Poker entre maleantes [P.R. T2][Nostariel]
#1
15 de Verano, año 18
Isla Karate, en una zona de veraneo privada.

La historia Viene de aqui.
 
Jadd había contratado a una chica que parecía capaz, era hermosa, uy que decir. Hermosísima, había tenido que cambiar de chica por que la mink que había contratado antes, la que habían probado con Beck, escucho había sido asesinada por un tipo con cara de lerdo con una cicatriz en el labio. En fin. Ahora se encontraba esperando pacientemente, esta vez ataviados ambos de manera diferente, ahora parecían señores del gremio de mercaderes. Uno de ellos era el propio Beck y el otro Jadd eran jugadores pésimos de cartas, pero lo que realmente deseaban era llegar al lugar a salvo y negociar con los desgraciados. La idea era darle una suma importante al pirata. Lo suficiente como para que dejase de lado a los mercaderes.
 
 Jadd, entraría con la mujer, vestida elegantemente igual que él. Y Beck el samurái esclavo. Esperaría afuera en caso de cualquier cosa. Aunque. No estaban que saliera mal. Jadd era un experto tirador, pero no podía ir con armas. Menos una tan grande. Cuando ambos vieron a la muchacha. Quedaron encantados. El propio Beck. Absorto por su belleza le miraba con su único ojo vidrioso, apenas moviéndose, apenas parpadeando… —Beck… ábrele la puerta a la señorita. Por favor. — Le toco el hombro a su compañero, embobado por la naturaleza bella de su escolta secreto. —Si… si… discul… disculpe Lord Jadd… Señorita.— El samurái se ajustó el cinto y abrió la puerta de la diligencia, deseando que la muchacha subiera, y después de que Jadd también lo hiciera, se movió al frente del carruaje para llevar las riendas del caballo. Se despidió del gran Lombardi y emprendieron la marcha hasta el lugar donde se llevaría a cabo la mano de poker mas importante para el gremio de mercaderes en ascenso. Si esto fallaba. Podría echar por tierra los sueños de muchas familias. —Buon viaggio mancare signore, Faccia attenzione, signorina.— Dijo agitando un pañuelo el gigantesco y gordo falso dependiente de la tienda que servia apra probar contrataciones para Jadd. —Señorita… muchas gracias por aceptar tan apresuradamente una misión de este tipo. ¿Es peligrosa? Espero que no. Pero es importante. La señorita que contratamos antes… desapareció. Dicen que fue asesinada por el orador… ojalá el altísimo la tenga en su gloria. En fin… muertes suceden a diario. Ahora… solo necesito que luzca bella, que este atenta… sabe… combatir ¿No?... espero que si… nuestro guardaespaldas Beck estará afuera de la casona donde iremos. Pero no podría hacer mucho, dentro tampoco puedo llevar mi rifle, pero usted, puede llevar escondidas armas más cortas, entiendo que usa dagas.— Dijo algo relajado mientras escuchaba a Beck tararear una canción en las riendas del frente.
 
En poco tiempo llegaron a la gran casona, era tarde, cerca de las diez de la noche, clima agradable, ni frio ni calor, la casa era amplia con piscina y terraza rodeada de muchos árboles frondosos y puntos ocultos en las sombras. Los faroles apenas iluminaban alrededor dando un aire austero y romántico, estaba pintada de blanco sin rastros de ser algún lugar macabro, sino mas bien una especie de antiguo hotel con muchas habitaciones. Apenas llegaron los tres fueron recibidos por cuatro hombres desarmados. En apariencia, ocultos en la noche, dos de ellos se acomodaron armas de fuego. Ambos calvos. Por alguna razón los calvos son el demonio.
 
En silencio fueron llevados a una gran sala de estar y Jadd observando a la chica le hizo una seña imperceptible para que se acercas un poco mas para fingir que era un a novia o esposa. A su llegada fue recibido por un hombre extraño. Un Mink en apariencia risueño, pero con un aura misteriosa difícil de describir. Sus ojos se posaron primero en la muchacha. Ojos… de inquietud.Un Mink elefante. Grande pero no tanto como uno verdadero, de dos metros, viejo y perspicaz. —Buenas noches Jadd… veo que vienes con…— Adelanto la mano grande y arrugada para saludar a la chica. —Mi… Mi prometida… lord Gundahar… espero que no le moleste.— Dijo algo nervioso, pero finalmente tomando suavemente por la cintura a la muchacha disipo toda duda del Mink que finalmente extendió la mano para que tomaran asiento.

