Hace 2 horas
Krave no podía creer lo que estaba sucediendo. Fruto de aquel fétido gas que olía a colonia de abuela, mezclado con arenques podridos y sebo de ballena podrido, había perdido "el norte" y por un momento se desconcertó sobre las distancias que estaba recorriendo. Resulta que, como bien había pensado esa tal FRUTA, que salía en el periódico le había atacado, a él y a varios de sus compañeros con ese gas que emanaba.
Krave ya no sabía a qué atender. Iba hacia delante y el enemigo volaba por los aires. Después hacia un lado, luego por otro y solo veía gente moviéndose muy rápida, plumas en el aire, jabón por todas partes y todo eso con cero estrategia intentando hacer algo pero no llegaba a adivinar el qué. Krave vio a Wheke que estaba haciendo aspavientos con sus brazos más o menos cerca y con más desdén que ganas saltó hacia él para, cuando estuvo una vez fuera, respirar con normalidad. Sentía que aquella pelea no era para él y sin embargo llevaba todo el combate en la mitad del fregado y aún no había hecho absolutamente nada, salvo estar más limpio y más cansado que cuando empezó.
Después de saltar se volvió para ver de nuevo a Finale y al resto de la gente allí encerrada para ver qué ocurriría. Krave se metió la mano en los ropajes mientras contemplaba aquella escena; después de eso se llevó la mano a la cara pues estaba cansado y sin poder cerrar los ojos por la situación, bostezó. La cosa no había mejorado desde que se habían caído en aquel agujero. Krave ya hasta se planteaba si podría salir de allí de alguna manera y dejar a todos esos locos allí hacer su vida y pegarse a muerte por nada.
A veces Krave no entendía a la gente y no sabía si era un poco sociópata, o porque no había interactuado lo suficiente en sociedad, o porque otras razas, principalmente la raza humana, estaban abocadas a la extinción.
Krave no pudo por menos que fijarse en el resto de personas que estaban allí como él, sin hacer nada. Aquel muchacho grandote de buen comer, quien no había molestado a nadie. También la muchacha humana de pelo azul, quien parecía bastante asustada y, por supuesto, su hermano Wheke, a quien no le había visto más que moverse rápidamente por la cueva de aquella maldita cala, de aquella maldita isla, de aquel maldito mar, aquel maldito día. Así que después de estar allí, si alguno de ellos lo necesitaba, él les echaría un cable.
Krave ya no sabía a qué atender. Iba hacia delante y el enemigo volaba por los aires. Después hacia un lado, luego por otro y solo veía gente moviéndose muy rápida, plumas en el aire, jabón por todas partes y todo eso con cero estrategia intentando hacer algo pero no llegaba a adivinar el qué. Krave vio a Wheke que estaba haciendo aspavientos con sus brazos más o menos cerca y con más desdén que ganas saltó hacia él para, cuando estuvo una vez fuera, respirar con normalidad. Sentía que aquella pelea no era para él y sin embargo llevaba todo el combate en la mitad del fregado y aún no había hecho absolutamente nada, salvo estar más limpio y más cansado que cuando empezó.
Después de saltar se volvió para ver de nuevo a Finale y al resto de la gente allí encerrada para ver qué ocurriría. Krave se metió la mano en los ropajes mientras contemplaba aquella escena; después de eso se llevó la mano a la cara pues estaba cansado y sin poder cerrar los ojos por la situación, bostezó. La cosa no había mejorado desde que se habían caído en aquel agujero. Krave ya hasta se planteaba si podría salir de allí de alguna manera y dejar a todos esos locos allí hacer su vida y pegarse a muerte por nada.
A veces Krave no entendía a la gente y no sabía si era un poco sociópata, o porque no había interactuado lo suficiente en sociedad, o porque otras razas, principalmente la raza humana, estaban abocadas a la extinción.
Krave no pudo por menos que fijarse en el resto de personas que estaban allí como él, sin hacer nada. Aquel muchacho grandote de buen comer, quien no había molestado a nadie. También la muchacha humana de pelo azul, quien parecía bastante asustada y, por supuesto, su hermano Wheke, a quien no le había visto más que moverse rápidamente por la cueva de aquella maldita cala, de aquella maldita isla, de aquel maldito mar, aquel maldito día. Así que después de estar allí, si alguno de ellos lo necesitaba, él les echaría un cable.
TRAS EL ESCUDO
