Skypiea, a principios del bosque
Noche
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[Pasado] Animal print | Kibai
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22-09-2026, 06:16 AM
7 de Primavera año 18
Skypiea, a principios del bosque Noche Admirar plantas, seguir admirando plantas y de vez en cuando algún que otro ñordiki, las cosas que hago por el dinero son… increíbles. El bosque de Skypiea me recibía con cierta oscuridad simplemente aliviada por estar casi a las faldas de la ciudad principal ¿Qué? ¿Acaso exploraría lo más recóndito de esta flora y fauna de este lugar a esta hora? No, no había dinero que valiera tal hazaña. Me quitaba los restos de lianas y hojas que terminaban sobre mis hombros con cierta molestia mientras continuaba avanzando, buscando que podría tomar sin que alguno de esos seres alados me viera o molestara.
Un lugar tan remoto y fantasioso como este no solo atraía miradas, piratas hambrientos de poder y perros del gobierno en búsqueda de… lo que sea que busquen los perros, pero podría atraer muchísimas carteras y por consecuencia berries a mi bolsillo ¿Podría vender la madera al triple de precio si decía que la había obtenido de este lugar? Tan solo podría soñar en todo lo que podía hacer si lograba arrancarle un adoquín de oro a la casa de los locales pero ni yo me arriesgaba tanto: Si hay algo más poderoso que el dinero son los contactos y no me gustaría arruinar mis oportunidades en este sitio.
Así que me había limitado al bosque, aun sabiendo lo fanáticos de la naturaleza que son por aquí y sin embargo, tal vez si fuera un boticario o tuviera algún misero conocimiento en plantas encontraría más valor de lo que yo, una increíble ávida comerciante, podía ver:
Tierra, arboles, pájaros que hacen sonidos raros y olor a humedad.
Solo podía soltar un suspiro al pensar en ello mientras me subía a una roca, dando un salto para lograr alcanzar una de las ramas y subir a esta para sentarme, intentando admirar un poco del paisaje antes de decidir que se trataba de una perdida de tiempo. —Veamos… Si talo alrededor de 4 de estos arboles para que no se note tanto, le pido ayuda a Runin para dividirlos en tablas ¿Me entiendes? y vendo cada uno a… ¿Cuántos me gustaría? ¿10,000 berries? — Hablé para mi misma mientras apoyaba la espalda contra el tronco pensativa, hablando lo suficientemente fuerte para que cualquiera que pasara me pudiera escuchar.
24-09-2026, 01:13 AM
(Última modificación: 24-09-2026, 01:27 AM por Kibai.
Razón: Correcciones ortográficas menores
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Kibai se dejó caer a plomo sobre la silla en la que había desayunado aquella mañana tranquilamente, sin pensar ni por un momento que se vería arrastrado a un interminable entrenamiento junto con el capitán Enji y el comandante Juan, un entrenamiento que había incuido caminatas a ciegas, ropa no demasiado limpia debajo de sus fosas nasales y un bombardeo en forma de niños Lunarian y Skypieans. Sin embargo, el agotamiento que sentía el mink era con muchísima diferencia más mental que físico, de modo que tras acabar con las últimas provisiones frescas que le quedaban en la cocina con un apetito voraz, acudió rapidamente a su habitación, abriendo el armario de par en par.
Tras unos breves momentos de indecisión, el mink finalmente se dicidió por las mismas ropas que había empleado en sus anteriores salidas a la jungla: uno de los pares de pantalones de uniforme, pero que podían resultar levemente discretos, así como la camiseta confeccionada con loneta del Royal Quiver sin mangas que le permitía moverse por las junglas cercanas a Shandora sin el menor problema. Una vez se hubo cambiado y estuvo listo para salir, finalmente, y por una mera cuestión de costumbre, decidió llevarse también su morral, el cual se colocó como siempre en bandolera sobre su costado derecho. Ya totalmente equipado, Kibai salió de nuevo al exterior, dónde la Luna, que en aquel momento estaba en su fase más oscura, apenas resultaba visible de no ser por el revelador espacio vacío de estrellas que se adivinaba en el firmamento. Aquello, desde luego no resultaba un problema para el mink leopardo, el cual no tardó más de unos segundos en adaptar completamente su vista a la baja luminosidad de la noche, especialmente cuando rebasó las últimas paredes doradas de las viviendas de Shandora y se internó directamente en la espesura de la selva.
