[EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 1
#31
Hanma era una persona paciente, ese tipo de paciencia que se fragua en los fogones esperando que la carne este en su punto o la cebolla totalmente caramelizada para preparar el plato perfecto. Una persona corriente no sabría de ese tipo de paciencia, también era una persona, contrario a lo que piense todo el mundo por su aspecto, que se presentaba a hablar y a dialogar ¿No es sorprendente esto? aunque prefería siempre dialogar con los puños, claro. Pero había una clase en particular de personas que despreciaba hasta la medula, hasta el punto de alterar toda noción de razón de su mente y hacer que la sangre oni y gigante entren en una ebullición provocando que el calor de la violencia recorriera todo su ser. Aquella indiferencia provocada por el gigante al que Hanma había llamado, había despertado algo en su ser escondido, o al menos algo asomó desde lo mas profundo de su estomago; y pedía sangre. No era rabia simple y vana, no era algo mas complejo, en esa forma de ignorarlo vio a su padre, Akuma; el gran gigante, su progenitor. Los nudillos del gran oni se cerraban hasta tal punto que no podían hacerlo mas, haciendo que sus huesos chirriaran y sus colmillos apretaran una mandíbula de por si ya marcada. Sus antebrazos, con músculos en los propios músculos, se hinchaban debido al aumento de riego sanguíneo. Iba a lanzarse y a arrasar con todos, arrancarle la cabeza de cuajo y beber de la misma en forma de trofeo -Nadie me volverá a ignorar...-

Y justo cuando su pie se clavaba en el suelo para devenir en un salto, el aire se quebró por completo. Algo de enormes dimensiones se había movido y había aparecido, o mejor dicho había desparecido. Hanma pudo comprobar mirando al cielo como aquella vibración hacia mover toda la cueva entera, como incluso las estalagmitas del techo vibraban como si fueran unas hojas livianas mecidas por el viento. Y allí al fono una pared que parecía llevar mas tiempo que todos los presentes juntos colapsó de golpe y porrazo. Hanma no parpadeó, aquello le sirvió para destensar su cuerpo y relajar todos sus músculos. No hacia falta ser muy listo para entender que aquello no tenía un origen natural, y hasta el obeso idiota que cayó rodando entendería aquello. Su rostro regalaría a todos los presentes una sonrisa ancha y feroz -Mira por dónde, al fin algo interesante.- Hanma no dejaría tregua, saldría rampante hacia la dirección a la que ahora todo el mundo miraba. Un torbellino enorme de color cobrizo que correría por entre toda la multitud hacia la cueva. Y en medio de toda la polvareda provocada por la caída de aquella pared y la propia estampida de Hanma, el cual previamente había avisado a sus compañeros de que iba a adentrarse, pudo ver como el grupo de gente mayoritario se apartaba para dejar paso a los demás. Eso no cuadraba en la mente de nuestro pelirrojo amigo, que avanzaría feroz con objeto de que algo o alguien acallara todo el hambre de violencia que poseía en ese mismo momento.

Fue así como el Gran Oni alcanzaría el umbral recién abierto y podría ver un interior iluminado por las llamas de las antorchas. ¿Había un rey al fondo de esto? Bueno, si existiera un rey Hanma lo haría arrodillarse ante el. Y tras eso, por fin. Podría dar rienda suelta a la bestia de su interior contra aquel gigante "mudo", o quizás lo haría en la propia oscuridad de la cueva ¿Quién sabe? Y sin mas preámbulos entraría al interior.
Cocina del Ogro
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#32
El tiempo pasaba y la espera se hacía eterna. Sobre todo para Eele, el cuál había recibido una lección de humildad en forma de carteles de recompensa. Estaba ansioso por demostrar que él era capaz de estar a la altura de sus amigos, que era capaz de causar tantos problemas como ellos, si no más. Se mantuvo erguido, los brazos cruzados sobre el pecho y uno de sus pies golpeando una y otra vez la grava del suelo. Su gesto arrugado empeoraba cada vez que miraba hacia un nuevo grupo de personas. Permaneció en esa actitud hasta que un estruendo lo sacó de sus pensamientos.

—JABJABJABJAB. Vesper, amigo. No sabía que tenías sentido del humor-ring. Como siempre estás tocando esa maldita guitarrita tuya... 

