El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#11
OST
La luz que brilló desde el interior de la casa me dio una pista de lo ocurrido. Si confiaba en el criterio de Shin, todo parecía indicar que aquella tipa era una de los malos. —¡¿Vienen más?! —pregunté ligeramente sobresaltado. ¿Cómo no había caído antes? Las ratas siempre se mueven en grupos, y gente capaz de lastimar a unos pobres niños no podría ser descrita de otra forma, ratas. 

Para poder agarrar a los niños y para no quedar sumergido por la creciente marea, mi cuerpo mutó una vez más. Mi pequeña y encantadora forma de tortuga, empezó a transformarse en algo más grande y monstruoso, recuperando mi pinza en mi brazo derecho y volviendo a andar de forma bípeda.

—Perdonad —les dije a los pequeños mientras los cargaba con todo el cuidado posible con mi brazo, comprimiendo mis extremidades superiores para poder mantenerlos cerca de mi cuerpo, seguros, protegidos de cualquier mal que quisiera hacerles daño. En esa situación me encontraba en un dilema, ¿me quedaba cerca de mi compañero ante la posibilidad de que necesitase apoyo o me alejaba con ellos para garantizar su seguridad?
Contenido Oculto


Un marine jamás se retira.
Un marine nunca huye.
Un marine debe encarar siempre a los malvados.
Siempre ir de frente.

Eran principios a los que me había aferrado hasta ahora, eran los ideales en los que me había apoyado en las peores situaciones. Para mí eran más que unas ideas, eran un credo, principios a los que siempre me podría agarrar si en algún momento sentía que me alejaba del camino. Pero esta vez, me deshice de todo eso, porque la seguridad de unos niños siempre estaría por encima de mi orgullo, porque ellos estaban por encima de todo. Era una decisión difícil para mí, pero fue la presencia de Shin la que me dio el último empujón.

En un principio podría parecer un chico despreocupado, demasiado despreocupado, casi como yo mismo. Pero mientras más tiempo pasaba con él, mejor comprendía que su personalidad estaba fuertemente sostenida por la fuerza que le respaldaba. Pude dar la vuelta y huir con los niños, porque dejaba a alguien en quien confiaba detrás, alguien a quien respetaba a pesar de conocerlo durante tan poco tiempo.

—¡Te lo encargo, compañero!—

Mis piernas no tardaron en empezar a moverse por los tablones inundados en un agua que apenas me llegaba por las espinillas. —¿Estáis bien? Os buscaré un lugar seguro —le dije a los niños con la voz más relajada posible mientras mis pisadas chapoteaban en cada paso. Sabía que ellos estaban aterrados, por lo que tenía que tratar de hacerles entender que yo no era la amenaza a pesar de mi aspecto.

Corrí todo lo que pude hasta que di un poderoso salto horizontal que me permitió alejarme lo máximo posible de la ubicación donde se encontraban mi compañero y aquel extraño barco.

—Shin, no hagas ninguna tontería —pensé mientras llevaba mi vista atrás para ver la  espalda del marine albino.


Cajita de Tortuga
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#12
Su advertencia tuvo una secuencia inevitable, porque la resistencia contraria le hizo comprobar algo bastante particular, y eso era el increíble aguante que portaba la gyojin de cara a sus explosiones lumínicas, aunque había sido visiblemente afectada por el modo en que mostró su confusión. De todas formas, no le dio respiro, al comprobar que seguía de pie volvió a atacarla antes de que siquiera pudiese recuperarse a las primeras ofensivas, y dentro de la cabaña se suscitó otra explosión, proveniente de una esfera de un metro de radio que avanzó a toda velocidad contra el cuerpo de su enemiga, explotando en otro radio de cinco metros y volviendo a dañarla sin darle oportunidad a réplica, sin evitar esta vez sus movimientos al haber reducido la potencia de sus impactos considerando la cercanía de Juan y los demás niños.

No llegó a ver la presencia contraria al abandonar aquel rincón, pero pudo percibirla alejarse con su Kenbunshoku aún activo mientras el bote recortaba las distancias, haciendo que la siguiente sucesión de hechos ocurriera con relativa prisa, porque de un momento a otro, con el marine desde esa pequeña zona alta y cercano al interior de la cabaña, el aura de color rojo y enormemente agresiva había decidido introducirse a la escena, bajo el perfecto conocimiento de Shin respecto a su posición mediante la extensión mantenida de doscientos metros de radio de su energía espiritual. Recibió por fin lo que tenía para decir aún y si lo inquietaba sentir la otra presencia claramente más débil pegada a él, y fue cuando escuchó cierta conjugación en sus palabras que no pudo contenerse, alzando el brazo izquierdo ligeramente a una velocidad descomunal a la par que decidía actuar en reacción inmediata a la amenaza.

'Si vienen aquí para negociar, tal vez considere no romperle el cuello a esta chica'.

Aquel despertar marcó la diferencia.

Su espíritu emitió un shock súbito tan veloz que aquella criatura acuática no pudo reaccionar.

La misma que sintió en Kutsukku, produciendo miedo en aquello que no mostraba una voluntad de resistencia acorde.


Y Hasegawa Shin...

[Imagen: 8a02e6bc-cedb-4dfc-aa03-533dce74310f.png]

...estaba realmente enfadado.

Aquella energía que desconocía se extendió súbitamente antes de que el gyojin terminara de hablar, y tan pronto como su cuerpo quiso asimilar el miedo, el shock de potentísimos daños reemplazó cualquier tipo de sensación adicional, porque Shin no esperó a que la onda terminara de expandirse. Avanzó los treinta y cuatro metros que lo separaban del bote, aterrizando en el susodicho y al lado de la otra presencia mientras se daba la vuelta, y tan pronto como detectó la figura del enemigo, a quien ya tenía ubicado, y sin darle ningún tipo de margen de reacción le apuntó con sus dos manos, extendiendo la dirección de sus dedos índice y corazón al hombro derecho de la criatura acuática, pues sostenía el agarre con la zurda, disparando sendas partículas de luz concentradas que le produjeron un fuerte empuje diagonal hacia esa dirección de un total de cinco metros, obligándolo a soltar a la niña y alejándolo de ella.

En otro parpadeo, sostuvo con su brazo derecho a la persona que reposaba en el bote y avanzó al máximo de su velocidad a la infante suspendida en el aire, sin dejarla caer al agua y sosteniéndola del torso con su brazo izquierdo, ambas extremidades tangibles, pues sólo los separaban diez metros que al ritmo frenético de sus movimientos eran un completo chiste. Shin subió dos metros a la altura de las edificaciones y se alejó otros treintaiún metros con su fruta del diablo, a exactamente la misma posición de la que partió, sólo que un poco más cerca del dúo gyojin, aunque eso iba a resolverlo rápidamente, porque fuera de la vista de ambos y aún sosteniendo a los niños siguió alejándose, saltando nueve metros con sus capacidades físicas y corriendo otros nueve mientras se ponía a cubierto con las estructuras residenciales de los nómadas. Mantuvo una distancia de cuarenta y nueve metros con el bote, cuarenta y cuatro con la gyojin femenina y treinta y cuatro con el masculino entre el empuje y el salto inicial que tomó el susodicho.