Imagen ilustrativa
Avanzando tanto a nivel de suelo como por las alturas de las ramas de los árboles, Kibai inició su ruta, sin ningún tipo de destino fijo, simplemente disfrutando de la placentera sensación de perderse en aquel entorno, natural y casi totalmente sin la mácula de la civilización, que le había demostrado ser a la vez acogedor y hostil, pues más de una vez si vio obligado a dar un rodeo para evitar zonas de hongos venenosos en plena esporificación, o evitar de un salto el agarrarse a troncos o ramas cubiertos de hiedra venenosa. No obstante, tras aproximadamente media hora de hacer un simple derroche de energía física para dejar a su mente, agotada por el entrenamiento matutino, vagar libre de cualquier tipo de pensamiento profundo, un aroma extraño llegó hasta las fosas nasales del mink.
Era humano, aunque no le resultaba familiar, no del todo al menos. Recordaba haber olido anteriormente algo similar, pero no del todo. Curioso por averiguar a quién más se le habría ocurrido adentrarse en una zona como aquella en una de las noches más oscuras de la estación, Kibai se dejó guiar por su olfato, permitiendo que sus piernas y brazos se moviesen por instinto, encontrando su camino entre las raíces, usando las lianas y ramas para impulsarse por el aire, y empleando sus garras traseras para ayudarse cuando era necesario para anclarse en los troncos de los árboles y así lanzarse hacia delante con un extra de velocidad.
Su rastreo le hizo describir una suerte de semicírculo en su ruta, hasta que el mink, siempre tomando la gigantesca pirámide de Zarutsuki como referencia de orientación, descubrió que había vuelto a una zona bastante cerca de los límites de la ciudad. Finalmente, cuando Kibai saltó de un árbol al siguiente, captó por el rabillo del ojo algo que nunca habría pensado encontrar: un destello de un patrón de piel muy similar al suyo propio. Sacando las garras de sus manos, lanzó su mano derecha hacia el árbol, empleando el anclaje para girar violentamente alrededor del tronco y lanzarse con el impulso provocado por la inercia de su viraje hacia la ubicación en la que había captado aquella visión.
Sus ojos no tardaron en captar a una joven, de cabellos rubios y ojos de un brillante color celeste, que estaba sentada sobre una rama a no demasiada altura del suelo, con la cabeza y la espalda apoyada contra la madera del tronco. El mink no se molestó ni un poco en tratar de amortiguar su impacto sino que directamente extendió la mano izquierda hacia la rama en pleno aire, empleandola para girar sobre su eje hasta plantar sus dos pies en ella, firmamente anclado empleando sus garras traseras. Irguiéndose a la vez que agitaba la cola lentamente de lado a lado, el mink observó a la joven. Sin duda, se trataba de una humana hermosa, con facciones finas y bien proporcionadas, y un físico bien cuidado, amén de un aroma bastante agradable ahora que la tenía más cerca. Sin embargo, había algo que hacía que las garras de Kibai no se retrayesen a su lugar habitual, y que provocaba que sus ojos esmeralda, los cuales refulgían en la oscuridad de la noche, no abandonasen la prenda de ropa que la joven humana portaba sobre su cuerpo, la cual mostraba un patrón de manchas negras sobre un pelaje de color naranja amarillento.
— Espero que esa blusa sea artificial... — musitó Kibai dejando que un quedo y grave gruñido saliese del fondo de su garganta a la vez que sus palabras, clavando ahora sus ojos en los de la joven.
27-09-2026, 09:08 AM
No era muy usual para mi temer a los “sonidos de la noche” si estás en una calle peligrosa, en un lugar habitado o en el corazón de cualquier ciudad, escuchar sonido en la oscuridad de la noche puede ser de los más normal: Ahora, en un lugar como este oscuro bosque esa normalidad no era tan diferente, solo un poco más aterrador: Escuché ruido a mis alrededores, lo que me hizo mantenerme en alerta, buscando entre la oscuridad el autor del ruido ¿Algún animal salvaje? ¿Otra vez un ñordiki? En el mejor de los casos era aquel ñordiki del camino que me había venido a saludar.
