La verdadera incomodidad y repugnancia se pudo reflejar en el rostro de Aspros cuando Garnet hizo una desafortunada referencia a poner encima la tercera antena del skypiean, pero nada tenía que ver cuando la nueva sensación del Distrito del Placer comparó la proeza del okama con la hazaña que realizó el músico al ejercer el acto sexual con una entidad cibernética con skin de primate sobre-musculado. Incluso se atrevió a dudar sobre al veracidad del peso de Pretty, aludiendo que lo único que podía pesar de esa manera era el culo de Triana. En esos momentos, Garnet se mordió el labio inferior, mientras llevaba sus pupilas hacia el cielo de su cabeza. - Y vaya buyate... - No podía dejar de pensar en la última edición del periódico, en la que favorecían de sobremanera el trasero de la vicecapitana gracias a la excelente perspectiva que se habían labrado los periodistas... Así sí, Intha, así sí.
Y sin embargo, Aspros no conocería el verdadero terror hasta conocer cuál sería su "castigo" si era el perdedor del duelo y es que, ser maquillado por Jolyne, cuando uno tenía tanto amor y orgullo por uno mismo, era casi peor que sufrir una pena de muerte. El pelirrojo no podía sino observar con sumo regocijo el rostro de espanto de la antigua reina de Kamabakka. Su sonrisa socarrona y ladeada no hacía otra cosa que crecer y crecer.
Tras estar algunos segundos con el mental por los suelos, el timonel de los Alas Negras recobró la compostura, recolocándose la - prácticamente - única prenda que llevaba encima, mostrándose con esa actitud tan orgullosa que tanto le caracteriza. Con ello, aceptó el duelo, con las consecuencias que aquello acarreaba, dándose por claro vencedor al comunicarle a Garnet que se fuera preparando para vestir camisa y pantalón. - ¡Más quisieras! Antes de cubrir mi cuerpo de escándalo de ropa, el menda se viste de marine, ¿es o no es? - declaró, exhalando aire a presión por la nariz, mientras llevaba su diestra hacia el cuerpo de su guitarra, al mismo tiempo que su siniestra empuñaba ya con fuerza el mástil de Sabertones.
Al escuchar como Aspros le cedía el honor de empezar con el duelo, Garnet sonrió, semiflexionando sus piernas, bajando su centro de gravedad, a la vez que inclinaba ligeramente su cuerpo hacia delante.- Al loro, colegui, ¡vas a ver que mi música puede hablar incluso sin palabras de por medio! ¿Es o no es? - afirmó, dando un ligero hacia atrás, para mantener una separación de unos cinco metros con respecto a su amigo momento en el que, al aterrizar, deslizó su mano derecha a través de las cuerdas de su querido instrumento, emitiendo así los primeros acordes de su solo. Con sus ojos anclados en su guitarra, el show empezaba.
Dejando que la primera nota reverberaba sobre el ambiente en cuestión de casi diez segundos - como una especie de anuncio de que el duelo daba al fin comienzo -, los virtuosos dedos de Garnet comenzaron a moverse y posarse con gran velocidad y precisión en cada una de las cuerdas de Sabertones, produciendo así un sinfín de notas, que conformaban un intenso y frenético solo de guitarra, que el pelirrojo acompañaba zarandeando el tren superior de su cuerpo hacia atrás, haciendo que su rojizo cabello se meciera con violencia, mas con elegancia, de manera rítmica. Su cuerpo se detuvo de forma abrupta, al desplazar su diestra hacia abajo con agresividad, tocando todas la cuerdas y produciendo una segunda reverberación que el músico dejaría que se extendiera durante otros seis segundos. Tras eso, nuevamente, volvería a tocar a toda velocidad una serie de notas intimidantes que serían igual o incluso más feroces que la primera parte de su solo. Pero eso sólo era un simple tentempié.
Una vez que culminó con aquella parte de su tonada, con todas las cuerdas de Sabertones aún vibrando, Garnet posó los dedos de su mano derecha sobre la parte más cercana al mástil, en cada una de las cuerdas, momento en el que empezó a desplazar con soltura dicha mano hacia el cuerpo de la guitarra, alternando dichos movimientos con la activación de la palanca de vibrato. Tocando en ese momento su instrumento con su siniestra, el músico produjo que la melodía se distorsionara de sobremanera, hasta el punto de que parecía que la propia guitarra era capaz de hablar por su cuenta. - *Aspros... Bzzzz... Prepárate... Bzzz... Para... Bzzzz... Morder... Bzzz... El polvo...* - Se podía escuchar con claridad si se prestaba la suficiente atención mientras que el pelirrojo se mantenía callado, ahora con su mirada fijada en su rival.
Tras aquella ruidosa declaración de intenciones, Garnet apartó ambas manos tanto de las cuerdas como de la palanca de Sabertones, dejando que ahora la melodía vibrara en una última nota plana pero intensa, que terminó de reverberar en los confines del escenario del Solar Karma. Una vez que el sonido se desvaneció al completo, el pelirrojo puso un rostro extasiado, emplazando su lengua hacia fuera de su boca.- Para ser un calentamiento, ha sido la polla... - alabó su propia música, agitando su cabeza hacia los lados, para quitarse el éxtasis de su faz.- Dale, colegui, es tu turno, ¡enséñale al menda que eres capaz de hacer! ¿Es o no es? - indicó al duelista, extendiendo su brazo derecho hacia él, moviendo todos sus dedos desde delante hacia atrás. Le estaba diciendo de manera silenciosa "ven, aquí te estoy esperando".
Tuve que contener un amago de mueca al ver a Garnet responder con esa chulería de Skypiean nudista. —«¡Antes de cubrir mi cuerpo de escándalo de ropa, el menda se viste de marine!»— chilló. Rodé los ojos hacia el cielo. Un marine en tanga de cebra, lo que le faltaba a la Marina para terminar de perder el poco respeto que les quedaba.
Pero no tuve tiempo de soltar otra de mis réplicas venenosas, puesto que Garnet decidió que era hora de hablar con música; y, marica, vaya si habló.
El primer acorde retumbó en la madera de la cubierta, una reverberación pesada y eléctrica que hizo vibrar las suelas de mis pies. Luego vino la tormenta. Sus dedos volaron sobre el mástil con una velocidad diabólica, sacando chispas al aire mientras sacudía esa melena pelirroja con un ritmo salvaje, casi primitivo. No pude evitar alzar una ceja, impresionado a mi pesar. Tenía técnica, el condenado. Tenía rabia, potencia y esa energía caótica que tanto gustaba a la plebe.
