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Puños de gloria [AVENTURA T2 P.R. PRIV EELEC TRICK]
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En la isla de Kukutssu, había tres maneras de hacerse un nombre: Encontrar un tesoro, sobrevivir a una pelea de taberna o tener la desgracia de cruzarse con alguien que supiera golpear más fuerte que uno mismo. Sin embargo, aquella semana, la isla había decidido simplificar las cosas.
Desde el puerto hasta las calles del mercado, carteles pintados a mano anunciaban el mismo acontecimiento. Habían sido clavados en los postes, pegados en las paredes de las tabernas e incluso colgados de las jaulas donde los comerciantes exhibían animales exóticos. Sobre el papel amarillento, un puño dibujado con tinta negra atravesaba una corona de laureles.
Debajo, en letras desproporcionadamente grandes, se leía:
¡EL GRAN TORNEO DE BOXEO DE KUKUTSSU!
Nada de espadas. Nada de pistolas. Nada de frutas del diablo utilizadas para convertir una pelea deportiva en una ejecución pública. En aquel torneo, al menos según las reglas escritas, solo contaban los puños, la resistencia y la capacidad de permanecer de pie cuando el mundo entero parecía empeñado en tumbarte.
La arena se levantaba en una explanada cercana al puerto. Era una construcción improvisada de madera, barriles y tablones reforzados con hierro, con un cuadrilátero central rodeado de gradas y una plataforma reservada para los jueces. Había puestos de comida, vendedores de apuestas y apostadores que llevaban más vendas en los nudillos que monedas en los bolsillos.
En el centro del recinto, un hombre de bigote retorcido, camisa abierta y pantalones rojos subió a una tarima. Sostenía un micrófono conectado a un caracol parlante que amplificaba su voz con un estruendo digno de anunciar el fin del mundo.
-¡Damas, caballeros, piratas, buscavidas y demás desgraciados que han venido a perder dinero! ¡Sean todos bienvenidos a Kukutssu!-
La multitud respondió con silbidos, gritos y el choque de varias botellas.
-¡Este año no buscamos al hombre más rico, ni al más rápido, ni al que tenga la fruta del diablo más ridícula! ¡Buscamos al mejor boxeador! ¡Al individuo capaz de convertir una mandíbula en un recuerdo y una derrota en una lección!-
El presentador hizo una pausa teatral, mientras dos asistentes retiraron una tela negra que cubría una mesa detrás de él.
Sobre un cojín de terciopelo descansaban un par de guantes de boxeo de cuero oscuro, reforzados con placas metálicas en los nudillos y costuras doradas. A su lado había una medalla de bronce, gruesa y circular, con la figura de dos puños cruzados. En el reverso se distinguían unas palabras grabadas:
EL MEJOR BOXEADOR DE KUKUTSSU.
Pero el tercer objeto era el que más miradas atraía.
Unos puños americanos de acero, envejecidos por el uso, con pequeñas marcas y arañazos que sugerían que habían pasado por más de una pelea real.
-¡El campeón tendrá derecho a elegir su recompensa!- //proclamó el hombre// -¡Los guantes del campeón, forjados para los que entienden que un combate se gana con técnica! ¡O los puños de acero, para aquellos que prefieren dejar que sus enemigos recuerden la derrota durante el resto de sus vidas! ¡Y, por supuesto, la medalla que acreditará al ganador como el mejor boxeador de nuestra isla!-
Un sujeto enorme, sentado en primera fila, levantó su jarra.
-¿Y si el mejor boxeador resulta ser el que les rompa la cara a todos?-
El presentador sonrió.
-¡Entonces tendrá que romperles la cara siguiendo las reglas!-
Las carcajadas se extendieron por las gradas.
-¡Inscripciones abiertas hasta el anochecer! ¡Combates eliminatorios desde mañana! ¡Sin armas, sin trampas y sin lloriquear cuando les falten dientes!- -¡Eso último deberían decírselo al organizador!- //gritó alguien desde el fondo.
El presentador fingió no haber oído nada//.
En ese momento, una voz grave se escuchó desde la entrada de la arena.
-¿Guantes o puños americanos? Qué elección tan curiosa, no cree?-
El presentador de igual manera guardó silencio aunque era claro que algo raro llevaba entre manos, mientras esbozaba una sonrisa completamente abierta y reflejaba una mirada entusiasta que dirigía hacia el público.
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Paranoias de Vesper
Narrador
CONTINUARÁ...
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13-10-2026, 09:14 AM
Desde la llegada a aquella isla, Eele no había dejado de deambular de un lado para otro. Parecía ansioso, y tal vez lo estaba. Puede ser que aquella constante niebla que cubría la isla le recordase a los bares donde concretaba sus combates clandestinos en Samba y quizá por ese motivo estuviese siempre deseoso de encontrar un nuevo rival con quién batirse. Bien es cierto que tenía un duelo pendiente con el nuevo gigantón de su grupo. Hanma dudó sobre la dureza de sus puños, y él estaba dispuesto a demostrarle de que eran capaces. Sin embargo, habían decidido aplazar aquel combate hasta que el rumbo de su nueva tripulación estuviera marcado.