—Todo estará bien, ¿de acuerdo? Sólo contengan la energía y mantengan la calma. —a esas alturas, no sabía si su compañero podría escucharlo, pero debía hacer el intento —¡JUAN, TENGO MÁS NIÑOS CONMIGO! ¡LOS ENEMIGOS SIGUEN DE PIE! —gritó con todas sus fuerzas antes dejarlos en el suelo y darse la vuelta, manteniendo Koshin en actividad y completamente listo para seguir peleando, sin perder de vista a los gyojin gracias a su haki, pues también tenía en su rango al Comandante Tortuga.

Let there be light
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#13
Antes de poder saltar al mar, una luz encandiló sus ojos. Como antes, Mael no pudo defenderse y el dolor, que de por sí se expandía ya desde su cabeza hasta su cuello, se intensificó aún más. Esta vez si gritó, pero ni el dolor ni su grito la detuvieron de saltar al agua, en donde su voz se perdió en las profundidades. No podía ver, aunque podía sentir con esa habilidad que su capitán le había enseñado meses atrás, de ese modo se enteró de la presencia del barco o, mejor dicho, de su compañero y de los otros niños, tras de ella.
 
—¡Maldito humano!
 
Su voz no llegó a la superficie; sin embargo, su aura, de dulzura pasó a verse turbulenta, caótica, aunque no tanto como la de su compañero, al que sintió saltar sobre ella, junto con la presencia de alguien más, alguien a quien podía distinguir como uno de los niños, en específico, de la chica mayor a la que habían atrapado días antes, lo sabía porque, aunque el aura de ambos niños fueran del mismo color naranja, la de ella era solo un poco más brillante que la del muchachito al que Gill había dejado en el pesquero.
 
Guiándose por el aura del muchachito, la medusa rodeó el barco y dio un salto que la llevó hasta la cubierta, en la cual, apenas se apoyó, se agachó para palpar con sus manos la madera.
 
—¿Por qué no puedo ver? ¿Por qué, por qué? —Sus ojos rosas seguían intactos, pero sus retinas se negaban a responder, lo único que podía “presenciar” eran siluetas borrosas que poco o nada le servían para guiarse. —¿Qué me hizo ese desgraciado humano? ¡Agh! ¡Capitán! —En un grito desesperado, llamó a quien se supone que servía, pero no hubo respuesta, pues, lejos estaba aquel hombre de esa isla y del bullicio que su compañero y ella pudieran estar armando en el mar.

Así que, sola, la chica siguió palpando la madera, guiándose por su conocimiento perfecto de aquella embarcación en el que había viajado en los últimos meses, para llegar, casi que, arrastrándose, hasta puertilla que la llevaba hasta la cabina del “capitán”.
 
Más temprano que tarde, logró abrir la perilla y se encerró en aquel cuarto, justo en el momento que sintió el peso violento de alguien más sobre el barco. La chica medusa dejó escapar un jadeo de sorpresa, por un momento creyó que irían por ella, pero no…algo más estaba pasando, algo que provocó que un escalofrío recorriera su espalda justo cuando logró tocar el auricular de su den den mushi. Tenía la intención de descolgarlo, pero su acción quedó a medias.
 
—¿Qué…?
 
Miedo.
 
El miedo la dejó sin habla y fuera del barco, las cosas no eran distintas.
 
Hay algo a lo que Gill no estaba acostumbrado: A que le respondieran.
 
Su apariencia solía ser suficiente para intimidar a más de uno, quizá no entre su propia tripulación, pero si cuando salía al mundo, mucho más cuando su voz se imponía combinada con su aura sanguinolenta y, como cereza sobre el pastel, un rehén.
 
Con todo eso a su favor, el solía ser quien imponía miedo, no al revés, entonces… ¿Por qué ahora estaba tan tenso?
 
Sus manos se cerraron en puños fuertes, aplicando sin querer toda su fuerza en un solo punto. Olvidó por completo a su rehén, olvidó que mantenerla con vida era parte de su propia supervivencia, pero no pudo evitarlo, no cuando su cuerpo respondía por cuenta propia ante aquella presencia que no podía comprender.
 
¿Quién era?
 
¿Por qué su presencia era tan fuerte?
 
Sin pensar dos veces, alzó a la niña frente a si, ni siquiera se dio cuenta de lo que había causado cuando intentó usarla como bandera blanca para una tregua…una tregua que no llegó.
 
Todo pasó en un parpadeo.
 
Una especie de balas lumínicas vinieron directamente hacia ellos, atravesaron su “escudo” y luego golpearon su hombro, haciendo que soltara a la niña al mismo tiempo que salía disparado 5 metros hacia atrás. No cayó sobre el agua solo porque las garras de sus pies lo mantuvieron fijo en la arena, aunque, de todos modos, se inclinó. Sus manos enguantadas sujetaron sus rodillas y jadeó por culpa de aquel golpe que el marine lumínico le había provocado.
 
Miró hacia el frente, el agua se había teñido de un color rojizo, pero ya no estaba el cuerpo de la niña a la que se supone que usaba como rehén…eso solo lo hizo pensar en una cosa.
 
—Je, eres un idiota —. A pesar de que aún temblaba, el pirata sonrió, nervioso, pero dispuesto a realizar un nuevo movimiento.
 
El gyojin, aun con el corazón en la boca, se giró para alcanzar al marine que se había atrevido a llevarse al niño que reposaba en el barco pesquero y a la otra niña y aceleró su paso, reduciendo en poco tiempo los 34 metros que lo separaba del marine peliblanco, al mismo tiempo que alzaba ambos brazos y los cerraba en puños que aprovecharon la humedad que le otorgaba la cercanía al mar para conectar, de frente contra el marine que antes lo había atacado a él.
 
Los puñetazos fueron inevitables, la velocidad a la que llegaron no pudo ser prevista por ninguno de los dos marines como para evitar el golpe; sin embargo, producto del miedo que sentía el gyojin morena, no se movió de su sitio más que para dar un salto que lo situaba justo al lado de los niños a los que tenía en el barco, incluyendo la niña a la que antes había tenido de rehén y que ahora, por un impulso, estaba muerta.
 
—Je… ¿Siempre eres así de caótico? —Movió el cuerpo de la niña para que el marine se diera cuenta de lo obvio: Lo que había llevado consigo en su afán de acabar con él no era más que un cadáver…un cadáver que pudo haberse evitado. —Yo sí quería negociar, pero mira lo que TÚ le hiciste a ella… ¿Vas a hacerle lo mismo a los demás si eso implica acabar con nosotros?
 
El silencio en la costa se intensificó, solo era opacado por la marea y la brisa marina que ahora arrastraba consigo un olor a sangre que venía desde el cuerpo de la niña y del mismo gyojin, ambos con heridas similares, aunque en un cuerpo, era más letal que en el otro, evidentemente; sin embargo, si se observaba bien, el cuello de la niña estaba morado, flácido, caía de manera poco natural con respecto a su cuerpo: estaba roto.
 
