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Fotos para un año | Marines | Presente relativo | Social
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26-08-2026, 02:58 AM
A lo largo del día 5 de primavera, todas las viviendas cedidas por el Emperador a los marines recibieron idéntico mensaje en algún momento del día.
Tarjeta
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6 de Primavera
10:00 a.m.
Entrada de Shandora
Era una luminosa y dorada mañana en Shandora. Mientras caminaban por la ciudad, los marines no verían nada fuera de lo normal: niños alados jugando, puestos de comerciantes en las calles, y miradas curiosas aún dirigidas a ellos a pesar de los días que habían pasado en la ciudad.
Cuando llegaron a la entrada de la ciudad a la hora acordada, nadie los esperaba exactamente allí…, pero sí vieron a algunas personas a no demasiada distancia.
Entre el final de la cuarta y quinta rutas que llevaban a la ciudad, una familia alada se estaba tomando una foto con un Den Den Mushi Visual.
―Venga, Katu, ¡deja de moverte! Vale, cariño, un poco más cerca de los niños… ¡Perfecto! Vamos, ¡sonreíd todos! Una, dos y…
![]() Con un flash, la imagen queda sellada y, mientras el lunarian analiza su Den Den Mushi, la adolescente es la primera en notar a los recién llegados.
―¡Mamá, mira, mamá, son ellos! ―exclama tirándole del brazo―. ¡Y de cerca son más guapos!
―¡Illari! ¿Qué te he dicho de…?
―¡Halaaaa! ¡A ese gyojin no lo he visto!
―¡Katu!
Pero el chico ya había echado a correr hacia el grupo y, más concretamente, hacia Juan.
―¡Buaaaaaaaaah! ¡Cómo mola esa pinza! ¡Es giganteeeeeeeee! ―exclama estirando todo lo que puede sus brazos―. ¡¿Por qué no participaste en los juegos?! ¡Con ella habrías ganado seguro! ¡¿La puedo tocar!?
―¡Katu! ¿Qué te habíamos dicho de no molestar a los marines? ―La skypean llega justo a tiempo para tomar a su hijo por los hombros y acercarlo con suavidad hacia ella. Acto seguido, mira ligeramente avergonzada al grupo―. Disculpad sus modales, es un poco inquieto… Soy Asiri, encantada de conocerlos ―se presenta con una leve inclinación de cabeza.
―Sí, y yo soy Iktan. ―El lunarian llega al fin al grupo y va extendiendo su mano hacia todos conforme se va acercando a ellos―. Muchas gracias a todos por venir. No me presenté porque, como no son de aquí, mi nombre no les sonaría de todas formas…, pero baste decir que soy fotógrafo, o al menos me gustaría ganarme la vida con ello.
―Aunque ambos estaremos eternamente agradecidos a Kuraku Natta por su labor ―confiesa la mujer al tiempo que se abraza a la cintura de su marido, siendo correspondida por éste―, ambos somos también grandes admiradores de la honorable Marina, y nos gustaría hacerle un homenaje.
![]() ―¡Queremos hacerles fotos para que todos puedan admiraros también!
―Illari, es un calendario… ―corrige su madre acercándose a ella.
―¡Sí, con fotos! ¡Fotos con esos uniformes que les quedan tan bien!
―¡Moláis un montón! ¡Tenéis que decir que síii!
La mujer suspira ante la efusividad de la adolescente.
―La idea es transmitir a todo el Mar Azul los logros que han conseguido aquí ―se adelanta Iktan, mirándolos a los ojos―. Nos gustaría hacerles fotos que mostraran además algunas de las zonas y costumbres más hermosas de nuestra ciudad y sus alrededores. Quisiéramos realizar una fotografía grupal, pero también una de cada una de ustedes por separado. Serían tres imágenes por cada estación, y debajo de cada una de sus fotos añadiríamos sus nombres y el puesto que consiguieron en los juegos, si es que participaron ―explica con una rápida mirada al gyojin―. Por supuesto, podríamos añadir cualquier otra información que deseen: logros, habilidades, edad…
―Estado civil…
―Illari…
―Por supuesto, no trabajarán de gratis. Recibirán remuneración ―recupera la atención el varón―. Confiamos en que podremos vender esos calendarios y conseguir el dinero suficiente para poder viajar por todas las islas. Después de todo, la idea es bajar cuando lo hagan ustedes.
Una vez más, extiende su mano al grupo.
―¿Qué me dicen?
Primer Calendario de la Marina
26-08-2026, 07:42 PM
Noche del día 5 de primavera.
Tras la paliza que me dio mi querida maestra de kárate, Ginja, llegó el momento de irme a dormir, la idea era dormir en el dojo. Por suerte o por fortuna, no tenía mudas de ropa allí, lo que me llevó a volver a la casa que nos había dejado el emperador para hospedarnos durante nuestra estancia en el cielo. El progreso con el kárate iba bien, estaba cansado, dolorido, fatigado… Señales de que un entrenamiento estaba, cuanto menos, próspero. Al llegar a mi humilde casita, me encontré con una carta que alguien había deslizado por debajo de la puerta. Ni más ni menos que una solicitud de auxilio, unos pobres ciudadanos necesitaban ayuda. —Hmmm —musité extrañado unos segundos después de leer la carta. —Es la primera vez que alguien me solicita ayuda por carta y a una hora tan específica… —Susurré mientras arqueaba una ceja. Hasta ahora habían solicitado mi ayuda en varias ocasiones, alguna vez acudieron a mí en persona al ver que era un marine. En alguna ocasión, como pasó con el ahora fallecido soldado Rashford, nuestra colaboración fue solicitada por Den Den Mushi, pero siempre era por una urgencia que debía ser solventada al instante. Al día siguiente llegaría al fondo de este asunto. Mañana del día 6 de primavera.