Una vez sentados, Lord Gundahar alzo la mano y entraron dos camareros. Un chico y una chica. El chico traía un mazo de cartas sellado y la chica un traje de maid. —Muchacho baraja las cartas… y tu trae cuatro botellas de vino… rápido, de la bodega.— Ordeno el elefante. —Melocotón, cariño, por que no acompañas a la muchacha… seguro te muestra la casa mientras arreglamos la primera mano con lord Gundahar? Quieres?...— Le guiño el ojo Jadd a la chica que se hacia pasar por su prometida.

Play Me!
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#2
De algún modo mi contacto había llegado hasta dos comerciantes, que parecían de gran calado, o al menos, pagaban muy bien para solo un trabajito de guardaespaldas. Al final promocionarme para ir sacando algunos ahorros no estaba mal, y podía darme la oportunidad de practicar con mi nuevo poder. Aunque ya no pudiera bañarme como antes, el sol jamás dejaría de tomarlo, mi capacidad de combate había aumentando en gran medida. Aunque aún era difícil de controlar, y requería de ambas manos, la distancia había aumentado en gran medida. Me gustaba esa sensación de ir descubriendo cosas nuevas, y en parte estaba saciando parte de mi curiosidad sobre esas frutas tan raras.

Había un par de hombres esperándome cuando llegué. Ambos finamente vestidos, parecía que tocaba ir mejor que normalmente. Por suerte, había traído un modelo acorde. Comencé a desvestirme, quedando en ropa interior. - Había traído un par de modelos diferentes, al no saber con exactitud dónde íbamos, pero viéndoles a ustedes optaré por el más formal. - Les comenté mientras me ponía primero las medias, ajustaba la daga y la cubría con una falda. Luego me pondría la blusa, la camisa y finalmente unas botas altas. - Si creen que debería ser más formal, temo que no dispongo de nada más. - Aunque por sus caras parecían más que contentos, aunque no fuera por la ropa.
El que debía ser el mayordomo, u otro guardaespaldas, me abrió la puerta del carruaje tras unas palabras de Jadd, mi empleador. El muchacho tuerto se llamaba Beck, estaría bien recordar bien los nombres de ambos, fueran o no los reales. Otro hombre nos despidió, o al menos eso quise entender por la situación, pero sin entenderle ni una palabra. En cierto modo me recordó a Alex. Jadd comenzó a contarme por qué la prisa del contrato. Podía entenderlo, perder a alguien de repente y necesitándolo debía ser una locura. - Me manejo bien con las dagas, sí. Aunque tenga otros ases por si las moscas. Por cierto, Mi nombre es Nostariel, un placer y perdón por mi falta de modales al no presentarme antes.
Así que el mercader era tirador, Beck no era mayordomo, si no guardaespaldas y la escolta era por si salía mal algún tipo de trato. No debía ser algo muy limpio, pero eso estaba mejor, aprender de aquellas cosas me ayudarían en el futuro a acabar con ellas. En cualquier caso al llegar había guardias, por supuesto que los había. Cuatro, y dos parecían estar portando armas de fuego que acomodaron, aunque no estaba segura de si querían ocultarlas, pero ese movimiento aunque en penumbra los delataba. El sitio parecía ser un antiguo, o sin antiguo, hotel. Yo no lo conocía, así que no podía asegurar que no fuera una mansión o un negocio. De varias plantas, jardines y piscina, como echaba de menos meterme en la piscina sin preocuparme por ahogarme, además de faroles iluminando la zona.
Nos llevaron hasta una gran sala, aunque por el camino me pegué más a mi empleador por indicación suya. Puede que solo quisiera tenerme más cerca, o dar la apariencia de amantes, en cualquier caso no me importaba siempre que no se pasara. El anfitrión, un mink de tamaño considerable, nos esperaba. Por mi parte dejé hablar al jefe, así me ubicaría un poco, pues parecía que había que sacar información a cuenta gotas.
El elefante parecía un tanto inquieto por mi presencia, pero cuando me pegué aún más a Jadd esto pareció diluirse. Flexione un poco las rodillas en una especie de reverencia, estando aún pegada al comerciante, lejos de poder darle la mano. Aunque con una sonrisa en el rostro. Tampoco quise hablar, por el momento no parecía ser necesario. Tras unos instantes, la cosa pareció normalizarse y nos invitaron a sentarnos. Gundahar, mandó a uno de los camareros de la sala por vino, y al otro a barajear. A lo que en respuesta mi empleador me pidió que fuera con el que iba por el vino.
Supongo que para que no lo envenenara, o para que husmeara por la casa. - Claro cariño. Veré si tiene ese que tanto te gusta. Si me lo permite Lord Gundahar. - Dije levantándome de la silla dispuesta para irme. Además, cuando estuviera cerca de la camarera podría preguntar en voz baja. - Ya que la voy a acompañar, le importaría si antes pasamos por un baño. El viaje ha sido movido y necesito ir un momento, prometo no robarle mucho tiempo, no quiero que la regañe su jefe. - Primer paso para sacarle información sobre el mink.


