P.R | Entrenamiento | El ganador de la lotería
#1
88 de Verano - Año 18 
Zona Comercial del Reino Kamabakka -02:00PM





Las placidas calles del reino Kamabakka eran un reflejo de su gente, llamativas, extravagantes y agradables. Entre ellas destacaba la zona comercial, una extensa calle que albergaba un sinfín de negocios, ofreciendo toda clase de servicios y bienes.

“¡Pasen! ¡Pasen! ¡Este delineador jamás se quita! ¡Resiste el agua y los impactos de tus enemigos!”

“¡La mejor base que sus ojos han visto! ¡No pierdan la oportunidad de buscar la suya!”

“¡Los mejores conjuntos traídos desde tierras lejanas! ¡arabasta! ¡ilusia! ¡drum! ¡Pregunta y seguro que cambiaremos tu estilo!”

Aquellos eran tan solo algunos de los anuncios que llamaban la atención de los transeúntes, atrayendo con su estrategia a diferentes clientes en el lugar.

Si bien, todos esos productos podrían sonar fascinantes para los lugareños o algunos piratas recientemente convertidos en chicas, fue otro local el que llamó la atención de más personas por el lugar.

“¡La gran lotería Okama! ¡Pase! ¡Pruebe su suerte y gánese desde 50 millones de berries hasta la edición limitada del perfume Vinusha, catalogado como la mayor exquisitez que su olfato podría percibir y con un precio de 60 millones en el mercado!”

Un Okama con un singular sombrero de copa negro y adornos florales se encontraba llamando la atención de la gente frente a su local. Dicho personaje poseía un elegante gaban abierto en v de color dorado con arreglos negros y mostraba su velludo torso al público con elegancia. “¡Vamos, usted, hermosa señorita!” Dijo al interesado más cercano, con un bigote abundante, lápiz labial y ojos bien maquillados. “No se preocupe, aunque no gane el premio mayor, por la módica suma de mil berrys, podrá aspirar a más de 200 premios interesantes.” El Okama del bigote sonrió avergonzado por los elogios y, con apuro, sacó los berries de su cartera. “Ya me decía mi sexto sentido que las bonitas son las más atrevidas.” Guiñó su ojo el dueño del negocio y tras tomar el dinero, se dirigió a su máquina.

Se trataba de una máquina de gachapon rudimentaria hecha con metal y madera, que poseía diferentes arreglos, los cuales enseñaban los más de 200 premios que el participante podría ganar; desde prendas de ropa hasta figuras coleccionables de personajes célebres en el mundo.

“¡Tan solo tiene que bajar la palanca y veremos cuál será su premio!”  Invito el anfitrión al Okama con bigote y este último no dudó en bajar la palanca, para que un extraño sonido comenzara a emerger de la máquina hasta que una esfera de color blanco cayó por un compartimento en la base de la máquina, al cual cada aspirante tenía fácil acceso.

“¡Ohhh, qué será, qué será!” La voz del de sombrero lleno de expectativa a la muchedumbre que se habia formado y cuando el Okama de bigote abrio la esfera, se encontró con una figura coleccionable de la mismísima Reina Okama Aspros. “¡Felicidades! ¡una figura coleccionable de la reina!”





“Tezca, dame mil berries, necesito apostar en esa maquina…”

Entre las personas formadas frente a aquel establecimiento, se encontraban Tezca Norova y Ryota Miyamoto. Quienes habrían salido para comprar víveres para el barco. “Vamos Bro, deje mi billetera en el barco y eres tú quien lleva el dinero para las compras.” Porque, de lo contrario, era seguro que el capitán los gastaría por completo en esa u otras apuestas.

Detrás de ellos se encontraba Tocho Morocho, que junto a Ryota cargaban las bolsas de los víveres para llevar al barco en dos grandes costales a sus espaldas. El equino no parecía tan entusiasmado como el de ojos ámbar. De hecho, su expresión era de puro escepticismo, como si les dijera. “Tan solo es una tetra para atrapar tontos.” Suspirando por ver la cara de su amigo tan emocionada. “Meru meru meru…” dijo en su idioma caballo con desgano.

“Vamos, solo una tirada, creo que este es mi día de suerte Keke.” Menciono al mismo tiempo que inflaba una bomba de chicle esperando a la respuesta de la rubia.


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#2
La forma animada de la ciudad era increíble pero no fue hasta que vine con el capitán que me di cuenta de una cosa: Era increíblemente tentadora; Ofertas aquí, allá, productos y mucha mucha publicidad con el que muchos vendedores de los blues se quedarían perplejos ¿Había caido en algo de esto? Por supuesto que no, la gran Tezca Norova tiene una fortaleza mental increíble, había pensando con una sonrisa mientras miraba el nuevo delineador que había comprado a prueba de agua, golpes, fuego y muerte ¡Que buen producto!  Por supuesto y si tenía suerte, el capitán ni siquiera se había dado cuenta en el momento que me había escabullido y regresado. Tal vez Tocho Morocho fuera más astuto pero desde hace días lo había sobornado con zanahorias, yo confiaba.
 
