[Entrenamiento][Presente/Relativo] ¡La maestra Raito te ordena partirte el cráneo!
#1
Día 4 de Primavera, Año 18
A primera hora de la mañana, con los primeros rayos del sol

—Si le pego un cabezazo a una piedra la parto. Tengo un cabezón de melón. Un cráneo más duro que el diamante. Una frente sin cicatrices que te parte en dos. Reviento barcos, reviento edificios, menuda cabeza más dura. Sí señor. ¿Quiero recolectar pedruscos? Cabezazo. ¿Atravesar una montaña? Cabezazo. ¿Te metes conmigo? Cabezazo. Cabezazo. CABEZAZO.

Repetía una y otra vez en una de esas sesiones de entrenamiento bajo la luz del sol que se asomaba por el horizonte, a primera hora de la mañana, mientras le daba como una cabra a cualquier piedra que encontraba por el camino, dándome igual el tamaño que tuviera. Menuda frente más dura había conseguido gracias al entrenamiento de la magnífica Sira Matcha, menuda marcha, frente pa’ aquí, frente pa’ allá. Un ligero gesto y ¡PAM!—. ¡Chúpate esa, piedra flotante! ¿Quieres más? ¡Ven a por mi!

Cualquiera que me viera hablando sola y pegando cabezazos a las rocas saladas y envueltas en nubes se pensaría que era una esquizofrénica perdida. Y eso que había dormido mis ocho horitas y estaba lechuga como una fresca. No, no, fuera bromas, estaba bien descansada, pero es que tenía una frente a prueba de balas, y todo gracias al hasshoken. Tenía que enseñárselo a mis nakamas… Ya me habían avisado de que no todo el mundo era capaz de sacarle el mayor partido posible a este estilo de lucha, pero sin duda eran unas técnicas que venían bastante bien… Eso de ser capaz de hacer daño directo, ignorando las resistencias pasivas, era un plus muy plus extra, muy mega híper plus extra max pro.

¿Quién había por ahí con quien poder darle cabezazos a las cosas como una cabra? ¿Cuál de todos estos era el que más se parecía a una cabra? ¿Kael? Era muy formal para ser una cabra… Víctima perfecta para empezar a marearlo. ¿Estaba cerca? Sí lo estaba.

—¡Kael, al toque con la cabeza, que no se caiga al suelo la pelota! —y con un fuerte grito y de un cabezazo con fuerza controlada, le lancé una piedra del tamaño de un balón de fútbol en dirección a su cabeza. ¿Sería capaz de devolverme el pase dándole un cabezazo? ¿Estaría tan loco como yo?

Estando donde estaban, ya en el Grand Line, y en concreto, en Skypiea, debería de tener la suficiente fuerza como para ser capaz de darle un golpe con la frente sin que se cayera al suelo del madrazo. Y mientras yo le esperaba con los ojos abiertos como platos esperando que fuera capaz de seguirme el juego. Solo esperaba que aguantara esos cabezazos, y si no le enseñaba, no tenía que preocuparse. ¿No sería genial poder darse un cabezazo contra alguien y jugar como juegan las cabras? Estaba deseando poder batirme con alguien golpeándome frente con frente, solo de imaginarlo ya sonaba divertido. Y entonces me acordé de Masami, ¿no eran que sus técnicas tenían nombres de animales? Me quiere sonar que a una la llamó Leo… Y eso es un león.

—¡Masami, acércate, ven a jugar con nosotros al fútbol! —le grité desde lo lejos, ya que también había madrugado tanto como yo y conseguí diferenciarlo en la distancia, saliendo de una de las casas que nos facilitó Zarutsuki para nuestra estancia en la isla.

Kael era un tipo resistente, bastante mucho más que yo, pero no me ganaba en fuerza, y un tanque también tenía que ser capaz de hacer daño, así que enseñarle el hasshoken justo a él era algo que le podría ser bastante útil. Al fin y al cabo, si no tenía una fuerza equiparable a la mía, el hecho de conseguir que sus ataques ignoraran resistencias le haría no tener que depender tanto de ese atributo. Y por otra parte, Masami era una persona que lejos de usar su pistolita para marear y distraer, también se centraba en el combate cuerpo a cuerpo, y de entre todos los compañeros, era la que tenía un estilo más parecido al mío.

Era un win-win, por un lado, yo ganaba compañeros con los que poder romper piedras a cabezazos, y por otro, ellos aprenderían una pedazo de técnica que no les requeriría una fuerza abismal para reventarle los umbrales a sus adversarios. Y todo quedaba en casa, entre marines, entre los buenos.



