[EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 1
#21
39 de Otoño, Año 18 ❥ Kutsukku

In this gothic underground city, we all sin
If i bring a couple rounds with me, then we all win

─ ♚ ─

La luz de ese atardecer luchaba por filtrarse entre la neblina para colarse dentro de las entrañas de Leviathan, bañando de calidez el espacio recubierto de roble blanco que lo componía, y era, ese espacio que utilizaban las mujeres de su división como servicio, el que se había vuelto su pequeña fortaleza en ese proceso de cambio. A ojo crítico volvió a repasar la imagen que le devolvía el espejo sobre el lavabo y aquello se sintió como un dejavu, solo que esta vez, no llevaba una camisa de lino grisácea, ese vestido sencillo con el que se había transformado en Nyssa Vale hace un par de años atrás en una posada mugrosa en baterilla.

No. Esta vez, Nyxara Archeron había tenido que jugar a esconder su propio alter ego.
Y aquello, casi le arranca una sonrisa gélida de esos carmesís.

¿Cuántas capas de falsedad podría aguantar su propio cuerpo antes de fracturarse bajo el peso de su propia farsa?

Cuando la orden de los altos mandos alcanzo al bastión de justicia que era la ochenta y uno pidiéndole investigar sobre el rumor de un nuevo “rey pirata”, a Nyx le pareció un insulto a la inteligencia de su división y la propia ¿Era una orden que estuviera respaldada o solo la pestilencia de un rumor de borracho? Aun así, la indicación de su capitana había sido clara, seguirían la petición, entregándole a ella la labor de dar con la indumentaria necesaria para casi todos; la Archeron había buscado en esos puestos que se caían a pedazos todos los recursos que estaban dispuestos a vender para utilizarse como fachada en sus compañeros y en la criatura de viento y sal que se había transformado en su hogar. Regateando hasta el último peso de cada berrie en esa isla cargada de neblina y chatarra.

Y, el reflejo que le regresaba el espejo le demostraba que ya no pertenecía a la justicia del blanco y el azul con la había decidido jugar su primera capa de falsedad. Ahora, se cargaba del negro, del cuero y del acero.

Como el tipo de criatura que ella era.

Y casi podía escuchar la risa burlesca de Aelira ante su propio reflejo.
Y casi podía ver la suave mirada de reproche de Seren ante su elección.


Si tan solo ambas estuvieran aún con ella.


El gesto fue lento hacia uno de esos aros de perla cultivada que llevaba consigo y el toque helado contra las yemas la ayudo a sostenerse, a mantener a raya la angustia que se cerraba en su garganta con el peso de un grillete. Incluso en ese juego, las había tenido que esconder del mundo. Allí, donde la tela de esa blusa dejaba al descubierto el secreto de aquel mapa estelar. Allí, donde los astros marcaban su piel y caían como estrellas fugaces hacia el abismo de sus senos generosos, rodeando la sombra erguida de esas tres montañas que significaban vida para ella, justo al centro, justo allí.

La hermandad de las Archeron grabada en su piel.

Esa había sido la razón real para volver el servicio su fortaleza, había tardado un par de horas en maquillar cada una de sus estrellas que coronaban sus senos amplios para que estas se esfumaran de ojos curiosos y se fundieran con su piel gracias al maquillaje y fijador a prueba de agua. Su tripulación lo desconocía y así tendría que seguir siendo.

Porque aquel hombre en Samba, le guardaría el secreto.

Y la sonrisa cargada de malicia le devolvió el gesto en el reflejo...
O ella, cobraría la promesa de arrancarle los dedos si sus caminos volvían a cruzarse.


El taco de sus botas contra la madera de Leviathan resonó con la misma fuerza que él pasado golpeaba su pecho cuando avanzó hacia la habitación que compartía con su capitana y su compañera de división. Ahí en la sencilla cama descansaban sus armas y su mochila de viaje junto a ese periódico que ya había revisado por completo durante la mañana, mientras trabajaba cambiando las velas e impidiendo que Alex hiciera una soberana estupidez sobre sí mismo ¿De quién había sido la brillante idea de esparcir el rumor que autolesionarse con tinta y fuego era la cúspide de la genialidad táctica?

