El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#21
OST
Escuchar las súplicas de aquel criminal me enfermaba, especialmente cuando entre sus llantos dejaba caer insultos a Shin y a la Marina en general. Nos conocíamos de hace poco, pero era mi compañero, mi amigo, un camarada por el que daría la vida sin dudar ni un solo segundo. Quería disparar, quería matarlo, había tenido suficiente de él y de su asquerosa actitud…

Si algo me detuvo, fueron las palabras de la chica medusa. ¿Por qué un grupo tan miserable demostraba camaradería? ¿Por qué tenía que hacerlo cuando ya había reunido el valor para acabar con su vida? No podía entenderlo, no podía entender que alguien con la sangre fría como para matar niños pudiese preocuparse por otra persona.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz del Den Den Mushi, una voz que recordaba muy bien, una voz que se quedó grabada en la cabeza hace muchos años atrás. Mientras la persona al otro lado hablaba, podía sentir cómo el sonido a mi alrededor retumbaba con un eco extraño, transformando sus palabras prácticamente en ruido de fondo. El sonido de los latidos de mi corazón se empezó a resultarme agobiante, mi respiración se empezaba a agitar de forma exagerada mientras mantenía la mirada fija en el bastardo que tenía bajo mis pies.

—Es él… Es uno de los que… —Mi mente empezaba a conectar lo que estaba pasando, estos criminales gyojin, estos malditos asesinos de niños… Eran ellos, eran los mismos que atacaron nuestro barco hace años, eran los que mataron a Zheng, eran los desgraciados que se llevaron a María… ¡A mi niña!

Mientras estaba aún aturdido, le entregué el Den Den Mushi a Shin, necesitaba calmarme, necesitaba pensar de forma correcta. Mi mente estaba sumergida en odio, en un fango que era lo contrario de mi objetivo. Quería ser un héroe, una figura que los niños pudiesen ver con ojos llenos de admiración, un marine increíble que llenase de tranquilidad los corazones de los inocentes. Pero en este momento, estaba lejos de eso, si seguía mis instintos del momento, no sería distinto de estos monstruos…

Cerré mi puño con frustración y golpeé el suelo, hundiendo con mis nudillos el mismo, justo al lado de la cabeza del hombre aprisionado bajo mi pie. Por unos momentos lo dejé pegado al suelo mientras todo mi brazo temblaba por la rabia.

—Joder… ¡JODER! —

Mordí mi labio con fuerza mientras me lamentaba. Estaba angustiado, confuso, me sentía perdido. Sin mediar palabra, aparté mi pie del pecho de aquel tipo y me arrodillé frente a la otra muchacha, que se estaba retorciendo por el efecto del veneno. Shin mencionó previamente que era demasiado tarde para ella. Quizás tenía razón, quizás era tarde para ella, pero yo quería ser un héroe, tenía que ser un héroe. Sin ser muy delicado, metí mis dedos en su boca, tratando de hacer que vomitase el veneno que mi compañero había mencionado.

—No escaparéis de esto de ese modo… Rendiréis cuentas a la justicia. —Mi voz no era amable, no era calmada, pero tampoco tenía la frialdad asesina de hace unos momentos. Quería llamar a Shin para que me dejase hablar con el tipo, estaba seguro de que se trataba de uno de ellos, Paco o Índigo. No estaba seguro de cuál de ellos era, pero era uno de los dos, tenía que serlo. —Ahora responderéis a mis preguntas. ¿Cuál es el nombre de vuestro contramaestre? ¿Dónde operan vuestros superiores? ¿Estábais hace siete años con ellos? —Dejé una breve pausa para que pudieran responder a mis preguntas y pregunté una última cosa, la más importante para mí.

—¡¿Conocisteis a una niña de pelo azul y ojos dorados?!

Todos los presentes pudieron escuchar mis cuestiones, desde los criminales capturados hasta Shin y el maldito que se encontraba al otro lado del caracol, a pesar de que mis preguntas no iban dirigidas a ellos.