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—Hablo —. ”Pienso”
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#2
Habían pasado alrededor de tres días desde los juegos, tesoro. Tres días desde la extracción de mi Akuma no Mi, desde aquel sueño extraño que todavía seguía dando vueltas en mi cabeza y desde toda la emoción que habíamos vivido aquel día en Skypea. Demasiadas cosas habían ocurrido en muy poco tiempo, y aunque todavía no sabía exactamente qué pensar sobre haber perdido aquella transformación, al menos comenzaba a sentirme. diferente. Aquella mañana desperté temprano en una de las casas que Zaratsuki nos había otorgado a los marines mientras permaneciéramos en Skypea. Lo primero que hice, como cualquier persona de cultura y buenos hábitos, fue dirigirme hacia un pequeño espejo para comenzar mi rutina de skincare.
 
Porque una cosa era ser marine, honey, y otra muy diferente era salir a la calle con la cara destruida. Después de unos cuantos minutos aplicándome mis productos, salí de la casa buscando algún sitio tranquilo cerca de uno de aquellos mares de nubes. Tenía una duda rondándome desde el día anterior, si me miraba en aquellas nubes tan extrañas, ¿mi reflejo sería igual que en el agua de abajo? Necesitaba comprobarlo. Era una cuestión científica, tesoro, pero mientras caminaba escuché una voz conocida, si, definitivamente era Akira, pero diferente.
 
Me detuve inmediatamente. Según había entendido, ahora había cambiado de sexo gracias al poder de la Akuma no Mi de otra persona y lo más extraño de todo era que había sido completamente consentido. Aquello último era lo que más me llamaba la atención, porque después de todo lo que había vivido con mi propia fruta, sabía perfectamente que cambiar el cuerpo de una persona no era precisamente un asunto pequeño, entrecerré los ojos, intentando imaginarme cómo se veía ahora. —A ver.—murmuré para mí mismo —Aki-chan, pero ahora es Aki-chwan. —  Hice una pequeña pausa. —Ay, necesito verla para procesarlo, porque mi imaginación está trabajando horas extras y no le están pagando, honey. — Finalmente lo distinguí a unos metros o mejor dicho, la distinguí.
 
Mi expresión cambió inmediatamente. —¡Aaaaaaaay, pero mira tuuuuuuuuu! — Me acerqué con curiosidad, observándola de arriba abajo sin ningún tipo de intención extraña, simplemente tratando de acostumbrarme a aquella nueva apariencia, miré sus pechos e instintivamente toque mi pecho, Akira ahora tenía tetas, y yo seguía mas plano y duro que tabla de planchar. Entonces escuché que quería jugar fútbol, abrí los ojos como platos. —¿Jugar fútbol? Ay, honey, pero ni me he hecho mi skincare. —Me llevé una mano al rostro como si acabaran de proponerme la mayor locura de la mañana. —Yo todavía estoy tratando de conseguir que mi piel vuelva a tener el brillo de una estrella de carnaval y tú ya quieres ponerme a correr detrás de una pelota. No, no, no. Primero la belleza, después los deportes.— Me acerqué un poco más hacia ella y ladeé la cabeza, todavía examinándola con curiosidad.
 
—Aunque tengo que admitir algo, Aki-chwan. —dije finalmente, sonriendo —Te queda bastante bien el cambio. —  Levanté una ceja y señalé hacia ella con uno de mis dedos mientras mordía levemente un dedo de mi otra mano de forma picara.  —Pero ahora tengo una pregunta importante, tesoro. — Hice una pausa dramática. —¿Sigues siendo igual de rápida? O ahora te pesan las tetas bebé. —  Porque si algo había aprendido durante nuestro entrenamiento en la división 80 era que Akira ya era demasiado rápida para mi gusto y si ahora además tenía un cuerpo diferente bueno, quizás aquel partido de fútbol iba a terminar siendo otra de mis formas creativas de recibir una paliza, incluso podría noquearme de un tetazo, si, estoy seguro que es algo que haria aki-chan.

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#3
El tiempo de los marines en Skypiea era...extremadamente relajante. A diferencia de las islas pertenecientes a los Blues, la isla de los cielos no requería ninguna actividad militar por parte de la marina. Las verdaderas fuerzas del orden estaban compuestas por guardianes elegidos por la guardia del emperador, y por tanto, ninguno de los once marines que nos habíamos encontrado en el camino en dirección hacia los juegos de los cielos, ni el resto de los que ya estuvieran presentes por la zona tendrían que preocuparse.

Era...un periodo de descanso. 

