[Presente Absoluto - Aventura Tier 7] - Aquel que odia la música
#39

Cuando una madre da luz a dos hermanos gemelos, se dice que, desde el momento de su nacimiento, estos están unidos por un lazo y un vínculo inquebrantable. Un vínculo tan fuerte y tan resiliente que, ni las más duras de las discusiones, o ni las más duras de las peleas, serían capaz jamás de romperlo. Un vínculo y un amor completamente desinteresado que hacía que, prácticamente, el uno no pueda vivir sin el otro. Un vínculo tan fuerte que, incluso estando separados por miles y miles de metros de distancia, era posible saber en todo momento cómo estaba una de tus otras mitades. Y eso era lo que ocurría en el caso de Mara y Dona.

Y es que, Mara no poseía el Kenbunshoku Haki. Era incapaz de detectar las auras y presencias de manera espiritual, tal y como podían hacer Maki, Miyori y Alchie. Las luces, en cambio, seguían apagadas, mientras las brasas promovidas por las telas de las hojas de Maki, se esparcían gracias al impacto de Alchie, no dotando aún al local de una iluminación adecuada. Y aún así, Mara sabía de sobra que, en el momento en el que el Rankyaku del contraalmirante decapitaba a Dona en un abrir y cerrar de ojos, su compañera de toda una vida, su alma gemela acababa de morir. Una sensación cercana al vacío, y a la ausencia de un ser querido, lo más cercano que podía haber a tu media naranja, se arremolinaba en su interior, haciendo que la música de la peliblanca se detuviera de inmediato.- ¿M-Mara..? - musitó de manera apreciable, al mismo tiempo que los ojos empezaban a humedecerse y se giraba hacia la posición en la que, hasta hace escasos segundos, debía estar posicionada su hermana, extendiendo la mano de manera reiterada para ver si conseguía encontrar un cuerpo el que tocar en vano, pues este yacía ya en el suelo, y sin una cabeza. Miyori, ante aquella situación, se lamentaba por lo sucedido además de que aconsejaba a la artista a que abandonara el escenario.

Por su parte, un pensativo Whirliam, se hallaba sobre el escalón que daba al salón la doble altura, comenzando a vislumbrar cómo las brasas comenzaban a iluminar cada vez más el terreno. Habiendo dejado la fruta que quería vender al mejor postor sobre la mesa  de madera, dio un par de pasos hacia delante, bajando el escalón y quedando a la misma altura del resto. Podía escuchar como, una breve canción que trataba sobre un enfrentamiento entre dos adversarios, mejoraba considerablemente sus condiciones junto al resto de piezas musicales que se habían ido tocando en el transcurso de la batalla. ¿Debía Whirliam apuntarse al combate? ¿A quién debía apoyar? Conforme esas preguntas le asaltaban la mente, todos los hombres armados con rifles que tenía colocados en la planta superior, descendieron a la planta baja. Parecía que habían terminado su trabajo arriba.- ¡Oyabun! Hemos abatido al mayor número de marines allá fuera, ¿qué debemos hacer ahora? - preguntaba el cabecilla de ese pequeño e improvisado escuadrón. Parecía que tenían la situación más o menos controlado, cosa que alivió en parte al capitán de los piratas Centipede.- Bien, el resto de vuestros compañeros debe estar reteniendo a los que os hayan quedado, pero tenemos más problemas por aquí. - comentó, pudiendo observar gracias al aumento de iluminación a la figura que se levantaba en el suelo. Ese invasor que había asaltado el local como si nada.- Apuntadle con vuestras armas y no dejéis ninguna apertura, ¿vale? - ordenó a sus subordinados, mientras oscilaba su látigo sin llegar a chasquearlo.

Las palabras de MIyori, en cambio, parecían hacer mella en la psique de Mara. ¿Debía huir de aquel inminente peligro? ¿Debía dejar el cuerpo inerte de su hermana gemela tendido a su suerte? ¿O debía vengarla por la muerte tan prematura que acababa de experimentar? Aún tenía a Armando para cuidar de él pero, aún así… Había algo, una sola cosa, que ni Mara ni Dona podrían obviar, algo de lo que jamás podrían huir.- Gracias Miyori… Sé que debería huir pero… - comenzó a responder, conforme una lágrima descendía por su rostro, empuñando con mayor firmeza su arpa.- Y es que, una artista nunca debe abandonar el escenario antes que su público, ¿no crees? - intentaba ser optimista con su decisión, sabiendo que estaba realizando una jugada un tanto arriesgada. Pero jamás podría renegar de su amor hacia la música porque, renegar aquello, era renegarla a ella misma, y a su hermana. Conforme Maki terminaba su canción, pues, Mara tocaba una melodía rítmica, que empezó a resonar en un radio de 20 metros. Una pieza musical que aligeraba el corazón de todos sus oyentes.

Ante aquella música tan estimulante, el cabecilla de los piratas Centipede, no pudo echarse hacia atrás.- ¡Ahora! - exclamó, en el momento en el que Maki empezaba a recriminarle al contraalmirante, el odio hacia la música que este parecía tener, recortando primero los 17 metros que le separaban del marine hasta, quedarse a dos metros para, seguidamente, flexionar su diestra hacia atrás y, en un fugaz movimiento de brazo, proyectar su látigo hacia la figura del marine, en un único y rápido chasquido de látigo que le daría de lleno en su costado derecho. Junto al ataque de las dos Valar, ¿cómo habría salido la ofensiva grupal?

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[Imagen: Tb4Z3O3.png]
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RE: [Presente Absoluto - Aventura Tier 7] - Aquel que odia la música - por Garnet D. Matlock - 02-11-2026, 08:13 PM

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