El oleaje hacía chocar los barcos de quienes se habían atrevido a llevarlos hasta allí. Eele se alegró de que su tripulación no contase aún con un navío, pues sabía lo que el mar le podía hacer a los barcos tan cercanos a la costa. El viento arrastraba los periódicos que no habían sido recogidos y los truenos restallaban por el interior de aquella cueva, como si se tratase del rugido del propio cielo. Los minutos volvían a hacerse eternos, hasta que un nuevo estrépito llamó la atención del gyojin sobre el fondo de la cueva.

—¿Qué ha sido eso? No me digas que ha sido ese maldito gordo otra vez. Jabjabjabjabjab.

El navegante de los Hijos de la Libertad revisó el lugar del que provenía el ruido. El ver las dimensiones de la nube de polvo, empezó a pensar que no se trataba de la caída de ninguna persona, por grande que fuese. Apretó sus puños frente a la cara, saltó para situarse al frente de sus compañeros y tensó su cuerpo en una postura de guardia. Unos pequeños bufidos acompañaron a su sonrisa, mientras variaba su peso de un pie al otro. Parece que esto va empezar. Esperó con ansia qué aparecería tras la polvareda. Sintió una gran decepción cuando, de entre la nube de polvo, no surgió ningún enemigo con el que batirse. Tan solo había aparecido una nueva gruta, oscura, hasta que pasados unos segundos, comenzó a verse la luz de lo que podría pensarse que eran antorchas.

Eele miró a sus compañeros y sin mediar palabra supo en qué se había convertido aquello; una nueva competición. Hanma dejó claro que iba a ir, por lo que no podía dudar. Ya había perdido en lo de las recompensas, no iba a perder también en aquello, así que salió corriendo en dirección a la entrada. Ya decidirían qué hacer una vez que estuvieran allí. Corrió entre la gente y saltó para esquivar a otros. Como la distancia que lo separaba de la entrada no era demasiado grande, no tardó mucho en alcanzarla. Al llegar, se fijó en el hombre que había aparecido en el periódico junto a Mika. Parecía estar acompañado por un ejército y tan solo se hicieron a un lado. Eele mantuvo la distancia con ellos, situándose a la derecha de la entrada, a unos treinta metros de aquel hombre y su grupo hasta que todos sus amigos hubieran llegado. Entonces miró a sus amigos.

—Fui rápido, ¿eh? —luego miró hacia Mika y acompañó sus palabras con el típico gesto para entrecomillar—. Bueno, señorita «se está ganando un nombre», ¿Ahora qué? ¿Vamos a conocer al rey de los bastardos? Jabjabjabjab

El gyojin permanecería junto a su capitana en lo que ella decidiese. Llevaban una vida juntos, no iba a ser aquel el momento en que se separasen.



Rincón de Eele
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#33


La expedición más sigilosa de la historia duró tres pasos. Vixen ni siquiera había terminado de decidir hacia dónde tirar cuando Casquito salió disparada, se hizo un nudo con su propia capa y cayó de morros a sus pies. PLAF. Allí quedó, despatarrada en el suelo. La discreción hecha persona, vamos. Vi bajó la mirada y se encontró a Centella hecha un cristo contra el piso. Se le torció la boca. Joder, si es que hasta para darse la hostia había que tener talento.

Se agachó junto a ella, disfrutando de aquella estampa con una sonrisa que no auguraba absolutamente nada bueno.

—¿Pero qué haces ahí abajo, Casquito? —inquirió, ofreciéndole la mano con una reverencia burlonamente teatral—. Qué atrevida esta chica, llamándome BunnyVi. Aww, ni siquiera he tenido que esforzarme para tenerte a mis pies. Voy a acabar creyéndome que te gusto.

