Todos - o al menos todos los que podía recordar - estaban ahí. Más de un centenar y medio de personas reunidas el día que les dije en el lugar que les dije. Mis ojos se iluminaron y brillaron como nunca antes ¡de verdad había venido toda esta gente! Había de todo y de todas las razas, tamaños, edades y géneros ¡hasta había géneros que no conocía! ¡Seguro que alguno era spagettisexual! ¡¡Me moría de ganas de saber qué cojones era eso!!.
Grigori graznó delatando nuestra posición y muchos de ellos comenzaron a girarse en dirección al cuervo, sonriendo y alzando las cejas al verme - porque era bien sabido que si no alzaban las cejas al verte, la alegría era fingida - y acercándose a saludar. Era el momento de prepararse y de dejar las cosas atadas y bien atadas, no podía perder el objetivo ni el verdadero motivo de reunir a toda esta gente aquí: Tenían que servirme de escudo para pasar desapercibido y que no me matasen a mi. A grandes rasgos.
Era cruel y algo interesado por mi parte pero, realmente a la mayoría de estos los había conocido en un día aleatorio en un momento totalmente fortuito y no podía importarme menos que los atrapasen antes que a mi con tal de que yo escapase. ¡Claro que había excepciones! Pero esas excepciones necesitaban bulto, como yo también lo necesitaba, para poder huir mientras los cerdos se ensañaban con ellos. Y por eso había más de cien personas aquí reunidas... mi padre decía que un hombre prevenido valía por dos, pero yo lo llamaba "daños colaterales".
— ¡¡¡Ammmmmiiiiiiigooooos!!! — grité alzando las manos hasta que los primeros de ellos comenzaron a acercarse a mi, donde empecé a estrechar sus manos poniendo toda mi alma y mi dedicación. No podía ser sólo un saludo, tenía que ser una conexión entre ellos y yo, y tenía que ser lo suficientemente fuerte como para que mi plan tuviese sentido — Creo que voy a llorar wajajajaja ¡no esperaba ver a tantos de vosotros aquí! — y era verdad, las dos cosas. Por un lado me sentía un poco mal por ellos... por los que le tocaran "quedarse atrás" mientras yo escapaba, y por el otro realmente no esperaba que tantos hubiesen aceptado mi visión y mi ofrecimiento de viajar conmigo hacia el Grand Line. Al final iba a tener razón mi madre cuando decía que si se lo pides a cinco personas es más probable que vayan dos, que si se lo pides a dos. Los basureros de Kutsukku traían provisiones consigo y empezaban a depositarlas todas a mi lado para que yo las gestionase y las preparase, diciéndome que eran o bien regalos o bien forma de pagar la deuda que tenían conmigo.
Mi mano seguía estrechando manos y uniendo nuestros corazones con la mejor de mis sonrisas y algún aleteo ocasional de Grigori, cuando de pronto creí ver una masa enorme azul... pero se perdió entre el gentío.
A ellos si que los estaba esperando. Hacía cinco años que había conocido a Vixen, y cuatro años de que conocí a Krave y a Wheke. Mis verdaderos amigos con los que quería realizar ese viaje. Ellos eran las excepciones y los que tendrían que salvarse conmigo, pero ¿habrían venido? y de ser así ¿habría venido alguien más que no recordase ahora?. Busqué con la mirada tratando de encontrarlos... ¿donde estaban? ¿se habrían acordado? ¿seguirían vivos?
Info
¡Este es el tema de creación de la banda Wanga!
Traigo "conmigo" un ejército de 145 personas (Horda nivel 13) que he justificado diciendo que son las personas que he conocido por el camino de mi viaje y he invitado a vernir.
Basureros de Kutsukku (13)Dueño: Taito
Ejércitos
Nivel de tropa: 1
Infantería
Zona:Acompañante
Detalle
Son gente armada con hierros, tuberías, deshechos metálicos y armas rudimentarias y toscas, tanto contundentes como afiladas, vistiendo todos ropa de tela sencilla de arpillera y utilería y calzado todoterreno. El grupo consta de todo tipo de gente, indistintamente de raza, sexo o edad, a la que Taito conoció en su viaje de cinco años por Kutsukku, su Aramenté, con la que o bien entabló amistad o bien le deben dinero. Lo importante es que ahora están a su servicio y Taito los considera como sus primos. Casi.