Usando la palanca de vibrato y distorsionando las cuerdas con maña, logró que el metal chirriara modulando un mensaje casi inteligible: «Aspros... prepárate... para... morder... el... polvo».
El sonido se apagó en una última nota plana que murió lentamente en la brisa de la tarde. Garnet se quedó ahí, sacando la lengua con rostro de puro éxtasis, ufano de su hazaña, antes de hacerme ese disimulado gesto con los dedos invitándome al escenario. «Ven, aquí te estoy esperando». Sonreí.
—UUUUHUHUHU... Muy bonito, marichocho. Muy escandaloso, muy ruidoso, muy... masculino —solté, mientras daba un par de pasos lentos sobre el escenario—. Un despliegue de ruido digno de un taller de mecánica...
Me detuve a escasos tres metros de él. Deslicé lentamente los dedos por el marco de mis gafas de sol blancas, quitándomelas de la cabeza con un ademán teatral y dejándolas enganchadas en uno de los pliegues de mi pareo. Ladeé la cabeza, clavando mis ojos en los suyos.
—El verdadero arte no busca dejar sordo a nadie, marichocho.
Me deslicé por la madera hasta ponerme en el centro del escenario y, con un giro seco sobre los talones, me clavé en una postura imposible: la pierna derecha alzada en un ángulo inverosímil hacia el cielo, una mano en la cadera y la otra tapándome medio rostro con los dedos abiertos de par en par. La brisa hizo flamear mi pareo floral como si tuviera vida propia. No me hacía falta ninguna guitarra de madera ni cables. Mi presencia era más que suficiente.
Inspiré hondo y dejé brotar la primera nota de mi garganta. Era una melodía dulce, limpia y sumamente cautivadora, que ascendió con ligereza en un falsete impecable. Con cada cambio de compás, encadenaba una pose más extravagante que la anterior, flexionando la espalda hasta tocar casi el suelo o estirando los brazos hacia los lados como si bailase sobre una pasarela invisible. La melodía fluía de forma hipnótica, un canto de reina sirena pulido en los mejores escenarios de Kamabakka que envolvía la cubierta por completo.
Culminé la actuación con una pirueta rápida en el aire, cayendo suavemente sobre una rodilla y extendiendo una mano hacia el cielo mientras sostenía un agudo perfecto, vibrante y cristalino que resonó contra la madera del Solar Karma.
Dejé que el último eco se disipase en el aire primaveral antes de ponerme en pie de un salto, recolocándome el cabello con total naturalidad, como si no me hubiera despeinado en absoluto.
—Eso, mi estimado pelirrojo, es arte.
❝
¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
El alma rugiente e indomable de Garnet resonó por la cubierta del Solar Karma, invitando a la reina okama a seguir con el duelo una vez que el pelirrojo acabó lo que él denominaba como un "calentamiento". Aspros, ante el despliegue artístico del músico y de su declaración de intenciones, comenzó a reírse y a alabar - aunque con ciertos tonos sarcásticos - la actuación del pervertido del tanga, mientras caminaba paulatinamente sobre el escenario. Terminó por comparar su música con el ruido de un taller de mecánica. Garnet se dedicó a chasquear la lengua ante sus pérfidas acusaciones, llevando su diestra hacia su barba para comenzar a rascársela.- Ni te rayes colegui, la miel no está hecha para el pico de un cisne, ¿es o no es? - contestó, con el ceño ligeramente fruncido, sonriendo y con un tono lleno de sorna.
Una vez que anduvo hasta estar a una distancia de tres metros, el timonel que haría surcar al Solar Karma hacia nuevos horizontes, se desprendió de sus gafas, para depositarlas en uno de los pliegues de su pareo, todo con un dramatismo que le caracterizaba a la perfección. Y una vez que fijó su mirada en los orbes esmeralda de la sensación del Distrito del Placer, quiso afirmar que el verdadero arte no trataba de dejar a su público sin capacidad auditiva. - Al loro, colegui... Si el día de después de una fiesta no has terminado con los oídos hecho mierda... ¡Déjale al menda decirte que eso no era una buena fiesta! - respondía el pelirrojo, mientras paseaba su mano derecha por su larga cabellera, comenzando a introducir su mano desde la propia raíz.
En ese momento, y tras colocarse en el centro del escenario, Aspros comenzó a adoptar una pose de lo más extravagante, alzando su pierna derecha hacia el cielo, en un ángulo que parecía imposible de realizar.- Vaya flexibilidad loco... Más que un cisne parece un gato... - Alucinaba Garnet ante lo que podía hacer el cuerpo de su amigo. Con una mano suya sobre su cadera y la otra tapándole la mitad de su rostro, una ligera corriente de aire marina comenzó a soplar, haciendo que la prenda de Aspros comenzara a moverse y fluir elegantemente. Y entonces, el arte, la música y la magia llegó.
Aspros se dispuso a cantar, aún manteniendo aquella pose, emitiendo una melodía que embriagaba a los oídos.- Pero qué coño. - Garnet estaba atónito ante lo que estaba presenciando, teniendo que desviar su mirada por un segundo hacia uno de sus brazos, observando como el vello se le encrespaba.- Y una polla como una olla. - se repetía a sí mismo, volviendo a dirigir su mirada hacia el artífice de aquella obra de arte. Era como si estuviera frente a una prima donna, o frente a una de las sirenas que habría esperado ver cuando bajaron a la Isla Gyojin. Cada nota y cada movimiento corporal era hipnótico y hermoso. Su puesta en escena y función cerraría magistralmente con un salto y pirueta que le haría aterrizar en al cubierta en una de sus rodillas, entonando una nota aguda que reverberaba por la madera de todo el barco. Terminó por declarar que, aquello, era arte.
