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#11
El tacto que todavía se sentía algo distinto pero, a la vez, la forma de tocarlo, se sentía tan familiar... Lo estaba volviendo loco. Había extrañado esa sensación con la misma persona que tenía delante por dos largos y condenados años. Todo ese tiempo que había estado pensando en él, deseando volver a tenerlo como lo estaba teniendo en ese mismo momento.

Los suspiros escapaban de entre sus labios por cada vez que su tacto tocaba directamente su piel, estremeciéndose con deleite. Los dedos, sin darle demasiada espera, dos de ellos, comenzaron a entrar en su intimidad con lentitud. ¿Qué pasaba si ese nuevo cuerpo pudiera ser virgen? ¿Qué ocurría si la dañaba en su primera experiencia en ese cuerpo? Por mucho que quisiera lanzar a Tezca contra la mesa y tomarla en ese mismo momento, luchaba consigo mismo solo para evitar esa mala experiencia, queriendo cuidar de ella hasta el final.

Arqueó su cuello hacia atrás al sentir cómo apretaba su erección, liberándola en parte, su mano tocándola por encima de la tela de su ropa interior. Cada vez se le hacía más difícil mantenerse cuerdo. Los dedos aceleraban los movimientos, agregando el pulgar para la zona del clítoris y buscando, de ese modo, estimularla lo mejor que podía. Sus dedos se encontraban húmedos, sabía qué tan excitada estaba ella solo con eso. Tuvo que luchar consigo mismo para escucharla, tratando de enfocarse en su rostro.

—Créeme... No eres el único que ha esperado tanto... ¡Maldición!

Jadeaba, prestando tención de uevo a sus senos. Ahora siendo la lengua la que buscó el pezón de la mujer. No esperaba unos senos tan bellos, una figura y un tacto tan perfectos, mejores de los que hubiera podido probar en toda su vida. Su camisa, debido a la brusquedad con la que terminó de apartar la misma, descendió hasta la doblez de sus codos, dejando entrever sus músculos, que habían incrementado tras esos dos años de separación. Elevó su cabeza, recibiendo el beso, abriendo su boca y, su otra mano, se acomodó en la mejilla de la mujer, acariciándola, adentrando su lengua para profundizar el beso un poco más. Sentía que quería devorar hasta sus huesos de ser necesario.


Jadeó, el rojo ascendiendo hasta las mejillas una vez ella se separó lo suficiente para hablar de nuevo. Sus ojos, casi desenfocados, demostraban que estaba tan necesitado y desesperado como ella, peleando consigo mismo para no lanzarla, arrancarle toda la ropa, destrozársela... 

—Tezca... No sé si tu cuerpo podría soportar que lo haga como siempre...

Ah, mierda, y ahora sí necesitaban protección... No era lo mismo y para empeorar las cosas, ni siquiera lo tenía en ese escritorio, sino en el dormitorio. Sin embargo, que su erección doliera todavía más en su pantalón lo desesperaba, quería que lo retirase de la tela, quería introducirla, probar ese sexo que se seguía humedeciendo entre sus dedos, dedos que ascendían su velocidad, elevándose ligeramente para formar una simulación de gancho en su interior, rozando más las paredes interiores. ¿Qué tanto estaría sintiendo? Su cuerpo frente a él, el terrible calor, la excitación y la maldita desesperación...

Lanzó a tezca sobre el escritorio, sin pedir permiso, sin soportarlo más, retirando sus dedos del interior de la mujer. Pudo ver el movimiento de sus senos ante el gesto agresivo, no le importó, solo descendió su mano, descendiendo por completo su camisa, revelando la erección que se sacudió nerviosamente.

—Lo necesito... Mierda... Lo necesito... Lo necesito... TE NECESITO...

Elevó lo que restaba de la falda, revelando, por fin, el sexo de ella frente a él. Tan hermoso, tan ansiado y hambriento como lo estaba él. Rozó su erección entre los labios vaginales de la mujer, temblando de satisfacción al sentirlo humedecerse con sus fluidos. Una de sus manos descendió hasta su erección y, la otra, buscó la mano de la que tanto amaba, entrelazando sus dedos con los de ella, inclinando su torso hasta donde estaba ella. No lo pensó, dejó las preocupaciones a un lado y apretó, empujándolo en la humedad que se extendía frente a él. A su vez, sus labios volvieron a buscar los de la mujer. Fue lento, deliberado, hasta que el glande estuvo completamente en ella. Quiso terminar, iba a hacerlo de un golpe si no frenaba unos segundos. Le costaba hasta respirar por semejante placer que generaba. Sus labios lo besaron, ahora con mucha más hambruna que antes.

—Tezca... No puedo más...