La Archeron dudaba que el autor de semejante tontería le funcionaran dos neuronas a la vez.

Le dedico una última revisión a su bolso mientras repasaba la información relevante que había obtenido de esas letras impresas en tinta barata, cambios en la marina por ordenes de ese gobierno que desechaba personas como quien desechaba la basura en la isla cargada de neblina. Inevitable su garganta se contrajo, mientras ella se obligaba a tragar el asco de la podredumbre institucional. 

Bandas criminales caídas, nuevas bandas criminales que estaban dispuestos a comerse a si mismos para ganarse el título del rey pirata y aquello, casi le arranca una sonrisa gélida de esos labios carmesís.

Cualquiera que estuviera dispuesto a cortarse su propio brazo para sobrevivir…
Era un espectáculo digno de observar.

Cangrejos fúricos, cantautores, poemas, personas que tomaban justicia por su propia mano y el mismo dueño del poema que había dedicado tiempo a criticar los glúteos de marine en un pantalón demasiado ajustado. Finalmente, la lista de todos esos “se busca” con el precio sobre sus cabezas como si a ella le importase el juego de poder que lanzaba ese gobierno desde sus tronos de marfil. Ironía macabra la que utilizaban para repartirse el mundo.

Y No. No le importaba, pero la irritación sorda y el alivio retorcido en las cosillas cada vez que pasaba la mirada por esas caras…seguía allí.

Latente.

Mientras el eco de su osadía seguía susurrando una verdad que ella se negaba a oír.

Acomodo sus katanas al cinto donde acostumbraba a portarlas, el bolso a la espalda y se aseguró de guardar esas tres manzanas por si alguno necesitaba algo para mantener el azúcar en niveles estables, luego, salió a cubierta. El atardecer de otoño luchaba por hacerse notar en medio de esa neblina que nacía de las costas, y el aire cargado la recibió con ese golpe habitual que llevaba esa isla consigo, como si buscase colarse entre la ropa y adherirse a la piel, recordando que la decadencia podía hacerse con la buena fortuna en un pestañeo. Las palabras de su capitana los llevaron a reunirse al centro de la cubierta, aun así, la Archeron no podía dejar de pensar que le faltaban piezas a ese puzzle, olía a trampa y ellos, carne de cañón, tenían que seguir el rumor de una promesa vacía para que la marina y el gobierno decidieran hacer algo al respecto.

¿Importaba?

No después de ver como habían despachado dos mil vidas en tinta barata y una palmadita en la espalda.

Ajusto su postura sobre el hombro del juicio final, alzando con ligereza la barbilla mientras permitía que ese pequeño bicho que había comprado, ese que no tenía garras y dientes para defenderse y con el que estaba irremediablemente atada, sincronizara con sus compañeros para mantenerse en contracto. Nyxara Archeron se había acostumbrado al retumbar de su cuerpo a cada paso que daba el gigante, de alguna manera, Alex, la montaña, conseguía arrebatarle hasta la última pizca de control al moverla como una muñeca de porcelana, sin que ella pudiese hacer absolutamente nada para evitarlo.

Y aquello, era una afrenta que no podía perdonar.

No era personal.

Simplemente, el control no era algo que estaba dispuesta a entregar.
Ni a él. Ni a ningún otro.


A cada paso que daba su compañero de división, el bullicio proveniente del punto de encuentro iba ganando fuerza. Cuando Alex la depositó con delicadeza sobre el suelo del fondeadero al lado de su capitana, la Archeron se irguió con lentitud soberana, tensando cada línea de su silueta ceñida a ese corse de cuero; uno de los hombres que allí ya se encontraban se dirigió directamente al juicio final que era Alex, y el mar de los ojos de Nyx se clavó en los contrarios con el mismo interés de quien observa una pelusa en su ropa. El movimiento fue lento y deliberado, ese que posaba su mano sobre la bota del juicio final.