Cajita de Tortuga
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#22
“Morirá en diez o quince minutos, dependiendo de hace cuánto lo consumió. No se puede hacer nada.”
 
Del otro lado quien atendió la llamada colocó su mano sobre el auricular al escuchar aquel diagnóstico, silenciándose por un momento. Se permitió tragar saliva y hubo un silencio de apenas un par de segundos que cortó en seco su verborrea. Sí, sabía que Mael moriría…Sí, sabía que había sido su capitán quien le dio la orden directa de consumir esos caramelos que, para empezar… ¿Por qué carajos los tenía? No era justo. Siempre pasaba lo mismo con los médicos en su división y eso, aunque no le dijera en voz alta, no le agradaba. Escuchar el diagnóstico dado por Shin solo hizo que sus ojos naranjas adquirieran un brillo que, por un momento, no cargó ni malicia ni diversión.
 
Chasqueó su lengua, tal vez el sonido se escuchó del lado de quienes estaban en Long Ring Long Land o tal vez fue opacado por los golpes en el suelo que el gyojin cangrejo realizó para aliviar su furia y que provocaron un mini infarto en el gyojin morena que yacía sobre el suelo, aun quejándose por su mala fortuna; sin embargo, tan pronto como escuchó la voz de un nuevo marine, el contramaestre se vio obligado a colocarse de nuevo aquella máscara de indiferencia y bufonería que siempre presentaba ante el resto.
 
—Shihihihi… ¿Qué te hace pensar que los envíe para pelear con ustedes, marine? ¡Cuánto ego! ¡Ah! ¿Eres tu el de luz o eres el cangrejo? ¡No! No me digas, déjame adivinar ¡Eres el de luz! Sí, debes serlo, porque la última vez que vi a un gyojin cangrejo…era bastante feo ¿Sabe? Con un rostro así no se puede tener tanto ego —. A pesar de la interferencia y de la brisa marina, se podía escuchar con claridad el sonido del barajeo de unas cartas del otro lado de la línea telefónica. —Mi gente estaba allá por simples…negocios…sí…llamémoslo así ¿Cómo iban a saber ellos que se encontrarían con dos ineptos que se meten en donde no los llaman? Shihihi, una lástima…si hubieran escuchado las advertencias que les hice con el tarot no habrían terminado así —. Dejó escapar un suspiro que era demasiado pesado para ser real, tanto que, ni siquiera había necesidad de verlo de frente para saber que estaba actuando; sin embargo, lo que más captó la atención fue como las cartas se detuvieron de golpe cuando el marine, finalmente, se presentó con nombre y apellido.
 
—Hasegawa Shin —. Grabaría ese nombre en su memoria. La voz que solía ir acompañada de un matiz juguetón se ensombreció al pronunciar el nombre del marine, de hecho, sonó más grave, más seria. Si lo hubieran tenido de frente se habrían dado cuenta del leve temblor en sus dedos y la manera en la que su mandíbula se tensó haciendo que sus afilados, pero perfectos dientes, rechinaran levemente, aunque esa expresión duró casi nada, pues pronto sus ojos se iluminaron de nuevo y el sonido de las cartas regresó por unos segundos antes de detenerse de nuevo. —Shihihihi… ¡Las cartas han hablado! —Expresó con exageración. —¡Yo te maldigo Hasegawa Shin! Por tu osadía tus manos se llenarán de sangre, la sombra de la muerte llegará a ti en los próximos días, saborearás victorias…pero en tu boca tendrán el sabor de la hiel…bueno, no lo digo yo, lo dicen las cartas, shihihihi…El cinco de espadas, la torre y la muerte…eso veo en tu futuro —. Se escuchó de nuevo el sonido de las cartas, lo que podría suponerse como que las recogía para realizar una nueva tirada.
 