Kael no sabe muy bien gestionar esos periodos de tiempo, pero por suerte, el propio Zarutsuki les había dado permiso para, durante una semana, quedarse en el lugar y empaparse de la cultura de ese lugar tan bonito en la ciudad de Shandora, e incluso les había provisto a todos -criminales incluidos, pero no tiene la capacidad de reprocharselo-, un hogar donde el que hospedarse durante aquella semana en la isla. Ahora, gracias a eso, el soldado de la marina tenía cosas que hacer, sí...

Una de ellas, desde luego, no era jugar al futbol con una roca del tamaño de un balón.

¿Akira? Había tenido la cortesía de pasarla a una velocidad en la que él tuviera capacidad de reacción, pero aún así, estaba seguro de que si la recibía con su cráneo, probablemente terminaría con un fuerte chichón para los próximos días. ¿De verdad él...ella podía hacerlo sin lastimarse? Su compañera de división le había dicho que probase cosas nuevas cada vez que no estuviese trabajando, y por lo mismo, trataría de probar, al menos una vez, sabiendo que con lo resistente que era, aquello no le dejaría una lesión grave.

Sorprendentemente, consiguió aguantar el impacto, pero no para devolver la fuerza del impacto, resultando en la caida de la supuesta pelota al suelo. 

—Akira...—Dudó, planteándose si debía seguir llamándola así con su cambio de género.—Sabes que si la pelota le hubiera dado en la cabeza a cualquier otro podías haberla dejado inconsciente, ¿cierto?

Por más que hubiese cambiado de sexo, aquel hombre con complejo de simio seguía teniendo los mismos comportamientos salvajes en un cuerpo de mujer. Claro que no podía juzgarla en realidad. ¿Cómo iba a saber comportarse teniendo el capitán y los compañeros de división que tenía? Sin lugar a dudas, no estaba familirizándose en un ambiente adecuado, y más cuando un Birkaniano le hace preguntas como -¿te pesan las tetas?-

Hay cosas que a uno ya no le sorprenden.
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#4
Por suerte o por desgracia (para Kael), el chico de pelo negro había recibido el balón (la piedra) con el aguante suficiente no abrirse la cabeza y tener que irse corriendo a la enfermería a que le dieran algún que otro punto. Pero no me la había devuelto. Pues que miedoso, ¿no se supone que él era el más resistente de la 75? Aunque no le diera con fuerza y no la rompiera, el pase tenía que devolverlo. ¿Qué era eso de que te de la piedra en la cabeza, y ya?

—Pero tu no eres cualquier otro, ¿a que no? Fuiste de tu equipo el que aguantó aquel chorro de aire, ¡venga Kael! ¡Que a mí eso me hubiera mandado a volar! —expresé con entusiasmo y una amplia sonrisa, mientras me recogía el largo cabello dorado y brillante, tan característico en mi, y que MENOS MAL no había perdido en aquel cambio de sexo, en una coleta.

Y al tiempo en que me sujetaba el pelo con la goma que tenía en la muñeca (porque sí, se lo había visto a otras chicas, sobre todo a quienes se dedican a deportes de contacto, que el pelo tenía que ir recogido (a veces) para no molestar), noté como Masami se acercaba con curiosidad gracias al grito con el que momentos atrás la había llamado.

Por mi parte, y mientras mi compañera de división se acercaba, yo estaba buscando otra piedra del tamaño de una sandía para volver a intentar el juego—. Pero esta no es una pelota cualquiera, es un pedrolo del tamaño de tu cabeza, ¡mira! —grité de nuevo con alegría al encontrar una nueva piedra más o menos redonda y bien grande y cogerla para levantarla por encima de mi cabeza, a la altura de mis compañeros. Que eran un poquito más altos que yo, pero tampoco nos pasemos—. Quiero enseñaros una técnica y creo que de entre todos los marines, sois los que mejor partido le vais a sacar —les miré, esta vez con seriedad, para acto seguido, y ante las palabras de Masami, caerme de espaldas y dejar las piernas tiesas y mirando al cielo, mientras me encontraba tirada en el suelo (figurativamente, como pasaba en Shinchan cuando la liaba de alguna manera).

—Pues mira, se nota bastante el cambio, pero me gusta —dije mientras me levantaba de nuevo y me quitaba el polvo (las nubes) del pantalón y me empezaba a amasar las tetas como si estuviera haciendo pan—. No me siento menos rápido, ¡digo rápida! Aunque sí que es verdad que el que te claven unas uñas más largas que las de la Rosalía en las costillas me ha dejado algo entumeci… da. Pero yo creo que se me pasará. Lo que quiero decir es que sí, me pesan las tetas, ¡pero oye, no por eso soy menos rápida! —seguía con las manos en los pechos, mis pechos, hasta que me di cuenta porque la piedra estaba en el suelo. ¡Y me agaché de nuevo con velocidad para recogerla!