Puñal silencioso que declaraba la guerra: si quería doblegarlo, tendría que sobrevivir a la furia de su capitana.

Y la propia.


El mar de sus ojos volvió a la cueva, al instante que la música tomo el centro del escenario. El ruido rebotando sobre las parades de piedra lograba que el bullicio de las palabras, risas, caminatas y canciones ganara más fuerza al mezclarse, y el circo que se estaban montando bajo la mugre de aquella isla parecía atraer a Seraphin quien arrastraba consigo a Jesse. Esperaba que su compañera de división hubiese seguido la orden de su capitana revisando el periódico, de ser así, reconocería que las caras impresas en papel y tinta, tenían forma propia y un precio sobre sus cabezas.

Y Nyx, iba a odiarse por lo que estaba a punto de hacer.

Ese asco profundo le recorrido las entrañas mientras buscaba entre la multitud un hombre, cualquiera, quien fuera no importaba, solo necesitaba un pobre desgraciado a quien se dedicó a observar hasta que percibiera su mirada. Solo cuando la mirada de este se encontró con la suya, la Archeron fingió haber sido sorprendida: un suave sobresalto, un descenso calculado en el marco oscuro de sus pestañas sobre el mar de sus ojos, y, como si ella fuese incapaz de arrancarle las uñas, esbozó esa sonrisa tímida que rozaba la coquetería mientras una de sus uñas se posaba suave sobre sus dulces labios. El tipo de sonrisa que delataba que ha sido pillada observando algo que le gusta.

Como si no estuviese aguantando la arcada mental.

Ocupo la supuesta vergüenza para inclinarse hacia Kagura, haciendo que esos mechones que enmarcaban aquel rostro de líneas finas y pecas dispersas, se deslizaran por sobre su hombro desnudo acariciando su clavícula. Su mano cubrió su boca cerca del oído de su capitana, como si quisiera contarle el secreto íntimo de lo que acababa de pasar – Huele a ratonera, Kagura, y no tengo como probarlo – Lentamente, apoyo la mano sobre el hombro de su capitana para mantener la fachada del secreto cómplice, de ese hombre que parecía haber logrado mover el deseo en ella – Reunir a tanta cabecita cotizada bajo el rumor de un trono vacío, es demasiado conveniente – murmuró contra su oído – Si tenemos que sacar información, dividámonos antes que este vertedero nos explote en la cara – sentenció antes de enderezarse con esa elegancia orgullosa que realzaba la simetría de su silueta y se enmarcaba, bajo la cascada azabache que caía a su espalda.


Notice me, voz seductora-sempai uvu
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#22
Preparé las últimas cosas antes de salir hacía el lugar en el que se suponía que alguien se quería proclamar el rey de los piratas. Me dio mucha curiosidad tal afirmación, además de que si conseguía algo de información útil igual podría unirme por fin a los marines con una buena recomendación. Guardé unas pocas cosas más en la mochila y comencé a vestirme. Me había hecho con varias prendas que me ayudarían a no desentonar en una reunión de piratas y seguramente demás gente del bajo mundo. Si alguien estaba mirando por la ventana vería un buen espectáculo, ya que ni correr la cortinas había hecho, más que nada porque nunca me acordaba de ellas y me importaba poco que alguien me viera.

La verdad es que el traje que había elegido, y seguramente no fuera la última vez que me pusiera algo parecido. La blusa color vino, con gran escote, como me gustaba y complementada con un corset para realzar, y por que quedaba de miedo con la blusa, para qué vamos a negarlo. La falda que empezaba bajo la pieza de cuero de colores verde y azul me daba cierto aire que me gustaba. Además se juntaba con parte de la camisa que también sobresalía por debajo del corset. Todo ello completado con unas botas de cuero, esperaba no haberme pasado y llamar demasiado la atención, pero era posible que el atuendo me diera alguna ventaja sobre el resto de gente que allí se reuniría.