Especificaciones+/-
50 / 145Miembros
500 / 1450Vitalidad
100%Daño / turno
210Velocidad
500Coste derrota (ENE)
basureroskutsukku01
Inventario
Está en la herramienta.
Los Basureros de Kutsukku "traen por mi" todo el inventario que llevo, porque realmente no puedo cargar con él yo sólo, porque voy a repartirlo entre mis compañeros.
Ayer, 04:57 AM (Última modificación: Ayer, 04:58 AM por Wheke Ta Moko.
Razón: Cambio en signo de interrogación
)
Las afueras de Ciudad Pinion no eran precisamente el lugar más entretenido para buscar o al menos, encontrar, inspiracion, pero tenía una cita que cumplir. Mientras recorría la zona acordada, una figura oscura surcando el cielo llamó mi atención. No tardé en reconocer a aquel cuervo que acompañaba a Taito, sobrevolando una zona donde parecía haberse reunido un buen número de personas.
—Vaya, parece que hoy hay más gente de la esperada PURU —murmuré, esbozando una sonrisa.
Uno de mis tentáculos se agitó involuntariamente a mi espalda, dando un pequeño latigazo al aire. Aquel tic llevaba demasiado tiempo acompañándome como para sorprenderme pero aun asi a veces me seguia pillando desprevenido.
—Eso sera una señal de que estoy yendo al camino correcto BURUBURUBURUBURU— añadi riendome con la voz baja y los dientes apretados.
Si el cuervo estaba allí, cabía la posibilidad de que Taito también lo estuviera. Con esa idea en mente, no dude un momento en caminar hacia la multitud, observando con curiosidad los rostros que me rodeaban. No conocía a la mayoría, pero esperaba encontrar entre ellos a las dos caras familiares que había venido a buscar. Aunque no todas las caras que recibia de vuelta eran igual de amistosas que las de mis amigos.
Me abrí paso entre la gente, buscando a Taito y pensando si Krave tambien habria tomado la decision de haber venido. Y por fin ese pelo con llamas me confirmo lo que mi cabeza esperaba.
—¡TAITOOOOOOO! Eras tu la inspiracion que hoy esperaba encontrar en este lugar. Que ganas tenia de verte choom— le dije acercandome a el y tendiendole uno de mis tentaculos.
WhakawaiRiri
Karmas Activos
Tic
Karmas
negativo
1 punto
Descripción: Tu personaje tiene un tic recurrente. [Tendrás que mostrarlo una vez por tema] (Un tentáculo aleatorio tiembla)
Después de un tiempo bastante largo, Krave se dirigía al lugar acordado con Taito y Wheke. Traía todo lo necesario, por el momento y solo podía estar lleno de júbilo aunque por fuera no lo exteriorizase. Habían pasado al menos 4 años desde que conoció a Taito en aquella playa y tuvieran aquella conversación y por fin había llegado el día que Krave también había estado esperando con ansias.
La gente correteaba al rededor y había una "comidilla" pues un gran remolino de gente se veía en la distancia y todo tipo de mentiras se escuchaban entre la gente en ciudad Pinion. -Hay una boda.- decía uno. -Es la marina que por fin a venido.- Decía otro. Krave escucho todo tipo de historias con respecto a la aglomeracion de gente, que si había una pelea, un mercado, un baile, una carrera, otro dijo que era todo eso a la vez... Krave se acercó cada vez más y su estatura llamaba cada vez más la atención. Con Rompe Olas en la espalda y con una sonrisa de medio lado se fue acercando hasta que vio el foco, al hombre que había orquestado todo aquello. Taito estaba entre las gentes hablando y sonriendo mientras estrechaba la mano de mucha gente que se arremolinaba alrededor suya.
-Taito, amigo al fin nos vemos dijo Krave. He traído algunas cosas.-Dijo Krave con su potente y sonora voz. Se quitó un saco del hombro que estaba lleno de limones y lo dejo junto al resto de cosas que estaban preparando para justo después chocar su mano con la de Taito en señal de respeto y amistad.
-¡Por fin ha llegado el día amigo!- Dijo Krave mientras sonreía y se mezclaba con la gente dispuesto a preparar todo lo necesario , momento en el que vio a Wheke y Krave le dio un golpe amistoso en el hombro para que reparase en el y saludarle.