Me levanté temprano y, tras avisar a mi maestra de que estaría un rato fuera, puse rumbo a la ciudad de Shandora. ¿Dónde estaba eso? No lo sabía, sabía que allí fueron los juegos, pero no recordaba demasiado de aquella vez, por lo que sea. Por fortuna, los lugareños tuvieron a bien indicarme la dirección cada vez que me vi obligado a preguntar. Daba gusto ver una civilización tan llena de buenos samaritanos, deseosos de ayudar al prójimo. Cuando finalmente llegué a la entrada de Shandora, no vi nada extraño, ningún tipo de incidente parecía estar tomando lugar, por lo que lo primero que hice fue saludar a mis compañeros que se encontraban en el lugar. —¡Buenos días! Veo que también han acudido a vosotros, ¿alguien tiene más detalles aparte de la carta?—. Era algo tranquilizador, pero también sospechoso. ¿Estaríamos a punto de caer en una emboscada? Era algo probable, por lo que traté de agudizar mis sentidos dentro de lo posible. Sabiendo que Akira y Enji eran mucho más espabilados que yo en ese sentido, me dirigí a ellos. —Chicos, ¿veis algo raro? Poco después, la voz de una chica llamó mi atención entre la calma del lugar, seguida de la voz de un niño pequeño. Al oír que hablaban de marines, me giré hacia ellos de inmediato. ¿Serían estos pobres niños los que necesitaban ayuda? De ser el caso me encargaría personalmente de aplastar a cualquiera que les intentase hacer el más mínimo daño. “¡Y de cerca son más guapos! ”. —¿Ah? Si bueno… Es gracias a mi madre, ya sabéis… El frenesí de los niños fue cortado en seco por su madre, que puso un poco de cordura en la situación, aunque realmente me agradaba que los niños se fijasen en mí de esa manera. De la forma más cordial posible, les devolví el saludo, debía asegurarme de dejar buena imagen para los que parecían ser unos fans. —No son molestia, es un placer. —dije justo antes de dar un paso al niño e hincar una rodilla en el suelo del lugar. —¿Viste los juegos? Yo era la tortuga, jejeje. —Dije justo antes de adoptar mi forma reptiliana, mostrando con orgullo la robustez de mi caparazón. Por lo visto, el asunto era una sesión de fotos, era un alivio descubrir que no había nadie en peligro. Giré el cuello hacia mis compañeros y me dirigí a todos ellos, sin importar el rango. —A mi me parece una idea chula, ¿os apetece? —Después de recibir la respuesta de mis compañeros, me dirigí al matrimonio desde mi posición baja. —Mi nombre es Juan Sebastián, soy comandante de la Marina, división ochenta.
Cajita de tortuga
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26-08-2026, 09:09 PM
Noche del 5 de primavera.
El joven contramaestre se encontraba lejos de la cabaña que le asignaron para permanecer en la isla tras el torneo y durante el tiempo que el emperador les permitía permanecer en la misma. El joven estaba en la zona cercana al dojo de su maestra de Haki, pero seguía teniendo allí algunas de sus pertenencias por lo que al día siguiente tenía que ir hacia allí sin falta. El joven se estaba concentrando en el entrenamiento, por lo que cualquier cosa que pasara tendría que esperar. El joven pasó la noche pensando en qué hacer a continuación, siendo que aún tenía un entrenamiento más que hacer por lo que tampoco tenía mucho tiempo que usar aún en tiempos libres.
6 de primavera, 9 am
El joven finalmente a terminado el entrenamiento, y puede usar el kenbunshoku haki por lo que ya puede regresar a su barco. Por ello es que se encamina hacia el barco en la playa, un trayecto largo pero que necesita hacer para comprobar el estado de su compañero peludo, pero primero pasa por la casa que le han dejado para dejar algunas cosas y tomar otras cuando ve una nota que le esperaba allí a saber desde cuando, pues lleva varios días fuera. Al leer la nota el joven pelirrojo no duda en acudir al lugar indicado, puede que llegue algo retrasado pero llegará y ayudará en lo que pueda. El joven no se cambia, realmente no hizo demasiado esfuerzo y apenas ha sudado en los últimos días por lo que puede usar la misma ropa, siendo ésta su uniforme de la marina, con su arco negro a la espalda y el carcaj al otro lado de forma perfectamente ordenada para una mayor facilidad de uso en caso de combate. El joven se guarda las gafas en el bolsillo del uniforme para que sus ojos rojos estén claramente visibles, unos ojos que combinan perfectamente con el rojo vivo de su cabello trenzado. El joven arquero se encamina a la zona determinada, el final de los caminos de llegada a la ciudad antes de los juegos, y por lo tanto algo que le facilita el llegar luego a su barco. Nada más acercarse sus ojos acostumbrados a observar todo el entorno y fijarse lo más lejos posible, ven que hay bastante gente en el lugar, siendo que parece haber una familia pasando el día en la zona. Cuando se acerca más puede ver a Nyra, y luego al cangrejo de la otra división, y se para a escuchar lo que dicen, sonriendo mientras se rasca tras la cabeza al no estar acostumbrado a ese tipo de palabras dirigidas hacia él, sobre todo las de la joven. El marine corresponde al apretón de manos del que parece ser el padre y escucha su propuesta, siendo que de momento solo ve a Juan y Nyra. Ante eso el joven arquero sonríe y dice -Si eso les hará felices y ayudará a que pueda cumplir su sueño yo ayudaré encantado, solo díganme donde debo ir y si debo hacer algo en concreto sir.-
Carcaj del arquero
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26-08-2026, 10:15 PM
(Última modificación: 26-08-2026, 10:22 PM por Kael Omuyaga.)