Cosas cositas
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#3
Beck sentía que estaba en el paraíso, la chica se cambió ropa ahí mismo… dios, era un espectáculo capaz de destruir toda convicción verdadera de un caballero. Sin embargo, Jadd siendo un hombre mas maduro, de sangre mas fría, se volteo apenas vio a la chica comenzar a cambiarse. —Descuide, señorita Nostariel, solo necesito que tenga modales a la hora de combatir. Seré breve. Deberemos causar la mejor de las impresiones. Y con impresiones me refiero a que debemos eliminar todos estos truhanes. Con… necesito que vaya con cuidado. Ok?.— Rogo durante el camino. Un camino corto pero que decidiría su destino.

Jadd estaba nervioso, estaba en juego… su cuello y el futuro de una agrupación que podría volverse poderosa y podría hacer mucho bien. Varios de los comerciantes ponían todas sus esperanzas en la habilidad de Jadd. Pero él sabía que no todo se conseguía con buena voluntad. Primero. Beck tenia una orden. Una secreta de muerte y una de demostración de poder. Solo así se terminaría la barbarie de los extorsionadores. La misión de los tres era. Acabar con este pirata. Un maldito y malvado pirata. Uno que no tenia escrúpulos ni contemplaciones ante ejercer el poder y toda la crueldad contra quien sea que tenga algo de voluntad para resistirse a pagar.

Cuando la sirvienta bajo… se detuvo un momento… —Mi nombre es Lizzie, soy… una pirata de los Savaje, y lamento mucho esto.— en la bodega al entrar cerro la puerta con llave. Se ajusto un par de guantes y tocando la piedra del suelo de piedra del mismo golpeo un puño contra otro provocando que una polvareda de ellos salga al aire. Una sonrisa de lado apareció en su rostro y se adelanto a Nostariel para agarrarla por el brazo y arrastrarla hasta lo que parecía un armario. Para. Encerrarla y proseguir con el plan. Matar a Jadd y reafirmar el poder de los piratas Savaje.

Jadd recibe la primera mano de cartas descubre que tiene todas las de perder. Las cartas arregladas, solo una mano triste. y una sonrisa frente a si. aunque detrás de una gran trompa, esta seguro que solo podrá ganar actuando con astucia. Beck por su lado, se encuentra rodeado, igual que con Nostariel, han revelado la trampa que le han tendido a Jadd el líder de los comerciantes.

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#4
A Beck le gustó mi cambio, sin embargo el señor Jadd se giró para no verme. por el camino me contó un poco más. Aunque hablaba raro la conclusión era clara, iba a haber problemas y debíamos solucionarlo. Lo de eliminarlos no me gustaba demasiado, matar por que sí, sin saber nada de ellos no iba conmigo. Por mi parte prefería noquear sin llegar a matar si era posible, claro que si mi vida dependía de ello, pues mejor que murieran ellos en mi lugar. A pesar de todo, las cosas no suelen salir siempre como una quiere, la cuestión era cómo lidiar con estos problemas al encontrarlos.