El punto de reunión estaba en la propia isla, así que podía acercarme por tierra, sin hacer falta que cogiera barco alguno, aunque quizás fuera más pirata llegar aunque fuera en un bote. Bueno, mejor caminar, así podía ver bien los alrededores según fuera llegando, aunque no había mucho en aquella isla muerta, en parte podría ser una ventaja ya que no habría posibilidad de ocultarse, pero también era un contra si hubiera querido simplemente espiar. Lo mejor era estar en la reunión desde el principio, no era probable que en algo así fuera a haber problemas. Bueno, al menos si los piratas no empezaban una pelea, e incluso así no creo que me afectara demasiado si me quedaba lo más cerca de la o las entradas.

De camino, o mejor dicho, llegando; al menos eso esperaba, llegó la gaviota del periódico. Lo abrí para echarle un ojo mientras caminaba. Al parecer habían elegido a un nuevo almirante, tras la pérdida del anterior no hacía mucho. Había muerto también un héroe, aunque este fue en la cama, seguro que de los pocos que lo hace de forma tan pacífica. Hubo un cambio en la dirección de la prisión, y una noticia que me causó pena es que una señora que ayudaba a la gente también había muerto, aunque no entendía cómo había sido afectada por dos marines. En fin, alguna noticia más, algunas extrañas, otras creativas, incluso un anuncio para hacer de fotógrafo. Aunque casi me desmayo cuando llegue a los wanted. Me habían puesto uno, y con una buena cantidad además.

¿Cómo había sido algo así posible? Pues lo único que se me ocurría era el incidente en la isla de Karate con aquellos piratas mientras hacía de guardaespaldas. Seguramente al no contar con licencia y haber peleado, o puede que los piratas tuvieran más influencia de la que pensaba. Demasiadas cosas en las que pensar, demasiado para procesar. Aunque ahora cobraba especial relevancia aquella reunión, puede que fuera la única forma de librarme de ese cartel de se busca. Además, me daba legitimidad para estar en la reunión. Lo malo era que pensarían Alex y mi cuidadora. La segunda me conocía bien, y seguro que sabía que no había hecho nada malo, pero el gigante podía pensar que lo había engañado, y eso no me gustaría.

¿Habría otros caminos? Seguramente, además el hecho de que me pusieran recompensa no me cambiaba, ni mis objetivos, solo el camino en llegar hasta ellos. Puede que de momento no pudiera ser la mejor marine, tendría que ser la mejor pirata, y por supuesto la más buena. Ser pirata no me impedía ayudar, solo hacía un poco más complicada mi colaboración con el gobierno, pero no era imposible, seguro que había una manera y la encontraría, por algo mejor que el resto.

El camino de bajada hacía el lugar de reunión era una prueba en sí, y resbalé varias veces por estar pensando en lo que no debía. Seguro que cualquier otro se hubiera caído en esa situación. Y la última vez que casi me la pego fue al ver el pelo azul de un gigante en lo que parecía una gran cueva. Seguramente fuera el sitio de la reunión, pero la cosa es que por un segundo pensé que el ser se trataba de Alex. Este estaba acompañado por un par de chicas que parecían estar cuchicheando y una pareja cercana. Había más gente repartida, incluidas algunas caras de las noticias del periódico. Me sorprendió ver a Vesper allí, lo había conocido en la isla Karate junto a los okama. Pensé en acercarme, pero me mantuve firme a lo que había pensado en un principio y quedarme cerca de la entrada.

No saludé a nadie, no iba a hacer a amigos, y no creía ganar nada al hacerlo. Además, mi animo estaba algo tocado, aunque algunas cosas, a pesar de ello, no las podía evitar. Aunque no lo pude evitar y me quedé más cerca del grupo del gigante, el resto habla a voces y sabía de qué hablaban, pero la conversación de aquellas dos me interesó más. No podía evitarlo, me gustaba cotillear. Además se me daba bien, veía bien en la oscuridad y sabía leer los labios.

