A medida que pasaban los segundos, más personas comenzaron a caer en aquel lugar desierto y oscuro. Giré levemente la cabeza para observar a la persona que se encontraba a mis espaldas, percatándome de que se trataba de Seraphim. A pesar de las circunstancias, seguía siendo la misma chica de siempre, aquella que no se medía al momento de expresar su opinión, sin importarle lo que los demás pudieran pensar. Comenzó a hacerme algunas preguntas, pero mi mente estaba demasiado ocupada intentando analizar la situación en la que nos encontrábamos. No tenía ni la menor idea de cómo saldríamos de este sitio, mucho menos de cómo lo íbamos a lograr. Levanté la mirada hacia arriba, observando la enorme distancia que nos separaba de lo que parecía ser la superficie. La altura era increíble y por más que intentaba encontrar alguna alternativa, no lograba pensar en nada. ¿Cómo carajo íbamos a salir de aquella situación?
Observe a los demás como hablaban entre ellos, como lanzaban insultos y proclamaban palabras de aliento como de ira, Fue entonces cuando de pronto cayó una figura redonda que al golpearse contra el suelo no pude evitar pestañear un poco, me pareció algo cómico pero no podia reirme en una situación así, escuche sus cumplidos baratos, simplemente opté por ignorarlo dejando mi mirada fija hacia el frente cruzando los brazos por unos instante, ¿seríamos los únicos en este lugar? ¿acaso estaría uno de esos extravagantes hombres en este lugar?, ciertamente no lo podría asegurar.
En ese instante mis orbes se fijaron en el sujeto que se aproximaba por el lado norte de aquel sitio, acercándose con un paso totalmente armónico, como si los ángeles iluminaran su camino por no decir que sus pectorales bailaban frente a mi como un espectaculo exclusivo, sacudi la cabeza para ignorar ese sentimiento pues...su presencia me hacía dudar realmente por no mencionar sus intenciones. Lo que pasó en aquel escenario todavía me tenía pensativa, la erradicación de aquel sujeto no me daba ninguna buena espina y para ser sincera, estar rodeada de tantos piratas me hacían dudar de cada acción pero el juego aun seguía, debía velar por la seguridad de Seraphim.
Una melodía comenzó a resonar por aquel lugar, provocando que desviara el rostro hacia el origen de aquel sonido. Para mi sorpresa, el albino parecía estar componiendo algún tipo de música, o al menos eso era lo que aparentaba. No podía asegurarlo con certeza, pero, por alguna razón, aquello terminó jugando a nuestro favor. En cuanto noté que su cuerpo se arqueaba, comprendí que algo estaba a punto de suceder. Fue entonces cuando el joven emprendió una carrera en dirección hacia aquel sujeto. Al parecer, tenía motivos suficientes para desconfiar de él y aquella corazonada no parecía estar equivocada. Ante semejante situación, decidí actuar. Si había algo que tenía claro, era que mi deber consistía en apoyar aquello que considerábamos justo.
Kagura digievoluciona en pachycephalosaurus: hibrido
Mi sangre comenzaba a hervir como una corriente de lava que se extendía por cada uno de mis músculos. Sentía cómo mi cuerpo experimentaba una transformación abrupta, mi piel comenzaba a ser reemplazada por una resistente capa de escamas que se expandía progresivamente por mis extremidades, modificando su forma y estructura. Mi altura, peso, la forma de mi cabeza y la fuerza fueron aumentando hasta revelar aquella nueva apariencia. Una robusta cola emergió de mi cuerpo, golpeando el suelo con un sonido seco que resonó a mi alrededor. Fijé la mirada en aquel muchacho que, sin mostrar el menor temor, se abalanzaba contra el sujeto para asestarle un golpe certero. No había tiempo para detenerme a pensar ni mucho menos para cuestionar lo que estaba sucediendo. Inspirada por la determinación del albino, apreté los puños y comencé a correr en dirección hacia ellos, dejando atrás a Seraphim y, junto con ella, todo el temor que hasta ese momento me había mantenido inmóvil.
*No estoy acostumbrada a esta forma* pensé mientras acortaba la distancia que me separaba de ambos. Sin embargo, decidí dejarme llevar por mis instintos, aquellos que parecían indicarme que la mejor solución era repartir unos cuantos putazos hasta quedar satisfecha. Cuando estuve lo suficientemente cerca, pude observar que el joven mantenía sujeto al individuo por la cabeza, prácticamente pegando su torso contra el rostro de este. En cuanto escuché su grito, aproveché aquella oportunidad para intervenir. Calculé cuidadosamente la trayectoria de mis garras, procurando no alcanzar al albino y, acto seguido, lancé un potente zarpazo en diagonal. Mis afiladas garras atravesaron el abdomen del sujeto hasta llegar a la zona de la pelvis, provocándole una herida cortante.