La camarera que me llevó hasta el sótano no desvió ni un ápice, ni siquiera ante mi comentario del baño. Parecía que tenía claro que debía hacer y cómo, y no la movería nada de esa tarea. aunque al fin, al estar ya en el subsuelo me habló. Aunque casi hubiera preferido que no. Así que una pirata, parece que sí que tendríamos que neutralizar a aquella gente. Parece que no tenía intención de dejarme salir de allí, pues cerró la puerta con llave. muy metódica, debía admitir. Debía de ser una peleadora cuerpo a cuerpo, pues se ajustó unos guantes y golpeó el suelo levantando polvo.

Fue rápida, mucho más de lo que pude ver y consiguió agarrarme de la mano y comenzar a arrastrarme hacía lo que parecía un armario. Parecía ser más fuerte o, al menos, igual de fuerte que yo, pero tenía ventaja al haberme agarrado primero. Resistir a palo seco sería cansado, demasiado, así que me quedaban dos opciones. Las esporas o mi daga. la primera de ellas sería continua, pero no era probable que me ayudara a librarme del agarre y necesitaba ambas manos. La segunda era más directa, atacarla mientras me mantenía así reducía su movilidad, y puede que incluso su capacidad de reacción.

No sabía si lo de encerrarme era por considerarme un simple estorbo, o por que querían luego algo de mí, pero no parecía que me considerara una amenaza en cualquiera de los casos. Y eso me beneficiaba, seguro que no esperaba un ataque de mi parte. Por suerte la daga se podía usar con una sola mano y para mi cual fuera era indiferente. Así que no tenía más opción por el momento, ya podía usar las esporas luego. Con un movimiento discreto la saqué de debajo de la ropa para de repente tratar de clavársela a Lizzie en el torso. Lo importante era que me soltara y separarme un poco de ella. eso me daría margen de maniobra para preparar mi siguiente ataque.

Cosas cositas
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#5
Jadd había mencionado muchas cosas en el camino, pero lo más importante era que este pirata era peligroso, o al menos hizo alusión a ello. Bueno siempre extorsionar gente era malvado, vivir a costillas de la gente que trabajaba por el bien de la isla si que lo era más aún. Pero a Gundahar le importaba tres hectáreas de pepinos sembrados la estabilidad de la isla o su bienestar, menos aun su crecimiento.

Si bien la muchacha parecía tener la apariencia o el semblante de que no era una asesina despiadada, seguro que podría encargarse de los desgraciados de manera correcta. Jadd solo no deseaba problemas a futuro con este malvado mafioso en ascenso. Como detenerlo, como acabar con sus planes. Era irrelevante. Por ahora Jadd tenía la idea de pagarle lo suficiente como para que aspirase a otras islas con mayor capitán. Si. Jadd quería financiarlo para que creciera su actividad criminal en ora isla y que finalmente la marina u otras fuerzas lo notaran. Era astuto. Pero no tanto.

Claro que no quería dañar a una niña. Aunque midiera casi los dos metros. La miro de pies a cabeza la primera vez y casi se largo a carcajear. Ella era sumamente pequeña, pero como el veneno. Era potentísima con una fuerza descomunal y una mente bastante acorde a sus propios deseos. Llevada por su maestro en el mal Gundahar. Una villana de tomo y lomo. Cuando quiso meter a la jirafa en el armario. Era para venderla como esclava o quizás como carne de hamburguesas. Eso le enseñaría de verdad a los gremios que solo ellos tenían poder aquí y este trio de tontos podía sin duda ser una buena lección para los demás.

Mierda se suponía que estuviera desarmada… los tontos de fuera no hicieron su trabajo para anda. Seguro embobados por su belleza olvidaron registrarla. La daga salió poderosa con destreza y certera se clavo en ella creyendo que era una vil dama de compañía. Querían quitarle todo a Jadd el maldito estúpido que creía que podría desmantelar una organización como la de ellos solo con plata.