Aquel día, como tantos otros, había salido a pasear por la cuidad. La gente normal utiliza los paseos como medio para dejar a un lado el estrés. Para Eele, se trataban de algo totalmente distinto. El gyojin se movía por las calles con pasos torpes que retumbaban contra la piedra. Si entablaba conversación con alguien, lo hacía de manera ruidosa y siempre descortés. Cualquiera que se detuviese a analizar su comportamiento lo más mínimo podría darse cuenta de que lo único que buscaba el navegante era alguien con quien tener una disputa. No solo porque disfrutase de la violencia, sino también porque sabía que el único medio para llegar a ser libre era siendo el más fuerte. Y para eso, debía enfrentarse a los más poderosos también. Fue cuando sus pasos lo llevaron hasta el puerto que se topó de bruces con un hombre que parecía fornido. Si bien su estatura no llegaría a los dos metros, algo que lo dejaba muy por debajo de la mirada del gyojin, sus espaldas eran anchas y sus brazos musculosos. Eele se dirigió hacia él con paso firme, golpeando con el pie el suelo a cada zancada. —¡Eh tú, imbécil! Pareces fuerte. Veamos cuanto me aguantas-ring. El hombre al escuchar la voz de Eele y ver cómo se dirigía hacía él decidió esconderse tras un poste de madera. No era el mejor escondite dado su tamaño, pues por un lado asomaba su cabeza y por el otro una tercera parte de su cuerpo. El gyojin aceleró el paso. —Vamos, no seas un cobarde más. Lucha conmigo. Prometo no ser demasiado duro —la mirada del gyojin se dirigió al poste de madera—. Jabjabjabjab veo que hoy estoy de suerte. Eele golpeó con fuerza la madera y entonces comenzó a andar en otra dirección, dejando al hombre atemorizado tras el poste con las manos sobre su cabeza. Llegó fingiendo que saltaba a la comba hasta la ubicación que indicaba aquel cartel. Una amplia sonrisa recorría la cara del gyojin, dejando a la vista la ristra de dientes afilados. Allí, se introdujo entre la multitud a base de chocar con los presentes. —Ese soy yo-ring —masculló entre dientes cuando el presentador indicó qué era lo que buscaban. Dejó que el presentador continuase hablando antes de intervenir. No porque no estuviese ansioso por anotarse para el concurso, sino porque prefería dejar que alguno de los presentes fanfarroneara antes de hacerlo. Siempre disfrutaba más de derrotar a los que tenían la boca más grande. Aunque nunca se paraba a pensar que él mismo se encontraba también en ese grupo. —¡Eh, bastardo! Apunta mi nombre-ring. Eele Trick. ¿Verdad que soy el mejor? Y apunta también que quién tenga el valor suficiente de enfrentarse a mi, también tendrá en frete a estos jabjabjabjab—levantó ambos brazos marcando los bíceps. Estaba contento de verdad. Un concurso de boxeo. Era algo perfecto para él. Algo ideal para un gyojin que había crecido dándose de puñetazos con otros.
Rincón de Eele
13-10-2026, 04:17 PM
El presentador no tuvo más remedio que apartarse ligeramente cuando Eele levantó los brazos, como si aquella demostración de músculos pudiera contagiarle la emoción. Algunos de los asistentes soltaron una carcajada ante la fanfarronería del gyojin, mientras que otros, menos impresionados, se limitaron a observarlo con una mezcla de curiosidad y cautela.
No todos los días aparecía un tipo de semejante tamaño dispuesto a repartir golpes antes siquiera de conocer a sus contrincantes.
-¡El Rick! ¡Un aplauso para nuestro nuevo participante!- //anunció el hombre, garabateando de forma mal escrita el nombre en una tablilla// -¡Espero que esos brazos sean tan buenos para golpear como para presumir!-
Un par de risas se extendieron entre la multitud. El presentador, sin embargo, no tardó en recuperar su tono ceremonioso y señaló el improvisado cuadrilátero, delimitado por cuatro postes de madera y varias cuerdas que habían conocido días mejores.
-¡Muy bien, escuchen todos! Las inscripciones están a punto de cerrarse y todavía tenemos espacio para algún valiente más. Recuerden que aquí no se permiten armas, trampas ni golpes cuando el juez haya detenido el combate. ¡Queremos boxeo, señores, no una carnicería!-
Desde algún lugar del público, una voz respondió:
-¡Entonces contrata cocineros!-
El presentador decidió no mencionar nada al respecto para dejar que el público siguiera riendo y regodeandose, mientras de igual manera algunos de los peleadores estaban calentando eran tipo musculosos y llenos de musculos y cricatrices por todo el cuerpo aunque es de admitir que no todos habían acudido por el honor deportivo.
Junto a una de las carpas, dos individuos vestidos con abrigos oscuros conversaban en voz baja mientras revisaban una libreta repleta de nombres y cifras. Uno señaló hacia los participantes y el otro respondió con un movimiento de cabeza. Poco después, ambos desaparecieron detrás de una construcción de madera, llevándose consigo una pequeña bolsa cuyo contenido tintineó al chocar contra una de las piernas.
El presentador no pareció percatarse de aquello. O, al menos, tuvo la cortesía de fingir que no lo había visto.
Una campana resonó sobre las cabezas de los asistentes.
-¡Participantes, acérquense! ¡Vamos a organizar los primeros combates!-
El ayudante encargado de las inscripciones comenzó a sacar nombres de una caja, aunque antes de anunciar el primer enfrentamiento recibió una breve indicación del hombre del traje oscuro. El muchacho vaciló un instante, miró la tablilla donde había apuntado a Eele y después volvió a revolver los papeles.
-¡Un momento, señores! Parece que tenemos que hacer un pequeño ajuste en el orden de los combates...-
El murmullo de la multitud creció de inmediato.
A unos pasos del cuadrilátero, el hombre de nariz torcida y mandibula de hierro terminó de ajustar sus vendas y levantó la mirada hacia los recién inscritos, dibujando una sonrisa que dejaba ver varios dientes ausentes.
-Espero que me toque alguno que sepa pegar- //masculló, lo bastante alto como para que quienes estaban cerca pudieran escucharlo// -Ya me aburrí de romper borrachos en las tabernas-
El presentador carraspeó, levantó la tablilla y se preparó para anunciar los concursantes, carraspeó para recuperar la atención de los asistentes y alzó la voz por encima del murmullo de la multitud.
