⌈ Entrenando bajo el sol — Bambú ☪ Presente relativo ⌋
#1
⌈ Día 28 en Primavera del año 17
  Mañana
  con Don Bambú ⌋


El día soleado alumbra el escenario diurno de Mógaro. Hoy, la dama de cabellera rubia y mirada decidida se despertó temprano y sin olvidarse de su cuidado facial; el aplicado de cremas y los masajes diarios, se tomó el atrevimiento de hoy, hacer algo diferente y que sería el inicio de la nueva Shirohime. Por encima de los párpados de sus dos ojos decidió usar un sombreado claro, al más clásico estilo de una dama proveniente de Wano, el sombreado: De color celeste muy claro, casi blanco, era un recordatorio sutil de que ahora su compañero, Dean, era parte de sus ojos. Lo que significó para ella algo como la ahora ausencia de su compañero se convirtió en un recordatorio constante de que debería luchar y avanzar para cambiar el destino del mundo en pos de la gente en favor en su contra, tal y como seguramente, ese hombre haría. Lo que antes fue una ausencia, se convirtió en una compañía constante que a partir de hoy mostraría a sus compañeros: el hombre de la ceniza, Kisuke, el mink de gran fuerza, Don Bambú, la dama de rasgos vulpinos y pelaje negro, Berry, y el gigante de personalidad tan curiosa, Kelvin. Todos ellos ahora eran un equipo y Shirohime, debería evolucionar si deseaba ser parte de cada uno de ellos.

Por eso deseaba fortalecerse y sacar a relucir su verdadero potencial: Y para eso pensó en la figura de un zorro blanco. Algo que para ella representa el misterio y el punto máximo de la magia, la jerarquía, y era exactamente a lo que ella deseaba apuntar ahora: Quería ser sabia y fuerte. Convertirse en la dama de sus fantasías y dejar atrás cuentos acerca de sus proezas que un día bardos cantarán. Pero nada llegaría por sí solo: Todo conllevaba tiempo y esfuerzo, y para ello no podría hacerlo sin la ayuda de sus apreciados aliados. Hoy, el afortunado o desafortunado, era Don Bambú, ya que no estaba satisfecha con el nivel que aún tenía y por eso le pidió volver a entrenar: Para volver a pulir sus habilidades y algún día estar a la par con ellos.

Fue el día de ayer, justo antes de ir a dormir, pero sin embargo... la petición que le hizo distaba un poco de una convencional, ya que incluso sin tener el nivel suficiente, lejos aún de ser lo suficientemente capaz: Le pidió que le ayude a desarrollar un estilo de combate único. Quería algo que la diferencie de los demás, algo distintivo y clave que haga pensar en todos, que haga resonar en las calles y callejones que, Shirohime, la princesa del mundo de blanco, había abordado, pero no iba a ser sencillo ni mucho menos. Sería complicado. Aún estaba gateando pero quería comenzar a correr: Deseaba ponerse al nivel lo más pronto posible. Ansiaba, quería con todas sus fuerzas y esperanzas ser útil para el equipo y que ambos no estén cuidando los días y las noches de que algo malo no le suceda: Quería ser fuerte.

Hoy, en aquel campo abierto. Sobre el suelo y sin ningún elemento que valga la pena mencionar según ella es que esperaba de pie, a las nueve y cuarenta y cuatro minutos de la mañana la llegada de su maestro el día de hoy. No importaba realmente cuanto tardase ya que nunca le especificó un horario más allá de que iba a ser uno de los lugares que utilizaron con anterioridad para los entrenamientos que como Toros Negros comenzaron. Ella, vestida con un conjunto enteramente negro y esta vez, sin su compañera reptil que como siempre dejaba en las habitaciones para que no se viese afectada por los movimientos de la batalla: En su mano diestra no tenía nada pero en la zurda estaba su arma cargada con nada más y nada menos que municiones normales. Hoy quería luchar. Deseaba superar sus límites tal y como Kisuke, aquel hombre de gran fuerza, siempre deseó desde el primer momento para ellos: Aquel guerrero que no buscaba más que su bienestar era un muro que deseaba alcanzar y escalar, al igual que el gran mariscal. Ambos eran fuertes e imponentes. Ambos eran un modelo a seguir para ella.

Inhaló... tomó aire y exhaló. Cerró sus ojos y visualizó. Con fuerza cerró su puño diestro y ante ella estaba la imagen del hombre que aún permanecía a su lado. Dean.

Aquel hombre que deseaba le ofrezca su voluntad para luchar. El compañero que ahora no se encuentra a su lado.

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⌈ — Diálogo — ☪ “ Pensamiento ” ☪ Narración ⌋

Baúl de los recuerdos
#2
El día 27 de primavera Bambú se encontraba en su despacho, en el cuartel revolucionario de Mogaro, leyendo atentamente una obra que sacó de la biblioteca aquella misma mañana. Estaba cerca, podía presentirlo, cerca de descubrir el último secreto del poder espiritual que acompaña a todos los seres vivos, pero que sólo una fracción relativamente pequeña logra manifestar en la forma de hakis. Y sólo una fracción ínfima de esta fracción pequeña logra imponer su voluntad a los demás, convirtiéndose en lo que habitualmente se conoce como "aquellos destinados a ser reyes". ¿Reyes? Nauseabundo. Ese no era el objetivo del poder de Bambú y nunca lo sería. Su Haoshoku sería la llama de la revolución que se interpondría entre los más débiles y aquellos que intentan subyugarlos.