—¡No me líes Masato! Bueno, lo que os quería decir, ¿queréis aprender está técnica? ¡¡BUTO!! —y le pegué tremendo cabezazo a la piedra después de dar un pequeño salto en el aire para coger impulso—. La aprendí en Isla del Karate y fue algo durillo, así que venga, seguiré los pasos de mi maestra, la señorita Matcha, Sira Matcha, para que la podáis dominar… Creo que me acuerdo de todo, ¡vamos, venga! —y esta vez sin buscar ninguna piedra nueva, lo que les hice fue seguirme hasta una zona en la que no hubiera muchas nubes, sino más piedras, pero de superficie lisa, en las que poder subirnos para empezar el entrenamiento.

—Primera parte del entrenamiento del Buto: acondicionamiento craneal. Quiero que hagáis el pino, pero no con las manos, sino con la cabeza, con esta parte de aquí —les expliqué mientras me señalaba a la coronilla—. A mi me tuvieron así como unas seis horas, pero también era mucho más débil, yo creo que con que aguantéis un par de horas será suficiente. Tenéis que ser capaces de aguantar vuestro propio peso corporal con el cuello, ya os explicaré más adelante como funciona eso de que la velocidad es clave en la caída y por eso el salto. ¡Ahora a hacer el pino, vamos, vamos, vamos! —les expliqué con una sonrisa que se me veían los dientes y mientras daba aplausos a cada “vamos” que decía para animar a mis compañeros.



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—Hablo —. ”Pienso”
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#5
—¿Quieres enseñarnos una técnica, tesoro? ¿Pero tiene que ver con tus tetas o no? —pregunté, levantando una ceja.  Akira se había tirado al suelo bocarriba, contemplando el cielo mientras hablaba y, para mi absoluta sorpresa, no dejaba de tocarse el pecho como si, además de haberse convertido en mujer, se hubiera convertido en la repostera número uno de Skypea y aquellas fueran su masa madre. —Ay, Aki-chan nada más han pasao tres días y ya estás aprovechando demasiado tu nuevo cuerpo. — Me crucé de brazos, intentando mantener la seriedad, aunque aquella situación era demasiado absurda incluso para nosotros.
 
—Aunque pensándolo bien. —entrecerré los ojos mientras la observaba —Yo sí creo que puedo pegarte dos tiros, y ahora mucho más fácil, porque tienes dos tremendas dianas en el pecho, tesoro. — Señalé hacia ella con uno de mis dedos y sonreí de lado. —No te me vayas a ofender, honey, y menos ahora que somos TWIIINS, además estoy hablando estrictamente desde la perspectiva de un marine que necesita practicar su puntería. Esto es entrenamiento profesional. — Hice una pequeña pausa y añadí, con una sonrisa traviesa.  —Aunque si sigues acostada así, voy a terminar pensando que tú misma estás poniendo los blancos, regla número 54 de la guía del marine; en tiempos de guerra cualquier teta mal ubicada es un blanco de entrenamiento. — Lo dije con una seguridad tan absoluta que hasta levanté un dedo, como si estuviera recitando una de esas normas importantísimas que todo marine debería conocer desde el primer día. Claro que me la acababa de inventar, pero vamos, tesoro, ¿quién iba a comprobarlo?
 
—Artículo cincuenta y cuatro, párrafo segundo, inciso Aki-chan deja de hacer el vago y levántate. —añadí, intentando mantener la seriedad durante unos segundos antes de que una sonrisa me traicionara. —FUFUFUFUFU!!!!— Seguramente Akira ni recordaba la mitad de la teoría que le habían impartido cuando apenas era un recluta. Entre entrenamiento, combates y aquella velocidad suya, dudaba muchísimo que hubiera memorizado semejante cantidad de reglamentos. Me crucé de brazos y asentí convencido de mi propia mentira. — Está en el manual, honey. Página ciento veintisiete. Con un dibujito y todo. — Hice una pausa y miré hacia el cielo. —Bueno, creo que era la ciento veintisiete. —  Bajé nuevamente la mirada hacia ella que ya se había levantado —O la ciento veintiocho. — Me encogí de hombros. —Pero existe. Te lo juro por mis maracas. —
 
—Bueno, bueno, ya no te lío más. ¡FUFUFUFU! —dije entre risas, negando con la cabeza. Era imposible no reírme de aquella situación, pero lo que ocurrió después me dejó completamente congelado durante un segundo, tesoro. Akira había golpeado su propia cabeza contra una roca como si aquella cosa fuera el colchón de una cama tamaño queen. —¿Pero ¿qué haces, Aki-chan...? — Me quedé mirándola con los ojos abiertos. Definitivamente Akira siempre terminaba siguiéndome el juego. Eso era precisamente lo bueno de tener un compañero así; podía soltar la barbaridad más absurda y, en lugar de mirarme como si necesitara tratamiento, encontraba la manera de hacerla todavía más ridícula.
 
