[Pr Rel] Me temo que traigo malas noticias
#1
Día 32 de verano, Año 18
Archipiélago Sabaody, Paradise (Grand Line)
Cuartel de la Marina, Manglares 60-69 - 07:00 AM
 


El sol comenzaba a iluminar el archipiélago formado por manglares. Acostumbrado a un horario de sueño inestable por ser el encargado de navegar el buque, me encontraba sentado en la cofa de O Redentor después de haber llevado a cabo las actividades de mantenimiento pertinentes. Vislumbré en la lejanía una sombra que volaba hacia mí, la cual terminó siendo una de esas gaviotas con sombrero que se encargaban de repartir los periódicos a través de las islas. — Puntual como siempre, buen trabajo. — afirmé mientras buscaba un par de monedas en los bolsillos de mi pantalón para entregárselas al ave a cambio del periódico. No tenía ni idea de cómo podían haber conseguido que esos animales pudiesen trabajar de esa forma pero siempre me había hecho gracia la situación. Con el diario en mano, me puse en pie estirando mis brazos y mis músculos desperezándome al mismo tiempo que bostezaba de forma sonora. Di un paso adelante y me dejé caer al vacío para, en plena caída libre, transformar mis piernas en un chorro de arena y volar hacia el cuartel de la Marina de Sabaody.

El vuelo no duró mucho ya que nuestro barco se encontraba atracado cerca y, descendiendo hacia la entrada del edificio, mis piernas volvieron a su estado natural para caminar hacia el interior. Modificar mi cuerpo y alternar entre vuelo y movimiento terrestre me resultaba tan natural como respirar. Avancé por los pasillos con la mente en blanco, totalmente disociado de lo que me rodeaba y de la presencia de los soldados rasos y Marines de menor rango que se encontraban cuchicheando por el lugar. La presencia de los vicealmirantes era algo puntual y, además de acarrear una fama a veces molesta, nuestra División llevaba en sus espaldas un historial agridulce respecto a esta isla. Llegué hasta el comedor del cuartel y allí me hice con una jarra enorme de zumo de piña bien fresco, un clásico en mí. Me dirigí hacia una sala más privada y en ella me senté en un sofá, dejando la jarra y el periódico sobre una mesa baja en frente de mí. Desde que Fuguwu y yo habíamos vuelto, nos facilitaron instalaciones acordes a nuestro rango para hacer nuestra estancia más llevadera. No le daba importancia, ni era algo que me ilusionase en especial pero sí que a veces se agradecía el hecho de estar apartado y tranquilo. Por la hora que era quizás podría encontrarme a mi compañero en breves pero en ese momento recordé a la tercera rueda de nuestro triciclo, así que saqué mi den den mushi y lo posé sobre la mesa rezando para que mi amiga estuviese despierta y no me tirase al interior del volcán de Mystoria por lo que estaba a punto de hacer.

Marqué el número de Karl y esperé a que hubiese una respuesta al otro lado. Sin dar opción a réplica, alcé la voz de forma enérgica e histriónica — ¡Buenos días... buenos días... buenos días, buenos días, buenos días, buenos días, bueno! ♫ — acompañé la canción con una percusión improvisada golpeando mis dedos sobre la mesa — ¡bue bue, bue, buenos días... bue bue, bue, buenos días! ♫ — Imposté la voz más todavía, volviéndola más grave. — ¡Ahora en cabina, Bahía Sounds noventa y tres punto cinco! ¡Buenos días Marineford! ¿Listos para una mañana de ritmo y diversión? ¡kakahaha! — Definitivamente me iba a cortar la cabeza. — ¿Cómo van las cosas por allí, Karl? — Finalicé agarrando la jarra de zumo de piña con mi mano zurda para darle un trago, al mismo tiempo que extendía con mi diestra el periódico sobre la mesa para leer las noticias que traía el mundo y me ponía al día con mi compañera.


Akuma no Mi
  Responder
#2
Era una mañana como otra cualquiera en Marineford, duchita tempranera, dar de comer al bueno de Joseba que me esperaba maullando como siempre y a hacer mi entrenamiento diario.  Aunque desde hacia un tiempo ya mis obligaciones eran mucho mayores y por lo tanto, mi tiempo era mucho mas limitado, mantener mi cuerpo sano era algo que tenia que seguir realizando dia a dia, hacia tiempo que ya no sentia mejoria en mis musculos, pero eso era lo de menos. 

