Hace 1 hora
Hanma era una persona paciente, ese tipo de paciencia que se fragua en los fogones esperando que la carne este en su punto o la cebolla totalmente caramelizada para preparar el plato perfecto. Una persona corriente no sabría de ese tipo de paciencia, también era una persona, contrario a lo que piense todo el mundo por su aspecto, que se presentaba a hablar y a dialogar ¿No es sorprendente esto? aunque prefería siempre dialogar con los puños, claro. Pero había una clase en particular de personas que despreciaba hasta la medula, hasta el punto de alterar toda noción de razón de su mente y hacer que la sangre oni y gigante entren en una ebullición provocando que el calor de la violencia recorriera todo su ser. Aquella indiferencia provocada por el gigante al que Hanma había llamado, había despertado algo en su ser escondido, o al menos algo asomó desde lo mas profundo de su estomago; y pedía sangre. No era rabia simple y vana, no era algo mas complejo, en esa forma de ignorarlo vio a su padre, Akuma; el gran gigante, su progenitor. Los nudillos del gran oni se cerraban hasta tal punto que no podían hacerlo mas, haciendo que sus huesos chirriaran y sus colmillos apretaran una mandíbula de por si ya marcada. Sus antebrazos, con músculos en los propios músculos, se hinchaban debido al aumento de riego sanguíneo. Iba a lanzarse y a arrasar con todos, arrancarle la cabeza de cuajo y beber de la misma en forma de trofeo -Nadie me volverá a ignorar...-
Y justo cuando su pie se clavaba en el suelo para devenir en un salto, el aire se quebró por completo. Algo de enormes dimensiones se había movido y había aparecido, o mejor dicho había desparecido. Hanma pudo comprobar mirando al cielo como aquella vibración hacia mover toda la cueva entera, como incluso las estalagmitas del techo vibraban como si fueran unas hojas livianas mecidas por el viento. Y allí al fono una pared que parecía llevar mas tiempo que todos los presentes juntos colapsó de golpe y porrazo. Hanma no parpadeó, aquello le sirvió para destensar su cuerpo y relajar todos sus músculos. No hacia falta ser muy listo para entender que aquello no tenía un origen natural, y hasta el obeso idiota que cayó rodando entendería aquello. Su rostro regalaría a todos los presentes una sonrisa ancha y feroz -Mira por dónde, al fin algo interesante.- Hanma no dejaría tregua, saldría rampante hacia la dirección a la que ahora todo el mundo miraba. Un torbellino enorme de color cobrizo que correría por entre toda la multitud hacia la cueva. Y en medio de toda la polvareda provocada por la caída de aquella pared y la propia estampida de Hanma, el cual previamente había avisado a sus compañeros de que iba a adentrarse, pudo ver como el grupo de gente mayoritario se apartaba para dejar paso a los demás. Eso no cuadraba en la mente de nuestro pelirrojo amigo, que avanzaría feroz con objeto de que algo o alguien acallara todo el hambre de violencia que poseía en ese mismo momento.
Fue así como el Gran Oni alcanzaría el umbral recién abierto y podría ver un interior iluminado por las llamas de las antorchas. ¿Había un rey al fondo de esto? Bueno, si existiera un rey Hanma lo haría arrodillarse ante el. Y tras eso, por fin. Podría dar rienda suelta a la bestia de su interior contra aquel gigante "mudo", o quizás lo haría en la propia oscuridad de la cueva ¿Quién sabe? Y sin mas preámbulos entraría al interior.
Y justo cuando su pie se clavaba en el suelo para devenir en un salto, el aire se quebró por completo. Algo de enormes dimensiones se había movido y había aparecido, o mejor dicho había desparecido. Hanma pudo comprobar mirando al cielo como aquella vibración hacia mover toda la cueva entera, como incluso las estalagmitas del techo vibraban como si fueran unas hojas livianas mecidas por el viento. Y allí al fono una pared que parecía llevar mas tiempo que todos los presentes juntos colapsó de golpe y porrazo. Hanma no parpadeó, aquello le sirvió para destensar su cuerpo y relajar todos sus músculos. No hacia falta ser muy listo para entender que aquello no tenía un origen natural, y hasta el obeso idiota que cayó rodando entendería aquello. Su rostro regalaría a todos los presentes una sonrisa ancha y feroz -Mira por dónde, al fin algo interesante.- Hanma no dejaría tregua, saldría rampante hacia la dirección a la que ahora todo el mundo miraba. Un torbellino enorme de color cobrizo que correría por entre toda la multitud hacia la cueva. Y en medio de toda la polvareda provocada por la caída de aquella pared y la propia estampida de Hanma, el cual previamente había avisado a sus compañeros de que iba a adentrarse, pudo ver como el grupo de gente mayoritario se apartaba para dejar paso a los demás. Eso no cuadraba en la mente de nuestro pelirrojo amigo, que avanzaría feroz con objeto de que algo o alguien acallara todo el hambre de violencia que poseía en ese mismo momento.
Fue así como el Gran Oni alcanzaría el umbral recién abierto y podría ver un interior iluminado por las llamas de las antorchas. ¿Había un rey al fondo de esto? Bueno, si existiera un rey Hanma lo haría arrodillarse ante el. Y tras eso, por fin. Podría dar rienda suelta a la bestia de su interior contra aquel gigante "mudo", o quizás lo haría en la propia oscuridad de la cueva ¿Quién sabe? Y sin mas preámbulos entraría al interior.
Cocina del Ogro