Devoraba las páginas de aquel libro como un muerto de hambre devoraría su primer desayuno en una semana. Nada podía contener la furia lectora que atacaba al panda últimamente, nada excepto una cosa... Era la noche que se acercaba. Según la luna creciente ascendía por los cielos Bambú sentía cómo su sangre de guerrero hervía y nublaba ligeramente su raciocinio. —Ya casi es 30... —Dijo para nadie en particular. Los mink como él pertenecían a una estirpe de guerreros cuyo máximo potencial salía en las noches de luna llena. Cuando la dama blanca brillaba en los cielos, los guerreros la contemplaban y dejaban salir a la bestia en sus interiores. Y fue una dama blanca la que llamó a la puerta de Bambú aquella noche, pero no la luna llena, sino Shirohime que le visitaba con nocturnidad y ya veríamos si con alevosía. Si había sucumbido a los encantos del panda y pretendía pasar las noches en su cuarto como las pasaba en el de Berry, Bambú tenía malas noticias para ella. Él estaba casado con la Revolución. No era sin embargo aquella una petición indecente, sino una llamada de auxilio. Shirohime necesitaba ayuda para entrenar. Quería ser única, desarrollar un estilo quizás invencible e inesperado que le ayudase a derrotar a todos los enemigos de la Revolución. Qué fuego, qué pasión ardiente encerrada en el cuerpo de una elemental de hielo. Por supuesto que la entrenaría. Claro que sí. Le indicó el lugar y la hora. Como era habitual sería por la mañana, lejos de la influencia de una luna cada vez más llena y lejos también de la civilización que podría quedar destruida a manos del panda si este no se controlaba. Y no se le daba bien controlarse, así que mejor no arriesgarse.

A las nueve y cuarenta y tres minutos, dos minutos antes de la hora acordada, Bambú se personó en aquel lugar indeterminado. Era un campo abierto al oeste de Kamome, entre Bayo y el bosque central de la isla. Estaba lejos de los campos de cultivo actuales, ya que no sería buena idea condenar a las buenas gentes de la isla a pasar hambre. El panda avistó a Shirohime esperándole en el horizonte y sonrió abiertamente. —Finalmente, una pupila que desea aprender con todas sus fuerzas. —Se dijo a sí mismo, aunque en voz alta desde la distancia. Era su trabajo poner a prueba la determinación de la chica. Cuando estaba a más o menos cincuenta metros de ella, Bambú pegó un salto enorme para acortar distancias y llegar de una vez. El suelo se tambaleó ligeramente cuando aterrizó a cinco metros de Shirohime, quizás sorprendiéndola en el proceso. Se irguió cuan alto y ancho era frente a su discípula y pronunció una única palabra. —Adelante.—

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#3
Estaba lista. Preparada para comenzar el entrenamiento con su compañero de combate por más difícil o dura que pueda ser la experiencia. Sabía que iba a tener las posibilidades de vencer entre cero, pero incluso ese cero con esfuerzo deseaba volverlo uno. Y de uno a dos, de dos a tres, y las posibilidades de victoria, de obtener la tan ansiada gloria crecerían más y más. Estaba esperando.

Imaginó y visualizó. Quería ver, quería intentar usar todas las cartas a su favor para crear una victoria y de repente oyó la voz de su compañero de combate de hoy. Estaba frente a ella. Cerca. Eso hizo que sus ojos, se abrieran en sorpresa y su corazón, se acelere. Estaba ansiosa por dentro, al mismo tiempo estaba nerviosa y por el otro lado con un poco de incertidumbre por lo que pasaría después: Pero era terca. Demasiado terca como para rendirse y tirar atrás la toalla, no importaba quién fuese su oponente y por más que todas y cada una de las cartas se inclinasen en su contra no estaba dispuesta a ceder. Por eso deseó buscar una estrategia. Rápido.

No podía usar sus brazos por que con tan poca distancia seguramente su oponente podría forzarla a un agarre. Y no deseaba ponerse en esa situación aún: No deseaba estar en desventaja tan pronto. Por eso se cruzó de brazos, ambos brazos debajo de su pecho y bajó ligeramente la mirada mientras mantenía sus ojos cerrados. Sin decir nada aún.