—Shihihi…espera… ¿Qué? ¿Escondernos de quién? SHIHIHI ¿DE USTEDES? —El grito podría ensordecer a cualquiera que tuviera el auricular cerca de su oído. —Dime… ¿Qué te hace pensar que nos escondemos? Estoy hablando aquí contigo ¿No? No sé si me estas rastreando, tampoco me importa…a quienes acabas de capturar no son más que peones que estaban en una misión de reconocimiento en la corriente Rakusei, pero tu…ustedes…división 30, 20, 10…la que sean…Pueden venir cuando quieran —. Shin no pudo verlo, pero una hilera de dientes afilados brilló del otro lado. —Estaré aquí esperándolos con un buen ron y tal vez algunos caramelos para acompañar… ¿Sabe? Como el que le obligaron a comer a mi linda médico…ahora…
 
El hombre estuvo apunto de colgar, pero como si su propia profecía se estuviera cumpliendo en ese instante, un quejido proveniente de Mael lo detuvo en seco, pues la chica, aun recostada en la arena, sintió los dedos del cangrejo introduciéndose en su boca, pero la realidad es que no fue eso lo que le provocó el jadeo de dolor.
 
La medusa intentó gritar, pero solo terminó mordiendo los dedos del marine, pues su cuerpo había pasado de un estado de completa hiperactividad a un ritmo mucho más bajo. La fase 2 había comenzado y en su consciencia, como médico, ella lo sabía…sabía lo que significaban los síntomas que recién adquiría.
 
Su ritmo respiratorio pasó de acelerado a jadeante, su corazón dejó de martillear con fuerza para marcar ahora un ritmo lento, mientras que sus pupilas empezaban a dilatarse al punto de que poco o nada quedó de los irises rosas, para darle espacio a las pupilas oscuras que ahora adornaban sus ojos. Era tarde para “escupir” el veneno. No había nada que hacer y Mael, aunque tuviera mucho que decir, no podía ya aportar nada que no fueran jadeos lastimeros, era, irónicamente, como un pez fuera del agua, buscando respirar en un medio en donde no le era posible.
 
—Es inútil —. Respondió el hombre al otro lado de la línea al escuchar la voz más lejana, la que suponía que era la del cangrejo. —¿Sabes lo que hace el cianuro cuando entra al cuerpo? ¿No? Bueno, lo descubrirás cuando Mael empiece a tener convulsiones…Tapa tus ojos, te escuchas como alguien sensible, shihihihi…Sea como sea, ella no te va a responder. No podría ni aunque quisiera.
 
—¡ÍNDIGO! —La risa del otro lado de la línea fue cortada cuando Gill, quien aún no podía levantarse del suelo o, más bien, se negaba a ello, gritó su nombre el voz alta. —¡EL CONTRAMESTRE SE LLAMA ÍNDIGO! Podrían reconocerlo hasta con los ojos cerrados ¡Es un pez betta dragón! Cabello celeste, piel celeste, ojos naranjas ¡AH! ¿Qué más quieren saber de él? Es el mejor extrayendo venenos ¡Es el segundo al mando de los Piratas del Abismo! Están en el Nuevo Mundo…Nuevo Mundo —. La respiración de Gill se agitaba, pero por motivos distintos a los de Mael, mientras que, del otro lado de la línea, se escuchó un gruñido que luego pasó a ser una risa que llegó acompañada de un “Sabía que nos servía más muerto que vivo”, algo que Gill no escuchó, pues estaba concentrado en soltar toda la sopa con tal de salvar su pellejo.
 
—¿Hace 7 años? ¿Siete? Sí…Hace 7 años los conocía, pero no era parte de la división del contramaestre índigo…no, no…recién acababa de entrar…yo no…Espera… ¿Azul? Azul celeste ¿no? ¿Y ojos dorados? —Gill palideció, ya no por los golpes ni el dolor, si no por la información que acababa de captar en su cerebro: Un gyojin cangrejo rojo… “muerto” a manos de Índigo…Algo recordaba de lo dicho por su capitán, un gyojin cangrejo rojo que se creía el padre de una belleza sin igual, de ella. —¿Ka…Kassandra? ¿Qué sabes de…?
 