Me llevé una mano al pecho y adopté una expresión de absoluta determinación. —Bueno, si es por tu BUSTO, te sigo, tesoro. — Di un par de pasos hacia la roca, inflando el pecho con toda la dignidad que podía reunir. —Yo también golpearé con mi busto. FUFUFUFU!!. —Miré la roca y luego miré a Akira, después volví a mirar la roca. —Pero una cosa te voy a decir, honey. —murmuré, señalándola —Si después de esto termino con la cara enterrada en una nube y necesito que me saquen de aquí con una pala, vas a tener que explicarle a Juan que todo fue culpa tuya. — Flexioné ligeramente las rodillas y tomé aire. Me acomodé el cabello. —¡Vamos allá, Aki-chan! ¡Que viva el entrenamiento científico!— Entonces comencé a hacer el pino exactamente como lo había explicado Aki-chan. Preferiría estar frente a un espejo terminando mi skincare y arreglándome el maquillaje, tesoro, pero si Akira decía que aquello era una técnica nueva, pues había que intentarlo. —Bueno. allá voy. — Apoyé las manos firmemente sobre el suelo, tomé aire y, después de un pequeño impulso, levanté las piernas hasta quedar completamente de cabeza. El mundo se volteó de inmediato. —¡Ay, Dios mío! —  Me quedé unos segundos intentando mantener el equilibrio, con las piernas estiradas hacia arriba y los brazos temblando ligeramente por el esfuerzo.
 
—Esto no se parece en nada a maquillarse, honey.— Intenté acomodar mi postura mientras miraba el suelo desde aquella posición. —Pero si esto funciona, mañana mismo lo agrego a mi rutina. Primero veinte minutos de skincare y después cinco minutos de estar patas arriba como murciélago. La Marina va a estar orgullosa de mí. FUFUFUFU!!— Respiré profundamente para estabilizarme y giré apenas la cabeza hacia Akira. —¿Y ahora qué hago, Aki-chan? Porque estoy esperando la parte donde esta técnica revolucionaria empieza a tener sentido, mi amor.— 
Mi estupido y sensual Off
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#6
Ciertamente, Kael no era un marine como cualquier otro. La prueba mas clara de ello se reflejaba en el lugar en el que se encuentra ahora mismo. Skypiea, o mejor dicho, el Grand Line, tan solo era un lugar accesible para aquellos que tuvieran la entereza como para sobrevivir en condiciones tan adversas como para dejar miles de fallecidos cada año. Él y los miembros de su división seguían con vida, y eso demostraba que de alguna forma, el era mas fuerte.

Claro que si la piedra le hubiese dado en la cabeza a la Humink, sí que estaría sangrando, pero eso es un tema que no le preocupa…mucho.

—Supongo que tienes razón. Quedé segundo en la prueba por algo, ¿no?—Aunque la diferencia entre el primer y segundo puesto fue absolutamente abismal.

A partir de ese momento, Kael tuvo que filtrar información en su cabeza por cada frase que lanzaba cada uno…¿una? De las…¿o era los? Compañeros de…mira, ¿sabes que? Por una sola vez voy a usar lenguaje inclusivo. Les compañeres de Enji y Juan sin duda decían cada tontería que al azabache le costaba mantener la compostura. Cada barbaridad que comentaban, era un momento de lucha por no salir de ese lugar y dejarles completamente a su aire, pensando en lo mal que estaba todo eso. ¿Que había pasado en ese grupo? ¿Qué clase de marines eran? ¿Era un grupo desecho? No, claro, tenían a un dragón celestial entre ellos, pero aún así..

Respiró profundamente.

Pudo entender cómo tenían que entrenar el cuello para no hacerse daño a la hora de aprender esa técnica conocida como Buto, una técnica aprendida en la Isla de Karate. Omuyaga se interesó por eso. Si había algo útil en el mar del que procedían, eran las técnicas que se aprendían en esa isla. 

—¿Estas horas haciendo el pino? Eso puede ser bastante doloroso, pero supongo que puedo aguantar.