-Aqui estamos hermano, ya pensaba que no te vería por aquí aham.- Dijo Krave mientras le sonreía.
Vixen llevaba un buen rato apoyada en un barril a medio pudrir, en el borde exterior de aquella feria, observando el espectáculo con una ceja ligeramente alzada, sin terminar de entender de dónde cojones había salido tantísima peña, aunque, conociendo a Taito, tampoco le costaba demasiado imaginárselo. Allí estaba Taito. Vixen no pudo evitar que una sonrisa conejil se le dibujara en los labios al reconocer aquella mata de pelo rojo entre la multitud. Hacía años que no lo veía. La nariz le empezó a temblar con ese tic involuntario tan suyo, arrugándosele ligeramente mientras intentaba contener el cosquilleo. Vixen se frotó la punta con el dorso de un dedo, frunciendo el ceño, como si aquello fuera a solucionar algo. Ni hablar de ponerse sentimental. Si los ojos le escocían, sería por cualquier otra cosa. Sobre su hombro, Grigori seguía tan campante como siempre, algo que recibió con bastante menos entusiasmo.
Cinco años. Cinco años desde aquella noche en el bar, desde el trato sellado con una mano sudorosa y una promesa que había sonado a broma de borrachos. Ella había llegado dos días antes, durmiendo en donde le cogiera la noche, y desde entonces no había hecho otra cosa que preguntarse si él se acordaría. Si siquiera seguiría vivo, o quién sabe. Pero ahí estaba. En medio de aquel circo de saludos y abrazos, con esa sonrisa de vendedor de humo que ella había echado tanto de menos. El corazón le dio un vuelco tan grande que por un segundo pensó que se le había quedado atascado en la garganta. Nervios. Se preguntó si alguno de aquellos pardillos tenía idea de en qué se estaba metiendo. Descartó el pensamiento al instante, ella tampoco era quién para juzgarlos. Ahí estaba, después de todo, una loca entusiasmada más que había acudido a la llamada de Taito. Terminó de masticar la zanahoria que había robado de un puesto del mercado, —el tío ni se enteró— y se sacudió las migas del chaleco. Ya estaba bien de teatro. El trato tenía fecha de caducidad y hoy tocaba consumirla.
Se abrió paso entre la multitud con la sutileza de un carrito de compra fuera de control. Codazos, pisotones, alguna maldición que ni contestó. La gente se giraba al verla pasar: una humink coneja con cara de tener hambre y mejor humor del que aparentaba.
Se plantó a su espalda. Le dio una palmada en el hombro, fuerte, de las que dejan marca.
— Kishishishi... — La risa se le escapó sola, suave, casi tierna. — Idiota... de verdad que viniste…
Y con eso, sin darse tiempo a arrepentirse, Vixen se lanzó a darle un abrazo, quizá apretándolo más de la cuenta.
Debo admitir que la mañana estaba siendo sospechosamente tranquila. Tras un episodio con unos bandidos en el mercado, la ciudad había vuelto a su rutina de niebla y tranquilidad, y yo, Centella, la Emisaria de la Justicia, patrullaba las calles con paso firme, el casco bien puesto y la cabeza llena de bandas sonoras épicas que ningún ciudadano podía apreciar. Su pérdida. Y entonces lo vi. Una aglomeración. Una masa de gente amontonada en la plaza como si el universo me estuviera regalando un aviso en letras gigantes: ¡AQUÍ PASA ALGO!.
— ¡AHÁ! — Exclamé apuntando dramáticamente con el dedo. ¿Qué clase de villanía está gestándose ahí? ¿Una reunión secreta? ¿Un culto? ¿Una subasta de objetos robados? Mi instinto heroico ruge como una guitarra eléctrica. DUM DUM DUUUM. Me abrí paso entre la multitud con la elegancia de quien nació para esto: — Perdón, disculpe, EMISARIA DE LA JUSTICIA PASANDO, cuidado con el casco, señora, disculpa— Y fue entonces cuando lo escuché. Una voz en el centro del corrillo. Un tono que sonaba a... ¿líder? ¿VILLANO?