-¡Muy bien, Kukutssu! ¡Ha llegado el momento de conocer a los valientes, los temerarios y los suficientemente estúpidos como para dejarse los dientes en nuestro cuadrilátero!-
Los espectadores respondieron con silbidos y carcajadas. El hombre sonrió, encantado con su propia presentación, y señaló hacia los ocho participantes reunidos alrededor del ring.
-¡Este torneo será sencillo! ¡Ocho contendientes, cuatro combates iniciales, dos semifinales y una gran final! ¡Nada de esconderse detrás de los jueces, nada de llorar cuando les rompan la nariz y, por favor, intenten caer dentro del cuadrilátero! ¡El público ha pagado por verlos pelear, no por buscarlos debajo de las gradas!-
Un ayudante le susurró algo al oído. El presentador asintió y volvió a consultar su tablilla.
-¡Y ahora, conozcamos a nuestros campeones! Tenemos al temible Brutus, Mandíbula de Hierro, cuyo gancho derecho ha enviado a dormir a más hombres que una botella de ron adulterado. ¡Al veloz Silas, el Fantasma, capaz de esquivar un golpe antes de que su contrincante termine de pensarlo! ¡Al infame Rocco, el Carnicero, un viejo conocido de las peleas clandestinas que, según dicen, considera el reglamento una sugerencia! ¡Y al colosal Goro, el Yunque, un hombre que parece haber sido construido con los restos de un barco de guerra!-
El público aplaudió y algunos de los boxeadores levantaron los puños. Rocco, en cambio, se limitó a escupir a un lado y sonreír mostrando sus dientes incompletos.
-¡Pero eso no es todo!- //Continuó el presentador, agitando la tablilla//. También contamos con Donny, el Caballero, elegante, preciso y más presumido que un noble frente a un espejo Vito, la Serpiente, un especialista en golpes traicioneros y movimientos que harán que se pregunten dónde demonios tienen la mandíbula Maddox, el Martillo, un auténtico peso pesado que prefiere resolver las discusiones con los puños; ¡y, por supuesto, nuestro recién inscrito El Rick!-
El presentador señaló al gyojin entre la multitud.
-¡Un contendiente de brazos formidables y una confianza que, por sí sola, podría llenar este recinto! ¡Esperemos que también tenga resistencia, porque aquí nadie ha venido a repartir abrazos!-
Las carcajadas volvieron a extenderse entre los asistentes.
El hombre bajó la mirada hacia su tablilla. Por un instante, su sonrisa se desdibujó mientras intercambiaba una mirada con el individuo del traje oscuro que permanecía junto a la carpa. Después, como si nada hubiera ocurrido, alzó nuevamente la voz.
-¡Vamos con los emparejamientos de la primera ronda!-
Deslizó un dedo por la lista.
-¡Primer combate: Silas, el Fantasma, contra Goro, el Yunque! ¡La velocidad contra la fuerza bruta! ¡Veamos qué ocurre cuando un objeto inamovible intenta golpear a una sombra!-
El público vitoreó.
-¡Segundo combate: Rocco, el Carnicero, contra Donny, el Caballero! ¡La elegancia contra la mala educación! ¡Aunque, conociendo a Rocco, apostaría a que la elegancia será lo primero que salga volando!-
Rocco soltó una carcajada y golpeó sus puños vendados entre sí.
-¡Tercer combate: Vito, la Serpiente, contra Maddox, el Martillo! ¡Agilidad contra demolición! ¡Y recuerden, señores, que si escuchan un crujido, esperamos que sea de las tablas del cuadrilátero!-
El presentador hizo una pausa dramática. El ayudante a su lado parecía bastante menos entusiasmado que él.
-¡Y para cerrar la primera ronda... El Rick contra Brutus, Mandíbula de Hierro!-
Por un instante, el murmullo de los espectadores pareció crecer de golpe. Brutus avanzó un paso, flexionó los dedos y dejó escapar una sonrisa desagradable. Sus ojos recorrieron al gyojin de arriba abajo, deteniéndose en sus brazos.
-Vaya, vaya- //murmuró Mandibula de hierro//. Parece que hoy sí me han traído algo que merece la pena golpear.
Paranoias de Vesper
CONTINUARÁ...
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14-10-2026, 03:23 PM
Eele se mantuvo presumiendo hasta que el presentador hizo aquel comentario. En ese momento, bajó la mirada hacia él y mostró los dientes y luego buscó entre el público a los que habían dejado escapar aquellas risitas. Malditos cretinos... Cuando gane este concurso pienso golpearlos a todos. A cada uno de los que estén entre el público, pensó. Sin embargo, solo se limitó a apretar su mano en un puño. No quería dejarse llevar y que eso le quitara la posibilidad de batirse contra luchadores de verdad. Siguió atento a las explicaciones del presentador, pero cualquiera que hubiese estado cerca, podría haber escuchado el rechinar de sus dientes.