Empujaba sus caderas, palpando su reacción, deseando solo entrar de golpe, sus muslos también. Soltó la erección, para que el resto pudiera entrar por sí mismo, acariciando uno de los muslos abiertos frente a él, apretándolo hacia sí para dar el empujón definitivo.
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#12
Era mucho, en verdad lo era: Sentir placer de esta forma, en este cuerpo tan diferente, la humedad contra mi rosado pezón provocó que entrecerrara los ojos y mi mano, casi en automático pasó a acariciar su nuca con dulzura. Algunos pequeños jadeos salían de mis labios acompañados de pequeños espasmos que lograba sentir en mis muslos por la forma en la que lograba tocar mi intimidad, siendo rápidamente silenciada por su dulce beso, por su lengua en mi boca y como la mía parecía luchar contra la suya por control, mi corazón latía tan rápido que sentía que se saldría y apenas podía mantener cuerda: Solamente quería que acabara conmigo,  olvidar mi nombre hasta que solo pudiera memorizar el suyo, repitiéndolo una y otra vez entre gemidos. Mi mente lograba navegar por tantos escenarios que me parecían hasta completamente enloquecidos ¿Qué importaba? No había un límite, simplemente quería que fuéramos uno ¿No es eso lo que siempre quería? Que su amor me absorbiera por completo.
 
 
Mis ojos parecían abrirse en par al sentir el nuevo movimiento en mi interior —¡mph! Soy más fuerte desde la última vez que me viste… Así como sé que tú lo eres… por favor, no te contengas ¿Me entiendes?— Quise darle seguridad mientras uno de los mechones de mi cabello cubría parte de mi rostro y al parecer había funcionado o al menos algo había pasado, probablemente el hombre había perdido la paciencia, sus pensamientos nublados por el deseo y ni siquiera era diferente a eso.
 
Jadeé al sentir mi parte de mi espalda al descubierto contra el escritorio, con al botella de vino apenas probada ¿Quién lo diría? Ni siquiera necesitábamos un desinhibidor como lo eran las bebidas fermentadas para dejarnos llevar por lo más profundo de nuestros deseos.
 
Y hablando de deseos; Un nuevo quejido salió de mis labios al sentir el vacío en mi interior, mi voz, apenas podía salir en una palabra completamente indescifrable completamente olvidada ante los deseos que el hombre expresaba vocalmente, deseos con lo que lograba no solo empatizar pero sentir con fervor.
 
El vestido, ahora reducido a una tela que lograba cubrir tan poco, era meramente un objeto del morbo del hombre. Estaba expuesta, vulnerable, me sentía tan… controlable que era un reto; algo a lo que claramente no estaba acostumbrada y sin embargo no podía decir que lo detestaba, era tan difícil hacer otra cosa que no fuera intentar recuperar mi respiración y gemir que si el mayor quería tomar la iniciativa ¿Cómo podría impedírselo?
 
Arqueé la espalda y un gemido pudo llegar a los oídos del hombre al sentir la intromisión: había olvidado lo grande que era en todo este tiempo, lograba llenarme con tal satisfacción que sentí como mi cuerpo parecía casi derretirse ante su simple acción. —¡Jin! ¡Ah! No te atrevas a detenerte ahora… Puedo… puedo soportar hasta satisfacerte.—   Estaba segura de ello, totalmente segura y solo podía esperar que el también estuviera seguro de eso.
 
Rodé mi cadera en ansias, esperando sentirlo aún más dentro y sus labios volvieron a posarse justo sobre los míos en un beso, una de mis manos subió hasta su hombro intentando apoyarme, las uñas lograron clavarse apenas en la piel, sin daño alguno… Era tan extraño, ninguno de los dos era el mismo, su piel no se sentía igual y probablemente mis rasguños no volverían a marcarse, así como las marcas que creí dejar en su piel ¿Eso me permitiría tener menos cuidado? Cerré el puño sobre su hombro en un gemido desesperado, separándome apenas para poder mirarlo de forma suplicante, decir alguna otra palabra no solo se había vuelto innecesario pero casi imposible.
 
 
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#13
La forma en la que el cuerpo de la mujer se contraía, los espasmos y sus gemidos, todo eso no estaba ayudando en absoluto a que el hombre se calmara. Había deseado, en serio, poder controlarse un poco más, solo un poco, pero era tan malditamente hermosa, tan bella, y había esperado por tanto, tanto tiempo que sentía su sangre hervir de impaciencia. Su tacto solo lograba que las zonas en las que posaba sus ahora delicadas manos se encendieran, ascendiendo la temperatura de su cuerpo. El vaho escapaba de entre sus labios, buscando la mirada bajo las gafas, mismas que aprovechó para retirar. Estaban en su maldito camino para besarla como tanto deseaba. Las elevó, con su diestra, cuidadosamente, sabiendo que eran prácticamente parte de ella, para volver a besarla suavemente, acercando más su cuerpo, pegándolo más a ella, esperando antes de moverse en su interior y que terminara de acostumbrarse de nuevo al tamaño de su erección.