Asi pues empece mi rutina corriendo como siempre cuando unos pajaros comenzaron a sobrevolar el cielo, el periodico. Hacia tiempo que no veia a las gaviotas traerlo a la base y verlas siempre era una alegria, me gustaba estar al tanto de las fechorias piratas y ver si alguna vez salia algun conocido. Yo no solia acaparar muchas portadas, pero no me importaba, no era yo quien tenia que estar bajo los focos ahora mismo. ¿De que traerian las noticias esta vez?

La gente que caminaba por la calle empezó a recoger los periodicos y pagar a las gaviotas como siempre, yo estaba corriendo pero me detuve para hacer lo mismo, cogñi unas monedas y se las lance a uno de los animales, que me devolvio el gesto lanzandome el papel con las noticias que me dispuse a recoger del suelo, pero antes de hacerlo, mi caracolofono empezo a sonar.  Era Apolo, tan risueño como siempre, el y Fugu llevaban un tiempo fuera, ya que Fugu habia ido a entrenar alli con un maestro del karate o algo asi, y les echaba mucho de menos, eran mis compañeros y amigos y llevaba ya la hostia sin verles, escuchar la voz de Apolo me hizo esbozar una gran sonrisa, la primera de la mañana.

- ¡ Apolo ! ¡¡ Que alegria escucharte amigo !! ¿ Dominas ya el Waki de armamento? ¿Cuando volveis? Aqui las cosas, ya sabes, como siempre, mucho papeleo aburrido y poca accion, os echo bastante de menos ¿ A que debo el honor de tu llamada? ¿Volveis ya por aqui? 

Mientras hablaba con el, recogi el periodico que acababa de comprar del suelo, mucho texto, no habia ninguna imagen en portada, luego lo leeria. Ahora lo importante era saber porque me llamaba mi amigo.

resumen


[Imagen: 9GdOzk1.png]
  Responder
#3
Un día nuevo iniciaba en el cuartel de la marina en Sabaody, el cual se repartía entre las raíces de los manglares del 60 al 69 como uno de los edificios más importantes que proveía al conjunto de manglares de aquella seguridad que sus habitantes y visitantes tanto apreciaban. El calor del verano se dejaba sentir ya a esta hora temprana, más pegajoso que el de primavera, mezclándose con el olor a resina y salitre que se respiraba por las condiciones tan particulares de esta isla que en realidad no puede catalogarse como tal, y que impactaba en los sentidos del mismo modo que lo hace la brisa marina al navegar por las inquietantes aguas del Grand Line. A las 0700 horas el cuartel apenas empezaba a desperezarse, con la primera guardia relevando a la nocturna y las cocinas ya humeando, y gracias a mi haki de observación, el cual llevaba expandido a ciento cincuenta metros de radio más por costumbre que por necesidad, podía sentir cada una de las setenta y tantas presencias que a esta hora poblaban el recinto con sus emociones, aquel sexto sentido que había desarrollado gracias a las enseñanzas de mi otrora mentora, ahora amiga y líder, Karlglass. La variedad de sensaciones seguía siendo tan diversa como la recordaba de mi llegada, orígenes, razas y aspiraciones distintas conviviendo bajo el mismo estandarte, una reinterpretación multicultural que ningún otro cuartel de los que había pisado conseguía igualar. Tal como lo hacía todos los días, me había levantado a las cinco de la mañana, completado mi rutina de entrenamiento matutino, bañado y vestido conforme a mi rango, orgulloso del mismo. La capa de Vicealmirante firmemente ajustada a mis hombros adornaba el atuendo jovial y relajado que definía mi intención en este viaje, ir sin pretensiones ni en búsqueda de aventura alguna, y ya me disponía a bajar al comedor a por el café de la mañana cuando uno de los reclutas de reparto tocó a la puerta de mi camarote con el periódico del día doblado bajo el brazo, cumpliendo con esa costumbre de la marina de hacer llegar la prensa a los oficiales antes de las siete. Le agradecí el gesto, cerré la puerta y desdoblé las hojas sin mayor interés mientras terminaba de ajustarme los guantes, esperando encontrar las noticias de siempre, movimientos de piratas en el Nuevo Mundo, alguna redada, algún ascenso, esas cosas que uno lee de pie y olvida antes de terminar el café.
 