El gyojin se acercó tal y como había indicado el presentador, ansioso de saber quién sería su rival en aquel evento. No se inmutó al ver la jugada del asistente con el hombre del traje, pues en los combates clandestinos en los que solía participar era habitual que unos u otros intentasen amañar algo. Eso no iba con él. Le daba igual qué le ofreciesen, nunca pensaba dejarse ganar. También le importaba poco si se concretaba combates distintos a los que el azar había designado, él estaba seguro de que tumbaría a cualquier oponente, fuese quién fuese. Lo que no pudo pasar por alto fueron las palabras de aquel hombre, ese cuyo rostro gritaba haber recibido un sinfín de golpes, pero cuya seguridad afirmaba haber dado unos cuantos más. El gyojin chocó sus puños entre sí e hizo crujir sus nudillos a la vez que miraba de soslayo en dirección a aquel hombre. No pudo evitar que se dibujase una sonrisa de medio lado en su cara. El presentador dio unas últimas indicaciones y anunció a los participantes. Cada uno de ellos tenía un sobrenombre como los que estaba acostumbrado a escuchar en los combates clandestinos de Samba. El carnicero, el fantasma, el martillo... Todo nombres pensados para amedrentar al enemigo. Eele siempre se había negado a que lo presentasen junto a ningún epíteto, por mucho que su maestro le insistiese. Él siempre había pensado que sus rivales debían tenerle por sus puños, no por su nombre. También identificó al luchador que estaba tan ansioso de un buen combate como él. Mandíbula de hierro. Debió recibir un gran golpe para acabar así-ring. —Soy Eele Trick, bastardos. El gran Eele Trick —dijo entre las carcajadas de la multitud, acabando la frase con un gruñido. Por fin, el presentador comenzó a anunciar los emparejamientos. A cada nombre que iban dando, Eele tensaba su cuerpo y amagaba a dar un paso al frente. Las ganas por saber cuál sería su rival eran tantas que apenas podía mantenerse en su lugar. Sin embargo, el anuncio de su combate se hizo esperar. Ya habían sido emparejados todos los luchadores excepto dos. Una sonrisa dejó asomar los afilados dientes del gyojin, que miró hacia su contrincante, antes incluso de que el presentador dijese en voz alta de quién se trataba. —¡Eh, cabrón! Los únicos golpes que va a haber son los de tu frente contra mis puños-ring. Cuando acabe contigo te van a tener que llamar Brutus cráneo de hierro. Jabjabjabjab Eele comenzó a saltar a una comba imaginaria mientras no paraba de reír. Al fin parecía que iba a poder medirse con un rival decente.
Rincón de Eele
14-10-2026, 06:00 PM
(Última modificación: 14-10-2026, 06:01 PM por Vesper Nero.)
La música de torneo de box reproducida en los denden mushi repicaba en toda la arena improvisada en lo que ya para estas alturas de la tarde se entendía como un torneo raro...
[video=youtube][/video] Los primeros combates no habían transcurrido precisamente como el público esperaba, ya que primeramente Silas, el Fantasma, se había llevado la victoria frente a Goro, el Yunque, después de una pelea en la que el árbitro interrumpió la acción en más de una ocasión, siempre en los momentos menos oportunos. Después Rocco, el Carnicero, había conseguido imponerse a Donny, el Caballero, pese a que este último protestó hasta quedarse sin voz por una supuesta infracción que nadie entre los espectadores parecía haber visto ya que pareciera que el propio Rocco llevaba algo debajo de los guantes, pero nadie revisó. En el tercer enfrentamiento, Vito, la Serpiente, había derrotado a Maddox, el Martillo, después de que los jueces decidieran detener el combate por una falta que el propio afectado juraba no haber cometido. Las discusiones no tardaron en extenderse entre las gradas improvisadas. Algunos espectadores exigían explicaciones; otros, más interesados en sus apuestas, reclamaban que se les devolviera el dinero. El presentador, sin embargo, había conseguido sortear cada protesta con una colección de excusas tan poco convincentes que comenzaban a resultar sospechosas incluso para los más distraídos.
-¡Señoras y señores, no se me impacienten! ¡Los jueces saben lo que hacen!- //proclamó, limpiándose el sudor de la frente// -¡Y si alguien tiene alguna queja, puede presentarla por escrito cuando terminemos! ¡Si sabe escribir, claro!-
Las carcajadas de algunos asistentes se mezclaron con los abucheos de otros. Detrás de la carpa, el hombre del traje oscuro conversó brevemente con uno de los árbitros y le entregó algo que desapareció de inmediato en el bolsillo de su chaqueta.
La campana volvió a sonar.
-¡Ha llegado el momento del cuarto y último combate de esta primera ronda!- //anunció el presentador, recuperando el entusiasmo//. -¡Por una esquina, el hombre que no conoce el significado de la palabra retroceder! ¡El terror de los callejones, el azote de los borrachos y el orgulloso propietario de una mandíbula que parece construida con restos de un ancla! ¡Brutus, Mandíbula de Hierro-
El boxeador avanzó hacia el cuadrilátero con pasos pesados. Se quitó la chaqueta, la arrojó a uno de sus ayudantes y flexionó los hombros. Bajo la luz de los faroles, sus músculos parecían tallados en piedra, aunque las numerosas cicatrices que le recorrían los brazos dejaban claro que no había llegado hasta allí sin recibir su buena dosis de golpes. Brutus subió al ring y se volvió hacia el público, levantando ambos puños.
Algunos espectadores lo vitorearon con entusiasmo, mientras otros silbaron al recordar las irregularidades de los combates anteriores.
-¡Y en la esquina contraria!- //continuó el presentador//.
-¡Un contendiente que no necesita presentación, aunque parece estar dispuesto a hacerla él mismo cada cinco minutos! ¡El gyojin de los puños inquietos, el terror de los que se ríen demasiado fuerte y el hombre que asegura ser el mejor antes siquiera de empezar! ¡Eeeeeelllllll Rickkkkk!-
Las risas no se hicieron esperar. El presentador parecía disfrutar especialmente de aquella rivalidad improvisada, consciente de que el público agradecía cualquier excusa para olvidar las dudas sobre la organización.
Brutus se acomodó en su esquina mientras el árbitro llamaba a ambos contendientes al centro. El juez les recordó las reglas con una rapidez sospechosa, prestando especial atención a las advertencias sobre los golpes bajos y los ataques después de la campana. Después levantó una mano y retrocedió.
-¡Quiero una pelea limpia! ¡Nada de trampas, nada de golpes cuando el rival esté en el suelo y nada de discusiones con el árbitro!-
Brutus hizo crujir el cuello y dirigió una mirada al gyojin, su sonrisa era desagradable, pero no había en ella la ligereza burlona del presentador. Parecía un hombre que disfrutaba de verdad cuando llegaba el momento de golpear.
