[ PR | Entrenamiento Haki ] El tesoro oculto en Skypia.
#1
07 de Primavera | Año 18
Soleado – 11:00AM



- OST -

- Unas vacaciones no podrían ser consideradas como tales sin una expedición a la jungla. –

O al menos eso era lo que pensaba el pirata de cabellos castaños y ojos color miel, quien, en compañía de la hermosa morena de peligrosas curvas, había decidido aventurarse a la selva de Skypea para encontrar algún tesoro dejado por piratas del pasado quienes tal vez, tras haber sobrevivido a la misma corriente ascendente que ellos, guardaron sus riquezas en algún lugar marcado por la X.

"Vamos Bro, seguro que encontraremos un lugar perfecto muy pronto. Mantente alerta para cuando lo encontremos." Con tal esperanza en su corazón, Ryota avanzaba por entre las raíces gigantes del camino selvático de la isla, cargando su instrumento, una pala sobre el hombro izquierdo y su colgante bajo sus ropas. Junto a él, venía su confiable amigo Tocho Morocho con un casco naranja sobre su cabeza, algunas bolsas de víveres a los costados y la muchacha que consiguió el primer lugar de la prueba del coloso.

Runin podría llegar a encontrarse algo ofuscada, pues el capitán de los Hanu Mahana le había prometido entrenarla en el uso del Busoshoku Haki si lo acompañaba. Aunque, antes de prometérselo le explicó que dominar aquella técnica era tan complicado que debería llevar un traje de entrenamiento especial para dominarla.


Sin embargo, desde que salieron de la casa otorgada por el propietario de la isla, Ryota no había hecho ninguna mención al entrenamiento. Obligándola a soportar el insufrible calor dentro de ese apretado, provocativo y sugerente disfraz de látex que enseñaba todas sus curvas sin dejar mucho a la imaginación.

Una lástima que el castaño le hubiera convencido de no llevar nada más debajo para que el entrenamiento pudiera llevarse a la perfección.



“¿Cómo lo llevas, encanto?”

Sus ojos se desviaban con descaro por la figura de la señorita, haciendo evidente lo mucho que disfrutaba el verla con ese tipo de vestiduras. En realidad, si no fuera porque ella no logró sentir ningún rastro de mentira por parte del oji ambarino cuando le convencía de ponérselo, seguramente la chica no hubiera aceptado. ¿O quizás sí? De cualquier forma, el descaro con el que la miraba era evidente y lejos de ocultarlo, tan solo peinaba sus cabellos con la mano libre hacia atrás mientras le sonreía.


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#2

Los soleados días en el interior de cualquier isla tropical tienden a ser húmedos, exhaustivos, sofocantes; lugares donde el sol parece no tener intención alguna de dar tregua o esconderse durante unos pocos segundos tras las nubes. ¿Qué hace uno ante ese tipo de clima? Buscar refugio o afrontarlo hasta que replegarse se convierta en una necesidad, hasta que un vaso de agua helada consiga refrescar la situación o un baño se convierta en la solución por defecto.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando ese mismo sol no solo parece, sino que ESTÁ más cerca que nunca de sus cabezas? Como si un niño pequeño decidiera utilizar una lupa contra un grupo de hormigas, con el infortunio que representa ser dichas hormigas. Por fortuna para el trío de aventureros, la espesa vegetación tiende a cubrir buena parte de los rayos solares, regalando segundos e incluso valiosos minutos de sombras.

Aun así, el calor no sucumbe. Se filtra entre los árboles, se siente bajo el apretado latex que delinea hasta la última curva de la fémina, adhiriéndose a su piel como las gotas de sudor que resbalan entre sus pechos y muslos. El aire se siente pesado, el ligero galope de Tocho Morocho la menea de lado a lado, aún cuando intenta ser cuidadoso en su caminar. Así que bien… ¿Cómo? ¡¿Cómo ha acabado en una situación de ese calibre?!

Cuando aquella mañana Ryota se presentó ante su puerta, apremiándola para iniciar el entrenamiento, nunca imaginó el apretado traje de látex rosa que aparecería frente a sus narices. Recuerda la soltura con la que el castaño proclamó la importancia de utilizar ropa ceñida para obtener mejores resultados; algo que, según él, incluso había tenido que usar durante su propio aprendizaje del Busoshoku Haki, aquel que Jalindra no había alcanzado a enseñar a la morena. Runin dudó. Incluso frunció el entrecejo antes de arquear una ceja. ¿Se estaba volviendo un experto mentiroso? ¿Había aprendido a superar a la amazona en aquello de los engaños? ¿O, para su desgracia, estaba siendo completamente honesto?