Por supuesto, una de las cosas con las que más puede quedarse tranquilo, es saber que sería dificil partirse una parte del cuerpo pues, en el peor de los casos, podía aumentar la resistencia de cualquier parte de su cuerpo gracias a su akuma no mi. Al fin y al cabo, no se es un hombre fortaleza por nada.
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#7
Pronto mis compañeros de la Marina se acercaron a donde estaba sin poner ningún tipo de queja. Masami, que estaba un poco más lejos, se acercó con su entusiasmo característico, pero con una retahíla de preguntas que, lejos de agobiarme, me parecieron graciosas e interesantes. Por otra parte, Kael sí que se mostraba algo más serio. No parecían hacerle gracia las bromas que teníamos entre el okama de la División 80 y yo, pero no le quedaba otra que acostumbrarse, ya que era nuestro modus operandi. Y bien lo sabía él.

—Obviamente no tiene que ver con mis tetas, he dicho Buto no busto. Aunque seguro que me tienes un poco de envidia. Mira mira —dije mientras me volvía a manosear los pechos delante de Masami, que parecía bastante interesado en ellos.

—Atrévete a dispararme a las tetas y te disparo yo en otra parte, corazón —le respondí entre risas, casi saltándose las lágrimas, mientras notaba la incomodidad del tanque de la División 75. Nos miraba sorprendido o decepcionado, pero nos miraba y eso era… ¿bueno?

—Mira, yo no sé dónde aparece el artículo ese del que hablas... Iba aprobando los exámenes de la Academia Marine porque estudiaba el día de antes y me pegaba unas palizas que flipas con los libros, pero no me quiere sonar… Aunque teniendo en cuenta lo que hemos visto las pruebas, me esperaría cualquier cosa. ¡¡Tchakikikiyah!! ¡¡Artículo 57, Masami le tiene envidia a mis teeeetaaaas!! —me reí junto con Masami al tiempo que hacía sus bromas sobre mis tetas y sobre hacer el vago, o mejor dicho, la vaga.

Por otra parte, y a pesar de nuestras estupideces, Kael se mostraba seguro para aprender la técnica gracias al nivel de resistencia que había sido capaz de demostrar en las pruebas, quedando en segunda posición justo detrás de Juan, a quien era bastante difícil igualar en este terreno.

Fue él, de hecho, quien tomó la iniciativa y se puso boca abajo para hacer el pino con la coronilla. Al que siguió Masami casi de inmediato con bastantes ganas. Sin duda era una técnica que les podía causar curiosidad, así que tras decirles que tenían que estar así un par de horas, lo siguiente que iba a hacer era engancharlos individualmente.

—No quiero ni que os resistáis ni qué os asustéis con esto que voy a hacer, pero es necesario para que no os rompáis el cuello. Si os rompéis el cuello morís y eso sería una desgracia… Luego me tocaría recoger los cuerpos y darles una explicación al resto y madre mía… Qué movida —les dije entre risas y un poco de vacile mientras les observaba haciendo el pino. Y si no se les bajaba la sangre a la cabeza y conseguían entender lo que estaba a punto de hacer, les iba a pillar de sorpresa igualmente.

Primero a por Kael, ya que fue el primero en ponerse haciendo el pino. Así que me enganche a su cuerpo, que estaba dado la vuelta, como si estuviera enganchada en una de las lianas de las que me solía colgar en los árboles. Y empecé a hacer fuerza hacia abajo intentando que se le chafara la cabeza contra el suelo.

Lo hice durante unos cinco minutos. Y Masami iba a correr la misma suerte. Cuando acabé con Kael, me enganché en el cuerpo de la okama intentando no enredarme con las plumas de sus alas e hice exactamente lo mismo: presione hacia abajo para que se chafara la cabeza contra el suelo.

Tenían que aguantar el peso de mi cuerpo más el suyo si querían que sus cabezazos fueran lo suficientemente fuertes como para romper una piedra sin romperse el cuello en el intento. Y eso que yo pesaba bien poco…
—Hablo —. ”Pienso”
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#8
—Wait, wait, waaaaaait. ¿qué le estás haciendo al pobre cara de pocos amigos, Aki-chwan? —pregunté, completamente desconcertado al ver la escena. Akira se había subido sobre el cuerpo de Kael, que estaba dado la vuelta, y comenzó a hacer fuerza hacia abajo como si quisiera doblarlo por la mitad. Yo no sabía si aquello pretendía ser una técnica de combate, un estiramiento o un intento bastante creativo de mandarlo a viajar hasta China por el centro de la tierra, tesoro.
 
