[Pasado]La Centella y el Pescador
#1
Calles de East Ballywood, West Blue.
17:00 del 20 de Otoño, Año 10.


Hacía una larga temporada que Kisuke no caminaba por aquel distrito, y era algo comprensible. Normalmente, cuando iba la lonja de Ballywood Boulevard a llevar las capturas del día, solía evitar la zona del East Ballywood para evitar a los maleantes, ladrones e imbéciles que tratasen de atracar al joven Kageyama. Evidentemente, dado el tamaño de Kisuke y la habilidad que tenía con su katana, Yamigiri, que iba siempre prendida de su cinto, nunca conseguían robarle, pero prefería evitar esa zona porque le ponía de muy mal humor. Las injusticias de la clase poderosa sobre el pueblo llano se hacían más patentes que en ningún otro sitio en aquella isla, lo que hacía que al pescador le hirviese la sangre y se hubiese metido en varios conflictos desde que se quedase huérfano hacía ya 12 años. No obstante, y a pesar de tener metida en el corazón la llamada del mar, que le atraía constantemente, aún no se había decidido a hacerse a la mar y seguir el camino de la espada. Seguía tratando de averiguar como contactar con la Armada Revolucionaria por otra parte, pero era una organización bastante difícil de rastrear y muy hermética, por lo que no había hecho tampoco ningún avance en ese sentido.

"Bueno, supongo que tarde o temprano tendré que ponerme en marcha... y si esos revolucionarios no me encuentran tendré que ir yo a buscarlos donde sea... kuhahahahaha..."

Sacó un cigarrillo del paquete que llevaba y se lo prendió mientras iba camino a una taberna, la única que le inspiraba confianza en aquella infecta cloaca después de haber vendido todo el pescado y marisco que había capturado en su faena matutina. Las sucias calles del East Ballywood estaban llenas de mugre, pero también de gente mendigando, de politoxicómanos rebuscando en los cubos de basura a rebosar algo que pudiesen vender para pagar su siguiente dosis, pervertidos con olor a químicos en busca de alguna víctima inocente de la que abusar... Kisuke suspiró, aquel lugar estaba más que podrido, y abandonado por los que se supone que deberían proteger al pueblo y ayudarles, por no mencionar los innumerables casos de gente perteneciente al sistema que se aprovechaba y lucraba de esas pobres personas engañándoles, extorsionándoles o haciéndoles caer en nuevas y más caras adicciones. Aquellas situaciones eran las que motivaban al joven Kageyama a inclinarse por llevar el camino de su espada en las alas de la Revolución. No estaba del todo seguro sobre aquella hermética organización, pero por lo que había escuchado por rumores y habladurías de las señoras en la lonja, esa gente si trataba de ayudar a los desfavorecidos y oprimidos por el sistema, por lo que le parecía una razón muy digna por la que empuñar su katana.


Tras doblar una esquina, se encontró en un callejón que solía usar de atajo para ir a la taberna cuando estaba por allí, en el que había varias pilas de basura que rebosaban de los contenedores, algunas cucarachas y ratas pululando por ahí junto al cadáver de un yonki, que estaba apoyado contra uno de los recipientes de basura, con una aguja clavada en el pliegue del codo y espuma reseca saliendo por su boca. Sin lugar a dudas, no era el sitio más idílico y agradable por el que transitar pero Kisuke no le prestó atención. Estaba demasiado acostumbrado a ver toda aquella miseria. Un poco más adelante de los cubos de basura, había una pila de cartones de un par de metros de alto, aunque algunos estaban esparcidos por el suelo como si el viento los hubiese volado hasta allí, o alguien los hubiese tirado de la pila. Un gato salió de al pila y le miró con sus rasgados y agudos ojos, como juzgando si el pescador era una amenaza o no, o quizá simplemente le miraba porque tenía un ligero olor a mar y pescado.

-¿Qué pasa, gatito?¿Hueles algo rico? Lamentablemente no me queda más pescado, así que no puedo darte de comer...

Kisuke era protector con los animales, aunque no tenía ninguno como mascota o de compañía, puesto que él consideraba que, más incluso que los humanos, los animales deberían ser completamente libres, y vivir como les apeteciese. Pero al igual que pasaba con todos los desamparados y desvalidos que mal vivían en el East Ballywood, ver a los animales sufriendo penurias hacía que la rabia recorriese sus venas y se le encogiese el corazón. El mundo era un lugar rico y abundante, ¿por qué tenían que pasar la gran mayoría de la población e incluso los animales por aquellas circunstancias? Eso no era justicia, como tanto pregonaba y se le llenaba la boca a la Marina y al Gobierno Mundial. No eran justos, solamente eran los defensores de un sistema corrupto que favorecía a unos cuantos privilegiados, mientras oprimían y abusaban de la mayoría de la población, quitándoles lo poco que tenían, impidiéndoles soñar y, en muchas ocasiones, destruyendo sus vidas, por muy miserables que fuesen.

"Realmente el sistema está podrido... y yo muy filosófico hoy... kuhahaha..."

Se rio para sus adentros con cierto amargor mientras avanzaba por el callejón pasando al lado del contenedor que tenía apoyado el cadáver del yonki, mientras daba una calada más a su cigarro, y apoyaba su mano izquierda en la vaina de Yamgiri, con el pulgar de esa misma mano, apoyado en la guarda, listo para desenvainar si se le aparecía algún listillo con ganas de tocarle los cojones al bueno de Kisuke. Estaba ya llegando a la pila de cartones, vigilado en todo momento por aquel gato famélico que le había recibido al entrar al callejón, sin perder de vista los movimientos del joven Kageyama. El pescador iba todo lo alerta que era capaz por aquel atajo hacia la taberna, porque nunca se era demasiado precavido, y en aquel lugar mucho menos.

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[Pasado]La Centella y el Pescador - por Kisuke Kageyama - Hace 42 minutos

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