Todas las herramientas que estén a nuestro alcance [P.R]
#1
40 de Verano, año 17
15:15 PM

Skypiea…no ha sido la experiencia que él estuvo esperando.

Cuando Kael leyó el periódico, consideró que su viaje a los cielos era una especie de misión llevada de la mano del emperador de los cielos, una puesta en escena para asegurar el terreno y desviar la atención de toda actividad criminal que allí terminase ascendiendo a la tierra santa. El bloqueo de la marina en el grand line impide el paso a ninguno de esos hombres y mujeres alejados del camino de la rectitud, pero cuando se preparan los juegos del cielo…todo cambia.

Sus leyes son diferentes a las que se posee en tierra, y un camino santo hacia la ausencia de violencia nos impedia actuar como fuerzas del orden, siendo en esa tierra nada diferente a un civil cualquiera. ¿Un lugar donde el gobierno mundial apenas tiene influencia?

Si Zarutsuki no fuera quién es…la vida en ese lugar sería muy diferente.

El caballero de la marina, sencillamente, suspiró. Esa tarde había pedido a Juan que se tomase la molestia de acercarse a entrenar junto a él, quién no pareció disponer problema alguno de ello, al menos, a primera instancia. Para Kael, aquel Gyojin era excesivamente bonachón, con un cierto deje de perdida de cordura como lo posee el resto de su división, pero…

Eso le podría llegar a resultar útil. Quizás, en ciertos aspectos, podía llegar a aprender de él al menos una cosa o dos. ¿Que civil no bajaría la guardia frente a la presencia de un hombre como él? Nadie pensaría que con su actitud tan risueña esconde algo bajo una máscara de fortaleza y cascarón.

El de pelo azabache, sin embargo, era un humano que sabía aprovechar esos factores para mucho más…algo que ninguno de ellos podría aprovechar tanto como lo haría él jamás.

―Hola, Juan. ¿Que tal te va el día?―Era, posiblemente, una de las primeras veces que hablaba con un superior de la marina en un tono tan extraordinariamente casual -sin contar a Shin, por supuesto- y eso, de alguna manera…se le hacía extremadamente extraño.
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#2
La estancia en Skypea fue, cuanto menos, interesante. Volver a respirar aire normal se sentía revitalizante, pero los resultados de los juegos seguían sintiéndose agridulces. Había destacado sobre los demás en el ámbito en el que tenía más confianza, pero nuevas inseguridades habían nacido en mi interior. Quizás era el momento de darle vueltas al asunto.

Si bien había pensado en dedicar mi tiempo a pensar en mi futuro como marine, el bueno de Kael me había llamado para entrenar juntos, uno de mis planes favoritos. Con el momento de la cita cerca, me levanté de mi cama en el Ford’s transit de un único movimiento. —¡Muy bien! Habrá que dejar eso para otro momento —dije mientras me quitaba la pereza mañanera estirando de forma despreocupada todo mi cuerpo.

Salí a la cubierta del barco y me despedí de mis compañeros justo antes de saltar por la borda, cayendo en la fina arena de la preciosa playa en la que nos encontrábamos anclados. El monótono paraje en el que nos encontrábamos no fallaba en quitarme el aliento, ver cómo la llanura se extendía delante de nuestros ojos era… Curioso.

En la misma playa pude discernir la pequeña figura de Kael, que ya se encontraba esperándome con la puntualidad y rectitud que le caracterizaba. —¡Yeheii, buenos días, compañero! —saludé con una alegría que ya era una de mis señas de identidad. —De momento bien, no hace mucho que me levanto, jeje… —dije mientras me rascaba la nuca con algo de vergüenza. —¿Cómo va todo? No todos los días uno tiene el gusto de ver al humano más resistente que pasó por Skypeia, jaja.

Me alegraba ver que Kael empezaba a soltarse algo más en mi presencia, después de todo, soy alguien que se toma confianzas con los demás muy rápido y sería raro si ese comportamiento no era mutuo, al menos en cierta medida… —Bueno, deberíamos ponernos al lío, ¿tienes algo en mente? —le pregunté. Estaba abierto a cualquier idea que mi camarada tuviese en mente, aunque seguramente no pudiese enseñarle mis técnicas del Kame-Ryu, ya que él no contaba con caparazón.

