Hace 2 horas
Todos los días amanezco guapo, pero hoy exagere.
Luego de seguirle la pista a un grupo de piratas con el que mi Polvo Nocturno se había obsesionado en capturar, habíamos llegado a una de las islas con menos aura en todo el mundo. Un vertedero atraía a un grupo de gente con mucho mas estilo que este basurero en el que nos encontrábamos, todo gris y sin ton ni son. Nos encontrábamos en una cueva en la cual el objetivo de mi polviruchis había atraído la atención de unos cuantos apestosos a quienes les vendría de perlas una sesión de ‘extreme makeover’ pues con las pintas que cargaban me hacían dudar que en su armario tuvieran una decima parte de lo que pedían por la cabeza de varios de los presentes. Mientras veía como aquel don nadie e intento de embaucador colapsaba a los trucos de mi Polvo Mañanero encontrando su final en este esperpento de sitio, cruce los brazos sobre mi hermoso pecho escondiendo las manos debajo de mis tersas axilas y empuje los hombros ligeramente hacia arriba y hacia adelante para ensanchar mi espalda cincelada por los mismísimos dioses, baje ligeramente la barbilla para mirar el cuerpo sin cabeza desde abajo hacia arriba, y fruncí mis perfectos labios ligeramente hacia adelante hasta que recrearon una inigualable ‘duckface’ a la vez que entrecerraba mis preciosos ojos haciendo un ‘squinch’.
Me encontraba detrás de mi Polvo Nocturno, a dos metros detrás de él y a un metro de su costado izquierdo, y en línea diagonal con mi Polvo Mañanero separado tres metros de este, sobre el estrado. Parecía que la cueva había decidido tragarse vivos a todos los que se quedaran en ella, seguro varios se lo merecían, ciertamente aquel horroroso gigantón con cuernos el que más. Mientras mi Polvo Nocturno les tiraba un facto a quienes ahora eran nuestros espectadores, pegue la lengua por completo al paladar superior y trague saliva para succionar mis perfectas mejillas hacia adentro, marcando la línea de mi cincelada mandíbula al máximo. Junté los labios, esta vez sin apretarlos, y levanté mi mano derecha juntando los dedos índice y medio para coloca la punta de mi preciado dedo índice justo debajo de mi oreja derecha. Cuando mi Polvo Nocturno termino su corto, pero certero discurso, deslicé los dos dedos firmemente hacia adelante a lo largo de mi mandíbula hasta llegar al mentón para, seguidamente, girar la muñeca derecha hacia afuera y extender el dedo índice hacia el frente tras lo que, finalmente, puse un dedo sobre mis perfectos labios simulando un ‘shhh’.
Esta noche cazaríamos a todos, y yo no estaba para escuchar lloros.
Luego de seguirle la pista a un grupo de piratas con el que mi Polvo Nocturno se había obsesionado en capturar, habíamos llegado a una de las islas con menos aura en todo el mundo. Un vertedero atraía a un grupo de gente con mucho mas estilo que este basurero en el que nos encontrábamos, todo gris y sin ton ni son. Nos encontrábamos en una cueva en la cual el objetivo de mi polviruchis había atraído la atención de unos cuantos apestosos a quienes les vendría de perlas una sesión de ‘extreme makeover’ pues con las pintas que cargaban me hacían dudar que en su armario tuvieran una decima parte de lo que pedían por la cabeza de varios de los presentes. Mientras veía como aquel don nadie e intento de embaucador colapsaba a los trucos de mi Polvo Mañanero encontrando su final en este esperpento de sitio, cruce los brazos sobre mi hermoso pecho escondiendo las manos debajo de mis tersas axilas y empuje los hombros ligeramente hacia arriba y hacia adelante para ensanchar mi espalda cincelada por los mismísimos dioses, baje ligeramente la barbilla para mirar el cuerpo sin cabeza desde abajo hacia arriba, y fruncí mis perfectos labios ligeramente hacia adelante hasta que recrearon una inigualable ‘duckface’ a la vez que entrecerraba mis preciosos ojos haciendo un ‘squinch’.
Me encontraba detrás de mi Polvo Nocturno, a dos metros detrás de él y a un metro de su costado izquierdo, y en línea diagonal con mi Polvo Mañanero separado tres metros de este, sobre el estrado. Parecía que la cueva había decidido tragarse vivos a todos los que se quedaran en ella, seguro varios se lo merecían, ciertamente aquel horroroso gigantón con cuernos el que más. Mientras mi Polvo Nocturno les tiraba un facto a quienes ahora eran nuestros espectadores, pegue la lengua por completo al paladar superior y trague saliva para succionar mis perfectas mejillas hacia adentro, marcando la línea de mi cincelada mandíbula al máximo. Junté los labios, esta vez sin apretarlos, y levanté mi mano derecha juntando los dedos índice y medio para coloca la punta de mi preciado dedo índice justo debajo de mi oreja derecha. Cuando mi Polvo Nocturno termino su corto, pero certero discurso, deslicé los dos dedos firmemente hacia adelante a lo largo de mi mandíbula hasta llegar al mentón para, seguidamente, girar la muñeca derecha hacia afuera y extender el dedo índice hacia el frente tras lo que, finalmente, puse un dedo sobre mis perfectos labios simulando un ‘shhh’.
Esta noche cazaríamos a todos, y yo no estaba para escuchar lloros.
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