Su lengua volvía a trabajar, disfrutando su gesto, el calor que emanaba, mientras con la mano terminaba de retirar por completo sus gafas, olvidando el vino que había estado sobre la mesa en la que ella ahora estaba. Una belleza visual de la que no podía apartar la mirada, no se atrevía a cerrar los ojos. Sus palabras no ayudaban a que se calmara. ¿Cómo siquiera había sido capaz de soportarlo por tanto tiempo? Hasta él mismo se sorprendía de algo así. Escuchar su nombre una y otra vez de sus labios lo estaba enloqueciendo más y más, volviendo a sus ojos solo ella como protagonista, esa mujer impresionante que se encontraba frente a él, esa belleza... Ese increíble encanto.

—N-no voy a dejarte ni caminar...

Apenas lo murmuró con voz ronca como respuesta, el rojo todavía más intenso en sus mejillas, haciendo que el pálido de su piel pareciera ser solo rojo en su rostro. Sus dedos apretaban la mano que todavía sostenía con firmeza. —No dejes de decir mi nombre... — Sus provocaciones estaban logrando el efecto deseado por la mujer, su propio cuerpo temblaba, desceniendo lentamente para pegarse a su piel. Incluso cuando las piernas rodearon su cadera se estremeció, cerrando los ojos para no terminar en ese mismo momento. La mandíbula se tensó, estaba apretada, húmeda, lo estaba aceptando como nunca nadie lo hacía... Estaba cada vez más convencido... Nadie, absolutamente NADIE podía hacerlo sentir de esa forma.

—Tezca... Mi amor... Mi Tezca...

Su voz temblaba, ronca, ansiosa, desesperada a la vez que sus caderas comenzaban el vaivén, luchando por mantener el ritmo, no separarse. El roce era increíble, la sensación inexplicable. Había probado suficientes mujeres para saber que ella era más especial que ninguna. Entreabrió los ojos, viendo la fina tela que había quedado en el cuerpo de la mujer. Ahora, más que morbo, que era el inicial, le provocaba molestia. Quería verla, verla por completo, disfrutarla por completo. Ah... Más valía que no tuviera que devolverlo porque... Su mano libre comenzó a pasearse, desde el cuello hasta uno de los senos, apretándolo, acercó de nuevo su torso hacia sus labios, buscando volver a besarla con intensidad, el calor que lo estaba encendiendo como ningún otro. Su mano siguió descendiendo hasta sentir la tela. Las venas se marcaron en su cuello, ahora arrancando el pedazo de fábrica de un tirón, sin controlarse, sin tener un poco de control.

Aceleró el movimiento de sus caderas, sintiendo al fin por completo la piel de la mujer, terminando de retirarse él mismo poco después la tela que quedaba todavía en la zona superior de su cuerpo que ahora le resultaba un estorbo. Lo dejó caer al suelo, quedándose solo con la ropa interior semi bajada al no haber terminado de retirarlo. El pantalón, ante la ausencia de cinturón y encontrarse desabrochado, sí cayó por el brusco movimiento de volver a moverse, una embestida que, aunque quiso ser suave, fue más brusco y desesperado de lo planeado. Los gemidos de la mujer eran acompañados por los graves del varón, quien era incapaz de frenar, aferrándose a su humedad, sin importarle lo que estaba ocurriendo entre ellos.

—Te amo... Te amo tanto... Tantísimo Tezca... Mi amor...

El vaho escapaba de entre sus labios una vez separó sus labios de los contrarios, respirando con dificultad, tratando de mantener la calma como le era posible, siendo incapaz. El rojo volvió a ascender en su rostro, acercándose a su cuello, mordiéndolo sin cuidado. La mano que había arrancado la tela ahora se posicionaba hasta su sexo, encontrando el botón de su clítoris con el pulgar y, con ello, buscó estimularla, apretarla, moverla con ansia en círculos. Le encantaba, cuanto más la tocaba, más sentía que lo recibía, y cuanto más lo recibía, más deseaba tenerla siempre a su lado. ¿Y si solo la secuestraba? ¿Y si la apartaba? La necesitaba tanto... tantísimo...