La subida a Skypiea, los juegos del cielo, su propia mascarada interna, donde plantea ser un personaje distinto que va creando y conformando poco a poco. La ciudad dorada de Shandora, un mundo donde las leyes de la tierra no alcanzan sus dominios, y donde decenas de criminales campan a sus anchas en un terreno donde la violencia es pecado, y el mundo es representado bajo la palabra de su emperador, un Shichibukai que, cada día más, Kael tiene la teoría de verlo en el puesto únicamente para tener la protección del gobierno, y que este lo dejase campar a sus anchas sin problema.
Definitivamente, el joven soldado estaba cansado, extenuado por pasar los días impregnándose de la cultura de esas tierras con tal de adquirir toda la información que tuviera a su alcance, a sabiendas de que su tiempo era escaso, y que en lo aproximado de una semana, descenderían de nuevo hasta las corrientes del Grand Line. Aquel hombre de cabellera azabache se tumba en la cama con una pesadez como nunca antes la había sentido, notando en su cuerpo el dolor de quién lleva en tensión más tiempo del que jamás le ha admitido a nadie, aprovechando que por una vez, él está completamente solo, desprendido de compañías que le hacen comportarse como un hombre recto y firme, incluso si le pedían de diferentes formas que no lo hiciera mientras estuviese junto a ellos fuera del trabajo. Tal y cómo siempre, tenía muchísimas cosas que pensar dentro de su cabeza, teniendo por sobre todo la necesidad de saber cuál era, de entre todas las que estaba empezando a diseñar, aquella personalidad con la que deseaba entregarse al resto de sus compañeros. El cambio no podía ser radical en ninguno de los sentidos, pero debía asegurar cuanto antes aquella con la que poco a poco iría, de alguna forma, convenciendo a los demás que empezaba a sentirse diferente, y con ello, quizás, más cercano a todos y cada uno de sus compañeros. Sólo el sonido de una hoja por debajo de la puerta interrumpió el sueño mental que le estaba llevando a difundir sus pensamientos en la luna y devolverle los pies a la tierra. Kael alzó la mirada de la cama, llevando su vista hasta lo que, efectivamente, se veía como una nota que, desde el primer momento, le resultó relativamente siniestra. ¿Quién mandaría una nota sin presentarse de esa manera? Se quedó observándola durante unos cuantos segundos hasta que, finalmente, decidió optar por levantarse y comprobar el contenido de la misma. No esperaba realmente algo peligroso en unas tierras como aquellas, por lo que fue con bastante calma hasta, finalmente, poder recogerla del suelo. A TODOS LOS MARINES EN SKYPIEA.
Un comienzo interesante. ¿Intentan reunir a todos y cada uno de ellos en un mismo punto? Eso, de alguna forma, lo dejaba algo más tranquilo. Podía ser procedente de cualquier persona, pero no le importaba en exceso. Aquí, como ya he dicho, se usan reglas muy distintas y tienen más libertad para hacer lo que les plazca. Kael dobló ligeramente la hoja entre sus dedos antes de volver a abrirla. No había demasiada información. De hecho, prácticamente no había ninguna. Su mirada se quedó durante unos segundos sobre la última línea antes de, finalmente, soltar una exhalación. "Al menos no tienen intención de ocultar que quieren algo de nosotros. Debería llamar a Shin y a Nyra para saber si les ha llegado la misma carta". Si querían a Kael el marine...bueno, supuso que podrían tenerlo, especialmente si acudían todos los demás. Mañana del día 6 de primavera. Puntual como un reloj, el caballero se presenta con su uniforme de manera impecable, manteniendo su distinguida solemnidad a pesar de su calidad como soldado raso, comprobando como en el lugar ya se encontraban allí varios miembros del brazo de la ley, comprendiendo poco a poco la razón por la que se les había pedido acudir hasta el lugar con una invitación tan vistosa. Estaba esperando cualquier cosa, aunque con la laxitud de la demanda no esperaba que fuera ni mucho menos una situación de urgencia. Lo que no esperaba, de ninguna manera, era una sesión de fotos. "¿De verdad?" No se lo estaba creyendo. Casi parecía perplejo ante la demanda, pero en la nota dejaban en claro que habría una recompensa monetaria por los servicios. Tuvo que haberse llegado a oler algo así, ya que después de todo, él ya había sido partícipe en una de esas actividades por la marina. De entre todas las chicas que se presentaron a su sesión de maquillaje, hubo una en concreto que se le vino especialmente a la mente, una muchacha de cabello anaranjado que destacaba por...tener una forma bastante descarada de demostrar sus emociones cuando sentía el rubor subir por sus mejillas. "Me pregunto que habrá sido de ella. ¿Saldrá alguna vez en algún periódico?" Esperaba que, si llegaba a darse el caso, no fuese por lo que estaba temiéndose. Kael escuchó cada palabra con la misma atención con la que habría escuchado una declaración de un criminal, aunque poco a poco su expresión comenzó a traicionar algo diferente, especialmente cuando escuchó aquella pequeña aportación de la adolescente. ―Estado civil… Los ojos de Kael se desplazaron lentamente hacia ella, comprobando en su forma de actuar como parecía estar divirtiéndose demasiado con aquello. El marine permaneció completamente quieto, mirando posteriormente al fotógrafo, quién, por su aspecto, sin duda debía ser su padre. Luego fue hasta la madre, alguien que había tenido la suerte de poder casarse con el hombre a quién