26-10-2026, 11:46 PM
Kisuke cuestionaba el nombre de la isla y su significado real. Le parecía normal que lo hiciera, ya que la historia en sí era demasiado extravagante. Las preguntas eran lógicas, pero muy difíciles de responder. ¿Quién sabía por qué Voi D. Rowned hizo nada de o que hizo? ¿Por qué entregarse para decir aquello y luego marcharse? Evidentemente la historia tenía ángulos que no eran capaces de ver ni entender. Bambú se encogió de hombros. —Cualquier teoría es frágil cuando hablamos del One Piece. Una pregunta bien formulada desmonta la gran mayoría de suposiciones que se han hecho a lo largo de estos últimos años sobre el tesoro oculto de Voi D. Rowned, sobre su paradero y sobre el por qué de todo esto. Nada de esto me quita el sueño, la verdad, pero es emocionante dejarse llevar por algunas historias. —Kisuke mencionó la posibilidad de que la Comandante Suprema o una de las Manos del Ejército supieran algo al respecto, pero Bambú negó con la cabeza. —Si tienen información, lo cual no pongo en duda ni mucho menos, difícilmente la compartirán con nosotros porque nos interese averiguarla. Si han trazado una ruta hacia el One Piece les interesa actuar en la sombra y con el menor número de efectivos posible para llegar antes que nadie, si es que ese tesoro les interesa en primer lugar. Además, por nuestra experiencia en esta gloriosa organización, contactar con los jefes es muy complicado. Normalmente ellos nos hablan a nosotros. —Y así había sido prácticamente en todas las ocasiones. Uno no cogía el den den mushi una mañana y llamaba a Elizabeth D. Kaiten para preguntarle qué había desayunado. Kisuke echó una risotada débil y pagó el precio al momento. —Cuidado, comandante... —Le advirtió de nuevo, no quería tener que coserle otra vez.
Kisuke hizo unas cuantas preguntas más relativas al posible contenido de los textos que se encuentran en los Poneglyph. En efecto, Bambú sospechaba que guardarían relación con el Siglo Vacío, aunque no tenía muy claro que tuvieran que ver necesariamente con aquella isla. —Todo puede ser, honhonhon. Espero averiguarlo algún día. —El primer paso era descifrar la condenada escritura aquella. Algo extremadamente difícil y que era, sin lugar a dudas, la tarea más sencilla de todas. El segundo paso era encontrar un Poneglyph. Si Bambú supiera que estuvieron a punto de encontrar uno en aquella casa de subastas... Y qué envidia le daría saber que Viktor lo había leído. Sin embargo, no sabía ni lo uno ni lo otro, así que no le preocupaba. Kisuke le preguntó que si había hablado con alguno de los altos mandos al respecto. ¡Qué locura! —Las veces que interactué con otros comandantes o con Alhen Geouis estaba presente, comandante. No creo que les interesen mis planes, sino mis logros. Descifrar los Poneglyph es una tarea tan ardua que no basta con desearlo. —No veía qué clase de estrategia global podrían diseñar con los otros altos cargos del Ejército. Sus únicas misiones oficiales eran mantener Mogaro con el astillero más grande del Nuevo Mundo e interceptar a Kovashi en algún momento. Tomó uno de los cigarrillos que Kisuke le ofrecía y lo encendió con su propio mechero. Escuchó como Kisuke divagaba sobre la información que podrían estar manejando y ocultando los mandamases del Ejército sin afirmar ni desmentir nada al respecto. Sería de ilusos suponer que ni Alhen ni Elizabeth tenían teorías o incluso evidencias sobre la historia de Voi D. Rowned. Sonrió, sin embargo, cuando Kisuke se ofreció a hacerle de taxista en su pequeña empresa erudita. —Gracias, amigo mío. —La emoción se había llevado los formalismos durante unos instantes. Tener la suerte de contar con alguien tan cercano y tan capaz como el pescador era algo que Bambú nunca terminaría de agradecer, aunque no sabía muy bien a quién agradecérselo. Nunca había pensado en que necesitase autorización para leer los Poneglyph que se encontrase. De hecho la mera idea de que sus jefes se lo prohibiesen le parecía alienígena. ¿Cómo iban a prohibirle que averiguase la verdad? Como si los altos mandos del Ejército fueran el Gorosei. —Bueno... tal vez los otros comandantes aceptan las llamadas de un igual en rango. —Kisuke era el que más posibilidades tenía de contactar con ellos, eso por descontado. —Pero no me jugaría ni un berry, la verdad. Me temo que esta búsqueda del conocimiento será una clásica aventura de los Toros Negros, honhonhon. Propongo que una vez que logre entender el significado de estos misteriosos símbolos de los que hablamos, que continuemos con nuestros quehaceres con normalidad y ya nos encontraremos con alguna pista por el camino. Estas cosas suceden cuando menos las esperas. —
