Ayer, 01:05 AM
(Última modificación: Ayer, 01:29 AM por Vixen Ventress.)
Vixen apretó los brazos contra el pecho al ver la patada que recibió Taito. Esperaba verlo doblarse, retroceder, algo. Su capitán siguió repartiendo cortes y de su cuerpo cayó un muñeco de paja. A quien sí vio salir disparado fue a uno de los desgraciados de la montaña. La coneja volvió la cabeza hacia el lugar donde había caído y luego miró a Taito. ¿Qué cojones acababa de pasar? Entre aquellas espadas y la rapidez del cazador ya le costaba seguir la pelea; ahora también había gente saliendo a tomar por culo y totalmente por la cara sin que nadie se les acercara.
El puñetazo del gigante la hizo volver a prestar atención a la pelea. Vi encogió los hombros ante el estruendo y buscó a su capitán. Seguía allí. De paja, metido en una explosión y tan campante, mientras otro muñequito caía de su cuerpo y alguien más chillaba hasta la muerte de la pila. Aquello empezaba a darle mala espina. No entendía cómo lo hacía, pero empezaba a relacionar aquellas figuras con los pobres diablos que estaban recibiendo los golpes. Ella había estado subida ahí hacía nada, coño. Bajó un instante la mirada hacia su propio cuerpo y después buscó otra vez a Taito. Lo de las diez colitas podía esperar. ¿Qué coño estaba haciendo su capitán con aquellos muñecos? ¿Que tipo de brujería era aquella?
Al cazador, por lo pronto, le estaban dejando el pecho hecho una desgracia. Vi alzó la barbilla cuando su capitán lo agarró y le preguntó por la salida. Eso sí quería escucharlo. Después de semejante encierro, hasta estaba dispuesta a aguantarle otra pose al muy cabrón si señalaba por dónde marcharse. Entonces empezó a hincharse pirómano psicótico del gigante.
Vi miró hacia arriba. ¿Otra vez? ¿Pero ese hombre no tenía una forma de pegar que no incluyera reventar algo? Afirmó las botas sobre el suelo, sin moverse de su sitio a diez metros de la pared este, y se cubrió la cara con los brazos por si acaso llegaba polvillo del kaboom.
—Pinga, que lo deje responder…
Vi bajó los brazos y buscó a su capitán entre el polvo que había levantado la explosión. Había elegido aquel lado para mantenerse apartada del combate y aun así no conseguía dejar de encogerse cada vez que el grandullón hacía de las suyas. Un saludo cercano le hizo girar la cabeza. El pelirrojo seguía a tres metros, y todavía sacaba fuerzas para sonreírle. Con la sangre que estaba perdiendo, a ella no le habría salido ni un buenos días.
—Hola, mi niño. Tú procura no moverte mucho.
Vixen le devolvió el saludo con la mano. La llegada de la muchacha de pelo azul la hizo volverse de nuevo, aunque permaneció en su sitio. Al escuchar sus preguntas, señaló hacia el herido.
—Sí, ahí detrás de la piedra. Tiene la pierna jodida y está perdiendo bastante sangre. Yo estoy bien, gracias.
Vi dejó caer la mano y apoyó una sobre la cadera, mientras con la otra se rascaba distraídamente detrás de una oreja. Seguía pendiente de lo que pudiera responder el cazador. A ver, guapito de las poses, ¿vas a soltar prenda de una puta vez o qué? Ya estaba hasta las tetas de aquella cueva y de tanto numerito. Por ella, podían seguir repartiéndose hostias hasta quedarse sin dientes, pero que el muy cabrón dijera de una vez por dónde cojones se salía de aquel agujero. Que bastante había tenido ya con la brea, los derrumbes y las explosiones del grandullón.
Bolsillo Táctico
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