Hace 8 horas
Eele siguió a su capitana, tal y como era de esperar. Se sorprendió al ver la cantidad de cobardes que no se atrevieron a entrar. ¿Y dices que estos cabrones van buscando aventuras? Galinas-ring. Miró con desprecio a uno y otro lado mientras entraba a la gruta, aunque a decir verdad, su gesto no había variado mucho del que solía mostrar su cara. Mika tomó su mano y le instó a avanzar hasta primera fila. Eele hizo un amago de gruñir, pero bien sabían tanto él como la capitana que solo sería apariencia. No hubiese sido así si algún otro que no fuera de su grupo de amigos de la infancia lo hubiese intentado, pero Eele sabía guardar y hacer guardar las distancias con él. Pronto se reunieron con Vesper y Hanma. El gyojin dejó salir un bufido al verlos. No era un gesto de desagrado, era su particular manera de saludarlos.
—¡Vaya! ¿El grandullón tiene miedo? jabjabjabjab —dijo Eele entre dientes ante la advertencia de Hanma. No porque pensase que no tenía razón; cualquiera sería un necio de no mantener la guardia en una situación como aquella. Sino más bien por el reto que solo existía ahora en su cabeza.
El navegante revisó la sala de manera disimulada. Quería escrutar a todo aquel que estuviera allí y pudiese suponer un problema. En especial, sus ojos se fijaron en los dos individuos que ya estaban allí cuando habían llegado a la gruta; seguro que eran parte de aquella tripulación. Miró hacia atrás y vio cómo los rezagados o aquellos que habían temido en primer lugar, comenzaban a llenar el espacio. Permaneció con la mirada fija en el escenario unos instantes, hasta que al fin se abrió el telón con el nombre de «Scorn» y apareció el hombre que los había citado. Se trataba de un hombre grande, más que la capitana, incluso podría lelgar a doblarle en tamaño a él mismo. Aún así, lo único que pudo sentir Eele fue emoción. Fue escuchando las palabras de aquel viejo y no pudo evitar mostrar los dientes de modo amenazador cuando nombró al Gobierno mundial. Si compartía odio hacia ellos, se había ganado la simpatía de Eele, si es que acaso el gyojin teía de aquello.
Continuó atento a la arenga hasta que Mika se pronunció. AL ver su arma golpear el suelo, levantó ambos puños apretados y bramó al aire. El sonido fue más bien un rugido. Su reacción fue más similar a la de su compañero de tripulación Puchero que a la del resto de sus compañeros, pero dejó claro que estaba a favor de aquella asociación. Pucca, perspicaz como siempre, se dirigió al hombre para asegurarse de sus intenciones. Estaba aún hablando cuando una voz desde el fondo resonó acallando su pregunta. Eele se giró para ver de quién se trataba. Era aquel que aparecía en los periódicos junto a Mika, el mismo que había esperado junto a la entrada de la gruta a que entrase el resto. El joven permanecía frente a su grupo con postura segura. Eele mostró sus dientes en un gesto agresivo hacia él, mientras soltaba lo que a su parecer eran brauconadas.
—¿A la primera? Si ni siquiera tuvisteis valor para entrar aquí «a la primera» -ring —dijo sin alzar la voz con los brazos cruzados frente a su cuerpo.
Hizo crujir su cuello moviendo la cabeza a un lado y al otro. Puede que aquel hombre fuese un pirata que estaba ganando reputación, pero Eele no podía dejar que nadie pasara por encima de sus amigos, menos aún que insinuase que no eran más que eran meras herramientas por aceptar formar parte de aquello que proponía. Eele había experimentado en su propio cuerpo que uno solo podía ser fuerte, pero que nunca tenía tantas posibilidades como cuando estaba en un grupo. Lo había vivido al conocer a sus amigos y lo había podido ver al echarse al mar.
—¡Vaya! ¿El grandullón tiene miedo? jabjabjabjab —dijo Eele entre dientes ante la advertencia de Hanma. No porque pensase que no tenía razón; cualquiera sería un necio de no mantener la guardia en una situación como aquella. Sino más bien por el reto que solo existía ahora en su cabeza.
El navegante revisó la sala de manera disimulada. Quería escrutar a todo aquel que estuviera allí y pudiese suponer un problema. En especial, sus ojos se fijaron en los dos individuos que ya estaban allí cuando habían llegado a la gruta; seguro que eran parte de aquella tripulación. Miró hacia atrás y vio cómo los rezagados o aquellos que habían temido en primer lugar, comenzaban a llenar el espacio. Permaneció con la mirada fija en el escenario unos instantes, hasta que al fin se abrió el telón con el nombre de «Scorn» y apareció el hombre que los había citado. Se trataba de un hombre grande, más que la capitana, incluso podría lelgar a doblarle en tamaño a él mismo. Aún así, lo único que pudo sentir Eele fue emoción. Fue escuchando las palabras de aquel viejo y no pudo evitar mostrar los dientes de modo amenazador cuando nombró al Gobierno mundial. Si compartía odio hacia ellos, se había ganado la simpatía de Eele, si es que acaso el gyojin teía de aquello.
Continuó atento a la arenga hasta que Mika se pronunció. AL ver su arma golpear el suelo, levantó ambos puños apretados y bramó al aire. El sonido fue más bien un rugido. Su reacción fue más similar a la de su compañero de tripulación Puchero que a la del resto de sus compañeros, pero dejó claro que estaba a favor de aquella asociación. Pucca, perspicaz como siempre, se dirigió al hombre para asegurarse de sus intenciones. Estaba aún hablando cuando una voz desde el fondo resonó acallando su pregunta. Eele se giró para ver de quién se trataba. Era aquel que aparecía en los periódicos junto a Mika, el mismo que había esperado junto a la entrada de la gruta a que entrase el resto. El joven permanecía frente a su grupo con postura segura. Eele mostró sus dientes en un gesto agresivo hacia él, mientras soltaba lo que a su parecer eran brauconadas.
—¿A la primera? Si ni siquiera tuvisteis valor para entrar aquí «a la primera» -ring —dijo sin alzar la voz con los brazos cruzados frente a su cuerpo.
Hizo crujir su cuello moviendo la cabeza a un lado y al otro. Puede que aquel hombre fuese un pirata que estaba ganando reputación, pero Eele no podía dejar que nadie pasara por encima de sus amigos, menos aún que insinuase que no eran más que eran meras herramientas por aceptar formar parte de aquello que proponía. Eele había experimentado en su propio cuerpo que uno solo podía ser fuerte, pero que nunca tenía tantas posibilidades como cuando estaba en un grupo. Lo había vivido al conocer a sus amigos y lo había podido ver al echarse al mar.
Rincón de Eele