El gyojin entonces alzó ambas manos, seguía temblando, pero no era tan idiota como para dejarse morir o capturar cuando podía negociar, además, estaba claro que hiciera lo que hiciera, no era rival para el marine, de hecho, el golpe anterior simplemente fue para ganar su atención, para hacer que lo escuchara…bueno, también porque lo carcomía la rabia al saber que este asqueroso humano podía superarlo.
 
—Marines —. Esta vez habló más alto, dirigiéndose también a Juan, pues no había pasado por alto la enorme forma rojiza con uniforme de la marina. —Puedo darles información si es lo que buscan, incluso podría dejar ir al resto de los niños si ustedes prometen dejarme ir a mí ¿No les parece un precio justo? —Movió su cabeza, intentando señalar el barco pesquero en el que había llegado. —Tengo documentos y contactos en ese barco que podrían ayudarlos a atrapar algo más grande ¿Eh? ¿Qué dicen? ¡Ah! Y no se preocupen por Mael —. Ninguno se había presentado, pero podían asumir que hablaba de la chica medusa. —Si necesitan a un culpable, yo mismo puedo entregárselas…es médico ¿Saben? De esas que hacen experimentos raros, pueden comprobarlo en la cabina del barco, si la llevan y muestran su laboratorio, nadie dudaría que es la causante de todo esto —. El gyojin seguía con las manos arriba, en una posición de rendición. Estaba dispuesto a aceptar los términos, a fin de cuentas, él nunca le juró lealtad a ninguno de sus compañeros piratas, entonces… ¿Por qué debía arriesgarse por ellos?
 

 
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#14
OST
Continué con un segundo salto sin detenerme ni un solo segundo. Necesitaba encontrar un lugar seguro para poder dejar a los niños a salvo y poder regresar lo más rápidamente posible con mi compañero. Al caer sobre la pasarela, pude sentir el chapoteo del agua y el crujir de la madera húmeda bajo mis garras de tortuga.

Con la respiración jadeante ante el esfuerzo que estaba haciendo, logré encontrar un punto alto, un barril de madera vacío que se encontraba junto a la puerta de una de las chabolas que conformaban este asentamiento. No era el lugar que cualquiera desearía para usar de refugio, pero estaba lo suficientemente en alto como para que los niños se mantuviesen secos y, sobre todo, escondidos de cualquier sucio criminal que quisiera hacerles daño.

—No hagáis ruido, volveré pronto a por vosotros —les dije tras depositarlos en el interior del tonel, justo antes de cerrarlo con una tapa de madera. Me aseguré de que la tapa solo quedase ligeramente apoyada por encima, para que en ningún momento les faltase el aire a los pequeños si por algún motivo me retrasaba más de lo esperado.

Antes de que pudiera darme la vuelta, algo sorprendente sucedió. Una explosión de luz cegadora, que no podía ser de nadie más que de Shin, envolvió toda la zona en un parpadeo. Fue demasiado veloz como para que pudiese reaccionar a la misma, pero el enorme rango del ataque me permitió apreciarlo de forma clara y concisa.

—Por poco… —Musité al ver cómo el rango de la explosión casi llegaba a mi localización y a la de los niños. Era algo demasiado oportuno como para ser una casualidad, no tenía ninguna duda de que mi compañero había usado su mantra, o como Enji le llamaba, el ojo mágico del culo, para precisar mi ubicación y usar su ataque. —Sí que es confiable… —Susurré al comenzar a correr en su dirección.

Sabía que era muy probable que alguien de su calibre no necesitase mi ayuda, pero nos enfrentábamos a criminales capaces de dar golpes notablemente duros, y Shin mismo mencionó la presencia de más rehenes. Si queríamos aumentar las probabilidades de sacarlos de allí con vida, tendríamos que dar todo de nosotros para ello.

Por desgracia, el escenario que me encontré fue desolador. A poca distancia de mí se encontraba Shin, quien tenía a su lado a una chica. La muchacha no se movía, no parecía respirar. Se podía apreciar cómo su piel se ponía cada vez más pálida, acentuando las marcas de unas manos en su cuello.

No sabía exactamente qué había pasado, tampoco necesitaba preguntar porque el evidente responsable se encontraba frente a nosotros. Apreté mis dientes con furia, esos canallas se habían atrevido a arrebatarle la vida a una pobre muchacha, esos malnacidos habían cruzado una línea de la cual nunca se podría regresar y que sentenció mi juicio sobre ellos. Lo único que podía pensar en estos momentos era en que quería matarlos… No, debía matarlos… Por la seguridad de las buenas gentes de esta isla, especialmente los ancianos y los niños que no tenían capacidad de defenderse.

Eso era lo que me pedía el corazón, pero sabía que era necesario capturarlos, al menos a uno de ellos. No sabíamos cuántos criminales había detrás de estos actos, si nos limitásemos a acabar con ellos, podrían quedar raíces de este mal esparcidas, no solo por Long Ring Long Land, sino por todo el Grand Line.

—Shin, antes de matarlos debemos sacarles toda la información que tengan a estos desgraciados… —Mi tono no era analítico, mi voz no transmitía calma y prudencia, solo una rabia contenida que evidenciaba la sensación de fracaso que significaba para mí haber dejado morir a una pobre chica.

Cajita de Tortuga
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#15
Lo percibió instantáneamente gracias al constante uso de su Kenbunshoku haki, y eso muy contrario a generar algún tipo de cambio abrupto en su accionar, confirmó las prioridades de la misión, manteniendo el mismo gesto solemne que lo llevó a atacar. La niña había muerto, y eso cambiaba las reglas del juego, uno en donde ni tras recibir semejantes impactos en el pecho, haciéndolo escupir sangre y derribándolo, tenía pensado abandonar, por ello ni siquiera escuchó el contenido real de lo que las frases del gyojin expresaban, pues aún envuelto en su técnica Koshin, con la energía lumínica voraz ansiando seguir dañando a sus oponentes, se levantó del suelo convertido en su elemento aunque la mitad de rápido de lo que era habitualmente, y con sus brazos tangibles sostuvo el cuerpo de los niños tras recortar ese metro que los separaba justo en el instante que aquel sujeto alzó las manos bajo la intención de rendirse.

No frenó, a sabiendas de que ni habiendo reducido durante un pequeño instante su velocidad máxima podía reaccionar a él, pues al levantarse no hizo un gesto notorio, sólo se convirtió en luz y redirigió su cuerpo en la dirección deseada, materializándose otra vez para terminar de ejecutar su plan, mismo que concretó al sostener de la ropa o el torso a los infantes, y por esa misma razón pudo alejarse junto con el cuerpo y la otra vida aún latiendo, percibida por su haki.

Se alejó quince metros en horizontal en dirección a donde se había ido Juan, con el cuerpo inclinado y sin permitir que al soltarlos se hagan daño, y sin dejar de moverse, volvió sobre su transición, aunque elevándose cuatro metros en el aire a la par que se daba la vuelta, encarándose a la entidad acuática más cercana, así decidió recorrer las distancias en vuelo, aunque tras acercarse unos quince soltó una oleada de la energía extraña que había expulsado antes en un radio de seis metros, como si quisiera acercarse al núcleo de su rabia. Sin dejar de moverse, hizo un cambio abrupto de dirección, alejándose en diagonal un total de veintiocho metros, más específicamente a la "derecha" del torso del enemigo, con una desviación de 145° en relación a los niños, dejándolos fuera de su rango.