Era muy raro pero me había equivocado, al menos parcialmente, la rama sobre la que estaba parecía agitarse ante el peso por lo que me moví más cerca al tronco como si eso pudiera salvarme en el caso de una caída inminente. En aquella mala iluminación podía visualizar una figura no tan alta frente a mi, unos ojos verdes que parecían brillar propiamente y un felino bastante simple en cuestión a vestimenta, pero con un pelaje sumamente llamativo y que me recordaba a algo, claro, mi blusa. No tardó en expresarse, mientras una pequeña sonrisa entre coqueta y burlona se asomaba por las comisuras de mis labios tomando una postura de más confianza: Si no se caía con este peso, sin duda era una buena madera. —Por lo que pagué por ella… Espero que no ¿Me entiendes?— La verdad es que desconocía si ese era el caso aunque dudaba bastante que vendieran ropa con piel de mink, podría ser un nuevo negocio por explorar, que buena idea. Había algo que todavía no podía resolver, entrecerrando los ojos, mientras más lo miraba, más conocido me parecía y sin embargo no podría descifrar de donde hasta que la respuesta cayó en mi mente. —ah, eres el mink que hizo negocios con Jin ¿Verdad? la noche distorsiona las facciones, esta no es la primera vez que nos vemos. — Aclaré con la curiosidad saciada ¿No era un marine? Al menos de ese momento parecía tener el doloroso uniforme de los perros del gobierno, lo que me hizo gruñir ligeramente ante el pensamiento. —Eres un gatito del gobierno, veeeen minino, minino, minino. — Intenté molestarlo un poco aunque ni siquiera me había movido del sitio, simplemente estirando la mano y cerrando la palma como quien llama a un gato. Ya si se acercaba o no, ese era su boleto, me hubiera gustado tener una botella de vino para este momento. —No soy tan descortés: Tezca Norova, tal vez has escuchado de mi, soy toda una estrella, no me sorprendería tener a todos los marines de este lado del mundo por mi linda cabeza. — Razonándolo, en realidad no me había encontrado con ningún marine de forma hostil… Que raras son estás nueva generaciones. —¿Cómo te llamas? —
29-09-2026, 10:39 PM
La rama se balanceaba ligeramente de arriba a abajo en el extremo en el que Kibai se encontraba, ya que este era más estrecho, y el peso del mink hacía que la madera cimbrease, soltando pequeños quejidos. Pero aquello no llegaba a sus oídos, pues todos sus sentidos estaban puestos en aquella joven, la cual claramente parecía conocerlo, pues no se extrañó con su presencia.
Ante la pregunta de Kibai, la rubia reaccionó casi como si aquello no fuese con ella, incluso pareciendo esperanzada de que efectivmente aquella prenda de ropa fuese de alguien. La mente de Kibai viajó rapidamente, hasta las gélidas tierras de Drum. El mink volvió a oler su propia carne quemada, mientras la banda de Malkovich hablaba de como podrían vender su piel al mejor postor como habían hecho con muchos otros minks anteriormente. Las garras de Kibai se crisparon, y sus colmillos superiores asomaron levemente por fuera de su labio superior. Podría haber sido aquella joven una de las clientas de aquellos malditos bastardos que cazaban a su gente por su piel? Al menos, de acuerdo a sus palabras, bien podría serlo. Para más inri, la chica alzó una mano hacia él. —Eres un gatito del gobierno, veeeen minino, minino, minino. —Eres un gatito del gobierno
—Eres un gatito del gobierno
La ira de Kibai se focalizó en aquel mismo punto anudado en el interior de su espíritu, y la misma onda vibrante se expandió fuera de su cuerpo. Solo que esta vez, los ojos del mink, refulgentes en la oscuridad, estaban fijos en un objetivo. Y por primera vez en mucho, mucho tiempo, creía notar una auténtica sed de sangre en su garganta. Notando como el aire vibraba a su alrededor, Kibai dio un paso sobre la rama, colocando un pie delante del otro, manteniendo su equilibrio perfectamente estable gracias a su cola, mientras taladraba con la mirada a la joven rubia. — Acaso te tengo pinta de ser un gato? El mink levantó una mano, cerrando todos los dedos menos uno en un puño, con el índice apuntando, armado con una afilada garra negra, hacia el rostro de la joven. — Ya he encontrado antes a humanos que pretendían usar a mi gente como meros animales a los que