Hace 3 horas
(Última modificación: Hace 39 minutos por Kael Omuyaga.)
– Kael…
Un susurro tenue, dulce como el ronroneo de un pequeño gato, casi meloso, irresistible como el alcohol donde los desafortunados ahogan sus penas, una hipnosis que hace temblar el alma pétrea de un hombre con un solo punto débil, captado en una distancia peligrosamente cercana, que hasta hacía solo un segundo, no podía importar menos en la fortaleza inquebrantable de su mirada.
Oh, desgraciada.
¿Cuán fuerte puede ser el veneno de una serpiente para hacer temblar tanto el corazón de un hombre?
Y sin embargo, ese veneno que carga fuera de sus colmillos quema más allá de la piel. Ahí donde no dejaba pasar a nadie más, tan sólo por querer ofrecer una mano amiga que estaba siendo duramente rechazada por alguien que tiene miedo de mostrarse débil. Adictiva y dolorosa balanceándose a partes iguales en un murmullo perfecto, clavando un puñal en su esternón sin que él pudiese resistirse.
Maldito soldadito de plomo, que aún enterrado bajo las piedras que lo sepultan, sigue teniendo un corazón latiendo en su interior, incluso en los momentos donde debe dejar de existir.
Pero él no podía, o más bien no debía dejarse abrazar por aquel manto que sin saberlo ella estaba utilizando para arroparlo, ganando un pulso en el que ceder lo dejaba a su merced...
¿Por qué? ¿Por qué esas palabras podría robárselas de los labios que apenas rozan los suyos? ¿Por qué ahora, justo en ese momento donde ninguno está dispuesto a ceder un solo paso en esa cercanía que entregaban en el contacto para sobreponerse al contrario, desea más que cualquier otro acto razonable y lógico de los que SIEMPRE abundan en su mente, ofrecerse a esos impulsos insaciables con una fuerza compulsiva?
Si no reaccionas, mueres…Y él quería morir en ese instante robándole a ella algo que no le pertenecía, pero qué le había despertado de un letargo tan eterno como el mismo dolor que lo llevó a sepultar el resto de sus emociones.
"Eres la culpable de esto, y te voy a hacer responsable"
Un pensamiento nacido de la bruma que jamás llegó a ver luz en sus palabras, en una imagen tan vívida que le hizo borrar la claridad durante unos breves, efímeros, pero persistentes segundos en una percepción del tiempo que se había hecho preocupantemente eterna.
Ella tenía una nueva daga en la mano, y no estaba dispuesto a dejar que ella la siguiera utilizando en su contra.
—Quizás sepas bien cómo protegerte, e incluso cómo evitar que te "sometan" a través de la palabra.—La maldición que protege los cambios en su tono de voz no libera el cambio que su sangre mantiene con los latidos de su corazón...ni tampoco el asco que probarían sus pensamientos.—Pero si crees que no tengo autoridad para mandarte a la prisión de Impel Down...sólo porque creas que con la peor de las suertes tu juego de disfraces te llevará a una celda de cualquier cuartel.—La mano que ella le ordenó soltar terminó empujada hasta la cadera ajena, un gesto que extralimitaba de más aquel duelo, pero que usa como protección de zonas expuestas y vulnerables, al mismo tiempo que los dedos aprietan la cintura de la misma para evitar el movimiento de la misma en un efecto de defensa.—Déjame decirte que no es a mí a quién le queda grande este uniforme.
Una posesión en el cuerpo ajeno que incluso a él, en su condición imperturbable, le repugna con la condición en la que ahora sus latidos lo manipulan. Si tan sólo ella creyese que se aprovecha de su situación...
Que débil es el ser humano...
—No confundas mis advertencias con un farol, Nyssa.—Un nombre sobrecogedoramente falso escrito en aquellos papeles, y que él sabía a la perfección.—Sigo siendo tu último obstáculo antes de que acabes uniéndote al brazo gubernamental...o con el wanted más bajo de la historia...—Si alguna de sus palabras tenían que conseguir calar en el corazón contrario...tenían que ser aquellas.—Y si no estoy actuando, es porque aún me queda paciencia...aunque estés consiguiendo que se me acabe.
Sólo entonces usó su mano libre para ofrecer un último cierre en el torso de la mujer, el broche de oro en un agarre que parecía dejar las manos contrarias perfectas y libres para actuar, pero que, al mismo tiempo, le permitía anteponerse, precisamente, a que usara cualquiera de ellas para ofrecerle un acto de violencia que rompería con toda la magia de ese juego que tanto mordía...y del que no habría vuelta atrás
—Cada palabra tuya me acerca un poco más al momento en que deje de ofrecerte alternativas... y empiece a decidir por ti.