Tras ubicarse donde quería, los niños quedaron a 41 metros, el gyojin masculino a 28 metros, y la femenina que ubicaba con su Kenbunshoku en el barco se mantenía a 30 metros. Allí explotó una de sus técnicas, sin permitir la reacción de ninguno de los presentes al moverse mucho más rápido de lo que siquiera pudiesen pensar e inclusive, sentir. Una esfera dorada de 40 metros de radio, que alcanzó a los dos enemigos por igual gracias a las propiedades intangibles de su luz, sin que Mael pudiese escapar ni detrás de las paredes del barco, empujándola contra las susodichas y dejándola inconsciente, al igual que aquel quien cometió el asesinato era lanzado un total de cincuentaiséis metros en relación a su punto original de partida, quedando a 83 metros de Shin. El albino retrocedió 4 metros hacia la orilla, aterrizando en tierra firme y ubicó por fin a Juan, quien expresaba un deseo puro de matarlos, con una distancia final respecto a Gill de 79 metros, y de Juan a 49 metros.

—¡Esta es tu última oportunidad! ¡Ríndete ahora y vivirás! ¡De lo contrario, te alcanzaré donde sea que te metas y te haré sentir lo que le hiciste a esa niña! —exclamó el marine, completamente convencido de sus palabras —¡No puedes escaparte de mí! ¡No puedes esconderte de mí! —con sangre en la boca, su seguridad parecía enaltecerse, gritando tan fuerte que en la quietud de la noche, aquel sujeto podría escucharlo. Hasegawa, de todas formas, estaba listo para arremeter contra aquel tipo, porque ya había demostrado ser un completo cobarde. Antes de seguir, le dio indicaciones al Comandante que estaba con él en aquella misión —Uno de ellos sigue vivo, está por allí. —señaló con su brazo derecho —El enemigo se encuentra a un aproximado de ochenta metros en esa dirección. —indicó a Sebastian con el mentón, entonces volvió a escupir el líquido vital, limpiándoselo con una de las manos, y dirigiendo sus ojos cerúleos en dirección al culpable de aquello, mientras que con la libre empezaba a tratar sus heridas, utilizando uno de los botiquines que le quedaban en su equipación.

[Imagen: 046ea091-5a2d-4a42-8c21-78431feb56be.png]

—Esto se termina ahora.

Estaba cansado y herido.

Pero todavía pensaba únicamente en ganar.

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#16
Parpadeó una, dos, tres veces. Luego perdió la cuenta.
 
Mael, aún en la cabina del “capitán”, ignorando el drama que sucedía fuera, uno que podía escuchar, aunque no ver, poco a poco se estabilizaba. Su pecho subía y bajaba, en un inicio con rapidez, pero con el pasar de los segundos y con el estallido de la batalla exterior, su respiración fue controlándose poco a poco. Su corazón dejaba de martillear con la fuerza que provocaba que se escuchara como un tambor contra sus costillas y su visión, de estar completamente nublada, pasó a estar solo nublada. Seguía viendo solo sombras, pero ubicarse era más sencillo ahora que se había acostumbrado a su entorno.
 
Fuera escuchó un estruendo, uno que hizo un esfuerzo por ignorar. No tenía tiempo para defender a Gill, debía anunciarles a sus compañeros lo que ocurría.
 
Esta vez, con el corazón aun en la boca, sí logró descolgar el den den mushi.
 
Por unos segundos esperó, mientras que uno de sus pies daba golpecitos en el suelo, haciendo que la madera resonara con un tac, tac constante hasta que del otro lado se escuchó un gotcha que anunciaba que alguien había descolgado.
 
—¡CAPITÁN! 
Contenido Oculto

 


En tierra las cosas no se quedaban atrás, mientras Mael intentaba poner orden a sus ideas en medio de una llamada, Gill tenía otros problemas.
 
La rapidez con la que el destello de luz pasó frente a él fue suficiente para que, en medio de sus acciones, de repente sintiera una pesadez en sus ojos que hizo que todo a su alrededor se volviera borroso… ¿Qué había pasado?
 
Cuando terminó de hablar escuchó ruidos, pero no podía ver de donde venían, tampoco fue capaz de darse cuenta de que el marine al que intentaba llegar con su voz había quitado de en medio a los niños, incluyendo a la niña muerta.
 
Rápido…Todo era demasiado rápido. Su cerebro no podía seguirlo, era frustrante, lo hacía apretar los puños y querer alejarse de ese lugar, regresar al mar. Empezaba a pensar que nunca debió salir de su barco, debió ponerse en marcha en dirección contraria en cuanto sintió que algo raro pasaba en el territorio que Mael debía cuidar. Se maldijo internamente, pero era tarde.
 
Intentó dar media vuelta; sin embargo, de nuevo una oleada de miedo lo detuvo en seco. Sus puños se apretaron de nuevo con una fuerza tal que las uñas como garras se clavaron en su la tela de sus guantes con toda la fuerza que tenía en sus manos. Sus piernas flaquearon y el gyojin terminó arrodillado en el suelo. No podía ver, pero aún así, bajó su cabeza para darse cuenta de que, incluso con la vista borrosa, podía percibir las sombras de sus manos temblorosas.
 
¿Por qué hacía eso? Le había propuesto una tregua… ¿Acaso no lo escuchó? ¡Podía darle información!
 
Quiso explicárselo a gritos, pero apenas abrió la boca un ataque le llegó tan rápido como el miedo que recorría sus venas. No había manera de reaccionar ante el terrible poder de aquel sujeto.
 
Lo único que supo después de “ver” el destello es que su cuerpo salió disparado hacia un punto lejano de la geografía del lugar. Bajo él sintió la densidad del agua salada, pero no estaba en una zona tan honda como para emprender un escape inmediato…No… ¿A quién engañaba? Incluso en una zona tan baja del mar habría podido defenderse o huir si aún estuviera en sus cinco sentidos, pero esta noche, las cosas no eran así.
 
Seguía temblando, pero ahora se le unía la pesadez de su cabeza y sus ojos borrosos…Ni siquiera podía guiarse a través de las auras de los marines, pues por más que intentaba usar aquella habilidad a la que llamaban haki, sus sentidos quedaban bloqueados.
 
—¡Basta! —Gritó desde su lugar, con una voz que no escondía el temblor. —Lo dije…lo dije antes…me rindo…me rindo… ¡No me arreste, oficial! —En el silencio de la noche, a pesar de la distancia, la voz de Gill podía escucharse con mucha claridad. —No…no me interesa esconderme, no, no, no…lo dije, puedo entregar a Mael, puedo entregarles el barco como evidencia, todo lo que hay dentro…pero, no, no me maten, por favor…
 

 
—Entendido, cap…
 
Mientras tanto, en el barco, de manera simultánea a la explosión que mandó a volar a Gill, Mael no tuvo tiempo de reaccionar cuando el haz de luz la alcanzó cuando estaba en medio de su llamada.
 
No tuvo tiempo de colgar o de decir más nada, simplemente, soltó el auricular obligada por la fuerza del impacto que la estrelló contra la pared metálica de la cabina del “capitán”, lo único que la separaba del mar.
 