-Así que tú eres el bocazas que cree que puede tumbarme...- //dijo, escupiendo a un lado//. -He visto peces más grandes que tú terminar convertidos en comida, espero que al menos sepas aguantar un puñetazo.-
No esperó respuesta del gyojin, por lo que levantó el brazo y pese al grito del arbitro le propinó un golpe directo en el rostro a Eelec Trick sin aviso previo, el cual lo mandó contra su esquina, mientras se escuhaba el grito del referiee.
-¡Les he cicho que a sus puestos señores!-
La multitud comenzó a corear los nombres de los contendientes, aunque desde un extremo del recinto, el hombre del traje oscuro observaba sin pestañear, con una mano apoyada sobre la libreta donde había anotado los resultados anteriores.
-Que comience el combate...-
La campana resonó.
Brutus no salió disparado inmediatamente, después de aquel primer golpe primero avanzó un par de pasos, midiendo la distancia y manteniendo los puños elevados frente al rostro. Su mirada recorrió la anatomía del gyojin, deteniéndose brevemente en sus hombros y su torso, después giró el cuerpo, apoyó el peso sobre la pierna trasera y tensó el brazo derecho.
-Vamos a ver si esos dientes son tan duros como tu lengua, pescadito-.
Con un movimiento explosivo, Brutus se lanzó hacia delante y descargó un potente gancho de derecha, dirigido al costado de Eele. El golpe cortó el aire con un silbido mientras el boxeador adelantaba el hombro y hundía el peso de su cuerpo en el movimiento hacia Eelec Trick, quien parecia un tanto sorprendido por la fuerza del grandote.
Las primeras filas se inclinaron hacia el cuadrilátero con asombro esperando ver la respuesta del giojyn.
Paranoias de Vesper
Narrador
Resumen
Bélico
Brutus
CONTINUARÁ...
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15-10-2026, 12:35 PM
El evento dio comienzo y Eele se sentó junto al ring con la cabeza apoyada en sus puños, los codos en las rodillas. Sus piernas, abiertas de par en par, obligaron a los dos hombres que había a sus lados a abandonar sus butacas. O tal vez sería la desagradable apariencia del gyojin. Como fuera, antes de acabar aplastados, por sus malas formas o por su mal genio, prefirieron marcharse a otro lugar desde el cual poder gritar hacia el ring.
Los combates se fueron dando uno tras otro con distintas peculiaridades. La primera de ellas le pareció un combate por turnos a Eele, pues con tanta interrupción del árbitro no había dejado fluir. Al gyojin aquello le molestaba sobremedida, pues el prefería que la intrusión de los jueces fuese la mínima. Si hace eso mismo en mi combate tal vez tenga que golpearlo a él también. Los otros combates no fueron mucho mejor a ojos del navegante. El segundo combate acabó con uno de los participantes entre incansables protestas. Detesto a ese tipo de cabrones-ring. Si no sabes perder, dedícate a otra cosa. Después no fue distinto. Sin embargo, en esa ocasión, Eele sonrió de lado a lado. Ah ya veo. Parece que esto puede acabar teniendo que golpear también a un par de árbitros. Bueno, cuantos más puñetazos, mejor. Tan pronto como los árbitros detuvieron el anterior combate, se levantó de un salto. Había llegado su momento. Se acercó al ring saltando en su comba imaginaria mientras el público abucheaba con fuerza las palabras del presentador. Una vez que se despejó el cuadrilátero, Eele subió a su rincón y se apoyó sobre las cuerdas, dejando un brazo a cada lado del poste. Sus ojos permanecían clavados en su rival mientras no podía esconder los dientes debido a su amplia sonrisa. Parecía que el público amaba y odiaba por igual a aquel hombre con la mandíbula de metal. Eso era algo que al gyojin le resultaba indiferente. Por su experiencia en Samba, disfrutaba tanto derrotado a villanos como tumbando a los héroes de la grada. Tal vez un poco más con esta segunda opción. Al escuchar su nombre, o el que le habían otorgado, se levantó y mostró su bíceps hacia la grada. Acudió al llamado del presentador. Se mantuvo asintiendo a todo lo que dijo, mientras no paraba de sonreír y mirar a su contrincante. —Veremos a ver cuantos eres capaz de... El golpe de Brutus cortó sus palabras antes de poder acabar la frase. Se vio empujado hacia su esquina otra vez, pudiendo comprobar así la enorme fuerza de la que disponía aquel hombre. Eele le mostró los dientes a Brutus a la vez que golpeaba sus puños entre sí. En cuanto el árbitro dio la señal, avanzó hacia su enemigo con la guardia baja. Su enemigo se acercaba con los puños en alto. Ambos luchadores se estaban estudiando cuando Brutus soltó de nuevo un nuevo ataque. Este impactó de lleno contra Eele, que no pudo reaccionar a tiempo. Los golpes de Mandíbula de Hierro eran potentes, puede que incluso más que los suyos, pero eso no iba a detener al luchador. Eele se repuso del golpe y se lanzó al ataque. Avanzó veloz el paso que les separaba para tener a tiro el cuerpo del hombre. En un movimiento veloz, dirigió su puño izquierdo contra el costado de su enemigo. Era mucho más rápido que su enemigo, eso podía verlo a simple vista, por lo que sabía que su agilidad iba a tener un gran peso en este combate. Tan pronto como su primer golpe impactó, lanzó uno nuevo contra la boca del estómago de Brutus, esta vez con la otra mano. Eele no tenía una preferencia clara sobre con cuál de las manos debía golpear a los rivales. Su técnica no era una técnica depurada, de las que se aprenden en un gimnasio. Lo suyo era más un estilo propio que se basaba en adaptarse a las circunstancias. Si alguien forado en boxeo lo viese pelear, diría que era algo parecido a un switch-hitter, aunque él alternaba entre posturas poco ortodoxas. Una vez que hubo impactado ambos golpes saltó tres metros hacia atrás para ganar distancia de nuevo. —¿Qué pasa, bocachapa-ring? ¿No te parecen increíbles los golpes del gran Eele Trick? Jabjabjabjab Ahora Eele permanecía con la guardia en alto. Su cara oculta tras sus puños, sus codos bien pegados al cuerpo. Su mente, lista para el combate.
