[Presente Absoluto - Aventura Tier 7] - Aquel que odia la música
#31
Con la señal dada por el líder de los piratas Centipede, Whirliam, las Valar, acompañadas por la música de las gemelas Mara y Dona, comenzaron a dar un espectáculo que, quizás… Se salía bastante de lo convencional. Al ver como la mujer peliverde cubierta de telas y trapos apagaba las luces, las alarmas del líder saltaron de manera inmediata.- ¿Un concierto a oscuras? - se sobresaltó el sosegado líder de la banda, levantándose del tirón de su asiento, pensando si agarrar o no el cofre mas, con el inicio de la música, la posible tensión que podía sentir en sus carnes Whirliam se desvaneció por completo.- Mira que les dije que tocaran música clásica… Pero bueno, algo es algo, luego se lo retiraré de la paga… - Resopló, mientras su pequeña mascota - aún posada en el hombro -, ponía ojitos de desagrado. Iba a volver a sentarse cuando, a medio camino de que sus glúteos tocaran la superficie del asiento, una llamarada iluminó la estancia. Maki, en un intento por hacer un show de lo más llamativo, no sólo había desenvainado sus katanas sino que, además, las había prendido en fuego, bajándose encima del escenario, que era el lugar en el que debía estar.- ¡Esto es el acabose! ¿Quiénes narices sois vosotras? - Efectivamente, las alarmas de Whirliam volvieron a estallar por completo, yendo a agarrar el cofre con su diestra de manera inmediata para impedir que cayera bajo alguna clase de trampa.- ¡Piratas Centipede! ¡Detened a esa joven y llevaósla fuera junto al resto de su grupo! - ordenó Whirliam, tras lo cuál,todos los hombres, siguiendo la estela de las llamas de Maki, comenzaron a rodearla, rompiéndole el paso en su camino para recortar distancias con el líder, quedando Maki a unos 5 metros de Whirliam, y otros 5 del grupo de Miyori y las gemelas.- ¿Adónde crees que vas, tetas danzantes? - preguntó uno de los masillas bajo las órdenes de Whirliam, quién comenzaba a crujirse los nudillos de su mano derecha. No se podía apreciar bien el aspecto de ninguno debido a la escasa iluminación de la sala.- Más te vale coger tus cosas pacíficamente y largarte de aquí, preferimos no tener que dañar una belleza como tú. - sugirió, a una Maki que estaba rodeada cerca de centenar y medio de hombres.

En ese preciso instante, y casi como si se le hubiera aparecido una figura divina a la pirata, una voz, proveniente de fuera, irrumpió en la sala. - ¡MARINEEEEEEES!. - se escuchaba claramente aquel grito de advertencia, proveniente del segurata de tez morena que resguardaba la puerta.- ¡PROTEGED AL OYA…! - quiso gritar una última orden cuando, el disparo de una bala, interrumpió de lleno el aliento del hombre, que caía completamente muerto por un disparo en la cabeza al otro lado de la puerta, junto al cuerpo sin vida de su otro compañero. Aproximadamente 200 personas que ahora se identificaban como marines se dirigían hacia el local dónde se encontraban, tanto los piratas Centipede, como las Valar, como Mara y Dona.- Genial… ¿La Marina? ¿Cómo se han enterado de esta reunión clandestina? - musitaba, volviendo a dejar el cofre en la mesa, conforme rebuscaba desde su bolsillo su Den Den Mushi. Descolgó el receptor e inició una llamada.- A todas las unidades francotiradoras, estamos bajo ataque, no permitáis que entre ni un marine en el local. Repito, ¡no dejéis que entre nadie! - comunicó, pudiendo notar aquellos que tuvieran el haki de observación activo como se empezaban a movilizar las unidades del piso superior hacia la zona de la fachada, presumiblemente para abatir a su enemigo. Por su parte, todos los esbirros que se encontraban en la planta baja, dejaron de rodear Maki para, seguidamente, dirigirse también hacia la pared más cercana hacia la puerta del exterior. Muchos de ellos, sacaron sus armas de fuego, cuchillos y sables, quedándose a la espera de que, en caso de que hubiera algún marine que consiguiera pasar, poder bajárselo sin que pudiera acercarse siquiera a su lider. Sin embargo, nadie estaba a salvo allí dentro.