Nostacosas
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#23
¿Qué clase de tonto caería en una trampa así? ¿Un loco diciendo que iba a buscar al rey de los piratas en esa isla? Por lo que sea no se la creía, parecía un escenario perfecto para capturar a un montón de aspirantes a Yonko y acabar con un problema futuro desde el inicio. Estaba segura de eso, y sus compañeros habrían sabido de su preocupación en cuanto se encontraran, pero al parecer ellos también habían escuchado esos rumores.

Y sus ideas no podían ser más diferentes.

Tras conseguir un periódico, de forma más pacífica de la esperada, dejó que el resto se volviera loco mientras caminaban a la par que ella leía los artículos. - Un gyojin es el nuevo almirante de la marina, además de que hay un nuevo alcaide de Impel Down -. Masticó el chicle que llevaba en la boca y lo hizo un globo , solo para explotarlo antes de volver a hablar. - Un héroe marine muerto, al igual que una anciana de Sabaody… -. Sohem se retiraba, al parecer, y también aparecía la noticia sobre ese rumor que se esparció por esta isla. No podía ser una buena señal.

La siguiente página al menos fue más interesante. - “Las autoridades advierten que es preferible mantenerse alejados de todos los que lleven consigo estas banderas…” -. Al decir esto, terminó levantando la vista y observando la nueva decoración que ahora llevaba una de las armas predilectas de su amiga, sonriendo. - “Los Hijos de la Libertad son un grupo disperso y variado que cuenta con una diversidad racial a la altura de sus delitos e incriminaciones…” -. Esperó un momento antes de seguir para ver la emoción en sus compañeros. - “Su capitana, Mika Reze, se está ganando un nombre" -.

Era impresionante, incluso ella podía decirlo. Aparecer como un pirata peligroso sin siquiera alejarte mucho de tu hogar debía ser un gran logro, aún más aparecer en el periódico por ser una posible potencia criminal a esta edad y altura.

Al ver la preocupación de Road, siguió leyendo hasta encontrar algo de él, sin poder encontrar nada. - Lo siento, pajarito quemado, no dice nada aquí sobre ti -. Una lastima, pero esa riña amistosa que tenían entre él y la capitana iba a continuar.

Llegó el momento de pasar a los wanteds, a los cuales les prestó especial atención. Un hombre que parecía bastante mayor, esa mujer autoproclamada heroína de la que hablaba una de las últimas noticias, varias personas más hasta llegar a un miembro de su grupo, el cual no se encontraba con ellos aún. - Oh… el gigantón tiene una buena recompensa -. Cualquiera que no la conociera podría decir que ese tono de voz y las palabras dichas podrían significar que estaba pensando en cobrarla.

Luego de un par de personas apareció Mika, con más de 40 millones como recompensa. - Oye, Mikita, apareces más veces -. Le agitó un poco el cartel para pasárselo, así también como lo hizo con Road cuando también vio su rostro en uno de esos panfletos.

Ellos eran los más escandalosos, y vaya a saber uno qué locuras hizo el lunarian cuando no estuvieron juntos como para sobrepasar a Mika en wanted, pero era claro que ellos 3 terminarían siendo los más reconocidos. O eso le gustaría asumir, pues también se encontraba ahí ella, y con una recompensa por su cabeza mucho mayor de la que podría haber esperado. - Bueno, al menos puedes ganarle a Mika, no te desanimes -. Le aclaró a su amigo mientras sostenía en alto su propio cartel y le apuntaba con un dedo, sonriendo ante su clara victoria. - Dime… ¿Qué se siente perder contra la asombrosa Pucca Garu? -.

Como siempre, vencedora en lo importante. Además, sabía de alguien que estaría arrugando esa hoja y jurando encontrarla, como si no la conociera.

Aún así, ese tipo Taito casi duplicaba su recompensa, y había aparecido como uno de los nuevos peligros junto con Mika. Si era el capitán de una tripulación parecía ser algo normal, pero superar los 100 millones no era poca cosa. - Interesante… -. ¿Un aliado? ¿Un peligro del que encargarse? Algo le decía que estaría pronto a saberlo.