“Si, claro.”

Fue el pensamiento más franco y sarcástico que se le pudo ocurrir, aún así le arrancó la prenda de las manos al castaño. ¿Qué de mal hacía cumplir uno que otro deseo de su nuevo “maestro”? Hey… ¿Cómo que sin nada abajo? Donde ese entrenamiento no valiera la pena alguien tendría que hacerse cargo de las consecuencias, lo que nos lleva al ansiado presente.



—¿Tú qué crees, cariño?

Sentada sobre Tocho Morocho, con las piernas cruzadas desde un costado de él, observa al castaño con enfado. Nota la mirada del hombre, la misma que no deja de perderse sobre la figura de la amazona, por lo que ella decide sonreír con malicia. Con deliberada lentitud, descruza las piernas y las separa apenas durante un instante, solo el suficiente para alimentar aquella mirada, antes de volver a cruzarlas con toda naturalidad, una sobre la otra. Relame sus abultados labios. —A este paso terminaré quitándome toda la ropa aquí mismo, querido. —Finge afectación, suspira mirándolo con súplica; la escena no le dura mucho antes de volver a sonreír con sorna.


—Pero antes de hacerlo te golpearé tan fuerte que perderás el conocimiento y no podrás verme después de quitarme el traje. —Amenaza, no hay verdadera intención en ello, claro, en realidad le gusta que le mire con tanta atención, es su gusto culposo. —¿A qué hora llegamos? ¿Y para qué es esa pala? ¿No piensas enterrar a alguien tan bonita, no es así, cariño? No te lo perdonarías. —Tocho Morocho relincha como si estuviera riéndose, Runin frunce el entrecejo, pegándole al casco que tiene sobre la cabeza, sin fuerza. Ryota si que lo ha protegido bien.



—Dime que al menos me trajiste vino, querido.


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#3

La mirada furtiva de Ryota se enfocó en las abundantes curvas de su compañera cuando ella interpretó la atrevida escena protagonizada por Sharon Stone en la película “Basic Instinct” del 92. “Waos…” Penso a sus adentros, notando cada detalle de la mujer que, pese a su increíble figura, se muestra afligida por la situación. 



“¿Ah si? ¿Toda la ropa?”

Las mejillas del varón se tornan de un color rojizo, recordando la figura de quien va a lomos de su fiel corcel. Ha caído por completo en el sucio truco de quien tiene el dominio por su belleza.

Sin embargo, descubre pronto que aquel suspiro de lamento no es más que una tetra cuando la sonrisa altiva aparece de nuevo en aquellos labios gruesos que le roban los sueños.

Una nueva amenaza borró la tonta expresión en el rostro de Ryota, obligándole a cambiar los buenos recuerdos, para traer a su mente todas aquellas ocasiones en las que la salvaje amazona abusó de su fuerza.  “Te vas a arrugar pronto siendo tan gruñona…” Inflo sus mejillas en protesta por el maltrato recibido, aunque aún no llegara ningún golpe.

“No soy tan violento como otros…” Respondió a la última pregunta dada por la joven, lanzando un pequeño dardo a las conductas de la femina. “Y para serte honesto, no debería faltar mucho, aunque es difícil dar con los sentidos de norte y sur en esta isla…” Su log pose aún no ha podido recibir la nueva guía de la siguiente isla a la que deberían viajar cuando salieran de allí.

“Bueno, la pala es para excavar los tesoros, claro. Si encontramos uno bueno, debe estar enterrado bajo esta capa de tierra…” Se quedó pensando durante unos pasos más. “O eso espero… si sigo de largo y caigo de la isla sería una muerte horrible…” Trago saliva algo temeroso de su propia suerte, para luego retomar valor y sacudir su rostro abandonando los pensamientos negativos.



“Sí, claro, en una de las bolsas que tiene Tocho te traje vino, también hay agua y comida. ¿Deberías verlo como una cita, no? Siempre te quejas porque no salimos de paseo o tenemos un momento romántico.”