No fue eso lo que encontré. El titular de portada ocupaba media hoja en letras negras que no dejaban lugar a la duda, una fuga masiva en Impel Down, cientos de reclusos liberados de los niveles inferiores de la prisión más segura del mundo, y bajo el titular, en columnas apretadas, el recuento de las bajas. Fui bajando la vista por la lista con el estómago cerrándoseme a cada línea, marines heridos de gravedad durante la contención, oficiales de alto rango entre ellos, y ahí, en mitad de la columna, leí el nombre de Joe Joestar, mi anterior líder de división, el héroe de los cabos gemelos, el hombre que me acogió cuando no era más que un recluta perdido, reportado como herido de extrema gravedad. Y más abajo, en la lista que ningún marine quiere leer nunca, el nombre del Almirante Tucrow entre los caídos. Había más, un puñado de titulares secundarios en este momento, al menos para mí, porque para entonces la cabeza ya se me había puesto a girar a otra velocidad y con mi mano buscaba como loco mi den den mushi antes de que terminara de procesar lo que mis ojos amarillos acababan de leer. No estaba donde tenía que estar. Palpé el bolsillo interior derecho de la gabardina, donde lo guardo siempre, y no lo encontré; revisé el escritorio, la litera, el equipo que había dejado ordenado la noche anterior, y nada, mi den den mushi de siempre no aparecía por ninguna parte, cosa que en cualquier otra mañana me habría sacado una maldición entre dientes y poco más, pero que en esta me apretó el pecho con una urgencia impropia de mí. Lo que sí encontré, fue el den den mushi negro que cargo por costumbre, ese que sirve para captar las ondas ajenas antes que para las propias, y lo saqué sin pensármelo dos veces, ajustándole la sintonía con el pulgar con la esperanza de contactar con Karl y Apolo. Tuve suerte, o quizás no fue suerte, sino que ambos habían tenido la misma corazonada que yo aquella mañana, porque el caracol negro captó una señal ya activa casi al instante.
 
Reconocí a Apolo antes que a nadie, cómo no, montando uno de sus números con la voz impostada como si estuviera al aire en una emisora de radio de su propia invención, cantando los buenos días a golpe de percusión sobre una mesa, y al otro lado la voz cálida de Karl respondiéndole con esa alegría suya de reencontrarse con un amigo, preguntándole por el haki y por cuándo pensábamos volver, ajena por completo, como Apolo, a lo que yo tenía delante extendido sobre el escritorio. Los dejé terminar el saludo, apenas unos segundos, el tiempo justo de que Karl cerrara su bienvenida, y entonces no pude esperar más. Me acerqué el den den mushi a los labios, tragué saliva y hablé con una voz que me salió más grave y más apagada de lo que pretendía, dejando que se me borrara de la cara cualquier resto de la calma con la que había empezado la mañana – “Buenos días, amigos. Perdonen que me entrometa en la llamada, no era mi intención husmear en su conversación matutina” – dije, haciendo una pausa breve mientras bajaba la vista de nuevo hacia el nombre de Joe impreso en el periódico – “Pero necesitamos hablar de algo importante, los tres, y no puede esperar.” – Volví a callar un instante, y cuando retomé la palabra lo hice con el tono más sombrío que me había salido en mucho tiempo. – “Díganme una cosa, antes de nada. ¿Han leído el periódico de esta mañana?”
 

 
Resumen

Haki
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
  Responder
#4
Por el tono, la forma de hablar y las palabras de Karl, parecía que ya llevaba un tiempo despierta a pesar de haberla llamado tan temprano por la mañana. Y yo, si fuese una persona con la capacidad de poder sudar, me habría apartado las gotas de la frente aliviado al saber que no habría enfurecido a mi compañera por la broma. Me había librado de que me quisiese arrancar la cabeza cuando volviésemos. Sin tener tiempo a responder a la semi oni, escuché la voz familiar de Fuguwu colándose en la llamada con una actitud seria y queriendo hablar de algo importante. — ¿El periódico?. Lo tengo delante pero aún no lo he abierto. ¿Dónde estás? Pensaba que vendrías a desayunar. Yo estoy en el lugar de siempre, apartado en una sala del comedor. Los reclutas hablan demasiado y hacen ruido demasiado temprano ¡kakahaha! — Irónicamente era yo el que lo decía. — Pero eso puede esperar, siempre cuentan estupideces manipuladas por el Gobierno. — Me llevé la enorme jarra de zumo de piña a la boca para darle un trago. — Pues bueno, Karl — seguí retomando la conversación. — En cuanto al haki de armamento todo va sobre ruedas, gracias a lo que me enseñaste y a la práctica, ¡ahora mi arena podría decirse que parece hormigón! — Mentí como un bellaco, como de costumbre. Hasta ahora mi vuelta a Sabaody se había resumido en visitar el parque de atracciones y pasear por las calles y las tiendas. — Aunque lo que no va como ruedas es mi skate, es imposible patinar por aquí con tanta resina por el suelo... mi tabla no se desliza. Pero lo que sí te puedo confirmar es que al menos en esta visita no perdí la otra mitad de mi cara, ¿me sigues?. — Me reí volviendo a posar la jarra sobre la mesa al lado del periódico desplegado y echando mi cuerpo hacia adelante sentado en el sofá, apoyando mis codos sobre mis rodillas de forma relajada.

