06-11-2026, 11:20 AM
(Última modificación: 06-11-2026, 11:24 AM por Beto Bullicio.)
Crucé la línea del gas tosiendo como perro y no me quedó otra que seguir picando hacia adelante con las patitas flacas a todo lo que daban. El piso de grava húmeda estaba super resbaloso por culpa de las burbujas que no paraban de brotar y dejar la piedra resbalosa como culo bien aceitado. Atravesé todo lo que me quedaba hasta el final de la cueva de un salto, esquivando cascotes del derrumbe, hasta toparme de frente con la pared opuesta de la caverna. Ahí doblé hacia mi izquierda, bordeando la curvatura de la roca para no quedar encajonado, hasta clavar los frenos. Desde este punto del perímetro norte tenía una vista panorámica impecable, podía observar me quedaba todo el quilombo y los otros desquiciados dándose murra a una veintena de metros frente a mis narices.
Tenía los pulmones prendidos fuego y el corazón me retumbaba sin parar. Uno se quería ser el polenta pero obeso corriendo y falta de aire no son una buena combinación, las piernas me temblaban del cansancio acumulado y la espuma mugrienta no desaparecía. Toda esta seguidilla de piñas, gases y encierro me puso los nervios de punta, y cuando me pongo nervioso la vejiga me pasa factura al instante. Me vinieron unas ganas impresionantes de mear que no aguantaba ni dos segundos más.
Pegué media vuelta dándole la espalda a la pelea y me planté a escasos centímetros del paredón de piedra caliza. Enganché con los pulgares el elástico estirado de mi zunga floreada y me la bajé de un solo tirón hasta los tobillos. Dejé al aire libre las dos nalgas, blancas y llenas de pelo, y me dispuse a soltar una catarata de meo bien amarillo a presión que empezó a inundar el suelo a mi alrededor, barriendo el jabón de las piedras y levantando un vapor tibio con un ligero aroma a amoniaco.
Una vez terminado el asunto, me sacudí el pitulin con dos movimientos secos, me subí la zunga calzándola bien entre los rollos de la cintura y me di vuelta para encarar el espectáculo. la cosa estaba demasiada seria y parecia que el unico que iba a poder hacer algo era yo (te vas a morir en el siguiente turno pelotudo)
Me apoyé de costado contra el paredón húmedo de la caverna en una pose que considero letalmente sensual: crucé una patita flaca por delante de la otra, apoyé el codo mantecoso en una saliente de roca y me pasé los dedos por la barba rojiza, haciendo tintinear la anilla dorada mientras le clavaba una mirada ardiente por encima de los anteojitos negros. Si las minas caen rendidas a mis pies, ¿Por qué carajo no iba a caer este pibe? No pateo para ese lado ni en pedo, pero cuando las papas queman hay que poner el pecho de frente. Inflé los diez rollos de la panza, fruncí los labios carnosos en un piquito irresistible y le solté la voz más ronca, melosa y arrastrada que me dio la garganta:
—~~~Cheeeeee, muñecoooooo.... ¿Para qué carajo vas a andar arruinándote ese cutis tan divino y gastando aura con esa manga de cavernícolas? Venite acá conmigo a este rincón oscurito, rey. Nos abrimos un vinito, nos ponemos cómodos en el piso, te dejás mimar un poco por este osito de barba de naranja y charlamos de la vida, dale, no seas malooo... ~~~~—
Tenía los pulmones prendidos fuego y el corazón me retumbaba sin parar. Uno se quería ser el polenta pero obeso corriendo y falta de aire no son una buena combinación, las piernas me temblaban del cansancio acumulado y la espuma mugrienta no desaparecía. Toda esta seguidilla de piñas, gases y encierro me puso los nervios de punta, y cuando me pongo nervioso la vejiga me pasa factura al instante. Me vinieron unas ganas impresionantes de mear que no aguantaba ni dos segundos más.
Pegué media vuelta dándole la espalda a la pelea y me planté a escasos centímetros del paredón de piedra caliza. Enganché con los pulgares el elástico estirado de mi zunga floreada y me la bajé de un solo tirón hasta los tobillos. Dejé al aire libre las dos nalgas, blancas y llenas de pelo, y me dispuse a soltar una catarata de meo bien amarillo a presión que empezó a inundar el suelo a mi alrededor, barriendo el jabón de las piedras y levantando un vapor tibio con un ligero aroma a amoniaco.
![[Imagen: imagen-2026-11-06-062324264.png]](https://i.ibb.co/5gFKjvVG/imagen-2026-11-06-062324264.png)
Una vez terminado el asunto, me sacudí el pitulin con dos movimientos secos, me subí la zunga calzándola bien entre los rollos de la cintura y me di vuelta para encarar el espectáculo. la cosa estaba demasiada seria y parecia que el unico que iba a poder hacer algo era yo (te vas a morir en el siguiente turno pelotudo)
Me apoyé de costado contra el paredón húmedo de la caverna en una pose que considero letalmente sensual: crucé una patita flaca por delante de la otra, apoyé el codo mantecoso en una saliente de roca y me pasé los dedos por la barba rojiza, haciendo tintinear la anilla dorada mientras le clavaba una mirada ardiente por encima de los anteojitos negros. Si las minas caen rendidas a mis pies, ¿Por qué carajo no iba a caer este pibe? No pateo para ese lado ni en pedo, pero cuando las papas queman hay que poner el pecho de frente. Inflé los diez rollos de la panza, fruncí los labios carnosos en un piquito irresistible y le solté la voz más ronca, melosa y arrastrada que me dio la garganta:
—~~~Cheeeeee, muñecoooooo.... ¿Para qué carajo vas a andar arruinándote ese cutis tan divino y gastando aura con esa manga de cavernícolas? Venite acá conmigo a este rincón oscurito, rey. Nos abrimos un vinito, nos ponemos cómodos en el piso, te dejás mimar un poco por este osito de barba de naranja y charlamos de la vida, dale, no seas malooo... ~~~~—
![[Imagen: imagen-2026-11-06-061729103.png]](https://i.ibb.co/6J7D4LSR/imagen-2026-11-06-061729103.png)
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