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#21
No cabía en su creencia... De la fortuna que le había sonreído al haberle entregado, como primer y único amor, o así lo deseaba él, a alguien como Tezca Norova. No habían celos, no había molestia... Por el contrario, existía una sinceridad y comprensión que solo ella sabía ofrecerle. Nadie, absolutamente nadie más en el mundo podía ser como ella, y él lo sabía. Maldita sea, cuanto más tiempo pasaba con ella, más la amaba... Una sola persona en el mundo era capaz de enternecer el corazón de alguien como él y comprenderlo como lo hacía ella. Descendió su rostro, buscando volver a besarla, satisfecho por una respuesta tan honesta. Claro que iba siempre a volver a ella. Nadie más se merecía su corazón, no había nadie más que hubiera hecho lo mismo que ella. 

—Eso no quita que solo te desee a ti, mi amor. Ojalá... ojalá pronto terminara esta distancia.

Su corazón le oprimía con la sola idea de pensar en una separación, en irse, dejarse de nuevo llevar por el mar y los sueños que ambos perseguían. Se acercó a ella, una vez regresó, para sentir su tacto de nuevo. —¿Pensaste mucho en mí...? — Se sentía estúpido, pero su corazón se aceleraba, su pecho lo oprimía, y más la felicidad que le inundaba saber que él sí había sido el único en poder disfrutarla. Esperaba sinceramente que siguiera así, más ahora que su cuerpo era distinto... Descendió su rostro una vez más, besando su nuca, sentándose en la cama ante el coqueteo que le entregaba la mujer una vez más.

Tomó la botella, dando un sorbo, aunque su erección seguía más viva que nunca, la pregunta casi le hace escupir el agua. Comenzó a toser, ascendiendo su mano hasta sus labios para limpiarse la comisura de sus labios. Eso sí fue de lo más inesperado. Hubiera preferido no hablar de algo así, menos en ese tipo de situación. ¿Qué diantres...? —Ese idiota de Eros... Primero miente y luego despotrica. — Cerró la botella de agua, ahora con molestia. Sus cejas se fruncieron y su rostro dibujó una mueca, maldiciendo internamente al capitán sepulturero por esa estupidez. Ya le quedaba claro que esa alianza parecía tomárselo de broma, y no le estaba haciendo gracia alguna.

Elevó su mano, dejando escapar un suspiro. Prefería no hablar de las derrotas, cómo lo odiaba... Y más cuando su partida era específicamente para mejorar él y ser más fuerte, pero no hacía más que demostrarle lo contrario. Primero en los Juegos, y ahora con esto... Maldición. —Sí, el idiota tiene un fetiche muy extraño con los pantalones. — Murmuró, casi como un gruñido, evitando la mirada directa de Tezca. Frotó su frente, incluída su cicatriz. —Ese estúpido... Hizo lo que le dio la real gana. Le dejé quedárselos por ese estúpido fetiche suyo con la ropa inferior. A saber qué habrá hecho con ellos. — Esta vez se frotó el rostro, con clara molestia. Ahora mismo solo deseaba estrangular a ese maldito topo. ¿Quizás podría usar su Akuma para matarlo hasta la asfixia? Eso sería buena opción, a ver si así aprendía a mantener la boca cerrada. Primero el Haki, y ahora esto. —¿Cuándo te encontraste con él?

Sus ojos descendieron ante las caricias de la mujer, viendo la virilidad todavía despierta, pero ahora con algo menos de firmeza dado el mal humor que acababa de inundarlo. Al menos su tacto era de lo más relajante, ayudándolo a calmarse para que los pensamientos homicidas se redujeran. Se acomodó de cara a ella, contemplando el cuerpo que tenía frente a él. Era tan distinto pero... su rostro era exactamente igual, solo que con facciones más femeninas. Aún le costaría un poco adaptarse, pero no era imposible, y lo sabía. Acercó su mano hasta su cadera, acariciándola, atrayendo a la mujer hacia sí, queriendo sentir de nuevo su piel, su calidez, disfrutar y aprovechar esos dos años en los que se habían tenido que quedar separados.

