Amanecer, entrenamiento y conversaciones [PR - División 50]
#11
Año 18, Día 69 de Verano

Bertram es un arquero y como tal su mayor potencial y talento se ve cuando puede mantener la distancia y disparar a sus contrincantes a la vez que evita que hagan lo que acaba de hacer su compañero de división, acercarse lo bastante para poder inutilizar su ventaja de la distancia, y no solo eso, evitar que pueda siquiera seguir disparando al inmovilizar su mano con un agarre del que no puede zafarse fácilmente con su fuerza actual. El joven realmente estaba en un aprieto, pero que no pueda disparar no implica que no pueda seguir atacando a su compañero y buscando hacer daño a su compañero con el fin de liberarse de su agarre y poder volver a usar su arco como lo que es, un arma a distancia. En ese punto entra la versatilidad y adaptabilidad del joven pelirrojo, pues lejos de rendirse o aceptar no poder hacer nada, aprovecha cualquier recurso a su mano para seguir peleando, pues si se da por vencido en un entrenamiento no hay problema, pero si toma por costumbre resignarse y dejar de luchar, al final acabará haciéndolo en combates donde las consecuencias no sea que su compañero de división salga victorioso, la consecuencia puede ir desde ser tomado prisionero o incluso asesinado por lo que prefiere luchar hasta que realmente no pueda más, incluso durante los entrenamientos.

Todo avanza según es normal en un combate y, a pesar de sus esfuerzos, el joven pelirrojo no logra hacer que el agarre del mink se afloje pues el daño es tan nimio para el soldado que apenas y lo nota. Lo que sorprende al arquero es el hecho de que el mink decida liberarlo voluntariamente de un agarre que le da toda la ventaja en el combate y pone la balanza totalmente a su favor. Sin embargo, parece que no es simplemente que se ha dado por vencido, sino que parece ser que decidió buscar una posición diferente, algo que contrarresta claramente el plan del arquero, pues el veloz movimiento del mink lo coloca a la espalda del arquero y luego se acerca a su superior y lo pinza con las piernas en la cintura, tapando sus ojos cegándolo por completo con su mano y evitando que pueda disparar libremente pues es incapaz de ver, además de tenerlo a su espalda. Lo peor es el hecho de que no puede hacer lo que tenía en mente, por lo que nuevamente, tras inmovilizarlo y cegarlo, el mink golpea libremente el costado del arquero que se resiente del dolor y dice

-Astuto sir, en esta posición no puedo dispararte ni hacer nada de lo que tenía pensado, pero sí puedo hacer esto.-

Y tras decir eso el joven vuelve a lanzar un golpe con su arco, lanzándolo hacia atrás guiándose por su conocimiento de su propia anatomía y la altura del mink para lanzar el golpe a donde estaría su cara. Tras eso salta unos 3 metros en vertical inclinando su cuerpo hacia atrás conforme la gravedad hace su papel haciendo que caigan al suelo, siendo que al estar Kibai a su espalda tiene dos opciones, recibir el golpe contra el suelo y el peso del arquero encima, o soltar a su compañero y superior para evitar el impacto. Sea como sea, tras el salto el joven arquero vuelve a lanzar otro golpe con el arco hacia su compañero, este direccionado a su pierna izquierda, buscando incrementar el daño y causar molestias al moverse para que no pueda correr como un felino.


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#12
El plan de Kibai parecía haberle salido bien, pues con los ojos de Bertram tapados, su capacidad de volver a usar al mink como blanco de prácticas quedaba considerablemente reducida. No obstante, incluso en la posición en la que se encontraban en ese momento, con Kibai atenanzando firmemente la cintura y la cabeza del pelirrojo, este demostraba que rendirse no era una palabra que se encontrase en su diccionario personal.