Sintiendo el dolor del ataque en la espalda, y sin soltarte lleva su puño hacia atrás y golpea con todas sus fuerzas Apuntando al rostro de la chica con el fin de comenzar a reducirla y cumplir con su objetivo a pesar de su resistencia. —Maldita traidora te matare!!! como te atreves a atacarme a traicion!! solo por eso te cortare e pedazos.!!— Grito con rabia. Preparandose para darle un segundo puñetazo.

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#6
Conseguí conectar el golpe con la daga en la espalda de la pirata que aún la sujetaba, pero seguro que tras ese doloroso ataque seguro que ahora me podía soltar. Mientras la mujer comenzaba a maldecir y quejarse, también conectó un puñetazo en mi cabeza. Por un segundo pude ver un montón de luces blancas en mis ojos, y apunto estuve de perder el equilibrio. Por suerte esa pirata aún me sujetaba, cosa que no debía durar mucho más si no quería quedar en peor estado del que ya estaba. Seguro que tras ese golpe me quedaría un buen chichón, y eso no me gustaba. 

A mí no me iba a vencer una pirata de pacotilla que no es capaz de distinguir a una dama de una chiquilla desvalida. así forcejee. Ella parecía estar muy segura de que me podía contener, yo estaba segura de que me podía librar y darle una buena paliza. Y así fue, tras un poco de forcejeo, me logré soltar de Lizzie. Puede que con eso pudiera tener algo más de maniobrabilidad, y lo más importante, poder usar mis poderes. Aún no los controlaba muy bien, hacía bien poco que los había adquirido, pero sí que sabía que necesitaba ambas manos para usarlos mínimamente.

Conseguí escuchar jaleo fuera, pero tenía que lidiar antes con aquella camarera del demonio, que pronto sería una camarera envenenada. Levanté ambas manos, generando a partir de ellas las esporas que me concedía aquella fruta del diablo. Por si solas no hacían daño real, pero había descubierto que con solo inhalarlas la gente terminaba envenenada. Moví las esporas generadas en dirección a la pirata, aunque la habitación no era muy grande y ahora estaba cerrada. ¿Se llenaría de ellas o en cuanto las dejara de controlar desaparecerían? Eso me daría ventaja, en cualquier caso, a largo plazo, e incluso podía tratar de forzarla a rendirse. Aunque tenía que resistir un poco más, que sintiera los primeros síntomas de aquellas esporas.

- Traidora serás tú, y mirate al espejo, tú que me has traído aquí para intentar hacerme vete tu a saber que en ese armario. Solo tienes envidia de mis atributos y belleza. Y ahora pagarás.
Cosas cositas
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 454 - 77 = 377
Energia: 534 - 21 = 513
Espiritu: 108 + 0 = 108
#7
El golpe conecto, pero el dolor, la sangre, el mareo de la contradicción, que mierda… era una doncella, como es que venía armada, como es que golpeaba tan fuerte y sobre todo… tenía que conseguir cerrar la herida y pronto. El ajetreo fuera del lugar comenzó a sonar mas y mas alto, mas fuerte, las maldiciones, las espadas rugiendo, Beck estará bien? No había tiempo para pensar, pero si probablemente para imaginar.

Mierda, también era superfuerte… Lizzie sintió como el agarre se aflojo, como se le escapaba de su dominio y quiso reaccionar, pero la vio confiada. Tuvo temor. Mucho temor, estaba acostumbrada a luchar contra otras mujeres, pero no con una tan poderosa como esta. Cuando alzo las manos, sintió algo extraño, algo que parecían, ¿Esporas?... ¿Polen? Que era. No importaba… retrocedió lo más rápido que pudo, pero descubrió con horror que era una especie de oleada que le atacaba. Ella hablo, amenazo y Lizzie sintió el pavor de enfrentarse a una mujer capaz de invocar los poderes del diablo. Crujió los dientes y el ataque que recibió fue potente, al menos para ella. Las inhalo, y sintió el veneno que le ahogo la garganta, el picor, la acidez, la ¿Sangre? No, no era sangre, se agarro el cuello, se quiso proteger, pero el veneno toco su piel de igual forma dañándole y provocando también que le ardiera como los mil demonios la herida provocada antes.