— Balle Glace. —, desde la planta de sus pies logró crear algo de hielo con el fin de tomar algo de distancia en unos 5 metros con su ahora oponente y mover lentamente su pie derecho con el fin de apuntar al pie derecho de su oponente. De la punta del dedo pulgar de su pie buscó disparar la escarcha compactada con el único fin de obligarle a tomar distancia, o inclusive saltar, lo necesario para alejarse tanto como pudiese de él y poder tener la posibilidad de usar su arma. Pero incluso si eso no era posible, deseaba aprovechar todo lo que tenía a su disposición y por eso además de la distancia que su técnica le ayudó buscó alejarse unos dos metros más para realizar un movimiento con su brazo zurdo y apuntar con Le Reinès sin disparar hacia la cabeza de su oponente no como una declaración cargada de hostilidad o como una falta de respeto hacia su figura, sino que como una entrega al deseo de sobrevivir y progresar incluso si la situación para ella no es ventajosa: Con sus ojos azulados, ofrecía seriedad y la ferocidad suficiente de un espíritu que quería ser más fuerte cada vez más. No importaba cómo podría lograrlo, pero la dama de blanco, la heroína del nuevo mundo quería escalar paso a paso, peldaño a peldaño aquel gran muro lleno de espinas que se presentaba hoy ante ella: Uno de los primeros, porque era consciente de que no sería el último, tenía la suerte de que él era un compañero pero no quería que se sienta como un hombre mayor cuidando a un bebé que no podía alzar y andar por su cuenta en una jauria llena de animales salvajes. El Nuevo Mundo, una tierra, un rincón del mar en el que en todas y cada una de sus islas la gente es capaz de desempeñar el arte capaz de acabar con su vida sin ningún esfuerzo: el Haki. Por eso y no solamente por ella, debía estar lista para el futuro.

— Gracias por haber venido a este entrenamiento, ru-ha. Quiero luchar y hacerme fuerte, mariscal, hoy no quiero jugar y por eso quiero que el entrenamiento sea estricto... incluso si acabo con los huesos rotos, mi espíritu no va a temblar, ru-ha. —, anunció sus intenciones, su espíritu y su gran deseo por convertirse en la nueva Shirohime, no como una chica de los Blues, sino como una dama adaptada y preparada, convertirse en una más de la jauria: Dejar de ser un tierno y blando mamífero lanudo y volverse tan depredadora como los demás, — ¡¡¡LUCHARÉ HASTA QUE NO QUEDE ALIENTO!!! ¡¡¡¡ADELANTE, MARISCAL!!!! —, era hora.

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Baúl de los recuerdos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 741 + 0 = 741
Energia: 859 - 135 = 724
Espiritu: 471 + 0 = 471
#4
Bambú observó sin hacer nada los preparativos de su querida discípula. Estaba cerca, podría interrumpirla en cualquier momento, pero no lo haría porque quería ver hasta dónde podía llegar. Cruzó sus brazos por debajo del pecho y cerró los ojos para concentrarse. Primer error, sí, pero no lo castigaría todavía. Nunca debía perder de vista a un oponente, aunque este se moviera tan deprisa que fuera invisible ante su mirada. Bajo los pies de la muchacha, una pequeña pátina de hielo empezó a formarse. Un movimiento le alertó de que se acercaba un ataque. Fue sutil, pero no lo bastante como para escapar a su afilada percepción. El pie derecho de la princesa se elevó ligeramente para apuntar al torso del panda con sus dedos. Del más grueso de los cinco surgió un cuerpo minúsculo de escarcha compactada: una bala de hielo. El pequeño proyectil salió disparado hacia el cuerpo de Bambú, que no se movió para sentir en sus propias carnes de qué era capaz aquella muchacha y la fantástica fruta que había consumido. —¿¡Huh!? —Verdaderamente no se lo esperaba, pero la bala de escarcha dolió más de lo que habría anticipado en un principio. No había sido un dolor tal como para nublar su juicio o interrumpir siquiera cualquier intento de concentración, pero había sido dolor, y eso era más de lo que podían lograr la mayoría de subordinados de su nivel. Corroboró una vez más después del impacto el brillo del aura de la muchacha, que buscaba tomar cada vez más distancia con Bambú. Tal y como pensaba, la electricidad violácea y azulada que recorría los alrededores de Shirohime era extremadamente tenue en comparación con su brillante aura de llamas blancas y negras. Ella era muy débil para lo que era el Nuevo Mundo, pero incluso dentro de su debilidad había conseguido herirle. Esa era una hazaña nada desdeñable.

Apoyó su mano en el torso escarchado y se la encontró ligeramente ensangrentada. Le había dado en la vieja herida provocada por Nottingham en su grandiosa conquista de Mogaro. Su cuerpo temblaba ligeramente y por primera vez deseó que fuera un poquito más tarde para que el sol de la primavera brillase con más intensidad y encontrar el calor bajo sus rayos. La muchacha, mientras Bambú analizaba todo lo que acababa de suceder. había tomado una distancia de doce metros con respecto a él y le apuntaba directamente a la cabeza con su pistola. Le agradecía sin ápice de temblor en su voz el haber venido a entrenarla. Decía que quería ser fuerte, ¡quería que entrenamiento fuera estricto! Bambú se habría echado a llorar en aquel momento, pero en su lugar empezó a reírse animado ante la declaración de la muchacha. —¡HONHOHNONHON, ASÍ ME GUSTA! —Doce metros no era una distancia de seguridad suficiente, no contra Bambú ni contra la mayoría de enemigos en el Nuevo Mundo. Deshizo la distancia entre ambos en un suspiro, quedándose a dos metros de la chica. Se inclinó ligeramente hacia delante, manteniendo la pierna derecha ligeramente adelantada y flexionada para proporcionarle el equilibrio necesario para el movimiento y la espalda encorvada para llegar hacia Shirohime sin problemas, teniendo en cuenta la considerable diferencia de tamaño entre ambos. Proyectó un puñetazo directamente al torso de la muchacha, fracturándolo en mil pedazos de hielo que salieron volando en todas las direcciones. Su mano derecha estaba helada. —¡Qué útil es tu intangibilidad! ¡Qué frío es tu hielo! —Cada exclamación iba acompañada de otro puñetazo. El segundo, con el puño izquierdo, fue directo al brazo que sujetaba Reinés. La extremidad se dividió en dos como si estuviera picando piedras con un martillo neumático. El tercero fue a la coronilla, fracturando la cabeza y agrietando la base del cuello por la pura brutalidad de los golpes. Ninguno de aquellos golpes iba cargado con haki. Ninguno surtiría efecto más allá de darle un susto de muerte a la princesa, pero qué bien se lo pasaba Bambú que por fin había encontrado a una discípula que podía soportar sus golpes desenfrenados.