Me acerqué con sigilo profesional, pegada a la pared de una frutería, moviéndome entre la gente como una sombra. Bueno, como una sombra con casco brillante y capa llamativa, que no es exactamente lo mismo, pero el espíritu estaba ahí. A medida que me abría paso entre el corrillo, fui recopilando información: nadie parecía asustado, nadie gritaba, nadie corría... lo cual era, paradójicamente, lo más sospechoso de todo. Si fuera un atraco, habría pánico. Si fuera un espectáculo, habría aplausos. Pero no. Solo había gente mirando hacia el centro del círculo con una atención que rozaba lo devota. Mis ojos se abrieron como platos. ¡CLARO! ¡Están reuniendo gente para sus fechorías!
— ¡ALTO AHÍ! — Grité alzando el brazo en mi pose de advertencia número 7, la de tres cuartos, muy dramática — ¡EMISARIA DE LA JUSTICIA! ¡SEPA TODA ESA GENTE QUE RECLUTAR TRIPULACIÓN EN PÚBLICO ES MUY SOSPECHOSO Y— Y ahí estaba. Mi capa. Mi eterna némesis. Se enredó entre mis piernas con la precisión de un villano profesional y el mundo entero se inclinó. Caí. Hacia delante. Directa al centro del círculo.
Abrí los ojos. Estaba mirando fijamente a un hombre. Un hombre con pintas de pelo estropajo rojo, de esos que parecen sacados de la portada del periódico por cometer canalladas. — ¡Oe, tu chaval! ¿Qué diantres está pasando aquí? —
Había estrechado tantas manos que no podía parar de cuando en cuando a revisar que seguía teniendo el anillo puesto, y a recolocarlo, con cara de perro que sospecha, y hasta Grigori parecía agobiado por la cantidad de personas que había aquí. De verdad que eran más de cien... ¿había venido todos? Ahora mismo no era capaz de recordar sus nombres y mira que hacía un par de semanas había hecho un recordatorio con el gigantón aquel enorme del jamón, pero ver a todo el mundo aquí reunido sólo me agobiaba un poco. Era una buena señal, acababa de multiplicar por ciento cincuenta mis posibilidades de supervivencia, y cuando quise empezar a ser consciente de eso apareció delante de mi Wheke Treke Teke, haciendo que levantase las cejas al verlo — ¡¡Ay por la raza!! ¡¡que es Wheke!! — dije contento y agarré el tentáculo que extendía para saludarme, sin saber del todo si estaba agarrando una mano o qué otra cosa, pero no me importaba: sabía que iba a estar viscoso igual fuera lo que fuera. Y mientras lo estaba saludando una voz resonó a un lateral y alzando la vista pude ver aquella mole enorme de músculos azules con ese gracioso bigote de dos pelillos — Válgame la salud ¡pero si es Krave! — la alegría se notaba en mi gesto. Que esos dos hubiesen venido me llenaba de dicha y no porque fuera a usarlos como sacrificios ni mucho menos, si no porque necesitaba amigos de verdad con los que hacer esta aventura — Y por las tetas de una cerda cuánta cantidad de limones wajajajaja ¡te apuesto un berry a que si te comes uno aprendes una palabra nueva! — dije mirando a Grigori quien descendía para posarse sobre el saco e inspeccionar los limones con curiosidad.
Fue entonces cuando noté un manotazo fuerte en la espalda que casi me hizo trastabillar, y cuando me giré para encarar a mi agresor cambiando mi gesto a uno más hostil — Por el amor de mi madre te jur — pero antes de que pudiera decir mi juramento, aun llevándome el anillo hacia la boca, quedé petrificado al ver cómo una enorme amazona de brazos torneados y silueta esculpida se lanzaba a abrazarme... pero la diferencia de altura colocó mi cara en el lugar más mullido y confortable de todo su cuerpo. Uno que eran dos — ¡Vixen! — grité, y fue lo único que pude gritar mientras me apretujaba entre sus enormes mamellas descomunales y un escalofrío me recorría toda la columna vertebral como una sacudida eléctrica.
Si tenía que morir ahí, que así fuese.