desollar y emplear como material para ropa. Ninguno de esos humanos vive ya para ver salir el sol un día más, chica. Ladeando la cabeza un poco, Kibai tomó una nueva inspiración, analizando el olor de la joven. Para su sopresa, le resultaba muy familiar, lo que lo llevó a recordar las palabras de Nyra acerca de que había habido cambios de género y de raza además de las ofertas de extracción de Akuma no mi en el coliseo de los Juegos. Ello, unido a lo que había mencionado aquella inconsciente sobre sus negocios con el subordinado del malnacido de Sohem, le hizo atar cabos con el chico de pelo rubio que había visto bastante acaramelado con Jin. Para su sorpresa, también habia un pesado olor a miedo presente en el ambiente, que había surgido en cuanto la onda de aire vibrante había alcanzado a la joven. Un poco extrañado, pero aún bastante furioso, Kibai miró hacia el rostro de la chica. — Mi nombre es Kibai, y provengo de Zou. Y para no ser descortés, Tezca Norova, no has demostrado demasiada educación al tratar a un mink como a un simple animal. Y tampoco soy ningún siervo del gobierno, no te equivoques. Tengo mis propias cuentas que saldar con varios de ellos, así que no vuelvas a insinuarlo.
La Caja de Pandora
01-10-2026, 05:26 AM
Miedo.
Una sensación tan primitiva de la humanidad y que ha sido heredada desde antes que tan siquiera la sociedad lograra establecerse, lo único que sentía que me diferenciaba de cualquier otro e ingenuo hombre es que yo me reía ante el miedo pero en este caso. En este maldito caso. Fue extraño, como una especie de presión en el pecho que se transformó en algo que prohibía que viera una solución ante cualquier amenaza, “es normal” pensaba al intentar hilar mi propio tren mental para sobrellevar el miedo y sin embargo estaba paralizada “normal tenerle miedo a un gato tan grande y dientudo” pero ni siquiera eso lograba calmarme. Podía morir. Morir sin haber matado al imbécil de Cihua antes. No, no podía morir. Esta isla no lo permitiría. Hay algo en el que dice peligro. No importa. No en esta isla. Pero nada de eso había logrado calmar la fuerza y rapidez con la que mi corazón latía, una y otra vez hasta creer que se saldría de mi pecho. Solo eres humana, solo humana. Ese pensamiento había logrado resurgir como el sargazo del mar, el ceño fruncido no era más que el vil intento de la poca voluntad que me quedaba, no, de la terquedad que nunca había abandonado mi ser para no dejar que el marine presente viera el terror en mis ojos. Las palabras no salían, no ante su pregunta y no cuando me apuntó con aquella filosa garra, solo me aferraba a la base de la rama de aquel árbol mientras mi aterrada mirada oscilaba entre la garra y los penetrantes ojos del mink, así que ese era su problema, el comercio, el asesinato e los suyos: La verdad no conocía a los minks suficientes para que esa llegara a ser una preocupación para mi pero por supuesto, ahora podía advertir que había jugado con una fibra sensible. Escuché su presentación, al menos ahora sabía su nombre y más que eso, sus últimas oraciones me habían hecho ladear la cabeza con un interés que nunca creí encontrar en un marine ¿No era un siervo del gobierno? Entonces ¿Qué implicaba pasársela todo el día con marines y el mismo portar, en su momento, el uniforme a la par que sus símiles? —E… Eso nos hace dos ¿Me entiendes? ¿Qu-Quien lo diría? Un marine que tiene deudas que saldar con su propio régimen… Cuando creí haberlo visto todo en la vida, me sorprende. — Mi mano temblaba mientras sostenía con fuerza el medallón colgante sobre mi pecho y mis palabras lograban entorpecerse cuando mi lengua era mucho más hábil y filosa que esto. Comencé a sentir la hirviente frustración de verme de esta forma frente a un marine que por un segundo pensé en derrumbar este árbol de un golpe. Aún así no había forma que le quitara los ojos de encima. —¿A qué te refieres con… cuentas que saldar? ¿Qué podría ser para continuar con ello si te deben? — La curiosidad podía sobre todas las cosas, por eso es que era tan mala consejera. —…Quita tu garra de mi, ambos sabemos que hacerme daño en esta isla terminará mal para ti. —
Contrato confidencial: Tezca Norova
02-10-2026, 10:53 PM
A Kibai nunca le había gustado el olor del miedo.