Y dichas estaban prácticamente todas las cosas, aunque había un par de ideas que le rondaban por la cabeza al mariscal en aquel momento. —La verdad es que me parece muy curioso el nombre de este señor. —Decía refiriéndose al Rey de los Piratas. —Uno pensaría que se llama Void Rowned, pero su nombre no se escribe así todo junto. —Tenía que ilustrarlo de alguna forma, así que se metió dentro de la enfermería, buscó lápiz y papel y los encontró en el cajón de donde salen los formularios para cubrir los datos de los pacientes de nuevo ingreso. Regresó con Kisuke y escribió en un papel "Void Rowned" para ilustrar a qué se refería, ya que la fonética no acompañaba en aquella situación. —Pero en realidad se escribe así, o al menos es la forma aceptada del nombre. —Y entonces escribió Voi D. Rowned. —Con una D. como la mía. ¿Curioso, verdad? Me pregunto qué significará, porque la mía no sé qué significa. Mi madre tenía una también. Anastasia D. Bambú. Y la Comandante Suprema también, Elizabeth D. Kaiten. —Se rascó la nuca después de escribir todos aquellos nombres, incluidos el suyo. —Bueno, serán casualidades. Empiezo a parecer uno de estos conspiranoicos que ven teorías en todas partes, honhonhon. —Dio otra calada al cigarro y se quedó mirando el paisaje. La mañana se les estaba pasando volando. —¿Alguna pregunta más? He de confesar que he perdido el hilo. —
Kisuke hizo unas cuantas preguntas más relativas al posible contenido de los textos que se encuentran en los Poneglyph. En efecto, Bambú sospechaba que guardarían relación con el Siglo Vacío, aunque no tenía muy claro que tuvieran que ver necesariamente con aquella isla. —Todo puede ser, honhonhon. Espero averiguarlo algún día. —El primer paso era descifrar la condenada escritura aquella. Algo extremadamente difícil y que era, sin lugar a dudas, la tarea más sencilla de todas. El segundo paso era encontrar un Poneglyph. Si Bambú supiera que estuvieron a punto de encontrar uno en aquella casa de subastas... Y qué envidia le daría saber que Viktor lo había leído. Sin embargo, no sabía ni lo uno ni lo otro, así que no le preocupaba. Kisuke le preguntó que si había hablado con alguno de los altos mandos al respecto. ¡Qué locura! —Las veces que interactué con otros comandantes o con Alhen Geouis estaba presente, comandante. No creo que les interesen mis planes, sino mis logros. Descifrar los Poneglyph es una tarea tan ardua que no basta con desearlo. —No veía qué clase de estrategia global podrían diseñar con los otros altos cargos del Ejército. Sus únicas misiones oficiales eran mantener Mogaro con el astillero más grande del Nuevo Mundo e interceptar a Kovashi en algún momento. Tomó uno de los cigarrillos que Kisuke le ofrecía y lo encendió con su propio mechero. Escuchó como Kisuke divagaba sobre la información que podrían estar manejando y ocultando los mandamases del Ejército sin afirmar ni desmentir nada al respecto. Sería de ilusos suponer que ni Alhen ni Elizabeth tenían teorías o incluso evidencias sobre la historia de Voi D. Rowned. Sonrió, sin embargo, cuando Kisuke se ofreció a hacerle de taxista en su pequeña empresa erudita. —Gracias, amigo mío. —La emoción se había llevado los formalismos durante unos instantes. Tener la suerte de contar con alguien tan cercano y tan capaz como el pescador era algo que Bambú nunca terminaría de agradecer, aunque no sabía muy bien a quién agradecérselo. Nunca había pensado en que necesitase autorización para leer los Poneglyph que se encontrase. De hecho la mera idea de que sus jefes se lo prohibiesen le parecía alienígena. ¿Cómo iban a prohibirle que averiguase la verdad? Como si los altos mandos del Ejército fueran el Gorosei. —Bueno... tal vez los otros comandantes aceptan las llamadas de un igual en rango. —Kisuke era el que más posibilidades tenía de contactar con ellos, eso por descontado. —Pero no me jugaría ni un berry, la verdad. Me temo que esta búsqueda del conocimiento será una clásica aventura de los Toros Negros, honhonhon. Propongo que una vez que logre entender el significado de estos misteriosos símbolos de los que hablamos, que continuemos con nuestros quehaceres con normalidad y ya nos encontraremos con alguna pista por el camino. Estas cosas suceden cuando menos las esperas. —
Y dichas estaban prácticamente todas las cosas, aunque había un par de ideas que le rondaban por la cabeza al mariscal en aquel momento. —La verdad es que me parece muy curioso el nombre de este señor. —Decía refiriéndose al Rey de los Piratas. —Uno pensaría que se llama Void Rowned, pero su nombre no se escribe así todo junto. —Tenía que ilustrarlo de alguna forma, así que se metió dentro de la enfermería, buscó lápiz y papel y los encontró en el cajón de donde salen los formularios para cubrir los datos de los pacientes de nuevo ingreso. Regresó con Kisuke y escribió en un papel "Void Rowned" para ilustrar a qué se refería, ya que la fonética no acompañaba en aquella situación. —Pero en realidad se escribe así, o al menos es la forma aceptada del nombre. —Y entonces escribió Voi D. Rowned. —Con una D. como la mía. ¿Curioso, verdad? Me pregunto qué significará, porque la mía no sé qué significa. Mi madre tenía una también. Anastasia D. Bambú. Y la Comandante Suprema también, Elizabeth D. Kaiten. —Se rascó la nuca después de escribir todos aquellos nombres, incluidos el suyo. —Bueno, serán casualidades. Empiezo a parecer uno de estos conspiranoicos que ven teorías en todas partes, honhonhon. —Dio otra calada al cigarro y se quedó mirando el paisaje. La mañana se les estaba pasando volando. —¿Alguna pregunta más? He de confesar que he perdido el hilo. —