Echó un último vistazo a todas las hojas antes de llegar al lugar asignado, buscando grabarse toda la información con esa memoria fotográfica que parecía poseer. La cueva a la que terminaron llegando no parecía ser natural, al menos no en su creación, el mar se mostraba desde el lado abierto, no parecían haber muchas llegadas a pie, un punto perfecto para mover contrabando sin que lleguen visitantes no deseados. Cada vez veía peor esta reunión, a la cual más encima habían llegado varios sujetos que habían visto su cara en esos carteles de recompensa que recién se guardaba en los bolsillos.

Escupió el chicle a un lado y sacó de su bolsillo un cigarro, el cual no tardó en encender y llevárselo a la boca, para luego comenzar a escanear el lugar con sus ojos. Mucha gente, demasiada gente, algunos cantaban y otros charlaban, no parecía haber mucha mezcla de grupos y aún así algo seguía sintiéndose fuera de lugar.

Ahí estaba el hombre con el wanted más alto de todos los reunidos, ese pelirrojo. Su tripulación seguramente sean esos a su alrededor, aunque los reunió en un punto y luego todos se dispersaron como cucarachas al ser descubiertas. ¿Planeaban algo? - Oigan… -. Habló para el grupo, sin intención de ocultar nada pero tampoco apuntando o llevando su vista al otro grupo. - Ese pelirrojo hizo que su tripulación se esparciera, alguien con un wanted tan alto no puede ser buena señal, así que mantengan los ojos abiertos y los bolsillos cerrados -. Tras decir eso, dio media vuelta para quedar de espaldas, intentando ver si podía recabar más información.

Y que cosas te trae el destino.

“...bajo el rumor de un trono vacío, es demasiado conveniente. Si tenemos que sacar información, dividámonos antes que este vertedero nos explote”. Sacar información, ¿eh? Dio un vistazo rápido hacia la dirección de donde venía esa voz, encontrándose conque provenían de una mujer de cabellos muy oscuros, quien hablaba con una pelinaranja. Les dedicó una sonrisa dulce, sin encararlas por lo que dijeron, pero guardando como dato ese pequeño plan que parecían tener.

¿Tendrían algo que ver con el hombre que los reunió a todos aquí? 

Intuición
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#24
El día se presentaba tranquilo, quizás demasiado. No había un alma alrededor, extraño a los ojos de Kazuma. El suelo se movía en todas direcciones y solo veía azul. El mar estaba calmado, pero a medida que se acercaba a la isla, el oleaje era mayor y su pequeña balsa mal cuidada no era un gran soporte que le ayudara a mantener el equilibrio.

- ¿Dónde estará todo el mundo? - Se preguntaba a sí mismo, en medio del océano y con tan solo una isla visible a lo lejos. - El ritmo del viento es extraño… ¿Será que me están llamando?

Seguía mirando alrededor y, aunque tenía unas ramas que había usado como remo en algún momento, parecía que Kazuma se había entregado a la sintonía del mar. La balsa maltrecha que hizo había aguantado más de lo que cualquier persona habría supuesto. Definitivamente nadie habría apostado a que llegaría vivo a dondequiera que fuera.

Poco a poco las olas fueron empujándolo hacia aquella extraña isla, había unos cuantos barcos amarrados con distintas banderas ondeando en lo alto de cada mástil. Estaba claro que no era un buen lugar para llegar y meterse en medio, pero a él no le importaba. Se coló entre dos barcos hasta estamparse contra la orilla, y bajó de un saltito.

Kazuma vestía un haori negro, maltrecho y descuidado, lleno de parches de cualquier color. Cabría entender que los había ido poniendo para cubrir agujeros o partes desgarradas. Debajo, una camisa blanca y unos hakama grises en la parte inferior igual de descuidados, caminando completamente descalzo. Se verían brazos y piernas llenas de notas musicales escritas directamente con tinta, algunas ya corridas y poco legibles. Con una melena oscura y larga hasta los hombros, pero tan despeinada y descuidada como el resto de su atuendo. Apoyando el brazo sobre la empuñadura de su katana, que ahora reposaba en la cintura, sujeta por una correa de cuero desgastada y envejecida.