Ojalá se hubiera traído algo más de abrigo, eso sí.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13301 - 333 = 12968
Energia: 9371 + 0 = 9371
Espiritu: 3878 + 0 = 3878
#5
Necesitaba la fuerza necesaria para poder sobrevivir en ese fiero mar de tiburones. El Nuevo Mundo era ahora mismo demasiado para ella pero incluso en su desventajosa situación no quería rendirse. No se trataba de nada más que ese deseo de crecer y querer aportar; ser un oponente más que digno para el mariscal y su líder de escuadrón. Tanto Bambú como Kisuke eran muy duros para ella: Una diferencia abismal de niveles, ella era una pobre hormiga en comparativa, pero incluso así pudo ver que su compañero de entrenamiento permitió que su ataque le hiciese daño. No era algo que sucedió en el primer entrenamiento con Kisuke, ya que él decidió mostrarles la crudeza del mundo al que se encontraban; Pero ahora ver como su compañero estaba herido le hizo abrir ligeramente su boca en sorpresa, estaba un poco sorprendida, tal vez y le prestó demasiada atención al hecho de que esta era una de las pocas veces que había mostrado frutos en su entrenamiento contra ellos. Aún le faltaba demasiado como para considerarse a su nivel: Pero no estaba dispuesta a ceder, por eso su corazón latía con fuerza.

Era una emoción burbujeante desde el fondo de su ser que la recorría desde los pies a la cabeza. Estaba genuinamente sorprendida y un poco feliz, pero no por ello se iba a confiar: Este ataque fue el primero y ella, era consciente de que muchas heridas recibió su compañero de mayor gravedad como para dejarse intimidar por una pequeñez como esa. Este era solamente el inicio y la punta del Iceberg, aún tenía que recorrer un largo trecho para llegar airosa a la meta y caminar lado a lado con cada uno de sus compañeros en las batallas que se avecinaban.

La risa de su compañero, esa alegría desbordante que brotaba desde el fondo del ser ajeno la emocionó por dentro y casi, casi que también podría echarse a lanzar carcajadas. La risa de Bambú era contagiosa: Pero en lugar de caer ante ese impulso tan humano apretó un poco más los dientes y frunció ligeramente su ceño, quería mostrarle toda la determinación posible en el acto. Y en lo que suspiró: La distancia entre ambos se redujo tan pronto que no tuvo la oportunidad de verlo. Su corazón se sobresaltó, la enorme diferencia de niveles estaba tan presente y se sentía como una ola salvaje que venía desde la costa a arrasar con todo y arrastrarla en el medio del viaje: Ahora mismo debía prepararse para un ataque y sobrevivir o morir en el intento. Podía superar sus límites, tal y como su líder deseaba o rendirse, pero en su cabeza la única opción viable: Y ahora... los movimientos del mink dieron su fruto y un puñetazo directo fue directo a su torso. Ella a diferencia de otros logia era tangible y su habilidad logró que fuera "destrozada" con los fragmentos de hielo volando por la fuerza del impacto y la presión que ejerció su compañero, y aún así pudo sentir la fuerza de su compañero. Aunque no era un daño real: Pudo ver la molestia reflejada en un ligero quejido, pero lejos de asustarla todo lo que hizo fue motivarle a desear alcanzar una fuerza semejante a la de él. Por eso era una buena idea conocerlo, y aprender más de él.

— ¡¡Tu fuerza es realmente impresionante, mariscal, ru-ha!! ¡Es sin duda una oportunidad única tener la chance de que seamos hoy compañeros de entrenamiento! ¡¡Quiero ser fuerte, más fuerte aún!! ¡¡¡DEBO SUPERARME A MÍ MISMA Y ROMPER EL MURO DEL LÍMITE!!! —, sus palabras eran decididas, cargadas de intensidad y un rugido pequeño a comparación de lo que pesarían las palabras de él, pero que demostraban lo ansiosa que estaba por ser más capaz en este ambiente tan cruel.

No tenía tiempo para tomar distancia; otro golpe fue dirigido al brazo que sujetaba el arma y los siguientes a las partes del cuerpo que Bambú "destruía" y por su fruta se iban reconstruyendo, pero no podía permanecer así por siempre. Necesitaba algo. Una abertura así sea pequeña. Aunque tuviese su arma no podía atacar, así que optó por algo sencillo: Aprovechar la cercanía para usar el brazo derecho en un determinado intercambio de golpes, agachar ligeramente su postura; encorvándose y buscar hacer contacto con la conexión entre el pectoral derecho ajeno y su hombro, tocar con una mano y buscar expandir algo el hielo a partir de esa zona. Lo suficiente como para ganar tiempo y otra vez tomar distancia.