— ¿Y cómo va tu entrenamiento, Fugu? — seguí hablando, esta vez comenzando a leer al mismo tiempo el diario. Las noticias hablaban de un conflicto a grande escala en Impel Down provocado por el Ejército Revolucionario, aquel grupo que el destino ponía en mi camino una y otra vez. Me preguntaba cómo le estarían yendo las cosas al mink panda. El artículo seguía mencionando nombres que resonaban en mi memoria a través de la fama que tenían, al mismo tiempo que hablaba de muertes y heridos por parte de agentes del Gobierno Mundial y Marines. Los Marines me preocupaban, pero los miembros del Gobierno Mundial me daban exactamente igual, hasta celebraría si ese ataque se llevaba por delante a algún que otro Cipher Pol. — Siempre te he visto hacer cosas espectaculares en el agua, y tengo ganas de ver qué has aprendido. Ya sabes que... — Seguía leyendo hasta que me quedé en un silencio súbito por un momento. — Entiendo. — Continué con un tono de voz menos acorde al que estaba acostumbrado a entonar, más sombrío. El artículo del asalto a Impel Down mencionaba a Joe. Según la información, nuestro excompañero había quedado impedido y retirado de servicio como Marine, lo que nos hacía indicar que su estado sería demasiado crítico. Peor todavía que lo que me había sucedido a mí hace unos años en este archipiélago. Suspiré a través de la llamada y me quité mi media máscara, dejándola caer sobre la mesa de madera de enfrente al seguir leyendo y enterarme de que dos miembros del Zodiacool habían perdido la vida, junto al almirante Tucrow. Ellos nos habían salvado en nuestra batalla contra el yonko y fueron los que nos llevaron a Marineford por primera vez. Me llevé los dedos pulgar e índice al puente de mi nariz para luego frotarme la cara y llevar mi diestra a mi cabeza, echándome el pelo hacia atrás con preocupación. — ¿Cómo lo hacemos? — Intentaba comunicarme con el gyojin de forma indirecta. En mi interior rezaba porque Karl no tuviese un periódico a mano o no se enterase de la noticia, algo complicado pues seguía en Marineford. Sabía lo importante que era Joe para mi amiga y sabía por todo lo que había pasado, por lo que me preocupaba cómo podría ser su reacción. Y lo peor es que no estábamos a su lado en estos momentos.
  Responder
#5
Fugu se unio a la llamada de forma extraña - ¿Fugu? ¿Espias siempre nuestras conversaciones? Eso esta muy feo, amigo. Pero me alegro de oirte, ¡venid ya de una vez coño!

Apolo habia hecho los deberes con el waki y eso me ponia feliz . - Pues aqui en marineford puedes patinar sin problemas seguro ¿Cuando volveis? luego se puso a hablar con Fugu, la conversacion era una locura de voces con Apolo llevando la voz cantante y le escuchaba sonriente mientras empezaba a leer el periodico que tenia en la mano, a peticion del Gyojin, en silencio.

Una fuga en Impel Down, eso ya lo habia visto, pero no se porque era tan importante, lo cierto es que nosotros no habiamos enviado a mucha gente alli, al menos no de importancia, lamentablemente nos era complicado coger prisioneros con vida, bueno, estaba aquel que cogio Joe y que ademas parecia ser quien habia escapado. Ademas era una fuga de la revolucion, y la verdad es que yo hasta simpatizaba con la revolucion ¿Que era tan importan...?

Me caí al leerlo, pero no solte el Dendenmushi. Deje de escuchar a Apolo, deje de escuchar el mundo. Tras unos segundos, susurre al denden. - Pero esta vivo. esta vivo. Aun esta vivo.