La debilidad abordó su cuerpo, aun estaba consciente, pero no era capaz de levantarse para huir o para pelear, ni siquiera para colgar el den den mushi, desde donde aún se escuchaba la voz de su capitán exigiéndole una explicación, pero sus fuerzas, incluso para hablar, habían abandonado su cuerpo.
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#17

Mantuvo su haki activo en el mismo radio, completamente atento al entorno y entendiendo ante la abrupta disminución del aura en la presencia femenina que fue derrotada sin llegar a morir. No era el caso con la bestia traidora y asesina que reposaba a setentaicinco metros de distancia en línea horizontal, escuchando los gritos a medida que se acercaba a él caminando, con los puños cerrados y escupiendo otro poco de sangre que aún salía expulsada debido al golpe en su pecho, frunciendo el ceño guiado por la brutal rabia que sentía en su interior, transfiriéndose al espíritu morado que se exhibía desde su cuerpo.

Recortó a sesentaiséis los metros que lo separaban de la criatura acuática, recordando entonces la manera en que empezó todo aquello y como fue escalando poco a poco, entendiendo que detrás de los niños existían intenciones horrorosas, volviendo a la muerte de la pequeña que había dejado de responder esa noche, haciéndole latir el corazón con una fuerza que casi no reconocía en sí mismo, trayendo a colación las mismas memorias del día más oscuro en su vida, cuando no pudo salvar a Himari del cruento destino que enfrentó por una mala decisión propia.

Casi no prestó atención a las súplicas, cegado de resentimiento, y desde ese punto, sólo pudo apretar los dientes y cerrar el puño derecho. Los destellos púrpuras aparecieron sin que se de cuenta, reflejándose casi de inmediato en las iris de azul glacial que portaba el Comandante, y sin dar tregua, aún manteniendo el máximo poder ofensivo que portaba al menos en aquel instante, susurró unas pequeñas palabras antes de lanzarse una vez más contra el que consideraba máximo culpable de lo que pasó esa noche.

—Como si fuera a permitir...

No terminó la frase, sus ojos simplemente se oscurecieron al mover levemente la cabeza hacia delante, tapando la luz lunar al rostro, y entonces... salió disparado hacia el último enemigo en pie a una velocidad ridícula, colocando el cuerpo en horizontal para afirmar el vuelo y recortar las distancias en un parpadeo. La diestra cerrada no escatimó en gastos al estar preparando su técnica más poderosa, hundiendo el puño en el pecho ajeno sin generar daños, sólo... marcando la detonación de lo que sería un pequeño show de fuegos artificiales.

[Imagen: 40ce0a62-d001-4fa8-8081-02e310919466.png]

—¡...que te rindas sin sufrir lo que causaste!

Y explotaron, envueltos en un radio visible de seis metros.

El púrpura cambiando la iluminación de aquel lugar. 

Destellos violentos marcando el final de la tragedia.

El sonido fue ensordecedor, y las luces eran difíciles de observar sin entrecerrar los ojos, sin embargo, tras la increíble energía que se condensó en ese único punto, con su haki seguía detectando vida en el cuerpo que ahora yacía inconsciente a sus pies, cubierto de aguas no demasiado profundas, y permitiendo que el gyojin siga siendo visible. La pelea terminó, era un hecho, haciendo que tras la adrenalina su cuerpo intentase sucumbir al shock de cansancio que todo el esfuerzo físico supuso en esa noche trágica, sin nada que celebrar por el pensamiento de la vida que no alcanzó a desviar del camino de la muerte.

Shin observó el cuerpo, inerte, y decidió sujetarlo con ambas manos para arrastrarlo hasta la orilla, intentando identificar a Juan con la vista, teniendo el cuerpo magullado y con un claro sudor frío entremezclándose con la sangre emergente de sus labios. —¡Por aquí, Juan! —exclamó, desactivando todas sus técnicas y reduciendo a cuarenta metros el radio de su haki, sintiendo un enorme alivio de esa extraña fuerza espiritual que aprendió hace no demasiado tiempo, manteniéndola en control desde ese punto aunque sin poder paliar la agitación que conducía todas las respuestas instintivas de su cuerpo.

Conforme el Comandante se acercara, sería claro con sus intenciones —Repitió muchas veces tener información, voy a curarlo y tratar de que recupere la consciencia, luego buscaré a la gyojin que se fue al barco y la traeré aquí. —apuntó en dirección a la embarcación, con señales claras de que se estaba llevando a sus límites —¿Cómo están los niños? —preguntó, tras reducir el rango del kenbunshoku dejó de poder percibirlos y le interesaba más la opinión de su carismático compañero, entendiendo que al menos en ese instante no había espacio para las bromas, sólo trabajo, uno que debían terminar con datos sobre las actividades de estos monstruos, porque no tenían otro nombre.

Dicho y hecho, Shin sacó uno de sus botiquines pequeños y comenzó a tratar las heridas del pecho en el enorme enemigo que acababa de dejar inconsciente, tratándolas con la precisión que el mismo Cangrejo había observado en el mercadillo aunque sin el deseo real por ayudar a su "paciente". Lo hizo para que despierte, algo que se reflejaba gracias a los golpes en el rostro sin ánimos de generarle contusiones que siguieron después, esperando que aquel tratamiento fuese suficiente.

Luego, asintiendo hacia Juan, volvió a alzar en vuelo y recorrió la distancia que lo separaba de la fémina, ubicándola con su haki una vez estuvo en el radio correcto e ingresando a la cabina donde intentó ocultarse. Pudo ver el Den Den Mushi, notando que se encontraba en actividad, y decidió irrumpir en silencio mientras levantaba a su primer rival de esa noche del cuello con su diestra, recogiendo al caracol con la extremidad libre, intentando descubrir si el interlocutor decía algo de utilidad en el completo silencio que impuso en el viaje hacia Juan Sebastian.

Colocó a la más pequeña aún despierta al lado del gyojin de considerable altura, manteniéndose firme a pesar del cansancio, y finalmente desactivó su fruta, soltando pequeños suspiros que podían alertar al Cangrejo a pesar de que gradualmente se estabilizaba. —¿Quieres... que me encargue de los niños? —la pausa en su frase no fue menor. A medida que el efecto de la adrenalina disminuía, Hasegawa sufría una expansión en sus dolores y un peso enorme en el cuerpo, pero no actuaría sin un consenso unánime en conjunto con su compañero marine, a quien observaba hacia arriba por la diferencia de alturas tras conseguir mantener con vida a los dos piratas que ocasionaron aquel desastre.

Let there be light
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#18
OST
Shin me dio indicaciones después de amenazar con una contundencia muy efectiva a la escoria de ser que teníamos frente a nosotros. No dudé en hacer el amago de dirigirme al lugar que mi compañero me había indicado, pero me detuve por un instante ante las palabras de aquel asqueroso asesino.

—Tú… —Susurré con una furia que pocas veces había tenido, completamente alterado por escuchar cómo el gyojin estaba dispuesto a entregar a su compañera para salvar su pellejo. Era como si aterrorizar a la población del lugar y matar a una pobre muchacha no fuese suficiente, tenía que seguir esforzándose para que le odiase más y más.