Después de que el sonido correspondiente a la rotura de un cristal invadiera el ambiente, sin que nadie pudiera percatarse ni con el uso del Kenbunshoku Haki, hasta el preciso momento en el que aquella bestia se quedara parada justamente en el centro de la sala - a unos 15 metros a las 9:00 de Miyori, Mara y Dona, y a otros 15 metros de las 11:00 de Maki -. La oscuridad que inundaba la sala, no dejaba de ver sus facciones pero, ahora que se mostraba completamente parado frente a todos, aquellos con el Color de la Observación podrían percibir como el nivel de poder de aquel individuo, superaba con creces a todos los que se encontraban en la sala. Poseía, además, un aura podrida hasta la médula, de un color que oscilaba entre el marron y el rojizo, y que revoloteaba como la ceniza impulsada por el viento. Y es que, ahora sí que empezaban los problemas de verdad.

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#32

Me fascinaba como, aún paseando por una isla contaminada, intoxicada, en ausencia de la luz solar y del aire fresco, había algo que apestaba más a toda la basura infecta que podía cubrir alguna de las calles de esta ciudad. Piratas, pululando a diestro y siniestro, como si fueran civiles más, creyéndose que tienen derecho a vivir con tranquilidad cuando tenían una maldita recompensa por su cabeza… ¿En qué narices estaba pensando el “Quemasoles”, permitiendo la entrada de piratas a su isla así como así?

En el momento en el que eliminé de la faz de la tierra la existencia del último pirata de la banda de los Scythe, choqué mis manos, comenzando a sacudirlas entre sí, eliminando los restos de aquellos criminales que merecían ser sentenciados por mis propias manos.- ¿Esto era todo? No me han servido ni de calentamiento… Fufufufu.] - solté una risa bufona, mientras introducía las manos en mis bolsillos. Estábamos en lo que debía ser el piso franco en esa isla de esa banda de tres al cuarto. Conmigo, estaban todos mis hombres, dispuestos a seguirme con fé ciega en esta purga de la escoria de la sociedad.- Muy bien, soldados, sigamos limpiando la inmundicia de isla Chika. - ordené, con una sonrisa tranquila apareciendo en mi rostro - ocultando mi psicopatía y ganas de sentenciar criminales -, mientras nos encaminábamos hacia el lugar en el que los Centipede pensaban vender esa fruta del diablo.

¿Podríamos haber sido más discretos? Por supuesto. ¿Era necesario gracias a nuestra superioridad numérica y de poder? Pues claro que no, todos esos piratas tenían los días contados. Conforme recorríamos la calle y no encontrábamos cerca de 50 metros de distancia, activa mi Kenbunshoku Haki, para divisar las presencias que había en su interior. Ninguna me llegaba a la suela de los pies.- Quiero que aseguréis el perímetro y que os cercioréis de que no se os va ni un pirata. - le comentó al sargento Keroro.- Hay cerca de 150 unidades en cada una de las dos plantas... - saqué la lengua de mi boca, de una forma un tanto sádica, pasando a relamerse los labios.- Ya me dedicaré de saborear cada una de sus patéticas muertes. - musité, no pudiendo evitar no mantener las formas ante la cantidad de vidas que había por cercenar. Simplemente, adoraba mi trabajo.

Cuando mis hombres iniciaron el ataque, abatiendo a los dos seguratas que se encontraban en la puerta, confiando plena y ciegamente en ellos, corrí a toda velocidad, como una exhalación, hacia una de las ventanas del local de la planta baja, saltando, cubriéndome con mis brazos la cara y cuello, y entrando de lleno en ella sin ninguna clase de altercado.- ¿Cómo? ¿Y esta falta de iluminación? - pensé inmediatamente, siendo algo que me daba bastante igual gracias al dominio de mi  haki, el cuál canalicé e intensifiqué, hasta reducirlo en 20 metros de radio. Quedando de pie, justamente en el centro del local, había sólo 5 auras que destacaban por encima del resto, siendo la más problemática la que se encontraba a mis 11:00 a unos 15 metros de mi, pero sin suponer un verdadero problema.- ¿Esto no era acaso una fiesta? Fufufufu - pregunté, con sorna, extendiendo mis brazos hacia los lados.- Porque me da la sensación de que esto parece más un… - Y, de nuevo, me relamí los labios, como cuando un depredador avista a su presa.- Velatorio... - añadí, entrecerrando y abriendo los dedos de ambas manos. No pensaba dejar ni restos de sus cadáveres que sus familiares o seres queridos pudieran llorar.


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