amaba por lo que ahora habían conseguido construir en Skypiea. Aunque pareciera mentira, si había algo que para Kael traspasaba las fronteras de las leyes gubernamentales, era el amor entre razas. Ninguna persona debería estar supeditada a amar a otra solo por ser de una raza distinta. Por supuesto, esto no aplicaba entre personas de bien y sucios criminales. No eran caras de la misma moneda. Aquella situación tan fuera de lugar, extremadamente indómita y repentina...por alguna razón consiguió que una pequeña sonrisa apareciese en sus labios. Quizá eso era precisamente la clase de situación que necesitaba, un primer paso para mostrar una faceta distinta de él. No para de repetirse una y otra vez que debe probar a hacer cosas a las que no está acostumbrado, y, de alguna forma...eso sí que le apetecía hacerlo. —Al menos no han pedido que cantemos, ¿no?—Comentó, intentando cortar cualquier posible tensión en el ambiente con una pequeña broma que ni él sabía que podía lograr hacer.—Me gusta la idea. Yo me apunto. ¿Qué clase de fotografía esperan exactamente de nosotros? Estaba seguro de que, especialmente aquellos que le conocían un poco o tuvieran una impresión formalizada de él, no iban a poder creerse las palabras que estaban saliendo de su boca, pero...¿acaso eso no lo hacía todo un poco más interesante?
Máscara tras máscara
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27-08-2026, 12:15 AM
Stroud se levantó de su cama, aún sintiéndose exhausto, en el momento en que oyó un pequeño sonido. Apenas llevaba unos pocos días alojándose en aquel lugar, pero ya se le antojaba como una casa; pese a ello, había algo que no le terminaba de convencer, que evitaba que realmente se sintiese en casa del todo. Tal vez fuese la carencia del constante mecer de las olas, o, por qué no, el fuerte olor a barniz, pintura, humedad y salitre que se respiraba siempre que se dormía bajo la cubierta del Royal Quiver, o los ronquidos de sus compañeros durante el trascurso de la velada. Tal vez fuese todo aquello lo que le hacía sentir como en casa a bordo del navío, y lo que, de alguna manera, echaba de menos, incluso cuando disponía de una pequeña edificación solo para él. En cualquier caso, nada de aquello le había quitado el sueño, como sí lo había hecho la tarjeta que acababa de deslizarse bajo su puerta.
Imagen
Aún en la oscuridad, con las cortinas bloqueando cualquier atisbo de luz del sol, se bajó de la cama y caminó hasta la puerta, tomando el pequeño mensaje que acababa de llegar y, entornando los ojos y en silencio, escudriñó el texto durante un instante. Suspiró con pesadez, dejó la tarjeta de nuevo sobre la mesa de la entrada y se dejó caer en el mullido colchón una vez más. Las pesadas botas del Marine pisaron con firmeza el suelo de Shandora, la Ciudad Dorada, donde todos los Marines en Skypiea habían sido convocados. Desde luego, el comunicado no había tenido ningún aspecto oficial, ni remotamente parecido a aquel del que hubiese gozado el telegrama de un superior, o una orden urgente de destino. Sin embargo, una llamada era una llamada, y la Marina jamás debía negarse a acudir en auxilio de quien lo solicitase, incluso en aquel particular formato. Su primer instinto fue aproximarse a la entrada de la enorme y áurea urbe, no lejos del camino a través del cual había llegado hasta allí en primer término, donde parecía haberse empezado a aglomerar una muchedumbre de uniformados. Allí, una pequeña familia parecía haberse tomado una fotografía, y los críos empezaban a señalar a los Marines y a comentar sobre su aspecto físico sin rubor alguno, al contrario que sus padres. El Comandante Cangrejo Tortuga Juan Sebastián fue, naturalmente, el primero en captar su atención y fascinarlos, y, con toda honestidad, ¿quién podía culparles? Stroud terminó de aproximarse al grupo, cruzándose de brazos y escuchando con atención lo que aquella particular familia, presumiblemente la responsable de haberlos reunido allí en aquel día, tenía que decir. El ambiente era distendido, relajado, y no parecía haber ninguna urgencia de socorro, para alivio del Marine. Examinó a los presentes con una mirada. "Una sesión de fotos," pensó para sí, "es lo último que me habría esperado. ¿Será una trampa de algún tipo?," se preguntó. Sin embargo, nada apuntaba a ningún tipo de intención maliciosa, mucho peor: aquella gente realmente estaba ilusionada con el tema de la sesión de fotos. Resultaba difícil de creer. Esbozó una sonrisa. Fue entonces cuando Kael apuntó que, al menos, no les habían pedido cantar. El humor realmente era lo suyo. "El Coro de la Marina es después, soldado Omuyaga, ya les he facilitado su contacto," dictaminó con total seriedad, borrando la sonrisa de su cara. Se giró entonces hacia Juan Sebastián, que, en un ademán que no pilló en absoluto desprevenido a Stroud, parecía encantado con la idea y ya se había presentado. "Está bien. Stroud R... Nanashi, comandante de la División 60 de la Marina. Es un placer," se presentó. Aquello era algo que normalmente a lo que jamás hubiese accedido sin, al menos, estar moderadamente intoxicado; sin embargo, había algo que sabía que debía aprender de El Dirigente: el enorme carisma que había mostrado durante la celebración de los Juegos y su manera de conducir al público con la misma facilidad que a los participantes, su facilidad para transmitir. Si aquella familia quería divulgar las bondades de la Justicia, ¿quién era él para interponerse?