Al término de sus palabras, el trío pudo ver hacia el frente varias decenas de metros el término del gran bosque. Lo que parecía seguir más allá del suelo de tierra era un gran mar de nubes que propinaba una caída a la mismísima nada.

Habrían llegado al borde de la isla y por lo que el de cabellos castaños podía observar, no existía algo como una costa. “Mmmmmm, ¿si fuera una tripulación pirata de hace 400 años dónde habría enterrado mi tesoro si llegara a esta isla por casualidad?” Se hizo una pregunta en voz alta, acercándose luego a una de las bolsas de Tocho para tomar un chicle y ponerlo en su boca.

Tan pronto como masco el dulce, vio un gigantesco tronco cortado unos metros a  la distancia, era tan grande como un granero, incluso más grande. “Claro, algún lugar secreto en las raíces de un gran árbol… ¡vamos bro!” Indicó el camino con su pala, lleno de emoción, para continuar junto con Tocho Morocho y Runin. "Hablando de lo que quieres que te enseñe, ¿sabes algo del Busoshoku Haki?"


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#4



¿Arrugarse? ¿Está empezando a arrugarse?

¡Inaudito! ¡Su juventud está intacta!

No piensa darle el gusto al castaño tocándose el rostro para constatar las líneas de expresión formadas por los constantes enfados y fruncimientos del entrecejo. Claro que no. Aun si las manos le pican por querer llevarlas hacia la frente... O puede que sea culpa de la delicada tela que las recubre, incómoda producto del calor húmedo. No importa, no es nada con lo que no puede lidiar. Ignora las palabras del ajeno sobre su tan aclamada personalidad violenta. ¡Es solo una manera directa de mostrar su punto de vista!

Las respuestas a sus cuestiones no demoran en llegar, incluso generan sonrisas honestas que, por momentos, provocan que olvide mantener la molestia causada por el escenario en cuestión. —Fufufu, no estoy segura de si todos los tesoros funcionen de la misma forma, cariño. —Asevera con una negación de cabeza. Es más que obvio que jamás lo dejaría caer por ningún acantilado, ya sea uno normal o uno suspendido a metros y metros sobre el nivel del mar. —Oh, ¿de verdad? —Algo sorprendida observa las bolsas. Se apresura a buscar algo en particular.



—¿Una cita?

Ha dicho la palabra.

¿Ese podría considerarse un momento romántico? ¿Buscando la dirección de un tesoro? ¿Siendo llevada por un corcel negro? ¿Vistiendo ropa de látex que solo usaría para saciar más que la imaginación del castaño? ¿Con su apuesto caballero cargando una pala y dirigiendo el paso?



—Claro que es una cita, querido.

Convencida permite que una sonrisa más complacida aparezca en la faz de su rostro, en especial cuando una de sus manos roza la botella de vino que el castaño ha traído consigo, esta vez la apertura es sencilla para que ella no tenga que hacer esfuerzos innecesarios. Ella bebe un poco y lo vuelve a guardar, no quiere tomar tanto del contenido, quiere ver todo, escuchar todo, disfrutar de su cita y, claro, en el fondo espera que el castaño encuentre el tesoro y puedan ir a comer juntos a algún restaurante de la isla y ¡el entrenamiento!

—Fufufu, no se qué tan sencillo sea cavar en medio de ramas que deben llevar aquí cientos de años, cariño. ¿Te ayudo? —Cuestiona sin bajar del corcel, sintiendo su ligero trote. Relame los labios con soltura antes de hablar.

—En realidad no sé mucho, cariño. Jalindra solo mencionó que conoce dos tipos de hakis, pero al final solo me enseñó el kenbunshoku; según ella era la mejor opción para alguien como yo; para que empiece a ver lo que sucede a mi alrededor. —Asiente recordando las palabras de su maestra. —¿Es igual al kenbun o tiene algo más en particular? —Pregunta, curiosa. Ahora que lo nota, mientras más se acercan más grande se ve el árbol.



—Podríamos hacer un picnic romántico ahí, cariño.

Luego del entrenamiento, claro, y de obtener el famoso tesoro.