Antes siquiera de que pudiese pensar en mi siguiente movimiento, Shin actuó con su velocidad inhumana. Para cuando quise darme cuenta, el hombre merluzo estaba noqueado y Shin ya lo estaba trayendo de vuelta a nuestra posición. Yo me acerqué a él, empezando a preocuparme por la salud de mi compañero al ver sus heridas y su evidente cansancio.

—Los niños están bien, los escondí en un barril a algo de distancia de aquí. Deberías descansar… —Le dije justo antes de ver cómo se disponía a curar al intento de pescado responsable de todo esto. Odiaba ver a un marine de bien como Shin tener que ponerse a curar a un asesino de niños, pero si queríamos sacar la información que necesitábamos, era algo necesario. Ir al barco sería una buena opción, pero viendo el estado de mi compañero, decidí quedarme a su lado mientras estaba vulnerable con su tarea. Yo no era muy rápido, lo sabía mejor que nadie y si algo llegaba a pasarle durante mi ausencia, no me lo podría perdonar jamás.

Cuando Shin terminó, salió volando hacia el barco en busca de la otra criminal. Por pura precaución profesional, coloqué mi pierna sobre su mecho ensangrentado y le apunté con mi dedo que sostenía una gota de agua en la punta.

—Si te mueves, te mato —le dije con el tono más frío que nunca había salido de mi boca. Al poco rato de irse, Shin regresó con su botín haciendo gala de su conveniente velocidad. En cuanto llegó, pude notar perfectamente el cansancio que mi compañero arrastraba en su respiración. Era un orgullo ver a alguien de la división darlo todo de sí por luchar contra el mal.

—Es mejor no traer a los niños aún… Hay cosas que es mejor que no vean a su edad —dije sin apartar la mirada del gyojin que se encontraba bajo mi pesada pierna. Tras un suspiro que trataba de tranquilizarme a mí mismo, me dirigí a mi amigo una vez más. —De momento descansa, te lo has ganado. — Traté de sonreír ligeramente en un intento por mostrarle a mi camarada que estaba orgulloso de él, pero mi rostro arrastraba los sentimientos de tristeza y rabia que me producían la muerte de la chica.

—Muy bien… ¿Hmm? ¿Y ese Den Den Mushi? —Le pregunté a la chica medusa justo antes de agarrar con mi pinza el caracol que estaba descolgado, sin dejar de apuntar a la cabeza del maldito delincuente. Lo miré arqueando una ceja, deduciendo que era una llamada interna de los criminales. —Juan Sebastián al habla, hemos capturado a los sucios criminales. ¿Con quién hablo? Si no respondes, mataré al comosellame este —dije refiriéndome al sucio besugo cuya vida pendía de la punta de mi dedo.

Hacía tiempo que ya había decidido el destino de estos sucios criminales. No era nuestro trabajo como miembros de la Marina juzgar a los criminales, solo llevarlos a la justicia si era posible. No era lo correcto decidir en caliente el destino de otras personas. No era como actuaría un buen marine. No era la imagen de un héroe que tenía grabada en mi mente.

Pero en este momento, todo eso me daba igual.

Cajita de Tortuga
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#19
Su vista seguía nublada, solo podía percibir manchones borrosos moviéndose a su alrededor, incluso sus manos, que se movieron con desesperación frente a su cara, como si sirvieran de escudo para interceptar algún golpe, no eran más que sombras ante su dañada vista; sin embargo, que sus ojos estuvieran parcialmente cegados por la poderosa luz emitida desde el cuerpo del marine, no significaba que sus oídos estuvieran afectados de alguna manera.
 
Su sentido de la audición era sensible y podía captar aquellos sonidos que otros solían ignorar, por ello escuchó con claridad el movimiento de la arena bajo los pies el marine, el chapoteo incesante del agua augurando que alguien se acercaba a una velocidad que apenas y podía procesar.
 
—Por favor…no, no… ¡Amigo!
 
No podía ser el marine rojo que vio antes, debía ser el mismo que lo había estado atacando hasta ahora. Sabía bien que, nuevamente, no podría hacer nada para defenderse.
 
Un martilleo en sus sienes se apoderó de su cabeza y al saberse en peligro, intentó clavar sus garras en la arena para intentar ponerse de pie y hundirse mar adentro para nadar hasta una zona segura, pero, el destino tenía otros planes para él.
 
En menos de lo que canta un gallo no solo escuchó la voz del marine mucho más alta, si no que su cuerpo se vio sometido al impacto de una explosión que no tuvo oportunidad de esquivar, ni siquiera, aunque estuviera mojando sus pies con su propio elemento… ¿Habría podido atacar? No, no tenía la entereza mental para hacerlo, además… ¿De qué servía pensarlo ahora?
 
El golpe en su pecho no solo le sacó el aire, lo hizo escupir saliva y sangre, antes de que su mente cayera por completo dentro de un abismo de negrura.
 
Sus ojos se cerraron y la inconsciencia fue lo único que reinó.
 

 
Sobre su pecho sintió el roce rasposo de las telas de unas gazas, seguido de un ardor que recorrió su pecho, no solo de manera externa, si no también en su interior, pues de un momento a otro su corazón se apretó contra su pecho y se sintió caliente, como si estuviera sometido a unas inclementes brasas, mas todo era su imaginación.
 
Sus pulmones hicieron un esfuerzo por tomar aire y su boca, llena de colmillos afilados y desordenados, se abrió para tomar una bocanada que viajó con dolor de su tráquea a sus bronquios y de ahí a sus pulmones. Eso fue todo lo que necesitó para despertar.
 
Cuando abrió sus ojos no pudo enfocar con la claridad que le hubiera gustado, pero de entre los manchones borrosos, alcanzó a percibir el blanco del cabello del responsable de su estado y de… ¿Su sanador? ¿Por qué lo curaba? Podría haber intentado preguntar, pero su cuerpo se sentía tan pesado que incluso mover su lengua le costó de buenas a primeras, de hecho, tuvo que moverla varias veces dentro de su boca y emitir algunos quejidos para comprobar que, al menos, podía seguir hablando, pero para cuando adquirió una pequeña chispa de valor para abrir la boca, el peliblanco se había esfumado de su lado, pero bien sabía Gill que eso no significaba que estuviera solo.
 
Movió su cabeza apenas un poco para encontrarse ahora con un manchón rojo y blanco. No tuvo que pensar más que por un par de segundos para relacionarlo con el gyojin que creyó haber visto antes… ¿Por qué ayudaba a un marine? No, suponía que era también un marine.
 
—No, no, no —. Habló con dificultad. —No…puedo moverme —. No mentía, le dolía todo como para si quiera pensar en ponerse en pie. —Pero por qué… ¡Tu! ¡Eres un gyojin! ¿No? ¡Vamos, déjame ir! Soy tu hermano…ese sucio humano con brillos te traicionaría en cuanto pudie…cof…cof…
 
No pudo terminar su frase sin ser interrumpido por un dolor en su pecho que se extendió a su garganta y lo hizo toser para aliviar la sensación de estar siendo aplastado con una piedra.
 
