El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#27
Antes de irse, pudo escuchar el agradecimiento de Juan, lo cual terminó por confirmar sus sospechas y el esquema de ideas que había formado durante aquel turbulento trayecto de revelaciones, víctima de la nostalgia sobre hechos recientes dada la distancia que imaginaba, lo separaba de María. Con eso en la cabeza, era incapaz de siquiera dimensionar el dolor de quien resultó ser su padre al enterarse de lo que le dijo, terminando por contestar con un leve asentimiento, acompañado de su siempre resplandeciente sonrisa, capada en tamaño debido al bucle de sentimientos tensos y opacos que los consumió en el transcurso de aquella trágica noche.

Siempre que una vida inocente fuese arrebatada, no existirían motivos para celebrar victorias.

Tendrían muchas cosas que hablar cuando asegurasen que el peligro cesó, y no descartaba patrullar los alrededores con tal de confirmar la ausencia de posibles refuerzos ante la muerte súbita de Mael y la derrota de Gill, quizás les interesase recuperar lo que habían recopilado a falta de alguna posible copia física de esos datos, o simplemente tuviesen el descaro de querer finalizar el trabajo que se les fue asignado en Long Ring Long Land. Shin no se fiaba de nada, al menos cuando se trataba de piratas o enemigos de la justicia, así que una vez recuperado investigaría a fondo las rutas de aquel navío y los alrededores, quizás todavía existiesen rastros de daños en los alrededores, por culpa del cobarde que se fue con Juan y la maldad casi "inocente" de la medusa.

Ya en el barril, cargando al único de los dos niños que pudo salvar y aún sintiendo la humedad en su ropa, liberó a los infantes de aquello que los retenía en pos de protegerlos, anteponiénedose al cansancio casi mortal que lo hacía desear sucumbir y dormir hasta el otro día, expandiendo la sonrisa en sus labios y dándolo todo para sonar y verse agradable de cara a lo que quedase de inocencia en los jóvenes.

—¡Yō! Me complace anunciarles que son libres. No habrán más peces malvados que los lleven a estúpidas bodegas. —anunció, cerciorándose de que el arma blanca de la pequeña no estuviese por ningún lado. Una vez estuviese frente a él, esperaba que consciente, siguió hablando, cualquiera podría jurar que llovían estrellas desde las expresiones de Hasegawa, quien se esforzaba por lucir la pulcritud angelical que esbozaban sus facciones.

—¿Y sabes cómo lo logré? ¡Con mis gafas mágicas destruye-peces malignos! —se las quitó, alzándolas con sus dos manos y usando el efecto lumínico de su fruta para otorgarles un brillo dorado que cualquiera podría decir, se veía divino. —Mira, te protegerán para siempre. —aseguró, colocándoselas con cuidado a la pequeña, cerrando los ojos y regalándole también la mejor de sus sonrisas —Es un presente. Cuídalas y ellas te cuidarán a ti, el truco es no ponerte en peligro y obedecer a los adultos buenos. ¡Mantén ese fuego! ¡Eso es! —alza su diestra, esperando que su energía se contagiase a los jóvenes y el trayecto de vuelta al mercadillo no estuviese cargado de llantos o desesperación. 

En ese instante notó el barco moverse, imaginando que Gill o Juan lo movilizaban para acercarlo todavía más a la costa y que de alguna forma sea más fácil extraer la susodicha información que el maligno gyojin presumía. Así, Shin tomó una decisión, y se la transmitió a los tres chicos que lo acompañaban.

—Vamos a adelantarnos, no tenemos nada que hacer aquí. —y pasó a dirigir el paso. No fue rápido, quería mantenerse en el rango de visión de su compañero, pero hizo algo puntual, se rodeó del brillo de su fruta, brillando con una intensidad sublime, y se colocó entre los tres niños y Juan Sebastian detrás de ellos, evitando así que si el Comandante Tortuga traía consigo a la que no pudieron salvar, los niños se alteren al presenciar un cadáver en semejante contexto. 

Mantendría una sonrisa casi tan luminosa como su fruta cada vez que ellos intentasen observar hacia atrás, manteniendo una distancia de metro y medio de ellos sin perderlos de vista, bastante más en relación a Juan, y cada que sucedía volvía a repetir alguna frase con un estilo parecido, animándolos a no frenar por nada del mundo —¡Vamos, vamos! ¡Sigan caminando! Si se portan bien, les invito la cena. —premios, juegos o distracciones varias.

Protegería lo que les quedase de inocencia con las últimas energías que le quedaban.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1225 + 0 = 1225
Energia: 494 - 20 = 474
Espiritu: 80 + 60 = 140


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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hasegawa Shin - 27-10-2026, 11:31 PM

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