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#5
- OST -



“¿Y a esta qué le pico? De repente dejó de mirarme feo…”

El repentino cambio en la actitud de la hermosa morena despertó las alarmas en el interior del castaño. Confiaba en aquella mujer con su vida y, por supuesto, estaría dispuesto a morir por ella, pero ni siquiera él llegaba a entenderla del todo. “Bueno, la verdad es mil veces más linda cuando me ve así…” Sus mejillas se recubrieron de un ligero tono carmesí y su ánimo se multiplicó al instante. Las mujeres, en definitiva, eran peligrosas.

La conversación fue más amena a partir de la mención de la cita. Desde ese punto Runin fue mucho más empática e incluso se prestó para ayudarle en caso de necesitarla. “O fue eso, o fue el vino…” Pensó, dudando si lo que realmente la calmaba era el alcohol o su mera presencia.



“No te preocupes, encanto, descansa como la princesa que eres y yo encontraré el lugar perfecto.”

Se negó a su ayuda con una formalidad caballeresca, pues no iba a obligarle a trabajar cuando al final de todo existía la amplia posibilidad de no encontrar absolutamente nada y quedarse con las manos vacías. No era estúpido.

La mención al Haki llegó cuando el trío se acercaba a las gigantescas raíces del gran árbol que divisaron desde la distancia.

Por lo que Ryota había escuchado de Jalindra, parecía ser una gran maestra. Incluso se tomó el tiempo de enseñarle a Runin primero el haki más adecuado para su estilo de pelea, algo muy diferente al hombre que le enseñó a él.


Sin dudas, Kaelith fue una experiencia inolvidable en la isla del cielo.

“En realidad no es tan útil como el Kenbun…” Se vio algo conflictuado por poder explicarlo de la mejor forma. “Es decir, claro que es útil, pero esa utilidad se enfoca más en los usuarios de fruta del diablo.” Se explicó. “Verás, el Busoshoku Haki es una fina capa de tu propio espíritu que recubre alguna parte de tu cuerpo u objeto y te permite tocar a usuarios de frutas que de otras formas no podrías.” Cambio la pala de hombro para ver a la morena con una sonrisa. “¿Recuerdas al novio de Tezca cuando ese sujeto trató de agarrarlo en su pelea? Pues eso, con el Busoshoku Haki, ese hombre pudo haberle golpeado para dañarlo.” De esa forma creyó que pudo expresarlo mejor, con el ejemplo ocurrido en la pelea de la morena.



“Me encanta la idea, cuando terminemos, hagamos un picnic romántico.”

Continuó tras las palabras de Runin, inflando una burbuja de chicle con la goma de mascar que había estado masticando durante los últimos minutos.

Gracias a su caminata, la pareja consiguió llegar hasta la enorme raíz del árbol, la cual superaba por mucho sus cabezas y parecía extenderse tres decenas de metros a los costados. “Bien, voy a buscar algún conducto al interior del árbol. Si hay un tesoro, yo lo hubiese guardado allí.” Se mostró emocionado por lo que podría llegar a encontrar, aunque fuese nada. “¿Qué te parece si te quedas aquí con Tocho? Obvio, no haciendo nada, quiero que intentes percibir tu propio espíritu.” Le explico, ayudándola a bajar del caballo con cuidado. No porque Runin fuera a lastimarse, tan solo deseaba ser amable con ella.

“Sé que puedes hacerlo con tu Kenbun, pero trata de que tu espíritu fluya a a través de tu piel, en una fina capa de tu puño. Mira así…” Ryota levando su diestra frente a la morena y en cuestión de segundos el aura de su puño se hizo ligeramente más grande, como si saliera al exterior recubriendo en una fina película su mano, mas si no usaba Kenbun solo veía la mano del castaño sin mas. “¿Ves? Quizás parezca simple, pero solo quiero que interiorices la idea. Gracias al calor del traje, te será difícil concentrarte, así que eso potenciará el entrenamiento. No te frustres mucho y cuida de ella bro.” Termino hablándole a Tocho, quien relinchó entusiasmado como si aceptara la misión que le ofrecían.


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#6

Si Ryota continúa consintiendo a alguien tan egocéntrica como Runin, terminará por hacer que la fémina se sienta en el cielo, más de forma metafórica que literal, ya están ahí. “Como la princesa que eres” ¿Quién no caería rendida en medio de sonrisas con tal declaración? Ha de admitir que de tratarse de cualquier otra persona la morena ya estaría riendo con evidente sorna, exclamando sarcasmo e ironías, burlándose ante conceptos superfluos y terribles intentos de coqueteo.