—Po…por favor…
 

 
Mientras tanto, en el barco, Mael seguía mirando hacia arriba, su vista había regresado, pero eso no significaba que se sintiera mejor, al contrario, la vista solo le hacía cómplice de la destrucción a su alrededor.
 
En la cabina del capitán varios documentos se quemaron o al menos, adquirieron ese tono negruzco que queda luego de las cenizas. —Es un desastre —. Miró hacia un lado, aun tenía la cápsula que había metido antes en su boca, debajo de su lengua, pero no se había atrevido a tragarla. —Todo esto ¿para qué…? —En medio del caos y de documentos desechos y maltrechos, miró que el tablero que tenían en la cabina estaba casi intacto. Algunos nombres y fotografías se habían quemado, pero el cartel de “se busca” que reposaba en la parte alta del tablero, justo en medio, seguía intacto y las letras rojas que, alrededor de este, marcaban su trayectoria todavía alcanzaban a leerte. —Supongo que el capitán te encontrará de todos modos —. Susurró, aun jugueteando con la pastilla en su boca.
 
Luego todo quedó en silencio por un segundo antes de que la chica medusa viera al marine de cabello blanco entrar por la puerta. Pensó en escapar, en saltar por la borda, pero ahora era tarde para pensarlo y hacerlo…si lo hubiera pensado antes, tal vez no tendría que tragar la pastilla que ahora tenía en su boca, pero ahora que el aparecía…No lo pensó dos veces. La cápsula de cianuro bajó por su esófago y en segundos se asentó en su estómago.
 
Iniciaba la fase 1. Iba a doler.


 
Cuando Mael llegó a tierra de nuevo, miró a su alrededor aun con algo de consciencia, los primeros cinco minutos serían los más tranquilos, sabía que el veneno debía disolverse en su estómago antes de que la pesadilla real iniciara, por ello, aprovechó para estudiar su entorno.
 
Ahí vio que no solo estaba Gill, si no un enorme cangrejo rojo con uniforme de la marina. Quiso preguntar porqué un gyojin se uniría a un grupo en donde abundan tantos humanos, pero guardó sus fuerzas para buscar con la mirada a la tortuga que vio antes. —¿Ma…mataste a la tortuga también? —Le preguntó la chica al marine peliblanco. El hablar le hizo darse cuenta del sabor amargo que se extendió de repente en su boca y del ardor que impregnó su esófago. Se quejó, sus manitas tomaron con fuerza la arena, pero se mordió la lengua antes de emitir otro quejido, pues no era tonta, sabía que el den den mushi seguía en llamada y lo que menos quería es que su capitán la viera como alguien débil…pero… ¿Él seguía ahí? ¿Por qué no hablaba?
 
Sus ojos se movieron a donde esta Gill, quien seguía quejándose de una manera tan patética que la hizo fruncir el ceño y sentir repentinas arcadas… ¿Por qué su contramaestre la había puesto a trabajar con alguien tan inútil? Ahora que lo pensaba, fue culpa de él que los descubrieran, si tan solo hubiera demorado menos en buscar el barco o si tan solo no hubiera sido tan avaricioso, ya habrían salido de Long Ring Long Land hace horas.
 
“Juan Sebastián al habla, hemos capturado a los sucios criminales. ¿Con quién hablo? Si no respondes, mataré al comosellame este.”
 
Mael, dejando de pensar en sus errores pasados, miró entonces al gyojin rojo, escuchó su voz y su amenaza a su compañero. Entonces un sentido del deber se apoderó de la chica, quien usó algo de sus fuerzas para aventarle una puño de arena al cangrejo.
 
—N…no te atrevas —. Respiró con dificultad. Podía estar muriendo, pero su lealtad era por y para cualquier miembro de la tripulación del Abismo; sin embargo, antes de que el gyojin marine rojo pudiera responderle, una risita conocida resonó del otro lado.
 
—¡A ver…a ver…! ¡Do re mi! —Mael abrió sus ojos de par en par, conocía esa voz, la conocía bastante bien. No era su capitán. —¡Shihihihihi! ¡Alóoo~! ¿Me escuchas? ¿Mael? ¿Qué pasó? ¿Ya te moriste? Shihihihi, te dije que tuvieras cuidado, las cartas te auguraban una mala noche ¿Te dije que salió la muerte en medio de tu tirada? Shihihi, sabía que esta vez no era metafórica ¿Sabe? ¡Ah! ¡Con lo duro que es conseguir un buen médico! Siempre se nos mueren… ¿Será una maldición del Abismo? —El caracolito, lejos de verse preocupado, ponía caras graciosas, como si quien estuviera del otro lado estuviera disfrutando de lo que escuchaba.
 
—¡Contramaestre! —La voz de Gill fue la que se alzó. —¡ESTOS SUCIOS MARINES HAN ARRUINADO TODO! ¡UNO TIENE EL CABELLO BLANCO, OTRO ES UN CANGREJO! —La voz del otro lado se silenció por un momento y el caracolito tomó un rostro más serio.
 
—¿Cangrejo dices? ¡SHIHIHIHI! Me recuerda a alguien ¿Sabe? ¿De dónde? ¿De dónde recuerdo a un cangrejo rojo? Jmmmm…¡Ah~! ¡Ya sé! ¡El día en que conocimos a la favorita del capitán maté a un cangrejo rojo gigante! Shihihihi…—La voz volvía a ser divertida y entonces el caracolito, como si el dichoso “contramaestre” pudiera ver del otro lado, ahora los ojos del den den mushi se fijaron en Juan. —¿Y? ¿Juan Sebastián dices? ¿Eres el marine de luz que puso en aprietos a mi médico? —Era evidente que no se refería a Gill, si no a Mael, parecía que el otro gyojin le importaba poco a nada.
 
—¡Holaaaa! ¿Puedes responder rápido? Verás, este es en den den mushi de mi capitán, no el mío, solo se lo quité porque escuché que mi linda médico estaba en aprietos, pero creo que me está haciendo señas de que se lo entregue —. Del otro lado de escuchó un resoplido más lejano, más grave y distinto a la voz que ahora tomaba la palabra. —Ah, por cierto, dijiste que matarías a… ¿Gill? ¿O te referías a Mael? Bueno, da igual, Gill me sirve ahora más muerto que vivo y Mael…creo que se darán cuenta de que no tendrán que ensuciar sus manos con su sangre… ¿Sabe? Todo por culpa de la orden de mi capitán ¡Ah~! Mael, querida, cuando muera espero verte en el más allá…Espero que el caramelo de cianuro no sean tan terrible~
 
En ese momento Mael empezó a hiperventilar y, además, cualquiera con buen oído podría escuchar el latido acelerado de su corazón. Su rostro, aunque de colores distintos a los estándares humanos, parecía adquirir un rubor que evidentemente no era por vergüenza. La chica emitió un quejido y de manera inconsciente llevó sus manos a su cabeza. —¡DUELE!
 