Volvió a acercar sus labios, esta vez hasta la frente de la mujer. ¿Estaría todavía cansada? ¿Debía dejarla descansar? Tenía tantas ganas de volver a poseerla... Pero su salud estaba por encima de sus propios caprichos. Descendió sus labios hasta los contrarios, acercándose más a ella, empujándola suavemente con su cuerpo, con ambas manos a los lados del rostro de Tezca, si así se dejaba, separando su rostro para contemplar su hermosa figura delante de él.

—Eres... precioso.

En todos los aspectos. Su pecho oprimía, cuestionándose si realmente debía dejarlo todo atrás y solo estar a su lado... Pero había cosas que el destino no les iba a permitir. Juntó su frente con la contraria, tomando la mano que había estado acariciando su abdomen. Quería bajarla, un poco más... que pudiera darle un poco más de alivio con su tacto, pero terminó elevándola, besándola cariñosamente. —Sé que lo sabes, sé que lo repito, pero nunca es suficiente: eres lo mejor que me ha pasado en mi vida, Tezca. Eres... lo mejor que existe en todos los mares. Si me necesitas, solo llámame, solo grita mi nombre, no dejes que nadie te haga daño, ni siquiera yo mismo. — Mierda, amaba demasiado a esta persona. Cerró los ojos, volviendo a besar sus labios una vez más, con el calor de su cuerpo, embriagándose de su olor, su calor, su cariño... Sus brazos descendieron, rodeando su espalda baja, apretándola contra sí mismo.
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#22
¿Debería responder a una obviedad? No cuando es obvio ¿Debería hacerlo sufrir un poco más y obligarlo a sacar una respuesta de mi? Eso podría ser un poco más divertido, por lo que me quedé en silencio. Claro que había pensado en el pero es que eso ya lo sabía. Había logrado voltearme al sentir su beso en la nuca, dejando un pequeño beso sobre su mentón mientras ladeaba la cabeza.
 
Vaya, así que al final del día si era una venganza sexual, yo nunca me equivoco y parecía que aquel hombre le caía muy mal. Aunque ninguno de esa tripulación parecía muy emocionado al hablar sobre Jin. —Posterior al evento tuvimos un asado en la casa Hanu Mahana, son nuestros vecinos así que natural invitarlos ¿Me entiendes? El tirador que dice Tonto… Habló del tema y el capitán sepultura lo explicó. — Dije con suavidad para intentar evitar que se irritara más, apoyándome contra su hombro, disfrutando de aquella cercanía que me daba. El calor me subió a las mejillas mientras terminaba de sellar el beso que había terminado con prontitud, apenas pude cerrar el puño sobre el torso ajeno intentando reprimir el deseo que volvía a sentir.
 
“Eres... precioso.”

Eso… tampoco era novedad, pero sentí que algo en mi pecho se encogía el escucharlo de sus labios, todas esas palabras habían provocado algo en mi rostro, ni siquiera estaba tan segura de como sentirme ante tal vulnerabilidad: Sentí que me había robado las palabras retirando una vez más mis manos para volver a acariciar su abdomen, si no podía decir lo que sentía al menos podía expresarlo en una forma en la que sabía que me entendería.
 
Entendí cada uno de sus deseos en las pequeñas indirectas que usaba, correspondiendo a aquel beso una vez más sin hacerlo esperar demasiado, profundicé el beso moviendo sus labios contra los míos, había logrado con un para nada cariñoso empujón, acostarlo sobre la cama completamente para acomodarme encima suyo, simplemente subiendo mis caricias a su rostro.
 