Estando centrado en mantener su agarre sobre los ojos del contramaestre, el mink no fue capaz de percibir el trallazo sobre el hueso de su ceja derecha que Bertram le soltó con el arco, impactando con la estructura de este en el rostro de Kibai, que soltó un pequeño gruñido y sacudió la cabeza, aunque no hubo sangre que le obstruyese la visión, por fortuna. Acto seguido, notó como las piernas de su rival se felxionaban para tomar impulso. El mink ignoraba exactamente qué pensaba hacer, pero mantuvo su agarre intacto, solamente por si acaso.

Para su sopresa, Bertram parecía haber dedicido llevar aquella batalla al aire, pues despegó del suelo, comenzando a ascender. La mente de Kibai comenzóa a trabajar a toda velocidad, hasta que finalmente, con una sonrisa, liberó el agarre alrededor del pelirrojo, mientras el Electro, que al fin había acumulado suficiente energía, volvía a recorrer su sistema.

— Llevemos esto a los cielos pues! — gritó con alegría a la vez que sus piernas se apoyaban en la espalda de Bertram, el cual se había echado hacia atrás dejando su espalda paralela al suelo, y la fuerza del mink lo impulsaba aún más hacia arriba de los tres metros a los que había llegado con su salto.

Por efecto de la física, Kibai aterrizó en tierra, aún con el bokken sujeto en posición inversa de sus anteriores taques y observó hacia arriba como el pelirrojo seguía ascendiendo hasta aproximdamente unos nueve metros de alto. Una sonrisa se dibujó en su rostro, y arrancando pequeño trozos de gravilla debido al impulso, el mink dio un potente salto, ascendiendo en una trayectoria totalmente vertical como un centella envuelta en chispas azules que hacían crepitar el aire a su alrededor. En un santiamén, alcanzó la misma altura que Bertram, antes de girar sobre si mismo para descargar un tajo horizontal contra el vientre de su rival, impulsándolo de nuevo hacia abajo, acompañando la caída junto a él para finalizar el combo con una estocada contra su plexo solar a la vez que la espalda del pelirrojo impactaba contra el suelo de roca.

El mink mantuvo la misma posición un segundo antes de retroceder levemente para ganar algo de espacio, aún con el Electro recorriendo su pelaje.

— Tenga cuidado, contramaestre, se que tiene usted la cabeza dura, pero no creo que tenga que comprobarlo contra el suelo para demostrarlo... — dijo Kibai resollando por el cansancio, mientras la herida del hombro le enviaba dolorosas punzadas a medida que la sangre seguía fluyendo gracias a los precisos flechazos del pelirrojo.

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#13
Año 18, Día 69 de Verano

El arquero está comprobando que necesita con urgencia medios para enfrentar enemigos veloces, siendo que en el momento que le agarran se queda completamente indefenso e incapaz de zafarse, con el mink no es tan complicado dado que la fuerza de ambos no está tan separada como en otros casos. Sin embargo, el arquero no tiene tanta fuerza como para zafarse fácilmente de agarres, y si son como los realizados por el mink ahora, menos pues debe encontrar la forma de atacar al enemigo a ciegas. De haber podido disparar habría apuntado a su pierna y se habría librado del agarre, pero en esa situación no se le ocurrió otra forma de atacar que un golpe a la cabeza seguido de un intento de zafarse del agarre con un movimiento arriesgado. Y tan arriesgado fue el movimiento que conforme se eleva el joven escucha las palabras de Kibai mientras nota como se va moviendo a su espalda, notando sus pies, patas nunca sabe como llamar a las extremidades de los mink, en mitad de su espalda y de pronto un potente empujón hace que en lugar de descender, su cuerpo siga subiendo por lo que aprovechando que ya está suelto y el mink no se encuentra agarrado el joven gira mientras su cuerpo se eleva, llegando a ver como Kibai llega al suelo tras empujarlo hacia arriba.