Un susurro tenue, dulce como el ronroneo de un pequeño gato, casi meloso, irresistible como el alcohol donde los desafortunados ahogan sus penas, una hipnosis que hace temblar el alma pétrea de un hombre con un solo punto débil, captado en una distancia peligrosamente cercana, que hasta hacía solo un segundo, no podía importar menos en la fortaleza inquebrantable de su mirada.
Oh, desgraciada.
¿Cuán fuerte puede ser el veneno de una serpiente para hacer temblar tanto el corazón de un hombre?
Y sin embargo, ese veneno que carga fuera de sus colmillos quema más allá de la piel. Ahí donde no dejaba pasar a nadie más, tan sólo por querer ofrecer una mano amiga que estaba siendo duramente rechazada por alguien que tiene miedo de mostrarse débil. Adictiva y dolorosa balanceándose a partes iguales en un murmullo perfecto, clavando un puñal en su esternón sin que él pudiese resistirse.
Maldito soldadito de plomo, que aún enterrado bajo las piedras que lo sepultan, sigue teniendo un corazón latiendo en su interior, incluso en los momentos donde debe dejar de existir.
Pero él no podía, o más bien no debía dejarse abrazar por aquel manto que sin saberlo ella estaba utilizando para arroparlo, ganando un pulso en el que ceder lo dejaba a su merced...
y del que difícilmente tendría redención.
¿Por qué? ¿Por qué esas palabras podría robárselas de los labios que apenas rozan los suyos? ¿Por qué ahora, justo en ese momento donde ninguno está dispuesto a ceder un solo paso en esa cercanía que entregaban en el contacto para sobreponerse al contrario, desea más que cualquier otro acto razonable y lógico de los que SIEMPRE abundan en su mente, ofrecerse a esos impulsos insaciables con una fuerza compulsiva?
Si no reaccionas, mueres…Y él quería morir en ese instante robándole a ella algo que no le pertenecía, pero qué le había despertado de un letargo tan eterno como el mismo dolor que lo llevó a sepultar el resto de sus emociones.
"Eres la culpable de esto, y te voy a hacer responsable"
Un pensamiento nacido de la bruma que jamás llegó a ver luz en sus palabras, en una imagen tan vívida que le hizo borrar la claridad durante unos breves, efímeros, pero persistentes segundos en una percepción del tiempo que se había hecho preocupantemente eterna.
Ella tenía una nueva daga en la mano, y no estaba dispuesto a dejar que ella la siguiera utilizando en su contra.
—Quizás sepas bien cómo protegerte, e incluso cómo evitar que te "sometan" a través de la palabra.—La maldición que protege los cambios en su tono de voz no libera el cambio que su sangre mantiene con los latidos de su corazón...ni tampoco el asco que probarían sus pensamientos.—Pero si crees que no tengo autoridad para mandarte a la prisión de Impel Down...sólo porque creas que con la peor de las suertes tu juego de disfraces te llevará a una celda de cualquier cuartel.—La mano que ella le ordenó soltar terminó empujada hasta la cadera ajena, un gesto que extralimitaba de más aquel duelo, pero que usa como protección de zonas expuestas y vulnerables, al mismo tiempo que los dedos aprietan la cintura de la misma para evitar el movimiento de la misma en un efecto de defensa.—Déjame decirte que no es a mí a quién le queda grande este uniforme.
Una posesión en el cuerpo ajeno que incluso a él, en su condición imperturbable, le repugna con la condición en la que ahora sus latidos lo manipulan. Si tan sólo ella creyese que se aprovecha de su situación...
Que débil es el ser humano...
porque cuando sus instintos más bajos acechan y afloran...
Ni siquiera el hombre menos humano
puede mantenerlos completamente a ralla.
—No confundas mis advertencias con un farol, Nyssa.—Un nombre sobrecogedoramente falso escrito en aquellos papeles, y que él sabía a la perfección.—Sigo siendo tu último obstáculo antes de que acabes uniéndote al brazo gubernamental...o con el wanted más bajo de la historia...—Si alguna de sus palabras tenían que conseguir calar en el corazón contrario...tenían que ser aquellas.—Y si no estoy actuando, es porque aún me queda paciencia...aunque estés consiguiendo que se me acabe.
Sólo entonces usó su mano libre para ofrecer un último cierre en el torso de la mujer, el broche de oro en un agarre que parecía dejar las manos contrarias perfectas y libres para actuar, pero que, al mismo tiempo, le permitía anteponerse, precisamente, a que usara cualquiera de ellas para ofrecerle un acto de violencia que rompería con toda la magia de ese juego que tanto mordía...y del que no habría vuelta atrás
—Cada palabra tuya me acerca un poco más al momento en que deje de ofrecerte alternativas... y empiece a decidir por ti.
Porque solo entonces podrían finalmente abandonar la escena, hasta su sagrado encuentro en la bodega de su sargento.
![[Imagen: dF2OaZv.png]](https://i.imgur.com/dF2OaZv.png)
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