Cajita de tortuga
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#3
Su actitud no dejaba espacio a la duda. Aquella criatura tenía una forma de ser bastante interesante de asimilar. Por supuesto, no podía empezar el día de otra manera que entrenando nada más levantarse. Kael, sin embargo, llevaba ya algunas horas levantadas aprovechando la primera luz del alba, preparando todo lo que tuviera que poder hacer para con ello mantener su división en orden. Es increíble la cantidad de papeleo que uno debe llegar a redactar cuando asciende a un territorio que se encuentra fuera de la red del Gobierno Mundial

Algo así, no sonaba factible en el mundo interno del azabache.

―Así que el humano más resistente de Skypiea, ¿eh?―Por su tono de voz, intuía que aquel había sido un comentario, a lo sumo, bromista, con cierta picardía al saber que el ser que ganó aquella prueba fue el propio Juan. Por supuesto, su forma de ser no dejaba en claro que lo hubiese hecho con esa intención.

Cuando preguntó que buscaba entrenar junto a él, Kael tuvo que comenzar a recordar exactamente lo que vió frente a sus ojos en aquel entrenamiento de Baterilla. Parecía una técnica usada por los marines con frecuencia, por lo que también debía aprenderla, como si fuera una especie de requisito para ellos.

―¿Recuerdas algo de nuestro primer entrenamiento? Usaste una técnica que disparaba agua o algo así. El caso es que vi a otro teniente de la marina usarlo un par de veces, y entonces pensé que yo también debería entrenarlo y tenerlo en mi repertorio de habilidades. ¿Crees que puedas enseñarme?

No conoce el nombre de aquel ataque, pero sin duda debía tener uno si más de una persona sabe cómo utilizarlo, pues no sería una técnica propia de Juan Sebastián -cosa que sí consideró la primera vez-.

―Digamos que, en general, aquellos estilos de pelea más conocidos por el ancho mundo me interesa conocerlos. Son estilos pulidos por varios guerreros durante generaciones, por lo que seguramente sean más efectivos de lo que ahora mismo puedo siquiera imaginar. No sé nada sobre eso, pero…creo que tú podrías echarme una mano con eso, ¿verdad?

Saber además que aquel ataque podía incluso golpear a unos enemigos que pueden transformarse en ciertos aspectos elementales, deja como mínimo cierto atisbo de interés en la mente de aquel que siempre tiene, de alguna forma, todo lo posible calculado.
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#4
Kael me comentó sobre nuestro primer entrenamiento, aquel intenso duelo en Baterilla, dos marines demostrando que la justicia no hinca las rodillas ante los golpes. Por lo visto, mi compañero estaba interesado en aprender técnicas del kárate gyojin. —¿Cómo olvidarlo...? Nunca nadie había resistido tantos golpes míos hasta entonces. —Comentó algo sobre un marine que también era conocedor de esas técnicas, no fue algo que me sorprendió, después de todo sabía de primera mano lo útil que podía llegar a resultar en combate.

—¡Claro que puedo enseñártelo! O al menos intentarlo, después de todo, apenas soy un principiante en lo que se refiere al kárate gyojin. —Me habría gustado poder decirle con confianza que lo aprendería seguro, pero al final del día, los resultados dependían más de él que de mí mismo. En cualquier caso, tratándose del diligente Kael, estaba seguro de que lo lograría sin problemas.

—Tienes razón en eso, cuando aprendí las técnicas de este estilo de combate en el South Blue, se sentían distintas al estilo de pelea bruto que tenía antes. Una vez empecé a entenderlo, se sentía como si hubiese estado usando mi fuerza de la forma errónea hasta entonces. —Me rasqué el mentón con mi mano izquierda mientras pensaba. ¿Cómo podría enseñarle? Mis pensamientos fueron de regreso a aquel dojo de Isla del Kárate, intentando hacer memoria de los métodos del maestro Batch Kalao.

—Muy bien, si quieres aprender la técnica de la gota de agua, la cuestión es muy sencilla. —Puse mis brazos en la espalda para hacer bien que mis palabras se trataban de una clase teórica importante. —Lo primero es entender lo que es el kárate gyojin. La base del estilo radica en el control del agua, dominar su flujo, tanto del entorno como del propio cuerpo. —Mientras explicaba, abandoné la postura, moviendo mi mano izquierda al frente y concentrando la humedad de mi mano en la palma. —Si consigues dominar ese flujo, puedes conseguir que incluso una gota de agua como esta se transforme en una bala.