Le sacudió el barro del hombro con dos palmadas y, de paso, le estiró la capa para que no volviera a pisarla. Detalle práctico. Nada más. Que nadie se confundiera. Porque eso era lo que a Vixen le mordía por dentro desde que pusieron un pie en aquel sitio, los rumores. Cuando algo se pregonaba tanto, no era porque el tipo tuviera labia: era porque quería público. Y un pirata que quiere público, o busca aliados o busca cadáveres. A veces ambas cosas. Que el Gobierno Mundial no hubiera olido aquello era para tontos: Vixen habría apostado su zanahoria de la merienda a que entre la multitud había trajes de marina disfrazados de chupa de cuero. Había examinado a los presentes sin perder detalle, pendiente de cada gesto y cada mirada. En aquel lugar, solo su tripulación tenía un sitio reservado entre la gente en la que confiaba; los demás eran posibles enemigos.

Vixen notó algo molesto, por algún rincón del fondeadero a cercanías del gigante, una peli azul con traje escotado alzaba la voz sin moverse ni un paso del sitio, robándole protagonismo al jaleo de los Wangas como si el show ajeno fuese suyo. Tenía toda la pinta de princesa mimada y esa necesidad de aplausos que se le salía por cada poro de piel que enseñaba. Una petarda egocéntrica e insoportable, de las que confunden ser mirada con ser recordada. El fastidio le subió a Vixen por el esternón, de esos que tuercen la boca. Ni una mirada le dedicó —la misma que a las moscas en la sopa— y pasó de ella por completo.

Fue entonces cuando el cielo —o el sendero de arriba, que a efectos prácticos venía a ser lo mismo— les mandó un regalo. Un bulto enorme bajó rodando por la ladera del acantilado con la majestuosidad de un hipopótamo con problemas de tiroides, atravesó el fondeadero sin pedir permiso y se estampó contra la madera podrida del fondo. El impacto lo dejó espachurrado contra el barro, con las piernas torcidas en una dirección y el culo con los cojones al cielo.

— Pinga, hoy en día cualquiera es pirata... —murmuré rodando los ojos.

Las orejas de Vixen se movieron antes que el resto de su cuerpo. Fue un giro mínimo, dos dedos hacia el fondo de la cueva, y un segundo después el mundo entero entendió por qué. El estruendo llegó con la fuerza de un barco estrellándose contra la costa: la pared del fondo se vino abajo entera. La polvareda se tragó media cueva; cuando por fin se asentó, donde antes había piedra había una boca nueva. Una gruta profunda. Y en su interior, luces: llamas ondulando, danzando en la oscuridad como si llevaran toda la vida esperando público.

La voz del capitán cortó el murmullo como un cuchillo de carnicero, y su mano alzada apagó la fiesta como quien baja el fuego de una hornilla: las guitarras fueron callando, las palmas se quedaron a medias y ciento cincuenta y un cabrones pasaron del jaleo al murmullo con una disciplina que, viniendo de una banda de chatarreros, tenía su aquel. Nadie discutió la orden de apartarse. El capitán tenía el instinto de un tiburón viejo, y Vixen confiaba en él. Sin despegarse de su flanco, Vi se había quedado junto a su capitán, plantada a unos veinte metros escasos de la boca de la gruta que acababa de reventar la pared. Con el cuerpo en tensión, las orejas alerta y los sentidos al máximo y postura de mosquetero con paranoia de gato callejero.

— Prima Mumu, uno. Sentido común, cero — mascó Vixen para sí. Decidió que, si aquella gruta escondía un plantígrado con aquellas inclinaciones, ya sabía a quién empujar delante. No por maldad. Bueno. No solo.

— Tú quédate a mi lado, Casquito — le murmuró, con esa media sonrisa que se le quedaba pegada cuando olía jaleo cerca —.

— Y tú, menos mirarme el melocotón, grandullón, y más ojito a lo que sale o entra ahí —le soltó de reojo a Magnus, tirándole el hachazo al bulto sin molestarse en comprobar si el tipo se estaba recreando la vista o si eran figuraciones suyas. Si daba en el blanco, bien; y si no, que espabilara.

Afuera, la tormenta ya les pisaba los talones: los truenos retumbaban en el horizonte con una rabia creciente, los cascos de los barcos se daban de ostias contra los cascos vecinos, zarandeándose los mástiles como borrachos en una boda.

— Vamos a ver de qué pie cojeas, príncipe anónimo — le dijo a la oscuridad, bajito.