EL periodico se me habia caido, no asi el caracolofono que empuñaba con fuerza, como si fuera la vida de mi mejor amigo y mentor. No podia asimilar aún todo esto, encima me sentia sola, sola como siempre. Necesitaba a mis amigos. - ...Por favor, volved, os necesito...sanos y salvos...


Solo estaba herido. Asi era la vida de marine. Asi era el mundo que me habia jurado arreglar. Aguante mis lagrimas llenas de rabia y dolor. Tenia que centrarme en la vida y no en la muerte. Esta era la peligrosa vida que habiamos elegido. Ahora solo queria ver a Apolo y a Fugu. Y a Joe, claro ¿Como de grave serian esas heridas? 

No pensaba en la marina, no pensaba en el mundo, no pensaba en la justicia, no pensaba nada mas en mis amigos, en verles sonreir uina vez mas, en no estar sola, en que seguian respirando. Necesitaba verles.


[Imagen: 9GdOzk1.png]
  Responder
#6
Escuché a Karl reprocharme, fiel a ella misma, preguntándome medio en broma si me dedicaba a espiar sus conversaciones, y le habría seguido el juego de no ser porque un segundo después la oí callarse al abrir el periódico, un silencio que reconocí de inmediato porque era el mismo que yo había cargado en el pecho media hora antes. Después la escuché quebrarse, susurrándole al caracol que Joe seguía vivo, repitiéndolo tres veces como quien se agarra a un cabo en mitad del temporal, y suplicándonos que volviéramos sanos y salvos, que no la dejáramos sola. No dejé que terminara de hundirse – “Karl” – la corté pero sin dureza, ofreciéndole mi voz como punto fijo antes de seguir – “Escúchame bien lo que te voy a decir, porque te lo digo como médico y no como amigo que quiere consolarte.” – inicié con mi voz aun calmada – “Vivo es vivo, y herido gravemente no significa acabado, significa que hay trabajo por delante para recuperarle. Si alguien puede ayudar a Joe, somos tú y yo.” – le recordé, pues sus poderes mágicos y mis habilidades de médico no eran poca cosa – “No te voy a prometer que vuelva a ser el de antes, pero te prometo que no se va a quedar solo, igual que tú no vas a pasar esto sola, nos tienes a Apolo y a mí.” – le concedí un momento para respirar antes de continuar, porque también tenía que nombrar lo otro, lo que ni Apolo ni ella habían querido decir en voz alta. Ninguno de los tres veíamos a Tucrow como un almirante cualquiera, fue él quien nos salvó de las garras de Akahige aquí mismo, en Sabaody, quien nos subió a su barco cuando no éramos más que una división rota, quien nos llevó a Marineford por primera vez. Consideré una miseria que la marina no pudiera ofrecer más que un mes de luto por un hombre que murió sacando uno a uno a sus soldados de aquel infierno, y sentí cómo se me cerraba la garganta al pensarlo, aunque me forcé a mantener la voz firme, porque con Karl ya derrumbada no me podía permitir el lujo de derrumbarme yo también.
 
Bajé entonces los ojos de nuevo al periódico extendido sobre el escritorio, justo en la pausa que me había tomado para dejar respirar la línea, y los clavé sin querer en la sección de los cinco señores del mar. Leí el nombre impreso con la frialdad que el mismo evocaba… Viktor Evans, muerto en acto de servicio en una zona sin ley de Sabaody. Lo leí una vez, y luego otra, y luego una tercera, porque no me entraba en la cabeza este tipo de noticia, porque no concebía real que la noticia de alguien como Viktor muerto se despachara en un solo párrafo de periódico, porque hablaba del hombre con el que había entrenado, el que había liberado Risky Red junto con nosotros de los mismos maleantes que el diario celebraba tres páginas después. Y no lo habían matado en cualquier parte, lo habían matado aquí, en este mismo archipiélago, y yo sin haberme enterado hasta esta mañana igual que el último recluta. Me negaba a creerlo, tenía que ser un error de la imprenta. Apreté el borde del escritorio con la mano libre hasta hacer crujir la madera, me tragué el nudo entero y me lo guardé para cuando estuviera solo. Volví a la llamada con la voz recompuesta, porque sabía que a Karl le hacía falta algo a lo que agarrarse que no fuera el miedo, y lo que mejor sé darle a mi grupo es un plan – “Dices que quieres que volvamos, Karl, y resulta que no es cuestión de querer. Sigue leyendo, más adelante, la parte del Consejo de Guerra.” – me detuve para que lo buscara – “Con Tucrow muerto, han convocado a todos los Vicealmirantes a Marineford para elegir a quien ocupe su puesto. A todos, eso claramente nos incluye a Apolo y a mí, aunque no hayamos recibido nada oficialmente.”
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
  Responder
#7
Las palabras de Karl emitidas a través del caracolófono, sonando como un susurro lúgubre y mencionando que Joe aún estaba vivo, me hizo entender que mi temor se cumplió y que había leído las noticias. Mi sorpresa fue que la semi oni no había perdido el control ni se había dejado llevar por la ira como nos pasó a ambos hace años en la reunión en Marineford. Sin embargo, expresó la necesidad de tenernos con ella en la mejor de las situaciones. No sabía si Fuguwu había terminado con sus tareas pero en cuanto estuviese listo, partiríamos de nuevo hacia el cuartel principal. Al fin y al cabo me había tomado este viaje como unas vacaciones autoimpuestas aunque, a decir verdad, este archipiélago era uno de los lugares en todo el planeta al que no querría volver por gusto propio.