Sin embargo, el joven no solo se gira sino que al mismo tiempo que lo hace toma una flecha y la carga en su arco, activando su pasiva en esa flecha y otra que coloca en su boca para lanzar una rápida sucesión de dos disparos eléctricos al mink al momento en el que lo ve flexionar las piernas para saltar, lanzando una flecha a cada pierna buscando causar una buena cantidad de daño a su compañero que acaba de demostrar astucia y adaptabilidad, algo que el arquero valora con creces pues no siempre tendrás el combate de tu lado o las mejores condiciones para poder vencer. El arquero es consciente de que probablemente esos tres ataques no sean suficientes para hacerle un daño suficiente al mink, por lo que inevitablemente el mink desaparece de la vista del arquero y logra impactar los golpes en su cuerpo, haciendo que caiga al suelo adolorido y casi incapaz de moverse, pero aún dispuesto a pelear y dice

-No está mal sir, astuto y arriesgado como mi intento, pero imagino no contabas con que girara en el momento que me empujaras. Igualmente, pegas unos golpes potentes, seguramente acabaré lleno de moretones por todo el cuerpo, pareceré un jodido dálmata con pelo rojo.-

El joven se mantiene de pie, alejado del mink y con el cuerpo completamente adolorido antes de lanzar una mirada al mar y otra al mink, manteniendo su mirada fija en su compañero para intentar “ver” lo que hará a continuación dándose cuenta de algo que provoca que empiece a reír

-Trehehehehe acabo de darme cuenta de que soy un tanto espeso sir, tanto como un niño tratando de decir un trabalenguas.-

Conforme esa última palabra suena una flecha sale disparada hacia la rodilla izquierda del mink, un último recurso para no caer agotado sin luchar.


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#14
Los silbidos de las flechas de Bertram surcaron la distancia entre él y el mink, pues el arquero se las había arreglado para girar su cuerpo en pleno vuelo sin motor proporcionado por aerolíneas Kibai y disparar su arco de nuevo, demostrándole que sin duda alguna dejarle las flechas al alcance de la amno y una de estas liberada junto con un poco de espacio era todo lo que el arquero necesitaba para empezar a representar una amenaza muy digna de consideración.

Las flechas acertaron en Kibai, aunque este ya había tomado impulso, de modo que los dos impactos no frenaron su avance a medid que ascendía hacia la posición de Bertram y descargaba los golpes de su bokken contra el cuerpo del pelirrojo. Ambos marines aterrizaron de nuevo en el suelo, y su rival aún alcanzó a recuperarse lo suficiente como para dispararle una última flecha que impactó de nuevo contra su rodilla.

Aún con las fuerzas que le daba el Electro, todos aquellos impactos comenzaban a hacer mella en Kibai, el cual por suerte en aquella ocasión notó como su propia electricidad parecía combatir la de las flechas de Bertram, pues no notaba ningún agarrotamiento en sus músculos aparte del habitual por el cansacio y la sangre que seguía manando de las diversas heridas, las cuales continuaban enviándole agudas punzadas de dolor cada vez que se movía. Sin duda, iba a necesitar un par de puntos en alguna de ellas para que se curase como era debido. Lo bueno es que ahora podrí tirarse al mar y que la sal ayudase a limpiarlas y comenzar a cerrarlas.

Pero antes había un combate que terminar. Bertram había luchado con tesón, había impresioando a Kibai varias veces con su inventiva y su capacidad de revolverse en situaciones complicadas de combate a corto alcance, y el mink no pensaba faltarle al respeto a su rival no terminando con aquel enfrentamiento de la manera apropiada.

El Electro zumbó a su alrededor como mil pájaros trinando al unísono cuando Kibai alzó su bokken, a la vez que imbuía su pierna derecha en Busoshoku Haki, y cruzó en un parpadeo de un salto la distancia que los separaba a ambos, asestando una patada giratoria contra el filo izquierdo de la mandíbula de Bertram. Con aquel último golpe, el mink sacudió el bokken a un lado (más por costumbre que por aunténtica necesidad) y lo encjó en su cinturón.

— Moja, dónde quiera que estés, más vale que aparezcas pronto. — pensó Kibai mientras apretaba los dientes y se examinaba la herida del torso, dónde había recibido el flechazo más preocupante por parte de Bertram. — El contramaestre va a necesitarte.