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#23
El varón contempló a su amada, en un corto silencio. No es que tuviera un disgusto especial hacia los Sepultura, pero últimamente poseían un comportamiento egocéntrico que no compartía. Que encima hubieran hecho mención a ese tema con su pareja solo lo hacía molestarse más. Cerró los ojos, elevando su diestra hasta su rostro, tratando de evitar el pensamiento. —Que sepas que nunca estuve de acuerdo con lo que fuera que hizo Eros. — No mentía, ni siquiera podía garantizar que en su inconsciencia ese varón no hubiera hecho nada. Mentir todos sabían hacerlo después de todo, incluído él mismo. —A Kiyoshi lo conozco desde hace tiempo también. Lo contraté para que fuera un médico privado para alguien. Ese es el que llama “tonto” a todo el que ve. Siempre ha sido así. Sus padres al menos parecían más educados.

Su mano descendió lentamente cuando el peso de la cabeza ajena se acomodó sobre su hombro. La calidez de la mujer siempre lograba disipar esa irritación, pero no significaba que le hiciera gracia alguna ese tipo de comportamiento por parte de los Sepultura. Algo que, probablemente, se guardaría para más adelante. Por ahora rodeó a la mujer entre sus brazos, hundiendo lentamente su rostro entre el largo cabello de la preciosa mujer que tanto lo hacía sentir y por la que estaba dispuesto a hacer lo que fuera.

El toque de la mujer sobre su piel lo hizo suspirar. El silencio hablaba más que cualquier palabra. Ese “pequeño Jin” que parecía perder fuelle ahora volvía a levantarse, más vivo que nunca, como si nunca hubiera estado dormido. El tacto de la mujer, el calor que irradiaba y la increíble belleza que se presentaba frente a él... ¿Cómo siquiera ignorar algo así? Al menos parecía que el agua y esa pequeña pausa le había servido suficiente para volver a tener las fuerzas que su rostro parecía que le faltaban.

Se dejó empujar, sintiendo las sábanas tras su espalda, el cojín hundirse junto a su cabeza y el tacto de la mujer. Sus brazos descendían por la espalda de Tezca, disfrutando la piel entre la yema de sus dedos, atrayéndola para seguir el ritmo de sus besos con hambre. Tenía algo muy, muy claro... Sus ojos se abrieron ligeramente, buscando el acercamiento del rostro de la mujer.

“Nunca, jamás me cansaría de ella.”

El tacto de la mujer lo hacía buscar más el calor, volviendo a mover sus caderas de forma involuntaria, casi hambrienta y desesperada. Sentir su humedad rodear su erección, apretarlo como nadie más lo haría nunca, poder poseerla como jamás haría con nadie más... Ella era su única en el mundo, tal y como había confirmado y él mismo estaba convencido de ello.

Abrió sus labios, buscando la lengua, atrapándola ansiosamente en un tono divertido y pícaro, su diestra descendiendo desde la espalda hasta uno de sus glúteos. ¿Cómo era posible que fuera tan malditamente hermosa incluso con un cuerpo nuevo? ¿Cómo existía semejante perfección en una sola persona? ¿Cómo siquiera alguien le había hecho descubrir un sentimiento tan profundo? Claro... Porque no era nadie más que el mismísimo Tezca Norova. La mano que hasta entonces se había estado desplazando ahora regresó al frente, cerrando sus ojos al sentir el calor ascender como la espuma, disfrutando de la calidez de su amada, del calor que le generaba, buscando un alivio silencioso mientras frotaba su erección con el sexo ajeno en un roce casi desesperado y hambriento. Deseaba con todas sus fuerzas que esa separación no existiera... pero también sabía bien la elección que ambos tenían, los caminos que les faltaba todavía por recorrer. Sus suspiros y jadeos se ahogaban entre sus besos, cada vez más hambrientos, moviendo incluso con sus propias caderas el cuerpo de la mujer, incapaz de separarse de ella.