Rincón de Eele
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
2792
-
210
=
2582
Energia:
2591
+
0
=
2591
Espiritu:
489
+
0
=
489
16-10-2026, 04:48 AM
Brutus retrocedió medio paso después de recibir los golpes de Eele, el primero le había sacudido el costado y el segundo le había arrancado el aire durante un instante. Esto no era suficiente para derribarlo, pero sí para recordarle que aquel gyojin no era otro borracho al que pudiera despachar con un par de puñetazos.
-¡Maldito pescado!- //gruñó, recuperando la postura//.
Eele había demostrado tener velocidad y, sobre todo, la costumbre de atacar desde posiciones poco convencionales. Brutus no podía confiarse, por lo que se acomodó la guardia, protegiendo mejor el abdomen, y comenzó a desplazarse por el cuadrilátero de forma lateral a la izquierda tres metros apenas para acercar la distancia aunque sus pasos eran pesados, pero trataba de mantener al gyojin frente a él para evitar que volviera a entrar y salir de su alcance con tanta facilidad y privilegiar su derecha de poder.
Desde las gradas llegaron nuevos abucheos y apuestas improvisadas. Incluso algunos espectadores celebraban la actuación de Eele; otros exigían que Brutus terminara de una vez con aquello, sin embargo mientra tanto el presentador, encantado de que por fin hubiera una pelea capaz de distraer al público de las sospechas sobre los combates anteriores, se acercó al micrófono.
-¡Parece que Mandíbula de Hierro ha encontrado algo más duro que una botella de ron! ¡Y no me refiero a su propia cara!-
Las carcajadas se mezclaron con los gritos. Brutus no pareció encontrarle la gracia //Escupió a un lado mientras la mandíbula reforzada se tensaba bajo la piel marcada por las cicatrices//.
-Sigue haciendo chistes, bocazas... Ya veremos quién se ríe al final-.
El árbitro les pidió que mantuvieran la pelea limpia, aunque su advertencia sonó bastante menos enérgica que las que había dedicado a los participantes anteriores.
Brutus realizó un amago de izquierda apenas como preludio, sin embargo giró la cadera y descargó el puño derecho directamente contra las costillas de Eele. El impacto resonó sobre el cuadrilátero, arrancando una exclamación de las primeras filas, sin guantes que amortiguaran el golpe, la fuerza del grandullón se transmitió de lleno al cuerpo del gyojin.
Brutus retiró el brazo y recuperó la guardia, resoplando con una sonrisa torcida.
-¿Qué pasa, pescadito? ¿Ya no tienes tantos chistes?-
Aunque había conseguido conectar un golpe limpio, el boxeador no intentó encadenar otro, solo se limitó a mantener la presión, con los puños en alto de la guardia y el cuerpo preparado para el siguiente intercambio. Desde las gradas, el público rugía, dividido entre quienes celebraban la ofensiva de Mandíbula de Hierro y quienes esperaban que Eele le devolviera el golpe.
Brutus avanzó un paso, decidido a no permitir que su rival volviera a controlar la distancia con tanta facilidad. La pelea seguía abierta, y el grandullón parecía dispuesto a convertirla en una prueba de resistencia.
El grandulón sabía que no podía competir con la velocidad de Eele en desplazamientos prolongados, así que necesitaba acortar la distancia y convertir el combate en un intercambio cercano, donde la potencia de sus brazos pudiera marcar la diferencia, por lo que soltó un segundo impacto esta vez el puño avanzó de nuevo hacia el costado del gyojin. Brutus acompañó el movimiento con un paso al frente, intentando reducir el espacio disponible para esquivar, sin embargo no tenía la certeza de que fuera a conectar, pero al menos había empezado a atacar a ciegas.
Si Eele lograba apartarse, el grandullón tendría que corregir su postura y expondría momentáneamente el flanco. Si, por el contrario, el golpe encontraba su objetivo, podría castigar el cuerpo del gyojin y dificultarle los siguientes intercambios. En cualquier caso, Brutus estaba empezando a comprender que no bastaba con lanzar el puño más fuerte.
Brutus apretó los dientes y avanzó un poco más, para ser precisos un metro más cerca del gyojin, intentando no darle al gyojin el espacio que necesitaba para maniobrar. Su mandíbula metálica podía soportar mucho castigo, pero no iba a ganar el combate limitándose a recibir golpes. Necesitaba conectar los suyos.
-¡Vamos, Eele Trick! ¡Tanto presumir y ahora te toca responder!-
Mientras tanto, el hombre del traje oscuro hizo otra anotación en su libreta, mientras que su acompañante se inclinó para decirle algo al oído, señalando brevemente a Eele... El hombre respondió con un gesto seco y volvió a mirar el ring.
Aquella conversación no pasó inadvertida para un par de espectadores cercanos, aunque ninguno parecía dispuesto a distraerse de la pelea para investigar.
Paranoias de Vesper
CONTINUARÁ...
