27-10-2026, 12:33 AM
OST
“María estaba en Skypiea ”
Me quedé en blanco cuando mi compañero me dijo aquello, pero aún más en blanco me quedé cuando recordé algo. A pesar de la resaca que tuve al día siguiente a causa de la fiesta que montamos en las gradas, podía hurgar lo suficiente en mi mente como para recordar el momento en que el Dirigente, el favorito de la gente, mencionó su nombre. Al parecer, no era un nombre común como llegué a pensar en aquel entonces…
—No me lo puedo creer… Soy gilipollas —pensé mientras me tapaba la boca con mi mano izquierda, tratando de procesarlo todo. —¿Estuvimos juntos en los juegos? Eso es imposible, ella me habría reconocido, es una niña muy lista… —Las piezas no terminaban de encajar, pero confiaba en las palabras del albino, por el poco tiempo que llevaba junto a él, sabía que no era el tipo de persona que mentiría, menos con asuntos tan serios y en momentos como este.
—Muchas gracias, de verdad—Fue lo único que alcancé a decirle antes de que continuase su camino para ir a por los niños. Sus palabras fueron como un rayo de luz que logró apaciguar la angustia que llevaba un rato oprimiendo mi pecho. María se encontraba bien, había estado en el cielo y había crecido como una buena persona a pesar de haber tomado el camino de la piratería, era más de lo que podía pedir, no, era más de lo que me merecía dado lo patético que fui como padre.
Tras no mucho tiempo, el hombre rape, cuyo nombre no podía importarme menos, acercó el barco lo suficiente como para que pudiese subir sin problemas. El barco estaba en un mal estado evidente, Shin no se andaba con medias tintas a la hora de pasar a la ofensiva, eso era seguro. Desactivé mi forma híbrida a medida que mis pesadas pisadas hacían crujir la maltratada madera hasta que llegué a una especie de escotilla. Abrí la puerta sin esperar ni un segundo, pero no iba a darle la espalda a un ser tan despreciable como él.
—Tú primero —dije antes de forzarlo a bajar primero a la bodega. Cuando yo bajé, lo primero en lo que me pude fijar fue en las jaulas, prisiones repugnantes cuyo fin era más que evidente. Tras darles un vistazo rápido, mi mirada volvió al merluzo de forma fría pero contenida. No sabía cómo había logrado contener mis ganas de matarlo para este punto, era una de las peores calañas con las que me había cruzado en mi vida.
Por suerte para él, algo evidente reclamó mi atención en una habitación contigua a la de las celdas. Era una habitación cargada de cosas extrañas a mis ojos, la navegación era cosa de Akira o de Stroud. Pero, colgado en la pared, había algo que me dejó completamente congelado.
Era una especie de mapa conceptual, uno que mostraba una enfermiza obsesión por mi pequeña. Estos malditos habían estado siguiendo su rastro durante mucho tiempo ¿Tan importante era para ellos? Esto me dejaba una cosa clara, ella seguía en peligro, tenía que acabar de raíz con ellos antes de que lograsen poner sus manos otra vez sobre mi pequeña. —Tengo que llegar al Nuevo Mundo como sea… —Susurré mientras me rascaba el mentón, sin apartar la mirada de las fotografías. Después, le di un vistazo al diario en el que estaban registrados datos de sus viajes hasta ahora. Lo más importante era su paradero, parecía estar en otra corriente.
Había otra cosa que tenía que hacer como padre en un futuro, algo de extrema importancia para mí. Arranqué las fotografías y las fui repasando una a una antes de guardarlas en el bolsillo de mi pantalón. Obviamente tenía la intención de borrar parte del rastro que ellos habían encontrado de María, pero también quería grabar en mi mente los rostros de los que parecían ser sus compañeros, aunque algunos de ellos parecían haber caído contra estos piratas. Cuando llegase el momento, tendría que darle las gracias por cuidar de ella al gigante, al doctor pelirrosado y a Maki, estaba en deuda con ellos.
Salí del barco con las fotos guardadas y el diario en la mano, viendo el cuerpo ya sin vida de la criminal y al tipo besugo, que había salido del barco mientras yo estaba distraído con toda esa información del cuarto de navegación. Bajé del barco de un salto, aterrizando junto a él justo después de que rogara que le dejásemos ir.
—¿Dejarte ir? ¿Eres tonto? Te vas a pudrir en la cárcel por lo que has hecho, da gracias por seguir con vida. —Tras mis sólidas palabras, levanté el cadáver de la pobre chica que habían asesinado, cargándolo con suavidad usando mi brazo izquierdo gracias a mi gran tamaño. Con mi pinza agarré al criminal que seguía con vida por el torso, inmovilizando sus manos y puse rumbo hacia la ubicación de Shin. Necesitaba terminar con todo esto, estaba cansado mentalmente.
Cajita de Tortuga

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