Ante aquel espectáculo, Garnet se quedó en silencio durante un par de segundos. No sabía que decir, el asombro le había comido la lengua al gato, literalmente. Ante aquella tesitura, el skypiean zarandeó su cabeza hacia los lados para aclararse las ideas, tras lo cuál, miró con cierto orgullo a Aspros.- No... No ha estado nada mal la verdad, me puedo coscar de por qué pudiste barrer con ese vicealcaide de Incel Dawn. - respondió, mientras llevaba su meñique derecho hacia su oído derecho, hurgando en él de forma reiterada. Quería quitarle hierro, importancia y peso a lo que podría haber sido una de las mejores actuaciones artísticas que había visto en su vida. - Esto va a ser más chungo de lo que el menda pensó en un principio... - Ciertamente, aquel despliegue audiovisual le había roto los esquemas. Y no quería hacer uso todavía de algunos de sus temas. No aún, al menos.
- Muy bien... - Extrajo el meñique de su oído, sacando una pequeña bola de cera. Extendió el dedo, hasta acercárselo a la boca y, soplando fuertemente, proyectó la diminuta esfera hacia el infinito y más allá. - Ahora el menda te va a enseñar que no todo lo que toca Sabertones es "ruido de taller", ¿es o no es? - Agitaba su mano derecha, buscando desprenderse de cualquier pequeño rastro de cera de su dedo, llevando su diestra hacia las cuerdas de su guitarra una vez se había cerciorado de que su mano estaba limpia. Cogió aire y, sorprendentemente, Garnet mantuvo los ojos cerrado, adoptando una actitud relajada y serena.
En respuesta a toda la actuación de Aspros, sin abrir los ojos, y manteniéndose impertérrito, el músico comenzó a tocar una melodía lenta, pero a la par de intensa y compleja, requiriendo de un rápido juego de manos y dedos para poder llegar bien a todas las notas que componían aquella especie de preludio. Conforme la melodía fluía a través de Sabertones, el pelirrojo se cercioraba de que casaba bastante bien con el show que Aspros había hecho gala hace momentos. Ciertamente aquella combinación habría sido algo inolvidable para muchos.
- Hora de ir soltando a la bestia, ¿es o no es? - Pensaba, un minuto aproximadamente después de que comenzara a tocar, momento en el que Garnet abrió los ojos de manera abrupta, transformándose en su forma híbrida - adoptando una altura, tamaño y complexión mayor -, al mismo tiempo que cambiaba por completo el ritmo y tono de su melodía, pasando a entonar una más frenética y agresiva, que invitaba a que todo aquel que la escuchara, quisiera sacar todas sus fuerzas y dar lo mejor de sí. Luchar con toda su voluntad por todo aquello por lo que merecía la pena luchar. Un sueño. Durante su actuación, Garnet hizo gala de algunos pasos prohibidos que tenía, como ponerle el culo en pompa a Aspros, meneándolo con picardía, o también situar su guitarra a sus espaldas sin dejar de tocar ni disminuir el ritmo, dejando claro que no le hacía falta ver para poder tocar correctamente la música que tanto amaba.
Minutos después de pasión y amor por la música desenfrenado, Garnet terminó de tocar la tonada, mostrándose incluso más extasiado que cuando hizo gala de tocar su primera pieza. Quería seguir con el desafío y mostrar que era mejor pero, en su interior, sentía como su pecho ardía de emoción y diversión, además de no poder evitar apartar esa estúpida sonrisa de su cara. - ¡Aspros! - exclamó el nombre del artista, con efusividad. - ¿No es la música algo increíble o qué? - preguntaba, con una emoción y amor que hacía que nunca quisiera dejar de tocar. - ¡Sigámonos divirtiéndonos! ¿Es o no es? -
INFO
AKUMA
Hago uso de la forma híbrida de mi akuma no mi.
Neko Neko no mi: Modelo Dientes de Sable
Zoan Prehistórica
3
La Neko Neko no mi: Modelo Dientes de Sable es una fruta del diablo que permite a su consumidor transformarse parcial o completamente en un dientes de sable.
Especificaciones
El dientes de sable en su forma completa mide dos metros y medio de largo y sesenta centímetros de ancho, alzándose un total de un metro del suelo. Tiene dos grandes colmillos de veinte centímetros de largo. Su peso será de cien kilos. En forma híbrida el usuario camina a dos patas, ve incrementada su altura un 50% más y aumentará su peso en un 50% de su peso habitual. La parte superior de su cabeza, hasta la nariz (incluida), será sustituida por la forma del animal, cambiando su morfología y sustituyendo su piel por la de un dientes de sable a excepción de la mandíbula inferior y la boca, el pecho y el vientre. De su mandíbula superior brotarán dos grandes colmillos de 1/10 del tamaño total de la transformación. Así mismo obtendrá uñas afiladas en todos los dedos. Le brotará una cola con una longitud igual a 1/2 de la altura total del usuario.
Se tarda un turno completo en cambiar de una forma a otra, a menos que se tenga 155 puntos en CA, cuando se puede realizar una transformación inmediata. Nunca se puede usar la transformación para esquivar un ataque de forma pasiva solo por haber cambiado de tamaño. Para la transformación híbrida se necesitan 50 CA y para la completa 100 CA. La transformación cuesta 70 de energía y después, 20 de energía por turno.
Control de Akuma: 50 CA: Híbrida 135 CA: Completa 155 CA: Transformación inmediata
Ventajas: Te otorga 3 habilidades raciales y un bono mientras estés en forma híbrida de +30 a la agilidad, +15 a la fuerza y +10 a la resistencia.
Debilidades: Las habituales en las akuma no mi.
Código: sable
TECNICA
Hago uso de la siguiente técnica al tocar mi melodía.
Heavy Soul
Propio
7
Información
Requisitos: Animador 1 | Instrumento Musical
Daño: No tiene
Coste: 1.236 de Energía
Efecto:
Los afectados ganan en su siguiente golpe 150 de daño. Aplica efecto Coraje durante 3 turnos.
Enfriamiento:
Cuatro turnos
Garnet hace gala de sus habilidades como músico para tocar una intensa melodía que brinda de gran valor los espíritus de los que la escuchen a 50 metros alrededor de él, haciendo que, además, pongan todo su coraje en el siguiente ataque que realicen.
Tuve que morderme la lengua cuando el pelirrojo, con toda la parsimonia del mundo, procedió a limpiarse la cera del oído y soplarla al viento al final de mi actuación. Por un segundo casi vuelvo a colapsar, abanicándome con fuerza con la diestra para calmar aquel iroso calor que ascendía por mi rostro ante tal descaro. No obstante, sabía que lo había dejado helado con mi número, por mucho que intentara disimularlo.