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16-10-2026, 09:45 AM
Tras su ofensiva, el gyojin se mostraba aún más arrogante. No había causado grandes daños a su rival, pero sabía que podía golpearlo. Por grande o fuerte que aparentase ser, Eele era más rápido, y eso le hacía saberse con posibilidades. Aún así, los golpes de su rival eran mucho más fuertes que los suyos propios. Por ese mismo motivo, no debía bajar la guardia. Si su arrogancia no le iba a hacer confiarse, tampoco lo harían los vítores de algunos de los presentes. La grada se había dividido entre aquellos que lo animaban y los que gritaban a Brutus para que acabase con él. Nada nuevo para Eele, pues ese era el ambiente al que estaba acostumbrado en los combates clandestinos de Samba. O incluso uno más hostil, pues aquí aún no había escuchado a nadie pidiendo que le destrozasen el cráneo ni que le sacasen las tripas. En esta isla parece que hay gente más civilizada, jabjabjabjab.
La respuesta de Brutus no se hizo esperar. Primero, una respuesta física. Se aproximó en una finta al gyojin, el cuál pese a no poder ver a su enemigo, no bajó la guardia en ningún momento. El movimiento del hombre de mandíbula metálica no fue demasiado rápido, pero si lo suficiente como para que Eele no pudiera reaccionar. El puño del grandullón impactó de lleno contra el brazo del gyojin que permanecía resguardando sus costillas. El sonido del impacto fue potente, tanto que los espectadores de las primeras filas se sorprendieron. Eele chasqueó la lengua ante los comentarios del hombre y se apartó un paso. Brutus continuó hostigando a Eele. Recortó la distancia entre ellos y lanzó un nuevo golpe. Sin embargo, el paso que había lanzado el gyojin previamente le permitió tener una distancia suficiente como para que el golpe no le impactase. Sintió el aire que desplazó el puñetazo de su rival. Maldito ñu. Si me da con eso, me parte un hueso-ring, pensó al haberse librado del golpe. Sin embargo, volvió a sonreír. Su enemigo había lanzado un golpe potente, pero también se había descuidado. El costado del hombre había quedado desprotegido con aquel movimiento, algo que no iba a desaprovechar Eele. Se agachó hacia ese costado. Cargó su puño hacia atrás. Lanzó el golpe. Su puño impactó con fuerza contra las costillas de aquel grandullón. Sabía que era una zona sensible. Sin embargo, ya había visto que sus golpes no eran suficiente para hacer tambalear a aquella mole. Tenía que buscar otra alternativa. —Atiende, bruto-ring, o te perderás la respuesta del gran Eele. Su rival tenía razón. Era su momento. Tenía que responder y tenía que estar a la altura. Sin embargo, no parecía que un simple intercambio de puñetazos fuese a terminar con aquello pronto. Es hora de que este bastardo conozca el estilo de Samba. Sabía lo que tenía que hacer. Lo había visto muchas veces en la jaula de la trastienda del bar. Tipos grandes y fuertes que acababan siendo derrotados. Era hora de usar la cabeza. Eele flexionó sus piernas. Tensó todos sus músculos y saltó. Esta vez no pretendía alejarse de su rival, sino todo lo contrario. El rumbo de su salto era hacia su enemigo, no lejos de él. Pegó sus brazos a los costados de su cuerpo. Apretó los dientes y pensó en su entrenamiento en la isla de Kárate. Seguro que Matcha estaría orgullosa de mi, jabjabjab. La cabeza del gyojin impactó contra la de su enemigo, justo en la frente. Tan pronto como los pies del gyojin volvieron a tocar el suelo, saltó haia atrás, hasta llegar a posar su espalda en las cuerdas. —¿Qué pasa, bruto? No me digas que te has levantado hoy con un buen dolor de cabeza, jabjabjabjab. Eele estaba disfrutando. Pero sabía que el combate debía acabar pronto. Iba a darlo todo.
Rincón de Eele
Cambios en estadísticas
Vitalidad:
2582
-
210
=
2372
Energia:
2591
-
110
=
2481
Espiritu:
489
+
0
=
489
Ayer, 06:44 AM
El cabezazo de Eele encontró la frente de Brutus con un golpe seco que hizo vibrar las cuerdas cercanas el grandullón trastabilló hacia atrás y se llevó una mano a la cabeza, más sorprendido que dispuesto a reconocer el daño mientras un hilo de sangre corria por su cabeza. Durante un instante, su expresión de suficiencia desapareció su mandíbula metálica seguía intacta, pero aquella pieza de acero no le servía de mucho para protegerse de un golpe recibido en plena frente.
-¡Maldito...!- //masculló, intentando recuperar el equilibrio//.
Las gradas estallaron en una mezcla de carcajadas, abucheos y vítores. El presentador abrió tanto los ojos que estuvo a punto de dejar caer el micrófono. -¡Señoras y señores, eso no estaba en el reglamento! ¡Aunque, técnicamente, tampoco recuerdo que lo prohibiera!...- El árbitro corrió hacia ambos contendientes, pero, en lugar de limitarse a comprobar el estado de Brutus, señaló a Eele con una indignación repentina. -¡Eso ha sido antirreglamentario! ¡Una advertencia más y quedarás descalificado!-
Algunos espectadores protestaron inmediatamente. Brutus había golpeado primero antes de que sonara la campana, y nadie había mostrado demasiada preocupación entonces, la acusación resultaba tan descarada que hasta los apostadores más distraídos comenzaron a silbar. -¡¿Y el puñetazo antes de empezar qué?!- //gritó alguien desde las gradas//. -¡Ese no cuenta!- //respondió el árbitro, sin demasiada convicción//. La excusa provocó una nueva oleada de abucheos.
El estruendo de las protestas comenzó a opacar los gritos del público que, hasta hacía unos instantes, disfrutaba del combate. Los papeles desperdigados por el suelo habían dejado al descubierto algo más que simples apuestas: nombres, cantidades y anotaciones que coincidían sospechosamente con los resultados de las peleas anteriores.