—Supongo que el veneno empezó a hacer efecto —. Murmuró la voz del otro lado, un sonido que llegó acompañado del ruido del barajar de unas cartas. —Juan…Juan Sebastián —. El sonido de la baraja cesó y la vocecita emitióotra risa burlesca. —Shihihihi…¡EL JUICIO! Que carta tan interesante que te ha salido aquí… ¿Sabe? Tal vez esta noche recibas una revelación importante, un mensaje que cambie tu panorama y la manera de ver el mundo…tu mundo…o quizá te juzgues a ti mismo por errores de tu pasado, shihihi…que interesante carta… ¿Puedes pasarme al otro marine? También quiero leer su futuro~
 
Mientras Mael se retorcía en el suelo por culpa del veneno y Gill sollozaba por el miedo de ser asesinado, el “Contramaestre” de la tripulación a la que los dos gyojines pertenecían parecía divertido y dispuesto a hablar…muy dispuesto a hablar ¿Por qué? Simplemente le entretenía jugar un poco con la autoridad, a fin de cuentas, estaba lejos, muy lejos del peligro, además…tenía curiosidad sobre ese par de marines y qué tanto habían logrado descubrir sobre las operaciones de Mael y Gill en la corriente Rakusei.
 

 
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#20
'Deberías descansar…'

Esas palabras se le quedaron rondando por la cabeza un buen rato mientras llevaba a la gyojin del barco hasta la playa, aún bajo el frenetismo abrupto de su fruta del diablo. Con el Kenbunshoku no percibía esa aura hostil que precedía ofensivas inminentes de la fémina casi noqueada, pero tampoco le resultaba relevante, a esas alturas intuía que las dos presencias convertidas en enemigos no tenían mucho más para ofrecer, justo como él, con la diferencia de que pudo mantenerse en pie al final del conflicto bélico.

Lo que le preocupaba de sobremanera, era ver al Comandante Juan Sebastian envuelto en semejante estado emocional. Tras poner a los niños a salvo en un barril, volvió a la zona de batalla encontrándose con el combate casi cerrado, y la baja civil tan sensible que representaba el no haber podido salvar a una infante, eso lo llenó de sensaciones que no le había visto jamás, ni tan siquiera le imaginaba, porque acostumbraba a vincularlo con la inocencia del bien, el heroísmo natural que se tiene al ingresar a la Marina, el deseo puro por proteger. Ahora, las intenciones homicidas contra dos seres desalmados resultaban clarísimas, y no estaba dispuesto a ser un juez moral de lo que sea que decidiera el cangrejo.

Suspiró ante la insistencia de su compañero, negando levemente con la cabeza y dejando el Den Den Mushi sobre la chica, posteriormente retrocedió unos pocos pasos sin interrumpir en ningún momento las acciones del otro marine, buscando las gafas de sol que lo caracterizan en el bolsillo interno de su chaqueta oversized, hasta finalmente acomodarlas en su rostro, tapando casi por completo el acceso visual a sus ojos cerúleos, ocultando de cierta manera el cansancio en su mirada con ese gesto leve. No estaba en desacuerdo con Juan, su desgana iba vinculada a sus propias capacidades, porque si bien, tuvo que enfrentarse a dos enemigos de manera consecutiva, a su forma de verlo no era excusa para terminar en ese estado, encontrando las frustraciones de no haber vencido de manera total.

Ese hecho sería legítimo si todos los niños siguieran vivos.

Si no estuviese cansado o herido.

Dejó entonces trabajar a su compañero, manteniéndose de pie y de brazos cruzados a pocos pasos del dúo gyojin caído. Vio a Sebastian requisar el Den Den y advertir a quien estaba del otro lado respecto a sus posibles aliados, sin embargo, la joven decidió aventarle un puño de arena intentando resistirse a la idea de que su gente muera a manos del marine. Hasegawa bajó la cabeza, indignado por la diferencia entre esos dos seres en sus valores, y mucho más por quien terminaría hablando a través del caracol, logrando que el albino observase en esa misma dirección.

Las palabras divertidas en la llamada lo enfermaron, porque esa situación para nada lo era, y el intento del más alto de sus enemigos por dar información sobre ellos le pareció patético, aunque Shin seguía recuperando el aliento, razón que lo mantuvo en completo silencio, un espectador adicional de la escena. Lo sorpresivo estuvo en el conocimiento de la persona misteriosa sobre un gyojin con las características de Juan Sebastian y... ¿un asesinato fructífero? El rostro de Hasegawa se dirigió a Juan, observándolo detrás de sus gafas negras, permitiéndole lidiar con esa situación, aunque no sin dejar que su desconcierto sea visible.

Después, más desgracias, la llamada Mael consumió cianuro, por ende sus segundos de vida estaban contados. Otro suspiro, esta vez el Comandante sí habló, para darle información concisa a quien estaba liderando aquella situación con sus conocimientos médicos —Morirá en diez o quince minutos, dependiendo de hace cuánto lo consumió. No se puede hacer nada. —asumió en silencio que si le pidió semejante tarea era porque tiene información importante, e imaginaba que el gyojin aliado llegaría a la misma conclusión. El problema radicaba en el desdén de quien estaba al otro lado de la llamada hacia quienes estaban bajo sus órdenes, Shin no se podía imaginar abandonando a su suerte a sus compañeros, se esforzaría al máximo para salvarlos.

—Yo no hablo con la basura. —bufó ante el pedido, negando con la cabeza —Pero para facilitar el trabajo de mi compañero, puedo hacer una excepción. —entonces, tendió la mano a Juan Sebastian pidiendo el Den Den Mushi, señalando con el mentón a Mael. ¿La causa? Intuía que quien estaba del otro lado intentaba ganar tiempo hasta que la chica muriese, y antes de alejarse, en un gesto también silencioso señaló con la cabeza a Gill.

La chica reaccionó cuando amenazó con matarlos, esa reacción podía utilizarse en su contra si de interrogarla se trataba.

No tenían demasiado tiempo y al menos, sus últimos minutos con vida quizás podrían ser productivos de cara a una investigación mayor.

Contra los verdaderos culpables.

Shin inhaló aire y entonces impuso firmeza en su voz, ocultando de manera perfecta el cansancio. No era algo a lo que fuese ajeno, siempre escondía sus pesares del resto. —La próxima vez, envía a tus mejores soldados. A estos los vencí sin que tuviesen oportunidad de nada. —se alejó levemente del par derrotado, no quería que se involucrase en el interrogatorio. Aunque no lo llevó más allá, si Juan quería intervenir, podía hacerlo, incluso si no le daba el caracol, Hasegawa le diría aquello frente a Gill y Mael —Mi nombre es Shin Hasegawa, pronto lo verás en los periódicos. No temo que sepas mi nombre, o como luzco, porque me terminarán conociendo de todas formas. —afirmó, volviendo a las típicas sonrisas confiadas que se le suelen ver.

—La División Treinta acabará con ustedes, así que escóndanse bien mientras puedan. —no le afirmó si era él a quien se referían como el marine de luz, ni resolvió las posibles incertidumbres de aquel hombre, le bastaba con dejarle claro que no le tenía miedo, ni a él ni a su tripulación, porque al final, el trabajo de ellos como defensores de la justicia era asegurar que el mal desaparezca.

Y pensaba brillar...

...brillar con la suficiente fuerza como para heredar su luz a cualquiera que se enfrente al abismo.

Let there be light
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