Sus dientes dejaron una marca visible en su cuello, pero no fue el fin, quiso sentirla más, más... Tomó sus caderas, descendiendo sus dos manos hasta las caderas, empujando de nuevo, más intenso, sin cuidado, más profundo. Sus labios siguieron su descenso, ahora encontrándose con el otro pezón, mismo que ahora dio atención, paseando su lengua por la zona, atrapándolo solo para estirarlo un poco, queriendo escuchar más de ella, queriendo que ella le buscara más... Sus oídos se deleitaban en los sonidos de esa habitación. No iba a ser la primera vez de esa noche, ni mucho menos la última... ¿Cómo una sola persona podía hacer que su corazón se acelerase tanto? ¿Cómo siquiera podía enloquecerlo hasta ese punto?
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#14
No podía evitar mover la mano que entrelazaba mis dedos con los suyos, apretándola y moviéndola ligeramente contra la mesa como una simple expresión del placer que sentía, podía sentir mi cuerpo en llamas bajo la luz de la casa, contra la madera, como los movimientos del hombre lograban que mi espalda rozara contra esta probablemente dejando algunas rojizas marcas para después. Mis gemidos no podían detenerse entre el nombre ajeno una y otra vez junto a peticiones tan egoístas. —Jin… Compensa los dos… años de tu ausencia ¿Me… entiendes? — Mi maquillaje ahora era un desastre, no necesitaba verme para saberlo, algunos mechones se aferraban a mi con la ligera capa de sudor que hacía brillar mi piel.
 
Sabía que apenas y podía aguantar, nuestros sentires eran nada más que pares, la forma en la que decía mi nombre solo lograba desesperarme lo suficiente para suplicar entre susurros y algunas lagrimas de placer que parecían caer por mis ahora desnudos ojos azules, ni siquiera podía preocuparme por el vestido prestado o por los retazos que ahora quedaban de este regresando a sus labios donde apenas pude notar los restos de labial esparcidos por la comisura de los labios del hombre, mis senos rebotaban ante la presión de sus estocadas, provocando que los ruidos que salieran de mis labios parecieran cada vez más entrecortados, escandalosos, completamente obscenos. —Te amo… Jin. Realmente te amo. — Fue apenas una respuesta en reflejo, quejándome con la mordida que había dejado sobre mi cuello ¿Había sido una pequeña venganza de las mordidas que había dejado anteriormente?
 
Aunque el hombre hubiera bajado a mis descubiertos senos, aproveché la cercanía para llevar mi mano desocupada a su cuello, presionando su pulso con tanta fuerza hasta que pudiera sentirlo bajo mi tacto, recordando las veces que en cama había optado por restringir su respiración sabiendo lo mucho que le gustaba: Sentía mi mano temblar y estaba segura que el hombre podía sentirlo también, subiendo la mano que se entrelazaba con la del mayor a cubrir con el dorso de la propia mis labios de aquellos lloriqueos próximos. Estaba tan cerca que era difícil mantener la mínima de poder que me quedaba en ese momento. —Déjame verte mientras terminas dentro mío… quiero- quiero recordar tu expresión. — Volví a presionar su pulso, su cuello con mi mano mientras intentaba atraerlo a que me viera, me enfoqué en sus ojos sintiendo aquella corriente eléctrica recorrer mi vientre bajo, alcé mi propio brazo por encima de mi cabeza y contra la mesa, clavando las uñas contra el dorso de la mano ajena a la par que un agudo grito había salido de mis labios, casi retorciéndome contra la mesa, arqueando la espalda y encogiendo las piernas: Había llegado al orgasmo, mi cuerpo se tensó sin despegar la mirada el yakuza, pasando rápidamente mi mano a su nuca para atraerlo con fuerza a mis labios y terminar por besarlo, las paredes de mi intimidad parecían cerrarse alrededor de la extensión ajena a la perfección, corriéndome apenas.
 
Era liberador, apenas había podido mantener la cordura hasta ese momento, mordiendo su labio inferior e introduciendo mi lengua en su boca, quería tener la dominancia de aquel beso en ese momento.
 
 
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#15
Compensarlos... O y tanto... y tanto si los iba a compensar. Separó sus manos, esta vez tomando uno de sus muslos, elevando su pierna hasta acomodarla sobre su hombro, penetrando a la mujer con más ímpetu y agresividad. No podía dejar de pronunciar su nombre una y otra vez, las agitadas respiraciones y el calor embriagaban todos sus sentidos y, lo mejor, escucharla pronunciar su el suyo propio solo hacía que sus movimientos fueran más profundos y el cuidado que se había esforzado por mantener se desvaneciera de un momento a otro. Aferró con firmeza ese muslo, descendiendo la mirada y viendo la humedad que se deslizaba y manchaba toda la extensión de su erección y su propia pelvis. El sonido obsceno se hacía más y más sonoro, el choque de su piel contra la de ella entremezclándose con el sonido húmedo. Mordió su labio inferior, en un último intento de soportar el intenso placer y controlarse un poco, solo un poco... Hasta que elevó su rostro, viendo sus lágrimas, en conjunto con el rojo que se formaba en su piel...


Ah mierda. No podía...

No con esa belleza delante de él, no con esos ojos azules suplicándole con esa mirada, no con su cuerpo demandándolo como si fuera suyo... Sí... Tezca era suyo, nadie, absolutamente nadie más tenía el derecho de tocarla como lo estaba haciendo él. NADIE. Cortaría las manos del que le pusiera las manos encima.