Lejos de amedrentarse, Garnet arrancó con un preludio dramático de guitarra, pero la verdadera locura vino cuando al muy salvaje le dio por transformarse en medio de la actuación en su forma híbrida. De golpe, el tipo del tanga de cebra era el doble de grande, con unos brazacos enormes y más pelo que Jolyne en invierno.
Su guitarra comenzó a rugir a un ritmo endiablado, sacando notas a toda velocidad como si estuviera dando zarpazos al aire. El retumbo hacía vibrar el aire alrededor y te metía ese ritmo electrizante en el cuerpo. Había que reconocerlo: hacer sonar esa chatarra con tanta potencia y tanto estilo tenía su mérito; el chulo tenía talento, las cosas como son.
Incluso cuando tuvo la desfachatez de ponerse en pompa a escasos centímetros de mí y menear el trasero mientras tocaba la guitarra por la espalda, no pude evitar soltar una risita entre dientes.
—¡Agh, aparta ese trasero peludo de mí, marichocho! —protesté con sorna, dando un pasito hacia atrás mientras me tapaba la cara con la palma de mi mano zurda.
Cuando terminó, extasiado, sudoroso y gritando sobre lo increíble que era la música, no escatimé en mi reacción. Admito el talento venga de donde venga.
—Tengo que quitarme el sombrero... Esa guitarra suena divina en tus manos y la ejecución ha sido impecable —reconocí, dibujando una sonrisa afilada y llena de suficiencia—. Una absoluta maravilla para los oídos... Pero, bonito, esto sigue siendo un duelo de superestrellas. Y para ser el número uno no basta con un gran solo... ¡hace falta todo un show!
Dije aquello último dando tres chasquidos secos y sonoros con los dedos.
—¡Chicos! ¡A vuestras posiciones! ¡El número uno! —grité en dirección a la playa.
En cuestión de segundos, el suelo empezó a retumbar con el impacto seco de decenas de tacones. De la costa emergieron una docena de los piratas expresidiarios de Impel Dawn que habíamos liberado. Tipos gigantescos, musculosos, cubiertos de cicatrices y con barba de varios días... pero vestidos con ceñidísimos monos negros ajustados y unos deslumbrantes tacones de aguja color rosa fucsia. Durante el viaje de vuelta, yo mismo me había encargado de adoctrinarlos en el noble arte del vogue y la alta costura.
Con una coordinación milimétrica, rozando lo militar, los criminales saltaron a la cubierta. Formaron una V perfecta detrás de mí, haciendo crujir las tablas con un taconazo al unísono y clavando la postura con los brazos en jarra.
—¡SÍ, MI REINA! —rugieron todos a la vez, con voces resacosas que imponían tanto respeto como desconcierto.
—¡Mirad y aprended, perras! —ladeé la cabeza y comencé a marcar el compás— Un, dos, tres, ¡SLAY!
A mi señal, comenzó la locura. Mis doce matones en monos negros y tacones ejecutaron la coreografía más agresiva, impecable y sincronizada que haya visto este océano: servían abanico, marcaban cadera, hacían vogue a gran velocidad y duckwalks perfectos sobre esos tacones de aguja, mientras yo caminaba por el centro de la formación como la reina absoluta que era, cantando y encabezando la marcha.— ¡Nails, hair, hips, heels!— Cada movimiento de mi ejército de bailarines reventaba la cubierta a base de taconazos y poses que desafiaban la lógica.
Terminamos el número con un clímax brutal: los doce prisioneros se abrieron de piernas en un drop simultáneo a mis espaldas, mientras yo me elevaba apoyando los pies sobre la espalda de dos de ellos, erguido, con los brazos abiertos hacia el cielo y una pose digna de una diosa. Los hombres, jadeando por el esfuerzo, mantuvieron la pose final sin parpadear. Me deslicé al suelo con gracilidad, me acomodé el pareo y miré a Garnet, que seguía en su imponente forma híbrida, con las manos en la cintura y la mirada bien en alto.
— ¡Tu turno, marichocho! ¿Qué tienes para mí?
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
Después de que Garnet volviera a hacer gala de su increíble talento - y, por supuesto, dulce trasero, causando que el propio Aspros le implorara que se alejara de él -, el rey de corazones, con una sonrisa afilada capaz de cortar hasta un trozo de mantequilla recién sacado del congelador, alabó el espectáculo y despliegue artístico del pelirrojo, quien ahora sonreía con absoluta confianza. Ciertamente había arrasado con el escenario tras haber hecho rugir de esa manera tanto su guitarra como su alma.
Sin embargo, Aspros no se quedó allí, sino que declaró que, en un duelo entre superestrellas, hacía falta algo más que un mero solo.- ¿Huh? - emitió como un papagayo desconcertado, mientras observaba como comenzaba a chasquear los dedos de manera sonora, hasta tres veces, procediendo a gritar hacia la playa ciertas indicaciones. En ese momento, los ojos de Garnet se abrieron como platos.- Oye oye... No le digas al menda qué... - comentaba entre dientes.
Con suma curiosidad, los ojos del músico se desviaron y anclaron en la playa, observando como una docena de figuras se aproximaban hacia el Solar Karma, haciendo retumbar el suelo arenoso con el pisar.- Y una polla... - comenzó a decir, boquiabierto, conforme llegaba a distinguir a musculosos, aguerridos y varoniles expresidiarios, vestidos con un ajustadísimo mono negro, y desfilando de manera precisa y coordinada sobre sus pies con unos tacones de color fucsia.- ... Como una olla... - terminó de formular su frase, cerrando la boca de sopetón, al mismo tiempo que divisaba a los ángeles de Aspros aterrizar en cubierta, y dirigirse hacia el escenario hasta colocarse tras el timonel de los Alas Negras, en una perfecta "V". Honestamente, no podía dejar de sonreír, aquello que estaba observando, era la mismísima esencia de ser una superestrella.
Y tras un grito al unísono de los presos, y Aspros marcando el compás, la ambiciosa interpretación por parte de la artista mocatriz daría comienzo, causando que Garnet empezara a caminar lentamente, hacia uno de los bordes laterales del escenario, para dejarles paso a que comenzaran su función. Fue sencillamente hipnótico. Teniendo a Aspros en el mismo centro como la reina que era, encabezando toda la obra y marcha con sus llamativos y firmes pasos - además de su gloriosa voz -, los doces fugitivos en mono danzaban con agresividad, sensualidad y descaro, causando que el skypiean no pudiera desviar su mirada del escenario ni aunque quisiera.- ¿Cuándo ha preparado este show, huh? - se preguntaba el pelirrojo ante la completa sincronización que había en cada paso, cada nota y cada taconeo. No era algo que se pudiera conseguir de un día para otro.
