteriosamente…no encontramos nada de él.
- El barco de Kassandra ya no está…seguiremos en la siguiente isla.
Jaya:
- No hay rastro de ella.
Long Ring Long Land:
- Seguimos sin rastro…pero tiene un cartel en el periódico.
- El capitán nos ha ordenado retirarnos. Randall dice haberla visto en una isla en Akai…No me dijo el nombre.
- Zarpar: Noche del 39 de verano.”
Mientras tanto, fuera del barco, Mael había dejado de respirar. Ya no había espasmos y Gill era ahora quien se quejaba de dolor.
—Por favor…ya les di todo…pueden dejarme ir…prometo que no le haré nada a nadie en esta isla —. Se quejó, pero tal vez escucharlo no era algo en lo que los marines tuvieran toda su atención, más aún cuando había víctimas por ayudar.
Los niños…Ellos aun dormían apacibles, al menos los dos varones, ya que la niña que los recibió, con cuchillo en mano, cuando los marines llegaron a la cabaña, empezaba a abrir sus ojos y se encontró dentro del barril en la que Juan la había metido.
Inevitablemente empezó a sollozar, hasta que sus sollozos de convirtieron en gritos de “No me hagan daño”, “No quiero volver a la bodega” o “Déjenme ir”.
No confiaba en nadie…No confiaba en el cangrejo que vio al inicio, tampoco en el hombre de pelo blanco. Su mente estaba muy nublada para distinguir aliados de enemigos…Había que armarse de paciencia para tratar con ella.
Mercado de Mariscos
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