El gyojin trató de calmar a nuestra compañera usando su clásica gentileza y comprensión. Mientras tanto, yo le escuchaba sentado en el sofá y encorvado hacia adelante, apoyando mi antebrazo izquierdo sobre mi rodilla a la vez que con mi diestra le daba vueltas a la pajita de la jarra de zumo de piña que estaba sobre la mesita. Tenía la mirada perdida pero fija sobre el periódico, escuchando pero disociando a la vez. Fuguwu sonaba sensato y convincente, seguía siendo la voz de la razón en el grupo. Aunque la noticia hablase de Joe en una situación mucho peor que la mía hace años, él seguía vivo y quizás aún se podría hacer algo. Sin embargo lo que llamó mi atención y me sacó de mi estado disociativo fueron las palabras de mi compañero, indicando que se había convocado un consejo de guerra que requería la presencia de todos los vicealmirantes para elegir al nuevo almirante que iba a tomar el puesto de Tucrow. Pasé la página del periódico con mi mano izquierda y seguí leyendo, al mismo tiempo que seguía removiendo mi zumo con la pajita en mi mano diestra. Fuguwu tenía razón. — Espera, eso quiere decir que no han elegido a nadie del Zodiacool. Y que el viejo Nanashi y Tabita han vuelto a rechazar el puesto, ¿me seguís?

Seguí leyendo el diario. Al lado de la convocatoria había otra noticia que hablaba de los Shichibukais, aunque el titular mencionaba sólo a cinco de los siete. En cuanto leí la primera línea, dejé de oír lo que estaba sonando por la llamada, incapaz de asimilar la mala noticia que estaba recibiendo. Lo único que oía era un pitido constante e incómodo en mi cabeza, similar a cuando recibí aquel balazo. Dejé de remover mi zumo y empecé a apretar de forma inconsciente la pajita. ¿El fallecimiento de Viktor Evans?. El zumo que había dentro de la jarra comenzaba a descender, desapareciendo. — Chicos... — El contenido de mi jarra se secó y, a través del den den mushi, se podía escuchar el estallido de ésta en varios pedazos de cristales. La pajita del zumo se deshizo en mis manos. — ¿Viktor ha muerto? — El desdén con el que miraba a la vida desapareció. Empecé a sentir una sensación incómoda, fría y que se alimentaba poco a poco de rabia. — ¿Y en una zona sin ley de Sabaody? ¡Eso es mentira! — Cerré el puño de mi diestra y, frustrado, golpeé la mesita que se encontraba delante de mí, partiéndola por la mitad y haciendo que mi den den mushi volcase y mi máscara que se encontraba a su lado cayese al suelo. — Nosotros estamos en Sabaody, nos habríamos enterado. Y Viktor es uno de los espadachines más diestros que hemos conocido... le hemos visto partir una cueva, no hay forma en la que le hayan matado en este archipiélago. Aquí no hay nivel... no tendría ni para calentar. — Me llevé las manos hacia mi pelo, apoyándolas sobre mi cabeza. No podía creer lo que estaba leyendo, algo ocultaba el periódico. ¿Viktor había muerto?. No sólo era un Shichibukai confiable y noble, había convivido con nosotros y luchado a nuestro lado. Era nuestro amigo.
  Responder
#8
Las noticias fueron cayendo una tras otra. EL corazon se agitaba, me costaba articular palabras. Primero, Fuguwu me dijo que habian convocado un consejo de guerra para elegir un nuevo almirante. Tu...¿que? ah, el rapero pervertido, claro, Joe habia sido trasladado a su division. Asi que mi amigo habia salido vivo tras enfrentarse a algo capaz de escapar de la carcel y de un nivel mayor y mas poderoso que el de un almirante y que yo supiera ni siquiera estabamos hablando de un Emperador, la maldad en el mundo era mucho mucho mas poderosa de lo que podiamos imaginar.