Con la atención hacia sus senos no se percató del movimiento astuto de Tezca, quien comenzó a apretar su cuello. Mierda... Mierda... MIERDA... Su respiración comenzó a fallar, pero lejos de frenar solo hizo que sus caderas la golpearan más bruscamente, sus ojos elevándose, perdiéndose en el blanco de sus ojos. Todo esto era...

“Se siente... tan bien...”

No podía soportarlo, solo ella sabía como satisfacerlo de la forma que él tanto adoraba. Sabía exactamente cómo hacerle perder la cordura. Las venas de su cuello se marcaron ante la explosión de emociones acompañadas de la falta de respiración, haciendo que sus propios gemidos sonaran más ahogados. Sus sentidos se dispararon como ninguno, pudiendo escuchar sus palabras, la petición y dejándose llevar hasta que su rostro estaba completamente frente al suyo. Los ojos de Jin se estaban perdiendo en el placer, el rojo del calor, la excitación y las sensaciones que estaba sintiendo no hicieron más que acentuar más su rostro, su cuerpo convulsionaba en grandes oleadas de placer. Se esforzó por enfocar la mirada como le era posible, poder ver las lágrimas de Tezca, esa deliciosa expresión que lo estaba enloqueciendo, haciendo perder la cordura lo suficiente solo para satisfacer sus propios placeres y los deseos que le indicaba Tezca.

—Tez-...ca... Haahhh... No puedo...

No podía soportarlo más, lo necesitaba. Su vista se volvía borrosa, sus propios músculos se tensaban y la mano que apretaba el botón inferior solo se aceleraba, apretándolo, rozándolo con su pulgar. Fue cuando lo sintió, cómo de repente apretaba con tanta firmeza que parecía succionarlo hacia ella. No podía soportarlo más, su nuca descendió, más por la fuerza de Tezca para besarla, cerrando sus ojos para sentirla mejor, estallando en su interior sin poder controlarse. La eyaculación lo hizo estremecerse, todavía con el rojo en sus mejillas, empujando toda la extensión hasta lo más profundo de ella, manteniéndolo en el interior. Pudo sentir su propia descarga, una tras otra, liberarse como nunca antes lo había hecho.

—Tezca... Tezca... Mi Tezca...

Su voz sonaba ronca, casi inentendible entre un beso y otro. Sus dos brazos rodearon la cadera de la mujer, no queriendo separarse, no todavía. Estaba lejos, muy lejos de terminar. Disfrutó del sabor de su lengua, las piernas que lo apresaban solo le daban más pie a no querer alejarse. La lengua de la mujer era quien se había adelantado al suyo propio, dejándose llevar, con el calor del momento, disfrutando del sabor de su boca, lo mucho que había extrañado su momento con ella, y lo nuevo que resultaba ser esa sensación. Sus músculos siguieron tensos, apretándola en un abrazo, elevando su mano libre para acomodarla tras la nuca de la mujer, sin dejar que se separase de él. Solo un poco más... Un poco más... Se encargaría de que no olvidara esa noche y por supuesto iba a compensar esos dos largos años como nunca lo había hecho con ningún hombre ni ninguna mujer.
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#16
Podía sentir mi sangre bombardear de mi corazón al resto de mi cuerpo con rapidez, la calidez del semen ajeno llenar mi interior con cierta brusquedad, incluso podía admitir que me dolían los labios de la violencia desesperada de sus besos, no podía separarme, alargando aquel beso cada vez más y más hasta que la sensibilidad llegaba a mi intimidad, todavía sintiéndolo tan dentro mío que podía sentir sus espasmos. Era yo misma quien lograba callar sus balbuceos, logrando soltar la mano ajena para poder abrazarlo por la nuca para que no pudiera separarse. —ah… Jin…— Hablar se había vuelto casi imposible, aunque las palabras se atoraban en mi garganta con frustración.
 
Finalmente, al sentir que mi respiración comenzaba a ser un problema, tuve que optar por separarme del hombre, mirándolo con el cuerpo temblando, apenas intentando recuperarme respiración a respiración a la par que colocaba mi mano sobre su pecho intentando que se calmara también. Si, podía reconocer que ninguno de los dos estaba cerca de sentirse satisfecho, que teníamos la prisa de intentar convivir y disfrutar del otro el mayor tiempo posible antes que tuviéramos que regresar a nuestras vidas y trabajos pero apenas podía sentir el torso, al final del día había tenido pocos descansos en estas vacaciones y este nuevo cuerpo, nuevo entre muchas comillas, seguía teniendo la misma energía que yo.
 