—SHIHIHIHIHI —El gyojin, ahora revelado como un pez betta dragón, rompió en risas del otro lado, tanto que lagrimas empezaron a salir de sus ojos naranjas, ya poco o nada importándole la información que el otro revelaba ¿Qué más le daba? Esos marines tendrían que pasar por mucho antes de llegar al Nuevo Mundo. Si es que llegaban. Así que, dejó de lado su molestia para analizar la dulce coincidencia del destino. —Hace un rato te dije que recibirías una revelación esta noche…no creí que llegaría por mi parte, shihihihi… ¿Niña? ¿NIÑA? SHIHIHIHI…Cangrejo, si es quien estoy pensando, su vida ha sido toda una aventura desde la misma noche que la separamos de ti o tal vez no…no sé…no recuerdo…estuve muy borracho esa semana…
 
Porque una cosa era segura. Índigo podría ser un idiota parlanchín, un bufón la mayoría del tiempo, uno que disfrazaba su crueldad tras su tonta risa, pero no tenía un pelo de estúpido y pronto, todas las piezas del rompecabeza se unieron en su maquiavélica mente.
 
Recordó una noche, hace 7 años…una noche en donde, de nuevo, un médico había muerto, esa vez no a manos de un marine, si no por influencia interna. Su capitán se había encargado. Recordó el aroma de la brisa marina, el vaticinio de las cartas, la molesta y vulgar voz de Pistol Paco anunciando que desde lejos se veía un barco en medio del mar bioluminiscente y, por supuesto, recordó la primera vez que su capitán la vio a ella…la responsable de su perdición y de su obsesión…aunque, el único problema en todo eso es que se supone que el cangrejo estaba muerto. Pistol Paco y él se encargaron…entonces… ¿Cómo es que ahora le hablaba alguien que contaba un fragmento de una historia similar al que él recordaba?
 
Tragó saliva… ¿Se había equivocado? ¿Él había fallado un trabajo? No podía ser posible. —No…pero… ¿Por qué tu…estas vivo? ¿Cómo? Si yo… —No dejó que se escuchara más confusión en sus palabras, volvió a respirar y a tomar el control de la situación con una maestría escalofriante. —¡Shihihihi! Bueno, no importa…En tal caso, espero verte pronto para una… ¿Ronda 2? Si es que podrías llamarlo así… ¿Recuerdas como ese día no hiciste nada? Ah…aun lo recuerdo…esa chiquilla que el capitán tanto adora gritando “Papá” … ¿Sabes que siguió haciéndolo incluso bajo el agua? Incluso cuando ya estaba en el barco o…bueno…quizá no…ya dije que iba borracho…shihihi… ¿Sabe? Creímos que había muerto, un loco de ojos raros un día se metió a uno de nuestros burdeles y lo hizo cenizas…pero, el periódico ese del gobierno por fin hizo algo bien: Nos dios un cartel, así apareció de nuevo en nuestras vidas: María Merlot, se busca…viva o muerta ¡SHIHIHI! Parece que la marcamos más nosotros que tú, porque abrazó su lado pirata, aunque…ya no es peli celeste, no…ahora lleva el pelo rosa y parece que se hace llamar María en lugar de Kassandra…una lástima, tenía más cara de Kassandra —. Una carcajada más se dejó escuchar y entonces, reinó un silencio repentino.
 
—Es irónico ¿Sabe? Nos dijeron hace poco que ella ya no estaba en Rakusei…si no en una corriente distinta con…sus amigos piratas, obvio…Mael y Gill tenían órdenes de regresar, pero el destino es caprichoso ¿No? Shihihi, de todos modos…me agrada este giro, así he descubierto a un viejo amigo que creía muer…
 
—¡Basta! —Del otro lado se escuchó una voz más grave y seria, una que tomó el auricular del den den mushi con violencia antes de que le diera un manotazo a su segundo al mando, que simplemente se quejó con el mismo tono de burla que había mantenido hasta ahora y se alejó del caracolito. —Ustedes, no sé que deseen de Kassandra, pero más les vale alejarse de ella si no desean que les arranque la piel. Nadie va a tocarla sin mi permiso.
 