-¡Devuelvan nuestro dinero!- //gritó alguien entre la multitud//
La acusación se extendió como pólvora, varios espectadores abandonaron sus asientos y se acercaron a la mesa de los organizadores, mientras otros exigían explicaciones al hombre del traje oscuro. Sus dos acompañantes intentaron contenerlos, pero la situación amenazaba con salirse de control.
-¡Recojan esos papeles, idiotas!- //ordenó el hombre del traje, perdiendo por fin la compostura//.
El árbitro, que hasta entonces había encontrado toda clase de excusas para hacer oidos sordos, parecía no saber a quién obedecer...Miraba alternativamente al hombre del traje y al cuadrilátero, consciente de que cualquier decisión podía terminar de encender los ánimos.
Brutus, por su parte, sacudió la cabeza para despejarse después del cabezazo, se pasó una mano por la frente y clavó sus ojos en Eele, con la mandíbula metálica apretada y los puños preparados... -No creas que esto ha terminado, pez- //gruñó, aunque su atención también se desviaba hacia el alboroto//.
¡BANG!
Un sonido de un disparo sordo rompió el ambiente, el cuerpo de Brutus cayó por tierra recibiendo el disparo de forma directa por parte del hombre de traje, el anunciador en estado de shock intentó recuperar el control con una sonrisa nerviosa, pero el micrófono apenas consiguió amplificar sus palabras entre los abucheos. Cerca de las escaleras del cuadrilátero, uno de los matones seguía bloqueando parcialmente el paso, mientras el otro corría hacia la mesa para ayudar a ocultar las pruebas.
El caos había desbaratado el espectáculo, el árbitro estaba impactado y el hombre del traje parecía demasiado ocupado intentando salvar su negocio como para vigilar cada movimiento de Eelec Trick, la pelea aún no había terminado oficialmente, pero el torneo entero se había desmoronado a su alrededor, y por primera vez, Eele tenía ante sí algo más que un rival al que derrotar: una oportunidad para cambiar el rumbo de aquella noche... Sin embargo, todavía estaba por verse.
Paranoias de Vesper
CONTINUARÁ...
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Hace 5 horas
El golpe de Eele había hecho efecto en Brutus, quién se había visto desestabilizado por el cabezazo. Era de esperar, el golpe había sido fuerte y él mismo había sufrido los efectos de aquella técnica que le enseñó la maestra Matcha. Sin embargo, el efecto que no esperaba es el que produjo entre el público. En primer lugar, la grada se dividió entre los que encontraron gracioso el comportamiento de Eele, los que creyeron que era una jugada de lo más sucio y los que vieron en el tambaleó de Brutus un resquicio para la victoria del gyojin. Una reacción normal, pues no todo el mundo encajaría igual los mismos golpes.
Tras esto, llegó la reacción del presentador, el cual no tenía claro como definir la estratagema de Eele. ¿Se trataba de algo ilegal? Sí bien es cierto que en el boxeo no está permitido, no había sido definido como ilegal en esta ocasión. Sin embargo, el árbitro no dudó en señalar la acción de Eele como antirreglamentaria, algo que terminó de avivar los ánimos en la grada. Las quejas llegaban hasta el cuadrilátero, donde el árbitro se excusaba. En medio de aquella discusión, el público descubrió los papeles que dejaban entrever que los combates habían sido amañados, hecho que los encendió por completo, exigiendo en el acto la devolución de su dinero. El caos formado fuera del cuadrilátero no desconcentró a Eele de su objetivo. El gyojin permanecía apoyado en las cuerdas, sonriente, desafiante. Cuando Brutus habló, el navegante se incorporó para cuadrarse de nuevo, la guardia alta, pero consciente de que al más mínimo movimiento, se lanzaría sobre su rival. Sin embargo, el único movimiento que pudo ver de su rival fue ver cómo se desplomaba tras un estallido. Eele reconoció al instante el sonido, un arma de fuego. Alguien había disparado a Brutus. —¡Maldito bastardo! Me has robado la victoria-ring Eele sacudió la cabeza de un lado a otro buscando al culpable. Lo vio, un hombre de traje que portaba una pistola. Su primer impulso fue el de atacarlo, saltar sobre él y golpearlo hasta que saciase sus ansias de combate. Sin embargo, sabía que seguramente, ese hombre no estuviera solo. ¿Sería parte de alguna mafia? Probablemente. Era algo que él gyojin ya había visto antes en el bajo mundo de Samba. Familias u organizaciones que se dedicaban a amañar combates para estafar a los apostadores. Algo totalmente indigno al parecer del gyojin, que pensaba que los combates debían ser justos. —Me habréis dejado sin combate, pero no me voy a ir de aquí con las manos vacías. Eele miró hacia la mesa donde se mostraban los premios. Le había echado el ojo a uno de ellos en concreto, por lo que corrió unos pasos por el ring en esa dirección y luego saltó hasta ellos. Cuando aterrizó sabía perfectamente lo que buscaba. Los guantes de boxeo podrían estar bien, aunque creía que le serían poco prácticos en sus combates habituales. Lo pensó un momento y decidió que tal vez, podría llevarse más de un objeto, así que tomó los puños y los guardó en su bolsillo. Sin embargo, lo que quería Eele no era aquello. Miró a la medalla, dejó formarse una sonrisa de medio lado en su rostro y la agarró. Se la puso al cuello y se giró hacia la muchedumbre marcando bíceps. —Todos sabemos que esto pertenece al gran Eele. Sí no fuese por ese cabrón, hubiese ganado igualmente, jabjabjabjab Eele permaneció regodeándose allí mismo unos instantes, ajeno a lo que sucedía a su alrededor, como si no le importase si había sido una estafa o sí la gente iba a luchar por recuperar su dinero.
Rincón de Eele
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