Volteé la cabeza, mirando al costada hasta una de las paredes de la casa, tal vez mirar a otro punto lograría calmarme un poco más rápido, mirando al hombre de reojo con una pequeña sonrisa coqueta y cansada. —¿Te gustó mi pequeña sorpresa? Ni siquiera lo esperabas… Honestamente fue gracioso ¿Me entiendes? — Solté una pequeña risita, intentando obviar que todavía se encontraba invadiendo mi interior, al menos hasta ese momento. —Espera un segundo, cariño…— Me quejé al bajar mis manos a su torso, hasta la parte baja de su abdomen para separarlo lentamente soltando un quejido, solo para sentarme con algo de dificultad sobre la mesa y tomarlo de las manos para atraerlo una vez más: besándolo.
 
Ni siquiera podía evitarlo, simplemente me vi besándolo una vez más con la misma lujuria pero mucho más cansancio, cerrando las piernas, subiendo las manos una vez más abrazarlo por la nuca, terminando por suspirar sobre sus labios.
 
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#17
Al igual que Tezca, Jin jadeaba, abrazándose a ella casi con desesperación. El sudor corría por su rostro y su propio cuerpo, la respiración agitada hacía que su pecho subiera y bajara, disfrutando del beso un poco más. Su calor... era increíble. Respiraba cerca de sus labios, con ambos brazos a los lados del rostro de la mujer, tratando de terminar de recuperar el aliento, abriendo sus ojos para contemplarla, ver su expresión una vez más. Sus muslos temblaban, hacía tiempo que no había sentido a nadie de esa forma.

Descendió la mirada, sintiendo su mano apartarlo. Elevó su diestra, acomodando su cabello hacia atrás con sus flequillos rebeldes, dejando entrever la cicatriz por unos segundos hasta retirarse de su interior. Tuvo que apoyar ambos brazos sobre la mesa para poder mantener la calma y respirar un poco más. Trató de sonreír, con el sudor ya no solo corriendo por su rostro, sino también por su rostro, ahora percatándose de lo que acababa de hacer, terminando de despejar lentamente la niebla que la excitación le había provocado.

“Mierda...”

¿Cuándo había tenido un desliz como ese? Respiró profundamente, tratando de calmarse una vez más. Solo fue una vez, si no se repetía y tenía más cuidado... quizás... Volvió la mirada hacia la mujer, escuchándola, todavía respirando con cierta dificultad, hasta que vio su sonrisa, coqueta y agotadora, pero tan encantadora como hermosa. Descendió la mano que tenía en su cabello para acomodarlo a su cuello, donde las marcas de su mano se habían quedado, y sonrió satisfecho. —Debo admitir que fue inesperadamente increíble... Y excitante. — le acompañó en la risita, con un rostro adorable, y todavía con el rojo del calor en sus mejillas.

La ayudó a sentarse, no viéndose capaz de dejarla en esas condiciones, y sintió entonces el jalón y se dejó hacer, satisfecho. Su forma de expresarse era increíble, sus cuerpos ya hablaban más que sus propias bocas, no hacían falta palabras para comprenderse y nunca antes había tenido una conexión así con nadie más que ella. Abrió su boca, feliz por el gesto. Estaba lejos de terminar, se le había hecho demasiado corto, y no le importaba una segunda ronda.


Se separó unos segundos, intentando volver a respirar, sin dejar de ver a la mujer, con la sensación eléctrica ascendiéndole por toda la espalda. Sus suspiros eran fabulosos, la forma en la que lo observaba, devorándolo con la mirada. —Mi amor... — Suspiró, apenas con la voz entrecortada, tratando de calmar el corazón que volvía a acelerarse, hambriento y sediento por más. —Un momento... Solo... Un momento... O no garantizo que pueda controlarme otra vez. — Separó las manos de las suyas, sin agresividad, más bien de forma suave y cálida, sosteniendo a la mujer de los glúteos para elevarla de la mesa. Más tarde ya se molestaría en limpiar, eso ahora le era irrelevante. La cargó, volviendo a besarla, caminando de espaldas para que, en caso de chocarse con algo, fuera él quien lo hiciera, y no ella, guiándola hasta el dormitorio.

Los pasos eran lentos al tratar de recordar el camino, evitando cualquier cosa, guiándose de su tacto al tocar los marcos o viendo algunos muebles para alcanzar la habitación, al fin, y sentarse con ella encima. Terminó de retirarse la ropa interior, la única prenda que hasta entonces había seguido apegada a su cuerpo, ahora elevando sus manos hasta la espalda de la mujer, acariciándola como algo precioso, no queriendo que ella apartara sus brazos de él. El calor ascendía de nuevo. Se separó de nuevo, tumbándose con ella encima, abrazándola por la cintura. Maldita sea, volvía a estar más duro que una piedra otra vez... pero no quería que, después de tanto tiempo, ella se viera forzada, no quería agotarla. Elevó su diestra, acariciando su mejilla, contemplándola directamente. 

—¿Puedes ir por una segunda ronda, o quieres descansar un poco?