Por si fuera poco, el número culminó con los doces prisioneros abriéndose de piernas en una coordinación milimétrica, haciendo que dos de ellos - los más cercanos a Aspros -, sirvieran de apoyo a la reina okama, quién se elevaba y erguía con los brazos alzados hacia el cielo, emulando una figura divina.- ¡Me cago en san Pito Puta! Es demasiado brillante... - pensaba con cierta exageración, mientras se tapaba parte de su rostro con su mano izquierda, como si estuviera recibiendo un haz de luz intenso.
Tras aquello, Aspros se deslizó hacia el suelo, con la misma gracilidad que un cisne, dejando claro que era el turno del pelirrojo. Ante aquella obra de arte, Garnet no pudo hacer otra cosa que aplaudir.- Me jode que te cagas, pero tú y tus coleguis os la habéis sacado, ¿es o no es? - Aplaudía el espectáculo que acababa de presenciar, mientras se acercaba al centro de escenario a paso lento.- Me has dejado en bolas, las cosas como son puejeje. - añadió, una vez que estaba a unos dos metros de Aspros.- Ahora bien... - Emitió una sonrisa socarrona.- Si crees que eres el único que no ha estado practicando con estos extras, ¡puajá! ¡Subestimas al menda! - exclamó, señalándose a sí mismo con su pulgar derecho, pasando a juntar la yema de dicho dedo con el índice de esa misma mano, formando una especie de "O". Tras eso, Garnet llevó ambos dedo a su boca, introduciéndolos y colocándolos junto a su lengua para, una vez expulsara la cantidad de aire, producir un estruendoso silbido que resonaría en todo el Solar Karma y en la zona de la costa más próxima al galeón.- ¡VAMOS PEÑUQUI TOSTADA! ¡QUÉ NO SE DIGA! - vociferó una vez que terminó de silbar y extrajo sus dedos de su boca.
Instantes después de que Garnet exclamara aquel grito al cielo, - y como si de alguna manera esto estuviera guionizado por una clase de dios omnisciente y omnipotente que lo único que quiere es darle el show y espectáculo que se merece a Aspros -, desde la playa surgieron otras doce figuras que caminaban hacia el propio barco del Solar Karma. Diez musculosos y aceitosos hombres, acompañados de dos mujeres también musculadas y con una buena curvatura que caminaban de forma solemne, silenciosa y, ante todo, en ropa interior. Más concretamente, todos llevaban un tanga rojo, salgo las mujeres, que llevaban un trikini de ese mismo color. Uno de los hombres cargaba con una especie de pergamino enorme mientras que, el otro, lo hacía con lo que parecían ser dos focos, llevando uno en cada mano.
Con todo ello, las doce entidades subieron también a la cubierta del navío, aproximándose y dirigiéndose hacia el escenario, hasta que subieron en él.- ¿Estáis listos para enseñarles de que pasta estamos hecha, troncos? - preguntaba Garnet a los doce prisioneros. Intentaba no enfocarse demasiado en las dos mujeres en trikini para no perder la concentración. - ¡SÍ, GARNET-SAMA! - gritaron al unísono, haciendo que el pelirrojo sonriera mientras dirigía su mirada hacia Aspros.- ¡Cojonudo! ¡Al loro, colegui! Ahora verás de verdad como se las gasta el gran Garnet Matlock PUAJAJAJA - soltó una gran carcajada, mientras esperaba a que todos se pusieran a sus puestos. La verdadera función comenzaría ahora.
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AKUMA
Hago uso de la forma híbrida de mi akuma no mi.
Neko Neko no mi: Modelo Dientes de Sable
Zoan Prehistórica
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La Neko Neko no mi: Modelo Dientes de Sable es una fruta del diablo que permite a su consumidor transformarse parcial o completamente en un dientes de sable.
Especificaciones
El dientes de sable en su forma completa mide dos metros y medio de largo y sesenta centímetros de ancho, alzándose un total de un metro del suelo. Tiene dos grandes colmillos de veinte centímetros de largo. Su peso será de cien kilos. En forma híbrida el usuario camina a dos patas, ve incrementada su altura un 50% más y aumentará su peso en un 50% de su peso habitual. La parte superior de su cabeza, hasta la nariz (incluida), será sustituida por la forma del animal, cambiando su morfología y sustituyendo su piel por la de un dientes de sable a excepción de la mandíbula inferior y la boca, el pecho y el vientre. De su mandíbula superior brotarán dos grandes colmillos de 1/10 del tamaño total de la transformación. Así mismo obtendrá uñas afiladas en todos los dedos. Le brotará una cola con una longitud igual a 1/2 de la altura total del usuario.
Se tarda un turno completo en cambiar de una forma a otra, a menos que se tenga 155 puntos en CA, cuando se puede realizar una transformación inmediata. Nunca se puede usar la transformación para esquivar un ataque de forma pasiva solo por haber cambiado de tamaño. Para la transformación híbrida se necesitan 50 CA y para la completa 100 CA. La transformación cuesta 70 de energía y después, 20 de energía por turno.
Control de Akuma: 50 CA: Híbrida 135 CA: Completa 155 CA: Transformación inmediata
Ventajas: Te otorga 3 habilidades raciales y un bono mientras estés en forma híbrida de +30 a la agilidad, +15 a la fuerza y +10 a la resistencia.
Me llevé las manos a las mejillas soltando un grito ahogado, cargado de espanto y, para qué engañarnos, morbo al ver aparecer a la comparsa de Garnet. Me subí las gafas de sol blancas a la cabeza con un movimiento dramático de muñeca para no perderme ni un solo instante de semejante desfile de gente en cueros. Parecía que no había sido el único que había pensado en adoctrinar a los harapientos piratas liberados de Impel Dawn; no iban a estar aquí de gratis.
—¡Pero bueno, marichocho! ¿Esto qué es, un torneo de culturismo o un anuncio de crema solar? —solté entre risitas, mirando primero a los diez maromos gigantescos embadurnados en aceite de arriba abajo y luego a las dos mujeres en trikini rojo—. Admito que el aceite le da un reflejo muy bonito a las tablas del barco, pero entre tanto brillo y tu molesto silbido casi me dejas ciego y sordo a la vez.