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#15
Moja se detuvo al llegar a la linde del claro al escuchar la patada contra la mandíbula de Bertram y el golpe de los dos cuerpos contra el suelo. Se quedó quieto unos segundos, mirando la situación con su único ojo útil. La pierna derecha seguía bien sujeta por la férula y llevaba la venda limpia cubriéndole la cuenca del ojo derecho. No estaba en condiciones de ir corriendo de un lado para otro, pero tampoco podía ignorarlo.

Sin decir nada, avanzó apoyándose en las dos flechas que utilizaba como bastones. Cada paso era lento y algo torpe por culpa de la pierna, y el ruido de la madera contra la tierra húmeda se escuchaba entre los árboles. Al llegar junto a Bertram, Moja dejó los apoyos en el suelo y se agachó con cuidado. No tenía mucha movilidad y tuvo que buscar una postura que no le hiciera cargar demasiado peso sobre la pierna herida. Abrió la pequeña petaca de emergencias que llevaba en el cinturón y sacó un paño limpio y el frasco de antiséptico.

Moja limpió la sangre que tenía en la barbilla y alrededor de la boca. Lo hizo despacio, sin apretar demasiado la zona. Cuando terminó, colocó un paño frío sobre la mandíbula para intentar bajar la hinchazón. Después sacó una venda y se la colocó con cuidado donde hacía falta, asegurándose de que no quedara demasiado apretada. Terminó de guardar parte del material y se quedó un momento mirando la herida. No parecía necesitar nada más de momento. Moja cerró la petaca y volvió a coger sus flechas para levantarse. Le costó más de lo que le habría gustado y tuvo que apoyarse un instante antes de conseguir ponerse de pie.

Entonces dirigió la mirada hacia Kibai. Se acercó unos pasos y sacó otro rollo de gasa de la petaca. Se lo tendió sin decir nada. Después señaló con la cabeza la zona del torso.

Moja volvió a apoyarse sobre sus flechas y esperó. La pierna le molestaba bastante después de haber caminado hasta allí, pero no hizo ningún comentario. Su expresión seguía igual de seria mientras repasaba con la mirada el claro y comprobaba que no hubiera nadie más herido. Cuando terminó, cruzó los brazos y se quedó allí de pie, esperando una explicación. Se quedó esperando sin decir nada más. Por su expresión estaba claro que no le había gustado encontrarlos así.

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#16
Año 18, Día 69 de Verano

El arquero sonríe alegremente pues hacía tiempo no disfrutaba de una sesión de entrenamiento tan movida y cargada de emociones, pero mayormente, satisfecho con ver que aún no ha perdido su inventiva y el tiempo que pasó sin verse envuelto en situaciones como esta no disminuyó su velocidad de análisis y adaptación. Una prueba de ello fue su último ataque en el aire, aprovechando una situación delicada para lanzar una ofensiva a su compañero, aunque no sirvió de mucho por lo menos no se sintió como si simplemente se dejara golpear, le hizo sentir que a pesar de las circunstancias pudo hacer algo más que ser un blanco fácil. Sin embargo, como quedó patente, el daño no fue suficiente para detener la ofensiva del mink por lo que el joven arquero se encuentra realmente al borde del colapso, su cuerpo en pie únicamente por su tremenda fuerza de voluntad y el hecho de que aún no a alcanzado su verdadero límite de fuerzas. El joven logra hacer un último ataque, sin embargo, el entrenamiento parece estar llegando a su fin, ambos están realmente agotados, sus cuerpos cubiertos de heridas por la intensidad del combate, y los músculos agotados del esfuerzo, pero al menos el pelirrojo está completamente satisfecho con el entrenamiento, sacó algunas ideas en claro para futuras peleas y le quedó claro que necesita urgentemente mejorar su capacidad de reacción si quiere poder aguantar combates.