— ¡Ru-ha! ¡Lamento que haya llegado el invierno demasiado pronto, habrá que traer abrigos la próxima vez! ¡¡Nihahahaha!! —, esta vez, quiso darle algo de humor a la situación. Del mismo modo que él lo hizo antes.

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⌈ — Diálogo — ☪ “ Pensamiento ” ☪ Narración ⌋

Baúl de los recuerdos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 741 + 0 = 741
Energia: 724 + 13 = 737
Espiritu: 471 + 0 = 471
#6
Los temblores del cuerpo del úrsido blanco y negro no fueron impedimento alguno para llevar a cabo su terrible contraataque con efectividad. Aunque efectividad debería estar entre comillas, ya que ninguno de los tres puñetazos fue realmente efectivo ni buscaba serlo, porque no hay honor ni gloria en herir de muerte a un discípulo y, aunque no fuera discípulo, tampoco la hay en terminar con la vida de una joven promesa cuando acaba de iniciar su trayectoria. A Shirohime le faltaba todavía mucho para resistir siquiera un puñetazo de Bambú sin sufrir terribles consecuencias que lastrarían toda su vida, por eso a ninguno de los puñetazos le acompañó la solidez espiritual que era capaz de invocar el panda. Se sentía temblar a pesar de ir entrando en calor poco a poco. Cada vez que hacía contacto con la muchacha, sus manos emitían un levísimo quejido, como si las estuviera sumergiendo en agua helada y se negase a sacarlas para entrar en calor. Uno no se imagina por qué tanta gente se murió de frío en la tragedia de El Titánico hasta que comprueba en sus carnes lo que es la hipotermia y lo fría que debía de estar esa agua.

A pesar de la lluvia de golpes, a Shirohime no parecía desanimarla la enorme diferencia que había entre ella y su mariscal. Incluso se permitía el lujo de alabar la fuerza del panda y la gran oportunidad que le parecía aquella para poder entrenar. Quería ser fuerte y romper todos sus límites, quería superarse a sí misma, pero Bambú no la dejaría parar ahí. La llevaría tan alto como fuera necesario para que pudiera superarles a todos, porque esa es la tarea de un maestro.

Su movimiento fue lento, y aunque no fuera precisamente predecible, era fácil de seguir con la mirada desnuda y sin la ayuda del poderoso haki de observación del que Bambú hacía gala ocasionalmente. Decidió que ya estaba bien de dejarse golpear y bloqueó el impacto de su puño con el brazo izquierdo. Una enorme masa muscular negra, infranqueable, que se enfrentó contra la tímida mano pálida de la princesa. Sin embargo, la tímida mano pálida empezó a emanar un hielo compacto que crecía y se expandía por su brazo, por su hombro y su torso hasta llegar a escarchar prácticamente la totalidad del cuerpo del mink. Después de su gélida ofensiva, la pequeña humana se alejó tres metros del mink dando pequeños pasos hacia atrás. La distancia no le servía de nada, por supuesto, pero estaba bien que practicase su retirada al ser ella una tiradora más que una luchadora. Bambú suspiró, liberando de su boca una bocanada de neblina provocada por la diferencia de temperatura entre su aliento y el frío que le rodeaba. Sacudió sus brazos y pasó toscamente sus manos por el torso, la cabeza y las piernas, lanzando escarcha en todas las direcciones y quitándose el hielo de encima. Sacó una caja de tabaco de su bolsillo trasero y extrajo de ella un maltrecho cigarrillo que se puso entre los labios. —Menuda m-m-monstruosidad d-de poder. Yo creo que podrías hacer alguna t-técnica p-p-para atrapar en un bloque de hielo a l-l-la gente. —Comentó tartamudeando por el frío que le invadía, tan profundo que casi pareciera que tenía los huesos congelados. De su bolsillo izquierdo extrajo un mechero medio congelado. Sacudió un par de veces la parte superior del mismo para poder abrirlo, ya que estaba sellado. Después de un par de intentos, logró prender el tabaco. Dio una breve calada y expulsó el aire por la nariz. El humo entraba caliente, pero salía frío como una niebla de otoño. —P-p-pero y-yo también t-tengo poderes, n-no lo olv-vides. —

[Imagen: latest?cb=20201102145656&path-prefix=es]

Se encorvó ligeramente hacia delante y llevó ambos brazos semiflexionados hacia atrás, tensionando sus hombros y sus bíceps en el proceso. —¡Bear... —Hacía mucho que no usaba su fruta para pelear, y había estado entrenando para mejorar en su control. Pensó que no le vendría mal gritar el nombre de su técnica por una vez después de tanto tiempo. —...QUAKE! —Repentinamente, Bambú empezó a golpear con furia el suelo bajo sus pies, que estaba cubierto de escarcha y trozos de hielo derritiéndose. Pero el suelo no se agrietaba ni se agujereaba con los violentos impactos del panda, sino que se movía de formas extrañas, se bamboleaba y, finalmente, se agitaba con la misma violencia con la que Bambú lo estaba golpeando. A su alrededor, expandiéndose en un área cuadrada de 20x20 tomando al mink como epicentro, un millar de pequeños pilares de tierra y piedras surgían del suelo y se volvían a hundir en el mismo una y otra vez, como si fueran pequeños martillos neumáticos que están apuntando hacia arriba desde el suelo.