Caminaba feliz, dando pequeños saltitos y tarareando canciones que inventaba sobre la marcha y ya solo con su tarareo podías intuir qué cantante no era. El pequeño farol que colgaba del cinturón parecía no tener utilidad, pues no tenía vela alguna dentro, pero él, de vez en cuando, se asomaba a lugares más oscuros y lo acercaba como si iluminara esa pequeña rendija negra. No lo hacía pero para él, tenía sentido. Durante su camino encontró unas hojas de periódico tiradas en un charco de barro. Kazuma se preocupó por recogerlo y ojearlo mientras sentía unos temblores bajo sus pies descalzos, en la lejanía, algo de gran tamaño se estaba moviendo. Se agachó, arrancó unas hierbas escondidas entre las rocas y se las llevó a la boca como si fueran un manjar.

- Uhmm, parece que lloverá… - pasaba el dedo por la hoja llena de barro como si estuviera leyendo algún titular a pesar de ser completamente ilegible, - El suelo se estremece ante la llegada de una fuerte tormenta - Miró hacia el cielo, la escasez de nubes decía todo lo contrario - Quizás un fa bemol le vendría bien, daría un poco de ritmo a esa nube - Señalaba al cielo dibujando notas y moviendo nubes que ni siquiera estaban allí.

Sus pasos perdidos le llevaron hasta una cueva donde podía ver a varias decenas de personas que, en su mayoría, se mantenían a distancia entre sí. Un par de chicas se encontraban en la enorme entrada, mirando hacia el interior junto a un extraño gigante. Kazuma avanzó como si aquello fuera lo más normal del mundo y algo común en su día a día. Acercándose a la cueva, pasó por el lado de ellas mirando hacia lo alto del gigante, se puso delante y lo observó. Se llevó la mano a la barbilla, pensativo. Parecía que iba a hacer algún tipo de observación sobre lo que tenía delante. Terminó sonriéndoles a ambos, como si los hubiera reconocido desde hacía años.

- ¡Don pisatechos! Sabía que te conocía de algún lugar, ¡y mi querida Rayito de Sol! - Esbozó una sonrisa afable, casi amistosa, como la de quien ve a un gran amigo por primera vez en años mientras miraba a la pelirroja. De voz grave pero llena de gallos, agudos exagerados que se colaban entre sus palabras, una voz extraña y ridícula - ¡Ah! ¡Una tercera nota! ¡Magnífico! ¡Ya tenemos acorde! - Dijo, ahora mirando a la chica de pelo negro, realizando una breve y elegante reverencia, con un toque teatral, se dio la vuelta y caminó hacia el interior de la cueva pero antes, volvió a girarse llevándose el índice al oído y con cara de sorpresa mirando a las chicas - ¿Lo oyes? Eso es un fa sostenido...o un barco...ahora tengo dudas...no veo a nadie llegar, qué raro... - Y sin esperar ningún tipo de reacción, continuó su camino, moviendo los dedos como si delante de él tuviera una gran orquesta que dirigir, un gesto que no podía evitar.

Ignoró a todos los demás, pues eran desconocidos para él. Encontró una buena roca sucia y asquerosa para sentarse, rodeado de cajas podridas, y se mantuvo a la espera de que pasara lo que tuviera que pasar, mientras observaba, sonriente, al enorme gigante y continuaba leyendo aquel periódico manchado, mojado y prácticamente deshecho.

Sinfonía de Kazuma
KAZUMA AMEKAZE
[Imagen: Chat-GPT-Image-1-oct-2026-16-23-42.png]
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#25
—AYYYYY LA CONCHA DEL MONOOOOO—

En esta vida hay pocos dolores mas feos que el de un garco atorado en el ojete. Y en consecuencia, no hay placer mas grande que el expulsar el garco del interior. Estaba sentado en el tablón con agujero de una letrina pública hecha, echando una cagada de esas que te queman y hacen arder la argolla. 

