Hace 2 horas
Día 8 de Primavera. Año 18
Ciudad de Shandora, Isla de Skypiea.
Kibai abrió los ojos en su habitación, como siempre, con las primeras luces del día. A pesar de que tenía la capacidad de dejar la habitación en una oscuridad casi total (que debido a su agudo sentido de la vista en bajas condiciones lumínicas quedaba reducido a lo que con suerte era una leve penumbra), el mink siempre había preferido mantener las contras de las ventanas abiertas de par en par. Además, la tempertura en la Isla del Cielo era alta, y por la noche solía agradecer la suave brisa que entraba por la ventana y que ayudaba a aliviar el pesado calor que reinaba en aquel lugar.
Estirándose cuan largo era y ahogando un bostezo, Kibai se levantó del lecho, y fue directo meter la cabeza en la pileta con agua fresca que había dejado preparada la noche anterior. Mientras se lavaba bien, reflexionó acerca de lo que le quedaba por hacer. Sin duda en pocas horas les anunciarían que ya era hora de partir, así que debía aprovehcar bien el poco tiempo que le quedaba en aquel lugar tan singular.
Tras secarse el rostro con la toalla que estaba cuidadosamente enrollada al lado de la pileta, Kibai salió del baño y se diriigó a la cocina, dónde cascó dos huevos en un cuenco y los batió con sal y especias, antes de arrojarlo con un dado de mantequilla a una sartén para removerlos energicamente hasta conseguir una suave y homogénea mousse de huevo batido, que terminó con unas hojuelas de hierbas frescas. El mink devolvió el contenido de la sartén al cuenco y cortó unas cuantas rebanadas de pan para emplearlos a modo de cubierto, devorando el simple desayuno en menos que canta un gallo. Una vez hubo finiquitado todo, lavó los utensilios de cocina que había empleado y se echó al gaznate un gran vaso de agua, antes de volver al cuarto para vestirse y salir al exterior.
La vida en Shandora solía empezar bastante temprano, y Kibai observó ocn una sonrisa como la población de la ciudad acudía a realizar sus actividades cotidianas como cada mañana. Tenía que admitir que, a pesar de que en aquel reino la Marina no tenía ningún tipo de presencia, y que la seguridad era unicamente mantenida por los Custodios y Primarcas de Zarutsuki, la vida en la isla de Skypiea parecía sumamente placentera y tranquila.
Cuando unos cuantos chiquillos pasaron por su lado, discutiendo entre ellos acerca de si habían hecho bien los deberes que su maestro de escuela les hbaía encargado, una luz se encendió en la mente del mink. Hacía mucho que no visitaba una biblioteca o un archivo, al menos desde Arabasta, el lugar dónde había conocido al aestro Azeem. Lo único que se le había acercado había sido el infructuoso intento de obtener información acerca del Haki y sus diferentes formas. No obstante, si que tenía ganas de darle otra oportunidad a los enormes salones repletos de libros y rollos de pergaminos del lugar que hbaía encontrado. Es más, a buen seguro le serviría para comprender más a aquella gente, y quien sabe lo que más podría encontrar...
Decidido, Kibai volvió adentro de la casa, se echó encima su morral, por si acaso le apetecía dar una vuelta por la jungla cercana tras la lectura, y tras beber otra vez un gran vaso de agua, salió de la vivienda que le había sido asignad por el Emperador y se dirigió hacia el centro de la ciudad, al lugar dónde hacía unos días había entrado buscando información del Haki, con una sonrisa de anticipada emoción por la jornada de aprendizaje que le aguardaba.
Ciudad de Shandora, Isla de Skypiea.
Kibai abrió los ojos en su habitación, como siempre, con las primeras luces del día. A pesar de que tenía la capacidad de dejar la habitación en una oscuridad casi total (que debido a su agudo sentido de la vista en bajas condiciones lumínicas quedaba reducido a lo que con suerte era una leve penumbra), el mink siempre había preferido mantener las contras de las ventanas abiertas de par en par. Además, la tempertura en la Isla del Cielo era alta, y por la noche solía agradecer la suave brisa que entraba por la ventana y que ayudaba a aliviar el pesado calor que reinaba en aquel lugar.
Estirándose cuan largo era y ahogando un bostezo, Kibai se levantó del lecho, y fue directo meter la cabeza en la pileta con agua fresca que había dejado preparada la noche anterior. Mientras se lavaba bien, reflexionó acerca de lo que le quedaba por hacer. Sin duda en pocas horas les anunciarían que ya era hora de partir, así que debía aprovehcar bien el poco tiempo que le quedaba en aquel lugar tan singular.
Tras secarse el rostro con la toalla que estaba cuidadosamente enrollada al lado de la pileta, Kibai salió del baño y se diriigó a la cocina, dónde cascó dos huevos en un cuenco y los batió con sal y especias, antes de arrojarlo con un dado de mantequilla a una sartén para removerlos energicamente hasta conseguir una suave y homogénea mousse de huevo batido, que terminó con unas hojuelas de hierbas frescas. El mink devolvió el contenido de la sartén al cuenco y cortó unas cuantas rebanadas de pan para emplearlos a modo de cubierto, devorando el simple desayuno en menos que canta un gallo. Una vez hubo finiquitado todo, lavó los utensilios de cocina que había empleado y se echó al gaznate un gran vaso de agua, antes de volver al cuarto para vestirse y salir al exterior.
La vida en Shandora solía empezar bastante temprano, y Kibai observó ocn una sonrisa como la población de la ciudad acudía a realizar sus actividades cotidianas como cada mañana. Tenía que admitir que, a pesar de que en aquel reino la Marina no tenía ningún tipo de presencia, y que la seguridad era unicamente mantenida por los Custodios y Primarcas de Zarutsuki, la vida en la isla de Skypiea parecía sumamente placentera y tranquila.
Cuando unos cuantos chiquillos pasaron por su lado, discutiendo entre ellos acerca de si habían hecho bien los deberes que su maestro de escuela les hbaía encargado, una luz se encendió en la mente del mink. Hacía mucho que no visitaba una biblioteca o un archivo, al menos desde Arabasta, el lugar dónde había conocido al aestro Azeem. Lo único que se le había acercado había sido el infructuoso intento de obtener información acerca del Haki y sus diferentes formas. No obstante, si que tenía ganas de darle otra oportunidad a los enormes salones repletos de libros y rollos de pergaminos del lugar que hbaía encontrado. Es más, a buen seguro le serviría para comprender más a aquella gente, y quien sabe lo que más podría encontrar...
Decidido, Kibai volvió adentro de la casa, se echó encima su morral, por si acaso le apetecía dar una vuelta por la jungla cercana tras la lectura, y tras beber otra vez un gran vaso de agua, salió de la vivienda que le había sido asignad por el Emperador y se dirigió hacia el centro de la ciudad, al lugar dónde hacía unos días había entrado buscando información del Haki, con una sonrisa de anticipada emoción por la jornada de aprendizaje que le aguardaba.

![[Imagen: Leopardo-vampiro-bajo-la-luna-roja-1.png]](https://i.ibb.co/JRTpyWKs/Leopardo-vampiro-bajo-la-luna-roja-1.png)