Flexionando las rodillas para dar un salto de un metro hacia adelante, me quedaria detrás del mismo sujeto con un unico proposito –Sujetate con fuerza…— grité al mismo que se encontraba abrazando su cabeza, flexionando el torso lo mas que pude, gire con fuerza para propinar un poderoso coletazo —Este es el verdadero superculao prehistorico…— empujando a mi objetivo a unos diez metros, dirección hacia los que se suponían que eran mis compañeros, en linea recta hacia los gyojines, en ese instante grité —¡ATACAR!--- el tiempo estaba en contra.
Observe a los demás como hablaban entre ellos, como lanzaban insultos y proclamaban palabras de aliento como de ira, Fue entonces cuando de pronto cayó una figura redonda que al golpearse contra el suelo no pude evitar pestañear un poco, me pareció algo cómico pero no podia reirme en una situación así, escuche sus cumplidos baratos, simplemente opté por ignorarlo dejando mi mirada fija hacia el frente cruzando los brazos por unos instante, ¿seríamos los únicos en este lugar? ¿acaso estaría uno de esos extravagantes hombres en este lugar?, ciertamente no lo podría asegurar.
En ese instante mis orbes se fijaron en el sujeto que se aproximaba por el lado norte de aquel sitio, acercándose con un paso totalmente armónico, como si los ángeles iluminaran su camino por no decir que sus pectorales bailaban frente a mi como un espectaculo exclusivo, sacudi la cabeza para ignorar ese sentimiento pues...su presencia me hacía dudar realmente por no mencionar sus intenciones. Lo que pasó en aquel escenario todavía me tenía pensativa, la erradicación de aquel sujeto no me daba ninguna buena espina y para ser sincera, estar rodeada de tantos piratas me hacían dudar de cada acción pero el juego aun seguía, debía velar por la seguridad de Seraphim.
Una melodía comenzó a resonar por aquel lugar, provocando que desviara el rostro hacia el origen de aquel sonido. Para mi sorpresa, el albino parecía estar componiendo algún tipo de música, o al menos eso era lo que aparentaba. No podía asegurarlo con certeza, pero, por alguna razón, aquello terminó jugando a nuestro favor. En cuanto noté que su cuerpo se arqueaba, comprendí que algo estaba a punto de suceder. Fue entonces cuando el joven emprendió una carrera en dirección hacia aquel sujeto. Al parecer, tenía motivos suficientes para desconfiar de él y aquella corazonada no parecía estar equivocada. Ante semejante situación, decidí actuar. Si había algo que tenía claro, era que mi deber consistía en apoyar aquello que considerábamos justo.
Kagura digievoluciona en pachycephalosaurus: hibrido
Mi sangre comenzaba a hervir como una corriente de lava que se extendía por cada uno de mis músculos. Sentía cómo mi cuerpo experimentaba una transformación abrupta, mi piel comenzaba a ser reemplazada por una resistente capa de escamas que se expandía progresivamente por mis extremidades, modificando su forma y estructura. Mi altura, peso, la forma de mi cabeza y la fuerza fueron aumentando hasta revelar aquella nueva apariencia. Una robusta cola emergió de mi cuerpo, golpeando el suelo con un sonido seco que resonó a mi alrededor. Fijé la mirada en aquel muchacho que, sin mostrar el menor temor, se abalanzaba contra el sujeto para asestarle un golpe certero. No había tiempo para detenerme a pensar ni mucho menos para cuestionar lo que estaba sucediendo. Inspirada por la determinación del albino, apreté los puños y comencé a correr en dirección hacia ellos, dejando atrás a Seraphim y, junto con ella, todo el temor que hasta ese momento me había mantenido inmóvil.
Dino tanga
*No estoy acostumbrada a esta forma* pensé mientras acortaba la distancia que me separaba de ambos. Sin embargo, decidí dejarme llevar por mis instintos, aquellos que parecían indicarme que la mejor solución era repartir unos cuantos putazos hasta quedar satisfecha. Cuando estuve lo suficientemente cerca, pude observar que el joven mantenía sujeto al individuo por la cabeza, prácticamente pegando su torso contra el rostro de este. En cuanto escuché su grito, aproveché aquella oportunidad para intervenir. Calculé cuidadosamente la trayectoria de mis garras, procurando no alcanzar al albino y, acto seguido, lancé un potente zarpazo en diagonal. Mis afiladas garras atravesaron el abdomen del sujeto hasta llegar a la zona de la pelvis, provocándole una herida cortante.
Flexionando las rodillas para dar un salto de un metro hacia adelante, me quedaria detrás del mismo sujeto con un unico proposito –Sujetate con fuerza…— grité al mismo que se encontraba abrazando su cabeza, flexionando el torso lo mas que pude, gire con fuerza para propinar un poderoso coletazo —Este es el verdadero superculao prehistorico…— empujando a mi objetivo a unos diez metros, dirección hacia los que se suponían que eran mis compañeros, en linea recta hacia los gyojines, en ese instante grité —¡ATACAR!--- el tiempo estaba en contra.
Tira de la tanga
Off rol

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