Por supuesto, Shirohime no recibiría daño alguno de este ataque, pero la sensación de que sus piernas se fracturasen y la inestabilidad del suelo le darían un buen susto. Después de todo, era la primera vez que veía su poder en una situación práctica.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12968 - 100 = 12868
Energia: 9371 - 278 = 9093
Espiritu: 3878 + 0 = 3878
#7
La distancia entre ella y el hombre era crucial y aunque era consciente de que aquel mink era y será capaz de destrozarla en menos de lo que sus ojos pueden cerrarse, no se echaría atrás. Estaba en el Nuevo Mundo y no en los Blues dónde podría permitirse en algunas ocasiones dudar, pero en esa región del mar tan alejada de los cuatro puntos no; el Nuevo Mundo era cruel. A diario, jovenes promesas morían intentando atravesarlo e inclusive caían como víctimas de asaltos contra lobos más experimentados: Las ovejas blancas tenían poca cabida allí y era consciente de que aún era una de ellas, necesitaba protección y apoyo. Resguardo. Tanto él como Kisuke debían de cuidarla y eso no era algo que le hiciese feliz si tuviese que ser abierta al respecto, porque era una responsabilidad y es por eso mismo que deseaba crecer. Aprender. Averiguar cada uno de los puntos y claves de la batalla y lograr, volverse una combatiente lo suficientemente competente para estar a la altura de la fuerza y dureza de ese mar de Tiburones hambrientos de sangre y esperanzas. Sueños se rompían en miles de pedazos y desaparecían, pero no deseaba ni iba a ser el caso de Shirohime, la mujer de férrea voluntad estaba lista.

Entonces. Cuando intentó dar un leve golpe, minúsculo y suave ante la imponente carne protegida por el pelaje del mink, este no se lo permitió y en aquel momento sus ojos se abrieron ligeramente en sorpresa ya que, aunque se trataba de algo que le iba a suceder un mil y millón de veces más; enfrentarse a la cruda realidad, a la sombra que le decía que no estaba lista para ese tormentoso y duro mar, era duro. Golpeaba como un vendaval y arrojaba lejos sus sueños, despedazados como la madera de un barco viejo y podrido, un barco muerto. Shirohime experimentaba el miedo, la incertidumbre, que sea valiente o más bien, terca, no la liberaba por completo de ese hormigueo que recorría todos y cada uno de los poros de su piel a lo largo y ancho de su cuerpo. Podía experimentar miedo, pero quería sobreponerse, avanzar y demostrar, que las expectativas depositadas en su persona de parte del hombre con el manto y el cigarrillo, del mariscal con ese imponente aura y gran fuerza; no eran en balde. En absoluto no, no quería defraudarlos a ellos ni a su persona. Ni a su sueño.

Ni a su pasado.

Aunque la distancia los aleje, y vea el hielo, la escarcha y el frío abrazar el peludo cuerpo de su superior, no se quería confiar. Sabía a la perfección que él se contenía, como su otro superior, pero por eso mismo no iba a confiarse y a mostrarle su voluntad: Por que esto era la preparación. El inicio del fin. Una vez acabe el entrenamiento... no más seguridad, no más certeza de que su oponente no buscaría hacerle daño. Era consciente y sabía que se hallaría monstruos, a la misma muerte, pero no actuó. Decidió esperar y ver qué es lo que venía después, lo observó sacarse el hielo y comenzar a fumar frente a sus ojos, pero las palabras del guerrero la sacaron ligeramente de órbita. — ¿Ru-ha? —, mostró sorpresa, una ligera muestra de ingenuidad y luego asintió levemente, — Ru-ha, soy consciente de ello. Mi querido compañero mariscal, mi maestro, y debo decirte que aunque la lluvia de la muerte se acerque por encima o debajo de mi cabeza, lucharé. Por que no voy a defraudarlos ni a tí, ni a Kisuke. Aaaah. ~ Kisuke. ~ Tan impresionante como siempre, pero basta de irme por las ramas, mi queridísimo mariscal, ¡lucharé! —, ante esa declaración de intenciones; se vio sorprendida ante el último movimiento de su gran oponente.

— ¿¡Ru-haaaaaa!? —, no sabía qué pasaba, no entendía que es lo que estaba sucediendo, — ¿¡QUÉ ES ESTO!? ¿¡UN TERREMOTO!? ¡AUXILIO! ¡¡ME CAIGO!! —, su corazón estaba agitado, pero su resolución, firme como nadie la hizo desear reaccionar y apuntar con su arma, con su mano zurda. En dirección a uno de los puños de su compañero apuntó, — ¡¡R-R-RU-HA!! —, disparó. La bala salió disparada con la misma desesperación con la que una presa desea escapar de una jaula. Y sin embargo, por la gran inestabilidad del suelo le fue imposible hacer más así que buscó acercarse unos tres metros más, cayendo en el proceso por la técnica ajena y partiéndose a la mitad pero no sin el deseo de intentar algo: de levantarse otra vez.

Necesitaba hacerlo.

— E-Esto parece Destino Final, r-ru-ha. —, una acotación que desconoce por qué o con qué fin la hizo.