Off
27-08-2026, 05:54 AM
Enji llegó al lugar de la cita siguiendo el cauce del río desde la Ciudad Dorada. La puntualidad nunca había sido una de sus habilidades más destacadas, pero, increíblemente, ese día se levantó temprano, salió con tiempo de la casa que Zarutsuki le facilitó a su división y, cuando dieron las diez de la mañana, su silueta ya se asomaba desde el linde del río. Allí, bajo la luz del sol y el reflejo de la ciudad, otro milagro ocurrió: Saint Vangelis Enji, Capitán de la marina y líder de la División Ochenta, estaba vestido. De pies a cabeza, punta en blanco. La chaqueta, prístina e impoluta, colocada regia sobre sus anchos hombros. Una camisa blanca se asomaba tras las solapas del chaquetón, abierta. Tres botones dejaban a la vista parte del pecho y las cicatrices del hombre, enmarcadas por un pañuelo azul que envolvía su cuello y caía como una corbata mal ajustada.
La acolchonada suela de sus botas apenas producía sonido alguno cuando golpeaba en la tierra suelta y húmeda de la costa. Levantó la mirada, perdido hasta entonces en pensamientos inconexos, y vio a todo un pelotón de marines frente a él. Un improvisado batallón. —¿Hm? —Se detuvo a escasos metros, echó un vistazo a todos los presentes y arqueó las cejas—. ¿Voy a tener que compartir la recompensa con todos ustedes? La idea no le hacía ninguna gracia. Había leído la nota de invitación, ignorando a consciencia la parte donde especificaba todos los marines y acudido al lugar creyendo que sólo tendría que firmar algún autógrafo, escupir en un frasco o donar un par de pelos púbicos al club de fans que naturalmente debía existir en Skypiea desde su participación en los Juegos del Soberano. ¿Por qué sino iban a citarlo a esa hora y con una excusa tan pobre como “Necesitamos su ayuda”? Nadie pedía auxilio a una hora específica. Los problemas no tenían un itinerario. —¡Eh, eh! ¡Para tocar la pinza tienen que pagar, pollo mal tostado! —advirtió al más jóven de la familia Ka’an mientras se acercaba al grupo—. ¿Qué mierda está pasando aquí? La invitación resultó formar parte de la estrategia de un lunarian llamado Iktan para convocarlos a todos allí. El hombre de piel morena y alas negras resultó ser un fotógrafo, un hombre dedicado a capturar el momento. Al parecer, la visita de un contingente de uniformados había disparado pasiones secretas en muchos de los locales e Iktan, que sabía leer esas tendencias, quería tomarles fotografías y venderlas antes que nadie. En otras palabras, quería hacerse rico a costa de sus cuerpos. Era prácticamente un proxeneta. Enji le echó un vistazo a su mujer y decidió perdonarle ese detalle, aunque últimamente sentía un frío extraño correrle por la espalda siempre que veía a una rubia,,. Tenía que visitar un psicólogo experto en traumas nada más regresar al mar azul. —”Enji, La Salamandra. Capitán de las Fuerzas Armadas del Norte Profundo”, eso tiene que decir en el pie de mi foto —advirtió señalando al fotógrafo y padre de familia mientras se adelantaba en su dirección—. Y quiero algo bueno, eh. Quiero calidad. Buena iluminación, una buena pose, que se aprecie toda mi barbarosidad, ¿entiendes, vejete? —El insulto nunca podía faltar—. Ah, y en la foto grupal me pido todo el centro. ![]()
27-08-2026, 03:57 PM
Los entrenamientos y encuentros con ciertos piratas tras alejarse de la parte céntrica de Shandora lo mantuvieron bastante ocupado, prácticamente fuera de la vivienda que en su buena voluntad, el Shichibukai Zarutsuki decidió concederles, por ello no fue hasta esa misma mañana que pudo vislumbrar tras apoyar el bolso con sus mudas de ropa en el suelo la pequeña citación reposando en el susodicho, prácticamente pegada a la puerta. Sus compañeros probablemente no supieron nada de él en ese lapso, aunque con la violencia vetada en Skypiea realmente no habían motivos para preocuparse de que estuviese resolviendo sus asuntos en el poblado Birka.