—Purple… Hija de puta eres de esas que usan el maldito veneno para atracar? Eso es de cobardes haarrrrgg…— Trastabillo, pero no se rindió… Lizzie se envalentono, si perdía, si no lograba eliminar a la mujer Gundahar le castigaría. Le había visto cortarle brazos a otras empleadas que fallaban. Y había visto como a algunos simplemente les arrojaba al mar. Era un maldito despiadado. —TE MATARE!!!— Se lanzo con violencia contra la chica nuevamente, esta vez con todo lo que tenía. Al todo o nada. 

El golpe, lo realizo usando todo su cuerpo, el nerviosismo en su mente aun le comía y no estaba tan segura de como atacar, seria una maga de esas que se deshacían en esporas? en veneno? dios... Lizzie solo pudo atacar apoyándose sobre su pie derecho y con el izquierdo en el aire y con una gran potencia, al menos lo que le permitía su cuerpo. El puño se lanzo desde atrás, hacia el estomago esta vez, intentando sacarle el aire y quizas. descubrir un punto débil en ella.  

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#8
Me conseguí soltar del agarre, que al final resultó ser más fácil de lo que en un principio había creído. Apenas nos habíamos separado, pero para mí estaba bien, aquel movimiento parecía surtir efecto, la mujer se veía nerviosa, alterada, y eso me daba ventaja en el combate, y más ahora que estaba libre de su agarre. Las esporas hicieron su trabajo, la pusieron aún más nerviosa y parece que la hicieron pasar a ataque total. No debía de estar acostumbrada a pelear con alguien de su nivel o mejores, como yo. Esa reacción y palabras solo me mostraban que había combatido poco, o no con demasiado tipo de peleadores.

- Soy de las que utilizan lo que tienen para sobrevivir y ganar, como tú misma querías hacer unos minutos atrás. ¿O acaso creías que encerrándome en ese armario después lo iba a pasar bien? Si quieres matarme intentalo, no estás a mi altura, pero si te rindes puede que te quite el veneno. - ¿Podía quitarlo? Pues la verdad es que no estaba muy segura de ello, pero era la opción más rápida para que la chica se rindiera e ir a ayudar a quien me había contratado, que debía de estar en problemas por el ruido que se escuchaba fuera del sótano.

Su respuesta fue un golpe lo dirigió a mi estómago, y yo, de nuevo fui incapaz de apartarme a tiempo. Tenía que admitir que aquella mujer era rápida, más que yo. Y tendría que ponerle remedio, yo no podía ser menos que nadie y menos que una camarera de tres al cuarto. El puñetazo no fue tan fuerte como el anterior, parecía que el veneno y la herida le empezaban a pasar factura, aunque a pesar de todo me hizo tener que apoyar un pie atrás para sobreponerme al dolor.

Ya que estaba tan cerca lo mejor era otra puñalada, no quería matarla, pero tampoco iba a tener miramientos, así que, de nuevo, mi daga iría al pecho. La suerte decidiría si le afectaba una zona vital o no. Ambas estábamos pegadas, y por muy rápida que fuera no creo que fuera capaz de esquivar el ataque, y menos en el estado que estaba ya mi rival. No pensaba volver a usar la esporas, así que el combate cercano seguía siendo la mejor opción y no tenía la menor intención de separarme de la mujer, ni de dejar que ella lo hiciera. Por suerte, estábamos en un sótano que ella misma había cerrado.
Cosas cositas
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 377 - 25 = 352
Energia: 513 + 4 = 517
Espiritu: 108 + 0 = 108
#9
Efectivamente como eran las suposiciones de Nostariel, Lizzie solo estaba acostumbrada a abofetear prostitutas y mujeres de menor envergadura. Mujeres débiles y sin mucha habilidad y claramente sin magia esotérica de los mil cojones como esta que tenía todo el poder de una fruta demoniaca a su disposición. Esto no… no estaba en el maldito contrato. Menos aún el responderle a Gundahar. Seguro que de eso sí que no salía viva. Como… como superar esto… entonces una sombra paso por su cabeza. Por su mente retorcida, traicionera.