No hubo más voces ni risas, solo el pitido característico y vació que deja una línea telefónica cuando una de las partes cuelga la llamada.
 
—¡Ah! ¡Esa chica! Sí, sí…Kassandra…¡Je…je! Tengo información de ella en el barco…si me dejan ir…podría hablarles más de ella, en serio —. Gill insistió, aun moribundo, mientras que Mael, esta vez, empezaba con los espasmos de la primera de muchas de las convulsiones que tendría en los próximos minutos.
 

 
Mercado de Mariscos
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#23
OST
Pude observar cómo mi intento de salvarle la vida a la chica medusa fue infructuoso. Nada me estaba saliendo bien esta noche, iba de fracaso en fracaso, al menos dos de los niños estaban bien. Incluso cuando decidí actuar de la forma que pensaba que era la correcta, resultó ser demasiado tarde.

Pero mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz del merluzo que yacía en el suelo. Índigo fue el nombre que mencionó el criminal, permitiéndome identificar cuál de los dos sujetos que tenía en mente era cada uno. Y no solo eso, el gyojin morena cedió incluso a darnos su ubicación, demostrando que no tenía moralidad ninguna en relación a sus compañeros. Ya no era solo traicionar a sus superiores, no parecía estar mínimamente afligido por la próxima muerte de la que era su compañera.

Todo eso era algo con lo que podía lidiar, daba por hecho que unos piratas serían unos miserables. Pero cuando un nombre se deslizó fuera de sus labios, volví a llegar a mi límite. Lo agarré con mi pinza del cuello y, tras acercarlo a mi cara, le advertí:

—¡María, se llama María!

Tras amenazarle, lo lancé con desprecio al suelo una vez más. No iba a permitir que nadie la llamase por ese nombre, no mientras yo estuviese delante. Tras eso, le di la espalda a ese malnacido y di unos pasos hacia Shin para escuchar mejor lo que estaba diciendo el tal Índigo. Cada una de sus palabras se clavaron en mi pecho como si fueran puñales, lo que decía me causaba más dolor que cualquier golpe que hubiese recibido en mi vida.

Me crucé de brazos, agarrando el codo de mi pinza con fuerza. Por un momento, no dije nada, no porque no quisiera responder, sino porque no podía rebatir nada de lo que ese asqueroso decía. Solo mi compañero podía ver cómo el dolor se dibujaba en cada centímetro de mi rostro, acompañado por las lágrimas que salían de mis ojos. Le fallé, lo sabía mejor que nadie, no solo aquella vez, le había fallado cada día de mi vida que ella pasó en cautiverio, sufriendo las barbaridades de esos monstruos. Le había fallado a la persona que menos se lo merecía… A mi pequeña.

—¿Pelo rosa? —pensé al escucharlo. ¿Dónde había visto yo a una chica con el pelo rosa? No podía estar seguro, por lo que no le di más importancia. El capitán habló y colgó la llamada antes de que pudiese darle unas palabras, dejando el pitido del Den Den Mushi sonando de forma punzante en el ambiente. Con esto, Shin ahora sabía que mi hija era una pirata, estaba preparado para escuchar cualquier crítica que tuviese para decirme, pero antes había algo que tenía que hacer.

Miré a la chica medusa, le apunté con mi dedo y disparé un uchimizu directo a su cabeza. Era una pirata, había hecho cosas horribles, pero no podía quedarme viendo cómo agonizaba en el suelo a causa del veneno. —Lo siento… —Susurré al ver que había dejado de moverse.

Con esto listo, solo teníamos dos cosas pendientes, verificar el estado de los niños y revisar la información que tenía el hombre rape en el barco. —Shin, ¿puedes comprobar a los niños? Seguro que contigo se asustan menos. Están en el barril de allí al fondo. —Mi voz estaba algo apagada, cansada por tantas emociones en tan poco tiempo. Agarré al gyojin de la cabeza con la pinza y lo arrastré hacia su barco. —Muy bien, tú me guías —le dije sin parar de andar hacia el pesquero.

Cajita de Tortuga
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