Leyendo a fondo las palabras escritas, y algo cansado por haber usado en reiteradas ocasiones su fruta del diablo en pos de reducir el tiempo de traslado entre zonas, finalmente entendió que iba a ser víctima de llegar tarde en contra de su voluntad, lo que podría alimentar la mala fama ganada entre los más rectos de la fuerza armada por su particular forma de ser, ya que, viendo la hora, prácticamente se había pasado de las diez de la mañana por quince minutos. Uniformado, para su suerte, salió tan pronto como pudo de su vivienda, cerrándola adecuadamente y se disparó envuelto en su luminosidad en dirección al punto de reunión. Se aprovechó de sus habilidades, alzando un vuelo feroz y todavía más rápido que hace pocos días, cuando sucedieron los Juegos del Cielo, logrando no incrementar por mucho más la tardanza en aquel punto, donde prácticamente inició el día dentro de Shandora, el final de los cinco caminos de las antorchas. Cuando llegó, sin perder el movimiento, fue reduciendo la velocidad hasta provocar un aterrizaje cuidado, sin restarse ni una sola gota de showman, pues eso estaba en su ADN. Envuelto en los destellos dorados de la pika, chocó su puño contra el suelo, como si fuese la caída de un super héroe, y se tomó unos segundos antes de levantarse y observar el panorama, su porte era magnífico, único, al menos hasta darse cuenta de que era el último en llegar, lo que arrugó ligeramente su expresión, recuperándola casi de inmediato en pos de mostrarse imperturbable ante semejante fracaso de puntualidad. Si no le hacía caso, no le afectaba. —¡Buenos días, habitantes de Shandora! —exclamó, abriendo los brazos. Aún usando la pika, se colocó frente a la familia y empezó a hablar, el movimiento fue prácticamente instantáneo —Así que ustedes son los que nos pidieron ayuda... —cuestionó, llevándose los dedos índice y pulgar de su diestra al mentón, analizándolos. Como se perdió todo el contexto que ellos dieron, no le quedó de otra más que improvisar, y así fue como esa misma mano se abrió en una palma a la altura de su rostro, esparciendo brillitos similares a estrellas saliendo de su propia expresión. —¡Lo siento mucho! Aunque me gustaría... la marina no está disponible para la captura o asesinato de piratas. Nos encontramos fuera de jurisdicción. —explicó, en un tono melodramático muy notorio, prácticamente teatral. Fue entonces que les dio la espalda, girándose a sus compañeros de milicia —¡Bien! ¿Ahora qué hacemos? Ya me encargué de los violentos estos. —señaló a la familia con el pulgar a la par que le sonreía al grupo, como si hubiese sido el salvador del día.
Let there be light
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27-08-2026, 04:41 PM
Noche del día 5 de primavera.
Ciudad de Shandora, Isla de Skypiea
Estaba agotado...
Kibai no solamente había sufrido en sus carnes la extracción de su Akuma no mi, con todo lo que aquello había implicado, y había tenido que recuperarse en un tiempo récord con la ayuda de los inestimables cuidados de Nyra y Moja, sino que después había sido sometido a un durísimo entrenamiento por parte del maestro Kaelith en su dojo. Cuando el atardecer llegó, la luz dorada del astro rey bañaba la piel del mink, que dormitaba muy a gusto sobre el tejado dorado de la vivienda que el habían asignado en la ciudad de Shandora. Con solo una tela por debajo del cuerpo para no quemarse con el material recalentado, Kibai disfrutaba enormemente de un sueño en el que se enfrentaba a todo un ejército de malvados inidividuos vestidos de oscuro, bajo los aplausos de la multitud en la arena de Shandora. Sin embargo, cuando en la agitación de aquel combate onírico rodó hacia un lado, fue devuelto a la realidad en forma de caída sorpresa hacia un suelo muy sólido.
— Iaaaaaaaaah!! — gritó Kibai antes de dar con sus huesos en el suelo. Magullado por el golpe y abriendo y cerrando la boca varias veces por el sueño del que aún luchaba por salir, vio delante de sus ojos una carta en la puerta de la vivienda que le había otorgado en usufructo el Emperador. El sombre tenía forma de tarjeta y sobre un papel con motivos vegetales podía leerse:
A todos los Marines de Skypiea.
¡Bienvenidos a Shandora! Incorporándose mientras se masajeaba el costado sobre el que había caído del tejado, Kibai abrió la tarjeta, examinando el texto que contenía en su interior. Al parecer, una familia de la ciudad necesitaba su ayuda. — Que raro... — pensó el mink. — Los Custodios nos dijeron a nuestra llegada que ellos eran los encargados de la seguridad en esta isla, y seguro que esta gente lo sabe. Será una trampa de alguna de las tripulaciones piratas? Quizás crean que si nos atraen a algún lugar fuera de la ciudad puedan acabar con nostros sin que las fuerzas del Emperador se den cuenta. No obstante, sabiendo que era posible que fuese alguien que realmente necesitase ayuda, y la confianza en que pudiese adelantarse a cualquier emboscada gracias a su olfato superior, le hicieron tomar la decisión de irse a cocinar algo de cena y a descansar para estar bien temprano al día siguiente en la localización en la que lo citaba aquel mensaje. A la mañana siguiente...