Sus dedos descendieron, haciendo que alcanzaran el botón inferior una vez más, apretándolo, moviendo su pulgar en círculos en dicha zona. Buscó su cuello, quería morderla, quería marcarla, dejarle una huella imborrable que perdurase el tiempo necesario, que se viera en el espejo y lo recordase a él, y lo mismo deseaba él por parte de ella. ¿Quizás debería hacerse un nuevo tatuaje en su honor? ¿Debería tatuarla a ella...? ¿O tal vez ese pensamiento que descartó antes de su intimidad serviría...? Amaba tanto, tantísimo a la persona que tenía delante que solo buscó silenciosamente tenerla solo y exclusivamente para él. Sus deseos crecían a medida que el tiempo parecía estar en su contra.

Buscó un poco de aire, jadeando, con los ojos buscando la mirada de la mujer, apretando uno de sus glúteos con su zurda y buscando que su respiración se calmara, aunque le resultaba imposible con el corazón latiendo con tanta fuerza que hasta podía escucharlo en sus propios oídos. 

—Te amo... Te amo tanto...

Ni siquiera las palabras parecían ser suficientes para expresar todo lo que su pecho realmente sentía. Su respiración agitada era palpable, junto a su corazón, la mirada desesperada hacia la mujer y el movimiento de sus caderas acelerando con hambre y desesperación, buscando un nuevo calor que tanto su mano como su erección ya buscaban, hundidos en la humedad de la preciosa figura frente a él.
[Imagen: bTjgVIr.png]
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#24
Podía sentir el calor ascendiendo poco a poco una vez más, el movimiento de mis labios sobre los del hombre era un poco más perezoso, dejándolo invadir mi cavidad bucal con su lengua simplemente disfrutando de la forma tan posesiva en la que me tomaba, decir que no estaba cansada era una burda mentira, desde aquel truco de Cariños Carlos no había logrado estabilizarme del todo, por lo que podría dejar que el hombre hiciera lo que quisiera, ser un poco menos proactiva o simplemente engañar a mi cerebro y montarlo hasta desmayarme: Siendo honesta ambas opciones eran igual de tentadoras.
 
Podía sentir la desesperación del hombre al estar tan cerca mío ¿Es que acaso tenía energía infinita? Era algo que llevaba preguntándome desde hace dos años atrás, su mano se posó sobre mis glúteos provocando un gemido de mis labios con aquella sonrisa que solo lograba derretirme un poco más. —Tan injusto… Incluso para ti ¿Cómo me haces sentir así con tan solo roces? ¿Me entiendes? — El rubor era por el calor, por la timidez, por la forma en la que mi corazón bombeaba con fuerza.
 
Arqueé la espalda al sentir su mano en mi intimidad, mi respiración acelerándose mientras llevaba la mano a su miembro erecto, jugando suavemente con la punta. —Eres demasiado avaricioso, pero no olvides que no podemos tentar tanto a la suerte. — Hablar me daba cierta cordura que esperaba no perder, mi mirada cada ve parecía más desesperada, descendiendo mi torso para poder besar su cuello una vez más. —Yo también te amo… te amo demasiado. — Había soltado su intimidad para poder apóyame contra la cama, bajando la cadera para sentirlo profundo en mi interior: El cuidado del que hablaba se había ido al demonio en menos de un par de minutos, reincorporándome para sentirme encima suyo, frunciendo el ceño al sentirlo tan profundo, sentí mis muslos temblar antes de comenzar a moverme lentamente encima suyo, pasando a apoyarme en su abdomen mientras parte de mi cabello cubría mi ojo izquierdo. —Yo… Te amo más, demasiado… m-mucho más. —
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
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#25
Injusto decía... Y sin embargo estaba soportando tanto solo por y para ella, habiendo tenido como excusa ir a por agua solo para darle un descanso y no poseerla hasta que se desmayara si fuera necesario después de esos dos largos e intensos años que había vivido en la lejanía de la mujer. Su sonrisa asomó con cierta diversión, el sudor descendiendo ya no solo por su rostro, sino también por el cuello y parte de su cuerpo pálido. Se relamía, sintiendo la humedad entre sus dedos, el suave glúteo en su mano y el cuerpo de la mujer sobre él con una belleza tan única como hermosa.