Era un aroma denso, que parecía pegarse a la piel del que lo exudaba como una marca imborrable. Incluía claro está la nota salada del sudor, pero era distinto al que podía tener una debido al esfuerzo físico, y no digamos ya el procedente de otras actividades, el cual era más un afrodisiaco intenso que otra cosa.
No, el olor del miedo era algo pensado única y exclusivamente para dibujarle una diana gigantesca en la espalda a las presas y hacer que su cazador pudiese seguirlas allá dónde fuesen. Y a pesar de que se consideraba más civilizado que una mera bestia salvaje, algo en el fondo del ser de Kibai no podía evitar disfrutar con la sensación.
Bajando la mano, el mink caminó despacio, colocando cuidadosamente un pie delante del otro, acortando la distancia hasta que estuvo a solo medio metro de la joven rubia, la cual seguía mirándolo con la respiración agitada, agarrando una especie de medallón que sostenía contra su pecho. Kibai ladeó la cabeza hacia su hombro derecho, estudiándola con una expresión neutra mientras escuchaba sus palabras, sacando una sonrisa llena de colmillos afilados al escuchar la tregua impuesta por Zarutsuki.
— Tienes razón en algo, si te hiciese daño aquí y ahora, la cosa no acabaría muy bien para mi. Y por encima de todo, estaría ofendiendo a nuestro anfitrión el Emperador, de modo que no lo haré.
Como un cetrero que le coloca la caperuza de nuevo a su halcón, Kibai cerró el flujo de energía que permitía a la fuerza que latía en el interior de su ser salir al exterior, notando como el aire dejaba de vibrar a su alrededor. Él mismo se notó menos tenso, como si el estar emitiendo aquella extraña aura le influenciase levemente en su propia actitud. Con un gesto ágil, se sentó en la rama, cruzando las piernas y enrollando su cola alrededor de la madera para mayor estabilidad, antes de esbozar una ligera sonrisa, ahora ya sin colmillos, a la vez que extendía una mano de la manera más cordial hacia Tezca.
— Creo que hemos empezado con mal pie, no crees?
Tras dejar la mano unos cuantos segundos entre ambos por si la joven decidía estrecharla, Kibai miró un momento hacia el cielo, recordando la pregunta que le había hecho antes.
— Y si, no me considero ningún siervo del gobierno ni mucho menos. Yo sirvo a la gente, a los que viven con miedo de que piratas, radicales como el ejército revolucioanrio, o meros criminales sin ningún tipo de escrúpulo ataquen a sus familias y destruyan sus hogares. Para eso estamos nosotros. El Gobierno? Ellos ya tienen a sus marionetas del Cipher Pol para resolver sus asuntos turbios...
El mink calló, notando como las manos se le crispaban de nuevo recordando lo ocurrido en los Cabos Gemelos con los hermanos Sakana, y como el periódico lo había vendido como una gran tragedia de unos honrados cazarecompensas. Aquello había sido de todo menos honrado, los habían soltado en aquellas fosas para ver como los mataban a placer.
— Digamos que he visto como el gobierno ha hecho los suficientes crímenes como para merecerse estar en las mismas celdas en las que deberían estar los piratas. Sin embargo, el mundo no funciona como uno querría, de modo que lo único que me queda es intentar que los que están en el medio, especialmente aquellos que me importan, no caigan atrapados en el fuego cruzado. Supongo que a ti te pasará lo mismo, no? No tienes a alguien que te importe, y que no querrías ver sufrir ni pasarlo mal por nada del mundo?