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⌈ — Diálogo — ☪ “ Pensamiento ” ☪ Narración ⌋

Baúl de los recuerdos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 741 + 0 = 741
Energia: 737 + 12 = 749
Espiritu: 471 + 0 = 471
#8
Previo al ataque, Shirohime manifestó una vez más su voluntad de luchar hasta el final, de darlo todo de sí misma por la causa y de volverse más fuerte en un mar que no admite debilidad alguna por parte de nadie. También mencionó a Kisuke y Bambú casi se sintió impelido a detener su ataque y conversar animadamente con Shirohime sobre su superior. Qué hombre, qué portento. Ya lo decía una vieja amiga de su madre de un mozo del pueblo particularmente atractivo y que podía aplicarse perfectamente al idilio que Bambú tenía montado en su cabeza con Kisuke: Eso no es un hombre, es un baluarte. Qué quería decir exactamente con aquello siempre fue un misterio, pero lo cierto es que le pegaba bien.

Pero no se detuvo, porque a veces un hombre tiene que dedicarse en cuerpo y alma a las tareas que tiene delante por muchos momentos de gozoso ocio que se le pongan delante. Así pues, Bambú hizo que el suelo se tambalease de bruscas formas de tal modo que sorprendió, naturalmente, a Shirohime con su ataque. Pedía auxilio y anunciaba su caída. Ambas eran reacciones normales ante el Bearquake... en el Grand Line quizás. Pero en el Nuevo Mundo la reacción debería ser otra. Ella tenía el poder del hielo por el amor de Dios. Si la entrenaba bien en lugar de caerse por aquella menudencia congelaría la isla entera y a Bambú con ella. Pero Shirohime no se cayó al suelo inmediatamente, sino que buscó hacer lo mejor que podía hacer: interrumpir el ataque de Bambú. Disparó a donde debía de intuir que estaba su mano, pero la velocidad a la que el panda golpeaba el suelo era tal que apuntarle ahí era imposible. La bala le impactó en el brazo en su lugar, y por la natural resistencia de la piel del panda rebotó hacia el horizonte y se perdió en el verde del prado. La princesa de la Revolución logró avanzar tres metros antes de partirse por la mitad y caerse al suelo por el Bearquake que ya finalizaba. —¿Destino q-qué? —De finales nada, que aún queda entrenamiento por cumplimentar.

Bambú exhaló una bocanada de aire caliente que se convirtió en vaho al circular por su cuerpo congelado y frío. Una tenue neblina se dispersó ante sus ojos, y fue rápidamente sustituida por el humo del cigarrillo milagrosamente entero que acababa de recuperar de su mano derecha. —B-buen int-t-tento lo de la b-bala, pero vas a t-tener que mejorar m-m-mucho tu perce-p-cepción para poder acertar disparos así. Soy muy r-r-rápido. —Comentó todavía atosigado por el frío. El hecho de que alguien tan débil con respecto a él pudiera causarle tanto daño y tantas molestias con el hielo de su fruta delataba el enorme potencial que tenía delante. —P-prepárate. —Fue el único avisó que dio. Tenía a la muchacha a dos metros de él en el suelo y no pensaba darle tregua alguna para que se levantase. Debía lograrlo por sus propios medios. Sin más dilación, empleando su mano izquierda, golpeó el suelo con un potente puñetazo que lo deformó con mayor agresividad que antes, levantando por debajo de Shirohime una enorme ola de suelo que se bamboleaba como si de repente éste estuviera hecho de arcilla. La brusquedad del movimiento sería capaz de lanzar a la muchacha por los aires unos cuantos metros, pero dónde aterrizaría y en qué estado era una incógnita para Bambú, que la observaba impertérrito.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12868 - 50 = 12818
Energia: 9093 - 282 = 8811
Espiritu: 3878 + 0 = 3878
#9
Las palabras de poco o nada servían en este lar, porque todo debía demostrarlo a través de sus acciones. No podía dudar o tambalear, retroceder o echarse atrás en esta jaula océanica de tiburones lista para arrasar sin miramientos a aquellos de débil voluntad y que, por supuesto, para Shirohime representaba un reto difícil de superar pero no imposible. No podía simplemente decirles "Tengo miedo" y regresar, a los Blues, porque eso es una falta de respeto a ellos que confiaron en su voluntad y por supuesto... a ella misma; que se prometió ser más fuerte y superarse por aquellos que ya no caminan a su lado. Las separaciones son duras y la realidad golpea como un fuerte tambór, los golpes del mink son veloces y tan rápidos que parecían taladros a máxima potencia; era un terremoto hecho y derecho y la punta del Iceberg del Nuevo Mundo. Tenía que superar esto aunque le cueste "la vida", por decir un refrán, pero eso no era algo que podía perder al inicio del camino. Su corazón estaba sobresaltado, por supuesto que estaba tensa... asombrada, abrumada ante el implacable poder de su superior, y cuya línea era la que debía tocar si es que deseaba camparse a ancha y siniestra en ese mar sin tener que depender enteramente de ellos para protección.