Bolsillo Táctico
[Imagen: HC5Abkg.png]
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#34
Había pasado un rato desde que estábamos en aquella gruta, Krave empezó a observar el ambiente y las personas que había en aquel lugar. Hablaba de cuando en cuando con algún chatarrero con frases como. -¡Aparta,chico! O ¡Tened cuidado joder! También ¡Callate coño, Aham!- Cuando se le arremolinaban cerca y empezaban a sonreirle Krave se mecia el bigote y agarraba más fuerte su escudo.En ocasiones le hacían  gruñir si su paciencia rozaba el limite y algunos los cogía por detrás de la camiseta y los ponía delante de su cara para echarles la bronca de esta manera mientras ellos pataleaban y suplicaban por qué no les hiciese nada. Krave se sentía como una mamá pato con sus patitos.  El sonido del cuero contrastaba con el ruido constante que hacían esos capullos. Eran majos, pero muy pesados cuando la tomaban con algo y Krave los miraba como un mastín a sus ovejas. De entre las tareas que se había impuesto era proteger a su capitan y de segundo imponer un poco de orden a toda esa banda de gente. Cuando hablaba imponía respeto mezclado con miedo a esos lindos bastardos que les gustaba el jaleo. Ahora bien cuando Taito hablaba se notaba. Pues donde manda patrón no manda marinero. Así estaban las cosas hasta que una gran masa de carne ovoidal rodaba y rodaba hacia dentro de la gruta chocando está dentro de la misma dejando ver una especie de gigante bien grandote . Aquello impresionó a Krave pues aquello había causado mucho revuelo.
Constantemente Krave vigilaba a la gente a su alrededor pero sin perder de vista nunca a su capitan al que sin evitarlo cruzaba la mirada constantemente con el. No buscando su contacto visual si no mirar hacia el lugar donde el no mirase en cada momento. Krave se mantenía entre 2 metros y 3 metros  como mucho de Taito vigilando sus espaldas.
Centella se había tropezado a pocos metros de el y Vixen hablaba con la misma mientras que Magnus y Wheke se encontraban muy cerca. Un fuerte sonido vino de la parte de atrás de la caverna, pues una parte colapso y dejo un hueco en la misma que estaba donde antes había rocas. Cuando una polvareda considerable se disperso se pudo ver ese hueco que estaba iluminado. Fue entonces cuando Taito dijo que era hora de moverse y como si fuera una formación nos movimos todos juntándonos exactamente donde nuestro capitán nos había dicho. Krave instintivamente tenía el escudo en su brazo izquierdo y cuando llegaron a la nueva posición golpeo el suelo con un fuerte golpe-PLONK-

Krave volvía a estar en la espalda de Taito, mirando en el mismo plano a Taito y a todos los demás de la gruta esperando pacientemente a ver qué sucedía. Por su cabeza pasaban muchas cosas como comerse un pastelito de limón o que hacía varias horas que no entrenaba y tenía que empezar a hacerlo.

Off
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#35
Atributos Personaje


Las púas de su guante iban raspando la pared como si intentase escribir en braille, mientras decidía mirar a su alrededor, y es que teniendo la pared lo podían arrinconar, pero así se aseguraba en gran medida que alguien le viniese por su punto ciego. En el centro de aquella sala natural comenzaban a agolparse una infinidad de personas, tantas que ni podía contarlas. Quien se robó su atención en primera instancia fue el pelirrojo, el que hacía pucheros al recordar a su padre. - ¡El mío! Si es el cara moai. ¿Qué dice? ¡Tengo para llenar esta y otras dos como esta! Jej - Contestó ante el saludo de probablemente la única persona que conocía de aquella sala, el resto eran interrogantes. Pese a que acaba de echarle un vistazo al periódico hace un rato, solo se había fijado en la cara de Hanma y en la propia, y en la del pescado revenido. Gente entraba cantando, intentando robarse el protagonismo que se creían merecer, pero la entrada de la comparsa liderada por el pelirrojo se robaría totalmente el show. Con la presencia de tantísimas personas que ni podía llegar a contar realmente.