Mientras yo sufría asfixia sexual y mis dos compañeros peces lo veían todo, una persona vociferaba. Escuché como alguien se caía al suelo y se ponía a hablar con otro de los presentes preguntándole que qué estaba pasando ahí, algo que supuse que podría ser una duda que pasase por la mente de más de uno de los presentes, así que mordiendo con suavidad uno de los globos aterciopelados que me servían de almohada en ese momento para que me soltase, me deshice del agarre de mi cunícula amiga y giré sobre mi mismo chascando los dedos de la mano derecha, señal para que Grigori viniese a mi hombro mientras me erguía trepando por Krave hacia sus hombros — Ayúdame gran azul, necesito un lugar elevado... — dije tratando de llegar hasta arriba, hasta que lo conseguí a duras penas me ayudase o no, si es que no hacía lo propio para quitarme de encima suyo.
Desde la perspectiva de sus hombros pude ver a toda la gente y extendí los brazos de lado a lado.
— ¡Acercaos amigos y amigas! ¡Cómo me alegro de veros a todos aqui! — dije alzando la voz — Sé que hay algunos que no se creían que me fuera a acordar de este día, ¿eh Xevalier? wajajaja mira que eres gilipollas macho — dije entre risas, pero lo pensaba. Xevalier era gilipollas — ¡He estado viajando cinco largos años y por fin he terminado todo lo que tenía que hacer! ¡He visto toda la isla y me he hecho un nombre aquí y allá, todos me conocéis por algo distinto! ¡Os he conocido a todos vosotros en todas partes y en todas las situaciones y ahora estamos aquí para encontrar un mañana conjunto! ¡Porque he decidido lo que quiero para mi futuro y PARA EL FUTURO DE TODO AQUEL QUE QUIERA ACOMPAÑARME! — grité eso último, mientras veía como la gente se empezaba a amontonar y un chico pelirrojo que no conseguía verle bien la cara estaba junto a una tipa disfrazada de superheroína... ¡la zumbada del mercado! Por un momento mi cara se ensombreció. Seguro que la muy puta había venido otra vez a darme de hostias a traición... la veía venir. Mejor que toda esta marabunta de gente la mantuviese a raya.
— ¡HOY VA A NACER UNA NUEVA CARAVANA QUE VA A SEGUIR UN CAMINO NUNCA ANTES VISTO POR NINGUNA OTRA! — grité a pleno pulmón, sonriendo feliz viendo a todos los presentes desde ahí, tratando de diferenciar a alguien más que resaltase entre la multitud como alguna de las personas que quería tener en cuenta.
Sobre Krave y junto a él Vixen y Wheke, el resto de las personas estaban frente a nosotros lanzando vítores y gritos de júbilo mientras Grigori sobre mi hombro extendía las alas y graznaba con fuerza siguiendo el alboroto.
El mordisco llegó sin avisar, tierno e infalible, clavado justo donde el escote hacía de frontera. A Vixen se le escapó un sonido entre gruñido y risa, y la descarga que le recorrió la columna de arriba abajo la hizo soltar a Taito más rápido de lo que le habría gustado admitir. «¡Qué sinvergüenza!», pensó. Cinco años esperando para verle y lo primero que se le ocurre es morderle una teta. Apenas lo soltó, Vixen lo vio escabullirse hacia un tipo enorme, azul, y trepar por él cual ardilla hasta plantarse en lo más alto, con Grigori aleteando a su hombro. Lo siguió con la mirada, mordiéndose el interior de la mejilla para no sonreír como una tonta. No funcionó. Cinco años preguntándose si el tío se acordaría de ella, y si aquello seguiría en pie... y el muy cabrón había reunido a un ejército de desconocidos para esto. Un calor tonto le subió por el pecho, de los que dan vergüencita.
Entonces un destello metálico le desvió la mirada. A unos metros, un casco brillaba entre la gente: una mujer plantada en el suelo como un saco de correo, enredada en su propia capa, soltando un sermón a un pelirrojo que no reconocía de nada. Vixen parpadeó. Parpadeó otra vez. No podía ser. Pero era. Casquita. Aquí. En la única cita que le importaba de verdad en cinco años, aparecía ella, con su casco de feria y su capa suicida.
Vixen se acercó con paso ligero, se agachó a su altura y le tendió una mano.
— Vaya, vaya... Casquita. De todos los sitios del mundo. ¿Me sigues o el destino tiene sentido del humor?