Pero estaba vivo. Joe seguia vivo.

Apolo siguio informando de lo que habia en el periodico, no si antes hablar de que no se quien y no se cual habrian rechazado de nuevo el puesto de almirante. Nosotros eramos tres, solo tres, pero tal vez...tal vez podriamos ¿Que me hacia pensar que estaba a la altura? No lo estaba, pero era el camino que habia elegido. Queria que Joe llegara a lo mas alto, pero ahora estaba malherido y no queria que sufriera mas, por culpa de mi estupido sueño podria haber muerto, era una irresponsable por estar siempre a la sombra de Joe, por legarle mis sueños, por confiar en el tan ciegamente, para mi, Joe era perfecto, era el ideal de justicia, era quien traeria la paz en el mundo.

Pero aunque seguia vivo. No podia. No podia dejarle esa carga. Tenia mucho en lo que pensar. ¿Apolo estaba insinuando lo que yo pensaba?

Seguia sin poder articular palabra, cuando las palabras de mi compañero volvieron a golpearme. Esta vez la noticia se trataba de Viktor, al parecer habia muerto. La cabeza me empezo a dar vueltas. No podia ser. Acababamos de estar con el. ¿Su barco seguia en Marineford? ¿Y Apolo decia que no le habian visto en Sabaody?  Tenia toda la razón, fuera quien fuera que le hubiera ejecutado algo no cuadraba en esa historia.

Me aguante las lagrimas, aprete mi caracolofono con todas mis fuerzas, era incapaz de leer el periodico como mis compañeros, no podia seguir leyendo, al menos ahora no. Estaba furiosa, todo mi mundo se tambaleaba, no era capaz de soportarlo. Pero tenia que hacerlo. Seguiamos vivos. Al contrario que Viktor, muerto. ¿Porque? ¿ Quien ganaria algo con su muerte? Era un Sichibukai si, pero no un pirata, nos habia ayudado, era nuestro amigo y el compañero de Sohem, era una de las personas mas fuertes que conocia.

Venganza. Furia. Tristeza. Responsabilidad.

Tenia que calmarme, tenia que pensar, no podia pensar.

Venganza. Venganza. Venganza. Sueños.

Estaba paralizada. luchando por respirar.

Venganza. Venganza. Venganza. Respuestas.

Necesitaba respuestas, necesitaba saber que habia pasado, entender mejor el mundo, ese mundo en el que vivia en el que tan solo eramos moscas que en cualquier momento podian ser aplastadas, ese mundo que pretendia proteger. Ese mundo que habia encomendado a Joe.

Venganza. Proteccion. Justicia. Responsabilidad. Sueños. Respuestas. Determinacion.

Los muertos no morian por nada. La venganza no los traeria de vuelta. Habia muchas cosas por hacer. Mucho en lo que pensar. Mucho que contruir. Con Apolo y con Fuguwu. Con el apoyo de la marina. Con Joe vivo. Trate de respirar, de coger aire, de tragarme mis lagrimas.

Era incapaz de no sentir tristeza y furia. Pero empezaba a comprender que mi vida era eso, que yo luchaba no tanto contra el mundo si no contra esos sentimientos y contra mi misma. Pero no podia. Al fin consegui alzar la voz.

- Hay mucho que preparar. Conseguiremos la verdad. Curaremos a Joe, cambiarmeos el mundo. Os vere aqui pronto. No tardeis. La voluntad de Joe, ahora es nuestra. Os quiero.