Pronto su cuello comenzó a marcar sus propias venas. Tragó saliva, tratando de retener el instinto que gritaba por lanzarla sobre la cama, apartarla de encima de él y tomarla una vez más sin pensar, el impulso era calmado solo por encontrar el bienestar de Tezca. Jadeó, cerrando sus ojos unos segundos, con su mano en la erección que ahora sentía palpitar desesperadamente. Cerró sus ojos unos segundos, volviendo a intentar calmarse y, sin embargo, lejos de eso, solo pareció empeorar dado que las sensaciones eran mayores ante la ausencia de uno de sus sentidos. Para empeorar las cosas, que tuviera su oído tan desarrollado no ayudaba lo más mínimo, viéndose obligado a abrir nuevamente sus ojos y descender la mirada, con el rojo iluminando su rostro para ver el acto que realizaba la mujer. Su respiración comenzó a agitarse cada vez más y más.

Jadeó cuando, al fin, pareció soltarlo. Sus ojos buscaban la mirada ajena, viendo la figura nuevamente perfecta envuelta en el precioso sudor, el largo cabello dorado como el propio sol descendiendo hasta su propia piel y, lo mejor de todo... su voz, que llenaba su sentido del oído. Abrió los labios, tratando de hablar, solo dejando escapar un nuevo jadeo, interrumpiéndose cuando su mano se fue apartando poco a poco.

—S-sí... No tentar-... Suerte...

La coherencia se había muerto entre sus palabras y su propia mente. Protección, no podía tentar a la suerte como bien decía y había intentado mencionar sin éxito. Su cuerpo temblaba, extendiendo su izquierda, solo para interrumpirse repentinamente cuando la humedad volvió a envolver su erección. Mordió su labio inferior, cerrando los ojos, intentando pelear por mantener la mente despejada, pensar con coherencia, pero lo apretaba tan malditamente bien... No podía soportarlo.

—¡T-Tezca...!

El tacto de lo que ahora eran sus delicadas manos sobre su piel no ayudaba a que su autocontrol pudiera mantenerse. Lentamente alzó sus dos manos, tomando uno de sus glúteos con cada una, moviendo él mismo sus caderas para sentirla más profundo, el roce más intenso, el calor ascendiendo. Sus palabras lo envolvían en ese íntimo momento de desenfreno. Buscó sus labios, solo para encontrarse el cabello cubriendo su rostro.

No. Quería verla, aprovechar para disfrutar el poco tiempo que les quedaba en esa isla del cielo. Apartó una de sus manos para así elevar el cabello, acomodándolo él mismo tras la oreja de Tezca, buscar su mirada hermosa, maravillosa, el rostro que pudiera entregarle y escuchar mejor sus palabras. ¿Cómo podía ser tan bella incluso con un cuerpo distinto? ¿Es porque era ella? Nadie más lograba hacerle sentir tan... vivo... Y lo que pronunciaba, lo comprendía, lo sentía, como si la emoción fuera mutua. —Tezca... Tezca... — Su nombre se repitió entre sus labios, la voz profunda volviéndose ronca por el estímulo de placer que cada vez más lo llenaba. ¿Más? Dudaba sinceramente que fuera más de lo que sentía él mismo. ¿Lo diría? En absoluto, sabía bien la respuesta que le iba a ofrecer la mujer y, en ese mismo momento, su mente estaba cada vez más y más ciega por sentirla más y más.

Aceleró el movimiento de sus caderas, con la mano ahora apretando tanto su glúteo que sus uñas podían marcarse probablemente en su piel. Que para colmo fuera a su cuello no ayudaba, solo elevó la mano hasta la espalda de la rubia, apretándola contra sí hasta que sintió sus senos contra su propio pecho. —Eres... Tan... perfecta...
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