Alcé una ceja al ver aparecer a uno de los tipos cargando un pergamino gigantesco sobre el hombro como si fuera un tronco de madera, mientras otro venía detrás sujetando dos focos enormes como si no le costase apenas esfuerzo. El despliegue de atrezzo rozaba lo absurdo y lo ridículo a partes iguales, pero oye, la intención y las ganas de dar la nota no se le podían negar al pelirrojo.
Me desplacé hacia un lateral del escenario con mi paso más altivo y refinado, haciendo un gesto amplio con la mano para concederles sitio. A una orden silenciosa, mis doce chicos vestidos en monos negros y taconazos fucsia se replegaron a mis espaldas sin perder la postura; firmes, impecables y cruzados de brazos, mirando de arriba abajo a la competencia aceitada con una superioridad digna de su reina. Se notaba quiénes habían pasado meses ensayando alta costura en el viaje y quiénes sólo se habían untado grasa de cocina diez minutos antes de salir al escenario.
—A ver con qué circo de pueblo me saltas ahora, pelirrojo. Porque eso de sacar a peña medio desnuda a enseñar músculo está muy visto, bonito —sentencié, cruzándome de brazos y apoyando todo el peso sobre una cadera. Instantes después, dos de mis musculosos vasallos me agarraron de la cintura para elevarme y sentarme en sus hombros internos, mientras que sus brazos libres actuaban de reposabrazos para mi trono improvisado—. Eso sí, dile a tu técnico de luces que apunte bien con esos focos. ¡Venga, haz que valga la pena la espera!
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
Con el séquito de seguidores del gran Garnet Matlock abriéndose paso a través de la cubierta y escenario del Solar Karma, Aspros hizo uno de sus característicos comentarios llenos tanto de ingenio como de veneno a los que el pelirrojo ya estaba prácticamente acostumbrado - cosa que era mentira pues, la letalidad de la lengua sibilina del okama siempre conseguía perforar las defensas y el orgullo del músico -. Una vez que estaban dispuestos los trece sobre el escenario, tanto Aspros como la docena de figuras embutidas en ese mono negro, se echaban hacia un lado sin apartar esa superioridad que ellos parecían tener hacia el equipo Matlock. Daba igual lo que ellos pensaran, pues ya tendrían tiempo para callarles la boca.
Aspros parecía tener cierta curiosidad - a su manera - sobre el espectáculo que estaba a punto de ofrecer el skypiean.- Nunca está de más enseñar cacho, colegui, ¿es o no es? - le respondió, mientras dos de sus doce prisioneros extendían el pergamino, dando a lugar a lo que parecía ser un extenso y enorme cacho de papel, aunque algo más grueso que este último material. Al mismo tiempo, Aspros - quién se había sentado en un trono de carne improvisado por dos de sus musculosos hombres - increpó que más le valía que valiera la pena la espera y que tuvieran cuidado con el foco de las luces. - Ah, por las luces ni te rayes, Aspros... - comentó, viendo como el set up estaba ya listo. El pergamino extendido y sujeto por dos prisioneros, haciendo una especie de mamparo que impedía ver lo que había detrás de él. Otros dos de los sujetos que había llamado Garnet, se colocaron detrás del pergamino, dejando allí los focos, que apuntaban directamente a este. Mientras que los otros ocho, se dividieron en dos grupos de cuatro, quedando cada uno a un lado del pergamino y, por supuesto, siendo las dos mujeres las que estaban más próximas a este.- ...Porque el que te va a deslumbrar va a ser el menda. - declaró con determinación, con una sonrisa más amplia que nunca, mientras se ponía justo detrás del mámparo improvisado. Garnet suspiró y, con Sabertones en sus manos, comenzó a tocar el primer acorde. La mejor función daba al fin comienzo:
Con la figura de Garnet oculta tras el pergamino, en el primer instante que el pelirrojo tocaría su primer acorde, los "técnicos de las luces" encenderían los focos, haciendo que el haz chocara tanto con el músico como con el mamparo, causando que, todo aquel que estuviera frente al pergamino, viera la misma silueta del músico tocar y danzar a partes iguales mientras el resto de su grupo coreaba y tarareaba su nombre, como si estuvieran reclamando su presencia al son del compás. Era como una tormenta eléctrica, cuyos truenos lo que hacían eran rugir el nombre de la que iba a ser la mayor superestrella de todos los tiempos.
Una vez corearon hasta seis veces su nombre, el protagonista de este show rompió con su voz también al mismo que, de una patada frontal, rompió el mamparo que separaba la figura del pelirrojo de las miradas de Aspros y sus reinas. Era lo que tenía planeado como su canción de apertura en su primer concierto. Y que la reina okama se lo hiciera sacar, por mucho que aún faltara por ensayar, hablaba muy bien de él.
¡Ya llegó! El terror de las nenas está aquí(Garnet) ¡Se acabó! Ante el menda vais a sucumbir (Garnet) ¡No os resistais! Por favor, venid con papá(Garnet) Enteritas, os voy a dejar empapá’ (Garnet) Con Sabertones os haré temblar
¿Estáis listos? ¡Yeah! ¡Toda la peña a bailar!
Has sido…
¡Matlockao’!
Por todo el mundo
Mis mil canciones, van a estallar
Y a pibes y pibas, ¡sí pibas! Haré desmayar
La fama y el éxito, el menda piensa alcanzar
Y a esos haters, que les follen
Nah nah nah, mejor, mejor que amochen.
Estoy listo para rugir
Mi alma va a resurgir
¡Toda la peña a gruñir!
Has sido…
¡Matlockao’!
¡Matlockao’!
Yeah yeah, ¡Matlockao’!
Ohh, ¡Matlockao’!
Yeah
Estoy listo para rugir
Mi alma va a resurgir ¡yeah!
Yeah, ¡a disfrutar!
To’l mundo a cantar
Yeah, ¡a disfrutar!
To’l mundo a cantar
¡Matlockao’!
Yeah, yeah, yeah, ¡Matlockao’!
¡Matlockao’!
¡Matlockao’!(whoa, baby, baby) ¡Matlockao’!