En vez de ello, se dedica a observar con calidez poco disimulada a su capitán, aquel que ha logrado redefinir su erróneo concepto del amor, del sentir, de dejarse llevar por esa emoción a la que siempre había mirado con aversión. Ahora Runin no puede hacer más que sonreír, dejándose malcriar un poco. La respuesta su última cuestión no demora en ser respondida mientras ella se dedica a acariciar a Tocho Morocho, de vez en cuando rebusca en los bolsos que carga a ver si encuentra algo más interesante.

¿Usuarios de fruta del diablo? ¿Como ellos? Arquea una de sus cejas hasta que la explicación termina por suceder. Lo recuerda. El hombre buccaneer tuvo que hacer esfuerzos inconmensurables para poder contener al novio de Tezca entre sus brazos, ninguno podría haberle hecho daño por métodos convencionales, no sin el haki que Ryota aprendió con su propio maestro.



—Lo recuerdo, cariño. De haber sabido sobre ese haki incluso yo habría podido golpearlo…

Y podría hacerlo de aprenderlo ahora porque después de enterarse del dineral que le prestó a su amiga rubia (¡CON INTERESES DE POR MEDIO!) es lo mínimo que perece. Hacer un préstamos a su pareja, un terrible escenario al que Runin jamás podría acceder, al fin y al cabo es una princesa, no, una reina. Al menos a ojos del castaño.

—Me parece bien, cariño. Si encuentras algo del tesoro me compartes. —Menciona en una sonrisa, permite que le ayude a bajar, sujetándose de los brazos de él. El tocar de los tacones contra la superficie se siente extraño luego de estar sobre Tocho Morocho, rápido se acostumbra.

¿El espíritu fluyendo a través a través de su piel? —A “ver” —El kenbun se activa notando la energía recubriendo la mano del castaño. —¿Hm? ¿Al final si tenía utilidad el traje, cariño? Fufufu —La mirada chocolate brilla ante el desafío.



—Tranquilo, vé por ese tesoro, yo me hago cargo.

Orgullosa, testaruda y confiada como ella sola lo despide lanzándole un beso volado. Una vez sola regresa la mirada hacia Tocho. —Bueno, cariño, somos tú y yo contra el mundo.

El caballo relincha como si se burlara de ella antes de ponerse a pastar por ahí. Ella refunfuña antes de respirar a profundidad. Nuevamente el tema de concentrarse ¿Es que acaso todo en la vida se reduce a ello? Las miradas fijas en su mano, los ojos cerrados, el color verde de su propia aura hace acto de presencia mas no existe cambio relevante, no fluye a través de sí.

Los minutos pasan, trata de visualizar la idea en su mente, un mosquito trata de picarle el rostro, se desconcentra. Vuelve a cerrar los ojos pensando en la energía fluyendo por su cuerpo, siente incomodidad en su pecho, se arregla el traje. Por tercera vez intenta concentrarse. Una hoja del árbol cae sobre su nariz, provocando cosquillas. No sabe si el tiempo transcurrido es largo o corto, solo sabe que empieza a fastidiarse. ¡Por eso con el kenbun casi me quedaba dormida! Esta vez es peor, al menos antes contaba con la comodidad.


Cuando quiere darse cuenta ha terminado sentada con las piernas estiradas sobre una de las grandes ramas del árbol. Ahora sí parece concentrada, intentando internalizar primero lo que ya conoce para tratar de externalizarlo como le ha enseñado el castaño. No lo está logrando, aunque siente una sensación diferente transcurrir por su cuerpo.

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#7
- OST -



“Claro que tiene utilidad, kekeke ¿Por quién me tomas? ¿Alguna clase de pervertido?”

Porque sí lo era. En realidad, guardaba aquel traje desde Neur; solo no había tenido la oportunidad de hacer que la morena lo usara y vio ese como el momento idóneo. No obstante, el traje sí funcionaba como distractor, elevando la dificultad del entrenamiento, siendo esa la razón por la que Runin no identificó ninguna mentira en sus palabras.

Tras desearle suerte, Ryota continuó con su búsqueda, no sin antes darse un último taquito de ojo mientras se despedía. Fue en ese momento cuando logró apreciar el beso lanzado por la joven y le correspondió, atrapándolo en el aire con su mano libre para luego colocarla sobre el corazón.