La murga estaba cantando, haciendo ruido, las paredes devolvían el sonido como si lo rechazara y Kai que estaba tocando la pared de la cueva por lo que sentía el ritmo con mayor intensidad, tanto que sin quererlo ni beberlo comenzaría a mover el cuello ligeramente al tempo de lo que cantaban, si es que se le podía llamar así. Su nuez se comenzó a mover, bajo toda aquella tonelada de ropa que vestía, emitiendo un sonido similar al pulso de un corazón que seguía el tempo de la canción. Pero aquel sonido se apagó en cuanto vio al gigante de pelo azul que aparecería como si nada y su mirada buscó de nuevo al cocinero y a Carbonara, curioso. - ¿Un abrazo, lágrimas o una pelea? ¿Qué será? - Murmuró desde su sitio, expectante. - Se viene lo bueno - Se frotó las manos como si tramase algo.

¿Qué? ¿Más estímulos? Una prominente bola de demolición hizo su aparición en escena y rodaba a lo que parecía el centro de la escena. - Pleno, pleno, pleno, pleno, pleno - Animaba al gordito a tirar todos los bolos, la chirigota que se había emplazado en el centro del fondeadero, pero en su cara se pudo ver la decepción de que aquello no pasar. - OOooo… - Decepción, todo en esta vida era decepción y su voz lo reflejaba.

Aquella situación tenía la combinación perfecta de ingredientes para convertirse en una batalla campal y si iba a pasar eso quería asegurarse de ganar, o de recibir lo menos posible, ya se había visto en varias de esas de donde venía así que sabía qué era lo más inteligente. - Esta es la mía. Júntate con el grupo tocho y vencerás - ¿El dicho era así verdad? Siguió el rimo de la canción, el tempo lo usó para clavar sus pasos sobre el suelo para acercarse al grupo. Su ropa no era muy distinta de la del grupo grande así que vería si podría mezclarse con ella sin llamar tanto la atención. - ...ynn smmm vivida! - Empezó a balbucear lo que cantaban, no tenía ni la más mínima idea de la letra, por eso hacía como que la sabía, pero entre tanto ruido podría meterse más ruido. 


[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-1.gif]

- ¡Eh, eh, eh! ¡Vámonos esas cara panderetas! - Llegó hasta la periferia del grupo y sin pegarse demasiado a la gente empezó a mimetizarse, o intentarlo. - ¡....me se olvida! - Desenfundó el kanabo de su espalda y comenzó a arrastrar su guante, lleno de púas metálicas, a lo largo del mismo para seguir el ritmo de voces e instrumentos.

El jolgorio y fiesta siguió hasta que se produjo el derrumbe de un par de rocas en la pared de fondo y alguien pidió que la música parase. Kai siguió la estela del resto del grupo y dejó lo que estaba haciendo pero mantuvo el kanabo en su zurda, el arma tocaba el suelo y mientras caminase lo usaría casi como un bastón para un anciano. - No veas, nos ha salido temón - Imitaba las conversaciones banales en las que todo el mundo se enfrascaba y mientras iría rodeando la periferia hacia su lateral izquierdo, el gentío no le dejaba ver que sucedía delante. - Esta gente no entiende - Diría como si hablase con alguien en concreto mientras se movía. - Ay va mi vieja, que se cae la cueva - Volvió a imitar el intento de conversación cuando ya estuvo en uno de los laterales y ya podía ver mejor lo que había pasado. - lesgo - Se movió junto con el grupo hasta que este llegó a la pared de la derecha, por suerte estaba en la siniestra. - Ese parece el líder - Sus ojos rodaron por el de la voz cantante, el pelirrojo al parecía que hacían caso a la mínima, pero no el que llevaba una rata en el hombro.

Sus ojos se clavaron en la gruta que se había descubierto y desde lejos, poco más de veinte metros que era donde se había quedado el grupo, podía verse como dentro habían reflejos de luces, como si hubiese fuego ahí dentro o una piscina de mar salado al que le estaba dando la luz directa. Decidiría esperar a ver que hacía el grupo y moverse en consecuencia, aunque muchos de los que allí estaban se lanzarían de boca hacia el peligro.

cositas V2
Leyenda de una Leyenda
- Narro -
- Hablo -
- Pienso - 
- *Burp* Eructo -
- *Fhiii* Pedo Ninja - 
- *FWRA* Pedo Pesado - 
[Imagen: Chat-GPT-Image-2-ago-2026-17-55-55.png]
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