Déjà Vu | P.R. | Social
#11
El plan de Kibai me parecía poco creíble, eso de detectar olores casi imperceptibles sonaba bastante improbable, aunque después de pensarlo un poco, me pregunté si no tendría algo que ver con las habilidades propias de su naturaleza felina. Con cierta incredulidad, asentí ante cada uno de los pasos que me explicó, dispuesta a seguir sus indicaciones pese a mis dudas.

Mientras observaba por un momento el caudal de nubes que se extendía en la zona lateral del camino, mi atención regresó a sus maniobras. El mink utilizaba algunas lianas a modo de cuerda y, una vez preparas, comenzó a probar su resistencias, sometiéndolas a distintas presiones y tiradores para asegurarse que no se romperían por ningún motivo, poco después, empezó a darme algunas recomendaciones de seguridad, su tono de voz se volvió más seria haciendo que mis ojos azules abandonaran los bigotes que se movían al compás de sus palabras para fijarse en sus ojos esmeralda.

Le sonreí cordialmente mientras me hablaba sobre la importancia de confiar el uno en el otro, por lo que asentí con la cabeza para hacerle saber que comprendía perfectamente a qué se refería, confiaría sin importar lo que pasara, seguiría sus instrucciones pase lo que pase.

Kibai se acercó ahora para comenzar a sujetarme con las lianas, trazando nudos en determinados puntos de mi cuerpo, y a medida que sus manos se desplazaban para acomordarlas, hubo ciertas zonas en las que el contacto me provocó pequeños escalofríos. No dije nada al respecto, aunque no pude evitar ponerme cada vez más nerviosa mientras aguardaba pacientemente a que terminara de asegurar las cuerdas.

Mi nerviosismo pasó a la historia cuando vi cómo sus garras rasgaban su propia piel, abrí los ojos con preocupación, ¿por qué estaba haciéndose daño?, estuve a punto de recriminarle pero antes de que pudiera pronunciar alguna palabras, las almohadillas de sus manos pasaron fugazmente por mi rostro, cuello y brazos. — ¿Qué haces? — pregunté con una mezcla de preocupación e incomodidad al sentir que me estaba manchando con su sangre.

No obstante, cuando me explicó el motivo, comprendí que aquello formaba parte de su plan, del cuál ahora deo simular ser un animal herido para atraer a los peces, cosa que me pareció algo extraño puesto que cuando yo pescaba no acostumbraba a utilizar seres vivos como carnada, siempre he preferido recurrir a las frutas, así que la idea de emplear sangre para despertar el instinto de caza de otras criaturas me resultaba algo poco común, supongo que Kibai se regía por una lógica diferente, una en la que prevalecía la ley del más apto.

Antes de que pudiera seguir reflexionando respecto al tema, lo vi inclinar el cuerpo hacia adelante por lo que seguí sus movimientos con cierta curiosidad, hasta que sentí uno de sus brazos deslizarse por detrás de mis rodillas, y en un instante, mis pies dejaron de tocar el suelo y por puro instinto busqué dónde sujetarme, aferrándome a sus hombros para no perder el equilibrio, mi cuerpo se tensó acto seguido ante repentina cercanía y, una vez más, los nervios comenzaron a florecer internamente. Mientras el joven marine avanzaban en dirección al caudal de las nubes, mi atención permaneció fija en su rostro con atención a sus palabras. Su próxima declaratoria logró sorprenderme por completo, necesité unos segundos para procesar sus palabras en el cual me comparaba con un cebo de pesca, acto seguido solté de mis labios una pequeña sonrisa. — ¿Cuándo ha sido lindo usar carnada viva? — le cuestioné, siguiendo el tono divertido de su comentario.

Y lo que pensé sería imposible… fue concedido, su mejilla rozó contra la mía en pequeñas muestras de mimos, y en ese preciso momento, ese perfecto momento, mi corazón se derritió por completo.

La sensación me resultó tan agradable a la piel, tanto que sin pensarlo levanté una mano y la apoyé sobre su cabeza, acariciando distraídamente el pelaje que se extendía entre sus orejas. Mis dedos terminaron rozando la oreja izquierda de él, descubriendo una textura tan suave y esponjosa, ¡Finalmente había conseguido acariciar al mink de piel de leopardo!

¿Qué más podía pedir?
“Ahora, buena suerte!”

— ¿Eeeh…? — murmuré, saliendo de mi pequeño trance al escuchar sus palabras, no tuve tiempo de preguntar a que se refería por qué de pronto sentí cómo me sujetaba con mayor firmeza y al instante siguiente, un poderoso impulso me separó de sus brazos y de tal cariñoso afecto.

¡¿Estaba volando?! mi cuerpo salió disparado por los aires y, sin saber cómo reaccionar, me encogí sobre mí misma mientras el viento revolvía mi cabello naranja, frente a mí se extendía aquella inmensa cama de nubes, tan blanca, pero tuve miedo de encontrarme con algo rígido al final de su interior, y durante esa trayectoria… grité con todas mis fuerzas hasta quedar sin aire en mis pulmones.

—- ¡¡¡ AAAAAAAaaaaaaAAAAAAAaaaAAHHHHhhhhhHHH!! ESTO NO ES DIVERTIDOOOOOOO, KIIIIIBAAAAIIIIII

Y trás aquello, me hundí… cada vez más y más, caí profundamente en aquella blancura que parecía no tener fin, a mi alrededor todo se volvió en una extensión pálida y difusa, sin referencias claras de nada… sentí que estaba en unas de mis pesadillas blancas, y caí en el temor de estar en una de ellas.

Descendía, cada vez más… y más….
Paralizada, no escuché nada más.
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
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