—¡Pero muchacha, cuidado! — Me quedé observándolos unos segundos, todavía con las manos apoyadas en el suelo después de mi intento de hacer el pino. —Una cosa es entrenar y otra es intentar convertir a Kael en acordeón, honey. — Me incorporé finalmente y sacudí un poco mis manos. —Y ni se te ocurra hacerme eso a mí. —  Señalé a Akira con una expresión de absoluta advertencia, aunque una sonrisa juguetona terminó apareciendo en mi rostro. —Porque te voy a disparar a esas grandes y saltarinas sandías que llevas por tetas, tesoro. Después no vengas a reclamarme por daños colaterales. — Me acomodé el cabello y di un pequeño paso hacia atrás.
 
—Yo soy marine, sí, pero todavía tengo amor propio. No voy a permitir que me utilices como si fuera una tabla de planchar. — Levanté una ceja. —Además, bastante tengo con aprender a pelear sin mi Akuma no Mi como para terminar ahora necesitando que me reconstruyan la columna, ¿no crees? —  Sin embargo, después de ver cómo Akira había hecho aquello con Kael, inicialmente me negué rotundamente. Pero, tesoro, terminé cediendo porque, si aquello de verdad servía como entrenamiento, tampoco podía quedarme atrás. Volví a hacer el pino, apoyando las manos y levantando las piernas hasta quedar completamente de cabeza. Akira hizo lo mismo conmigo y, por unos segundos, sentí que todo mi cuerpo comenzaba a temblar por el esfuerzo.
 
Desde aquella posición podía verla prácticamente al revés, y cada vez que daba uno de sus pequeños saltos, su pecho subía y bajaba siguiendo el movimiento como si tuviera dos pequeñas nubes de Skypea haciendo órbita alrededor de ella. —Oye, Aki-chwan. —dije entre esfuerzos —¿Esas dos tienen gravedad propia o qué? Porque cada vez que saltas parecen tener su propio sistema solar, tesoro. — Intenté mantener la postura, pero aquello comenzaba a doler bastante más de lo que había imaginado. El peso de mi propio cuerpo, sumado al de Akira y al movimiento que hacía sobre mí, estaba obligándome a soportar prácticamente todo con los brazos, la cabeza y el cuello.
 
—¡Ay, ay, ay! ¡Esto no estaba en el manual número cincuenta y cuatro de la Marina! —Apreté los dientes intentando aguantar unos segundos más. —¡Definitivamente prefiero recibir una patada de Juanse! — Respiré con dificultad, intentando no perder el equilibrio. —Aunque tengo que admitirlo. —murmuré, haciendo un esfuerzo enorme por mantenerme firme —Esta técnica sí que está poniendo a prueba hasta músculos que ni sabía que tenía, tesoro. — Mi cuerpo tembló otra vez. —¡Pero cuando terminemos necesito un masaje! Y que conste que no estoy pidiendo nada raro, bueno, dependiendo de quién me lo dé, podríamos negociar, pero ese no es el punto. —  Intenté aguantar un poco más antes de comenzar a bajar lentamente. —¡Aki-chwan, avisa antes de volver a saltar! ¡No quiero que mis vértebras terminen solicitando su propia baja médica! —
 
—¡Regla número 72 del reglamento de la Marina, tesoro! —declaré con absoluta seriedad, intentando levantar un dedo —Todo marine que termine con la espalda hecha puré después de un entrenamiento tiene derecho a un masaje reparador por parte del compañero disponible más guapo. — Hice una pequeña pausa y sonreí. —Y si el compañero está demasiado guapo, honey, el masaje pasa automáticamente a ser obligatorio. Es cuestión de salud pública, no de coqueteo. —  Me crucé de brazos, orgulloso de mi supuesta normativa. —Artículo 72, inciso B: si durante el masaje el marine se pone nervioso, deberá realizar tres respiraciones profundas y recordar que está frente a un compañero de armas. — Entrecerré los ojos. —Aunque. si después de esas tres respiraciones sigue nervioso, habrá que considerar que necesita un masaje más largo. La Marina tiene protocolos muy estrictos, tesoro. —


Mi estupido y Sensual Off
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#9
Kael, a medida que les dos marines hablaban, cada vez prestaba menos atención. La conversación estaba perdiendo toda clase de sentido a sus oídos, y aunque por razones más que evidentes había escuchado decir un sinfín de estupideces a centenares de marines durante todos sus años en la Marina, por alguna razón en particular, este tema en concreto le hacía querer todavía menos prestar siquiera un mínimo de atención.

Su cerebro estaba, de alguna forma, aprendiendo a filtrar las palabras de elles dos para que todo lo referente al entrenamiento sí llegase hasta su cerebro, y le saliera por la otra oreja todo lo demás. Donde no perdió atención de ningún tipo fue, sin embargo, cuando su atropellade maestre decidió subirse encima del soldado como un Koala en un eucalipto, en una postura que jamás en la vida hubiese esperado compartir con un aliado en un entrenamiento, apretándole la cabeza contra el suelo.