También estaba la opción de probar en el baño, ducharse juntos... La sola idea le erizaba los pelos en excitación. Su mano descendió, apretando uno de sus glúteos, apretándola hacia sí mismo. —No me importa esperar un poco más si lo necesitas... — Aunque en realidad la deseaba toda la condenada noche, aprovechar esos dos años de ausencia en los que tanto había pensado en ella, todos los días. Volvió a besarla, con fogosidad, hambre, sus manos apretándola hacia sí, sus caderas moviéndose solo para rozar su sexo, especialmente el botón inferior, temblando y ansioso.
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#18
¿De donde venía tanta energía? No solo lo preguntaba por el hombre pero por mi misma, al sentir como me levantaba de la mesa, me sostuve de su cuello, correspondiendo al beso con un poco más de ímpetu y pequeñas respiraciones en las que apenas lograba separarme un poco para retomar la respiración y continuar besándolo. La verdad es que no tenía un momento y sabía que el hombre tampoco, podía sentir su desesperación en el lento caminar de espaldas hasta llegar a aquella habitación, exactamente igual que la mía en la casa que me habían prestado.
 
Me senté encima suyo, aprovechando la corta distancia para dejar mi mano sobre su mejilla y subir hasta la cicatriz que tenía en la frente, acariciándola con dulzura mientras bajaba la mirada, mis cabellos cubriendo para de mi rostro, casi alcanzando la piel de su pecho desnudo. —¿Quién crees que soy? Creer que no puedo una segunda ronda…— Estaba cansada, probablemente el hombre podía verlo con facilidad pero claramente no me negaría a estar con el otra vez y aunque parecía paciente y considerado sus acciones me indicaban completamente lo contrario.
 
Podía sentir el calor de su intimidad, una vez más estaba tan excitado como yo, provocando que mi mirada se oscureciera mientras bajaba mi mano una vez más, de su cicatriz a sus labios, acariciando el inferior con tentadora suavidad. —Creo que si te importa… a mi también me importa ¿Me entiendes? —Moví mis caderas sobre su intimidad para logra un roce más profundo, sintiendo mi cuerpo temblar, mordiendo mi labio inferior casi perdiendo la cordura. —Eres tan lindo… ¿sabes? No he podido evitar pensar, han sido dos largos años, supongo que has tenido que… liberarte un poco. No estoy celosa, en verdad solo quiero saber. — Era una pregunta honesta ¿Cómo podría ser celosa? Sé que soy lo mejor que le ha pasado en la vida.
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#19
Cerró los ojos, sintiendo el gusto de sentir su tacto en su propia cicatriz. Nadie más que ella había tenido la fortuna de tocarlo así, ni mucho menos en esa zona. Lo había extrañado, más de lo que existía en su mente. La sensación de su tacto, la calma que le profesaba... Disfrutaba de todo lo que tuviera que ver solo y exclusivamente con Tezca. Esos dos largos y condenados años habían sido una tortura para él... Demasiado.

—Te he extrañado tanto... tantísimo...

Abrió lentamente los ojos de nuevo, buscando entre el cabello la expresión de la mujer. Pudo percibir, en su mirada, pese a las palabras, su cansancio. No planeaba agotarla así el primer día de su reencuentro íntimo, todavía les quedaba más tiempo, tenían más tiempo... Frenó, al menos para dejarla descansar, que respirase, aunque fueran unos minutos, pese a que su erección ya estaba ansioso. Así podría ponerse a buscar un preservativo, buscarlo y no correr más riesgos de los que ya de por sí había tenido. Por una vez no iba a pasar nada... ¿verdad? Era la primera vez que lo había hecho con una mujer sin protección, debía tener más cuidado la próxima vez.

Jadeaba tratando de mantener la calma, controlarse, pero dejando que se quedara sentada sobre él. Una pequeña charla, sí, quizás eso serviría como excusa. No quería que la mujer forzara su cuerpo o arriesgara su salud solo por sus propios caprichos. Ella era más importante que el acto de poseerla. —Como te he dicho, puedo esperar un poco más. Creo que no me vendrá mal un poco de agua. ¿Qué me dices? — Una pequeña excusa, no para alejarla, aunque no lo deseaba, sino como método para tomarse ese descanso que la mujer merecía.

Su tacto sobre sus labios no lo estaba ayudando especialmente. Palpó la cama, mientras su otra mano mantenía su cercanía con el toque en la espalda desnuda de la mujer. Las palabras que prosiguieron sí que lo hicieron lograr controlarse un poco más. Trató de frenar sus movimientos, pero no de golpe, sino de forma progresiva, desacelerando un poco. No iba a engañarla, sería traicionarla. Se abrazó a ella, con firmeza, hundiendo su rostro entre los senos de la mujer. Su silencio fue más prolongado, tratando de suavizar sus palabras, terminando por abrir sus ojos y elevar su cabeza en dirección a su amada, acercando sus labios, en un corto beso, para así aliviar un poco la conversación y profesarle el amor que solo sentía por ella, hablando cerca de sus labios.