Parecía ser que a ambos piratas nos había llamado la atención el mismo stand, deteniéndonos frente a este para mirar la maquina y el muy optimista y escurridizo vendedor que estaba al mando. Olía raro y no era la combinación de perfume y sudor, me refería a que regalar 50 millones de berries por una apuesta de mil era extraño: No pude evitar arrugar la nariz en desconfianza, alzando la ceja mientras bajaba la palanca hasta que de esta salió una pequeña figura de la reina. Siendo honesta, era una figura muy bonita, recordándome lo tentadora que era la suerte y sobretodo esta tierra rosa.
 
La voz del capitán me sacó de mis más consumistas pensamientos y claro, me atrajo a los suyos aunque parecía que no sabía la obvia respuesta que iba a darle.

 
—Imposible, no te voy a dar ni medio berry ¿Me entiendes? Este dinero es para nuestra supervivencia y esta cosa tiene pinta de estafa, debe estar truqueado ¿Sabes cuanto queda en el cofre? A Barald le van a dar tres infartos cuando lo vea. — No había ni una mentira en mis palabras, negando con la cabeza. —También es mi día de suerte, todos mis días son de suerte y la suerte dice que no te preste nada. La única forma en la que dejaría que apuestes es si me arrancas el dinero de la mano ¡Andando! Vamos, Tocho… ¿Qué nos falta? ¿Ya agarramos las naranjas?— Y aún así había decidido por esconder algo de dinero en mis bolsillos por si algún carterista lograba pasarse de listo.
 
 La fila continuaba avanzando, podía escuchar de fondo el canto de la sirena que lograba atraer a cualquiera o en este caso, cada vez que alguien jalaba la palanca obteniendo un premio. Intenté callarlo, tomando una de las pequeñas bolsas de dinero para lanzarla y atraparla sobre la palma mientras caminábamos.
 

 
Contrato confidencial: Tezca Norova
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#3
- Ost -



“Tacaña…”

Fue la respuesta del de cabello castaño ante las negativas de su amiga. “Solo son mil berrys. Barald ni siquiera lo notaría… además, ¿Qué podríamos comprar con eso? ¿Cinco naranjas? ¿cuatro?” La pregunta era sincera, pues él no comprendía realmente el valor de los berries en momorio, ya que los precios podían variar según la isla o el reino que visitaban.

En parámetros reales, seria como un gringo estuviera visitando Venezuela o, un colombiano visitando Europa, no tenía ni idea si lo que el consideraba costoso lo era, o lo que consideraba barato en realidad era costoso, por eso es que el rubio siempre se encargaba de hacer las compras.

“Y la suerte no habla con nadie… mentirosa…” Refunfuño entre dientes, acompañando el caminar que la rubia iniciaba entre la muchedumbre.

Ryota entonces, desvió la mirada de nuevo hacia la máquina de lotería, donde otros más probaron suerte, sacando desde premios inútiles como más figuritas de la reina hasta toallitas de mano o incluso un reloj de plata. “Ese pude ser yo… tendríamos un reloj de plata” Dijo con desgano, escuchando el tintineo de las monedas.


No pudo evitar volver sus ojos hacia el origen del sonido, notando la bolsa de monedas que Tezca revoloteaba en su mano con aparente descaro. “Pinshi tacaña… seguro se le pego del banquero ese…” Pensó sin perder la vista del dinero. “Barald pierde todo su dinero en malas inversiones y ahora es culpa mía porque hago pequeñas apuestas de vez en cuando…” Las quejas fueron aflorando conforme avanzaban entre la muchedumbre, pues Ryota no podía dejar de sentir que vivía una especie de injusticia.

“Sí, puede que a veces pierda algo de dinero en los casinos, invite licor a gente que ni siquiera conozco, pero al menos resisto la tentación de llevarme todo el cofre, eso no lo valoran, claro…” Minimizo sus acciones, aparentando ser la verdadera víctima de las circunstancias. “Y ahora es mi culpa, porque de repente hay menos dinero… ¿pero alguien dice algo cuando Runin compra ropa de diseñador? ¿o cuando el Bro gasta dinero en conchas? ¿O de ti mandándote a poner chichis? No claro que no, mejor apuntemos al pobre Ryota porque me pidio mil berries.” Inflo sus mejillas con una expresión indignada.

Ryota fácilmente podía robarle el dinero de las manos a Tezca, sin embargo, era su amiga y jamás le robaría dinero a uno de sus nakamas. Prefería hartarlos con quejas mientras avanzaban hasta que decidieran por sí mismos prestarle el dinero para que pudiera cumplir su capricho de jugar a las apuestas.

“Meru, meru, meru…” expresó Tocho, en compañía de Tezca. Nadie entendía al caballo, pero por alguna razón podria entenderse como si estuviese de acuerdo con él, de ojos color ámbar.

Aunque solo respondía a Tezca sobre las naranjas, diciendo que ya las tenían, una lástima que nadie hablara caballo.


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