Tras el último ataque del contramaestre, el mink vuelve a desaparecer, y para cuando el arquero se da cuenta, su pie, pata, lo que sea, impacta de lleno en su mandíbula haciendo que el marine caiga al suelo por la fuerza del golpe, pero lo más importante, el joven no tiene fuerzas suficientes para moverse, ese golpe, junto al sangrado, hacen que el marine esté realmente al borde de no poder siquiera mantener la consciencia, por lo que incluso su haki se desactiva. El joven se intenta mover para apoyar la espalda en algún lugar e incorporarse, pero en el momento que lo intenta ve a Moja acercarse y, a pesar de su estado, agacharse para empezar a curar las heridas del arquero por lo que simplemente se queda quieto, esperando a que el mink de pelaje negro termine su trabajo como médico, aunque pese a la situación Bertram tiene claro que le pedirá explicaciones a Moja por haberse ido solo en su estado. El joven arquero se levanta tras las curas de su compañero, sintiendo las punzadas de dolor por todos los golpes repartidos por el cuerpo y se rasca tras la cabeza antes de mirad con seriedad a Moja y decir

-Primeramente, gracias por tratarme las heridas del entrenamiento sir, se ve que nos emocionamos demás y acabamos más heridos de lo que esperábamos.-

El arquero hace una ligera reverencia a su compañero como agradecimiento de su curación, pero tras eso su mirada se vuelve más seria y habla con un tono más firme diciendo

-Dejando eso de lado sir, me debes una explicación pues decidir salir solo por la isla en tu estado es una decisión cuanto menos cuestionable. ¿Eres consciente de que de haberte encontrado con enemigos no solo estarías indefenso, sino que ni Kibai ni yo hubiéramos podido ayudar?-

El joven arquero apenas y tiene fuerzas para mantenerse en pie, pero igualmente no puede dejar pasar la mala decisión de su compañero de largarse en un estado desfavorable a moverse solo por una isla donde no saben los peligros existentes ni si hay enemigos cerca. De haberle pasado algo el grupo estaría en serios problemas.


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#17
Kibai respiraba con pesadez, notando como todos los músculos le tiraban por la tensión y la herida que seguía sangrando a la altura de su hombro derecho. Pero no era ni por asomo su única herida. Varias puntas de flecha seguían clavadas en su carne, mientras que otras se habían ido desprendiendo como consecuencia del traseigo del combate. No obstante, aquello no había cerrado mágicamente sus heridas, de modo que el uniforme del mink estaba manchado de su propia sangre, así como de la de Bertram por todas partes. Asimismo, la tela exhibía una curiosa cantidad nueva de agujeros, unidos a los que aún no había tenido tiempo de zurcir apropiadamente desde que el Royal Quiver había naufragado en la desastrosa bajada desde el cielo, hacía ya unos días.

Casi como si hubiese estado esperando al final del enfrentamiento entre el mink y el pelirrojo, Moja apareció de nuevo entre los árboles que cerraban el promotorio al resto del bosque de la isla. El compañero de Kibai, manteniendo su silencio habitual, se dirigió directamente hacia Bertram, agachándose de la mejor manera que podía empleando las dos muletas que seguía empleando para desplazarse, las cuales al parecer le habían resultado en general de lo más útiles, pues se las había apañado para salir de aquella zona más o menos inaccesible y largarse a saber dónde.

Una vez que hubo terminado de atender al contramaestre el cual estaba en bastante peores condiciones que el propio Kibai, Moja se giró hacia el leopardo, alargándole un rollo de gasa. Entendiendo el mesaje sin mayores aspavientos, el mink desprendió el cierre del abrigo, dejando que la tela cayese por detrás de sus hombros, mientras sus músculos dejaban escapar la tensión del Electro, el cual se evaporó a su alrededor con una última oleada de chispas azules.

Con cuidado de no forzar demasiado la posición de su brazo más afectado, Kibai se deshizo de su camisa, dejando su torso al descubierto, y procedió a vendar con varias vueltas de gasa la herida del hombro, echando un ojo de vez en cuando hacia su compañero por si este le hacía alguna corrección en su hacer.