—Sí, lo hice.

No iba a adornar la excusa en que “no era oficial” lo suyo no lo iba a hacer, lo mejor era ser sincero y directo con ella. Por eso, las palabras que prosiguieron fueron igual de sinceras. —Pero ahora, no siento ganas de tocar a nadie más que tú... Aunque tenga que aliviarme yo solo, lo haré. — Incluso si su mano terminaba doliendo, no le importaba. Si volvía a alguien más, de repente, sentía que solo la traicionaría, incluso si ambos llegaron a un acuerdo. Volvió a besarla, un poco más sincero. Si ella sabía que su corazón le pertenecía, era suficiente. Tampoco parecía molesta. —Pero sí que lo he hecho mucho menos de lo que lo hacía cuando te conocí. — Prácticamente eran varias veces a la semana antes de conocer a Tezca, pero desde que le conoció, eso sí se había reducido considerablemente. La tumbó, con cuidado y cariño, a un lado de la cama, apoyando su mano en su rostro, todavía con su “pequeño Jin” felizmente despierto, para besarla. —¿Y tú? ¿También te... liberaste? No me pondré celoso, lo prometo. — No mentía, después de todo, ambos habían acordado tener esa libertad durante esa larga distancia y temporada. De hecho, no lo había siquiera hecho con tanta intensidad como lo acababa de hacer tampoco con nadie. Besó su frente, con cuidado, para incorporarse si le había respondido. —Voy por agua, tengo sed. Te traeré también a ti. — Y así lo hizo, se puso en pie, yendo a por algo de agua fresca que había en la nevera, trayendo una botella y regresando con ella sin consumir, primero entregándoselo a la mujer, luego besándola de nuevo con cariño al sentarse a su lado. —¿Has pensado mucho en mí estos dos años? Hay tantas cosas que me gustaría saber de todo el tiempo que hemos estado separados... — ¿Qué tanto había visitado? ¿Qué tanto habría pensado en él? ¿Sería tanto como él a ella? También el deseo de que lo acompañara en su viaje, pero eso era algo que no se atrevió a cuestionar, ella era libre de elegir lo que quisiera, aunque fuera de nuevo volver a separarse. Su amor no cambiaría por volver a tener esa distancia.
[Imagen: bTjgVIr.png]
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#20
¿Agua? ¿En este momento? Simplemente asentí, los suaves movimientos del hombre estaban provocando que poco a poco sintiera la pesadez del cansancio, sentada encima suyo disfrutando de la dulce cercanía. Ah, si tan solo pudiéramos quedarnos así por mucho más tiempo, su abrazo parecía tomarme por sorpresa, correspondiéndolo casi de inmediato mientras se ocultaba en mis senos y ese simple hecho ya me había dado la respuesta, aunque la otra no tardó en llegar.
 
En parte lo suponía, mucho tiempo y mucha distancia, no esperaba que me guardara como su último recuerdo encantado esperando al amor de su vida. Era un hombre, un hombre con necesidad, por no decir el hombre más… voy a dejar ahí. Conocía al hombre frente a mí con la confirmación sobre sus labios y la explicación siguiente que aunque me enternecía simplemente era un burdo intento de sufrimiento por el que el hombre no tenía que pasar. —Honestamente me da igual… ¿Me entiendes? Al final volverás a mí, soy lo más importante que tienes así que tus pequeños deslices en realidad pueden tenerme sin cuidado. Si sientes la necesidad solo hazlo, no tienes que darme explicaciones. — Sentí como me tumbaba en la cama con cuidado, simplemente subiendo la mano para acariciar su pecho desnudo con ternura. —No… Al menos no recuerdo haberme acostado con alguien recientemente. — Recordaba algunos besos necesarios y coqueteo para lograr que algunos tratos logren cerrarse más rápido, recordaba lo dispuesta que estaba a complacer a Madame Rosier por la información que tenía y sin embargo… No tuve que llegar a nada de eso.
 
La voz del hombre me hizo regresar al momento y no dije nada más, mirando a la pequeña mesa de noche que tenía al costado mientras lo esperaba, cuando regresó me senté, reincorporándome a un costado de la cama mientras tomaba un sorbo del agua antes de regresársela. —No ha pasado tanto desde que hablamos por teléfono… He estado descansando un poco de los negocios del south blue e intentando hacer nuevos contactos por estos mares. Tú también has estado ocupado ¿No? Escuché que… Tuviste un percance con el capitán de los piratas de la sepultura ¿Te quitó los pantalones? — Lo mire ligeramente confundida, bajando las caricias a su torso bajando y subiendo la mano por todo su abdomen, disfrutando de su cuerpo.
 
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