Se lo recuerda mucho. Podrá estar al nivel de los Blues, a la perfección, podrá quizá tener el nivel para navegar por el principio del Grand Line: Si ese fuera el caso, no estaría taan en desventaja, ya que solo hablaba de las primeras islas que visitar. Pero Nuevo Mundo ya era otra cosa; era el terreno dónde los límites no existen y donde la gente como sus superiores abunda, e inclusive puede haberlos más fuertes.

Para eso debe estar lista. Debe tener preparada la mira y su habilidad lo suficientemente pulida para defenderse de los cazadores. O de lo contrario moriría, como es obvio; sería un huevo indefenso, inerte y a la vista de una depredadora acechando el nido y que a la primera chance le devoraría. Su nido era el Grand Prix y su boleto de seguridad sus superiores, ¿pero por cuánto?

Lo desconoce. Si tan solo un gobernante del cielo le dijera algo sobre su futuro... aunque lo más probable es que le responda "Yo que sé", pero no importaba eso ahora y no sabe porque pensó en el cielo. Como si hubiera algo allí arriba más que nubes. Y aves.

Escuchó. Oyó. Y respondió, — Fu, fu. ~ Aaah, mi queridísimo Bambúu. ~ Con gusto mejoraré mis habilidades como tiradora, lucharé y mejoraré, progresaré y creceré, del mismo modo que un pagaré, y con un baño caliente te sacarás el estrés... ~ Pero no pensaré en eso ahora que cada vez que lo pienso mi mundo se pone de revés. Ru-ha. ~ —, su espontaneidad, su imaginación la llevó a decir ese conjunto de palabras que desconoce si sonaba bien, sonaba mal o inclusive quedaba como una absoluta bufona de la corte real, no importaba eso ahora.

— ¿Ru-ha? —, sorprendida, un poco perdida y sorprendida se halló y finalmente el evento apareció. Una inmensa ola se levantó y sin esperar demasiado su cuerpo voló. Arrojada por los aires y el cielo casi como la Bambúpulta gritó, solo que esta vez fue peor. La distancia recorrida fue brutal, absolutamente fuera de imaginación pero incluso allí, inclusive si la distancia recorrida hacia el cielo era una fantasía hecha realidad para los gigantes, ella lo aprovechó para apuntar con uno de sus brazos, el diestro, hacia abajo y con una de sus manos en forma de "pistola" la punta de su dedo corazón disparó, — ¡¡BALLE GLACE!! —, el último intento, la última baza antes de caer y ser despedazada.

A la noche habría alcohol fresco. Muy fresquito para sus superiores.

Información
⌈ — Diálogo — ☪ “ Pensamiento ” ☪ Narración ⌋

Baúl de los recuerdos
#10
A Shiro parecía gustarle mucho hablar rimando, o eso le pareció justo antes de conjurar bajo sus pies una ola de tierra y césped gigantesca que se la llevaría a rastras unos cuantos metros antes de que la muchacha pudiera reaccionar a lo que fuera que le estaba pasando. Aun así, más o menos a un tercio del recorrido de la ola, Shirohime logró recuperarse de la sorpresa y levantó su brazo derecho para apuntar a Bambú con sus dedos. Se imaginaba que la técnica que se le venía encima iba a ser la misma de antes, ya que la princesa de la Revolución contaba con muy poca experiencia bélica a sus espaldas y no disponía de un amplio repertorio al que agarrarse en lo relativo al combate. Con aquello en mente, no le pilló por sorpresa el pequeño proyectil helado que la muchacha disparó hacia su torso. Ahora bien, Bambú se había dejado impactar a lo largo de todo el entrenamiento para comprobar en sus carnes las fuerzas de Shirohime, pero aquello ya estaba más que comprobado, así que no había necesidad alguna de enfrentarse a los efectos congelantes de sus ataques. Sin decir nada, Bambú imbuyó su mano derecha con su potentísimo haki armadura y desvió la bala helada con un golpetazo del reverso de su mano. El sufrido proyectil se partió en pedazos y cayó como un polvo diamantino sobre la hierba a escasos metros a la derecha del oso panda. —Buen intento, pero ya he tenido suficiente frío por hoy, honhonhonhon. —Se reía animado con el resultado de aquella pequeña contienda. La muchacha tenía un potencial descomunal que, bien explotado, la convertiría en un alto mando de la Revolución en un abrir y cerrar de ojos.

Shirohime aterrizó hecha pedazos a unos cuarenta metros del panda. Realmente la muchacha no había hecho mucho por impedir que el Tsunami de Bambú se la llevase por delante, pero al menos había intentado aprovechar el momento para dispararle. Quizás hasta hubiera sido una estrategia para alejarse de Bambú todo lo posible, sin embargo... Como un suspiro, Bambú desapareció de donde hasta unos momentos estaba y reapareció justo delante del montón de hielo que era Shirohime. Aquella técnica tan útil era la legendaria carrera del dragón del Ejército Revolucionario. —Si lo que quieres es alejarte de mí, te vendría bien desarrollar algún método de desplazamiento con los poderes de tu fruta. —Comentó Bambú, cruzándose de brazos y esperando pacientemente a un metro de la muchacha a que esta se reformase. —Venga, que todavía tienes que darme un poco más. ¡A penas has empezado a sudar! Honhonhon. —

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 12818 - 50 = 12768
Energia: 8811 - 130 = 8681
Espiritu: 3878 + 0 = 3878


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