Kibai permaneció en silencio, ya mucho más relajado aguardando la respuesta de Tezca, mientras las últimas notas de olor a miedo se disipaban con la brisa nocturna.
Ayer, 11:30 PM
(Última modificación: Hace 41 minutos por Tezca Norova.)
Por primera vez había sentido que una situación no estaba bajo mi control y sin embargo, gracias a la divina suerte aquella… casi inseguridad comenzaba a pasar a un plano más lejano gradualmente hasta que logré poco a poco soltar el colgante: Razonando, había pasado por situaciones mucho peores y este sentimiento podía acreditárselo a muy pocas de esas, lo que continuaba resonando era la frustración y el alivio, siendo interrumpida por la voz de aquel mink.
La tensión del ambiente se había reducido incluso en la postura del contrario y la mía pues en un suspiro terminé por apoyar la cabeza contra el árbol acomodándome los lentes, mis músculos parecían relajarse aún en la no tan cómoda posición de estar sobre la rama de un árbol. Noté que me extendía la mano, como no hacerlo y entrecerré los ojos antes de finalmente aceptar el saludo con algo de desconfianza. —Creo que te afectan demasiado las palabras ajenas… ah, claro, sé que las mías tienen mucho peso, gracias por notarlo. — Había recuperado aquella arrogante sonrisa al soltar su mano: Definitivamente me estaba sintiendo como yo misma. Así que solo se trataba de un bienhechor por lo que podía escuchar, esos que se creen tanto la historia para perdonar sus agresivas acciones: Muchos marines eran así, como si pudieran decidir quien es valioso y quien es una paria. —Conozco muchos como tu con complejo de salvador… Los piratas tienen familias, los revolucionarios: Podrán crecer con una moralidad que difiere de la tuya y sin embargo todos estamos aquí por lo mismo, sobrevivir como podamos. Solo que los uniformados la tienen más fácil ¿Me entiendes? — Me mantuve alerta, por si volvía a amenazarme: Debía admitir que era un poco preocupante si tenía “la mecha tan corta” —Matas a un pirata, salvas la vida de una familia y destruyes la otra ¿Cuál es el punto? Ahí se acabó el ideal. — El problema de la conversación es que la palabra cipher pol se había quedado en mi mente como una piedra, molesta mientras fruncía en ceño: Marionetas no era una descripción que hubiera pensado antes para esas pestes. Decidí mantener la conversación lo más amena que podía: No siempre me daba el lujo de hablar tan apaciblemente con un perro del gobierno, mucho menos en un bosque en una isla sobre el cielo: No pude evitar reír ante su pregunta, negando con la cabeza. —¡Solo yo soy importante! Además, si realmente existiera alguien más importante que yo, imposible, y te lo dijera podrías usarlo en mi contra la próxima vez que nos veamos… Por suerte no existe nadie así.— ![]() “Niño mentiroso, te va a crecer la nariz si ni tu crees lo que estás diciendo.” Las palabras del anciano me habían invadido intrusivamente al terminar de hablar, alcé la mano, agitándola a un lado de mi oreja como si intentara alejar algún mosquito, regresé a los atrayentes ojos del mink, llevando uno de mis mechones detrás de la oreja. —¿Sabes? Alguien con un hogar cálido esperando no viajaría tan lejos… Así que voy a suponer que a quienes quieres proteger son al resto de tus compañeros ¿O me equivoco? Ustedes son muy grupistas. — Solté una pequeña risa, intentando molestarlo solo un poco, me volví más obvia, mirándolo de arriba abajo con curiosidad simplemente bajo la tenue luz de luna. —Así que ¿Qué haces tan lejos, Kibai? Me imagino que un marine como tu debe tener mil historias por contar— Me levanté con algo de dificultad sobre la rama, estirando la mano derecha para sostenerme de la de arriba y no perder el equilibro, caminando un par de pasos más cerca del hombre, inclinándome para verlo más de cerca.
Contrato confidencial: Tezca Norova
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