Has sido
¡Matlockao’!(ah-ah, ah-ah-ah) ¡Matlockao’!(ah-ah, ah-ah-ah) ¡Matlockao’!(ah-ah, ah-ah-ah) , ¡Matlockao’!
Has sido Matlockao’
En un alarde de explosión creativa, el pelirrojo cantaba y danzaba, acompañado de su grupo seleccionado con premeditación, colocándose en el centro mientras el resto seguían sus pasos al pie de la letra tal y como habían ensayado. La función terminó con Garnet y los demás extras girando su cuello con agresividad, meneando y sacudiendo su melena como si fuera un látigo que chasqueaba la superficie del escenario al ritmo de la melodía. Una vez que hubo terminado, jadeando debido al esfuerzo, miró con picardía hacia Aspros, conforme le señalaba a lo lejos con su dedo derecho.- Has sido Matlockao', colegui. - dijo, sin más, mientras le guiñaba su ojo izquierdo a su amigo. ¿Qué tendría que responderle el timonel de los Alas Negras al respecto?
Me quedé de brazos cruzados observando todo el numerito que Garnet estaba maquinando tras el enorme pergamino, que hacía de mampara improvisada. Tenía que reconocer que, cuando los focos se encendieron y vi su silueta recortada en la tela, solté un suspiro; al menos el pelirrojo sabía lo que era un contraluz.
Pero la ilusión duró lo que tardó en romper el papel de una patada y abrir la boca.
Con cada verso sobre “empapar a las nenas” y ese estribillo de “¡Matlockao’!”, mi cara iba pasando de la curiosidad al horror, y de este a la incredulidad. Escuchar a un maromo medio animal en tanga rojo cantarle un himno a su propio ego, mientras diez tipos embadurnados en aceite le hacían los coros, era la cosa más estrafalaria que había visto desde que salí de Kamabakka. Una oda al ego siempre es algo de elogiar.
Cuando remataron sacudiendo las melenas como poseídos y Garnet me señaló con ese guiño de “Has sido Matlockao’, colegui”, no pude contener una sonora carcajada.
—¡UUUUHUHUHUHU! ¡Pero qué barbaridad, marichocho! —solté, dando un par de taconazos al frente mientras aplaudía con ganas—. ¿Matlockao’? ¡Si parece la sintonía de un anuncio de tónico capilar! No me había sentido tan... atragantado desde que comiendo un coctel se me atascó una gamba.
Detrás de mí, mis doce chicos en monos negros y taconazos rosa fucsia soltaron una risita burlona, mirando a la tropa aceitada por encima del hombro.
—Aunque debo reconocer que tiene gancho… maldita sea, demasiado—reflexioné mientras la repetitiva letra de la canción se adueñaba de mi mente. Aquello podía ser un gran hit, había subestimado las dotes de superestrella del pelirrojo—. Ejem… tengo que admitirte que el truco de la sombra y la patada ha sido simpático, pelirrojo... Matlockao’ ¡pero qué falta de clase! Mucho músculo, mucho aceite, ¿pero dónde está la elegancia? Matlockao’ ¿Dónde está el verdadero glamour?
Me acomodé el pareo con un ademán seco y miré a Garnet a los ojos, dibujando una sonrisa afilada.
—Has querido jugar con el chico más malo del lugar, bonito Matlockao’. Pero si de verdad piensas que me vas a ganar con un jingle de taberna...Matlockao’ estás muy equivocado.
Me di la vuelta sobre un solo tacón, dándole la espalda por un segundo para encarar a mis bailarines. Alcé la mano derecha al aire y, con un chasquido seco, el ambiente en la cubierta del Solar Karma cambió por completo.
—Chicos, a la formación final. Vamos a enseñarle Matlockao’ a este bárbaro lo que es el mayor espectáculo de la historia de este océano.
Mis doce prisioneros se colocaron en una línea perfecta a mis espaldas, clavando la mirada en el frente sin pestañear. Me giré despacio hacia Garnet, para dirigirme a él con una voz cargada de amenaza.
—Prepárate Matlockao’, porque esto no ha hecho más que empezar.
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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo, ¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.
No esperaba nada de aquel día, así que me llevé una sorpresa cuando vi que Aspros y Garnet pasaron de charlar tranquilamente a planear montar una especie de batalla de superestrellas. Estaba demasiado aburrida, tanto que me quedé absorta mirándoles a varios metros de distancia sin interrumpir. Y no era una batalla cualquiera, incluso habían apostado. En este caso tenía que estar de parte de Aspros. Si conseguía que Garnet se vistiese por completo aunque fuese solo un día se convertiría en nuestro héroe. Me crucé de brazos y me quedé mirándoles. La verdad era que cada uno tenía su punto. Me encantaba el rollo rockero y macarra de Garnet, era tan bueno peleando como haciendo vibrar las cuerdas. Por otra parte, el estilo de Aspros era incomparable, qué belleza y talento. Se notaba que se desenvolvía con soltura y que conocía tanto su arte que era capaz de aprovecharlo incluso en los enfrentamientos más feroces. Ambos eran dos grandes superestrellas, pero no pensaba admitirlo en voz alta, sobre todo después de haber escuchado el comentario de Aspros sobre mi culo.
Garnet finalizó y Aspros comenzó a prepararse para un nuevo número. Sentía curiosidad, pero ya había estado en la sombra demasiado tiempo. Justo cuando comenzaba a organizarse con sus bailarines improvisados para su nueva actuación comencé a caminar hacia ellos mientras sacaba un puro de mi bolsillo y lo encendía en mi boca con mi propio dedo. —Brillante. En serio, impresionante. Nunca había visto a dos personas esforzarse tanto para no conseguir absolutamente nada— dije tras dar mi primera calada y retirar el puro de entre mis labios—. Aunque si vuestro objetivo era dar la nota, lo habéis hecho a base de bien.
Imaginé que a Garnet no le importaría mi opinión, pero tenía dudas con Aspros. Podía tanto ignorarme por completo como ofenderse por no valorar su talento. No me importaba, me había llamado culo gordo y ese era un tema muy serio desde la portada del periódico. Ni olvidaba ni perdonaba, y más le valía al fotógrafo que no descubriese su nombre. —No sé si dejaros continuar con este espectáculo lamentable o proclamar ya un ganador. Os lo adelanto: no sois ninguno de los dos. Probablemente sea yo misma por tener que aguantar lo que acabo de ver —sentencié con una sonrisa.