¿Dolía? Joder si dolía, pero tensar el cuello más de la cuenta le daría más probabilidades de terminar partiéndose la crisma y terminar su aventura muchísimo antes de lo estimado. Estuvo, en ese momento, a punto de activar su Akuma con tal de librarse del dolor, pero aquello era, de alguna forma enrevesada, un entrenamiento de resistencia. Si había algo en lo que él destacase por encima de muchos de sus compañeros, era precisamente en la capacidad de resistencia que posee el susodicho marine, y por ello, no puede simplemente ceder ante la primera adversidad que se presenta en su cuerpo.

—Mientras sepas bien lo que estás haciendo me fiaré de ti, Akira. Procura solo hacerlo de una forma en la que estés segura que no me voy a romper el cuello, o la vamos a tener.—Puede que yo como narrador utilice lenguaje inclusivo, pero Kael en la vida trataría a una persona con una terminología semejante. Si Akira ahora es una mujer, como mujer se va a quedar, con todas las consecuencias que eso le haga tener.
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#10
—¿Cómo que grandes y saltarinas sandías? —jeje, que gracioso, me gustaba el término, pero no podía decirlo, sino no dejaría de llamar así a mis tetas por el resto de la eternidad—. ¡Bueno, al tema, deja mis órbitas y céntrate! —pegué un salto con más potencia sobre el cuerpo de Masami para que notara una especie de “escarmiento”, intentando que se tomara más en serio el entrenamiento, aunque a quién quería engañar, era su esencia—. Kael, ¿has escuchado? Quiere que le des un masaje —me reí al tiempo que ya me desenganchaba de ellos para darles un breve respiro y pasar a la siguiente fase—. A ninguno se os va a partir el cuello, no os preocupéis, está todo controlaaaaadoo.

Junté con un golpe seco las palmas de mis manos: ¡CLAP! Y entonces me dispuse a explicarles qué era lo siguiente que debían hacer—. Bien mis corazones guapos y hermosos, y no, no me refiero a mis pechos Masami, que ya te veo venir, tchakikikiyah —continué con las bromas intentando mantener mi posición jerárquica de “maestra” en este entrenamiento—. Tomad un poquito de agüita que os he traído —y entonces saqué un par de botellas de agua bien fresquita del interior de una nube, porque sí, estaban hechas de agua y bueno, una piensa que igual puede rellenar botellas y sí, efectivamente pude hacerlo.

—Ahora el siguiente paso va a ser lo siguiente, quiero que saltéis lo más alto que podáis, o bueno, con que saltéis me sirve… Pero tenéis que saltar lo suficiente como para que en el aire os de tiempo a doblar el cuerpo, me da igual de qué manera os retorzáis en el aire, yo suelo hacer volteretas, triple mortales y esas cosas que me gustan, pero simplemente podéis saltar y ya —expresé con las manos extendidas hacia arriba y una cara de increíble confianza en mis capacidades acrobáticas, dándomelas un poquito de guay—. Lo que quiero es que al caer, se os quite el instinto de querer caes con los pies para mantener el equilibrio, vuestro equilibrio ahora lo tiene que tener vuestra cabeza. Tenéis que caer con la cabeza, bien sea con el careto, con el cogote, la coronilla o la frente. Yo os recomiendo la frente, porque os permitirá tener un movimiento más controlado, pero eso ya vendrá más adelante. Ahora tenéis que caer con la cabeza.

Y sin realizar la técnica de nuevo, me coloqué en posición y pegué un salto lo suficientemente alto como para no me perdieran la pista en el cielo, de tal manera que al elevarme lo máximo que me permití, dí la vuelta en el aire con una pirueta que me hacía girar horizontalmente, para terminar cayendo con la cabeza y quedarme haciendo el pino, tal y como les había explicado anteriormente. Continué hablándoles desde esa posición con un equilibrio sorprendente, era como si estuviera de pie y manteniendo con ellos una conversación cualquiera, pero estaba completamente del revés—. Tenéis que intentar conseguir esto, ¿veis? No me ha costado nada, mi objetivo ahora mismo es que a vosotros tampoco. Bueno, os costará un poco al principio, pero por eso era importante mantener el equilibrio haciendo el pino con la cabeza y tener el cuello bien fuerte. Daros cuenta que esto en realidad sería un golpe dado con fuerza, no simplemente caer y aguantar en esta posición —me levanté de nuevo y les sonreí—. ¡Vamos, ¿quién quiere ser el primero?!



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
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