Al terminar la breve explicación, proyecté con todas mis fuerzas la gota de agua que había acumulado contra una de las palmeras de la costa, haciendo un agujero en la misma que la traspasó casi por completo. —Nunca he visto a alguien que no sea un gyojin usarlo, pero ya sabes lo que dicen… ¡Un marine no se rinde! —En mis palabras había seguridad, estaba convencido de que podría lograrlo.

Con la demostración finalizada, llegó el momento de comenzar el entrenamiento. Uchimizu era una técnica de disparo, por lo que mi camarada necesitaría tener una buena puntería. —Vamos a empezar poco a poco, trata de coger algo de agua de algún sitio y lánzala a aquel árbol. —Me acerqué al tronco y dibujé una diana con mi pinza. —¡Tienes que lograr acertar cinco veces seguidas a diez metros por lo menos!—

Cajita de tortuga
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#5
—Así que nadie que sea Gyojin, ¿eh?

No se terminaba de creer la idea de que solo un miembro de esa raza pudiera aprender una técnica como esa. Sí, era conocido como “Karate Gyojin”, pero eso no implicaba necesariamente que un humano o cualquier miembro de otra raza pudiese aprenderlo si aplicaba el entrenamiento suficiente, ¿cierto? Era cuestión de intentarlo, cómo mínimo, para ampliar su abanico de posibilidades en el futuro. Es muy incierto el camino para saber si en un próximo tiempo a aquel le resultarían necesarias habilidades que, como ha dicho el comandante, no están acostumbrados a usar los humanos en general.

Lo que no esperaba en ese momento, pero en absoluto además, fue ver la demostración del hombre cangrejo. ¿Cómo podía disparar una simple gota de agua a esa velocidad y con esa fuerza? Era simplemente inconcebible a sus ojos. Una de esas había sido disparada contra el centro de su pecho, dejándole un agujero más profundo que su ombligo, pero no llegó atravesarle por el otro lado, ¿y esa había partido un árbol? Sin duda ninguna, tenía que aprender a poder utilizar una habilidad como esa casi sin pensarlo.

—No estoy seguro de que tal se me dé, pero daré mi mejor esfuerzo. Tendrás que indicarme cuál es el primer paso.

Coger agua de algún sitio, y lanzarla a un árbol. Claramente, no se estaba refiriendo a lanzarla de la forma tradicional, ¿no es cierto? Parecería una auténtica estupidez a ojos de cualquiera que los observase, pero…

—Agua…supongo que puedo tocar unas gotas del agua del mar de nubes, ¿no?—No estaba seguro de poder tomar algo de agua de una fuente como aquella, pues hasta la fecha, ni siquiera lo había probado, pero tenía que intentarlo.

Se acercó hasta una nube cercana del suelo, introduciendo lentamente los dedos para comprobar si, efectivamente, era posible aunque fuera moviéndolos en el interior, extraer algo de agua de aquella nube tan suave.

—Vale, pues…creo que esto servirá.

Con una gota de algo que no era asqueroso como el sudor ni agua de cañería -los dos tipos de gotas de agua que ha recibido hasta la fecha por desgracia- decidió intentar replicar lo que había visto hasta la fecha de aquella técnica, lanzando una gota de agua hasta el árbol…que apenas se había alejado, con suerte, un metro de la propia palma de su mano.

—Ehm…no creo que esto…sea así.
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#6
Kael, motivado por la posibilidad de hacerse más fuerte, recogió un poco de agua con su mano, lanzándola con ímpetu hacia el mismo árbol que fue impactado por mi Uchimizu. ¿El resultado? Lo esperable, nada distinto a un lanzamiento común que podría hacer cualquier persona de primeras. —Era de esperar —le dije tras haber observado su infructuoso intento. —No es como si mi primer intento hubiera sido mejor, jajaja. Será mejor dejar esa parte para el final. —Ahora me tocaba pensar como maestro, intentar guiar a mi querido alumno por el camino del progreso, no era algo sencillo, pero si lo daba todo, seguro que lo lograría.