Al final se giró alejándose poco a poco hasta desaparecer.

La aventura del castaño, rodeando el gigantesco tronco en busca de alguna abertura que pudiese darle acceso hasta una formación natural en el subsuelo, transcurrió fuera de cuadro al mismo tiempo en que la señorita buscaba cumplir con el entrenamiento. Quizás nunca nos enteremos de lo que ocurrió en ese lapso de tiempo, pero tengan por seguro que se trató de algo épico, bárbaro y no solo fue caminar cantando como idiota mientras pinchaba las raíces de vez en cuando con su pala.

Los minutos transcurrieron hasta convertirse en horas, tiempo suficiente para que Tocho Morocho hubiera comido toda la hierba que pudiera y se encontrara acostado con la panza al aire plenamente a gusto, mientras Runin se esforzaba por encontrar en su interior el secreto para exteriorizar su propia aura.



“Volví.”

De haber extendido el alcance de su Kenbun, Runin ya le habría visto venir. Sin embargo, si no era ese el caso, Ryota le tomaría por sorpresa al haberse acercado sin hacer el menor ruido posible. “¿Cómo te fue encanto?” Preguntó, colocándose frente a la raíz donde ella se encontraba con su pala en hombros, la cual, si la amazona se detenía a observar, podría notar que estaba bastante sucia, incluso las ropas del pirata daban muestra de un extenso trabajo entre la tierra y el polvo. “¿Es bastante jodido, verdad?” le pregunto relajado. “Pero no te preocupes, encontré un sitio genial. Incluso te ayudara a completar más rápido el entrenamiento, estoy un 110% seguro” La sonrisa en el rostro de Ryota no fue la habitual. Era la típica que solía mostrar cuando se traía algo entre manos, algo que, en la gran mayoría de las ocasiones, no era precisamente del agrado de Runin.



“Ven, vamos… y tú también, bro…”

Una vez terminó de hablar, comenzó a caminar por el mismo sentido por el que habría llegado, para que, junto a Runin y Tocho, rodearan el gigantesco tronco por el lado opuesto al que él había iniciado cuando se fue. Sería el momento idóneo para contestar preguntas antes de llegar a donde debían.


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#8

Prestar atención abiertamente o ignorar deliberadamente, he ahí la cuestión. Para suerte del castaño, ninguna de las dos opciones se hace evidente, pues la fémina se encuentra demasiado concentrada. No ha expandido su Kenbun más allá de sí misma, sumida en un intento por condensar su espíritu, hacerlo florecer desde el interior y permitir que fluya hacia las palmas de sus manos, tal como el castaño le había mostrado momentos atrás. El tiempo se diluye entre sus dedos, mas ella ha dejado de prestar atención incluso a los conceptos de la física que atan la existencia misma del universo.

Siente algo. Es ligero, apenas una fluctuación que no se debe a su poder, a sus emociones ni a su mera presencia. No, es… diferente. Su espíritu bulle en alguna parte de su ser; el color de su alma se intensifica por un instante, un ligero calor acaricia su piel y…

“Volví.”


¿Qué le haría si no tuviera una expresión malditamente adorable en su rostro? La fémina frunce el entrecejo como si le hubieran arrebatado el dulce por el que ha estado ahorrando durante todo un día de trabajo, de las manos. —Si no estuviéramos en una cita utilizaría esa pala para más que cavar raíces, cariño. —Bufa, suspira pesado. —¡Creía sentir algo! Y luego se esfumó. —Es evidente que le echa la culpa, al menos durante un segundo, después solo se levanta, limpiándose un poco la ropa.

—Es una mierda, cariño. ¡Este traje me hace sudar mucho! Me siento pegajosa, es difícil respirar aquí, así que concentrarse es peor. —Se queja, asintiendo. —Aunque mi trasero se ve enorme y la colita es adorable. —Admite meneándose un poco. —¿Hm? ¿Por qué siento que es mala idea? Ni siquiera me hace falta utilizar kenbun para saberlo. —Cruza los brazos, sabe que esperar una pista es innecesario, así que solo le sigue, con esos tacos se ve más alta que él, podría acostumbrarse.

