[EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 2 (Grupo 3)
#9
Aquello sí que no me lo había visto venir. Aquel viejo hijo de puta había elegido un lugar de lo más acorde para cometer sus fechorías. Resultaba irónico que el sitio donde llevarían a cabo sus sueños hubiese resultado ser tan frágil, derrumbándose tras la primera explosión de cambio tras un sorbito de su bebida de preferencia. Antes de caer, se me vino a la mente que quizá hubiese una analogía enormemente profunda en lo paradójico de aquello, pero tampoco era cuestión de flexear alfabetización también, así que había preferido dejarlo estar. En aquellas me encontraba cuando me di cuenta de que, tras pasar por lo que decidí bautizar como el tobogán infernal (y que puso en serio peligro mi cutis), estaba a punto de caer al suelo.

Antes de que la desagradable aspereza del suelo pudiera siquiera plantearse mancillar la perfección de mi epidermis, desplegué dos magníficas alas negras, deteniendo mi descenso en seco y permaneciendo suspendido en el aire. Los campeones vuelan. Simultáneamente, una espléndida llamarada se manifestó tras mi espalda, iluminando la totalidad de la penumbrosa cueva y recortando mi excelsa silueta contra su resplandor. Era una imagen de belleza difícilmente reproducible, y, para ser honestos, el mérito era todo mío. Qué privilegio para aquella cueva, qué visión para aquellas rocas. Sus miles de años de existencia la habían conducido a albergarme a mí. Pasé mi mano por mi frente, quitándome el sudor de la misma. Fruncí los labios, marqué la mandíbula y ladeé imperceptiblemente mi rostro para ofrecer mi mejor perfil, mientras reparaba en que varios piratas habían dado a parar a aquella misma cueva. Los observé. Ante mí se congregaba una multitud de invididuos pintoresca, pero ciertamente desafortunada en el reparto de las virtudes estéticas. Una chica con una cabellera rosa de gusto cuestionable; un sujeto de aspecto ictiológico cuyo aroma debía de hacer justicia a lo extraño de su apariencia; un viejo que debía de haber sobrevivido a sus mejores años por casualidad, y cuyos pectorales solo debían colgar más bajos que sus propios testículos; un muchacho de facciones tan visiblemente poco agraciadas en lo intelectual que apenas merecían comentario alguno; una mujer cuya exhuberancia anatómica constituía un atentado contra los más básicos principios de la proporción y, finalmente, una desubicada que había tenido a bien combinar unas plumas con un casco, y cuyos amigos no habían tenido el valor de decirle nada. Arqueé mis cejas ligeramente, mostrando una pequeña sorpresa sin que ello rompiese la simetría de mi cara ni lo terso de mi expresión. Conseguí contener mi risa. Perfecto. Otra vez perfecto. Nadie en aquella cueva tenía más aura que yo. Seguía siendo el campeón indiscutible. Mogeados una vez más. Jamás habían tenido una sola oportunidad.

[Imagen: VEly7qg.jpeg]

En cualquier caso, no debía perder de vista mi auténtico cometido (ni, por supuesto, permitir que se notase en mi cara que todo lo posterior a la explosión me había pillado ligeramente desprevenido; era imprescindible continuar granjeando la presencia que otros pasaban sus vidas intentando cultivar sin éxito): acabar con sus miserables vidas. Un campeón nunca pierde de vista su objetivo: el mogeo definitivo. Sacar sus cabezas de allí en un saco, cobrar jugosas recompensas y continuar mi imparable ascenso a través del gremio. Mentalidad ganadora. Hasta hacía unos instantes, antes siquiera de que mis llamas bañasen la cueva, algunos de ellos habían estado dando voces en la oscuridad (voces que yo a duras penas había podido oír debido al constante derrumbe de rocas, mal que me pesase). Comprensible, claro; tal era el instinto natural de las formas de vida condenadas a ser mogeadas, de aquellos que se enfrentaban a su Eclipse. En términos de presencia, la diferencia era simplemente obscena. Yo también gritaría si tuviera que enfrentarme a mí mismo. Aunque, ahora que lo pienso, los dos seríamos guapos... ¡Qué disyuntiva tan complicada! Saqué el enorme kanabo de mi espalda, pasando a sujetarlo con la mano derecha, permitiendo que colgase libremente, su parte más gruesa apuntando hacia el suelo.

Mi mirada se clavó entonces en el joven que había quedado más cerca de mi posición; contemplé cómo se volvía aún más espantoso que sus compañeros, adquiriendo las facciones de una especie de cerdo. Su auténtica naturaleza, probablemente. Una media sonrisa de proporciones estrictamente áureas se dibujó sobre mi semblante, permitiendo que el blanco perfecto de mi dentadura los deslumbrase aún más que las llamas de mi espalda. No me apetecía nada charlar con ellos, ¿por qué no pasábamos directamente a la acción? Además, hablar conformaba un peligro estético del que ellos seguramente no estuviesen al tanto: podría causar que mi cara fuese menos fotogénica durante las milésimas de segundo que durase el movimiento de mis músculos faciales. Músculos faciales, por otro lado, que debía mantener perfectamente tersos, y labios que debían permanecer en una disposición óptima para el mogeo.

—¡Siu siu siu! Estupendo. Que dé un paso al frente el primero —dije con mi tono de mogear (el único que sabía emplear), no sin cierto nerviosismo, y a continuación señalé con el kanabo hacia el hombre porcino—. ¿Tú, guarrindongo...? ¿Eh? Decidamos ya quién tiene toda la presencia. Aunque ya conozcamos el resultado, l-lo importante es participar.



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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 2 (Grupo 3) - por Legend Hasit - Ayer, 12:37 AM

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