Antes de salir, metió en su morral un buen puñado de la fruta que había recogido en varias de las expediciones que había hecho en los alrededores de Shandora, junto con un pequeño bote de café bien sellado. Acto seguido, el mink cruzó el umbral de su casa y se internó en la jungla cercana. Normalmente habría ido por el camino principal, pero le interesaba abordar la situación desde un ángulo un poco distinto, aunque solo fuese por si acaso... El mismo río de nubes le sorpendió al poco de haber iniciado la marcha, aunque le costó exactmente lo mismo cruzarlo que en la ocasión anterior. Después, con mucho ojos debido a toda la flora venenosa de la isla, el mink avanzó de arbol en árbol hasta llegar al punto designado. Para su alivio, en aquel lugar solamente había una familia de aparentes civiles, aparte de varios compañeros de la marina, incluidos el capitán Enji, y los tres comandantes. Al parecer, la plana mayor había decidido intervenir. Aún subido a una rama, Kibai escuchó discretamente las razones por las cuales los habían convocado. — Una sesión de fotos, en serio? — pensó mientras enarcaba una ceja con un punto de incredulidad. No era la cosa más loca que les habían pedido, desde luego, aunque tampoco la más habitual. Tras un centellazo de luz que sucedió a la llegada del comandante Shin, el mink finalmente se animó a hacer acto de presencia. Impulsándose en la rama sobre la que estaba subido, Kibai dio un potente salto hacia arriba, describiendo una suave parábola hasta aterrizar a un metro del comandante Hasegawa, dejando que la capa a su espalda revolotease con gracia antes de incorporarse, sonriendo hacia los críos. — Saludos, caballeros, señoritas... Confieso que me resultó muy sorprendente ver su mensaje, pero tras haber escuchado sus palabras, puedo confirmarles que estaré encantado de colaborar con ustedes en este reportaje. Metiendo la mano en el morral, Kibai sacó dos frutos de tamaño mediano y piel de color rojizo, arrojándolas con suavidad hacia las manos de los dos pequeños. — Aquí tenéis, hoy hará calor, os vendrá bien comer algo fresco. Girándose hacia el Lunarian, el mink le hizo un informal saludo tocándose el lateral de la cabeza con dos dedos. — Soldado Kibai, División 60, es un placer conocerles, caballero. Acto seguido, Kibai se dirigió a saludar con una fuerte palmada en la espalda a Kael, que parecía haberse animado a cantar más que en las gradas, y le ofreció el frasquito de café al comandante Nanashi, a sabiendas que lo habría echado de menos en estos días que no había podido prepararselo.
La caja de Pandora
27-08-2026, 05:10 PM
Dia 5, en la noche.
La segunda noche, tras regresar destrozado de su penúltima paliza con Kaelith, Moja empujó la puerta de la vivienda asignada con el hombro derecho. Al entrar en la penumbra, pisó sin querer un trozo de papel que alguien había pasado por debajo. Se agachó despacio, soltando un quejido sordo por las agujetas que le cruzaban la espalda, y recogió la tarjeta decorada con motivos de hojas. Puso la tarjeta bajo la luz de un dial encendido. "A todos los Marines en Skypiea. Solicitud de ayuda..." Arrugó el morro con escepticismo. Sonaba a la típica llamada que termina siendo una tontería de paisanos o una trampa de piratas aburridos. Sin embargo, guardó el papel en el bolsillo. Tenía la cita fijada para las diez de la mañana siguiente, justo el tiempo justo si terminaba temprano con el gigante. Día 6, después del entrenamiento.
Al día siguiente, romper aquel poste de pino de un solo golpe le llevó más tiempo del esperado. Tras despedirse de Kaelith con la mano temblando y la satisfacción amarga en los nudillos, Moja bajó la cuesta de losas a paso ligero, apretando el paso para no quedar mal. Se le habían pegado las sábanas mentales por el cansancio y llegó con quince minutos de retraso a la entrada de Shandora, tropezándose levemente con la raíz de un árbol al llegar al cruce de caminos. Se reajustó la gorra militar con un toque brusco sobre las cejas, intentando disimular el aliento entrecortado. Al doblar la esquina, vio a casi toda la plana mayor reunida alrededor de la familia alada: el Capitán Enji vestidito e impoluto, Stroud serio como siempre, Juan enseñando el caparazón al chaval pequeño, Kael haciendo chistes raros sobre cantar, y Shin recién aterrizado montando su habitual número de luces antes de acusar dramáticamente a los civiles de ser unos criminales. Moja se acercó despacio por un lateral, manteniéndose dos pasos por detrás de Kibai. Olía a sudor recalentado y llevaba un par de manchas de serrín seco en la pernera del pantalón, pero cuadró los hombros para guardar la compostura marcial. Escuchó en silencio las explicaciones de Iktan y Asiri sobre el proyecto del calendario, las fotos por estaciones y la paga. El fotógrafo lunarian extendió la mano hacia el grupo esperando una respuesta general. Moja miró las caritas ilusionadas de los dos críos y luego la postura relajada de sus compañeros de división. Lanzar un rechazo amargado delante de los civiles no encajaba en el código. Dando un paso al frente, Moja se inclinó apenas dos centímetros en un saludo seco y formal hacia el matrimonio. -Moja. Soldado de la Sesenta- se presentó con voz rasposa, ajustándose de nuevo la correa de la gorra. -Si sirve para una buena causa, contad conmigo.-
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*Pienso* -Hablo- Narro
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28-08-2026, 09:32 AM
Día 5 de Primavera, Año 18
Está empezando a anochecer y nuestras chicas siguen de compras Las calles de Shandora tenían tantos tipos de tiendas, sobre todo de abalorios y sortijas, joyas y cosas brillantes que me encantaban. Nunca se me había juzgado por ser una urraca y meterme en los bolsillos todo lo que me llamaba la atención, y aquí no iba a ser diferente. Es más, ya me había llevado algún que otro brazalete sin pedir permiso y sin que se dieran cuenta.