—Se siente diferente al kenbun y, al mismo tiempo, es bastante familiar. Por momentos sentía algo de calidez, como una fluctuación en mi espíritu, como cuando intentaba “expulsarla” ¡pum! solo desaparecía, cariño. —Piensa en una forma de hacerlo más claro. —Como si tuviera nervios, ya sabes, vergonzosa de salir. —Peculiar manera de verlo. —¿Cómo lo lograste tú? —Cuestiona, de vez en cuando se sujeta de Tocho Morocho, quien va a su izquierda, cuando hay demasiadas piedras en el camino.



—Sin nociones del espíritu, desde cero. ¿Cómo hiciste para externalizar tu energía?

Curiosa lleva una mano hacia su mentón, lástima que la maraña de pensamientos no le dura mucho cuando una picazón empieza a molestarla. —¡Ráscame! ¡Atrás! La espalda. —Pide, no sabe si podrá hacerlo por la tela del traje, eso no importa. —Espero que tu lugar milagroso esté fresco, ugh...


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#9

El mal humor de la morena no le extrañó en absoluto. La conocía tan bien que esperaba ese estado de ánimo incluso antes de comenzar a buscar el conducto entre las raíces.

Runin era tan linda como impaciente, cuando algo no salía como lo esperaba, sus berrinches eran algo a lo que debía atenerse. Razón por la que evito acercarse lo suficiente para que ella pudiera materializar sus ideas con la pala que cargaba.

El castaño tan solo se limitó a sonreír moviendo su cabeza de arriba abajo, permitiéndole descargar todas las emociones negativas que pudieran agobiarla en ese momento.



“Tu trasero siempre se ve increíble.”

Aclaro, pues no creía que fuera solo por el traje que estaba usando. Aunque gracias a las palabras de Runin, no pudo evitar desviar la mirada de vez en cuando en medio de la caminata que iniciaron, para asegurarse qué tanto de ello era cierto. “Waos… si se le ve más grande…” Alabo, sorprendido en la seguridad de su mente.

Las conjeturas respecto al entrenamiento comenzaron a llegar y a juzgar por la expresión de Ryota, este llegó a sorprenderse porque la morena pudiera identificar tantos factores importantes en tan poco tiempo. Sin embargo, el método de aprendizaje con el que le instruyeron fue tan diferente que darle un consejo fiable se le hacía imposible. 



“Me cague a trompadas con un mastodonte de seis metros durante unas 5 horas.”

Revelo sin mucho misterio, borrando cualquier rastro de análisis apropiado que pudiera servirle a la morena. “Kaelith me dijo que la forma más rápida de despertarlo era estar al borde de la muerte.” Explico desviando la mirada hacia el frente. “Así que llamo al lunarian más grande, fuerte y feo que hubiera visto alguna vez para que luchara conmigo.” Mientras lo decía en voz alta, entendió que sonaba mucho más fácil de lo que en realidad fue. “Pero tu ya conoces el Kenbun, así que el tener noción de la existencia y sensación del aura, creo que podrás dominarlo sin necesidad de algo así.” Quiso aclarárselo para que ella no pensara que la hacía perder el tiempo.

En ese momento, un repentino ataque de picor invadió el cuerpo de Runin. Rápido, la mujer  se puso de espaldas y Ryota llevó su diestra para rascarle con fuerza la zona baja de la espalda. “Kekeke no te preocupes, es mas fresco.” Le dijo para hacerla sentir más tranquila y terminar de dar las últimas rascadas sobre el látex rosa que cubría su cuerpo.

Tras ese incidente, el castaño le tomó la mano con su diestra. “Ya casi llegamos, aguanta un poco.” Le dijo con ternura antes de continuar.

La pareja avanzó unos cuantos metros hasta que encontraron una raíz marcada con una X, producto de dos golpes de pala que Ryota había dado sobre ella. Allí, se desviaron en dirección al tronco, donde un agujero al nivel del suelo se extendía en medio de las raíces, tan grande como para que los tres pudieran ingresar. Se notaba por las paredes de tierra en el túnel que alguien estuvó preparándolo con antelación para facilitarles el acceso.


Al final del túnel, los tres se encontraron con un hermoso escenario que se extendía bajo las raíces del árbol. Una pequeña cueva, habitada de musgo, pequeñas plantas que sobrevivían gracias a la luz que se filtraba entre los restos del tronco y hermosos cuarzos, se presentó como el lugar idóneo para continuar con el entrenamiento de la morena. “Aquí es un poco más fresco... ¿no?”