Debía encontrar algo que no fuese tan frustrante, un entrenamiento que le ayudara a encontrar el significado. Mientras me rascaba la barbilla, repasé los entrenamientos que hice con Batch Kalao. ¿Qué necesitaba alguien como Kael para poder empezar a sentir el flujo del agua? Podría ponerle a vaciar estanques como me tocó hacer a mí, pero no quería hacerle pasar por eso. —¡Ya sé! —Exclamé al tiempo que abría mis ojos como platos. Sin detenerme a explicar nada, comencé a dibujar un gran círculo de unos seis metros de diámetro en la arena. —Muy bien, te explico —le dije al tiempo que apartaba la vista de la arena para mirarle a él.

—Para dominar el Uchimizu, lo primero que necesitas es sentir el flujo del agua de tu cuerpo, esto tiene dos puntos importantes. El primero es la concentración, necesitas ser capaz de llegar a cierto estado de paz para ello. El segundo punto es el balance, para ayudar a que esa fuerza fluya por tu cuerpo, debes ser capaz de mantener una posición sólida, firme. 

Tras esas palabras, me coloqué a escasa distancia del centro del círculo, adoptando una postura baja, con las piernas muy abiertas y mis brazos apoyados en la arena de la playa, básicamente una postura de sumo. —Tu tarea será intentar derribarme mientras te concentras en ese flujo. Te aconsejo poner tu oído en las olas del mar. En su momento lo hice con una cascada, pero supongo que también servirá. —Cualquiera que nos viese sabría que Kael no podría conmigo en un combate de sumo, pero el punto de esto no era ganar o perder, su tarea era mantener la mente ocupada en el agua mientras conservaba el balance de su cuerpo.


Cajita de tortuga
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#7
¿Esperaba algo diferente en mí? Si el gyojin había tenido un resultado similar durante su uso del uchimizu mientras lo estaba aprendiendo, ciertamente no podía comprender por qué quería verlo tratar de lograrlo en tan solo un primer intento. No era algo que pudiese lograr de un momento a otro como si el joven Omuyaga tuviese un talento natural para un arte marcial que no era predilección en su raza. Desconoce que ideas puede llegar a tener en la cabeza, pero desde luego, ahora tiene mucha curiosidad por saber que tantos progresos podrá hacer en esta masterclass.

Una nueva idea vino a la mente del cangrejo tortuga para tratar de mejorar sus enseñanzas y el aprendizaje del soldado, queriéndole hacer tratar de derribarlo en…¿una arena? Bueno, ciertamente estaban en la arena de la playa.

Convencido de que tiene la fuerza para levantar su peso, Kael se prepara casi al mismo tiempo que su maestro, colocándose en una postura defensiva frente a él, pero, cuando le comentó sobre centrarse en el sonido del mar, su postura dudó. ¿Centrarse en el agua? ¿Sentir su flujo en su cuerpo? Aquella idea…

Parecía bastante interesante.

—De acuerdo, maestro Juan.—Comentó a modo de broma, tratando de aligerar el ambiente en aquella clase práctica.—Veré si puedo centrarme en el sonido del agua del mar como dices.

De nuevo, afianzó su postura tal y como la de la criatura rojiza y enorme pinza, cerrando los ojos momentáneamente mientras trataba de evadirse de los sonidos a su alrededor. Por fortuna, ninguno de sus compañeros aún en el barco parecían dispuestos a interrumpir aquel entrenamiento, por lo que podía ignorar las palabras de la gente que, aún por fortuna o por otro motivo, no se mantenían a su alrededor.

El sonido del mar siempre era tranquilizador, escuchando la marea mecer las olas hasta romperse en la costa, tratando de imaginarse como el agua fluía igual que este mismo oleaje por su cuerpo hasta poder lanza una gota de agua propulsada. No tenía que intentarlo una segunda vez, pero recordar esa sensación…era un objetivo que debía cumplir.

Creyéndose preparado, se lanzó hacia su compañero de división lo más rápido que pudo, tratando de agarrarlo por la cintura para elevarlo por los aires con toda su fuerza. Si le había pedido levantarlo, se iba a llevar la sorpresa por la fuerza que, en el fondo, una persona de la mitad de su tamaño es capaz de ejercer.
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#8
Kael se animó a probar el ejercicio que había ideado para él, realmente no sabía cuáles eran sus cualidades físicas para este tipo de entrenamientos. En otra época, si fuese el Juan de hace algunos años, seguramente le habría subestimado por su pequeño tamaño y su rostro sereno, pero a día de hoy no era así. Ya había podido experimentar en varias ocasiones la sorprendente fuerza que podían demostrar personas que físicamente no eran tan espectaculares. Probé los golpes de Enji, quien fue capaz de atravesar mis defensas una y otra vez durante nuestros entrenamientos, también pude ver la demostración de fuerza de aquella chica en Skypiea o la del pequeño chico topo, sin dudas eran de temer.