Y cómo Nyra y yo ya habíamos visto varias tiendas de vestimentas con las que poder hacernos un nuevo fondo de armario con ropa tícpica de Shandora, y especialmente en mi caso, con ropa de mujer. Aunque iba a ser curioso vestirme con ellas en el mar azul. Los ropajes de Skypiea eran curiosos, más ligeros, más frescos, y con mucho más detalle que cualquier otra prenda típica que hubiera podido ver en el mar del sur. ¿Qué tocaba ahora? Un descansito y una buena cena. Pero antes de eso, tal vez Nyra con su buena vista pudo darse cuenta antes que yo de la tarjeta. En mi caso puse la oreja y escuché a varios locales hablar sobre una “solicitud de ayuda” en la que se reclamaba la presencia de los marines—. Oye Nyra, ¿has oído eso? Vamos a ver que dice —le dije mientras me ponía a su espalda y con mis manos sobre ella, la impulsaba para acercarnos a donde estaba reunida la gente para poder leer mejor, que casualmente era la entrada a la casa que se me había cedido—. ¡Pero serán cotillas! Esa tarjeta es mía, que aquí vivo yo. ¡Dame eso! —le quité la tarjeta de la mano a un curioso que por allí andaba, un tipo medio alto de unos veinte años mayor que yo, con alas negras y piel algo blanquita, claramente un cruce entre las distintas razas que habitaban en esta isla—. Discúlpenme señoritas, perdónenos, estamos emocionados, aquí tiene —todavía se sentía extraño que se refieran a mi en femenino, pero sin duda era algo que cada vez me resultaba más agradable—. Te perdono. Pero solo por esta vez. —Aun a riesgo de abusar… serán recompensados por ello —leí la tarjeta en voz alta para que Nyra me escuchara y entonces la miré fijamente con una sonrisa y bastante emoción—. Parece que no todo iba a ser descansar, al final uno es marine 24 horas, ¿no? ¡Qué emocionante! ¿Qué crees que será? ¿Una misión secreta? Día 6 de Primavera, Año 18
10:00 AM Por suerte o por desgracia para cualquiera que no le guste madrugar, para mi las diez de la mañana era una hora más que buena para hacer cualquier cosa. Ya había entrenado bien temprano y me había dado mi duchita de agua fría, eran unas costumbres que aunque no estuviera en el cuartel, me gustaba mantener. Ver tanto el amanecer como el atardecer era algo que no me gustaba perderme, así que solía aprovechar bien el tiempo desde primera hora de la mañana. Entonces me terminé de vestir con la ropa que me había ayudado a elegir Nyra y volví a leer la tarjeta. “Acudan por donde vinieron, 10:00 AM”—. Vayamos pues… Oh espera, quizá mejor si me pongo el uniforme —me decía a mí misma mientras perdía el tiempo para cambiarme de ropa, ¿de verdad que seguramente habiendo sido la que más ha madrugado, iba a llegar la última? Por supuesto que sí. Me volví a poner la camisa blanca, el pañuelito azul, los pantalones, el cinturón y las botas, y como siempre, me dejaba la gorra fea, que a saber dónde la tendría, pero mi pelo no se iba a ver chafado por semejante prenda sacada del mismísimo infierno. La gorra si vamos de ruta a la montaña bien, pero hasta ahí. Con lo a gusto que se está cuando te da el sol en la cara. Me puse protector solar, como bien era costumbre siempre que salía al exterior para mantener este bello rostro sin marcas, y me encaminé a la entrada de Shandora. Como era de esperar, sin ver a ninguno de mis compañeros en el camino. 10:30 AM
Spoiler: Akira llegó tarde Me apresuré y eché a correr porque claramente se me había hecho tarde—. ¡PERDÓN, PERDÓN! ¡SI YA ESTÁIS TODOS! ¿De qué va esto? ¿Eso es una cámara? —y entonces mi mirada hizo un barrido por la escena: una familia. Una familia formada por una joven rubita skypieana, un tipo alto y de color oscuro lunarian y dos niños birkas, claramente mulatos, que seguramente serían sus hijos. Con los niños flipando con el resto de mis compañeros y yo, pues malamente, con una gota de sudor que me caía por la frente de haberme dado la paliza para llegar a la hora. Sin conseguirlo. —Oye, ¡yo quiero uno de esos! —expresé mientras me acercaba con velocidad y decisión al hombre de alas negras y me paraba para mirar fijamente a ese Den Den—. ¿Dónde puedo comprarlo? Yo tengo un álbum de fotos, ¿sabes? Pero no de marines, ¡DE PIRATAS! ![]() |