[EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 1
#81
El cuerpo del tal Berachiah, o como se llamase aquel tipo, se desplomó sobre el suelo, haciendo crujir los tablones, con tal solo una delgada columna de humo negro y carbonilla saliendo de su cuello por cráneo. La explosión había sido fulminante. La cabeza de aquel hijo de puta borracho había estallado en mil pedazos en el momento en que había dado otro trago de su asco de licor, fuera el que fuera. No sabía qué era lo que había bebido, ni me importaba. Era el precio de vivir una vida hedonista y con tan poco cuidado por la imagen personal: en el instante en que aquel vidrio había vuelto a rozar sus labios, su destino había estado sellado, exactamente acorde al plan. Por desgracia, ni siquiera había tenido tiempo de darse cuenta de qué estaba ocurriendo. Cosas que pasan.

Tan pronto como ocurrió la explosión, desplegué mis alas y me planté sobre el estrado en un fugaz vuelo. Me retiré la capucha, permitiendo que la luz bañase mi piel y todos pudiesen contemplar la luz de los rasgos más apolíneos que jamás habían existido sobre la faz del mundo. (Yo) era bello, y la muerte siempre sienta mejor cuando viene de alguien como yo. Escuché con atención para ver si alguno decía algo de mí. Estaba deseando que todos admitiesen que yo era el más hermoso de aquel lugar —aunque estuviese mi hermana por allí—, pero tampoco era cuestión de tomar la palabra, ¡qué menos! Aquel sol radiante de sueños y ambición iba a encontrarse con su propio Eclipse.

Olía fatal, pero no cabía esperar otra cosa. A unos pasos por delante de mí, el cadáver de Barachiah P. Erastus descansaba sobre el suelo, sin rastro de cabeza. Sus pedazos, aún humeantes y carbonizados, se habían esparcido por alrededor, pegándose incluso a la pared trasera de aquella pobre gruta. Un final tan vulgar solo podía encontrar a alguien como él, desde luego. Hablando de la gruta... Sobre nuestras cabezas, la explosión parecía haber causado que la precaria estructura se resintiera. ¿Pero quién había construido aquella pedazo de mierda? Noté cómo caía algo de polvo sobre uno de mis hombros, y el tintineo de algunas pequeñísimas piedras desprendiéndose aquí y allá. Contemplé con atención a todos los que se habían reunido allí, planteándome cuál sería el primero. Deslicé el enorme kanabo del interior de mi capa, pasando a sujetarlo mientras apoyaba su lado más grueso sobre el suelo. ¿Quién podía tener más recompensa? ¿Quién era más guapo (después de mí)?



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#82

Los rumores que nos habían llevado a ese recóndita cueva de Kutsukku parecía habernos abierto las puertas de poder granjearnos un buen botín para nuestros bolsillos, a base de eliminar a toda esta alimaña putrefacta que se había reunido en este lugar. Mascaba incesantemente mi último chicle de fresa que me quedaba mientras mis ojos se posaban en las distintas figuras que habitaban el lugar. Quitando al anfitrión del lugar, ese perdedor de Berachiah , había muchas caras conocidas que me había permitido el lujo de memorizar gracias a la reciente edición del periódico, y luego piratas no tan reconocibles, e incluso mujeres semidesnudas, que desfachatez. Necesitaba un buen atracón de azúcar y no me quedaba casi ni un berry. Por muchas hazañas que hubieran logrado en el pequeño estanque suponía el Blue, no lograrían llegar con vida a la primera parte del Grand Line: El Paraíso. Y el pistoletazo de salida lo daría la propia muerte del anfitrión.

Tal y como habíamos planeado, la explosión precedió a la muerte del pirata con delirios de grandeza, delirios que le habían llevado a perder la cabeza, literal y figuradamente. Junto a mis máximos hombres de confianza, flexioné mis piernas para propinar un salto que me llevaría hacia el borde del estrado, a unos tres metros de la pared. Una vez allí, y encarando hacia la multitud - es decir, dándole la espalda a la pared -, deje que mi pie derecho se posara sobre el fétido e inerte cuerpo del capitán de lo piratas Scorn. En ese momento, retiré la capucha que ocultaba mi rostro de intimidantes y penetrantes ojos, observando en todo momento a cada una de las ratas infectas que habían venido a rondar a la zona. Fruncí el ceño, de ver a tanto criminal, gente con cabeza por sus recompensas suelto y pululando en libertad y con vida.- No os preocupéis. - enuncié, introduciendo las manos en los bolsillos, mientras comenzaba a acumular mi poder en mis piernas.- Ahora os llega vuestro turno, mondongo. - concluí, continuando por inflar un pompa de chicle hasta que, esta, estalló, coincidiendo este momento exacto con el inicio del derrumbe de la cueva en la que permanecíamos haciendo que, probablemente, el pánico cundiera entre mucho de los presentes. Que comience la cacería.


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#83
Todos los días amanezco guapo, pero hoy exagere.
 
Luego de seguirle la pista a un grupo de piratas con el que mi Polvo Nocturno se había obsesionado en capturar, habíamos llegado a una de las islas con menos aura en todo el mundo. Un vertedero atraía a un grupo de gente con mucho mas estilo que este basurero en el que nos encontrábamos, todo gris y sin ton ni son. Nos encontrábamos en una cueva en la cual el objetivo de mi polviruchis había atraído la atención de unos cuantos apestosos a quienes les vendría de perlas una sesión de ‘extreme makeover’ pues con las pintas que cargaban me hacían dudar que en su armario tuvieran una decima parte de lo que pedían por la cabeza de varios de los presentes. Mientras veía como aquel don nadie e intento de embaucador colapsaba a los trucos de mi Polvo Mañanero encontrando su final en este esperpento de sitio, cruce los brazos sobre mi hermoso pecho escondiendo las manos debajo de mis tersas axilas y empuje los hombros ligeramente hacia arriba y hacia adelante para ensanchar mi espalda cincelada por los mismísimos dioses, baje ligeramente la barbilla para mirar el cuerpo sin cabeza desde abajo hacia arriba, y fruncí mis perfectos labios ligeramente hacia adelante hasta que recrearon una inigualable ‘duckface’ a la vez que entrecerraba mis preciosos ojos haciendo un ‘squinch’.
 
Me encontraba detrás de mi Polvo Nocturno, a dos metros detrás de él y a un metro de su costado izquierdo, y en línea diagonal con mi Polvo Mañanero separado tres metros de este, sobre el estrado. Parecía que la cueva había decidido tragarse vivos a todos los que se quedaran en ella, seguro varios se lo merecían, ciertamente aquel horroroso gigantón con cuernos el que más. Mientras mi Polvo Nocturno les tiraba un facto a quienes ahora eran nuestros espectadores, pegue la lengua por completo al paladar superior y trague saliva para succionar mis perfectas mejillas hacia adentro, marcando la línea de mi cincelada mandíbula al máximo. Junté los labios, esta vez sin apretarlos, y levanté mi mano derecha juntando los dedos índice y medio para coloca la punta de mi preciado dedo índice justo debajo de mi oreja derecha. Cuando mi Polvo Nocturno termino su corto, pero certero discurso, deslicé los dos dedos firmemente hacia adelante a lo largo de mi mandíbula hasta llegar al mentón para, seguidamente, girar la muñeca derecha hacia afuera y extender el dedo índice hacia el frente tras lo que, finalmente, puse un dedo sobre mis perfectos labios simulando un ‘shhh’.
 
Esta noche cazaríamos a todos, y yo no estaba para escuchar lloros.
 

 
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