Con todo eso en mente, estaba deseoso de ver lo que mi viejo conocido y nuevo compañero, Kael, tenía para ofrecer. El marine de cabello azabache se lanzó a por mí con decisión, no era el más rápido, aunque yo tampoco era el más adecuado para hablar en ese sentido, pero eso no era algo importante para este entrenamiento, no era su velocidad lo que estaba poniendo a prueba. Fue cuando llegó a agarrarme, que descubrí de lo que realmente estaba hecho.

En un solo movimiento, empezando desde la cintura, me alzó en los aires. —¡Uooo! —exclamé ante la situación que desde fuera debía verse un poco ridícula, como si se tratara de Atlas levantando el mundo sobre sus hombros. —¡Jajajaja! —Reí desde las alturas, justo antes de deshacerme de su agarre con un movimiento sobre mí mismo, provocando que cayese al suelo sobre mis piernas a pocos metros suyos. —¡Nada mal, nada mal! Eres mucho más fuerte de lo que pareces, compañero. —Tras mis sinceros elogios, mi cuerpo empezó a mutar, embriagado por la emoción de ver cómo un marine iba a tener que enfrentarse a sus límites.

Mi cuerpo rojizo empezó a verse adornado por un patrón de escamas verdosas, mi tamaño aumentó de forma considerable al mismo tiempo que mis gruesas patas se hundían en la arena y de mi espalda comenzó a brotar lo que a todas luces era un enorme caparazón de tortuga. Tras transformarme, estiré ligeramente mi cuerpo, girando mi torso de lado a lado para mejorar la movilidad de mi cintura. —¿Tú tienes algún tipo de habilidad especial, Kael? En todos nuestros encuentros has sido bastante reservado con tus capacidades. —Mi pregunta cortó ligeramente el ritmo del entrenamiento, pero la verdad era que me mataba la curiosidad, quería conocer lo mejor posible a mis compañeros. Kael, quien no parecía ser muy resistente, demostró ser todo un bastión a la hora de recibir golpes. Él, quien parecía ser alguien sin mucha fuerza física, era capaz de levantar más de cuatrocientos kilos como si nada. ¿Qué más sorpresas se estaba guardando?

Una vez terminó de hablar, regresé a mi postura de combate. —¡En guardia! —fueron mis palabras antes de cargar contra él como un toro desbocado, agarrando la cintura de su pantalón con mi pinza y colocando mi mano izquierda sobre su hombro.

Cajita de tortuga


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#9
Levantarlo fue bastante más difícil de lo esperado. Aquella criatura de aproximadamente tres metros de alto era mucho más pesada de lo que pudo intuir. ¿Trescientos? ¿Cuatrocientos kilos? ¿Tal vez quinientos? Ignoraba realmente la cantidad que acababa de levantar, pero sin duda era exageradamente bastante más de lo que esperaba. Sus estándares eran humanos, y como tal, esperaba precisamente levantar lo equivalente a dos humanos corpulentos, algo que pudiera tomar en cuenta con una mano si ponía en ello todo su esfuerzo...

Y él, sin embargo, se liberó como si nada.

Hablaba de mi fuerza como si fuera una verdadera sorpresa para él, pero lo que el cangrejo no sabía es que la sorpresa era él. Su fruta del diablo, aquella que le permite convertirse en una tortuga de mar, una criatura de agua siendo ya de por sí una raza que se beneficia del mar...sin la capacidad de nadar. ¿Cómo se sentiría él al respecto sobre el tema?

Su respiración toma ritmo de esfuerzo físico. No es de los que tengan en consideración el uso de su fuerza física...y eso que antes se consideraba un luchador cuerpo a cuerpo.

—¿Mis habilidades? Ni siquiera lo tengo yo claro, Juan. Soy más resistente que cualquiera de los miembros de mi antigua división, eso sí lo tengo claro, pero aún estoy descubriendo que soy capaz de hacer en combate.—Claro que, si hablabamos de habilidades mentales, la lista podría hacerse interminable, razón por la que había tomado el papel de tesorero de su división...entre otros motivos.—¿Qué hay de ti? Eres el increíble Juan Sebastián, el comandante cangrejo tortuga, pero, ¿Qué más escondes debajo de esa coraza? ¿No tienes nada fuera del trabajo como marine?