Ya con el trabajo hecho, me palpe la panza y puede confirmar que ahora estaba menos hinchadito. —Uff.. ahora si...— Estire la mano para buscar el papel pero mis dedos solo tocaron el rollo de cartón vacío. El color se me fue de la cara y empecé a buscar algo con lo que limpiarme los cachetes, pero no había traído medias que sacrificar. Ya estaba por sacrificar la tanga cuando una gaviota se estampó contra el techo de chapa y dejó caer por la rendija un rollo de papel recién impreso. Lo agarré al vuelo y lo observe, lleno de letritas apretadas, fotos de tipos y un titular enorme. 

—..........puta menos mal.—

Ni me gasté en leer lo que decía. Doblé la primera plana en cuatro y me limpié el orto con una tranquilidad absoluta, dejándole una dedicatoria bien pastosa a las noticias del día. Salí de la casilla acomodándome la zunga floreada, me mandé la mano cargada de anillos directo a la raja para detectar rastros de aquel asunto y me llevé los dedos a la nariz para pegarle una buena olfateada. En ese preciso momento vi el desfile: una caravana interminable de rufianes, piratas, ladrones y villeros que avanzaban a paso apurado hacia quien sabe donde. No tenía la más puta idea de qué carajo pasaba, pero mi instinto me decía que donde se junta gente se arma joda. Así que me sumé a la comitiva sin preguntar nada.

***

Llegamos al borde de los acantilados de basalto negro, donde el smog de la isla se mezclaba con la bruma salada del mar. El terreno caía en un precipicio, abajo del cual se abría una caverna gigantesca como una boca oscura entre peñascos afilados. Para bajar solo había dos senderos, toscamente picados en la roca viva. Sin mas remedio, tuve que bajar por uno de los senderos, apretando a los maleantes a mi costado contra una de las paredes del camino, mientras que los de adelante se iban abriendo a los codazos para no ser aplastados por mis zancadas.

Iba admirando el paisaje lleno de barcos en el mar, con mis anteojos negros apoyados en la frente para ver bien el cielo azul, cuando pisé una laja de piedra húmeda cubierta de verdín y la suela desgastada de mi ojota patinó como si le hubieran tirado manteca derretida.

—¡AY LA PUTA MADRE— Pegué el alarido agudo, mientras perdía el centro de gravedad. Todo mi cuerpo se fue hacia atras y el mundo se dio vuelta. Empecé a rodar ladera abajo como una roca desprendida de la montaña. Mi torso en forma de pelota solo aceleraba mas y mas en la pendiente. —¡CHE HIJOS DE PUTA, AYUDENME A FRENAR QUE NOS VAMOS A CAGAR MURIENDO TODOS!— Los cincuenta tipos que bajaban adelante sintieron el temblor en las piernas, se dieron vuelta y me vieron rodando con una violencia que venía barriendo el sendero a los rebotes. Empezaron a correr a los gritos desesperados pegados unos contra otros, revoleando mosquetes y botellas exactamente igual que en esa película vieja donde una bola de piedra gigante persigue a un arqueólogo por un túnel.

[Imagen: imagen-2026-10-21-152314434.png]
—¡¡¡¡WHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!!!!—

No tenia forma de frenar, agitaba mis patitas desesperado en el aire pero solo seguía girando y girando, dejando tras mi una estela de polvo, mientras me acercaba mas y mas al final del camino.

El sendero terminó de golpe en el piso de la caverna. Salí disparado por el aire los últimos cinco metros y aterricé con un estruendo seco sobre el lecho de grava y charcos de agua, patinando de panza varios metros hasta frenar contra una pila de cajones de madera podridos. Quedé clavado en el suelo con el mentón y los tres papadas aplastados contra el suelo frío de piedra, las rodillas dobladas clavadas en el barro y el culo apuntando directo al cielo, dejando la zunga floreada estirada al límite de la rotura y exhibiendo la zanja a los curiosos que se dieron vuelta a ver el bochinche.

Panza de Beto
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