El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#30
No le hizo falta el Kenbunshoku para entender que la niña estaba aterrada, percibiendo ese primer impulso de salir corriendo. Afortunadamente llegó a escuchar su propuesta de regalo y quizás, gracias al brillo adicional del cual dotó a las gafas llegó a convencerla, protegiendo al menos un puñado pequeño de la inocencia que le quedaba, imaginando el infierno que podría suponer ser privado de algo tan básico como la libertad.

El accesorio le quedaba demasiado grande, tanto que se le desacomodaba bastante seguido, y con la voz temblorosa quiso confirmar si podía conservarlas, instante que llegó a conmover ligeramente la sensibilidad del albino, alguien acostumbrado a presenciar situaciones injustas y crueles. —Claro que sí. ¡Pero promete que vas a cuidarlas! —alzó el índice al cielo, aún manteniendo el contorno dorado que lo rodeaba y lanzando esa afirmación con un tono animado, más no ignorante del contexto. Pretendía ser positivo aún con las tragedias que envolvían a esa cruenta noche, esperando que la posibilidad de volver a ser libres ocupase durante un rato las mentes de los dos pequeños que aún pudiesen estar conscientes.

Luego, sucedió lo inesperado, la niña que había amenazado con atacarlos haciendo uso de un cuchillo se abrazó a su pierna, y Shin no tardó ni un segundo en apoyar la palma de su mano en el cabello de la infante, mostrándole con ese sutil gesto que estaba ahí, que podía ayudarla. El marine se preocupó al recibir semejante información y antes de iniciar la caminata advirtió sus siguientes movimientos, evitando alertarla en un estado emocional tan volátil —Déjame revisarlo. —solicitó, enalteciendo la amabilidad en su voz, y tras ganar el espacio requerido se arrodilló frente al niño dormido.

La inspección fue rápida, abriendo sus párpados para examinar sus pupilas, las reacciones instintivas del cuerpo, el pulso y la respiración. Todo estable, coincidente con un estado inducido de inconsciencia, motivo que lo hizo decidir cargarlo con cuidado, no sin antes desatar el largo pañuelo azul de su cuello con la intención de vendar la vista del chico, pues temía dañarle permanentemente los ojos si era expuesto de manera constante al intenso brillo de su luz. —Despertará, no te preocupes. Los únicos culpables de todo esto ya no podrán molestar a nadie más, evita comerte la cabeza con este asunto, ¿sí? —ladeó el rostro hacia un costado, sonriente, y remató con algo que creía fundamental para la mente de alguien en esas edades —Además, no le regalaría mis gafas a una mala persona. ¡Confía más en ti! Y sino, confía en mí confiando en ti. —la señaló, poco después cargó con el inconsciente en sus dos brazos y así se puso de pie, vigilando que el que estaba en el barco también pudiese seguir sus indicaciones, reactivando el Kenbunshoku para vigilar las distancias respecto a Juan Sebastian y también, en caso de que surgiera alguna nueva amenaza.



La llegada estuvo repleta de silencio, algo que facilitaría la escucha de Juan Sebastian metros atrás respecto a lo que sucedía en la posición de Hasegawa y los niños, mientras tanto, Shin iría desactivando gradualmente su fruta y el Kenbunshoku al reconocer que se aproximaban al mercado otra vez, observando a la distancia el conjunto de personas que parecían haber tomado la decisión de ejercer la justicia por mano propia. Eso sólo indicaba algo: Gill y Mael iban a cobrarse más vidas si ellos no intervenían, o peor aún, los niños que salvaron seguirían presos de sus garras al haberse demorado tanto una intervención de los demás.

A pesar de la baja civil confirmada, nada les quitaba el hecho de que hicieron lo correcto bajo las condiciones que enfrentaron, y si bien, eso no aliviaba las incertidumbres del Comandante, elevaba su voluntad de seguir esforzándose al máximo para poder prevenir escenarios como aquel en un futuro.

—Adelántate, no los perderé de vista. —contestó a la niña entusiasmada, quien daba saltitos de la emoción, procurando no afectar sus ojos ya habiendo desactivado su fruta. Shin no tardó en recortar las distancias luego de hacerle un gesto a Juan, cuidando así que incluso con los lugareños cerca los sobrevivientes hiciesen contacto con el cadáver, y no fue hasta que todos se fueron, quitándole el pañuelo azul de los ojos al inconsciente pero dejándolo sobre su pecho, e incluso explicando su diagnóstico, que le hizo un gesto a Sebastian para que se acercase de manera definitiva, manteniéndose a su lado en todo momento y en caso de ser necesario, explicando lo sucedido con la fallecida.

—Volveremos a ayudar con lo necesario tan pronto como nos sea posible. —explicó el albino a los adultos, emprendiendo finalmente el ansiado viaje de retorno al Ford's Transit a medida que transportaban al gyojin inconsciente. Les dio tiempo para una pequeña charla iniciada por su compañero, a la que respondió de buena gana, acallando el humor negativo en su interior y las preocupaciones que desbordarían a las mentalidades más frágiles. Shin se mantenía solemne, seguro y receptivo, evitando que el Comandante Tortuga pudiese percibir siquiera una pizca de retraimiento en su actitud.

—Me gustaría, sí. Pero primero debes descansar. —confirmó a lo de María, cerrando levemente los ojos y recordando a la pelirrosa esa noche en Skypiea. —Informaremos a la Marina y seguiremos órdenes, así funciona la burocracia al final... —entonces se giró en dirección a la playa, recordando algo importante —Me trataré mejor las heridas y volveré allí, alguien debe encargarse del cadáver de Mael. —explicó brevemente, siguiendo con la caminata al barco, un trayecto bastante más corto de lo que recordaba en medio de la caótica tarde-noche que vivieron.

Finalmente llegaron al punto de destino, y durante un instante breve el gyojin inconsciente reposó en el suelo aún bajo la vigía de ambos marines, quienes estaban justo enfrente del navío por el cual descendieron de la isla encima del cielo. Juan aprovechó y le dio una palmada animada en el hombro, entendiendo casi de inmediato lo que intentaba y sumándose a aportar de manera constructiva a la intención de Sebastian —Sólo un día más en la oficina... —declaró, llevándose ambas manos a los bolsillos y sonriendo con los ojos cerrados. Aunque, en ese preciso segundo recordó algo, cayendo una gota de sudor frío por su sien derecha. —Oye, Juan... —con los párpados entrecerrados observó el Ford's Transit.

—No compramos las cosas para reparar el barco.

En una fracción de segundo, decidió que sería tarea pendiente para el siguiente día.

Pero el detalle volvió a romper la solemnidad...

...porque al final, la mejor manera de honrar a esa niña era no olvidarla y seguir adelante.

[Imagen: 6a83c08a-b341-48a7-a4f2-e5f3e4c03a3f.png]

—Bah, no importa. ¿Cómo terminaba la historia del bar?

Elevó el mentón y enalteció su sonrisa.

Ella sería una estrella más en el cielo que quería que todos observasen.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hasegawa Shin - 31-10-2026, 07:20 AM

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