Por su parte, Bertram, en cuanto hubo recuperado el aliento, no perdió el tiempo y se dirigió directamente a Moja, increpándole por haberse esfumado sin decir nada a nadie. Kibai se calló, ocultando de esa manera que él seguramente habría recibido una regañina parecida, pues tal era su intención cuando se había despertado para ir a buscar algo de comer, pero como ahora parecía que las palabras iban en otra dirección, optó por sumirse en un oportuno mutismo, mientras terminaba de anudarse el vendaje de la gasa y asentía vigorosamente con la cabeza ante las palabras del contramaestre hacia Moja.
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#18
Moja se mantuvo firme sobre sus flecha que utilizaba a modo de muletas. Escuchó a Bertram sin interrumpirlo mientras el arquero le echaba la reprimenda por haberse marchado solo. La mandíbula todavía se le veía bastante hinchada por el golpe, pero aun así hablaba con seriedad.

Moja no apartó la mirada. Sabía que había hecho mal. Seguía con la pierna inmovilizada, apenas podía moverse sin los bastones y su ojo derecho ya no servía para nada. Si se hubiera encontrado con algún enemigo en el bosque, las cosas podrían haberse complicado bastante. Había salido porque llevaba demasiado tiempo sentado en el campamento y también porque pensaba que podía encontrar algo útil en las ruinas. No le pareció necesario avisar. Viéndolo ahora, sí lo era. Cuando Bertram terminó, Moja permaneció unos segundos en silencio. Apretó las garras alrededor de los bastones y levantó un poco la cabeza.

-Tenéis razón. Ha sido un error salir sin avisar. Lo siento.-

No puso ninguna excusa después de decirlo. Se ajustó la gorra, que se le había movido un poco durante el camino, y volvió a mirar al arquero.

-No volverá a pasar.-

Esta vez no dijo nada más. Con algo de dificultad, se acercó hasta el tronco donde solía descansar y se sentó. Guardó sus flechas que hacían de apoyo y estiró la pierna derecha todo lo que pudo. La férula le molestaba y tuvo que recolocarse un par de veces hasta encontrar una postura más cómoda. El claro volvió a quedarse tranquilo.

Se apoyó contra el tronco y cruzó los brazos. Cerró el ojo izquierdo durante unos segundos, intentando descansar un poco. La pierna seguía doliendo. Caminar con ella así no iba a ser fácil durante bastante tiempo. Pero ya había hecho lo que tenía que hacer. Moja permaneció en silencio, dejando que el cansancio hiciera el resto.

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#19
Año 18, Día 69 de Verano

El joven arquero de pelos rojizos está realmente hecho polvo, su cuerpo completamente agotad y apenas le quedan fuerzas para evitar caer inconsciente allí mismo, algo que seguramente hubiera ocurrido en poco tiempo de no ser por la aparición de Moja en el momento justo para tratar sus heridas a pesar de estar él mismo herido. El mink pantera había decidido salir por su cuenta, y tampoco avisó a ninguno de los dos compañeros de sus intenciones, por lo que ni Bertram ni Kibai sabían donde había ido ni si estaba bien, solo sabían que no estaba en el campamento que improvisaron. Una vez el arquero fue curado y tras agradecer el tratamiento, algo que nunca olvidaría hacer pues así fue criado por sus abuelos quienes indicaron que aquellos que dedican parte de su tiempo a curar a los demás merecen todo el respeto del mundo siempre que no hagan nada indebido. Sin embargo, que merezca respeto y agradecimiento como médico no le exime de responder por sus actos, y el marcharse por la isla en su estado, sin avisar y sin saber si había peligros cerca fue merecedor de una serie de preguntas por parte de su superior de división, que en este caso es Bertram. Kibai, quien estuvo entrenando y es responsable del estado del arquero, se mantiene en silencio, puede por respeto a la cadena de mano para no intervenir en la cadena de mando, o bien por algún otro motivo.