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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.
La sudorosa y aceitosa actuación que no dejaba de ser una autofelación hacia el propio Garnet finalmente concluiría con un Aspros - que había permanecido juzgando el espectáculo de brazos cruzados - estallando a carcajadas mientras le dedicaba un aluvión de aplausos hacia su persona. Ante aquella estampa, el pelirrojo arqueó su ceja izquierda, con cierta confusión.- ¿Eso es que le ha molado, o qué? - pensó, mientras se pasaba su antebrazo derecho por su frente, buscando desprenderse de la mayor cantidad de sudor posible. La reina okama prosiguió hablando sobre el numerito de Garnet, tachándolo de ser lo más parecido a un anuncio de tónico capilar, mencionando que incluso se había atragantado con su actuación. La incredulidad de Garnet no hacía más sino aumentar.- Creo que el menda sigue sin captar si lo que dice es bueno o malo… - Pasó a rascarse la cabeza con su diestra, mientras miraba a sus bailarines embadurnados en aceite. Todos se encogieron de hombros, al no saber demasiado bien las intenciones de la pérfida lengua de Aspros.
Lo que si dejó en claro es que la canción, ciertamente tenía gancho, algo a lo que Garnet sonrió ampliamente, mientras colocaba sus dos puños sobre sus caderas. Ciertamente, estaba bastante orgulloso de su propia creación, aunque fuera una lamida de culo hacia sí mismo babilónica. Entre algunos murmullos que el músico era incapaz de escuchar con propiedad, el timonel de los Alas Negras, hizo una especial mención al recurso de la puesta en escena y de su entrada triunfal pasando, a continuación, a cuestionarse sobre la ausencia de elegancia y glamour que se respiraba en su performance. Ante aquellas declaraciones, Garnet no se lo tomó a malas. Más bien, se lo tomó como algo positivo pues él, en ningún momento, tenía intención de expresar algo como lo que podía hacer el majestuoso cisne de Aspros. El pelirrojo conocía perfectamente su propio estilo, al mismo tiempo que sabía de que pie cojeaba el okama. Por esto mismo, es que el skypiean esbozó una sonrisa ladeada, llena de confianza.- Para gustos colores, marichocho. - dijo con sorna, haciendo uso de la muletilla de su amigo, rematando la frase con una juguetona y simpática sacada de lengua.
Y tras dedicarle unas palabras desafiantes dónde se ponía a él del chico más malo del barrio - a lo que Garnet no pudo hacer otra sino reir nasalmente -, Aspros y su séquito de reinas se comenzaban a preparar para el grand finale, el show que se suponía que sería capaz de derrotar al gran Garnet Matlock. El pelirrojo, junto a su grupo de berenjenas en lata, se apartaron lo más que pudieron para darle paso a su rival musical. La formación era hipnótica y, las declaraciones de la reina de Kamabakka imponían lo suyo. Sin embargo, había algo que el pelirrojo no terminaba de entender de todo esto.- Oye, ¿pero qué es eso que no paras de cuchichear, huh? - Ladeó su cabeza hacia su derecha, a la par que se cruzaba de brazos. Desde su número, no había parado de repetir una y otra vez algo por lo bajo, y tenía curiosidad por saber que era.
No obstante, en ese preciso instante, una tercera persona - sin contar a los extras sin ficha, vaya pringados - hizo acto de presencia. Al escuchar ese torrente de voz imponente, cargado de burla, Garnet se giró de inmediato hacia la figura que había estado observando todo el duelo desde el comienzo.- Ay mai. - pronunció mentalmente, al ver como la contoneante y voluptuosa silueta de Triana Tempesta se acercaba hacia el lugar, mientras señalaba tanto a Aspros como a Garnet de ser unos inútiles.- ¿Huh? - emitió ante las duras palabras de la vice-capitana, quién añadió que si algo si hacían bien era dar la nota. De manera fugaz, le dedicó una mirada a Aspros- ¿Desde cuándo crees que lleva espiandonos, huh? - preguntó, con cierta incomodidad, al ver su privacidad y duelo completamente adulterada por unos ojos fisgones que…- No te hagas la dura, Triana… Te ha molado mi show, ¿es o no es? - con sus ojos en forma de corazón y contoneándose como un bambú, empezó a preguntarle a la mujer de cabellos dorados sobre la verdadera opinión de su actuación. A quién quería engañar, Garnet nunca se negaría a que una mujer le espiara en secreto, y menos aún si ese alguien era carne de su fanatismo.
Para su desgracia, no parecía que sus numeritos le causaran el suficiente impacto como para nombrarlo como vencedor del duelo alegando, de hecho, que debería ser ella misma por aguantar aquel paripé que habían montado. Ante aquellas declaraciones, el pelirrojo no pudo evitar mirarla con cierta picardía.- Pues bien que te has quedado hasta el final, ¿es o no es? - Si tanto le aterraba la idea de escucharles, se podría haber ido en cualquier momento y, sin embargo, ella misma decidió quedarse. Si tanto consideraba que aguantar a los dos piratas era una tediosa tarea, ya podría intentar subir ella al escenario y hacer algo mejor.- Para el carro… - Una bala fugaz recorrió, metafóricamente, el cerebro de Garnet. Quedándose boquiabierto y con los ojos como platos, el pelirrojo probablemente acababa de tener la mejor de las ideas. Mirando de soslayo a Aspros, el skypiean esbozó probablemente una de las sonrisas más maliciosas que se pueden haber concebido en la historia de la humanidad.- El menda tiene un plan. - espetó, tras lo cuál, volvió a dirigir su mirada hacia la espadachín.- Ya que te ves tú misma como la ganadora, colegui… - Señaló con su dedo pulgar derecho hacia sus espaldas. En su rostro había pura seriedad.- ¿Por qué no intentas tú también hacer un numerito artístico que nos deje flipando, huh? - le propuso a la rubia, girándose sobre sí mismo hasta darle la espalda, apoyando sus manos en su cintura tras, lo cuál, exhaló un profundo suspiro.- Aunque si no quieres… Ni te rayes… Seguro que Aspros te tachará de Jimba durante toda su vida…¿Es o no es? - añadió, en el momento en el que de nuevo, una risa llena de perversión - oculta a ojos del resto - apareció en el rostro de Garnet.- Puejejejeje. -