Extendió la mano y la puso en pie de un tirón, sin darle tiempo a protestar. En cuanto la tuvo delante, la sujetó por el brazo y se inclinó hacia ella, acercando la boca a su oído para hablarle en voz baja. —Escúchame una cosa, casquita. —Se inclinó hacia ella, con esa sonrisa de quien sabe algo que los demás todavía ni se huelen—. En unos minutos vas a presenciar una jodida maravilla, y te aseguro que no querrás perdértela por andar distraída. Así que quédate cerquita y abre bien esos ojos. —Le dio un toque al casco con los nudillos antes de apartarse, satisfecha consigo misma—. Y deja al pelirrojo tranquilo, mujer. Si quieres jugar con alguien que sea conmigo.
Vixen se abrió paso hasta plantarse al lado del sujeto azul, a la sombra directa de Taito, cruzando los brazos mientras la voz de él llovía sobre todos desde aquella atalaya improvisada. Caravana nueva. Camino que nadie había pisado. La multitud rugía y cada grito de júbilo le entraba por los oídos y le rebotaba dentro del pecho, donde algo llevaba cinco años golpeando una puerta. Cinco años de encargos raros, de mirar el mar de reojo y decirse que aquella promesa de borrachos no iba en serio. Mentira. Ella había contado los días. Había soñado con la línea más veces de las que admitiría en voz alta, con aguas que no salían en ningún mapa, con no tener ni idea de qué esperaba al otro lado. Y lo mejor era justo eso: no saberlo.
— Idiota —murmuró para sí, sin apartar los ojos de la espalda de Taito—. Al final se te ha ocurrido una cosa buena.
Y Vixen sonrió, con los dientes apretados y el corazón haciéndole de tambor contra las costillas, lista para que el mundo por fin se moviese.
Hace 11 horas (Última modificación: Hace 11 horas por Magnus Brand.)
Magnus llegó a las afueras de Ciudad Pinion con un cigarrillo en la boca y la libreta abierta por la página de la cita. Comprobó el día, la hora y el lugar antes de levantar la vista hacia aquella cantidad absurda de gente.
"Pues sí que había familia", pensó.
Cerró la libreta y se acercó a la muchedumbre. Por encima de las cabezas distinguió a un hombre azul de aproximadamente su misma altura, con un chavalito pelirrojo subido a los hombros. Este último estaba gritando algo sobre una caravana y un camino nuevo. Parecía que había llegado al sitio correcto.
Magnus se quitó el cigarrillo de los labios. —Espero que no haya que presentarse uno por uno. Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.
Había llegado dispuesto a embarcar, conocer mundo y compartir su talento con aquella gente. Solo necesitaba encontrar al hombre con el que había quedado. No recordaba su nombre. Tampoco su cara. Por suerte había apuntado lo importante y, por lo que veía, alguien estaba organizando todo aquello.
Se acercó al grupo del hombre azul y levantó la vista hacia el que llevaba encima. —Eh, ginger motherfucker. Estoy buscando a un tipo que me invitó a viajar con él. Me dijo que viniera aquí hoy a las siete —Abrió la libreta y volvió a comprobarlo, por si acaso —Sí, a las siete. ¿Sabes quién puede ser?
Le dio una calada al cigarro mientras observaba al pelirrojo. Le sonaba su cara. Tal vez...
Ni puta idea. —Lo conocí hace un par de semanas, me motivó para ganar un jamón. Un tío de palabra, bastante simpático. Me pagó diez mil berries por demostrarle cómo se metía un aro en una botella y yo le regalé un poema. Seguramente lo tenga guardado, si es que tiene buen gusto.
Se pasó la mano de la libreta por delante del pecho, señalándose con ella. —Soy Magnus Brand. Poeta, galán y vuestro nuevo compañero de viaje. Me han hablado muy bien de vosotros. Había uno que no se lavaba y otro que debía dinero, pero supongo que todos tenemos nuestras cosas. ¡Gurorororo!
Al bajar la vista reparó en la mujer de orejas de conejo que estaba junto a ellos.
Se detuvo un momento para mirar sus brazos y, por qué no admitirlo, el resto de su increíble musculatura. Y lo que no es musculatura. Cuando terminó la revisión se enderezó, sacando pecho. Claramente un instinto primitivo, como el de un pavo real cuando saca las plumas al comenzar un cortejo.
Después consultó la siguiente línea de la libreta. "Preparar poema para la cocinera".
Pasó una página. Allí estaban los versos, con varias palabras tachadas y una mancha de tabaco en una esquina. Los revisó por encima, asintió satisfecho y cerró la libreta. —También necesito encontrar a vuestra cocinera. Me gustaría presentarme como le corresponde a un hombre de mi calibre, y como seguro que se merece ella misma.