Aun había que reducir a Jadd y al guardaespaldas y por la algarabía de fuera parecía que no les iba tan bien con el espadachín. Lo que finalmente casi la quebró fue cuando en el intercambio de golpes ella golpeo a su enemiga y en cambio en un movimiento tan veloz como el rayo le clavo la daga en el corazón. O al menos habría sido así, claro si ella no hubiera sido mas rápida, con reflejos mas agudos y con el corazón y la adrenalina al máximo. Detuvo la daga con su fuerza. No era tanta, pero suficiente para desviarla y apartarla del punto vital… esta vez no la dejaría. La daga no le daño y paso a su lado tan libre como el viento. Agarro aquella mano con su velocidad alucinante y con un golpe, con toda su fuerza impacto en medio de la cara a la mujer. Lo suficiente para quizás amedrentarla.

Pero entonces sintió otra vez el picor del veneno… una nueva pulsación agria en su garganta le impidió respirar. —Cof cof… espera… esta… está bien… me rindo.— Dijo alzando los puños… su mirada, sus movimientos, la cara de sufrimiento. Claro que no tenía como vencer. Pero su extrema lealtad le obligaba a mentir… para quizás atacar a traición en un segundo más. Puso una rodilla en tierra, aparto la mirada de la mujer y tratando de respirar lo mejor posible a pesar del veneno. Se puso a merced de la acompañante de Jadd.

Ya… no quería pelear. Pero tampoco quería abandonar a Gundahar. Claro que as razones eran distintas, era por que podría asesinarla si sabia que le había fallado. Un motivo razonable. Extendió las manos hacia la mujer y decidió rendirse… o eso parecía. Pero su vista estaba fija en su arma, sus movimientos. Esperaba, quería. No quería pelear mas ni causar mas daño.

Contenido Oculto


Contenido Oculto


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#10
La chica logró parar con su guante la puñalada, lo que me hizo soltar un bufido de rabia que 
apenas pude terminar por la llegada de un nuevo puñetazo directo a mi cara. De nuevo no pude evitarlo, aquella camarera del demonio era realmente rápida. El dolor de cabeza que me provocó aquel choque fue realmente impresionante, pero nada que yo no pudiera soportar. Seguro que al contrario esa chica no sería capaz de soportarlo, de hecho, igual tendría que probar. Lo raro fue que casi nada más terminar de darme ese fuerte puñetazo la chica dijo rendirse. Eso me dejó bastante descolocada.

Cierto era que se lo había dicho un par de veces, pero no me esperaba que realmente funcionara. Parece que mis palabras siguen siendo las mejores, no hay quien se me resista. Ahora tocaba recordar como lo hacían para los que rendían. Lo había visto alguna vez cuando iba a buscar a la marine que me cuidó desde pequeña, en los campos de entrenamiento en el cuartel. ¿Les quitaban las armas? ¿Los ataban? Sí, pero eran más, siempre había varios marines apuntando y otro lo arrestaba. Yo estaba sola, tenía que encontrar la forma de hacerlo yo sola. Si ellos lo hacían en grupo yo podía sola, seguro. Me alejé de ella para intentar imitar lo poco que recordaba. Me faltaban armas y compañeros, pero bueno, improvisar era interesante.

- Me alegra que hayas entrado en razón, quitate ese guante y lánzalo a mis pies. Como muestra de tu buena voluntad. Ya me trajiste aquí pareciendo que ibas de buenas, me gustaría que ahora lo demostraras. El tiempo pasa, comenzaré con lo de tu veneno cuando tenga ese guante en mis pies. - Me acordé mientras hablaba de lo que me había hecho bajando, al tratar de encerrarme de improvisto. Cierto que no me había ni hablado, pero eso no hacía que lo que había hecho cambiara.

Cosas cositas
[Imagen: from-Pix-AI-2051168263220415562-1firma.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 352 - 77 = 275
Energia: 517 + 4 = 521
Espiritu: 108 + 0 = 108


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