Moja escucha en silencio, la mirada fija en el arquero a quien cada palabra que articula le genera dolor, pues esa última patada en la mandíbula aún está presente y el dolor se vuelve pesado, pero igualmente el arquero tiene que tratar el tema inmediatamente, no puede permitir que las cosas se descontrolen. Si bien el contramaestre Moja tomó una mala decisión, por lo menos asume su responsabilidad y se disculpa por ello. El arquero ve con claridad que cuando el mink dice que no volverá a pasar lo dice en serio, pues a pesar de su aspecto distraído en ocasiones, el arquero tiene una percepción bastante aguda, por lo que es capaz de percibir los pequeños detalles que pueden indicar una mentira o que lo que se dice no es totalmente sincero.

Tras eso Moja toma asiento en el tronco en el que estaba antes, buscando una postura en la que se encuentre cómodo mientras el arquero se mueve despacio hacia uno de los laterales para sentarse con la espalda apoyada en una de las rocas, su cuerpo agotado y adolorido gritando internamente por descansar, y mientras se rasca tras la cabeza el joven observa como las flechas aún están funcionales por lo que mira a Moja y dice

-No digo que no puedas salir, entiendo que estar quieto sin hacer nada pueda ser exasperante, pero para la siguiente avísanos y si es necesario alguien te acompaña por precaución. Por cierto Kibai, hazme un favor y recoge todas las flechas que haya por aquí y tráemelas, quiero ver si aún se pueden usar o tengo que renunciar a ellas. Lo haría yo mismo, pero como puedes ver, mi cuerpo apenas y se mantiene en pie.-

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#20
Tras la oportuna bronca de Bertram a Moja por su repentina desaparición, Kibai escuchó como el pelirrjo le mandaba recoger todas las flechas que pudiese encontrar intactas en la zona del campamento, con la intención de comprobar si alguna de ellas era reutilizable.

Caminando con tranquilidad mientras limpiaba su bokken y recogía su camisa para ponersela de nuevo por encima de la venda del torso, el mink rememoró el combate con el contramaestre: había sido duro, sin duda, aunque dudaba que hubiese a verse tan apurado de haber empleado a Raimei y a Arashi desde el principio, aunque sin duda las heridas que habría sufrido su compañero hubiesen sido más graves. Además, el hecho de haber sufrido ralentizado en repetidas ocasiones era algo que le preocupaba, más que le hecho de no haber percibido ls flechas de Bertram, pues conocía de sobra la certera puntería del pelirrojo y su capacidad de disparo rápido.

Además, también estaba otro asunto: la primera vez que Bertram lo había alcanzado, el Electro había aguantado, pero con el segundo impacto lo había abandonado, y había necesitado un tiempo para volver a reunir las fuerzas necesarias pra liberar la corriente de energía de nuevo por su sistema. SIn duda tendría que esforzarse en mejorar el control del mismo en situaciones en las que fuese atacado.

Poco a poco, el mink recorrió todo el terreno del combate, reocogiendo las flechas de Betram, todas y cada una de ellas mojadas en su propia sangre, una marca fidedigna de que, a pesar de haber sido finalmente derrotdo por Kibai, el pelirrojo habá presentado una dura resistencia.

Al agacharse para recoger una de la sflechas que había caído cerca del borde del risco, Kibai miró hacia el agua que rugía más abajo. Se preguntó qué habría pasado de haber lanzado una técncia que hubiese tirado a Bertram al agua? Se habría considerado una victoria de su parte? Sin duda lo que habria sido sería una canallada, eso por descontado. Pero lo cierto es que ahora, pudiendo ser capaz de nadar, era factible que en un caso extremo, emplease aquel recursos a su favor. Lo que no ba a hacer, eso por supuesto, era ignorar una realidd tan obvia, especialmente con tanta gente con poderes extraños a su alrededor.

Tras haber seleccionado todas las flechas intactas, el mink volvió hacia dónde estab Bertram, agachandose para dejarls junto al carcaj.

— He recogido todas las que he podido, están un poco manchadas de sangre, pero mi cuerpo da fe de que estas felchas se clavan. — añadió con una sonrisa mientras se sentaba junto a su petate. — Esperemos que su proximo objetivo caiga antes de poder resistirse tanto.

La Caja de Pandora
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