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#10

Al menos, la honestidad del ajeno provoca que el enfado hacia él quede ligeramente rezagado, debido a las circunstancias del entrenamiento. Pensándolo bien, incluso preferiría utilizar ese tipo de vestimenta en momentos mucho más íntimos e interesantes con el castaño, en lugar de llevarla mientras entrena una nueva faceta del haki. ¿Tendrá algún traje de conejita? ¿Un traje de latex negro también de gatita? Si, es hora de buscar en el barco qué no más tiende a comprar su capitán. Visto lo visto, no solo le gusta gastar en apuestas y fiestas.

Entre cuestiones y pensamientos, la respuesta llega a oídos de la fémina, quien va alzando lentamente las cejas en una expresión tan silenciosa como sorprendida. ¿Es por ello que el cuerpo del castaño está lleno de moretones? Se lo imagina combatiendo contra una completa mole, obteniendo el resultado deseado a base de golpes, caídas y sangre. La idea de un entrenamiento de ese calibre no le disgusta, claro que no; pero con el traje de látex rosa... ¡Sería un desperdicio dañarlo de esa forma!

Por otro lado, no puede evitar mirar al castaño de arriba hacia abajo, no busca juzgarlo sino recordar cada golpe que ha podido observar con anterioridad. Él se esforzó para aprender el Busou, se preocupa para que ella no tenga que pasar por la misma experiencia, incluso le busca un lugar fresco para que pueda concentrarse un poco más. —Quiero creer que sí, cariño, no me gustaría pegarte vistiendo como gata, fufu. —Bromea antes del ataque de picor en su cuerpo.

Aguantar, aguantar. Está bien, puede con ello. No debería ser tan quejica cuando ha soportado cosas mucho peores en la vida, incluso golpes y cortes. ¡Es solo que el calor está a otro nivel! La suavidad de la mano ajena relaja a la amazona; accede al roce y acaricia los dedos del castaño con los propios. Los hombros se destensan, dejándose llevar.

Siguiendo el camino llega hacia un túnel artificial, la expresión de la fémina se suaviza cuando se acerca para tocar la disposición de la tierra, no lo piensa mucho, confía en él y en buena hora lo hace; frente a sus oscuros orbes se abre paso el lugar más pacífico que ha visto en Skypiea y, quizá, en toda su vida. No ha mentido, en lo absoluto.

La calma se desliza por el pecho de la amazona, da un pasos hacia el frente y luego otro, el sonido de sus pisadas resuena un poco, le gusta. Se agacha para tocar un cuarzo, le gustaría poder llevarse alguno como recuerdo de ese día.



—Cariño…

Incluso el musgo parece especialmente vivo. —Esto es hermoso. —Y fresco, claro que lo és. Levantándose se acerca hacia él, un beso suave es depositado en la comisura de sus labios, lo abraza con suavidad..

—Si así de bonitas serán nuestras citas, deberé ponerme más seguido este tipo de trajes, fufu. —Bromea. En un lugar así claro que puede intentar concentrarse. Se aleja buscando a su alrededor. ¿Cuál podría ser el lugar idóneo? Entre montículos y musgos encuentra una piedra elevada y rectangular, algo desigual pero funcional.

—¿Entonces, cariño? ¿Sigo intentándolo? —Cuestiona, aún así ya está acercándose a la piedra para subir de un pequeño salto, sentándose en ella. Las piernas colgando ligeramente, le gusta cómo se le ven los tacos altos. Si logra terminar pronto con el entrenamiento ¿Podrán disfrutar mejor de su cita? Preguntas infantiles que recuerdan que aún es alguien joven.

La mirada termina por fijarse en sus propias manos, como si esperara que algo ocurriera con ellas, inhala y exhala un par de veces, volviendo a querer concentrarse, cerrando los ojos. Realmente se siente mejor estar ahí que afuera siendo golpeada por la humedad selvática.

El color de su espíritu se vislumbra en su mente. ”Exteriorizar el flujo interno de mi espíritu, algo que nace de mi, de lo más profundo de mi ser.
”
Piensa. —¿Puedes volver a mostrarme el busou, cariño? —Vuelve a abrir los ojos, visualizar es algo que le ayuda. Vuelve a sentir esa sensación caliente en su persona, un caudal diferente al kenbun. Si estuviera más cerca de ello, está segura de que podría lograrlo.


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