Off
Karmas relevantes
Belleza
Karmas
positivo
1 punto
Descripción: Recibes un trato más favorable por parte de los NPCs, a no ser que hagas algo que perjudique la buena impresión que tendrán de ti [Incompatible con Feo y Difícil de mirar]
Código: belleza001
Tic
Karmas
negativo
1 punto
Descripción: Tu personaje tiene un tic recurrente. [Tendrás que mostrarlo una vez por tema] (Se apaga los cigarrillos en la cicatriz del pecho, siempre en el mismo sitio)
Código: ticmagnus001
Vicio
Karmas
negativo
1 punto
Descripción: Tienes una gran dependencia a una sustancia concreta y, si pasas más de un tema sin consumirla, recibes un -5 en todas las estadísticas que se acumula por cada turno posterior, hasta un máximo de -25 (5 turnos seguidos). Si vuelves a consumir dicha sustancia, tus atributos se recuperarán en 5 por turno, hasta un máximo de volver a la normalidad. Debes aclarar tu vicio en la ficha. (Tabaco)
Código: viciotabaco001
Muletilla
Karmas
negativo
1 punto
Descripción: Tu personaje tiene una palabra o expresión que repite con mucha frecuencia. Debe decirla al menos una vez en cada post donde el personaje hable. (Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto)
Código: muletillamagnus001
Risa excéntrica
Karmas
negativo
1 punto
Descripción: Tu personaje se ríe de una manera diferente y única. (Gurororo)
Código: risaexcentricamagnus001
Charlatán
Karmas
negativo
2 puntos
Descripción: En todos los posts donde tu personaje hable, deberá pronunciar al menos una frase de como mínimo diez palabras. Si en el post no dice nada, no es necesario.
Código: charlatan001
Oloroso
Karmas
negativo
2 puntos
Descripción: Tu cuerpo desprende más olor de lo normal (bueno o malo), por lo que es más fácil que te rastreen y detecten por este medio. (Tabaco y colonia)
Código: olorosomagnus001
Honesto
Karmas
negativo
2 puntos
Descripción: Te es imposible mentir.
Código: honesto001
Olvidadizo
Karmas
negativo
3 puntos
Descripción: No recuerdas nombres ni caras si no has roleado mínimo 4 temas con esa persona. [Incompatible con Memoria Eidética]
Código: olvidadizo001
Gruñón
Karmas
negativo
4 puntos
Descripción: La primera interacción con otro personaje o NPC, debe ser insultando.
Ahí estaba yo, aún caída grácilmente sobre mi culo increpando al primer random que encontré entre la muchedumbre — Más te vale que no estéis por liar ninguna locura,eh — Fue en ese instante cuando una voz familiar se hizo hueco entre el vociferio de la muchedumbre…
“Casquita” no se muy bien porqué pero esa palabra activo algo en mi, haciendo que rotase sobre mi culo ciento ochenta grados, para mirar directamente a quien hubiera dicho eso, dándole mi total atención.
Y entonces la vi, no me lo podía creer, otra mujer altísima, con unas características orejas negras idénticas a las de un conejo, y fuerte como un toro. No pude evitar pensar en que había en esta isla para que hubiera tantas musas amantes de las zanahorias. Aunque por algún motivo ella me hablaba con familiaridad, como si ya nos hubiéramos conocido.
Antes de que pudiera darme cuenta fui levantada del suelo con un fuerte tirón de mi brazo, que me dejó tiesa en el sitio con la cara totalmente roja y una gran sensación de déjà vu. Pero antes de que pudiera decir nada, la mujer frente a mí me agarró del brazo y comenzó a susurrarme a meros centímetros de mi oreja… El corazón se me iba a salir del maldito pecho si esto seguía así, pero esa situación… esa voz… Hay una pieza que no termina de encajar, algo me resultaba familiar.
Pero antes de que pudiera preguntarle nada la mujer se marchó, no sin antes soltar una frase que me dejó nuevamente en shock colorada, siendo solo capaz de soltar un bajo — ahá…—
Viendo como se desvanecía entre la multitud.