Colgue la llamada. Y me dirigi camino a mis aposentos. Me daria una ducha, me calmaria. Tenia que ser capaz de leer ese periodico. De analizarlo, de investigar todo lo que habia pasado. Habia trabajo que hacer pues si Joe no puede serlo

YO SOY LA JUSTICIA.

karmas


[Imagen: 9GdOzk1.png]
  Responder
#9
Escuché el golpe seco de la mesa partiéndose al otro lado de la línea, seguido del estallido del cristal reventando contra el suelo, y no me hizo falta estar presente para saber que Apolo acababa de llegar a la misma parte del periódico que ya había leído sobre la noticia de Viktor, solo que él lo había expresado muy a su manera en lugar de tragárselo como había hecho yo un momento antes. Le escuché negarlo repitiendo que aquello era mentira, y mencionando lo mismo que se me había pasado por la cabeza: que estando los dos en Sabaody nos habríamos enterado, que a Viktor le habíamos visto partir una cueva de un espadazo y que en esta zona no había nadie con el nivel para vencerle. Y aunque le dejé descargar sin interrumpirle, por dentro yo me sentía exactamente como él, pues Viktor no era un nombre más de los que llenan un periódico un martes cualquiera; era el hombre con el que había cruzado golpes, palabras, comidas y aventuras. Con quien me enfrenté en aquel entrenamiento donde acabé aprendiendo más de lo que esperaba, el que peleó a nuestro lado para liberar Risky Red de los mismos piratas que el periódico nos celebraba por haber capturado en otra página, el que compartió con nosotros una temporada lo bastante larga como para dejar de ser un aliado y pasar a ser un amigo, casi uno más de la división. Mientras Apolo descargaba lo que a mí se me había quedado atorado en la garganta, escuché a Karl empezar a recomponerse al otro extremo de la línea y nos decía que había mucho por preparar, que conseguiríamos la verdad y curaríamos a Joe entre los tres, y que nos esperaba pronto de vuelta. Luego escuché el chasquido del den den mushi cortándose de su lado. Karl había colgado, e imaginé que se habría ido a rehacerse a solas como acostumbraba, dejándome en la línea únicamente con Apolo.
 
Dejé pasar un par de segundos antes de hablar, para luego dirigirme a Apolo con una tranquilidad falsa que buscaba darle esperanzas no solo a él, si no a mí también – “Apolo…” – le dije con la voz baja – “yo quiero creer que tienes razón.” – hice una pausa clavando de nuevo la vista en el párrafo que llevaba un rato sin poder digerir – “Debe ser un error… una noticia como esta sería un titular, con foto de archivo y medio periódico dedicado a ella” – dije al otro lado de la línea, empezando a convencerme a mí mismo – “y no una mención de tres líneas perdida entre un anuncio que le involucra como Shichibukai que es.” – continue con más determinación de con la que había iniciado – “Seguro es una distracción para esconderle en su próxima misión, si, eso debe ser” – y mientras más hablaba más me convencía de que tenía razón – “Gowowo wowo, que cabron... bien dicen que para engañar a tus enemigos debes empezar por tus amigos, ¿no crees?” – Mientras esperaba a que mis palabras hicieran efecto en Apolo, mis ojos amarillos siguieron cayendo casi por inercia sobre el resto de las páginas que tenía extendidas, y fui tomando nota de todo lo que se mencionaba, de lo bueno y de lo malo: una banda nueva de piratas que el diario bautizaba Ragnarok, con un puñado de nombres a los que luego buscaría para machear con sus carteles de recompensa; una reorganización de divisiones movidas por fusiones y ascensos llena de rostros nuevos que serían el futuro de la marina; e incluso, el anuncio de aquel pirata con el que tomamos unas cervezas en la isla Chika, ofreciendo sus servicios musicales y de otra índole menos decorosa dejando incluso su número de den den mushi para contactarle. Guardé el periódico para leerlo de nuevo cuando tuviera tiempo y frialdad para hacerlo, que no era ni el momento ni el lugar, y volví a lo único que importaba en ese instante, que era sacar a Apolo y a mí de este archipiélago.
 
“¿En qué parte del cuartel te encuentras?” – dije a la vez que emitia mi haki de observación en 150 metros a la redonda – “Olvídalo, ya te encontré, gowowo wowo, voy para allá” – sentencié y sin aguardar su respuesta corté la comunicación de mi lado y me levanté en dirección a donde se encontraba para planear juntos el viaje de vuelta. Guardé el den den mushi negro en el bolsillo interior derecho de la gabardina y repasé por costumbre el resto de mi equipamiento mientras me movía en dirección a Apolo, las provisiones médicas repartidas la mañana anterior en su sitio, las cantimploras llenas, los guantes ajustados en cada puño y con el haki todavía expandido a ciento cincuenta metros llegué hasta donde se encontraba la presencia de Apolo, eventualmente.
 

 
Resumen

Haki
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 3 invitado(s)