Pero apenas tuvo tiempo de verlo venir. La pregunta se vió rápidamente condenada por la embestida de Juan. No tuvo tiempo de prepararse, y mucho menos de defenderse. ¿Que tenía que ver todo este estilo de pelea con lanzar una gota de agua?

—¿Pero qué?—Intenté liberarme con todas mis fuerzas, pero era una tarea imposible. Si él había conseguido librarse con esa facilidad, definitivamente él no podría hacer lo mismo.—No puedo soltarme. No tengo tu fuerza, Juan.[/color]

Pensó en distintas opciones, respuestas que se le podrían venir a la cabeza para intentarlo, y se le ocurrieron varias, pero ninguna de ellas en consideración con el entrenamiento que estaban realizando.

—El sonido del mar no me va a ayudar a soltarme, Juan. No funciona así.

Si tan solo pudiera gritar, se lo habría dicho con mucha más efusividad. Era en esos momentos tan breves en los que espera que, tarde o temprano, sus compañeros puedan discernir sus emociones en lo invariable de su tono.
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#10
Mi agarre a Kael fue realizado con todas mis fuerzas, teniendo en cuenta que fui capaz de librarme con facilidad del suyo, no me extrañó que mi compañero no fuese capaz de liberarse del mismo. ¿Qué podría hacer él en una situación como esta? ¿Cuál sería su reacción al verse atrapado? Primero afirmó que era incapaz de hacer nada, después de ello, negó que pudiese ayudarse de lo que le dije previamente para salir de aquella situación. Estaba rendido, puede que no por no tener más opciones para salir de mi agarre, pero parecía ser incapaz de ver el fondo del entrenamiento.

—¡¡El mar es… —Dije mientras levantaba a Kael. —¡¡Más profundo de lo que crees!! —y lo lancé con fuerza fuera del área que comprendía el ring de sumo improvisado. Kael voló diez metros hasta chocar con uno de los árboles que se encontraban cerca de nosotros, el mismo que usé para mostrarle el Uchimizu. —No se trata de si te va a ayudar o no. El punto de escuchar el sonido del mar es que seas capaz de concentrarte para sentir el agua que fluye por tu interior en cualquier situación. —En mi expresión no había un ápice de enfado, yo mismo había estado entrenando kárate hasta hace poco. Sabía lo frustrante que podía llegar a ser que te explicasen algo que, en un principio, parece carente de toda lógica.

Aproveché el momento de pausa para responder a la pregunta que ignoré cuando estaba demasiado metido en el entrenamiento. —Con respecto a lo que me preguntaste antes… —Me quedé unos instantes pensando mientras me rascaba la barbilla. —Tengo buena mano como manitas, se me da bien arreglar y modificar objetos porque de pequeño ayudaba en el taller de mis padres. —El propio Kael parecía ser alguien que estaba pasando por un viaje de autodescubrimiento, con el poco tiempo que había pasado con él, estaba seguro de que más pronto que tarde encontraría su verdadera fortaleza.

—Bueno, sigamos con el entrenamiento. —Dije una vez Kael se levantó. —Puede que el combate de sumo fuese algo drástico. Quiero que medites un rato, escucha el sonido de las olas, siente cómo avanzan y retroceden, intenta sentir ese mismo movimiento en tu interior. —Para alguien tan aparentemente calmado como Kael, quizás este estilo de entrenamiento encajaba mejor que una frenética lucha de sumo. Si quería llegar a ser capaz de dominar la técnica, Kael debía llegar al punto de sentir el agua de su interior. Ese no sería el final del entrenamiento ni mucho menos, sería el principio de lo que sería un alrgo camino si es que estaba dispuesto a recorrerlo. 

Ponerle a meditar no era solo una idea que saqué de Batch Kalao o de la propia Jalindra, era una excusa perfecta para ganar tiempo que necesitaba para pensar más cosas para ayudar a mi amigo y aprendiz con su entrenamiento. Para ser honesto, no tenía ni idea de que hacer después de ello. —Piensa, Juan, piensa...

Cajita de tortuga


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