Y ahí me di cuenta, las frasecitas, los susurros al oído, esa maldita sonrisa. Mi mente se trasladó a aquel día en la taberna…¿¡No me digas que!?
En ese momento decidí hacer caso a sus palabras, pude oír como alguien alzaba la voz y todos bajaban su voz y dirigían su atención hacia él. Por lo que le di toda mi atención, subiéndome encima de un agradable ciudadano para poder ver con todo lujo de detalles la situación. Y entonces lo vi, había un tío azul gigantesco — ¡Santa Bárbara Bendita! — Exclamé en shock, casi cayéndome al suelo por culpa del ciudadano que estaba bajo mis pies que no se estaba quieto — Un poquito de por favor eh, que me quiero enterar —
Luego lo vi, en el hombro del gigantón había otro pelirrojo, otra cosa que al parecer abunda por aquí, pero éste en concreto no se que tenía pero me algo en mí me hacía no fiarme del todo de él. Sus palabras no eran malas pero tampoco se distanciaba del típico discurso de flipado que puede dar cualquier borracho en un bar cualquier noche. No creo que nadi- De pronto la marabunta de gente comenzó a festejar. ¿Pero qué clase de gente caería en ese discurso bara-? Ahí fue cuando mis ojos la vieron, la coneja se encontraba ahí al lado del gigantón, con una sonrisa deslumbrante mirando al peligro, con una mirada de la que no podía sentir más que envidia. ¿Pero quién es ese tipo? En ese momento un pensamiento intrusivo pasó por mi cabeza: ¿Y si le gusta?
Antes de darme cuenta comencé a ir hacía el grupo donde se encontraba, saltando entre la multitud de cabeza en cabeza como una profesional. Maldita sea, no se si es ella pero no me la pienso jugar a no hacer nada y que vuelva a desaparecer.
Finalmente me encontraba a un último salto de ellos, mi momento de gloria, pero la última persona tuvo que ser un calvo, el cual había decidido encerarse la calva, resbalando y cayendo frente a ellos con una doble voltereta. Me reincorporé rápidamente mostrando una pose de saludo formal, la número 4, para ser exactos, quería que impresionara.— ¡BUENAS! ¡CENTELLA EMISARIA DE LA JUSTICIA! ¡MUCHO GUSTO! —Me gire hacia la mujer conejo mientras me aclaraba la voz. — Disculpa la pregunta pero… ¿Tu y yo ya nos habíamos visto antes? — Dije sin atreverme del todo al contacto visual, con las mejillas sonrojadas, con miedo a equivocarme. Luego mire a las personas a nuestro alrededor con más detalle… ¿¡Eso era un pulpo!? Definitivamente este era un grupo de lo más curioso.
El júbilo era plausible en el ambiente. La gente hablaba reía y el ambiente era jocoso, después de ayudar con algunas cosas Taito se subió a mí chepa y empezó a gritar y dar voces hacia la gente que allí se encontraba. Krave vio a un chico que destacaba entre todos ellos.
Era musculoso grande y tenía una cicatriz en el pecho. Krave no sabía quién era pero parecía encajar allí, había razas variadas y a parte de Wheke y Taito a la mayoría ni los conocía, supuso que la mujer de grandes cualidades con orejas era la tal Trixen de la que Taito no paraba de hablar. Aquel hombre del tamaño de Krave se aproximó hasta ellos mientras Taito hablaba de una caravana y el nuevo camino y un olor fuerte a tabaco mezclado como con almizcle le dio a Krave en el bigote.
Aquel hombre se presentó como un poeta y se dirigió a Taito directamente quien estaba encima de Krave. Con lo que era gracioso que una persona hablará delante de ti pero no contigo pensaba Krave. Preguntaba por alguien que le había citado hace unas semanas allí y a Krave le parecía raro pues Taito le parecía raro que si hubiese sido Taito no lo recordase. Le dijo algo en un idioma que Krave no reconocía por lo que pensó que sería cosa de humanos o algún tipo de jerga de caravaneros por lo que Krave asumió que ese hombre familia de Taito. Por lo Krave espero a que terminará de hablar y le dijo.
-Hola grandullón, mi nombre es Krave, mucho gusto, ¡Aham!- Dijo Krave mientras levantó la palma saludando así a aquel hombre. Krave continuo viendo las caras de los que entendía que serían sus nuevos amigos de aventuras durante mucho tiempo.